Arturo López-Levy: Enrique Ubieta, voy a aprovechar que Ud. me menciona para atender lo que Ud. llama posiciones ideológicas que le quedan “claras” y desgranar lo que son acusaciones suyas de las que acepto. Lo hago porque la táctica que han usado contra Carlos Alzugaray es construir una equivalencia entre mi posición socialdemócrata y el anexionismo para después mancharlo a el por carambola de lo mismo o de una ingenuidad. No me he comunicado con Carlos por privado ni una sola vez, porque lo que no han entendido ustedes es su integridad, y que los ingenuos son los que han subestimado su capacidad de análisis y carácter. Trate de responder su artículo con un comentario en Cubadebate pero el sectarismo ha convertido esa plataforma en un feudo de facción, no en espacio martiano de conversación en Cuba como casa de todos los hijos que la quieren. Para eso es necesario distinguir entre la oposición leal y la apostasía, pero eso exige un pensamiento sofisticado del que el maniqueísmo que Ud. ha adoptado, no creo que piense asi desde su capacidad, se lo impide.
Mi artículo en Cuba Posible no quitó máscara alguna, mi preferencia por el socialismo democrático es harto conocida. Desde hace mucho tiempo Iroel Sánchez venía denunciándola, y cuando pregunté en la embajada cubana en Washington en una visita del grupo Cuban Americans for Engagement – CAFE, se nos dijo que esa era posición personal del señor Sánchez, y que no había orientación de cortar el diálogo con nosotros. De sus acusaciones de anexionismo, autonomismo, plattismo, y la del señor Gómez de anticomunismo, uds. no han demostrado nada con la campañita anticentrista. Ni siquiera estableces un criterio para definir de lo que me acusas. Empezaron por hablar de plumas vendidas, y no han logrado demostrar que hubiese recibido un centavo de nada vinculado a la política de bloqueo/embargo ni de fondo alguno vinculado a la ley Helms. Ni lo vas a demostrar porque es mentira. Ahora dices que ser pluma vendida o no, es irrelevante y que soy su enemigo por querer “retornar” a Cuba al capitalismo dependiente del imperialismo. ¿Cómo y cuando has demostrado eso si siempre he puesto la soberanía cubana como mi criterio de definición. Por fin ¿Cuál es el criterio legal o político para acusar a alguien de trabajar a favor de una potencia extranjera si no recibe ni orientaciones ni dinero? Explícalo.
Evitas atender los puntos donde la polémica descansa. Sigues sin poder demostrar conexión histórica o política entre el anexionismo y el autonomismo, que son corrientes hoy muy marginales o el plattismo con una postura nacionalista y socialdemócrata. No atiendes siquiera la pregunta sobre los términos de la polémica, si historia o política. Nunca dije que había que renunciar a la historia de la revolución, ni a Martí ni a Fidel, escribí que el centro de la discusión debía definirse a partir de mirar los problemas concretos del país, y buscarle solución sin anteojeras ideológicas, no de interpretar que hubiesen hecho Fidel o Martí según lo que era su experiencia en otros tiempos. Lo sigo pensando. En Cuba, además de su obsesión con el “centrismo” hay muchos problemas que Uds. que denuncian tanto no tienen espacio ni tiempo para denunciar. Mientras se pudren los mangos por mala gestión y el pueblo no se puede comer una modesta mermelada, los abusos al consumidor son mayores que en una economía de mercado. No son los socialdemócratas abogando por un mercado regulado, los que dejaron podrir los mangos, son Uds. con las concepciones caducas de estatismo y acopio los que no han tenido la flexibilidad de adoptar soluciones a un problema como ese que no es tan complicado.
Con la etiqueta de centristas andan atacando posiciones de izquierda moderada de cubanos que han sacado el tiempo de su trabajo, y su propio dinero, para abogar por una nueva política de EE.UU hacia Cuba, y que han pedido a veces más que muchos de los intelectuales que de Cuba vienen a acá, el respeto por la soberanía de Cuba tal y como la entiende el derecho internacional y con todas las prerrogativas al país y al estado nacional asociadas a ese estatus. Esa es la definición de patriotismo que desglosé en el artículo. Puede estar mal pero si tienes una mejor proponla y la debatimos en su mérito. Lo que es una treta es que evites el punto donde la polémica descansa (la definición de patriotismo) con un criterio implícito que equipara comunismo con esa identidad. Ni en tu libro Ensayos de identidad partes de esa premisa. Nunca me he negado a cooperar en la lucha contra el bloqueo/embargo con quien sea, sea o no comunista. Siempre desde la claridad de lo que es cada cual, y que la mayor legitimidad se alcanza no en virtud de preferencias ideológicas sino de la acción concreta. Vuelvan tu, Elier Ramírez Cañedo y Gómez a leer la carta contra el pacto de Miami y vean a Fidel Castro decir que la unidad se hace en la acción concreta no en etiquetas ni definiciones abstractas. En ninguna parte del mundo se entiende por patriotismo ser comunista o aceptar el unipartidismo comunista a perpetuidad. Eso es una pillería de ustedes para poner la coyunda política de una lealtad a sus propuestas sin persuadir ni reconocer la diversidad que es lo natural, un concepto que por tus ensayos sé que sabes es central a Martí y la política que postula. En mi artículo para Cuba Posible lo traté e insisto en tratarlo como el intelectual que es, no el agitador propagandista que en Cubadebate insiste en ser.
