lunes, 20 de enero de 2014

Mitología capitalista

Hay palabras a las que yo añadiría algunos matices o definiría de manera diferente, pero este texto nos ayuda a pensar.
ÁNGEL  CAPPA 
Tomado del blog Cinereverso.org
Las palabras no son inocentes, con ellas formamos nuestros pensamientos. El poder, consciente de ello, tiene una larga experiencia en utilizar las palabras para que pensemos como ellos quieren. Demonizan las que consideran perturbadoras para ese pensamiento único que pretenden, sacralizan otras que favorecen la interpretación de la realidad que nos muestran y, finalmente, apelan a la ambigüedad conceptual de algunas otras para confundirnos. Veamos algunos ejemplos.

PALABRAS DEMONIZADAS
Antisistema. La emplean contra los que protestan para desacreditar totalmente su cuestionamiento. Como si fuera una actitud irracional y fuera de lo humanamente concebible. En realidad ser anti-sistema es una obligación en este momento histórico. Hasta el papa calificó a este sistema de “excluyente” y dijo que “mata”, nada menos.
Radical. La usan siempre contra los antisistema. Nunca la aplican a los inflexibles representantes del poder. Quitarle la vivienda y mantenerle la deuda a quienes no pueden pagar la hipoteca porque les hicieron pagar la crisis, por ejemplo, no es radical.
Venezuela (chavismo). Lograron que su sola mención nos remita a un país en bancarrota a causa de la dictadura que lo gobierna. Una “dictadura” que en los últimos 14 años ganó 18 de las l9 consultas populares a las que ha concurrido que, por cierto, son más elecciones de las que se habían celebrado en los 50 años anteriores a su llegada. Una “dictadura” que hizo “visibles” a millones de excluidos, que tiene unos datos económicos utópicos para la mayoría de los países del mundo y donde el 80% de los medios de comunicación están en manos privadas y son opositores al Gobierno. Una “dictadura” envidiable, ciertamente.
Comunismo. Sesenta años después del macarthismo, todavía juegan con la imagen de una ideología que le quita los niños a las familias y se apodera de nuestras pertenencias. La imagen de algo tenebroso, cuando se trata, sencillamente, de otra forma de organizarnos para vivir.
Lucha de clases. La han ocultado bajo una supuesta coherencia social en la medida en que los destinados a obedecer no alteren el orden establecido. En caso contrario, dicen que la están provocando. “Claro que existe la lucha de clases -dijo el multimillonario Warren Buffet- y va ganando la mía”.
Referéndums. No quieren ni verlos. El derecho a decidir les quita el sueño. Y cuando los hacen, como ocurrió con la OTAN, los manipulan descaradamente (recuerden el eslogan “A la OTAN, de entrada, NO”, que quería decir Sí). Al parecer, decidir en las cuestiones que atañen a nuestra propia vida es cosa de ellos, que son los que saben.
Protesta callejera. Se ponen nerviosos con la gente en la calle fuera de su control, asumiendo su derecho a intervenir en los temas públicos, en los de todos. “Así no se consigue nada”, dicen, cuando en realidad así se consiguieron todos los derechos laborales y sociales que ahora están aboliendo porque “el país lo necesita”. ¿Los que protestan no son “el país”?

PALABRAS SACRALIZADAS
Mercados. Se los nombra como si fuera un ente abstracto, celestial, que desde el limbo dicta lo que hay que hacer. Esconden que el asunto es mucho más terrenal. Se trata de las principales empresas, cuyos dueños tienen nombres y apellidos, y son las que realmente deciden. Los gobernantes obedecen, administran sus bienes.
Capitalismo. Un sistema económico y de vida como otro cualquiera con la salvedad de que genera millones de pobres, de excluidos y que mata de hambre también a millones de personas, al tiempo que una minoría disfruta obscenamente de esa situación. De ninguna manera es “el fin de la historia” (Fukuyama). Al contrario, es un sistema al que hay que cambiar para una vida mejor, justa y democrática.
Transición. El paso de la dictadura franquista a la democracia representativa, que se nos vendió como modélico. Decenas de autores nos han explicado, desde entonces, que la derecha manejó la situación en perjuicio de la mayoría, que tuvo que resignar derechos básicos.
Crecimiento. Todos creemos que es bueno crecer económicamente, que eso es el progreso, sin cuestionarnos si en realidad es así. ¿Se puede crecer indefinidamente? ¿Es bueno destruir la naturaleza para crecer? ¿El crecimiento económico, tan desigual por otra parte, es mejor que el crecimiento humano? ¿No habrá otro modo de crecer?
Austeridad. Hemos aceptado que es una necesidad para superar la crisis. Y que son los trabajadores (cada vez más pobres) quienes deben asumirla. A todo esto, recibimos noticias de que los ricos lo son cada vez más y que se han enriquecido mucho más en esta crisis. ¿Entonces?
Inversores. Si creemos los mensajes oficiales, vemos en los inversores a unos señores con dinero dispuestos a darnos trabajo y traernos prosperidad, como Adelson, por ejemplo. Por eso tenemos que portarnos bien, aceptar trabajos basura, condiciones de vida cada vez peores y sacrificios que redundarán, “al final del túnel”, en nuestro beneficio. Mientras tanto, el beneficio es de esos señores que si ponen un euro es para llevarse 5 por lo menos. ¿Quién ayuda a quién?

PALABRAS EQUÍVOCAS
Democracia. Es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como nos decían en el colegio. Después aprendimos que se trata de que los que integran la troika, a quienes ni siquiera conocemos, tomen una serie de decisiones que acatan los gobernantes “porque así lo exigen los mercados”.
Crisis. Sería algo así como un hecho de la naturaleza. Como la lluvia o el viento, que de pronto nos afectó. Por supuesto, no tiene responsables. Ni se trata de una estafa del capital financiero que debemos pagar las víctimas.
Populismo. Esta palabra aparece cada vez que, en cualquier país del mundo, un gobernante toma medidas a favor del pueblo. O sea, le dan un carácter peyorativo cuando es todo lo contrario.
Ajustes. Con esta palabra nos transmiten la sensación de arreglar algo, acomodarlo bien, para que funcione mejor. En la práctica, quiere decir bajar los sueldos de los trabajadores y quitarles derechos sociales y laborales para que las grandes empresas no pierdan beneficios.
Economía. Nos hablan como si solo existiera una economía, LA economía. Por supuesto, la economía de mercado. Como si estuviera exenta de ideología y de política. Como un hecho científico irrefutable. Lo cierto es que, aun dentro del capitalismo, hay muchas maneras de entender la economía. Hay economías que hasta incluyen a la gente y no solo hablan de cifras.
Libertad. Según la entienden ellos, “mi libertad termina donde empieza la libertad del otro”. Es decir, que el otro limita mi libertad. Es la filosofía del neoliberalismo, del individualismo a ultranza. Para nosotros, la libertad de cada uno empieza con la libertad del otro. Nadie es libre si no lo son todos.
Dictadura. El capitalismo ya no necesita de dictadores políticos como los que utilizó en el pasado. Para eso están ahora los mercados, que son más sutiles y más limpios.
Flexibilización. Se usa mucho en el ámbito laboral. La flexibilización laboral no significa otra cosa que poder despedir a los trabajadores cuando les dé la gana y prácticamente sin indemnizaciones. Son muy hábiles para los eufemismos.
Liberalización. Otro sutil eufemismo que señala para un lado y va para el otro. Liberalizar el sector energético, por decir uno, es pasarlo de lo público a lo privado sin complejo alguno. O sea, cederle a las empresas privadas lo que antes era de todos.
En definitiva, el poder utiliza todas sus armas para someter a la mayoría. Pero la más importante, porque es la que menos se ve, es la del pensamiento. La de hacernos ver la realidad tal cual ellos la ven. Es que, como decía un amigo, “si el caballo pensara, se terminaría la equitación”. Por eso, es muy saludable para la mente hacer todos los días un ejercicio de descodificación de los mensajes, para no confundirnos.

