lunes, 20 de julio de 2009

Noticia para amigos y enemigos

Acabo de regresar del acto de defensa de la tesis doctoral de Eliades Acosta Matos. Los oponentes fueron los doctores Esteban Morales y Antonio Aja. Excelente disertación, buenas preguntas y agudas respuestas. Tema: el movimiento neoconservador norteamericano. Lugar: Salón Frío de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana. Aprobado por unanimidad de los miembros del tribunal (que no suele ser unánime en estos casos). Eliades será en lo adelante --luego del trámite burocrático que debe ratificar la decisión de este tribunal--, doctor en ciencias políticas. En realidad, ni él ni yo creemos en títulos académicos --hay muchos titulados inútiles en el mundo, y muchos útiles doctores sin título--, pero él formaba parte del segundo grupo, y por eso está bien que reciba el grado que le corresponde. Felicidades.
P.D. El primer agradecimiento de sus palabras finales, a Fidel y a la Revolución cubana. El título lo dedica a su compañera sentimental y a su padre, recientemente fallecido.

domingo, 19 de julio de 2009

OPINIÓN GRÁFICA EN JR (2)

MICHAEL JACKSON GO NEVERLAND
Autor: Joseph Ros
(colaborador habitual de La Ubre, sección de dibujo humorístico
de La Calle del Medio)

