sábado, 21 de noviembre de 2009

Regalo de sábado: El Necio.

Para los que andan componiendo listicas amenazantes, les traigo la letra de una canción emblemática. Regalo de sábado.

Silvio Rodríguez
Para no hacer de mi ícono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme un lugar en su Parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares.
Me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
me vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.

Yo quiero seguir jugando a lo perdido,
yo quiero ser a la zurda más que diestro,
yo quiero hacer un congreso del unido,
yo quiero rezar a fondo un hijonuestro.

Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
más yo seguiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces).

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la Revolución se venga abajo,
que machacarán mis manos y mi boca,
que me arrancarán los ojos y el badajo.
Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.

viernes, 20 de noviembre de 2009

¿Estos son los agresores o los agredidos en 23 y G?

Un día de fiesta. Jóvenes y niños despiden el Festival Universitario del Libro y la Lectura, momentos antes de que se produjera la provocación de Macho Rico.

El pueblo cubano se cansa de Yoani Sanchez.

Guillermo Nova La República La Habana
Jóvenes a ritmo de conga y gritos en favor de la revolucion mandan a callar al marido de la bloguera.

El viernes 20 de noviembre Reinaldo Escobar, marido de Yoani Sanchez, intentó reventar un acto de la clausura de la Feria Universitaria del Libro y la Lectura (FULL) en la céntrica calle 23 esquina a Avenida de los Presidentes, de La Habana, pero el juego le salió mal.
Cuando los jóvenes habaneros disfrutaban de la oferta de libros a precios rebajados y música de los grupos de artistas aficionados, el marido de la bloguera cubana se plantó delante de los medios de prensa extranjeros presentes y dijo que se encontraba allí como señal de duelo por una supuesta agresión a su esposa la semana pasada.
Los cubanos ya se cansaron de tanta provocación y a ritmo de conga los jóvenes que participaban en el evento empezaron a gritar de manera espontanea "esta calle es revolucionaria" y "abajo la gusanera" o "Raul seguro, al yanki dale duro".
Lo curioso del hecho es que agentes de la seguridad a los que Yoani Sánchez tantas veces ha denunciado por presuntas agresiones y acoso, tuvieron que ser los que sacaran del lugar a su marido para que no sufriera la ira de un pueblo que se ha cansado de tantas provocaciones.
La supuesta agresión que denuncia la bloguera cubana, fue totalmente desmentida, en declaraciones en exclusiva a La República, por los propios médicos que la atendieron y que en ningun momento le encontraron lesión alguna, además estando ella conforme con el examen médico que le realizaron.

jueves, 19 de noviembre de 2009

E 4, o Peón Yoani cuatro rey: nueva movida de Washington.