He ido a Temas cuando me ha invitado Rafael Hernández y lo seguiré haciendo si se me vuelve a invitar pero ni Ud. ni nadie va a dictar su propio concepto de patriotismo asociándolo a tus preferencias ideológicas ni va a dictar cuándo ni dónde puedo hablar sobre Cuba. ¿Cuáles son los espacios apropiados? ¿Acaso aquellos donde su capilla aplica el concepto sectario de patriotismo como equivalente a comunismo impidiendo la ponencia de posiciones que uds no aprueban? Elier Ramírez y yo, por mi invitación, compartimos dos paneles en las conferencias de LASA, abiertos a personas de la más diversa posición política. ¿Por qué no tener este mismo debate que estamos teniendo en Dialogar Dialogar? Coordinemos y me pago mi pasaje a la Habana con gusto. Mil criticas se le pueden hacer y le he hecho a Cuba Posible pero sectaria no ha sido.
El más bajo nivel de complejidad de
una polémica es sobre hechos. Compórtese con la altura ética del José Martí que
tanto evocamos los dos. La frase “la moderación probada del espíritu de Cuba”
como criterio de orden no es una manipulación mía- como me acusa. La cite del
Manifiesto de Montecristi. ¿Sabe quien me llamó la atención sobre ella? Un gran
patriota cubano que no era comunista, el padre Carlos Manuel de Céspedes que la
usaba a menudo. Discutámosla entre cubanos. Como citó el embajador Carlos
Alzugaray en frase que incomodó al señor Arnold August, la opinión del Apostol
sobre la conveniencia para Cuba de procurar una buena relación con EE.UU es
textual. Si el mismo que escribió la carta a Manuel Mercado no tenía esa
preferencia por lo contencioso que es típica del político extremista que es lo
opuesto de moderado. Radical es ir a la raíz y también ver los matices de los
problemas. La misión ética de Marti era curar. Si levanto hombres contra
hombres lo hizo como ultimo remedio de la dignidad plena de los cubanos para
una independencia republicana con separación y balance de poderes.
Tanto que citan a Gramsci y parecen
no entender la diferencia entre dominación y hegemonía. La segunda puede
lograrse dentro de un espectro que va de la coacción al consenso. Un orden
mundial donde Estados Unidos trate de persuadir a Cuba a retornar a un
capitalismo que no le convenga, le ofrece a Cuba la posibilidad de no ser
persuadida, y diseñar su propia respuesta. Esa respuesta no es necesariamente
andar “oyendo voces” como Juana de Arco de una batalla contra EE.UU. para la
siguiente. Se trataría de hacerlo cuando nos convenga en ese nuevo contexto o
se trate de políticas de dominación que a diferencia de la hegemonía implican
coacción y control y por tanto dejación de soberanía, algo que siempre he
considerado inaceptable. Por eso he abogado por un multipartidismo acotado, sin
derogar la ley 88, y con normas legales establecidas contra la intervención del
dinero extranjero u otra injerencia en política nacional. Termino con una
exhortación sencilla. Ud. afirmo que yo había criticado al bloqueo solo por
ineficaz. A solo dos semanas antes de su acusación infundada, en onCuba
publique este artículo que atiende exactamente lo que denuncia sin base. Aquí
le pongo el artículo en la esperanza martiana de que tenga el civismo de
reconocer que juzgo mal. Se trata sencillamente de establecer un hecho? He
criticado al bloqueo por ilegal e inmoral ¿o no? Lea el artículo y diga: http://oncubamagazine.com/.../los-derechos-humanos-como.../
Enrique
Ubieta Gómez:
Arturo López-Levy, le pido que no hable en plural. Cada autor implicado en esta
polémica, al menos aquellos que defienden posiciones cercanas a las mías, tiene
sus propias ideas y las expone libremente. No he usado ninguna táctica contra
Carlos Alzugaray, sencillamente porque no he escrito una sola palabra sobre él.
