martes, 8 de septiembre de 2009

Dime lo que lees y te diré de dónde eres.

¿Se leerá Obama alguna vez el clásico Las venas abiertas de América Latina, que Chávez le regaló?

Leonardo Padura Fuentes.
Leí la noticia y, por supuesto, me causó admiración: uno de los hombres más agobiados y ocupados del mundo, el presidente norteamericano Barack Obama, se iba de vacaciones por una semana a la isla Martha's Vineyard, en las costas de Massachussets. Pero su descanso activo de hombre inteligente contemplaba la posibilidad de leer unas dos mil páginas: Obama llevaba consigo cinco libros, tres de ellos novelas (George Pelecanos, Richard Price y Kent Haruf), un estudio sobre las energías renovables escrito por Thomas Friedman, y una biografía de su remoto antecesor John Adams, obra de David McCullough. La lista de autores acumulados por Obama -desde escritores policiales a polémicos ensayistas- exhibía un factor común que, posteriomente, se me haría muy notable: todos eran norteamericanos y, como suele suceder, esos norteamericanos escriben en inglés, la lengua dominante en que se expresa la cultura de ese país multiétnico y multicultural. Quizás lo que me hizo significativa esa filiación entre los textos que se proponía leer Obama fue el conocimiento, unos días después, de que cierta universidad norteamericana ofrecía una residencia por cuatro meses para un autor latinoamericano, residente en su país de origen, que cumpliera un inexcusable requisito: debía escribir en inglés... Ojo: no digo que fuera capaz de escribir en inglés, sino que escribiera (que ya hubiera escrito) sus obras en inglés. Cuando cacé las dos informaciones lo primero que hice fue anotar cuáles eran los últimos libros que yo había leído y recordé, al vuelo, 2666, la monumental novela del chileno Roberto Bolaño (cuya traducción al inglés, por cierto, ganó hace poco uno de los premios de la crítica norteamericana); las traducciones de Viajes con Herodoto, unas especies de memorias del maestro del periodismo del siglo XX, el polaco Ryszard Kapuscinski; las memorias noveladas de Amos Oz; Un hombre en la oscuridad, una novela de Paul Auster (originalmente escrita en inglés, claro)... Y ahora mismo lucho a brazo partido con las mil cien páginas de Vida y destino, la impresionante novela que le valió a Vasili Grossman el ostracismo soviético y la inmortalidad literaria universal. En suma: un chileno-mexicano, un polaco, un judío que escribe en hebreo, un norteamericano y un judío ruso. Que un hombre de la probada inteligencia de Obama leyera solo autores de su entorno cultural y lingüístico no es algo extraño teniendo en cuenta su origen. Los especialistas han establecido que de la literatura de ficción que se consume en el mundo anglosajón, solo un 2-3% son traducciones. Más claro: de cada cien libros que se publican en los países de lengua inglesa solo tres han sido traducidos del español, italiano, francés, alemán, chino, japonés, griego y un largo y rico etcétera que conformamos "el resto del mundo". Las lecturas de Obama, como es fácil advertir, replican la tendencia dominante en una cultura empeñada en autosatisfacer sus demandas con productos solo de su propio huerto, sin pretensiones de asomarse a los sembrados vecinos -"el resto del mundo" que existe, escribe y, por supuesto, habla otras lenguas. Más complicado, en tanto, resulta el requisito de la residencia universitaria. Porque, ¿cuántos escritores hispanoamericanos, franceses o alemanes escriben en inglés? Más aún, ¿cuántos de los escritores importantes de esos diversos orígenes lingüísticos y culturales han adoptado el inglés como lengua de expresión literaria? El polaco Joseph Conrad o el ruso Vladimir Nabokov son ejemplos notables de la excepción que valida una regla, como lo pueden ser, en otros terrenos, los de Jorge Semprún, un hombre de dos culturas, que escribe en dos lenguas, el castellano y el francés, o el de Junot Díaz, un dominicano radicado desde niño en New York que escribe en inglés. Pero la norma en todas las literaturas es el monolingüismo pues un escritor es la expresión de una cultura y una cultura es una lengua -salvo en casos específicos de bilingüismo existente en ciertas zonas del mundo- que expresa una visión del mundo y de la vida, una sensibilidad y una capacidad expresiva que se comienza a adquirir desde que se aprenden las primeras palabras. Los habitantes de "el resto del mundo" (para el imperio soviético y para el fascismo alemán hubo también un "resto del mundo") tenemos el privilegio de una perspectiva más global y desprejuiciada del consumo cultural. Entre los referentes literarios de mi generación hubo tantos escritores norteamericanos e ingleses como hispánicos o franceses, y el resultado de esa convivencia es el cosmopolitismo y la visión de un mundo donde no hay otros "restos" que los pretendidos por los nacionalistas,fundamentalistas y los excluidores que se valen de cualquier muralla para ignorara los otros y a los diferentes (IPS).

