lunes, 22 de junio de 2009
Sobre derechos y obligaciones editoriales
"Una prisionera mantenida en una celda al aire libre bajo temperaturas extremas falleció en prisión. Si el hecho hubiera ocurrido en Cuba, se habrían producido comentarios en la prensa mundial, multiplicado en Miami y Washington los llamados a interrumpir cualquier tipo de conversación con el gobierno de la isla e iniciado campañas de denuncias sobre los abusos de los derechos humanos. Pero no, la muerte se produjo en otro país, que se destaca por su labor de denuncia de los abusos que ocurren en cualquier otra parte que no sea su territorio: Estados Unidos".
domingo, 21 de junio de 2009
DÍA DE LOS PADRES

Hoy es el día de los padres. Casi coincide este año con una fecha insoslayable: el aniversario 80 del natalicio del Che Guevara. Si menciono ambos festejos, a los que nada en apariencia une —aquel fue en sus orígenes un pretexto para inducir al consumismo y esta es una efeméride que celebramos quienes luchamos por vivir en un mundo más justo y menos consumista—, es porque me siento hijo de una generación extraordinaria, que hizo y sostuvo una Revolución que ha desbordado los límites de la pequeña isla que habito, los geográficos y los históricos.
Es esta una generación de grandes hombres. No me refiero únicamente a los que la historia recoge y enaltece con justicia. En la sala de mi casa hay fotos de Fidel y del Che; junto a ellas, están las de mi padre. Es natural, y no pretendo igualarlos. Además del amor de hijo, me une a su recuerdo el saber que vivió con limpieza y honradez, que se enamoró de la Revolución como antes de mi madre, con absoluto desinterés y pasión. Mi padre fue un hombre común en una época en la que lo común era ser extraordinario. Lo recuerdo muy delgado, tierno, lúcido, justiciero, Quijote de aquella gesta heroica. Llegaba tarde a casa, se iba temprano. Yo creía que era Dios, porque lo sabía todo. Se sentaba por las noches en el borde de mi cama e inventaba cuentos sobre el origen de las cosas: el tenedor, la bicicleta, los espejuelos. Entre nosotros no existían temas prohibidos. Cuando quería reforzar un criterio, discutía con él situándome en la posición contraria; él seguía mi juego, y vencía mis argucias retóricas. Quizá pudo ser escritor, pero el huracán de la Revolución se lo tragó: fue revolucionario y padre, y ya no le alcanzó más el tiempo.
Fue un protagonista de la historia, no porque ocupara lugares cimeros, sino porque asumió el suyo con tal convicción que fue útil. Me enseñó a ser revolucionario. Es decir, la Revolución tuvo para mí, y de cierta forma tiene, su rostro. Los discursos de Fidel, la leyenda del Che, todo pasaba por su ejemplo, por sus explicaciones apasionadas. Hasta que empezamos a hacerla juntos, porque los hijos un día fuimos también los protagonistas y cocreadores de aquel empeño colectivo. Y cambiamos de roles: yo me apropié de su apellido, de sus camisas, de sus sueños. Hice cosas que él no pudo o postergó demasiado, y él las vivió en mí. Siempre me sentí orgulloso de ser su hijo. De alguna imperfecta manera, ser como el Che era ser como él. Sé que no es un cuento raro, que muchos lectores comprenden a qué me refiero. Porque no hay grandes hombres sin grandes pueblos; unos y otros se rehacen continuamente, si la Revolución es verdadera (diría el Che).
