jueves, 30 de septiembre de 2010

El pueblo unido, jamás será vencido.

E. U. G.
Más que un golpe de estado --sorpresivamente devenido tal, al aparecer el temerario Presidente y convertirse en rehén--, la probable intención de quienes (desde la sombra), movían los hilos de la insubordinación, era crear inestabilidad política y social. El golpe de estado, especulo yo, no debía ser el propósito inmediato, porque los índices de popularidad de Correa son hoy los más altos de la historia de Ecuador. No es que se descartara, es que los gestores calculaban con razón que sería inviable. Pero, ¿quiénes movían los hilos? Un informe del ministro de defensa ecuatoriano difundido en 2008, destacaba cómo los agentes de la CIA que operan desde la embajada de Estados Unidos en ese país se dedican a corromper a la policía y a oficiales de las Fuerzas Armadas. Aquellas denuncias bien documentadas tienen hoy una comprobación práctica. Se ha conocido también que junto a los policías rebeldes se encontraban algunos civiles de partidos opositores, fuertemente armados y que los insubordinados vitoreaban a Lucio Gutiérrez, el gobernante que el pueblo había expulsado.
Si el propósito de estos (o de sus líderes, al menos) era crear el caos, y provocar la inestabilidad política, entonces el chantaje era una opción, pero el derrocamiento del gobierno democráticamente elegido por el pueblo era el objetivo real. Por eso caben otras preguntas: si el secuestro y la intentona golpista, premeditada o no, tuviesen alguna probabilidad de éxito, ¿cual hubiese sido la postura del gobierno Obama-Clinton? ¿Por qué los presidentes washingtonianos de América Latina declararon con relativa rapidez, en fila india, su desacuerdo con el golpe de estado? Calderón, Santos, Piñera, etc., se mostraron sospechosamente respetuosos de la democracia. ¿Alguien creería que de consumarse el golpe, lo desaprobarían? Si Aznar y Bush, entre otros, felicitaron antes de tiempo a Pedro el Breve en Venezuela, ahora son más cautelosos. Por supuesto, una cosa son las declaraciones oficiales y otra, las acciones encubiertas. El caso de Honduras lo demuestra.
Pero Ecuador presenta otra situación: la movilización popular seguramente convenció a ciertos sectores del ejército y del gobierno promotor --el de los diplomáticos corruptores--, expectantes del resultado, que sería muy alto el precio a pagar en un juego de fuerza. De cualquier manera, algo está claro: si el líder no se amedrenta, y el pueblo está dispuesto a dar la batalla, la reacción fracasa. El presidente Correa ha regresado a su puesto y se ha revertido el resultado, con la intervención final del ejército --en un enfrentamiento a tiros, que aún se prolonga--, no por la acción de los militares, bienvenida y esperada, sino por la respuesta del pueblo ecuatoriano. El pueblo ha vencido, una vez más, a sus enemigos internos y externos, entre los que están algunos gobernantes que ahora hablan de paz y legalidad. Y en estos minutos repite a coro frente a su Presidente una consigna reafirmada en los hechos: el pueblo unido, jamás será vencido.

Sobre Ecuador: Noticias inverosímiles.

Cuando concluía unas Reflexiones sobre la destitución de la senadora colombiana Piedad Córdoba, comenzaron a llegar inverosímiles noticias de Ecuador. He pasado horas escuchándolas. A medida que los minutos pasan, la efervescencia crece.
A las 5:12 PM hora de Cuba, las condenas al Golpe se multiplican. Los líderes latinoamericanos con más prestigio, como Chávez y Evo, hacen oír sus enérgicas denuncias. La OEA reunida está sin alternativas. Los miembros se indignan y hasta la Chinchilla protesta; incluso, el nuevo Presidente de Colombia ha dicho que apoya a Correa.
El Presidente Rafael Correa se muestra firme e indoblegable. El pueblo está mucho más organizado. El Golpe a mi juicio está ya perdido.
Hasta Obama y la Clinton no tendrán más alternativa que condenar.
Fidel Castro
Septiembre 30 de 2010
5:38 pm

Cuba: enérgico rechazo al Golpe de Estado en Ecuador.