sábado, 18 de enero de 2014

Cultura, historia y un águila que sí caza moscas

Monumento a las víctimas del Maine en La Habana. En su parte superior estuvo el águila imperial.
Luis Toledo Sande
Hace cerca de un año, en un coloquio fértil -y celebrado en Cuba, no en otros lares- oí una ponencia que ahora rozaré levemente. Si quien la presentó, persona joven y de notable inteligencia, sólo se hubiera propuesto enaltecer las edificaciones de utilidad pública hechas construir antes de 1959 en Cienfuegos -también pudieran ponerse ejemplos de otras ciudades cubanas- por la alta burguesía local, que tenía los recursos para ello, habría poco o nada que discutir. El valor social, masivo y sin racismo de tales edificaciones creció con una revolución que triunfó en el año mencionado y las puso verdaderamente en función de intereses nacionales y populares que -¿saldrá sobrando recordarlo?- no caracterizaban a los millonarios, por muy grande que fuera o se considere su filantropía.
Pero la ponencia iba más allá de sostener que aquella burguesía en particular era buena, generosa, aparte de encantadora y democrática: según el texto, a tal punto lo era que integrantes suyos hasta iban a los entierros de sus empleados. En algún momento brotó lo que pudiera tenerse como tesis central: dando por sentado lo antes dicho, el caso de esa urbe mostraba que un hijo suyo, Carlos Rafael Rodríguez, cuyo centenario se cumpliría apenas unos días después del coloquio en el cual se presentó la ponencia, había errado al calificar de conservadora y antinacional a la alta burguesía cubana.
Era difícil que tales criterios pasaran inadvertidos. Entre quienes les salieron al paso estuvo el autor de un texto dedicado poco antes a la recordación de aquel eminente intelectual y político a quien no habrá que perdonar las imprecisiones o errores que hubiera cometido (hasta donde sabemos, no era un dios ni pretendió serlo). Pero más injusto aún sería responsabilizarlo por el hecho de que hoy el marxismo y los ideales comunistas en general no estén de moda en el mundo. Lo más probable es que esta circunstancia figure entre revisiones como la dirigida a su obra en aquel encuentro.
La aludida refutación a la ponencia recordó que entre las grandezas históricas y culturales de las que puede blasonar Egipto, e incluso sacar dividendos de ellas por la vía del turismo, sobresalen las famosas Pirámides. Solo que sería por lo menos tan cuestionable afirmar que los faraones allí sepultados las concibieron con ese fin, como olvidar que ellos ordenaron su construcción, no las hicieron. Con ese trabajo corrieron incontables seres humanos cuyos nombres hoy nadie conoce, y a quienes habitualmente se pasa por alto, aunque muchos de ellos habrán muerto en el esfuerzo hecho para levantar obras que hoy siguen desafiando la imaginación y mereciendo que se les considere maravillas.
Tal vez aquellas personas creían que acataban un mandato divino, o simplemente cumplían el papel que “les tocaba”, pero nada echa por tierra esta verdad: fueron brutalmente explotadas, condenadas a trabajar para erigir tumbas que ratificarían como imagen y realidad el poder político y económico, asegurado por la ideología dominante, de monarcas que, de paso, procuraban asegurarse, o hacer ver que se aseguraban, la perpetuidad y el bienestar de su alma, ya fueran ellos el poetizado Tutankamón o cualquier otro.
No hay que retacearles a los burgueses cienfuegueros ni de ningún otro sitio las virtudes personales que tuvieran, ni olvidar que sus “pirámides” -de etiqueta y encanto que constituían evidencia de sus riquezas- se construían con mano de obra explotada, un hecho que no debemos ignorar cuando la explotación de unos seres humanos por otros sigue siendo realidad generalizada en el planeta. Tampoco se necesita ignorar la posible sinceridad de gestos como el de ir a entierros de empleados fieles, para suponer que acciones como esas podían figurar entre los recursos extraeconómicos válidos para ganar la lealtad de los siervos, sobre todo en ciudades relativamente pequeñas, donde resultaba o resulta más factible exhibir relaciones patriarcales de signo feudal.
No insistamos más en una ponencia que no carecía de aciertos en otros órdenes, ni ha de verse como un hecho aislado, sino como expresión de tendencias contemporáneas en las cuales se trenzan marcas diversas, como las del repliegue de las izquierdas y la propensión de representantes suyos a perpetuar códigos de poder nacidos de las desigualdades sociales, y como la euforia de las derechas exitosas, que tienen de su lado aquel repliegue, cuyo significado se refuerza con la extendida resignación que los medios dominantes cultivan con abarcadora eficacia. En ello los auxilia la desprevención de algunos, sin descontar el posible servilismo voluntario de otros, ni ignorar el peso de la realidad.
El culto a los valores del llamado Occidente cristiano -dígase con mayor exactitud: del capitalismo dominante, concentrado en un imperio que explícitamente revalida la guerra entre civilizaciones- lo fomentan los centros de poder con el concurso de sus potentes recursos mediáticos. Procuran que la lucha ideológica parezca *demodé*, cosa del pasado, mientras ellos mantienen una incesante campaña -enmascarada por imágenes diversas incluso cuando se trata de acciones bélicas genocidas- para que su ideología sea la única o, por lo menos, se acepte con pasividad como si no hubiera otra posible.
El imperio ha impuesto la imagen de una globalización con arreglo a la cual el mundo es una aldea homogénea, a pesar de las abismales diferencias que hay entre unos países y otros, y dentro de cada país, por poderoso que sea. A la vez, difunde la idea de que se ha llegado a una modernidad que representa los valores e intereses imperiales, y a la cual no es razonable, en caso de que sea posible, oponerse.
Ambos extremos o rostros de una misma realidad se apoyan en la colonización cultural, y en las últimas décadas el centro de influencia “académica” se trasladó a los Estados Unidos. Lo que huela a violencia revolucionaria es calificado de terrorismo, y la violencia imperial es un recurso para defender o imponer la democracia, intereses civilizados, aunque los frutos conseguidos sean los que están a la vista en Irak y en Libia, por ejemplo.
Si en tal urdimbre hay textos que cuenten con la propulsión en medios dominantes, no son los que tengan visos de defender ideales comunistas, sino los que se enfilen a devaluarlos. Es algo que se puede hacer, o se hace, a propósito de sucesos identificables con los excesos del llamado estalinismo, y si en medio de eso se puede citar el asesinato de un intelectual y político víctima de la persecución soviética, mejor. Similar rasero se aplica para devaluar realidades como la Segunda República Española, proyecto democrático y fundador derrocado por un bando fascista que durante décadas sumió a España en el terror.