La Historia con mayúsculas empieza en el hogar: nadie nace revolucionario, como suele decir Frei Betto, hay que hacerse y rehacerse, una y otra vez, por el camino de la vida. Ahora que nuestros padres arriban a la octava década de vida, ¡qué privilegio haberlos tenido! Haber nacido en Cuba, haber crecido en el entusiasmo de las transformaciones, haber estado aquí, en momentos de júbilo y de tristeza, de éxitos y dificultades, junto a Fidel, haber tenido un padre que se rehizo una y otra vez como revolucionario, sin traicionarse. Cuando enarbolo al Che en una discusión, o simplemente escucho una canción que lo evoca, recuerdo a mi padre. Y quisiera que mis hijos alguna vez me recordaran así, como un hombre que fue fiel a ese legado: un navegante a contracorriente —de esa nave llamada Cuba—, en los albores del siglo XXI.
sábado, 20 de junio de 2009
LLAMADO POR LOS CINCO DE ESCRITORES Y ARTISTAS
Una carta difundida hoy aquí por la presidencia de la Unión Nacional de Escritores y Artistas califica ese hecho como un nuevo capítulo en la larga cadena de arbitrariedades que, por más de una década, ha privado de libertad a Gerardo Hernández, René González, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González.
De ese modo, se soslayó "un reclamo universal proveniente de numerosas voces en el mundo y en los propios Estados Unidos", arguye.
El recurso legal presentado por los abogados ante la Corte, argumenta el documento, tiene el aval de 10 premios Nobel, centenares de parlamentarios europeos, latinoamericanos y caribeños, organizaciones de juristas y numerosas instituciones religiosas, académicas, culturales y de derechos humanos en todo el planeta.
El texto recuerda que los cinco cubanos fueron condenados en Miami, "donde los sometieron a un proceso judicial manipulado por la ultraderecha cubanoamericana".
Con la compliciad y el apoyo de autoridades estadounidenses, agrega, estos grupos del sur de la Florida organizaron y perpetraron actos terroristas contra Cuba, que han costado vidas inocentes.
Los cinco jamás pusieron en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos, subraya la misiva, ni atentaron contra un solo ciudadano de ese país.
"Su objetivo fue impedir que los terroristas que actúan impunemente en Estados Unidos consumaran sus planes", especifica.
El presidente Barack Obama tiene la potestad de liberarlos. Con ello cumpliría un acto de elemental justicia y sería coherente con su discurso del pasado 21 de mayo en Washington, cuando defendió la recuperación de la legalidad en la lucha contra el terrorismo, puntualiza la carta.
Estamos convencidos de que, si el pueblo norteamerican conociera la verdad sobre los Cinco, como se les conoce internacionalmente, pondría todo su empeño para que fueran definitivamente excarcelados y regresaran al seno de sus familias, concluye el llamamiento.
PL
viernes, 19 de junio de 2009
Irán y los estertores del imperio


Eliades Acosta Matos
Las protestas en Irán expresan mucho más que la insatisfacción de unos electores con los resultados del sufragio en el que resultaron derrotados. Eso, a fin de cuentas, no justifica el espacio que está teniendo entre las noticias de un mundo tan convulso como el que vivimos. Más allá de los resultados de esta confrontación política, en la que el pueblo iraní tendrá la palabra final, y en la que las potencias occidentales no tienen derecho ni moral para intervenir, el tratamiento del conflicto es una clase magistral de la manera en que actúan los mismos que se rasgan las vestiduras ante las acusaciones de fraude electoral y las imágenes de los choques en las calles de Teherán y pasan, con su elegante vuelo de libélulas libertarias, cuando el gobierno de Alan García masacra a más de 40 indígenas que reclamaban sus derechos ancestrales.
La matemática imperial es demoledora en su sencillez: los indios peruanos muertos al oponerse a la venta de sus tierras y selvas a las transnacionales no valen, porque estaban de lado “equivocado”, o sea, el de la justicia y la defensa del medio ambiente, todo lo cual, a la corta o a la larga, va contra los intereses imperiales. Los muertos en Irán si valen, porque están del lado “políticamente correcto”, se proclamaban “moderados”, delicado eufemismo para significar que no simpatizan con la revolución islámica, y que, en consecuencia, son pro-occidentales, y especialmente pro-norteamericanos , por lo tanto, van a favor de la la dirección del viento geopolítico imperial.