El Gobierno de Cuba expresó este jueves su "más enérgico rechazo" al "golpe de Estado que se está desarrollando en Ecuador" y emplazó a Estados Unidos a condenarlo para no ser "cómplice", según una declaración leída por el canciller Bruno Rodríguez.
"Cuba condena y manifiesta su más enérgico rechazo al golpe de Estado que se está desarrollando en Ecuador", dijo Rodríguez, y añadió que La Habana "emplaza" al gobierno de Estados Unidos a condenarlo, "sino sería cómplice".
El canciller dijo a la prensa internacional que emitía esta declaración por "instrucciones" directas del presidente Raúl Castro.

DECLARACIÓN DEL MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE CUBA SOBRE EL INTENTO DE GOLPE DE ESTADO EN ECUADOR.
LA HABANA, 30 DE SEPTIEMBRE DEL 2010, 3:00PM.
Por instrucciones del Presidente del Consejo de Estado y de Ministros haré la declaración siguiente:
· El gobierno de la República de Cuba condena y manifiesta su más enérgico rechazo al golpe de Estado que se desarrolla en Ecuador. El presidente Correa ha denunciado que está en curso un golpe de estado, que ha sido agredido y que se le retiene por la fuerza en el Hospital Metropolitano de la Policía de Quito.
· Cuba espera que la jefatura de las Fuerzas Armadas ecuatorianas cumpla su obligación de respetar y hacer cumplir la Constitución y de garantizar la inviolabilidad del Presidente de la República legítimamente electo y asegurar el Estado de derecho.
· Responsabilizamos al jefe de las Fuerzas Armadas de Ecuador con la integridad física y la vida del Presidente Correa. Debe asegurarse su plena libertad de movimiento y el ejercicio de sus funciones.
· Rechazamos enérgicamente las declaraciones que se atribuyen a la llamada Sociedad Patriótica, de Lucio Gutiérrez que proclama intenciones abiertamente golpistas.
· Cuba ofrece su más absoluto y completo respaldo al gobierno legítimo y constitucional del Presidente Rafael Correa y apoya al pueblo ecuatoriano que se moviliza para rescatar a su Presidente.
· Cuba se une a las declaraciones de Presidentes latinoamericanos y organizaciones internacionales que exigen se detenga la intentona golpista.
· Emplazo al gobierno de los EE.UU. a que se pronuncie contra el golpe de estado. Su vocero sólo ha dicho que “sigue de cerca la situación”. Una omisión en este sentido lo haría cómplice del intento de golpe.
· Hechos como este solo sirven a intereses externos a nuestra región que pretenden impedir el avance de procesos independientes y transformadores.
· Es un intento además por silenciar la voz del Ecuador y de su Presidente en su enfrentamiento a la política intervencionista de los Estados Unidos en la región.
· Intentos desestabilizadores como estos solo buscan retrotraer a nuestra región a la época de golpes de estado, ahora bajo otras fórmulas, para restaurar la dominación del imperialismo y las oligarquías.
· Cuba advirtió, en ocasión del golpe de estado organizado en Honduras, con la participación de sectores de poder de los Estados Unidos, y después con la situación de impunidad en que han quedado los golpistas, que con esos graves hechos se había reabierto una nueva era de golpes de estado y dictaduras militares en América Latina.

¡Unámonos en defensa del legítimo Gobierno de Ecuador!

No sabemos las honduras de lo que acontece en Ecuador en estos instantes. Escribo al vuelo mientras escucho las noticias que a veces se contradicen: el presidente Correa, herido por efecto del impacto de bombas lacrimógenas, asediado en un hospital de la policía por miembros amotinados de ese cuerpo, ha denunciado que todo obedece a un plan desestabilizador de la oposición. El pueblo espontáneamente ha acudido al Palacio Presidencial para declarar su apoyo a la Revolución. Y el Canciller de la República ha pedido a la población acudir al hospital para rescatar a Correa. La cúpula militar sin embargo declara su apoyo a la Constitución y al Presidente. Se ha decretado estado de excepción. ¡América Latina, despierta! ¡No permitamos otro Golpe como el de Honduras! ¡Somos fuertes, si nos unimos!