lunes, 7 de septiembre de 2009

Para exorcizar nuestro egoísmo.

Alina Perera Robbio
La Calle del Medio No. 16
Como un parte aguas que de un lado ha desatado detractores y del otro cómplices, «Diana», la más reciente telenovela cubana, es una realidad en el espacio estelar de la noche, ese que desde hace tantos años asociamos en la Isla con el momento de refrescar las pupilas y aflojar las tensiones del día.
Las opiniones más recurrentes entre quienes rechazan la propuesta tienen que ver con una incómoda sobredosis de angustia si se sientan frente al televisor: para qué más de lo mismo —piensan no pocos—, si con el bregar cotidiano se tiene más que suficiente… Desde otro flanco de insatisfacciones otros apuntan, por ejemplo, a los rápidos movimientos de cámara, y a unos encuadres que huelen demasiado a obra experimental.
Los que están con «Diana» se han colgado de su audacia temática; se maravillan de cómo la realidad ha sido atrapada y luego compartida sin atenuantes ni algodones, con una pulsación que es exactamente la de la vida nuestra. Pasan incluso por encima de alguna que otra arista formal a la que puedan no estar acostumbrados como espectadores, para esperar pacientemente ese instante en que alguna verdad cae como mazazo sobre ellos y provoca el asentimiento grave, la confesión casi al borde de las lágrimas: «Es la verdad; la pura verdad…». O una frase de consuelo: «No estoy tan mal como ellos…».
Lo cierto es que, entre los que dicen rotundos «yo no la veo», y quienes entusiastamente afirman no perdérsela pues «está durísima», hay un umbral más reflexivo, y por tanto de mayor hondura, donde se ubican quienes no se dejan cegar por la pasión y así pueden disfrutar mientras advierten más de una sutileza usada por los creadores durante la confección del producto audiovisual.
En este grupo están quienes se han percatado de que «Diana» desafía en más de un sentido, no solo en lo formal. Parten de la premisa de que no hay uno solo de nosotros que pueda estar al margen de los asuntos abordados en la telenovela, pues ella —aunque su director Rudy Mora ha hecho hincapié en tópicos específicos y abrasivos como la situación de la vivienda y sus consecuencias para la familia—, se sumerge en el universo espiritual de la sociedad toda, ese tan erosionado al cabo de más de veinte años de estoica resistencia, de «estática milagrosa» dirían los arquitectos, desde los días en que cayó el Muro de Berlín.
Desde la presentación de cada capítulo, la imagen de unas manos llenas de prendas y abigarradas con largas uñas postizas —manos que remueven expedientes personales—, nos pone sobre aviso con cierta invasión de la vulgaridad y tráfico de intenciones nada limpias en espacios delicados.
Y mientras avanzan las múltiples tramas, se nos obliga a meditar sobre la guerra entre hermanos, la desigualdad entre nietos que viven bajo el mismo techo, la neurosis de las mujeres frustradas, el diálogo de sordos entre personas que se han amado, la incapacidad, en fin, para concebir la existencia como algo bordado por encima de las miserias terrenales y del alma…
«Diana» —como yo lo percibo y siento— es un magnífico espejo que un grupo de artistas y creadores han compuesto esperanzados para ayudarnos a exorcizar nuestros egoísmos, para hacernos pensar. Ahí radica el valor más trascendente, digno de atención, de la propuesta a la cual sería útil, en aras de hacerle y hacernos justicia, seguirle los pasos hasta el último de los desenlaces.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Crisis de poder en Estados Unidos.