Enrique Ubieta Gómez
¿Cuándo es falso un diálogo? ¿Cuándo la exigencia de libertad se convierte en ardid retórico para embaucar al lector? El que intente dialogar con Cuba tiene que despojarse de todo pre-juicio: sobre la mesa no se sentarían “el bueno” y “el malo”, el grande rico y el pequeño “necesitado”, el que debe cambiar y el que tiende la mano para que ocurran los cambios. El presidente Raúl ha reiterado, una y otra vez, el ofrecimiento del gobierno cubano para dialogar sin condiciones, pero ello significa que las convicciones ideológicas de una y otra parte tendrán que situarse en una carpeta cerrada, para abordar los temas de una agenda bilateral abierta. Quien se atreva a ofrecer una posibilidad de diálogo entre Cuba y Estados Unidos que contribuya a superar el medio siglo de hostilidades y agresiones militares y económicas, debe obviar su posición personal: la discusión no será sobre el significado y la perdurabilidad de la Revolución cubana, ni del imperialismo norteamericano.
Hay tantos puntos en disputa y tantos otros de posibles beneficios mutuos –como es natural que ocurra entre países vecinos--, que tratar de convertir ese necesario reencuentro en actos de victoria o de derrota de uno u otro contendiente, es un crimen histórico. Cuba no se sentaría a negociar su socialismo –que es elección soberana de su pueblo--, ni exigiría a su interlocutor que desista de su capitalismo. Es verdad que los grandes medios occidentales inculcan la imagen del “fracaso socialista” y que pese a todas las evidencias, escamotean el del capitalismo; pero una negociación entre dos estados soberanos –para arribar a una convivencia civilizada--, no puede basarse en decretos mediáticos, ni en conclusiones ideológicas de parte y parte. Si se escogen las diferencias ideológicas como asunto central de discrepancia, entonces no hay, ni habrá acuerdo.
Cuando el presidente norteamericano elige –o acepta la elección que otros traman por él--, como primer “interlocutor” a un soldado de su propio ejército, como es Yoani, evidentemente no está tendiendo puentes con el país. No es difícil demostrar que nada en ella es auténtico, ni su éxito como “bloguera”, ni sus perfomances, ni su “patriotismo”. Para cualquier analista serio e informado, Yoani es una construcción mediática a la que se sigue con el interés de una jugada ajedrecística de los “yanquis”; la política internacional se ha vuelto tan cínica, que muchos de los que aceptan esa evidencia, la pasan por alto. En un juego de ajedrez --¿recuerdan la famosa frase de Aznar, sobre “mover ficha”, y la aplastante respuesta de Fidel?--, lo importante es ganar. Pero en un diálogo, si es auténtico, lo que importa es encontrar puntos comunes. Si se analizan los cuestionarios, supuestamente presentados a los presidentes de las dos naciones (una de ellas es la suya por nacimiento, la otra lo es por ideología y lealtad, sean cuales sean sus razones) las preguntas parten del punto de vista norteamericano, no del cubano. No se pregunta a Obama, por ejemplo, si está dispuesto a poner fin sin condiciones al bloqueo económico que mantiene sobre Cuba –reclamo explícito de 187 países en Naciones Unidas--, ni sobre si tendría la voluntad de al menos conversar sobre la soberanía del territorio ocupado ilegalmente en Guantánamo. Yoani no es otra cosa que una ficha de ajedrez, y su actual protagonismo tiene que ver únicamente con la inutilidad de las restantes fichas en el tablero: por muchas huelgas de “hambre” que Martha Beatriz Roque prepare para remontar la ventaja que la chiquilla le saca en el estrellato mediático, su nulidad política en el escenario cubano la hace prescindible. Lo mismo vale para los restantes peones.
Yoani no es un interlocutor serio, y la atención que le brinda el presidente norteamericano es solo eso: una jugada. Pero aún en ese contexto, las respuestas de Obama –o de las personas que en su nombre escribieron las respuestas--, no permiten atisbar un verdadero interés por el diálogo. Obama parte de un presupuesto inadecuado (y que manifiesta en el fondo una posición de fuerza): el gobierno cubano no representa el interés o la voluntad de su pueblo. Muchos cubanos pensamos lo mismo sobre el gobierno de Obama en relación con el pueblo estadounidense y tenemos un criterio diferente sobre la legitimidad del gobierno cubano. Pero, ¿es sobre eso que nos sentaremos a discutir? Cuando afirma que “lo que Estados Unidos apoya en Cuba es un mayor respeto a los derechos humanos y a las libertades políticas y económicas [a la libertad política de garantizar las libertades económicas de las trasnacionales] y se une a las esperanzas de que el gobierno responda a las aspiraciones de su gente de disfrutar de la democracia [¿al estilo hondureño?] y de poder determinar el futuro de Cuba libremente. Sólo los cubanos son capaces de promover un cambio positivo en Cuba, y esperamos que pronto puedan ejercer estas facultades de manera plena”, ¿está proponiendo una conversación seria entre estados soberanos? Obama se atrinchera en el lenguaje de la Guerra Fría, e ideologiza las relaciones internacionales. Los cubanos, de forma mayoritaria, pensamos que nuestro sistema de vida es más democrático que el norteamericano, pero eso no nos otorga el derecho de exigir a su gobierno –como requisito para una normalización de relaciones--, un cambio de sistema. Los cambios nuestros, claro que los haremos nosotros, pero no serán para desmantelar el socialismo. “En el caso de Cuba –dice el presidente de Estados Unidos--, el uso de la diplomacia debería resultar en mayores oportunidades para promover nuestros intereses y las libertades del pueblo cubano”. Cuba tiene entonces el derecho de invertir la afirmación, y diseñar una política que promueva “los intereses cubanos y las libertades del pueblo estadounidense”. No veo ninguna mano tendida en las respuestas de Obama, al menos no para estrecharla a la nuestra. Conversar, señor Obama, no significa dimitir; Cuba no necesita hacer explícita su victoria histórica, pero aquí estamos bajo el bloqueo más largo de la historia humana. Para nosotros la política auténtica, la revolucionaria, no es un juego de ajedrez, donde no importen los principios.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Por la calle 23.