Las imágenes de TV muestran como los policías acorralan a Correa, quien de forma temeraria había acudido al encuentro de los amotinados para explicar las medidas tomadas. Correa queda sin escolta, y es golpeado impunemente. Herido por sus agresores, es internado en un hospital de la propia policía, donde se encuentra en condiciones de secuestro. Algunos de los amotinados han intentado acceder a su habitación con fines oscuros. La policía, alrededor del lugar donde se encuantra Correa impide el paso del pueblo con gases lacrimógenos. La situación es confusa y el peligro de Golpe de estado sigue en pie.

OCTAVO MANDAMIENTO DE WASHINGTON: MENTIR.

Nicanor León Cotayo
A la poderosa maquinaria propagandística que sirve a los gobiernos y grandes empresarios de Estados Unidos hay que reconocerle su larga experiencia en fabricar verdades paralelas a la realidad.
Una de sus más recientes maquinaciones gira en torno a disfrazar la crisis económica y financiera que los estruja con la imagen del fin de ésta y con el inicio de una recuperación, “lenta” pero sostenida.
En sus discursos oficiales y el mensaje de los ideólogos, académicos y periodistas a su servicio insinúan –o reafirman- el hablar de la recesión como algo en pasado o en retirada.
Sin embargo, la habilidad para diseñar e inflar imágenes no llega a borrar la dura corteza de la realidad.
Una encuesta de la Opinión Research Corporation, para la cadena televisiva CNN, indicó que el 74 por ciento de más de mil norteamericanos entrevistados opina que la recesión se mantiene.
Según la agencia noticiosa EFE, uno de cada tres de ellos opinó que están sufriendo una situación grave y el 29 por ciento la valoró moderada
La Casa Blanca ha informado aumentos del Producto Interno Bruto (PIB) desde el tercer trimestre de 2009, pero luego ha reconocido su declive y un desempleo que ronda el 10 por ciento.
Sondeos de opinión pública señalan que la mayor preocupación de muchos votantes de cara a las elecciones parciales de noviembre es la situación económica del país.
Tal inquietud fue reforzada en días pasados cuando el principal asesor económico del presidente Barack Obama advirtió que no es de esperar una mejoría del desempleo a corto plazo.
Como un reflejo de tal escenario, al que se suman enormes gastos militares, en Estados Unidos han caído las cifras de matrimonios, los nacimientos y el número de inmigrantes indocumentados.
Pero los hacedores de imágenes repiten la mentira de que allí cesó la recesión económica, bajo la esperanza de que, si la repiten mil veces, devendrá una verdad.

Willy Toledo agredido en El Aaiún por su condición internacionalista.

Willy Toledo ha sido agredido por la policía marroquí en el aeropuerto de El Aaiún, donde esperaba a un grupo de activistas saharauis que regresaban de una conferencia sobre derechos humanos celebrada en Argel. Los activistas también fueron objeto de la brutalidad policial.
VER TEXTO COMPLETO AQUÍ

martes, 28 de septiembre de 2010

Todo no está contado de la era de Trujillo.