A continuación les presentaré un fragmento de la carta que envió al Miami Herald uno de los llamados “cubano-americanos”, crítico de la Revolución Cubana, que expone la situación existente en Estados Unidos y por lo que dice, casi casi está llamando al pueblo estadounidense a la revolución!!!!!!!! contra la izquierda “socialistoide” que está en el poder????
Considero que es importante leer este fragmento. Lo que ha escrito este ciudadano nos da una idea de la situación en Estados Unidos, el porqué la extrema derecha cada día se fortalece más y explica nuevamente el temor del Comandante en Jefe de que pudieran asesinar a Obama. Dr. Néstor García Iturbe.

El furor del pueblo americano es real y este furor no es solo en contra de una monstruosa legislación ni en contra de un solo partido, ni de un determinado político. No. Cansado de que lo engañen, lo estafen y lo desilusionen los políticos de turno, en las elecciones del pasado noviembre el pueblo americano votó por "el cambio en el que usted puede creer," y hoy ya se esta dando cuenta que lo volvieron a engañar. Que ahora está en las peores manos, las manos de una izquierda cínica que sin miramientos trata de atropellarlo todo para imponer una agenda que el pueblo no votó, que no esta de acuerdo con ella.
El furor y la ira del pueblo americano están ahí latiendo como la lava antes de romper sus diques. Nadie dice que aquí estemos ante una revolución de la envergadura de la de Francia de hace casi tres siglos, pero siempre es prudente temer a esa ira, a ese furor, pues una vez que se pongan en marcha no se sabe en donde terminarán, ni cuáles serán sus estropicios. No nos olvidemos que en tres años se abolieron setecientos.
Esa ley de salud hay que echarla abajo en su totalidad y proceder como mandan las leyes y la razón: Redactar una nueva, a vista de todo el mundo, sin secretos ni trampas escondidas y sin veladas intenciones socialistoides.
Y hay que discutirla, artículo por artículo, y medir y pensar en sus costos y en sus beneficios, sin las triquiñuelas a las que la Casa Blanca es tan adicta, y sobre todo si esa ley obedece y representa los ideales de un pueblo que en fin de cuentas es el que la tendrá que sufrir o disfrutar en todos sus efectos. De hacer lo que ha querido hacer la presente administración es cuquear a ese furor y jugar con el fuego. Y ya se han quemado los dedos.
Señor presidente en los Town Halls no hay todavía ni una revuelta ni una revolución pero antes de que venga el próximo paso deje usted de jugar con ideas salidas de doctrinas que son repugnantes al pueblo americano y por las cuales no votó.
Escrito por Manuel Márquez-Sterling el 1 /9 /2009

viernes, 4 de septiembre de 2009

La democracia íntima, y el negocio de los géneros literarios.