Enrique Ubieta Gómez
Estoy en mi oficina, y mientras el diseñador busca la solución perfecta –que en unos minutos se volverá imperfecta, ya lo sé--, rastreo imágenes y textos en Internet. Son las diez de la noche y estamos cerrando un número más de La Calle. De casualidad topo con una colección de fotos de La Habana, mientras escucho algunas excelentes versiones de la música de los Beatles. Y paseo lentamente por la ciudad. No puedo evitar la nostalgia. No es una nostalgia espacial, porque estoy en La Habana. Es una nostalgia de tiempo, de época, que acaba por confundir la percepción de mis sentidos y me hace revivir –recordarme--, en una ansiedad de imposibles reencuentros. Para quienes vivimos los años universitarios en otro país, las fotos de la ciudad amada podían transitarse, recorrerse, respirarse. Era el teatro donde se clavaban los recuerdos. Desde Kiev, donde cumplí los veinte años, podía caminar por la calle 23 e imaginar el regreso dos años después a la casa de mis padres. Puedo sentir, con el mismo dulce dolor de entonces, el recuerdo de mi futuro. Allí, allá, estaba Papá. Papá amigo, confesor, cómplice, cálido Papá siempre a la mano. Recibo su abrazo de bienvenida. Fuerte y breve, porque los sentimientos excesivos nos incomodan. Regresar por la calle 23 hasta mi casa de infancia, tenía sentido solo para abrazar a Papá. Miro estas fotos, y siento la misma nostalgia de aquella lejanía, ahora doblemente lejana, porque él ya no está y yo soy otro. La ciudad persiste en sus encantos, en su música, en sus olores. ¿Hacia donde corro por la calle 23? En algún rincón de la ciudad esperan mis hijos, mi Mamá, que sin él ya no es la misma, y una mujer que entonces no estaba.

Pánfilo y el señor Patterson.

He visto con repugnancia el video que unos mercenarios le tomaron a Pánfilo. El video que la televisión miamense y el señor Haza trasmiten con aires de triunfo. ¿Quién pagó el alcohol –ron o cerveza--, que Pánfilo ingería, quienes eran esos hombres y mujeres sin rostro, y sin escrúpulos? La última vez que supimos de él, estaba en un hospital tratándose la adicción que puede matarlo. Ahora lo exhiben borracho –como se exhibe un animal de circo--, dispuesto a repetir todo lo que la mano que premia ordena. ¿Cómo es que Patterson, ese contrarrevolucionario que construye su discurso en torno al tema de la negritud, no se percata de que esos “blanquitos” que le ofrecen alcohol para que complazca sus expectativas políticas y sus honorarios, lo desprecian y utilizan? Patterson también se ve feliz. Con alcohol, Pánfilo es incontenible. Espectacular. Qué carentes de líderes auténticos están para tener que mostrar a Pánfilo, que apenas se sostiene, que salta, ríe, blasfema, llora si es necesario, para obtener más alcohol. Que asco.

FIDEL: La revolución bolivariana y la paz.

Se engañan los que creen que dividiendo a colombianos y venezolanos tendrán éxito en sus planes contrarrevolucionarios. Muchos de los mejores y más humildes trabajadores en Venezuela son colombianos, y la Revolución les ha llevado educación, salud, empleo, derecho a la ciudadanía y otros beneficios para ellos y sus seres más queridos. Juntos, venezolanos y colombianos defenderán la gran Patria del Libertador de América; juntos lucharán por la libertad y la paz.
¡Los miles de médicos, educadores y demás colaboradores cubanos que cumplen sus deberes internacionalistas en Venezuela estarán junto a ellos!
VEA TEXTO COMPLETO AQUÍ.

Estados Unidos incita guerra colombo-venezolana como método contrainsurgente.