Santo Domingo, sep 28 (PL) Una investigación histórica sobre los nexos entre el dictador Rafael Leónidas Trujillo y sus sicarios en Cuba, mereció aquí una plana completa en la sección cultural del diario Hoy. El escritor cubano Eliades Acosta, investigador del Instituto de Historia de Cuba, encontró indicios de cómo operaba una inmensa red de agentes en Cuba a la orden del dictador dominicano hasta 1958.
Localizó cartas de un antiguo colaborador del dictador con funciones diplomáticas en La Habana, quien sirvió de intermediario para el asesinato del antitrujillista "Pipí" Hernández, realizado por el cubano Rafael Soler Puig (El muerto).
Ese criminal, que ya había matado al líder portuario cubano Aracelio Iglesias, por encargo, trabajó para Trujillo en la muerte de Hernández y quizás en la desaparición del dirigente azucarero dominicano Mauricio Báez.
Acosta, quien fuera director de la Biblioteca Nacional de Cuba, contó al diario, entusiasmado sobre sus hallazgos en lo que considera un "yacimiento de información" con vínculos en su país que no sospechaba pudieran existir.
Invitado el año pasado por la Academia Dominicana de la Historia, a ofrecer un curso sobre "Imperialismo del Siglo XXI: Las guerras culturales", el escritor cubano quedó impresionado con los documentos que vio en el Archivo General de la Nación."Vi la enorme riqueza documental para la historia de ambos países y fue como si hubiera encontrado una mina", declaró al diario. Asimismo, en Cuba, la búsqueda lo llevó al Instituto de Historia, a los documentos del ejército del dictador Fulgencio Batista (1952-1958) y otros organismos represores como la policía secreta, el Servicio de Inteligencia Militar, el Buró Represivo de Actividades Comunistas, en los cuales hizo descubrimientos reveladores.
Acosta localizó cartas de un infiltrado entre los expedicionarios dominicanos que llegaron a su país en junio de 1959, en las cuales informaba a Trujillo por dónde y cuándo entrarían, cuántos hombres participaban, con cuáles pertrechos y qué elementos del ejército actuaban en connivencia con los patriotas.
El investigador dijo que dejará constancia de cuanto encuentre en los archivos de "La telaraña cubana de Trujillo", que es como titulará la obra que acomete con pasión.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Caracas: el este y el oeste.