Pero un gustillo a rancio sale de toda esta casi unánime alharaca con el que la prensa occidental celebra el martirologio de los que lanzan piedras y cocteles molotov contra los transeúntes, e intentan imponer a la cañona su voluntad minoritaria. Eso ya lo vimos en las guarimbas venezolanas, en aquellas conmovedoras escenas coreográficas de los paladines de la libertad de expresión y la democracia, muchos de los cuales, como se demostró, resultaron ser vulgares busca vidas atraídos por los millones de la National Endowment for Democracy y la USAID. Quien lo desee, que busque detrás de las protestas de esta pequeña burguesía iraní con ínfulas termidorianas las rutas infinitas de ciertos seráficos programas europeos y norteamericanos para la formación académica, los desinteresados entrenamientos para fomentar “liderazgos”, los filantrópicos planes y financiamientos de microempresas, los intercambios generosos para formar líderes sindicales, femeninos, periodistas, cineastas, bibliotecarios y comunicadores independientes, en fin, las mil y una expresiones del ingenio imperial, las infinitas plasmaciones de la capacidad creativa de sus agencias de inteligencia, tanques pensantes y funcionarios pretorianos que desde siempre han actuado y actúan en los diferentes niveles del establishment, para mayor gloria de Roma, mande Ronald Reagan, George W. Bush o Barack Hussein Obama.
Un imperio no se desmantela, ni sufre remordimientos morales, ni se enfrenta angustiado a los dilemas históricos de su pasado, ni se autoflagela, ni se retira voluntariamente, ni se arrepiente, por el solo hecho, irrelevante en sí mismo, según los cánones imperiales, de que millones de sus ciudadanos hayan votado por la consigna de cambios que encarna una nueva administración, ni por la bagatela de que su candidato predilecto haya sido derrotado aplastantemente en las urnas. A fin de cuentas, ¿quién es el ingenuo que confunde aquí lo público con lo secreto, lo que va por la superficie con lo que se arrastra por el subsuelo, los que obedecen con los que mandan? Y si alguien aún tuviese dudas, lo que está pasando en Irán lo confirma.
Lejos estamos de presenciar aquí el funcionamiento de una maquinaria subversiva y golpista perfecta, la misma que aplastó antes, no sin cierta diabólica brillantez, al gobierno de Mosaddegh, en el Irán de 1953, al de Jacobo Arbenz, en la Guatemala de 1954, al de Juan Domingo Perón, en la Argentina de 1955, al de Salvador Allende, en el Chile de 1973, y que ha estado detrás de “revoluciones” verdes, de terciopelo, naranjas, de los cedros, y de cuantos materiales hayan sido capaces de movilizar los creativos chicos literarios de la CIA contra la revoluciones auténticas, los presidentes demasiado independientes o rebeldes, y las verdaderas democracias, lo mismo en China que en Georgia, en el Congo que en Ucrania, en Bolivia que en Granada. Atrás han quedado los buenos viejos tiempos en que la operación AJAX, que impuso al Sha Rezha Palevhi apenas costó un millón de dólares, una inversión simbólica comparada con los miles de millones extraídos del petróleo iraní para resarcir a los demócratas y libertadores, o el logro de las traiciones express logradas entre los militares guatemaltecos que dejaron solo a Arbenz , atenazados por las innumerables pinzas de la operación SUCESS, mediante la cual se impuso en el poder al coronel Castillo Armas. Lejos estamos de aquella elegante discreción y el secreto hermético de Allen Dulles, Donald Wilber Newton, Kermit Roosevelt, Walter Bedell Smith o Howard Hunt, cuando había que esperar cincuenta años y algún reportaje aparecido en The New York Times para que el público pusiese asomarse, horrorizado, a los mecanismos internos a aquel engendro destinado a derrocar, al por mayor, a gobiernos incómodos. La decadencia imperial es evidente e imparable: ya se sabe que la Secretaría de Estado de la actual administración norteamericana, no la de Eisenhower, pidió a la compañía californiana que desde el 2006 mantiene el popular servicio de microbloggins llamado Twitter, que suspendiera los mantenimientos programados en sus servidores “ para que siguiera apoyando a los manifestantes en Irán”.