Cualquier hecho puede ser sometido a lentes de tal índole, siempre que hacerlo invite a la parálisis social, y refutar esas maniobras puede ser tenido por acto inculto, de muy mal gusto. La desmovilización de las izquierdas en gran parte del mundo es el mayor aliado que en su afán de perpetuarse puede tener el imperio, cuyo poderío mediático ni remotamente supone la exclusión del uso de la fuerza militar. A las personas honradas podría servirles de brújula, para orientarse en hechos y pensamiento, saber qué defiende el imperio. No coincidir con él no necesariamente garantizará abrazar siempre lo más acertado, pero será una guía para no caer en el bando de los mayores errores y horrores. Parézcalo o no lo parezca, el imperio mete su hocico en todas partes, o tiene quienes lo metan por él.
Si un país conoce esa realidad es Cuba, que lleva más de medio siglo enfrentándola con firmeza, y debe seguir haciéndolo: en primer lugar, para bien de su pueblo, y también porque es objeto de la mirada expectante o inquieta de quienes en el mundo siguen buscando en su resistencia pabilo para la esperanza. Por tanto, debe proponerse, para alcanzarlo, el mayor acierto en sus decisiones de toda índole, y su prensa debe contribuir con eficacia a señalar peligros, vengan del asedio enemigo o de errores propios.
Los planes enemigos incluyen sembrar confusiones y cizaña. Recientemente un despacho aparecido en un sitio digital contrarrevolucionario anunció que el águila yanqui volverá al monumento que frente al Malecón de La Habana recuerda a las víctimas del hundimiento del acorazado Maine. El mismo sitio, que afirma haber recibido la supuesta información de cubanos bien enterados sobre el programa de restauración constructiva de la capital del país, sostiene -como dando voz a presuntos estados de opinión- que unos reaccionan ante la noticia “con sorpresa y otros con la esperanza de que Cuba vuelva a la normalidad”.
Así, según la nota, se rectificaría un “disparate”: el cometido en mayo de 1961, días después de la victoria del pueblo cubano sobre mercenarios del imperio en Playa Girón, dato que el texto pasa por alto, al derribar “el águila norteamericana” que coronaba el monumento, y -añade el texto- “los bustos de Leonard Wood, William Mc Kinley y Theodore Roosevelt”. Llama la atención que, al reclamar la vuelta a su estado original, no se mencionen las más de doscientas cincuenta víctimas del hundimiento del Maine, en cuya memoria se inauguró el monumento en 1925, como expresa una de las dos tarjas centrales, que se conservan hoy. Reclaman, aunque no sabemos que formaran parte del monumento -no aparecen en fotos ni se mencionan en textos consultados anteriores a mayo de 1961, ni los recuerdan personas que lo conocieron antes de esa fecha-, la restitución de los bustos de tres representantes conspicuos del imperio directamente vinculados, dos de ellos, con la intervención en la guerra que los patriotas cubanos libraban contra el colonialismo español, y, el tercero, con la instauración en Cuba de una república maniatada por la Enmienda Platt, contexto en el cual se construyó el monumento, y que algunos quisieran restablecer junto con el águila.
Los contrarrevolucionarios dejan ver su orientación: “Si los Estados Unidos se hubieran apoderado de Cuba, algo que fácilmente habrían logrado al finalizar la guerra de independencia”, los cubanos no sufrirían “una dictadura militar de más de medio siglo, ni el país estuviera destruido”. Anexionistas -y autonomistas- de hoy son continuadores de aquellos a quienes José Martí repudió a lo largo de su vida, como ratificó en carta a Manuel Mercado el día antes de caer en combate para frenar los planes de los Estados Unidos desatados con su intervención militar de 1898, que frustró la independencia de Cuba.
Según investigaciones -alguna de ellas hecha incluso en la Cuba revolucionaria- el hundimiento del Maine, suceso utilizado como pretexto por los gobernantes de los Estados Unidos para desatar la intervención que Martí quiso impedir, no fue el resultado de una operación española ni de un autoatentado de los Estados Unidos, sino de un accidente. Ahora bien, cualquiera que haya sido la causa del desastre, los marinos estadounidenses muertos en él fueron víctimas físicas de la explosión, y víctimas morales del imperio que usó su muerte como pretexto para consumar sus planes injerencistas. El siglo XX traería nuevas evidencias de cómo actúa ese imperio: ahí están los sucesos de Pearl Harbor; y el XXI casi se estrenó con el derribo de las Torres Gemelas, que aún genera graves sospechas.
A diferencia de otras, la Revolución Cubana no se caracterizó precisamente por la iconoclasia que en otros lares derribó monumentos. Para la vocación independentista del pueblo cubano, derribar de aquel monumento el águila imperial -no la tarja que recuerda a las víctimas del hundimiento del barco, ni la que cita la Resolución en que el gobierno de los Estados Unidos supuestamente se comprometía a reconocer la plena independencia de Cuba- era un acto más legítimo que perpetuar aquella insignia. No hay por qué restablecerla para obedecer un sentido acrítico de la restauración urbana, y menos aún por aceptación de una “normalidad” que negaría la historia revolucionaria del pueblo cubano y de su lucha, pasada y presente, y futura en un plazo que se prevé largo, contra el imperio encarnado en fuerzas que Martí calificó de ultraaguilistas.
El monumento sería fiel a la historia, y a la voluntad del pueblo cubano si en vez de restituir el águila imperial se añade adecuadamente una placa en la cual se informe sobre su derribo, y se expliquen, para quienes no las conozcan, las razones. Incluso, dado que no llegó a hacerse realidad la ilusión de que su lugar lo ocupase una paloma de la paz, obra de Picasso, tal vez lo más acertado sería poner al pie del monumento, como símbolo de rotundo rechazo al imperio, la que se derribó en 1961, esté como esté. Un proverbio latino en el que se valora ese animal, genéricamente, como símbolo de grandeza, sostiene: “águila no caza moscas”. Pero la imperial, que representa la voracidad ajena a toda norma ética, caza cuanto convenga a sus intereses. La dificultad para ello, en este caso, no radica en el instinto de la voraz ave, sino en que Cuba no es un insecto.