Fragmento de mi libro Venezuela rebelde. Solidaridad versus dinero, publicado en 2006 por la habanera Casa Editora Abril. Quiero con este texto ratificar mi solidaridad y mi compromiso con la Revolución latinoamericana, a propósito de las elecciones legislativas de mañana en Venezuela.
Enrique Ubieta Gómez
Caracas es una larga autopista que se extiende, zigzagueante, entre los cerros. Al subir la cuesta muere, pero entre la vida y la muerte hay cientos de miles de casitas que desafían todos los poderes, incluso el de la gravedad. Los cerros, enfundados de ladrillos rojos, definitivamente amarrados por el interminable hilo de la ciudad, son laberintos donde se refugia el hambre y la desesperanza. Abajo, los autos se mueven con lentitud y osadía, entre edificios de concreto, por autopistas sin aceras. Todo está cerca y todo está lejos. Desde la ventana del cuarto en el hotel Anauco Hilton, puede casi tocarse el cerro, ver sus villas miserables, el hormigueo de sus habitantes. En Caracas, no hay que mirar con el rabillo del ojo, como pedía Jean Paul Sartre en La Habana de 1959, sino de frente; pero hay que saber ver. El visitante despistado puede creer que vive la pesadilla cotidiana de otras capitales latinoamericanas, que aquí no pasa nada: allá los pobres, acá los ricos, aunque los primeros son muchos y los Mc Donalds, los Kentucky, las casitas del barrio alto, están demasiado cerca de los ranchos. En esta ciudad flaca y alta como una modelo, viven 3 254 758 habitantes. De ellos, 2 136 851 eran los llamados excluidos. Los que no contaban en las estadísticas del reparto. Cuando el nuevo gobierno preguntó qué necesitaban, no dijeron médicos. Respondieron: alimentos para no enfermarnos, transporte para poder llevar a nuestros enfermos a los hospitales distantes. Ambos requerimientos mostraban la carencia crónica de servicios de salud.
Pero si el visitante se fija bien, hallará algunas señas extrañas. Los canales privados, que en cualquier rincón del planeta donde los ricos gobiernan defienden con discreción a su gobierno, aquí lo atacan y lo injurian con saña, las 24 horas del día. ¿Por qué tanto odio? Vale la sospecha. Durante mi primera visita a la ciudad en el año 2004, pude ver en la televisión un spot “didáctico”. Claro que no se filmó con fines docentes; pero los maestros de las escuelas podrían usarlo, digo yo. Un apartamento de clase media, un matrimonio joven, elegante, bien parecido. Ella se recuesta en el sofá frente al televisor. Suena el timbre de la puerta. Él dice: debe ser la pizza que ordenamos, yo voy mi amor. Abre. Del otro lado un trabajador de overol, bajito, regordete, sin afeitar. La pizza en la mano. Vaya, la representación clásica del obrero. El hombre entrega el encargo, empuja al señor y aprovecha su desconcierto para entrar en el hogar –para violar la paz del hogar–, y se sienta, qué horror, junto a la bella, a la frágil dama. Le arrebata el mando del televisor, y comienza a cambiar de canales según su antojo: no, esto no deben verlo, esto tampoco, esto sí. Entonces aparece la leyenda: esta es la ley mordaza que quiere aprobar el gobierno, dice, ahora el gobierno dirá lo que usted debe y no debe ver. ¿El obrero es el gobierno? Claro que no se llama así esa ley, y que su propósito no es limitar la libre información. ¿Alguien afirmó en las academias que ya no existe lucha de clases? Un amigo me contó otra anécdota: durante la campaña del plebiscito revocatorio, en un semáforo, un niño de la calle vendía banderines de adhesión: en una mano los que defendían el No (es decir, el sí a Chávez), en la otra, los que decían Sí. Cuando un carro lujoso se acercaba, el instinto lo hacía enarbolar y ofrecer el sí. Cuando aparecía un auto viejo y destartalado, mostraba el banderín del no. Recordé un filme chileno reciente, Machuca, en el que aparece una imagen similar: los niños pobres en el Chile de la Unidad Popular vendían banderas enemigas a los ricos. Sabían identificar instintivamente qué bandera compraría la persona que se acercaba. Nadie les dijo qué era la lucha de clases.
El domingo 22 de enero de 2006 la oposición contrarrevolucionaria marchó por las calles de Caracas para reivindicar como fecha propia el aniversario de la victoria sobre la dictadura de Pérez Jiménez, una batalla que ni libró ni ganó la burguesía, sino el pueblo venezolano. Como siempre, partió de los elegantes municipios del Este, hasta el límite que impone el difuso centro de la ciudad. Para tener una idea exacta de la manifestación, caminé a contracorriente: no era tan nutrida como una marcha chavista, pero había gente. ¿Qué gente? La gente, dicen los diarios opositores cuando se refieren a la oposición, como si ese engañoso término fuera la expresión de la verdadera Venezuela. Pues la gente era en su mayoría blanca, e iba bien vestida; alguna de fino sport, con sus botellitas de agua mineral, sudorosa y colorada por el inusual sol en la piel; algunos, perfumados, recorrían el trayecto en bicicletas montañesas. También encontré a mujeres mestizas de uniforme con sus hijos, ¿fieles criadas? En un enternecedor reportaje que el suplemento Dominical, de El Universal, titulaba “Al servicio de las estrellas”, se recogían testimonios de mujeres “marginales” rescatadas del submundo de la pobreza como sirvientes de gente rica y famosa: en las casas lujosas que a diario limpiaban y cuidaban como propias, habían recibido el cariño de los dueños, y se sentían parte de la familia. Un ejemplo de la convivencia civilizada que debe existir entre pobres y ricos. Quizás algunas de ellas desfilaban ese día en la marcha antichavista junto a sus patrones.