Hugo Moldiz Mercado
“Es la guerra y no la paz la que rige las relaciones internacionales de los Estados Unidos”. La profundidad y el alcance de la afirmación es de Nicholas J. Spykman, en la década de los 40. Pero, las palabras del investigador estadounidense, recogidas en el Documento Santa Fe I -un documento no oficial pero programático de los think tank estadounidenses que ya está en su versión IV-, adquieren mayor sentido histórico-concreto, al bordear la primera década del siglo XXI, cuando la guerra amenaza la estabilidad política de América Latina.
La historia de intervenciones militares estadounidenses, directas e indirectas, en el continente es demasiada larga. América Latina solo le fue indiferente a EEUU entre 1825 y 1850. Luego vinieron las expropiaciones de territorios mexicanos, así como de Alaska y Hawai, la invasión a república Dominicana, el segundo intento de ocupar Cuba, las invasiones a Nicaragua, El Salvador y otros.
En la historia corta están la invasión a Granada y Panamá en la década de los 80. La consolidación del golpe de Estado en Honduras y la instalación de nuevas bases militares imperiales en Colombia y Panamá forman parte de esa presencia disciplinaria y de disputa de territorios y sentidos con la que se pretende alcanzar esa “América de los americanos” de la cual da cuenta la doctrina Monrroe.
Entonces, por los efectos prácticos que tiene, no se ajusta a la realidad concreta definiciones como las de “poder duro” (hard power), poder suave (soft power) y “poder inteligente” (smart power). La última ha sido señalada por la secretaria de Estado, Hillary Clinton, ante el Senado de su país, a manera de incorporar un nuevo concepto para abordar viejos problemas y, seguramente, para alimentar esa “nueva imagen” con la cual se vende, dentro y fuera de Estados Unidos, del presidente Barak Obama.
Lo evidente es que Estados Unidos ha ejecutado siempre la política del “doble carril” –guerra y diplomacia, fuerza y persuasión, presión y conquista de los corazones y las mentes de la gente-, para alcanzar sus objetivos estratégicos en el mundo, obviamente también en América Latina. La primacía de uno u otro medio, la forma particular de combinación de ambas caras de la misma medalla, siempre ha dependido de las condiciones en las que se ha enfrentado al enemigo externo. De ahí que no resulte difícil encontrar rasgos similares desde la política “del gran garrote” hasta la “guerra de baja intensidad”, pasando por “el buen vecino” y el “palo y la zanahoria”.
Sorpresas que no deberían serlo
La historia tiene caprichos y sorpresas. En la subjetividad latinoamericana se pensaba alejados los peligros de una guerra e intervenciones militares al salir Bush del “gobierno temporal” y al perder el candidato republicano en las elecciones de noviembre de 2008. La victoria del demócrata Barak Obama levantó optimismos y no pocos estudiosos del comportamiento imperial expresaron su certeza que la presencia del joven político iba a priorizar la política como el medio para la resolución de los conflictos.
En menos de diez meses, las sorpresas ingratas han sido las más. La real politik le gana al optimismo. Todo lo contrario: golpe en Honduras, acuerdos para ampliar las bases militares estadounidenses y la ratificación de la criminal política del bloqueo a Cuba, a pesar de la demanda unánime en América Latina y el Caribe para que se levante la medida, así como de la última resolución aprobada en las Naciones Unidas, con la sola posición contraria de Israel y una isla pequeña de propiedad de los poderosos millonarios estadounidenses.
Obama, al que todavía se le atenúa cierta responsabilidad en esta arremetida mundial del imperio, no se inmuta ni mucho menos da señales de ser partidario de cierta mesura en la aplicación de una estrategia imperial que ni puede ni quiere cambiar. Los hechos dicen más que las palabras.
Los orígenes de “otro” momento
Un jalón más duro para retornar a la realidad no pudo ser más fuerte. Y entonces es cuando, sin apasionamiento, es posible identificar la inauguración de este “otro” momento de la historia de hegemonías y emancipaciones. El punto de partida hay que encontrarlo a fines del siglo XX y principios del siglo XXI, en la presidencia de Bill Clinton.
En el gobierno demócrata, a casi veinte años de la aplicación de la denominada “Guerra de Baja Intensidad” –doctrina aprobada por el republicano Ronald Reagan en 1980 y que recogía las lecciones de la derrota en Vietnam y el triunfo de la revolución sandinista-, el imperio –de la mano de sus “think tank”- pasaba a un momento cuyo desarrollo está hoy en pleno proceso. Se aprobaba el denominado “Plan Colombia”, cuya autoría corresponde a tres senadores estadounidenses: Dewine, Grassley y Coverdell.