De nada lo acuso a usted, ese término no está en mi vocabulario. Simplemente
constato. En todo caso, no podría acusarlo de tener “malas intenciones” –como
innumerables foristas han hecho con respecto a mi persona–; mi preocupación
radica en las consecuencias de su prédica. No soy diplomático ni empresario. En
toda sociedad, esas dos son funciones que no suelen mezclarse con temas
ideológicos –aunque representen determinadas posiciones–, es suficiente con que
la contraparte sea honesta. Encuentro bien que usted sea recibido en la
embajada, y también en Cuba. Pero si participa en una plataforma que se propone
construir tendencias ideológicas contrarias al rumbo libremente adoptado por
los ciudadanos del país, ese si es un tema que nos concierne a todos. El
restablecimiento de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba es bienvenido,
pero no bajo el supuesto de que Cuba deba cambiar su sistema social. Eso no
está ni en el espíritu ni en la letra de las numerosas intervenciones de
nuestro Presidente.
Pero insisto en esto: no he acusado
a nadie en particular de estar vendido a nada ni a nadie. Si alguien lo
estuviera –descubrirlo no es mi trabajo–, quedaría de inmediato descalificado.
Desconozco si usted lo está. Dije y repito que discuto ideas, y ciertamente,
todo aquel que intente hacer que Cuba regrese al capitalismo es mi enemigo. Los
apellidos que le pone, “dependiente del imperialismo”, no se asocian
necesariamente a una malvada intención suya. Es decir, no se trata de que usted
trabaje para una potencia extranjera, al menos conscientemente, el problema es
más complejo: el capitalismo en Cuba no podría existir de otra manera.
Abandonemos por un instante la
descripción histórica de las características del autonomismo y del anexionismo.
Las visiones reformista y revolucionaria, tal como las veo, nada tienen que ver
con el uso o no de la violencia; no es un problema de estrategia de lucha, sino
de radicalidad en la comprensión y en la solución del estado a superar.
Comprendamos que son corrientes reformistas de pensamiento que se articulan
desde el nacionalismo burgués. Es a partir de esta definición y de sus
consecuencias prácticas que aparece la conexión histórica. El nacionalismo
burgués (esencialmente reformista), más allá de sus intenciones, solo puede
proyectar un país dependiente.
Todos miramos el mundo desde
determinada ideología. No existe posibilidad alguna de que desideologicemos
nuestras miradas. Toda desideologización es una reideologización. Pero la
ideología revolucionaria adquiere su sentido en la solución de los problemas de
las mayorías subordinadas, de los más humildes. Con los pobres de la Tierra,
quiero yo mi suerte echar, es una declaración martiana de principios. Ya lo he
escrito con anterioridad: no se es revolucionario porque se sea marxista, sino
porque se sirve a los pobres, a los humildes, a los frágiles. Esa es la
ideología revolucionaria. El marxismo en todo caso es un instrumento para ese
servicio, y si en algún momento la teoría falla, si las ideas se revelan
incompletas o el mundo se mueve de lugar, la prioridad sigue siendo salvar,
defender a los más necesitados, a los humildes, a los frágiles, a las personas
concretas. Discutir sobre temas ideológicos, desde estos presupuestos, no es
darle la espalda a los problemas cotidianos. Algunos quieren impedir el debate
ideológico con la excusa de que debemos hablar solo de los problemas
cotidianos, para introducir subrepticiamente otras ideologías que no buscan la
justicia social.
Pero, ¿qué significa poner a un
lado la historia y la ideología para buscarle solución a los problemas
concretos del país? No existe comprensión de fenómeno alguno sin el
conocimiento de su historia. No podemos saber lo que harían Fidel y Martí ante
cada nuevo problema, pero saber lo que hicieron ante problemas análogos es un
privilegio histórico que tenemos los cubanos. No se trata de otorgar a una
ideología la representación de una identidad nacional. Usted puede querer
entrañablemente a su país como espacio físico, porque en él transcurrió su
infancia, su primera juventud, tuvo amores, esperanzas, sueños, vivió momentos
que marcaron su existencia; puede llevar con orgullo las señas físicas de esa
identidad: una manera de hablar español, de mover las manos, de caminar; puede
exhibir gustos musicales o culinarios afines a los de esa comunidad y disfrutar
del béisbol o jugar cada tarde dominó. Todo ello, aún cuando sean estereotipos,
delinea su cubanidad. Los puertorriqueños lo saben: aman su bandera, su equipo
de béisbol o de basquet, su caribeña manera de ser y sentir, su lengua, su
música. Pero carecen de un Estado que los represente.