Cuando los sacrosantos y ultrasecretos mecanismos de dominación imperial, los arcanos del imperio, tienen que ser revelados para tratar de mantener la dominación, cuando las fórmulas subversivas, antes exitosas, no pasan de ser un mal remake, es que el ocaso se acerca y se está tocando fondo. No solo se le toma el pulso a la caída en la cifra de millones de desempleados, la quiebra de la General Motor o la Chrysler vendida a la FIAT; no solo en el triunfo reiterado de la izquierda en las elecciones de América Latina, ni en la sobrevida de la Revolución cubana, también en este descarnado ukase a Twitter de la Secretaría de Estado norteamericana.
Y como mismo los humildes que luchan por un mundo mejor, por el progreso y la justicia, en contra del imperio y sus políticas hegemónicas y neoliberales forman en un mismo bando, también lo hacen los señoritos que no creen en su pueblo ni en su patria, los sietemesinos a los que Martí hacía referencia, hayan nacido o vivan donde vivan. Bajo ese prisma debe entenderse el entusiasmo ridículo de ciertos bloggers cubanos ante las fotos de las mismas multitudes a las que son alérgicos, sean iraníes o cubanas, soñándose en la pose de arrebatadas Juanas de Arco conduciéndolas por Prado o San Lázaro, por Línea o 23, embadurnadas en los colores que para entonces decrete el horóscopo imperial, o voceando las consignas que ideen para ellos los sempiternos chicos literarios de la CIA.
“¿Cómo ayudar a los twitteros iraníes?” es la receta que uno de ellos reproduce en su blog, tras alertar que “… ojo, bloggers y twitteros cubanos, que estos consejos le harán falta algún día”, como si ya la contra le hubiese expropiado a los bloggers y twitteros revolucionarios cubanos estas armas de combate cotidiano para batir, precisamente, a estos enragees a la inversa, a quienes sentados ante su computadora en Barcelona o Miami se sueñan en las barricadas de las que huyeron antes.
“¿Qué estas haciendo?” es la pregunta que los usuarios de Twitter deben responder a sus amigos y compañeros en mensajes breves, de nos mas de 140 caracteres. Imagino que sea la misma que formulen hoy a los funcionarios del imperio los manes de Theodore Roosevelt, Richard Nixon o Ronald Reagan, esos arquetipos imperiales yanquis, o los de Albert Wolsthetter, aquel gurú de las estrategias geopolíticas neoconservadoras seguidas por George W. Bush al pie de la letra, asomados a lo que acontece con este sistema, tan celosamente promovido por ellos, y hoy en franca bancarrota.
De algo si estoy seguro: la respuesta rebasaría los 140 caracteres de Twitter.
(Tomado de Cubarte)
Estudiantes de la UCI por los cinco

Puede ver todas las fotos aquí y aquí.jueves, 18 de junio de 2009
¿Qué está pasando en Irán?