La Ley Alianza Act. –que es nombre verdadero del Plan Colombia-, ya contenía un paquete de sorpresas: apertura de bases militares, control aéreo del continente, asistencia militar y una línea de acción contra el narcotráfico y los grupos guerrilleros. Ya en el gobierno de Andrés Pastrana se abrieron los centros de operaciones en Tres Esquinas y en Larandía en el departamento del Caquetá. Pero, además, su ámbito de aplicación rebasaba las fronteras colombianas para abarcar a los “países de línea frontal” como Bolivia, Brasil, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela.
La contraofensiva político-militar estadounidense, a casi una década de la caída del bloque socialista, formaba parte de la estrategia de estructurar un acuerdo de libre comercio, primero a través del ALCA y luego mediante los conocidos Tratados de Libre Comercio (TLC). El objetivo no logrado por estos medios pero al que no se ha renunciado, es el control y aprovechamiento de las grandes reservas de petróleo y agua de las que Estados Unidos necesita para reproducir su estilo de vida.
La línea económica ha fracasado, pero lo que se mantiene firme es la línea político-militar que, por el contrario, se ha endurecido después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y que ha conducido a invadir Afganistán e Irak, pero también a acelerar la retoma de posiciones territoriales –como ámbito de disputa- en América Latina. No hay duda que los avances y triunfos populares en Venezuela, Bolivia y Ecuador, además de la constitución de gobiernos progresistas en otros países del continente han acelerado la aplicación de la estrategia estadounidense.
Obama se ha encargado de corroborar la señalado. Al justificar la firma del acuerdo para la instalación de las siete nuevas bases militares en Colombia, que se suman a las dos ya existentes, el jefe de la Casa Blanca, no vaciló en afirmar: “es la modernización del Plan Colombia”. A esa posición de fuerza la acompañó con una línea político-diplomática a través de la visita de varios de sus emisarios a gobiernos menos radicales. Uribe hizo lo suyo en una gira por Bolivia, Argentina, Ecuador, Chile, Paraguay, Uruguay, Perú y Brasil, los primeros días de agosto. Los resultados fueron más favorables para esa suerte de “gobierno binacional” que para los que lideran procesos de cambio. Bachelet, Tabaré Vásquez, Lugo y Alán García se inclinaron por no intervenir en asuntos internos de Colombia. Argentina y Brasil solo expresaron su preocupación de que no se altere la paz y estabilidad. El 28 de ese mismo mes, en Bariloche, Argentina, la estrategia imperial se alzó con otro triunfo: la reunión de UNASUR, convocada expresamente para tratar el tema y para condenar la instalación de bases militares en Colombia, solo aprobó, más como deseo que como realidad, que América Latina es una región de paz. Es decir, algo contra lo que discursivamente no se podría estar en desacuerdo.
Con la firma del acuerdo, el 30 de octubre, las tropas estadounidenses, a las cuales se les dará absoluta inmunidad, estarán asentadas en: la base aérea de Apiay, en el departamento del Meta; la base aérea de Malambo, en Barranquilla; la base aérea de Tolemaida, en Melgar Tolima; la base naval de Bahía Málaga, en el pacífico; la base naval de Cartagena y la base aérea de Palanquero, en Puerto Salgar. Esto implica 800 nuevos militares y 600 contratistas civiles –que en realidad son mercenarios reclutados para operaciones de mayor riesgo y de los que no se informa cuando mueren, para no producir rechazo nacional interno en EEUU.-, de los más de 1.000 que ya existen en Tres Esquinas y Larandia.
Envalentonado con cuatro puntos a su favor –destitución de Zelaya, el acuerdo para instalar bases militares en Colombia, el silencio de la OEA y neutralizada UNASUR-, el imperio no se detiene y en el corto plazo quiere anotarse otro punto con la apertura de cuatro bases aeronavales en Panamá, conforme establece su pacto con el presidente de ese país, Ricardo Martinelli, quien le reabre las puertas al Comando Sur a menos de una década que las tropas estadounidenses se retiraran y el Canal de Panamá fuera devuelto.
En Panamá las bases estarán en Isla Chapera, en el archipiélago de las Perlas, cerca de la isla Contadora; en Rambala, en la provincia Bocas del Toro; en Punta Coco, provincia Varaguas y en Bahía Piña, a pocos kilómetros de la frontera con Colombia.
A todo eso hay que sumar la reactivación de la IV flota en julio de 2008, pocos meses después que Colombia invadiera territorio ecuatoriano para asesinar al comandante de las FARC, Raúl Reyes, quien tenía la tarea de buscar un escenario para una salida política negociada a más de 40 años de lucha armada.