viernes, 17 de enero de 2014

Juan Gelman, militante

Elena Poniatowska
La Jornada
El 15 de agosto de 1994, invitados por el subcomandante Marcos, acudimos a la Primera Convención Nacional Zapatista en La Realidad, cerca de San Cristóbal, en las montañas del sureste mexicano, para la cual los zapatistas habían construido, en medio del bosque con troncos de árbol y lonas de gran tamaño, una nave como la de Fitzcarraldo, el personaje de Werner Herzog, absolutamente extraordinaria. De pronto, después de que saludaran desde un presidio improvisado los invitados de honor, Carlos Payán, Alberto Gironella (quien donó una magnífica pintura de Zapata que desapareció con la tempestad), Pablo González Casanova, Luis Villoro, doña Rosario Ibarra de Piedra, Eraclio Zepeda, Antonio García de León, Manuel Tello, el fotógrafo Heriberto Rodríguez y otros, cayó una tempestad que tiró a tierra las velas, es decir, el techo de la enorme tienda de campaña donde se celebraría el primer congreso zapatista. Ya el Sup nos había dicho antes de que cayera el primer aguacero que fue arreciando: "No le hagan caso a la televisión, a la radio; no se pasmen, no se vendan, no se rindan, no se dejen, no tengan miedo, no se callen, no se sienten a descansar". Todos nos mojamos, nos enlodamos y absolutamente empapados fuimos a refugiarnos a otra tienda más o menos improvisada en la que mal que bien nos acomodamos para pasar la noche, alineados sobre la tierra mojada como sardinas. Éramos más de 70. Otros no corrieron con la suerte de un techo y pasaron la noche bajo el agua entre Durito, el escarabajo y el viejo Antonio que repetía Ocosingo, Oventic, Altamirano, Las Margaritas, La Independencia, Trinitaria. "No te puedes dormir así, te vas a enfermar" –me dijo Eugenia León, quien me prestó un pantalón que de tan largo me impedía caminar. Mariana Yampolsky, a quien le quitaron su cámara, la pasó muy mal. "No puedo vivir sin mi cámara". Graciela Iturbide tomaba fotos con una pequeña que escondió en su bolsillo. Monsiváis decretó que se había torcido un tobillo y fue a pasar la noche en el único sitio en el que había un catre: la enfermería. Fui a visitarlo: "Te pasas de listo". Jesusa Rodríguez encontró una hamaca y ofreció: "El que sabe dormir en hamaca, que venga". Margarita González de León se preocupaba por la fosa séptica y el papel del excusado. Alguien dijo que el subcomandante Marcos, su pipa en la boca, se había asomado por una abertura a ver cómo íbamos y eso nos animó a todos. Al físico Manuel Fernández Guasti se le ocurrió sacar una pequeña guitarra y entonar con su jarana una y otra pieza recordándonos a Veracruz. Otros, agotados como Enrique González Rojo, pidieron que se callara y los dejara dormir. La mayoría nos lamentábamos y llorábamos nuestra desventura, cuando de pronto oímos a Juan Gelman que nunca levantaba la voz: "Dejen ya de quejarse. Es una vergüenza escucharlos". De pie, enojado, una cobija sobre los hombros, siguió: "Si venimos aquí es para ayudar, no para complicar más las cosas". No recuerdo si dijo algo más, pero sí el tono de su voz y la autoridad que emanaba de su figura alta a media tienda de campaña. Todos nos callamos avergonzados. Jesusa me recordó: "La dictadura militar de Argentina eliminó a 30 mil, y él es un luchador". A la mañana siguiente fui a abrazarlo y todavía me dijo con la bondad que siempre vi en sus ojos: "Córrele, a ver si alcanzas café caliente. Allá, debajo del árbol, lo está repartiendo Moisés".
No sé si los zapatistas tenían una clara conciencia de quién era su ilustre visitante, a lo mejor el poeta que escribió "Ahí está la poesía de pie contra la muerte" era sólo uno más de quienes admiramos al zapatismo. Lo que sí recuerdo es su entereza y su lealtad que lo hizo ir hasta Chiapas a acompañar a "los más pequeños" para darles –lo supieran o no – el abrigo de su obra clásica, cálida, sencilla y, por tanto, indestructible.

jueves, 16 de enero de 2014

Sharon, Mandela y el fraude mediático

Ángel Guerra Cabrera
Ahora resulta que  Ariel Sharon, el criminal de guerra modélico del sionismo –que tiene tantos–, fue un prohombre del pacífico Estado judío. Un abuelito bonachón aunque un poco indisciplinado. El secretario de Estado de Estados Unidos John Kerry, emocionado, subrayó su contribución a la paz cuando era primer ministro e hizo saber a la familia Sharon y a Israel: “Nuestra nación comparte su pérdida y honra la memoria de Ariel Sharon”.
Mensaje uniforme desde que falleciera el general, clonado por todo el ejército mediático del Pentágono (la abrumadora mayoría de las televisoras, diarios, revistas y páginas web corporativas de “Occidente”).
Otra es la realidad. Muy joven, Sharon integró la organización terrorista Haganah rumbo a la guerra de 1948 y según el periodista israelí Dimi Reider participó en el ataque a aldeas árabes y luego fue llamado, nada menos que por el entonces premier David Ben Gurion, a encabezar la unidad 101 del ejército, dedicada a dar golpes de castigo principalmente contra campos de refugiados y civiles palestinos. Es conocida su autoría en la masacre de la aldea de Qibya, que costó la vida a 69 palestinos, la mayoría mujeres y niños en 1953. Apodado el buldócer de Gaza, envió esos equipos a demoler cientos de casas en el campo de refugiados palestinos de Jabaliya en los setenta.(http://972mag.com/former-israeli-prime-minister-ariel-sharon-dies-at-85/84878/).
Como ministro de defensa lanzó la primera y sangrienta guerra contra Líbano, donde favoreció la matanza de cientos de palestinos en los campos de Sabra y Shatila en 1982 por sus aliados de la Falange libanesa. La comisión MacBride de la ONU encontró a Israel responsable del hecho e incluso una comisión israelí estableció la responsabilidad personal de Sharon por “ignorar el peligro de derramamiento de sangre y venganza” existente.
A él se le reconoce también la promoción a la fuerza de cientos de asentamientos ilegales de colonos judíos en tierras palestinas y la construcción del muro de la infamia, levantado para desalojar a los palestinos de las mejores tierras, arrebatarles el agua y desmembrar la ínfima porción de territorio que les queda.  Presentó la evacuación de Gaza como un hecho de paz cuando lo que hizo después fue cercarla militarmente y convertirla en una prisión al aire libre a la vez que torpedeaba cualquier eventual salida política al conflicto con Palestina.
¿Para qué seguir? El ejército mediático del Pentágono escamotea constantemente los hechos no convenientes a la visión del mundo que difunde combinándolo con las medias verdades y la mentira llana. Un caso escandaloso es el del descafeinamiento durante años del líder antiapartheid Nelson Mandela, llevado hasta el extremo en su reciente fallecimiento.
Nunca se dijo por los medios dominantes que Mandela fue militante desde muy joven del Partido Comunista Surafricano del que llegó a ser miembro de su Comité Central ni se difundieron sus declaraciones reconociendo a esa formación como el mejor aliado que tuvo el Congreso Nacional Africano (CNA) en su lucha contra el apartheid. Tampoco se dio importancia a que después de agotar las posibilidades de la lucha pacífica y constatar la brutal represión contra ella, fundó y fue el comandante en jefe de la Lanza de la Nación, brazo armado del CNA, muy activo hasta el fin del apartheid. No se dijo durante los funerales de Mandela que la mayoría de los países occidentales cuyos líderes acudieron entonces a Suráfrica en manada para la foto lo catalogaron como terrorista y fueron los sostenes del apartheid hasta última hora, los que le suministraron el armamento más moderno, incluyendo entre 10 y 12 bombas nucleares entregados por Israel a Pretoria a petición de Estados Unidos.
Mucho menos han reconocido esos medios la decisiva influencia de Cuba en el fin del apartheid al partirle el espinazo al ejército surafricano en la batalla de Cuito Cuanavale y posteriores acciones. Así lo dijo Mandela en Cuba: ¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale hizo posible que hoy yo pueda estar aquí con ustedes!(http://www.juventudrebelde.cu/internacionales/2010-07-17/discurso-de-nelson-mandela-el-26-de-julio-de-1991/
Tampoco se preguntaron por qué Raúl Castro fue uno de los seis oradores en las honras fúnebres de Mandela y ocultaron que fue presentado así: “Ahora recibiremos un mensaje de una pequeña isla, una isla cuyo pueblo nos liberó… el pueblo de Cuba”(http://nationalinterest.org/commentary/why-south-africa-loves-cuba).

miércoles, 15 de enero de 2014

Macarena Gelman: "Fui un regalo robado" (la nieta de Juan Gelman habla de su segundo nacimiento)

Los padres biológicos de Macarena, María Claudia García y Marcelo Gelman, poco antes de que fuesen secuestrados y desaparecidos