Es cierto que en muchas naciones latinoamericanas el grado de blancura en la piel lo aporta el dinero y la posición social, pero también es cierto que ese desmarcaje étnico o racial, es un acto que encuentra su justificación en la histórica división de poderes que impuso el colonialismo. Un breve paseo por los pasillos y las áreas de esparcimiento de la moderna y privada Universidad Católica Andrés Bello, situada en un espacio de cerro sin talar, limpio de contaminación y de contaminadores, es suficiente para comprobar que la inmensa mayoría de sus alumnos son jóvenes blancos, aunque también se encuentren mulatos, y a pesar de que no vi ninguno, probablemente negros e indígenas. La exclusividad de su composición racial no se debe únicamente a los precios de su matrícula, que son altos, también concurre lo que pudiera llamarse, falseando los términos, “la selección natural”, es decir, la tradición familiar, el acceso a los mejores liceos privados, y la mirada prejuiciada de los seleccionadores, entre otros factores. También en Venezuela, a pesar de su alto mestizaje, y de los frecuentes “asaltos al cielo político” de personajes de origen humilde, la estructura de clases se blanquea en la cima. Para comprobarlo, basta con que usted cruce la avenida que separa el cerro bonito ocupado por la Universidad Católica de Caracas, y suba las escaleras o los pasillos del cerro de enfrente, donde viven los más pobres en sus ranchos.
Pero el editorial de El Nacional, aparecido el 24 de enero resumía las demandas de la marcha antichavista así: "La gente marchó […] contra un estilo de gobierno antidemocrático, anti venezolano, que gasta y regala afuera, en misiones proselitistas, inmensos recursos públicos, mientras los venezolanos se quedan incomunicados en un país cada día más deteriorado. Todos los meses traen más extranjeros (iraníes, cubanos, etcétera) a ocupar los cargos de los profesionales y técnicos nacionales, sin atender aquí el creciente desempleo. Pero el concepto opositor de gente no es nada abstracto. Cuando todavía los opositores no sabían que la estrategia que se gestaba en pequeños conciliábulos era la no participación en los comicios parlamentarios (de 2005), un autor conminaba a la gente: "El 4 de diciembre del 2005 el venezolano: no debe ir para Margarita a relajarse, no se debería ir para Miami a comprar, no debería ir al gimnasio a ejercitarse, no debe de quedarse en casa viendo Globovisión o HBO, sino que debe trabajar por su país. Si el gobierno gana todo lo que desea el 4 de diciembre, qué será del destino de los venezolanos". Es evidente que los venezolanos a quienes hablaba el comentarista no viven en los cerros de Caracas. Los venezolanos, la gente que cuenta, son lo opuesto a los Juan Bimba, los pata-en-el-suelo, los tierrúos, los marginales, los monos, apelativos que según el lingüista venezolano Alberto Rodríguez Carucci han sido sucesivamente usados por adecos y copeyanos para designar a los pobres. Cuando Zapata, el caricaturista de El Nacional, trata de ridiculizar al presidente Chávez presentándolo como un simio, juega con una doble analogía: la de los gorilas de las dictaduras militares del Cono Sur del continente (por su origen militar, en tanto es un insulto que puede además confundir), y la de los monos, apelativo despectivo que en Venezuela alude al sector más humilde. Los llamados marginales saben que quienes así los nombran son sus enemigos, aunque por supuesto –cometamos la perogrullada–, hay pobres antichavistas y ricos revolucionarios. En los cerros de Caracas existe también una clase media de origen humilde –y por eso más reaccionaria todavía, temerosa siempre de perder lo logrado--, que se mantiene expectante ante los beneficios que pueda obtener de uno u otro bando.
Pero durante mi recorrido en retroceso por la marcha antichavista aquel 22 de enero, vi a dos indigentes impertinentes adueñarse de pequeños tramos de calle; uno, sentado en el contén de la acera, vociferaba a todo pulmón: ¡abajo el imperialismo!; el otro apareció de repente en el gentío con su grito de guerra: ¡Leopoldo López es una rata! Era para reírse, pero los ánimos no lo permitían. Nadie replicó sin embargo, quizás porque todos se consideraron muy por encima de aquellos infelices. Entonces recordé y entendí a aquel otro articulista que escribía impotente: “A mí lo que me enferma es que los borrachitos que se paran a beber frente al apartamento en que vivo, después que lo trasnochan a uno con sus discusiones, hienden el filo de la madrugada, al retirarse, con su grito de guerra: ¡Chávez no se vaaaaaaaa!” O la sabrosa anécdota del propio Chávez recién llegado de La Habana en 1994, donde había sido recibido por Fidel: "Acuérdate que a nuestro pueblo lo habían estado bombardeando con Fidel y Chávez, el abrazo y no sé cuántas cosas más. Me bajo del carro y viene un borracho por el centro de la calle con una botella en la mano, zigzagueando, pero borracho, borracho de pea, como decimos aquí, me topo con él, así cerca, yo iba a dar la vuelta a la calle, a pasar, pero venía derecho con su botella, bueno, no venía nada derecho, entonces me dice, 'tú te pareces a Chávez', el tipo era un hombre joven, y le digo, 'yo soy Chávez, qué tal' y le doy la mano, balbucea dos o tres frases y sigue, yo sigo también, pero en sentido contrario, de repente siento que me hablan a mi espalda, 'Chávez', yo me volteo, nunca olvidaré la expresión de su rostro, '¡Chávez, viva Fidel!'