“La guerra binacional como método contrainsurgente”
Una mirada a los objetivos de las últimas estrategias estadounidenses para la región permite apreciar que lo aparente es la lucha contra el narcotráfico, el crimen organizado, el tráfico de personas y la trata de blancas, así como la migración ilegal. Todos esos representan problemas, pero no tanto como para desplegar la capacidad militar.
Lo que real en la aplicación de esa política del “doble carril” es la lucha contrainsurgente, la reversión de procesos políticos emancipadores, las invasiones, la subversión y, un nuevo elemento, la guerra binacional como forma de contrainsurgencia.
Colombia y Venezuela aparecen como lo que necesita el imperio. El primero tiene un gobierno de ultraderecha que requiere, por razones económicas y políticas, acuerdos estratégicos con los Estados Unidos. El segundo lidera políticamente el proceso de emancipación en América Latina. Uribe requiere alejar el debate de la “parapolítica” hacia un escenario en el que su lucha contra la guerrilla le sea un argumento contundente de desplazamiento militar. Chávez es presentado por el poder mediático transnacional como un político radical que quiere “apoderarse” de esta parte del continente.
Pero, si de poder mediático se trata, hay que estar atentos a la imagen que se está construyendo de Venezuela y Chávez a nivel internacional. Se habla de un “Narcoestado” y de un presidente provocador y defensor del terrorismo. No hay duda que ambas matrices de opinión forman parte de la estrategia político-militar del imperio y que se inscriben dentro de los posibles “argumentos” que Estados Unidos promovería y emplearía para ejecutar una intervención armada contra el país sudamericano, con el pretexto de detener y enjuiciar al líder de la revolución bolivariana. Es decir, una reedición combinada, en las condiciones actuales, de lo que se hizo con Panamá en 1989 e Irak después de septiembre de 2001.
El estallido de una guerra binacional entre Venezuela y Colombia es lo que Estados Unidos necesita. De ahí que no sea casual que un documento oficial de la fuerza aérea de los Estados Unidos sostenga que la base de Palanquero – ubicada en el puerto de Salgar, Cundinamarca– “aumentará nuestras capacidades de realizar una guerra expedita” y “garantizará la oportunidad para conducir operaciones de espectro completo por toda América del Sur”.
Por tanto, el hallazgo de 10 paramilitares colombianos sin vida en la ciudad venezolana de Táchira, el asesinato de dos efectivos de la Guardia Nacional de Venezuela en la frontera, la pesquisa de agentes de inteligencia de la DAS y la violación de espacio informático en los últimos días representan provocaciones que buscan un objetivo: desatar la guerra y responsabilizar de eso al gobierno de Chávez.
Los presidentes de los países miembros del ALBA están convencidos de lo que quiere el imperio. Hugo Chávez ha señalado: “tenemos que evitar una guerra entre Colombia y Venezuela, tenemos que evitar a nuestros pueblos una tragedia mayor”. Rafael Correa ha sostenido: “quieren dividirnos para provocar una guerra en América Latina”. Evo Morales ha sostenido que Estados Unidos fomenta el terrorismo y el narcotráfico en Colombia para justificar una agresión permanente y Alvaro García Linera, el vice, ha sentenciado que la instalación de bases militares “es una invasión a Latinoamérica”.
La reacción de los gobiernos, pueblos y organizaciones sociales y de derechos humanos no es una exageración. Con guerra en Sudamérica, Estados Unidos logra varias cosas: incorpora un elemento de reactivación de su economía (la confrontación es un instrumento para asegurar equilibrios en momentos de crisis en el ciclo de rotación del capital), tensiona la región, desplaza el centro de los conflictos al sur, produce nuevos alineamientos y sienta las bases para la reversión de los procesos de cambio. Quizá sea bueno terminar como se empezó este artículo. Spykman, quien en su libro “Estados Unidos frente al mundo” escribió: "La guerra es la situación normal en las relaciones internacionales y la paz es sólo un armisticio entre la guerra que pasó y la que viene"