El problema es que el patriotismo
implica algo más: la construcción de un proyecto de Nación. Martí estaba en
Guatemala cuando el Gobierno colonial español –después de la firma del Pacto
del Zanjón– ofreció la amnistía política a todos los emigrados y en carta a un
amigo rechazó la idea de que su Patria estuviese en Cuba, es decir, en aquella
Cuba sometida: su Patria iba con él, estaba en él, no era “la tierra que pisan
nuestras plantas”, era un proyecto de Nación. Ese proyecto, en época de Martí
ya aspiraba a diferenciarse del que existía en los Estados Unidos y en los
restantes países latinoamericanos, la frase “con todos para el bien de todos”,
nunca significó “con los injustos y con los justos”, porque sería un
contrasentido. Los que pretenden en pleno siglo XXI que el proyecto nacional se
sustente en el abrazo de los explotadores y de los explotados, falsifican el
legado martiano. No habrá Patria –justa, equitativa, soberana, democrática–
capitalista; la única posibilidad que tiene una pequeña nación como la nuestra
de sostener su soberanía, de defender la justicia social e individual de sus
ciudadanos, estriba en la defensa del socialismo.
Martí, como Fidel, fue político e
ideólogo (que son condiciones que rara vez coinciden en una misma persona). Fue
sobre todo un fundador. Combatió el autonomismo –y el positivismo cientificista
típico de los autonomistas– y el anexionismo, pero trató de conquistar para la
Revolución, como Fidel, a personas concretas. Cada vez que atisbaba esa
posibilidad, tendía su mano. Así pudo rescatar para el independentismo a
Enrique José Varona. No pudo sin embargo hacer lo mismo con el anexionista José
Ignacio Rodríguez. Las palabras de Martí fueron en muchas ocasiones moderadas,
conciliadoras; no lo fueron sus ideas ni sus actos. Martí fue el pensador más
radical de la segunda mitad del siglo XIX en las Américas. Preparó sí, contra
su naturaleza poética, la guerra necesaria, no porque la prefiriese (eso no
determina la condición del revolucionario) sino porque era imprescindible; fue
en eso, como en todo, más realista que los que se declaraban pragmáticos y
realistas: el autonomismo nunca pudo realizarse. El independentismo, sí. Martí
procuraba la convivencia civilizada con su vecino más poderoso, precisamente
porque comprendía la naturaleza expansionista y corruptora de su sistema de
vida. Una convivencia basada en el respeto –ganado en el ejercicio de sus
derechos–, y no en relaciones de dependencia.
Es loable que emplee su tiempo y su
dinero en la defensa de Cuba, de su soberanía, tal y como lo entiende el
derecho internacional. Sé que el lugar de residencia no determina el grado de
patriotismo. Y si usted se opone al bloqueo por su crueldad y no por su
ineficiencia política para el cambio de sistema, opóngase también a cualquier
intento de cambiar el rumbo socialista que libremente eligió su pueblo. No
objeto sus sentimientos patrióticos, pero advierto que su punto de mira, al
eludir la experiencia histórica del capitalismo internacional, es extemporáneo;
en especial para un país que hizo su Revolución socialista, emancipadora, hace
casi seis décadas. Cuando los jóvenes me preguntan por qué deberían defender el
socialismo, no les hablo de las conquistas alcanzadas, las que debemos
conservar, les digo sencillamente: si queremos solucionar todas aquellas
deficiencias que arrastramos, habrá que conservar el socialismo. Eso quiere
decir que ese socialismo es imperfecto, y también que es perfectible.
La democracia burguesa no es la
Democracia. Mire a su alrededor. El socialismo democrático no es el
socialdemócrata, es el revolucionario. Por eso, tratamos de perfeccionarlo y lo
describimos en nuestros documentos rectores como independiente, soberano,
socialista, democrático, próspero y sostenible. Espacios apropiados hay muchos
y no tendría reparos en discutir con usted en cualquiera de ellos. No lo haría,
desde luego, en plataformas que han sido construidas con un claro perfil
editorial subversivo, como Cuba Posible. Eso fue lo que escribí a propósito del
comentario de Alzugaray. Ni siquiera hablé de dinero enemigo. Me parece bien
que Iroel haya compartido la mesa en un debate de ideas con él, pero la
salvedad es pertinente.