Antonio Rodríguez Salvador.
Siempre que voy por Taguasco, suelo darme una buena tarde de mahjongg. Uno está horas organizando murallas, conformando tríos de bambú, escaleras de discos; tratando de atesorar dragones y vientos propios, y de pronto empiezas a preguntarte si por casualidad en alguna otra vida no fuiste chino.
Ciertamente, ya sabemos por Montesquieu que uno puede ser persa; pero también el mahjongg es para Taguasco lo mismo que el dominó para el resto de Cuba. Ahora sus fichas son de bambú, nácar o marfil: llegan en las maletas de quienes vuelven del extranjero; pero en mi infancia las hacíamos de madera; con bolígrafos dibujábamos los arduos caracteres. No es extraño que los niños cubanos aprendan temprano a contar en inglés —hubo un tiempo en que lo hacían en ruso— pero los taguasquenses de mi generación aprendíamos primero a leer números en chino.
Por eso, a medida que transcurre el juego, uno empieza a rememorar tiempos idos, y entonces sobreviene la contradictoria mezcla de sentimientos: el dolor por los que ya no están; la dulzura de la vieja, la inquietud por la ausencia de un amigo, el ridículo que hice en cierto baile, la primera novia que tuve… En fin, gozo y soledad, esperanza y desánimo, amor e infortunio; en esencia las mismas emociones que tendría cualquier chino de mi edad que de pronto se torne melancólico.
Ese “extrañamiento propio” —que Rimbaud definió como “yo el otro”— probablemente lo vivió el griego Esquilo mientras contaba desde ojos medos la batalla Salamina; o cuando el bigotudo Guy de Maupassant imaginaba ser una gorda lampiña y prostituta, o, incluso, cuando el chispeante Miguel Delibes escribía como un idiota en aquellos santos inocentes. Los escritores son curiosos transformistas: si uno solamente leyera las ficciones de Mario Vargas Llosa, pensaría que las escribe un hombre de izquierda; en tanto, el Evangelio según Saramago más parece obra de un revisionista católico, que de un materialista dialéctico.
Pero el campeón de la metamorfosis no es Kafka —ni tampoco Apuleyo—, sino Shakespeare. Este caballero inglés, que alguna vez fue mujer y negro, consiguió no obstante su mayor altura dramática como príncipe danés. Durante su vida, también fue griego, escocés y fenicio, pero quizá lo que más disfrutaba era ser italiano: bajo esa “bandera” escribió diez dramas y comedia, incluyendo cuatro de temas romanos.
Muchas veces he leído que la literatura escrita por mujeres es distinta a la escrita por hombres: se dice que ambos sexos enfocan un mismo problema de manera diferente, en tanto la tradición les ha otorgado desiguales relaciones de poder. Sin embargo, esa generalización es incompatible con la originalidad del creador; sería como suponer que El Quijote no fue escrito por un mortal llamado Miguel de Cervantes, sino por una sustancia resultado de promediar a todos los varones del mundo. Preguntemos entonces: ¿Diferente de cuáles hombres?: ¿De Lezama o de Carpentier; de Vladimir Nabokov o de Lewis Carroll? Imaginemos que Borges y Bukowski están a la misma hora, en la misma azotea, y mirando hacia la misma calle. Los párrafos escritos por ambos serían tan disímiles en su esencia, como lo son las literaturas escritas por Dulce María Loynaz y Carilda Oliver Labra. En cambio, no hay quien escriba más parecido al colombiano García Márquez — salvando distancias, desde luego— que la chilena Isabel Allende.
¿Y de cuáles relaciones de poder? ¿Acaso en aquel esclavista siglo XIX cubano no era más libre Luisa Pérez de Zambrana que el poeta esclavo Francisco Manzano, o Gertrudis Gómez de Avellaneda que el mulato Gabriel de la Concepción Valdés? Es curioso, pero los tres grandes paradigmas femeninos de la literatura universal fueron escritos por hombres: Lady Macbeth, (Shakespeare); Ana Karenina (Tolstoi), y Madame Bovary, (Flaubert). En cambio, el más consistente emperador romano de la literatura es obra de una mujer: el Adriano de Marguerite Yourcenar.
¿Saben una cosa?, cuando oigo hablar de literatura femenina o gay o marginal, me pregunto si la novela Orlando, de Virginia Woolf, podría clasificarse como literatura transexual. Bajo este mismo principio la literatura de Assimov pudiera ser robótica, la de Süskind, química, y la de Melville, pesquera o ecologista. Ciertamente, creo que tras todas estas subdivisiones siempre hay un poco de comercio.
Ya a principios del siglo XX, el poeta griego Constandinos Cavafis escribió: “Cuando un escritor sabe con bastante certeza que se venderán solamente unos pocos volúmenes de su edición, obtiene una gran libertad en su trabajo creador. Pero el escritor que tiene ante sí la seguridad, o al menos la probabilidad, de vender toda su edición y quizás ediciones subsecuentes, es a veces influido por la venta futura... casi sin quererlo, casi sin darse cuenta de ello. Habrá momentos en que, sabiendo cómo piensa, qué le gusta y qué ha de comprar el público, el escritor hará pequeños sacrificios, redactará cierto trozo de manera diferente, se saltará otro. Y no hay nada más destructivo para el Arte (tiemblo con sólo pensar en esto) que cierto trozo sea redactado de manera diferente o sea omitido”.
En el extremo –quizá extremismo— de estas manipulaciones podemos situar a ciertas literaturas encadenadas a políticas que configuran el mercado —y viceversa, probablemente acotaría Marx. En estas, el negocio del victimismo suele percibir dividendos. La idea es simple: empeñarse en mostrar un personaje marginado —cualquiera de los que siempre arrinconó la tradición: mujeres, negros, homosexuales, etc., y cuyos derechos son hoy reconocidos por diversas organizaciones mundiales— y luego, con igual empeño, lanzarse a demostrar que existen complotados modernos en la persistencia de tal marginalidad. No por ocio he colocado en cursivas las palabras “mostrar” y “demostrar”: las segunda es más propia de los géneros retóricos que de los literarios.
Por ejemplo, esta técnica es la más empleada por cierta “narrativa de la difamación” cuyo propósito es demonizar todo lo que concierne a la Revolución Cubana y a sus líderes. La políticas y el mercado han creado paradigmas de este “género”: Zoe Valdés es la cabeza más visible, pero también destacan otros cuyos modus operandi son un calco de los usados por esa autora: seres condenados a la marginalidad por culpa de un sistema cuyos máximos representantes hacen culto de la lujuria, la gula, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia (nótese que he relacionado los siete pecados capitales de la tradición judeocristiana)
Así, mediante el manejo de prejuicios originados por la tradición, se busca ejercer como abogado del diablo en lo que universalmente se entiende por moral, de modo que el sistema de ideas imperante en Cuba aparezca satanizado ante los ojos del lector. La idea no solo es cuestionar la legitimidad del gobierno cubano, sino también privar al sistema socialista de cualquier fundamento ético, moral o jurídico que lo sustente. Pero esta pretendida inversión de la realidad entraña varias paradojas que conspiran contra los propios autores. La primera es obvia, y va en relación directa con matices estéticos: los requerimientos del mercado terminan por destruir cualquier trascendencia artística, haciendo que el producto derive hacia mero panfleto de usar y tirar. La segunda está relacionada con aspectos técnicos: la humanidad de los personajes es anulada por la “mano peluda del autor”, la cual constantemente les implanta apremios caricaturescos, cuando no fundamentalistas que terminan por destruir la verosimilitud del relato. La tercera, apunta hacia la ética: no se puede combatir una supuesta tiranía, usando los mismos métodos despóticos achacados a esta: el odio no genera humanismo; la oscuridad no ilumina. La cuarta, deserta de la condición creadora del arte, en tanto la imitación, el reciclaje y el préstamo de temas, personajes, y recursos expresivos, no solo impide definir poéticas, sino que hace recordar, por ejemplo, el fenómeno actual del regetón. Y la quinta —que probablemente no sea la última— entra en contradicción con esencias morales: en tanto estos supuestos defensores de los marginados, mediante el uso de una retórica excluyente —sesgos, tópicos y prejuicios generadores de odio— son asimismo marionetas de quienes pretenden colocar en la marginalidad al pueblo cubano.
Naturalmente, ya sabemos por Borges que “el hábito literario es asimismo el hábito de intercalar rasgos circunstanciales y de acentuar los énfasis”. Sin embargo, el principal rasgo que distingue a los escritores que solemos llamar universales, es que en su democracia íntima no caben los fraudes.