martes, 17 de noviembre de 2009

El golpista Micheletti, nuevo vicepresidente de la Internacional Liberal.

Para los desmemoriados
Darío L. Machado Rodríguez
La noticia ha dejado la verdad desnuda, franca, sin afeites: La Internacional Liberal acaba recientemente de informar oficialmente que ha sido designado como su vicepresidente nada menos que ¡Roberto Micheletti!
Esa operación tan insólita como oportunista y de claros tintes autoritarios merece análisis, no porque la susodicha organización sea acreedora de un abordaje desde la ética, ni porque sea políticamente importante, ni en uno u otro caso vale la pena, es universalmente sabido que les falta mesura política o basamentos éticos, tanto como les sobra dinero y arrogancia. Si semejante despropósito merece análisis es por su claro sesgo ideológico.
Este nombramiento es como la tapa al pomo. la cereza en la copa de helado, el toque final a una espiral de malabarismos de toda clase conque los diferentes representantes del conservadurismo, la reacción y la derecha internacional han logrado mantener al usurpador Micheletti en el poder, en una suerte de colaboración perversa: los esbirros del mandatario de facto golpean, matan, reprimen, los otros prometen, engañan, resbalan…; es una operación aparentemente dirigida contra el presidente legítimo Manuel Zelaya, pero en el fondo enfilada contra el pueblo hondureño, contra sus aspiraciones, contra sus derechos. Del colofón se han encargado los ultra de la derecha de este mundo.
En el espaldarazo que los liberales de la Internacional han dado al dictador se refleja como en una gota de agua el mismo carácter autoritario del beneficiado: a Micheletti lo “designan”, es decir, lo nombran, lo ponen. Quién sabe de haber sido sometido al voto de los propios liberales si habría sido elegido; es muy probable que no, porque más allá de las afinidades ideológicas, el Sr. Micheletti no brilla precisamente por su inteligencia y tolerancia y verlo manifestarse provoca un natural desagrado, cierta desazón rayana en grima.
Pero el colmo no fue ese nombramiento sobre el que uno puede pensar: “si lo designan se lo merecen”. Lo que rompió todas las marcas de la insensatez, la imprudencia y la desfachatez, explicables solo por la soberbia del presidente de la Internacional Liberal, fue el nombramiento de Micheletti como “Libertador de las Américas”, con lo que hizo un empleo espurio de un título que entre los latinoamericanos ha sido conferido solo a Simón Bolívar. De cualquier manera es aconsejable estar alertas; hasta el gobierno norteamericano debe ponerse en guardia, no vaya a ser que Obama parezca demasiado bruno y popular a estos defensores de la democracia.
En efecto, son muchas las interpretaciones de lo que significa democracia. La de la Internacional Liberal, la de su presidente Hans Van Baalen y la de Micheletti, son especialmente singulares y repugnantes para muchos otros demócratas sinceros. Si hay alguna duda léase lo que declaró el eurodiputado Van Baalen a Radio Nederland: "Roberto Micheletti es el futuro de la democracia en Honduras, y Daniel Ortega debe dejar el poder en Nicaragua". Es decir, un presidente electo por el voto popular tiene que irse y uno postizo puesto y mantenido por la fuerza es nada más y nada menos que “el futuro de la democracia”.
Para este señor, el concepto de democracia está curiosamente asociado a los golpes de Estado y las dictaduras, en consecuencia Pinochet y Videla para él fueron demócratas, como igualmente lo serían otros futuros gobernantes de facto que manu militari se apoderasen de las riendas del Estado en cualquier otro país donde existan hoy gobiernos elegidos por las mayorías. Este modo de ver el mundo nos recuerda aquella irónica frase de Bertolt Brecht para calificar el autoritarismo: “Este pueblo no nos conviene disolvámoslo y elijamos otro”. En última instancia si en lugar de haber sido elegido eurodiputado lo hubiera instalado en esa función un golpe militar no tendría ningún escrúpulo en considerarse defensor de la democracia y de la libertad.
En la mencionada entrevista a Radio Nederland el periodista pregunta al presidente de la Internacional Liberal: “Leo la siguiente frase suya: Roberto Micheletti ha hecho grandes esfuerzos por la democracia latinoamericana y el liberalismo en Honduras. Para decirlo de forma clara: quiere decir de forma contundente que Ud. no ve ninguna minuta en el golpe de Estado que depuso a Manuel Zelaya.”
La respuesta de Van Baalen no da lugar a duda alguna: “No. Y le insisto: la destitución de Manuel Zelaya fue democrática, porque él no atendió las leyes del juego. Me parece acertado que lo depusieran del poder. A Micheletti le ha tocado un contexto internacional muy adverso, y ha sabido conducir el proceso electoral del 29 de noviembre. Estas elecciones ya estaban programadas mucho antes de que Micheletti asumiera la presidencia interina. Estas elecciones deben ser reconocidas por la comunidad internacional, y el candidato electo debe ser reconocido por todos en el mundo.”
Hay una media verdad en la anterior respuesta, que multiplica por cero al pueblo hondureño. En efecto, en Honduras no hay para la dictadura de Micheletti un “contexto adverso”, el problema está fuera de ese país, donde hay mucha, mucha, gente desinformada. Parece chiste, pero realmente lo afirma cuando añadió: “Desafortunadamente la comunidad internacional no sabe mucho de los hechos concretos que se han dado en Honduras, esto me da mucha lástima; la comunidad exterior no sabe que “Mel” Zelaya quería un nuevo tiempo como presidente lo que es simplemente prohibido por la Constitución, entonces la Corte Suprema decidió que él ya no era presidente”.
Entre las declaraciones hechas por Van Baalen a propósito de su visita a Honduras está la poco velada invitación a la comunidad internacional para avalar el golpe de Estado. Los infelices desinformados que no saben que Micheletti no es un dictador y que en Honduras hay libertad debían según él enviar observadores a las elecciones tramposas.
Van Baalen no menciona los muertos, los heridos, la represión, los medios de comunicación cerrados, los toques de queda, el hostigamiento a la embajada brasileña, las mentiras urdidas con las que los golpistas se agarraron cierta parte del cuerpo cuando apareció aquella carta apócrifa en la que supuestamente Manuel Zelaya renunciaba a la presidencia y que emplearon para inhabilitar al jefe legítimo del Estado, toda una grotesca puesta en escena.
No podría encontrarse mejor aviso para los desmemoriados que se han tragado la falacia que las ideologías no existen.