viernes, 24 de septiembre de 2010

La joven vanguardia artística cubana por la paz y la libertad de los Cinco.

Hace unos días estuve con 10kbzas en el monumento a las víctimas del Maine en La Habana, para tomar algunas fotos. En el entorno del monumento un grupo de destacadísimos pintores jóvenes --¿quién habla de una juventud descomprometida?--, creó un mural contra la guerra y por la libertad de los Cinco cubanos antiterroristas que están presos en Estados Unidos desde 1998. Los artistas, entre los que se destacan Ernesto Rancaño, Sandor González, Juan Carlos Balseiro y Alexis Leiva Machado (Kcho) --todos integrantes de la Brigada Martha Machado--, dibujaron a su manera sobre los retratos fotográficos de los Cinco, convirtiendo las instantáneas gigantes en obras de arte. En el mural o Muro por la Paz participaron también los maestros Roberto Fabelo, Flora Fong, Eduardo Roca Salazar (Choco), Nelson Domínguez, Alicia Leal y Juan Moreira. Quiero compartir con ustedes estas imágenes. Fotos de 10kbzas.









martes, 21 de septiembre de 2010

Prólogo al libro Señora mentira.

Prólogo al libro Señora mentira del periodista cubano Nicanor León Cotayo, de próxima aparición. Se publica con la debida autorización del prologado, como una primera presentación a sus lectores.
Enrique Ubieta Gómez