BOLSA DE PERMUTAS: nuevo servicio.


¿Necesitas permutar? Un nuevo espacio, alojado en Cuba, propicia los encuentros y despeja dudas con respecto a las permutas. http://permutasencuba.infosoc.cu/

jueves, 3 de septiembre de 2009

¿Cuanto vale en realidad un pelotero cubano?

A veces aparecen textos cantinflescos como este, que afirman sin rubor no estar a favor ni en contra, sino todo lo contrario. El Nuevo Herald nos "informa" que: 1. el béisbol en Cuba ha decaído, carece de estrellas (por culpa de la Revolución, of course); 2. los peloteros cubanos que desertan reciben ofertas de pago millonarias (más altas que sus pares venezolanos o dominicanos o puertorriqueños), porque pese a todo, son los mejores. No es que el sistema socialista desarrolle sus potencialidades, es que son por naturaleza los más talentosos. Pero se me ocurren otras dos explicaciones: 1. que no es tan malo el sistema cubano que selecciona y prepara desde niños a sus futuros peloteros, vivan en la Sierra Maestra o en La Habana, y organiza un sistema nacional de estudios y entrenamientos --competencias infantiles, juveniles, de adultos e internacionales incluidas, todo pagado por el estado--, que culmina en la Serie Nacional de la que salen esos muchachos que los scouts adoran; 2. que esas altas suman tienen además una intencionalidad política: quebrar el sistema deportivo cubano, uno de sus mayores logros, y robarle sus talentos. Pinche aquí y saque usted sus propias conclusiones. Pero lo que sí sabemos es que peloteros cubanos como Omar Linares, Antonio Pacheco, Orestes Kindelán o Pedro Luis Lazo, entre otros, no tienen precio.