A propósito del fallecimiento del gran poeta argentino Juan Gelman, reproduzco esta entrevista realizada a su hija en el año 2008. La vida de este gran intelectual estuvo marcada en sus décadas finales por la búsqueda y el encuentro final de esa nieta perdida. Vale la pena recordar los hechos.
Gabriela Cañas
La Nación
Domingo 10 de agosto de 2008
Macarena nació por segunda vez cuando tenía 23 años. La plácida y apolítica vida que llevaba en su Montevideo natal se trastocó por completo cuando su madre le confesó que no era hija suya y ella descubrió que era una niña robada; arrancada de los brazos de unos padres secuestrados, torturados y asesinados por la dictadura argentina, y entregada a quien ella creía que era su padre: un policía uruguayo. A Macarena aquella noticia le cambió la conciencia y la vida. A partir de entonces, supo de tormentos y de desapariciones, de horrores y complots represores, y supo también que ella era un producto de todo eso. Descubrió que su abuelo llevaba años buscándola y que se llamaba Juan Gelman. Corrió a Internet y así fue como aprendió que era un poeta, un poeta muy importante, argentino también, como sus verdaderos padres, que vivía y sigue viviendo autoexiliado en México y que desde allí reclamaba el derecho a recuperar a esa nieta de cuya infancia nunca pudo disfrutar.
Macarena luchó para cambiarse el apellido. Ahora lleva los apellidos Gelman García, como su auténtico padre, como su auténtica madre, aunque mantuvo su nombre de pila, el que le impuso su devota madre adoptiva, porque los Gelman tienen ascendencia sevillana.
Busca los restos de su madre y apoya públicamente en su país la lucha por la derogación de la Ley de Caducidad por considerar que da cobertura legal a la impunidad. Incluso ha asistido al intento fallido de desenterrar el cadáver de su madre en un lugar que resultó equivocado. Contar su historia se ha convertido para ella en una herramienta para abrirse paso en la espesura de los silencios cómplices.

¿Cómo le dieron la noticia de que usted era hija de otros?
Me lo dijo mi mamá. Mi papá había muerto cuatro meses atrás y mi madre me dijo que mi abuelo estaba buscándome. En realidad, toda mi familia biológica me estaba buscando. Mis papás biológicos tenían 19 y 20 años. Eran argentinos. Vivían en Buenos Aires. Los secuestran el 24 de agosto de 1976.

Su madre tendría hoy 51 años.
No sé si llegó a cumplir los 20. La última vez que la ven con vida es el 22 de diciembre, y a mí me dejan en la casa de los papás que me criaron el 14 de enero de 1977. Ella cumplía los 20 años el 6 de enero. Bueno, los secuestran, los llevan a un centro clandestino de detención que se llamaba Automotores Orletti. Allí permanecen. A mi papá lo matan en el año 1976 mismo, a finales de septiembre u octubre. Y a mi mamá la trasladan a Uruguay dentro de la operación que se llamaba Plan Cóndor. Estaba embarazada de siete meses y medio cuando la secuestran.

Ha muerto Juan Gelman, dicen, pero no lo creo...

Juan Gelman, poeta y periodista argentino, integró durante la dictadura militar de su país (1976 - 1983) las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el movimiento peronista Montoneros, en cuyo nombre denunció internacionalmente sus atrocidades . En aquel contexto de represión fueron secuestrados su hijo Marcelo y su nuera María Claudia García, embarazada a término. Marcelo fue asesinado y fondeado en un tonel en el delta de El Tigre; María Claudia fue trasladada a Montevideo donde dio a luz antes de ser ejecutada y desaparecida.
La foto del poeta Juan Gelman y su nieta Macarena abrazados, emocionados, recorrió el mundo. Acababa de finalizar el acto público en el que el Estado uruguayo reconoció haber violado sus derechos humanos y los de María Claudia García, madre de Macarena y víctima de desaparición forzada, cuyos restos aún no se han recuperado.

CONFIANZAS

se sienta a la mesa y escribe

«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe


LÍMITES

¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí la sed,
hasta aquí el agua?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el aire,
hasta aquí el fuego?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el amor,
hasta aquí el odio?
¿Quién dijo alguna vez: hasta aquí el hombre,
hasta aquí no?
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.


COSTUMBRES

no es para quedarnos en casa que hacemos una casa
no es para quedarnos en el amor que amamos
y no morimos para morir
tenemos sed y
paciencias de animal


EL JUEGO EN QUE ANDAMOS

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.

martes, 14 de enero de 2014

McHéroe

Luis Britto García
Tomado de su libro de ensayos Elogio del panfleto, Caracas, 2da edición, Fondo Cultural Fundarte, 2012
Héroe de héroes es el cowboy estadounidense inventado por Hollywood. Cabalga hasta el pueblo con sonrisa y revólveres rutilantes, nunca desenfunda primero, siempre dispara más rápido y galopa hacia el desierto tras haber partido los corazones del malvado y de las chicas del Saloon. El macarroni western manchó su atuendo, pero nunca su sentido del honor. Blandiendo Colts nucleares contra países inermes, el país que se atribuye el papel de cowboy del mundo intenta parecerse a esta versión andante del Juicio de Dios medieval.
Un único defecto ostenta esa leyenda fundacional: nada en ella es verdad. La vaquería ecuestre no es invención anglosajona. La crearon los andaluces de quienes la tomaron los mexicanos a los cuales la arrebataron los gringos junto con la mitad del territorio de México. La remuneración de los vaqueros o cowboys era tan miserable que solo negros, indios o chicanos desempeñaban el oficio. El costo de las armas de fuego estaba fuera del alcance de este proletariado rural.
Sólo esgrimían artillería rufianes cuya vera efigie es el J. A. Slade con quien el joven Mark Twain comparte alguna vez una incómoda taza de café. De ellos consigna que"buscaban siempre colocarse en situación de ventaja infame sobre su enemigo": En su autobiografía Pasando fatigas el humorista atestigua que a pocos pasos de él los hombres de Slade acribillan a un cochero desarmado que habla contra los pandilleros. La primera vez que Slade desafía a un carretero, éste se le adelanta al desenfundar: Slade lo convence de que no vale la pena abalearse por un cruce de palabras. En cuanto el ingenuo enfunda, Slade lo cose a tiros. Luego toca a la casa de un francés, lo vuelve una coladera al abrir la puerta e incendia el inmueble con el difunto, la viuda y tres huérfanos dentro. En otra oportunidad pide whisky a un tabernero que le es antipático, y desenfunda mientras éste vuelve las espaldas para servirle. Cuando no puede aplicar tales métodos a sus enemigos, Slade ofrece recompensas a sus secuaces para que se los entreguen. Estos le llevan maniatado a su competidor Jules: Slade se divierte amputándole a tiros partes del cuerpo hasta que su blanco viviente muere. Como otros tantos forajidos, Slade es sicario de una compañía: la de la Diligencia Continental. En tal oficio, según testimonia Thomas J. Dimsdale, se comporta como "dueño de la situación, y amo y señor de los tribunales, de la justicia, y de quienes la administraban". Una partida de mineros detiene al bravucón, y éste llora y suplica por su vida antes de ser ahorcado.
Tanto en su fulgurante leyenda como en su sórdida realidad, es el cowboy el más fiel exponente del American Way of Living