Desde que los medios de prensa adquirieron el peso de un llamado “cuarto poder” –al Poder le fascina enumerar las instancias en que divide su ejercicio omnímodo--, en el mundo se libran dos tipos de guerras: la de las armas, cada vez más mortíferas, más frías y ciegas, y la de la cultura, preámbulo y definición de la victoria. Las guerras militares no pueden emprenderse sin una preparación “cultural” –el objetivo tiene que demonizarse, tal como se hizo durante décadas, a través de la literatura, el cine y la prensa, con el socialismo soviético y este europeo, o con el islamismo y la cultura árabe, para situar dos ejemplos--, y son inútiles si no consiguen, además de la derrota del ejército enemigo, la victoria cultural. Los vietnamitas ganaron la guerra cultural dentro y fuera de su país, y todo el poderío militar norteamericano resultó insuficiente. Pero el socialismo soviético perdió la guerra cultural, y de poco o nada sirvió su temido armamento. El islamismo es un campo espiritualmente minado para los invasores en Iraq o Afganistán, porque a pesar de que aquellos han impuesto en el mundo una visión acusadora de la cultura musulmana, no logran acceder a la mente y a los sentimientos de sus pobladores. El mayor escudo militar de la Revolución cubana es su prestigio internacional, y el respaldo mayoritario de su pueblo. Para destruir ese prestigio y ese respaldo fue concebida una feroz campaña mediática que, como demuestra este libro, inició su accionar incluso antes del triunfo revolucionario. Desestimular, amedrentar, confundir, decepcionar, son algunos de sus propósitos, en acciones de mayor o de menor intensidad. En un grado más alto, hasta ahora nunca conseguido, se ha pretendido liquidar el apoyo internacional de que goza la Revolución y sus más importantes iconos: el Che y Fidel. Cabe decir que en más de cincuenta años de acoso mediático, hasta hoy, Cuba ha ganado su guerra cultural.
Es este un libro útil. Su prosa amena logra vincular escaramuzas distantes y seguir la línea matriz de la guerra silenciosa, de ideas muy pocas veces, y más a menudo de mentiras y verdades manipuladas, en las que lo importante no es la verdad, sino la construcción mediática, por repetición, de esquemas de pensamiento. Que cada locutor o periodista televisivo, que cada articulista incorpore las palabras que el sistema necesita inculcar en la mente del telespectador o lector –dictadura, régimen, etc.--, al “informar” sobre cualquier hecho vinculado a la Revolución. León Cotayo demuestra que no son campañas aisladas e inconexas, sino capítulos de una larga contienda no declarada pero real. El lector recordará o conocerá –según la edad que tenga--, los hechos relatados, y revalorará los más recientes desde la perspectiva histórica. Ese es el indudable valor de este libro. Porque solo una mirada retrospectiva que sitúe en un mismo plano evaluativo cada mentira histórica –la campaña que arrancó de sus hogares a miles de niños cubanos en los años sesenta y los envió sin sus padres a territorio estadounidense, con el pretexto de que el Gobierno revolucionario aboliría la patria potestad; la presentación de un supuesto poeta inválido como mártir encarcelado, que en la soledad de la celda abandonaba la silla para ejercitar sus fuertes piernas; o más recientemente la lamentable utilización de la huelga de hambre como recurso de chantaje político, en un mundo de huelguistas de hambre y de hambrientos ignorados por los medios--, puede establecer la unidad de intenciones, y demostrar que no existen muchas y diferentes campañas diseminadas en el tiempo, que todas son episodios de una misma guerra. Cuando en 1956 se anunciaba la muerte de Fidel de forma sensacionalista, se iniciaba el juego macabro de los medios para vencer por desinformación la voluntad de todo un pueblo.
No hay en esta afirmación ningún exceso. La guerra cultural lo atraviesa todo: el valor de los héroes consagrados, la veracidad de las explicaciones históricas, la nostalgia inducida por un pasado no vivido que puede colorearse convenientemente, la promesa del enriquecimiento para deportistas, científicos y otros profesionales, la duda sembrada, el conflicto avivado, la inversión sistemática de cualquier información que provenga de la isla rebelde, la mentita y los personajes fabricados en laboratorios, el calificativo despectivo de oficialista para cualquier persona que defienda a la Revolución, el de independiente a los que se oponen, etc. Ser cubano en la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI entraña una responsabilidad que se lleva como el "pecado original" en el cristianismo, de nacimiento. Hay que estar a favor o en contra, porque ello define el sistema de simpatías y odios internacionales que recae en cada individuo. Es una responsabilidad que nace del lugar que ocupa esta nación en el mapa geopolítico de entre siglos: la isla de utopía, como la prefiguró Tomás Moro, ha sido y es Cuba, cuya sola existencia en Revolución nos advierte que un mundo diferente, mejor, es posible.
Nicanor León Cotayo ha incursionado con acierto en los temas más inmediatos, con un profundo sentido histórico. Es autor de varios libros de impacto. De ellos recuerdo con particular emoción Crimen en Barbados (1976), aparecido pocos días después del suceso, cuando aún la indignación y el dolor recorrían la piel de los cubanos; en él reconstruye los acontecimientos previos y posteriores a la voladura de un avión civil cubano utilizando, entre otras fuentes, los contradictorios cables de prensa que informaban del suceso. Especialista en las conflictivas relaciones entre Cuba y Estados Unidos, su periodismo investigativo –ágil, oportuno, y siempre revelador de nuevas aristas--, informa y denuncia. No se finge neutral, porque es un humanista apasionado. No puede serlo, además, porque es cubano. Presentar su libro, un acto más ritual que necesario, es sobre todo, en este caso, una declaración de admiración y de respeto: Nicanor León Cotayo es un maestro del periodismo revolucionario.