Un septiembre para Doña PRISA.

El oficio de la histeria remunerada se ejerce disciplinadamente. La sombra no existe sin luz, por eso es posible invertir cada frase con la que de Doña PRISA gana el sustento:
"El calor hace aflorar la intolerancia y emergen las críticas en cada esquina". ¿Libertad de expresión en Cuba? Como siempre: todos criticamos en voz alta, pero no con la mala leche de quien vende postales prepagadas. La intolerancia --haga calor o frío--, es patrimonio de Doña PRISA.
"Bajo esa sensación de hartazgo ha comenzado septiembre, con su carga de rutina. Mi hijo salió temprano para la escuela". Todos los niños cubanos, a pesar de la crisis mundial --Doña PRISA la maneja como si fuese un problema cubano--, tienen un pupitre, un aula, un maestro, unos libros, un uniforme escolar, cada septiembre. Pero ella cree que lo extraordinario es que debe ocuparse del almuerzo de su hijo: "y a media mañana me hice la misma pregunta que el curso anterior: ¿cómo encontrar algo para llevarle de almuerzo?" ¿Nadie le ha explicado que en todos los países del mundo --especialmente en los del Sur--, los padres tienen que proveer el almuerzo de sus hijos (si tienen la dicha de que estén escolarizados).
"La maestra les anunció que volverán las movilizaciones al campo —en compensación, me imagino, a la paulatina extinción de las becas— y que ahora las aulas tendrán cuarenta alumnos pues no hay suficientes profesores". Pues qué bien que vuelven las movilizaciones. Había consenso en la sociedad cubana sobre la necesidad de reabrir los pre urbanos. También sobre las insuficiencias de muchos maestros emergentes, única manera de sostener aulas de veinte alumnos en un país donde --hay que decirlo otra vez--, todos los niños asisten a clases. Entonces, lo que presenta con desgano es el resultado de un análisis que toma en cuenta las opiniones vertidas por la población.
Doña PRISA necesita otros espejuelos. Las gafas negras, aunque están de moda y permiten al que las usa evadir la mirada de frente, tiñen la vida de ese color. Pero ha recibido la orden por el móvil, de no quitárselas.

Nueva fecha para presentación de La Calle en la CUJAE y la UH

Aquí viene ya el primer ajuste de programación. Acabo de hablar por teléfono con los organizadores de la FEU y la presentación y discusión de La Calle del Medio --del número 16 y de los anteriores--, en especial, la discusión del artículo sobre el fraude, en la Universidad de La Habana y en la CUJAE, tienen nueva fecha:

Miércoles 9 de septiembre:
CUJAE, 10: 00 a.m.
Universidad de La Habana, 3: 00 p.m. (Patio de los Laureles; Facultad de Matemática).

Habrá invitados especiales.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

UTOPÍAS: De ballet y pelota.