lunes, 13 de enero de 2014

No seamos siervos de las tecnologías: trabajemos con ellas

Fernando Martínez Heredia
Soy Cuba
Sin dudas, en un tiempo muy corto se ha producido un crecimiento muy brusco en la cantidad y la diversidad de imágenes y textos que están al alcance de una parte de los jóvenes, o que pueden representárselos –aunque no los tengan efectivamente– los demás jóvenes del país. Y, lo que podría llegar un día a ser más importante, combinar la recepción de ellos con la interlocución y con la producción y circulación masiva de imágenes y textos por muchos de los que hoy son solo receptores. Pero, francamente, no puedo sumarme a la idea de esta revolución de la comunicación haya producido un cambio generalizado en los estilos de vida, y aún menos en las maneras de pensar.
Reducir este tema a expresiones abstractas –como “nuevas tecnologías”– es creer en nuevos fetiches e incapacitarse para comprenderlo. Uno de sus aspectos principales es el de sus condicionamientos. Entiendo que hay que inscribir esta cuestión, entre otras, en un proceso mucho más impactante y abarcador, y encontrar allí uno de sus sentidos: un formidable entrelazamiento entre la introducción y generalización mercantil muy acelerada de medios materiales de comunicación en cantidades asombrosas y a precios democratizables, y el control cultural e ideológico por parte del sistema capitalista mundial del lugar social ideal que ocupan, la mayoría de los contenidos que trasmiten, la actitud hacia cuestiones principales del consenso a la dominación que difunden y la dependencia que generan a esos medios, su funcionamiento y el deseo de consumirlos.
Siempre ha habido un nexo fuerte e íntimo entre los medios de comunicación y su control ideológico y cultural por el sistema dominante. Lo que sucede hoy es que ese nexo se ha vuelto decisivo para el capitalismo, porque su naturaleza actual, hipercentralizada, parasitaria, excluyente y depredadora, le impide ser revolucionario consigo mismo –una cualidad que siempre le sirvió tanto–, y al mismo tiempo existe en cientos de millones de personas conciencia de la naturaleza social de los males que afligen a las mayorías y al planeta, y gran parte de ellos identifican de un modo u otro a los responsables. Esto se debe a una acumulación cultural revolucionaria que llegó a su apogeo durante el siglo XX. Por consiguiente, el control totalitario de la información, la formación de opinión y las creencias cívicas es una necesidad antisubversiva, preventiva de rebeldías: es vital para el capitalismo.
En medio de la sucesión vertiginosa de las tecnologías y el caos aparente de la masa inabarcable de productos comunicables, existe una voluntad de gobernar rigurosamente los contenidos, las expresiones y el sentido que se les atribuya. Desvanecer todas las fronteras entre las certezas y las invenciones, las palabras y la nada, los hechos y los engaños, es un requisito de esta guerra cultural. Datos y mentiras, hechos y prejuicios, exigencias de la moda, repetidos sin descanso, marcan las rutas de un viaje inducido hacia la idiotez. El lenguaje y el pensamiento han entrado en crisis, juntos. La premura inexplicada exige desaparición de vocales y un esperanto de signos internacionales; pero la brevedad y el apuro que ellos fomentan no permiten reflexionar ni conducen a la síntesis o al conocimiento.
Más que un cambio en la manera de pensar, lo que está en juego es si lograrán disuadir a las mayorías de realizar el acto de pensar. En vez de un pensamiento único, intentan convertir en algo normal que no se piense.
En un plano más general, la acumulación cultural referida ha producido cambios colosales en las capacidades y los valores a escala mundial. Sus características y las exigencias que conllevan eran inconcebibles hace setenta años. No puedo referirme aquí a ese gran avance de la condición humana, pero es imprescindible tenerlo en cuenta ante toda cuestión y para todo proyecto. En el caso de Cuba, una gran revolución liberó al país del capitalismo neocolonizado y transformó a fondo las relaciones sociales, la vida de las mayorías, las instituciones y la sociedad en su conjunto. El pueblo cubano ejerció la justicia social, la libertad, la solidaridad, el pensar con su propia cabeza, y se acostumbró a hacerlo. A pesar de los enemigos, las insuficiencias y los errores, nos volvimos más capaces de satisfacer las exigencias provenientes de aquellas capacidades y valores que los pueblos de la mayor parte del mundo.
Pero la situación cubana actual es la de una abierta batalla cultural entre el socialismo y el capitalismo. A favor del último, entre otros factores, estaría la sujeción progresiva a su cultura, la única que ha logrado universalizarse, y que hoy conserva un formidable poderío y numerosos atractivos. Los procesos como el que abordamos constituyen, por consiguiente, uno de los escenarios de esa lucha. Lo primero es que las nuevas formas de comunicación, sus medios y su mundo ideal existen y se desarrollan, a partir de las actuaciones y la voluntad de nuestra gente, y de que vivimos en este mundo. Esto es de Perogrullo, por lo que es absurdo que todavía haya quienes le temen a esa realidad y se oponen a ella. Esos suicidas pretenden, en nombre de un autoritarismo trasnochado que pierde suelo por días, impedir u obstaculizar la presencia y la utilización de los nuevos medios, en nombre de la supuesta defensa de un socialismo que en realidad es solo un sinónimo de la parcela de poder que ejercen.
Mientras, los indiferentes en política, que no son pocos, y los que se suman al creciente conservatismo social, creen posible vivir “en digital”, modernizarse por imitación de los modelos que propone la avalancha que padecemos de productos audiovisuales, usos, conductas y opiniones esperables, en apariencia ajenas a cualquier sistema social. Tienden a ser apéndices de los objetos y las imágenes, a dejar de ser pueblo para convertirse en público, sin darse cuenta de que al final de esa neutralidad imposible nos espera a todos la hora en que habrá que resolver el dilema crucial.
Mi aproximación en este texto ha sido a uno de los sentidos del proceso, como dije al inicio. Pero no es el único. El complejo material-ideal que se ha desplegado tan velozmente constituye, al mismo tiempo, un maravilloso potencial de multiplicación de las capacidades humanas. Leer innumerables informaciones y asomarse mediante imágenes a millones de hechos, situaciones y paisajes, puede desatar cualidades extraordinarias y ayudar a multiplicar las capacidades de un pueblo que posee un inmenso caudal de experiencias de verdadero desarrollo humano y social, una conciencia política descomunal y muy altos niveles de preparación general y técnica. Estos nuevos medios brindan, por cierto, un suelo técnico al ideal comunista que pretendió en Europa hace noventa años que la obra de arte estuviera presente en la vida cotidiana y cayera el muro aristocrático de la alta cultura, una bandera de democratización cultural que en la segunda mitad del siglo quedó bajo el control del gran capital y se ha venido ejecutando del modo más perverso hasta hoy.
A Soy Cuba y a sus hermanos de todo el país les corresponde la misión, difícil y fundamental, de actuar, de hacer y crear con los nuevos medios y desde sus procederes y lenguajes, no para someterse al sentido que pueden portar al servicio de la dominación, sino para utilizarlos como instrumentos atractivos, proveedores de información, de criterios, de belleza y de canales realmente democráticos de participación: convertirlos en instrumentos de liberación.
Las verdaderas preguntas deberán ser nuestra guía. ¿Esta nueva revolución beneficiará a la dominación o a las liberaciones sociales y humanas? ¿Traerá la abolición progresiva de toda trascendencia, la trivialización y una indiferencia pletórica de informaciones e imágenes? ¿O será un instrumento para desarrollar las capacidades y las cualidades de las personas y la sociedad cubanas muy por encima de sus condiciones materiales de existencia? ¿Se conformará con ser un pequeño teatro de escándalos sin importancia y vueltas a la noria, de tolerancia y autoritarismo? ¿Serán capaces los jóvenes cubanos de convertirla en un lugar efectivo de de creaciones, de actuación social y política, de lucha y de placer liberadores?

viernes, 10 de enero de 2014

Cuando los diseñadores gráficos de la URSS hacían los mejores carteles de cine del mundo

ÁNXEL GROVE
20 Minutos.es
Tras el triunfo de la Revolución bolchevique de 1917, los artistas de la URSS, contagiados por los nuevos aires de libertad, emprendieron la búsqueda de lo que llamaban la "visión nueva", fundamentada en la representación abierta de la sociedad y la idea de que toda disciplina artística tenía que ser el vehículo para un propósito y transmitir una intención.
Aunque el entusiamo de los primeros años acabó en tragedia y el control sin fisuras del Estado comunista limitó el arte al género del realismo socialista, los logros de aquellos primeros años aún dejan con la boca abierta por su radicalismo y valentía creativas.