Es difícil discernir, entre toda la información noticiosa en la red de redes, qué está pasando realmente en Irán. Si nos dejamos llevar por la ingenuidad, si de pronto sólo leemos lo que publican los diarios que a diario satanizan todo lo diferente, es fácil concluir que las elecciones en el país medioriental fueron amañadas y que en fin, allí la represión es brutal y el líder opositor Mousavi mereció mejor suerte en las urnas. Si además, nos dejamos seducir por la maravilla tecnológica y de paso nos despolitizamos, si creemos que Twitter, por ejemplo, es un invento para todos, un arma de mayorías que nos permite participar y hacer la política real, llegaríamos a las mismas conclusiones. Aún si no cayéramos en todas esas trampas, sigo pensando que es difícil saber a ciencia cierta dónde está la verdad. Pero algunas cosas me hacen dudar de toda la algarabía mediática. Leer más
Irán: La CIA, Twitter y los teléfonos móviles
miércoles, 17 de junio de 2009
Ser cubano, en tiempo de crisis
E. U. G.Tengo cincuenta años y el pelo entrecano. Hay días lluviosos, nostálgicos, apropiados para el balance de lo vivido. En esos instantes, siempre recuerdo a mi padre: alguna vez me dijo que de niño pensaba, tan seriamente como puede pensar un niño, que había venido al mundo para hacer grandes cosas. Lo decía con una sonrisa de conformidad, que no revelaba tristeza. Creo que fue feliz. Su vida no fue anodina, vivió intensamente los años más intensos de la historia cubana, y fue protagonista anónimo de hechos trascendentales. Cuando publiqué, al fin, mi primer libro, uno de cuyos ensayos había merecido en 1990 el Premio UNEAC, corría el año 1993. Ya sentíamos todo el rigor del Período Especial, y puse en la dedicatoria: “A Papá, que entregó sus mejores años a
lunes, 15 de junio de 2009
PREGUNTAS
Las comparaciones de Oppenheimer
Los hechos son tan testarudos que acaban por aparecer de improviso en declarantes poco dados a los reconocimientos. Los enemigos ideológicos buscan la manera de incorporarlos a su discurso, para invertir el significado de lo ya inocultable, pero fracasan. En cierta ocasión, el señor Montaner se preguntaba cómo era posible que Cuba tuviese más médicos per cápita que España, y aseguraba que el pequeño estado bloqueado había invertido en medicina más que el total de lo aportado por Estados Unidos durante el muy promocionado Plan Marshall de los años cincuenta del siglo pasado. Su afirmación, claro, no era un elogio, aunque lo pareciera: Montaner trataba de decir que aquello era un disparate (según las reglas del libre mercado). Hace apenas unos meses, sin duda impresionado por el reclamo casi unánime de los gobiernos latinoamericanos para que finalizara el bloqueo estadounidense a Cuba, el presidente Obama confesó que la política cubana de enviar médicos a los países que lo necesitaban debía ser imitada por su país. Ayer, el inefable Oppenheimer, acaba de ponerle la tapa al pomo, como decimos en Cuba, al traer a debate unas sorprendentes cuentas: según él, Cuba ya es el destino principal de los estudiantes universitarios de cuatro países latinoamericanos (Bolivia, Paraguay, Uruguay y Nicaragua) y el segundo destino de otros seis (Venezuela, Panamá, Honduras, Guatemala, El Salvador y Costa Rica). Estamos hablando de cifras netas, no de comparaciones según el per cápita poblacional, entre Cuba –país pobre, bloqueado, de 11 millones de habitantes--, y Estados Unidos, primera economía mundial de más de 200 millones de habitantes. Otro dato de esa desconcertante comparación es que Cuba ofrece becas a la mayor parte de esos estudiantes –entre los cuales hay norteamericanos de barrios pobres--, mientras que, del total de estudiantes extranjeros en Estados Unidos, según el propio Oppenheimer, solo el 0, 5 % recibe ayuda del gobierno. El activo defensor chileno del imperio recomienda finalmente a Obama un drástico aumento de las becas a estudiantes extranjeros, “porque es una inversión que reditúa dividendos a largo plazo”, dice. Parece que se ha puesto de moda en Estados Unidos imitar a Cuba. Espero (es una frase retórica, lamentablemente nada espero) que los dividendos de los que habla sean los del honor y el cariño, y no los del chantaje y la subordinación. Pero el gran asesor tiene un instante de lucidez, y agrega: “es difícil pedirle a los contribuyentes norteamericanos pagar los estudios de jóvenes extranjeros en un momento de crisis, cuando hay muchos estudiantes estadounidenses que no pueden pagar sus propios aranceles educativos”.