Enrique Ubieta Gómez
Entre tantos cortos de ficción realizados en los últimos años por jóvenes realizadores, recuerdo uno en especial: Utopía. Un grupo de jugadores de dominó, botella en mano y lenguaje repa, discuten con pasión sobre las semejanzas y diferencias de los conceptos literarios de realismo mágico y de lo real maravilloso; mientras, en una "peluquería" hogareña, mientras se arreglan las uñas o se tiñen el pelo --algunas de rolos-- , las muchachas discuten con violencia no sobre el último capítulo de la telenovela, sino sobre la última entrega de una opera por episodios (escenas). En ambos casos, hombres y mujeres, se expresan y comportan como marginales: solo ha cambiado el tema de discusión, y los conocimientos almacenados. El corto expone un conflicto casi filosófico: la instrucción no significa educación; la cultura no es solo contenido, también es forma. Recordé el corto ayer, porque el cubano quizás no discuta sobre la selección de los primeros bailarines del Ballet Nacional con la misma masiva pasión que discute la conformación del equipo nacional de béisbol; pero ha adquirido en los años de Revolución una cultura danzaria única entre pueblos del Tercer Mundo. Hace apenas un mes nos visitó el Royal Ballet de Londres, y hubo que desplegar una pantalla gigante frente a la escalinata del Capitolio, para que un público variopinto disfrutara de las escenas en vivo, sentado en sus escalones. Los bailarines del Royal, deslumbrados y agradecidos, acudían en los entreactos para saludar con una reverencia a los más insólitos espectadores que imaginar pudieran. Aquella no era una discusión sobre el concepto de lo real maravilloso: era lo real maravilloso. Pero ayer asistí a una puesta de La bella durmiente del bosque, por el Ballet Nacional. La función fue, como de costumbre, en el Gran Teatro García Lorca de La Habana, frente al Parque Central, donde cada día transcurre de forma simultánea la más famosa peña de los aficionados al béisbol. Allí, frente a la primera estatua de Martí, los "especialistas" populares de la pelota discuten como en el corto Utopía, a viva voz, sin que jamás la violencia de sus gestos y palabras se transforme en acto físico. El espectáculo de ballet contó con la asistencia de la Orquesta del Gran Teatro. La calidad del cuerpo de baile --figuras muy jóvenes, rostros casi adolescentes--, y de las primeras figuras, también jóvenes, no admitía subvaloraciones: el Royal es excelente, pero la compañía cubana también lo es. De igual a igual se miran. El público que asiste y comenta y compara la actuación de la bailarina de ayer con la de hoy, tiene la calidad de su ballet. Es verdad que algunos de sus bailarines buscan en otras tierras lo que Cuba no puede ofrecer. Cada puesto vacante es llenado con presteza, porque hay miles de jóvenes --negros y blancos, varones y hembras--, estudiando ballet. Sucede en la danza, paradójicamente, lo que en la pelota: siempre dispondremos de bailarines y de peloteros excepcionales, por la tradición y por la Revolución.

martes, 1 de septiembre de 2009

POLÉMICA EN LA CALLE 16: Baby Lores, créanlo o no.

NUEVO: La Calle del Medio No. 16

Pues aquí está el número 16 de La Calle del Medio, correspondiente al mes de agosto. Durante el mes de septiembre recorreremos varias universidades de la capital para debatir con los estudiantes los temas propuestos por este y otros números. La FEU organizará estos encuentros, en los que podrán adquirirse casi todos los números anteriores. Y a partir de octubre y hasta diciembre, haremos lo mismo en el resto de las universidades del país. Provisionalmente, el itinerario habanero será este:
ISDI 15 sept 11:00am
Universidad de la Habana 15 sept 4:00pm
ISP Enrique José Varona 22 sept 10:00am
CUJAE 22 sept 3:00pm
ISA 30 3:00pm
ISRI 30 sept 5:00pm
Cualquier variación la informaremos también por esta vía.
Para acceder al número 16 pinche sobre la imagen de la revista que está en la columna de la derecha.

Juan Abreu: guerra a la tolerancia.

Hace algunos días compartía con ustedes una frase de Ichikawa que instaba a la definitiva aceptación por los miamenses de su rostro reflejado en el espejo: el feo rostro de la derecha más recalcitrante, o --dicho en sus palabras--, el de un "enclave derechista de la globalización". Juan Abreu va más lejos con motivo del apoyo que algunos dan al concierto de Juanes en La Habana, y los califica de "agentes castristas": "Los agentes abanderados de la moderación, la tolerancia y la impoluta imagen del Exilio han jugado un importante papel en la domesticación y ovejización del Exilio cubano. No todo el que hable de tolerancia y moderación es un agente, por supuesto, pero sirve de tonto útil a los intereses de la dictadura". Abreu quiere llevar la imagen de Miami --para la que Ichikawa pide el glamour del autorreconocimiento--, al punto exacto de sus orígenes batistianos y terroristas, al fascismo corriente: "No hay que renunciar a nada --dice. Pero podríamos empezar por hacerle pagar un alto precio a los cantantes, escritores, intelectuales, cineastas y cuanto mamarracho de esta índole le haga el juego a la dictadura".