Nadie podía compararse a los diseñadores de la URSS
Quizá una de las áreas donde más notables fueron los logros de los creadores fue el cartelismo y, especialmente, el dedicado a la promoción de películas. Durante la década de los años veinte del siglo pasado, considerada como la edad de oro de los pósteres cinematográficos de la URSS, ningún diseñador gráfico del mundo podía compararse a los grandes artistas de la escuela de la todavía joven y optimista unión de repúblicas comunistas.
Para comprobarlo basta la exposición Kino/Film: Soviet Posters of the Silent Screen (Kino/Cine: carteles soviéticos para la pantalla muda), en cartel desde el 17 de enero al 29 de marzo, en la Galería de Arte y Diseño Rusos (GRAD en sus siglas en inglés) de Londres. La muestra, organizada al amparo del Año de la Cultura del Reino Unido y Rusia 2014, despliega un selecto conjunto de las obras maestras de los "nuevos y radicales" diseñadores gráficos soviéticos que se dedicaron a la cartelería cinematográfica en aquel tiempo de lucha social, experimentación y búsqueda de nuevos lenguajes.

 
Cuando los diseñadores gráficos de la URSS hacían los mejores carteles de cine del mundo
A mediados y finales de la década de los años veinte, el cine floreció en la URSS como una forma nueva de arte que, además, servía para transmitir propaganda y mensajes revolucionarios al público en un territorio amplísimo, difícil de abarcar y poblado por personas con un índice de analfabetismo altísimo (de al menos el 70%). El cine, dicen los organizadores de la exposición, "hacía juego con el ethos revolucionario de una generación emergente de artistas para quienes las bellas artes tradicionales eran consideradas como burguesas".
Por razones estratégicas, el nuevo gobierno soviético apoyó a la industria cinematográfica floreciente del país —"de todas las artes, el cine es para nosotros la más importante", había declarado Lenin nada más tomar el poder—. No sólo se produjeron largometrajes de gran coste presupuestario, entre ellos la que quizá es la película de propaganda más conocida de la historia, El acorazado Potemkin, de 1925, dirigida por Serguéi M. Eisenstein, sino que se organizó la distribución de películas extranjeras, incluidas las producciones de los EE UU, a través de una organización estatal, Sovkino.

Reclutando a jóvenes de talento
Bajo el paraguas de este comité de control, fue creado el departamento Reklam Film para controlar la producción de carteles de cine en toda la URSS. El responsable era el diseñador Yakov Ruklevsky (1884-1964), quien contrató a un gran número de artistas jóvenes y de gran talento, entre ellos los hermanos Stenberg , Vladimir (1899-1982) y Gueorgui (1900-1933), autores de imágenes de un acentuado dinamismo; Nikolay Prusakov (1900-1952), y el fértil Mikhail Dlugach (1893-1985), que diseñó él solo medio millar de carteles.
Hacían carteles para las pelis de los EE UU que mejoraban el original Este colectivo creo un "nuevo vocabulario visual para los carteles de cine" que fue usado tanto para las producciones soviéticas como para las extranjeras —hay casos, como el del póster de la película de Harold Lloyd El hombre mosca (Safety Last, 1923), donde el póster de la URSS supera con creces al cartel original—. El blanco y negro de las películas ayudaba a los cartelistas a tomarse todo tipo de licencias con los colores vivos para captar la esencia de cada película, a veces incluso sin haberla visto. La experimentación tipográficas y la potencia icónica del grupo, que usaba, como los cineastas, escorzos dramáticos y puntos de vista asimétricos, hacían el resto: los carteles de cine de la URSS son considerados los mejores de su época en todo el mundo. Algunas de las más de 30 piezas que se exhiben en Kino/Film: Soviet Posters of the Silent Screen se habían mostrado muy pocas veces fuera de Rusia.

500 aniversario de Trinidad: Emilio Ubieta, mi antepasado mambí

Enrique Ubieta Gómez
Con motivo del medio milenio de fundación de la ciudad de Trinidad, quiero rendir homenaje hoy a mi tío bisabuelo mambí, el comandante Emilio Ubieta, quien nació en esa ciudad del centro del país. Siendo niño emigró con su familia a Consolación del Sur, Pinar del Río, provincia de la que procede mi padre. Su hermano y también tío bisabuelo mío Enrique Ubieta sirvió por el contrario en el ejército español, como corresponsal de guerra. Fue y es más conocido porque sobrevivió a la guerra, permaneció en Cuba, y publicó los muy conocidos e imprescindibles cuatro tomos de las Efemérides de la revolución cubana, pero sobre todo porque salvó y conservó los documentos que llevaba consigo José Martí al caer en combate y los publicó. Este antepasado fue quien dio a conocer la famosa carta inconclusa de Martí a Mercado en la que afirmaba que "todo lo que había hecho" era para impedir que los Estados Unidos se extendieran sobre nuestras tierras de América. Soy sin embargo descendiente directo de un tercer hermano, Raimundo Ubieta, que es mi bisabuelo. Pero quiero rendir especial tributo a Emilio, con quien "la posteridad" ha sido injusta. Bravo guerrero por la independencia, Emilio murió en un acto desesperado, como consecuencia de las heridas recibidas en la batalla de Las Guásimas. "En aquella reñidísima acción –escribía Manuel Sanguily– las fuerzas de las Villas estaban a las órdenes de Maceo; pero Ubieta combatió a las inmediatas de [el coronel José] González, es decir, donde más peligro se corría, pues sabido es que aquel jefe fue el que más se distinguió por su arrojo e impavidez en la memorable jornada". Enrique fue sin embargo más conocido y venerado, porque entregó y sistematizó una documentación sin dudas vital para el conocimiento de la historia cubana, a pesar de que antes había servido a las fuerzas enemigas; Emilio, en cambio, entregó su vida por la independencia de la Patria y su temprana muerte lo hizo casi un desconocido para las generaciones posteriores de cubanos. Nadie más autorizado que Manuel Sanguily para contarnos de su vida y su muerte heroica.

jueves, 9 de enero de 2014

¿La Infanta Cristina es tonta y analfabeta?