La FULL en el poblado de La Palma, Pinar del Río.

Ayer estuve en el poblado de La Palma en Pinar del Río. Estábamos invitados --viajé junto al trovador Eduardo Sosa y al poeta Alpidio Alonso--, a la jornada dominical de la Feria Universitaria del Libro y la Lectura. La Palma fue el pueblo "elegido" para salir al mar por los dos ciclones que en 2008 azotaron a esta provincia, pero ya no son visibles las huellas del desastre natural. El ímpetu constructivo es inusual para tiempos de crisis: un barrio entrero se levanta con viviendas hermosas y funcionales. Presenté La Calle, es obvio, Sosa arrasó con su voz potente y sus jocosas y poéticas imágenes y Alpido mostró su auténtico corazón de poeta. Nuestro anfitrión fue Carlos Rodríguez Almaguer, ahora director municipal de cultura. Les dejo algunas fotos. La última, involuntariamente "iluminada" por los rayos del sol, no es buena como foto, pero queda al menos como testimonio de la presencia de numerosos escritores y artistas plásticos de la provincia.





domingo, 15 de noviembre de 2009

Algo más sobre el profesionalismo en el deporte.

E.U.G.
He quedado rumiando algunas ideas desde anoche. El debate en torno al profesionalismo en el deporte en general y en el cubano en particular, tiene muchas aristas. Alguien hizo una afirmación categórica: "el amateurismo ha muerto", y yo no aquilaté correctamente la frase. Creo que tiene razón, es decir, en el mundo el amateurismo fue enterrado por los poderosos intereses económicos del profesionalismo. Antes, el deportista debía escoger: la gloria olímpica o el jugoso contrato. Los deportistas que saltaban al profesionalismo lo hacían generalmente después de finalizado el ciclo olímpico. Pero los negocios son negocios, y eso daba pérdidas. Ahora se rompió el tabique y la Olimpiada es un gran bazar: los deportistas no solo pueden ser profesionales, sino que el espectáculo se contamina cada vez más de anuncios, premios, ofertas. Los países ricos compran a deportistas de países pobres y los llevan al bazar como competidores propios. En ese contexto, Cuba enfrenta el reto de mantener y desarrollar su poderoso movimiento deportivo. Enfrenta incluso un reto adicional: el otro mundo --el que tiene el poder y el dinero--, quiere a toda costa que Cuba se rinda, que desista de la "locura" de construir un espacio alternativo, y los deportistas cubanos que desertan son recibidos como héroes y contratados de inmediato con salarios millonarios. Porque no es solo en el deporte que Cuba es una excepción, un proyecto alternativo. En realidad, el deporte es solo una manifestación especialmente clara del sentido de esa alternativa, que sirve de "mal" ejemplo a otros. Hay sin embargo una pregunta de principio, esencial, que debe anteponerse a cualquier reflexión: ¿es posible el desarrollo de un deportista de alta calidad en un contexto ajeno a los intereses y los réditos del mercado? Es una pregunta que no se detiene en la discusión bizantina de si ahora mismo tenemos peloteros mejores o peores que los de Grandes Ligas. La pregunta es de principio: ¿es posible o no lo es? Los records mundiales y olímpicos de Cuba, los excepcionales peloteros que el país ha dado, ¿son solo historia magnificada? No dudo que tengamos que cambiar muchas concepciones que ya son obsoletas, que debamos buscar fórmulas organizativas más eficaces; no descarto incluso la posibilidad de entrenamientos y de una participación colectiva --con el nombre de Cuba en el pecho--, en torneos del deporte rentado. Pero hay ilusos que creen que es posible abrir el mercado y después controlarlo. Que el deportista reciba más de lo que actualmente recibe es correcto; pero muy pocas personas --solo excepciones-- viven como ricos y no piensan como tales. Pensar como rico es pensar como capitalista. Abrirle la puerta al profesionalismo en Cuba es destruir su movimiento deportivo, e inocular la bacteria de la gangrena en el socialismo cubano. Estas son reflexiones escritas al vuelo, sobre las que quizás vuelva en otro momento.

sábado, 14 de noviembre de 2009

DEBATE CON JULITA OSENDI.

En la tarde, el FULL acogió la presentación del número 18 de La Calle del Medio con un debate sobre la pelota y el profesionalismo en el deporte. Me acompañó la periodista Julita Osendi de la Televisión cubana. Fotos de 10kbzas.