Lucía Etxebarría / Unidad Cívica por la República.
Vengo de hablar con mi asesor fiscal, y le explico mi triste situación:
– Oye, verás, es que mi marido creó una sociedad y me puso a mí como administradora, y ahora le reclaman una pasta de Hacienda y me llaman a mí...
– Debería verlo, pero ya te advierto que sí, que te las vas a reclamar a ti. Este... ¿Tú has firmado las cuentas anuales?.
– Pues sí, yo firmaba todo lo que él me pasaba.
– Pues entonces lo siento, pero no puedo ayudarte en nada. Tienes que pagar ese dinero.
– Es que parece que ha evadido dinero y que lo puso en una cuenta fantasma en no sé qué paraíso fiscal.
– Eso es delito, ya te estás buscando un abogado, esto es muy serio, puedes acabar en la cárcel.
– Pero es que yo nunca miraba lo que él me daba, yo firmaba y punto, ¿no vale con que mi marido diga que yo no tenía ni idea?
– Ante la ley no, a no ser que tú puedas justificar que eres analfabeta o que no tienes estudios, y no es el caso. Ahora tú eres responsable, porque tú eres la administradora de la empresa.
– ¿De verdad me estás diciendo que no tengo salida?
– Enséñame primero toda la documentación, pero si la situación es como la describes, ya te digo que lo mejor es que te busques un abogado.
Y entonces le digo que le he hecho una pregunta trampa, que en realidad estoy a punto de escribir un artículo y que quiero entender por qué Cristina de Borbón no está imputada. Y entonces mi gestor, señor ultra conservador, votante del PP de toda la vida, me dice:
– Eso, querida, nadie lo entiende.
La Infanta Cristina  recibía  de Aizoon cada semana entre 600 y 700 euros por unos servicios que no se han llegado a detallar.
La hija del Rey cobraba de la inmobiliaria por la presentación de facturas como si fuera un proveedor más.
La Infanta, según el sumario, ganó en tres años a través de esta empresa no menos de 510.000 euros.
La Infanta tenía que saber que Aizoon no había alquilado ni vendido un piso en su vida.
Aparte, La Infanta Cristina recibía 72.000 euros del Rey y 250.000 de La Caixa en 2004.
La infanta Cristina es directora del Área Social de la Fundación La Caixa, entidad para la que se supone que trabaja, aunque viva en Guachintón y no acuda a oficina ninguna.
Según afirman la fiscalía, el abogado y su marido, la infanta Cristina sufre cierta disminución psíquica o, quizá es analfabeta. Porque una mujer que firmaba cuentas anuales y presentaba cada semana facturas de 600 euros firmadas por ella misma a una sociedad inmobiliaria que en la vida alquiló o vendió un piso, y no se dio cuenta de que era una tapadera fiscal,  no está, evidentemente, en pleno uso de sus capacidades. O quizá no sabe leer.
Si la infanta Cristina es disminuida psíquica o analfabeta – como afirman su marido, el abogado de su marido y la fiscalía anticorrupción – que alguien me explique a santo de qué es Directora del Área Social de la Caixa y por qué cobra 250.000 euros anuales por un trabajo que, está claro, no está en condiciones de realizar.
Según su abogado, y según su propia declaración, el cociente intelectual de Iñaki Urdangarín debe rondar los 70 puntos  dado que firmaba papeles que le incriminaban pero él no tenía ni idea de lo que firmaba. Y además, tiene un problema cognitivo muy serio porque no
recuerda prácticamente nada de lo que hizo hace dos años.
Por cierto, Iñaki es sordo, o eso alegó cuando se libró de la mili.
Si Iñaki Urdangarín es bobo y no tiene siquiera acabada la carrera de empresariales, aparte de tener un serio problema cognitivo, que alguien me explique por qué trabaja en Telefónica con un sueldo de 1,4 millones de euros anuales y por qué Telefónica le paga su mansión en Guachintón, los colegios de los niños y los viajes a España. O sea, en total, dos millones de euros anuales.
Si Iñaki Urdangarín es más corto el pelo de Sinéad O´Connor, como según él mismo se presenta, y tiene un serio problema cognitivo de ubicación en el espacio tiempo, no me explico por qué se le pudieron conceder 17 MILLONES DE EUROS del erario público por la cara sin
necesidad de que se presentara a Concurso Público alguno.
Y en fin, si Iñaki Urdangarín ha reconocido el propio Rey le pidió a César Alierta en su momento que alejara a su yerno de España y del escándalo que se avecinaba, nos está diciendo que tanto el Rey como el Presidente de Telefónica son culpables de haber encubierto un delito.
...............
El argumento de " nos sale más barato tener Familia Real que un presidente de la República" no se sostiene dado que el mantenimiento de la tal Familia nos sale a todos los españoles por un pico:
Los Presupuestos detallan un gasto de 25 millones, pero mantienen en secreto las partidas que pagan los Ministerios de Hacienda, Interior y Defensa. A ello hay que sumar 34 millones para conservación de palacios y jardines.
(Por cierto: se consumieron en el ejercicio 2010-2011 unos 8,5 millones de kilovatios por hora de electricidad y otros 27 millones de gas, así como 0,2 millones de litros de agua. Se recibieron unas 700.000 llamadas telefónicas y se ingresaron hasta 1,8 millones de euros por la venta de un helicóptero que estaba en leasing.
Se gastaron  unos 120.000 euros en limpiar candelabros, otros 16.800 en instalar un sistema para proteger las botellas de vino de las bodegas de palacio y otros 550.000 en una sala privada de cine... Para que os hagáis una idea )
Pero incluso si se sostuviera ese argumento de " La Monarquía nos sale muy barata" ( que no se sostiene por parte alguna)...Díganme ustedes si es moral que tengamos que mantener los dispendios de unos señores entre todos solo porque nacieron en un sitio y no en otro...
– Cuando tenemos un Rey que por lo visto encubre delitos y cuya fortuna de 1.790 millones de euros nos resulta cuanto menos sospechosa dado que siempre nos han contado que la familia española carecía de recursos económicos propios, que durante el exilio sobrevivieron gracias a la ayuda de las familias monárquicas y que tras la coronación de Juan Carlos I, los Borbones se mantenían con fondos del erario público y eran un ejemplo de austeridad en comparación con otras casas reales.
– Cuando la hija mayor , Elena, cae mal a todo el mundo, es famosa por su mala leche y no nos representa en ninguna parte.
– Cuando su hija menor, Cristina, según nos cuenta su propio marido, el abogado y la Fiscalía Anticorrupción, ronda el cociente intelectual de una niña de dos años, dado que ni siquiera es capaz de leer lo que firma, y se ha casado con un señor que se reconoce a sí mismo también como un débil mental, a quien le engañan con un dos de pipas.
– Cuando su hijo el Príncipe ni cae ni bien ni mal sino todo lo contrario, pero fama de listo no tiene precisamente.
– Y cuando resulta que la única que cae bien de la Familia ( pero que no lleva sangre de la familia) parece que lleva tiempo enferma, pero nadie nos lo quiere confirmar.
– Y cuando nos han dejado claro que por ser quienes son les colocan en puestos para los que no están ni de lejos capacitados, y les regalan dinero del erario público en cantidades bochornosas sin que tengan que pasar por concurso público ninguno (La Infanta Elena cobra 200.000 euros anuales por "integrar laboralmente a personas discapacitadas y niños con problemas de exclusión". ¿No habrá personas con más formación y con salarios más económicos para este empleo? ¿Qué sabrá la infanta de integrar laboralmente a personas discapacitadas que no sean miembros de la realeza? )
O sea, que les tenemos que mantener porque tienen unas niñas muy monas que quedan muy bien en las fotos. Y no porque nos salgan más baratos que una República, porque resulta que nos salen carísimos. Pues resulta que yo tengo una niña preciosa y fotogénica y mis impuestos al día. Dado lo cual, me postulo para Reina, Princesa o Infanta ya mismo.
Y todavía no he acabado la diatriba, que conste...
Lista de las facturas personales que constan en el sumario del caso Noos o...

EN ESTO SE GASTA LA INFANTA LOS IMPUESTOS DE LOS ESPAÑOLES.
– gastos de los móviles de la familia . 16.000 euros en cinco años (llamaban a Pekín cada tarde o qué)
– alquileres de coches- 48.000 euros
– catering de comida japonesa para una fiesta 5.000 euros
– acondicionamiento de la bodega del palacete de Pedralbes 30.000 euros, compras de partidas de vino de Baigorri (6.500)
– más de 6.000 euros por estancias en hoteles de Roma, África y Estados Unidos; – - 2.114 euros de vuelos entre Minneapolis y Baltimore;
– una vajilla de 1.741 euros y compras personales de la propia Cristina de Borbón y no sigo con toda la lista porque el sumario tiene 4.000 folios.
Todo esto, claro, pagado con dinero público, y no precisamente el dinero que España paga al Rey "para el mantenimiento de su casa y su familia".