OTRO GOLPE A LOS POBRES


Saul Landau
Entre interminable “noticias” de las “pobres” víctimas del malvado estafador Bernie Madoff --¿le hubiera importado a alguien que algunas gentes hubieran derrochado $65 mil millones tratando de hacerse más ricos en Las Vegas?--, un alarmante titular de The New York Times del 5 de julio informa: “La Red de Seguridad se desgasta para los muy pobres”.
En el artículo de Erik Eckholm leemos que el paquete de estímulo de Obama ha amortiguado el impacto de la recesión para muchos de los pobres que trabajan, pero los más necesitados se han vuelto más miserables. Los estimados de los que carecen de vivienda, empleo y toda manutención básica llegan a los 3,5 millones.
Mientras que estafados por Madoff como Elie Wiesel se quejan constantemente de los millones perdidos por él y su organización de beneficencia, The Los Angeles Times reportaba que “funcionarios en el Centro Médico Presbiteriano de Hollywood, Kaiser Permanente de Los Ángeles Oeste y el Centro Médico Martin Luther King Jr./Drew habían dado de alta a pacientes, los habían puesto en taxis y los habían tirado a la calle en barrios bajos”. Los funcionarios de los hospitales argumentaron que solo el área más miserable del Sur de California tiene “una concentración de servicios sociales para los pacientes, incluyendo refugios para los sin casa y para programas de drogas y alcohol” (7 de abril de 2009.)
Noticias ABC transmitió un video de Carol Ann Reyes, de 63 años, “metida en un taxi por personal del Hospital Kaiser Permanente y botada en los barrios bajos, vestida tan solo con una bata de hospital y calcetines”. Regina Chambers, quien trabaja en la Misión de Rescate Unión, dijo que Reyes “estaba muy desorientada. Ella no sabía dónde estaba ni lo que hacía”.
Marveil Williams, otra de las víctimas, informó a ABC: “Me dijeron que tenía que marcharme del hospital y buscar dónde quedarme”. El reportero escribió: “Con los ojos y la cabeza aún inflamados, a Williams la tiraron a la puerta de la Misión de Rescate Unión en los barrios bajos”.
Otros hospitales del área también alejados del centro utilizaron prácticas similares. Funcionarios de la policía se quejaron de que “la práctica empeora las condiciones ya deprimentes de los barrios bajos. También cuestionaron el argumento de los hospitales de que los pacientes llevados a los barrios bajos estaban de alta” (24 de marzo de 2006).
Los administradores de hospitales insistieron en que expulsar a personas indigentes garantiza “los mejores intereses de los pacientes, porque los barrios bajos representan su mejor oportunidad de recibir los servicios de seguimiento que necesitan --así como alojamiento--, una vez que son dados de alta”. Mehera Christian, director de asuntos públicos de Kaiser Permanente de Los Angeles Metropolitano, cuyo hospital está a ocho millas al oeste del centro de la ciudad, dijo: “Hay muy pocos lugares en la comunidad para ayudar a nuestros sin casa” (L. A. Times, 7 de abril de 2009).
Desde noviembre pasado, el número de gente sin hogar ha crecido en California, mientras que el estado continúa reduciendo los beneficios y servicios a los pobres. En mayo, la Sra. A, una afro-norteamericana, se quejó a su trabajadora social de que había recibido $154 dólares menos en su cheque mensual de desempleo --lo que la dejó con $436 al mes. El alquiler era de $300. Ella había comenzado a “trabajar la calle” a los 12 años. Su abuela finalmente la recogió y pudo terminar la secundaria, casarse, tener hijos y trabajar en una serie de empleos sin calificación. Luego, ocho años más tarde, su novio le pegó fuego en un ataque de resentimiento, dejándola incapacitada para trabajar.
“¿Qué se suponía que yo hiciera si una mujer me llama a casa y me dice que es su esposa? Él lo admite y yo le digo que se marche y él se enfurece y me droga, y mientras yo estaba inconsciente me empapó en líquido para encendedores y me prendió fuego. Esa mierda puede despertarlo a uno”.
La Sra. A gana “dinero para el bus” por medio del reciclaje. Las cicatrices de las quemaduras son visibles en sus brazos y le cubren el torso. Pasa el día yendo a comedores de beneficencia repletos para obtener suficiente comida y visitar a su nuevo “novio” en un hogar de rehabilitación financiado por el estado, donde se recupera de una apoplejía. “No se puede hacer mucha vida social con $136 al mes”, dice con una sonrisa.
J., blanca y de 36 años, comienza el día inyectándose dos gramos de heroína “solo para ponerse bien”. Ella dice que quiere pasar a metadona y dejar la heroína, pero nunca le funciona. Todo comenzó hace 20 años, recuerda, cuando un proxeneta fingió que la amaba para engancharla y ponerla a trabajar. Una vez que se habituó, tuvo que trabajar para costear su uso diario, que ahora es de $200 dólares. Los gana brindado sexo oral y robando en tiendas. “Te robas una caja de detergente, encuentras un comprobante de venta en la acera o en la basura que concuerde con el precio de venta y la tienda te devuelve el dinero”, explica ella. “Después de varias horas dedicada a esto y un par de mamadas, tiene lo suficiente para comprar la droga”, dice una persona que la trata en una clínica gratuita.
Recientemente J. conoció a un conductor de autobús que le prometió pagarle $12 al día para que compre metadona. “Él realmente simpatiza conmigo. Quiere hacer negocios conmigo. ¿Sabe? Yo podría hacer arte gráfico”. Ella repite esta quimera de un hombre que “me salvará, me cuidará, me hará dejar la droga”.
Los abscesos de 20 años de inyecciones diarias le han dejado los brazos llenos de cavernosas cicatrices. Ella se aferra al sueño de que alguien llegará para salvarla. Pero carece de fuerza de voluntad para ir a la clínica de metadona y rescatarse ella misma.
Nan, una antigua profesora de escuela secundaria, sufre de síndrome de estrés post-traumático. Una estudiante la atacó con un cuchillo, pero no llegó a herirla. El incidente y los subsiguientes problemas mentales y emocionales la hicieron renunciar a la enseñanza. Recibió pagos de invalidez y luego obtuvo empleo en una panadería. Pero tuvo problemas con su jefe y también tuvo que abandonar ese empleo. De nuevo recibiendo compensación de desempleo, no le alcanzaba para pagar el alquiler de su apartamento. El pasado noviembre se quedó sin vivienda y ahora vive en un lugar apartado de las colinas de Oakland con su perro. Aún tiene acceso a una trabajadora social y a alguna ayuda psicológica, pero los presupuestos para estos programas están desapareciendo. Ella no tiene esperanza de conseguir un techo, especialmente con su único amigo, el perro. De maestra a mujer sin casa sin perspectivas visibles.
La gente que perdió millones o centenares de miles especulando con Madoff han generado la atención de los medios, lo cual no hubiera sucedido si pierden su dinero en un casino de Las Vegas. Los verdaderamente pobres siguen siendo marginales en todos los aspectos de la conciencia. Los vemos en calles del centro, pidiendo limosna, hablando consigo mismo, durmiendo o simplemente mirando al vacío.
En 1997 mi esposa y yo detuvimos nuestro auto en la Avenida Nebraska en el noroeste de Washington, D.C. Salíamos de la ciudad. Un hombre de unos treintitantos años estaba acostado en la acera y gemía. “Me caí. No pude seguir caminando”, dijo a mi esposa que es enfermera. Lo ayudamos a sentarse. Acababa de ser dado de alta del Hospital General del D.C., a pesar de que sufría de pancreatitis aguda. “Yo era abogado en ejercicio y dejé que me dominara la botella”, explicó durante los siguientes minutos. “Así que ahora estoy desempleado, no tengo casa ni familia, y los hospitales no mantienen a la gente más de un día”. Le dimos $20, paramos un taxi y le pedimos al conductor que lo llevara al refugio de los sin casa.
La mayoría de nosotros no quiere admitir lo evidente: sin la ayuda de Dios --o de la legislatura estatal-- esto podría pasarle a cualquiera. En respuesta a la recesión, la gente que se siente absolutamente segura de la gracia de Dios, miembros de las legislaturas estatales en casi la mitad de los estados han cortado de manera drástica los programas para los impedidos y los de la tercera edad, y han reducido también el presupuesto de las escuelas públicas. Los estados se encuentran endeudados en decenas de miles de millones.
En la década de 1960, California construyó universidades públicas, expandió los parques estatales e hizo más accesibles las bibliotecas. Pero los ricos no usan la educación, servicios de salud o transportación públicos, y tienen parques en sus propiedades.
La reducción de impuestos --mantra de la derecha--significa menos dinero para los servicios públicos. También significa más gente sin casa, más desempleados, más gente desesperanzada.
Es curioso los pocos miembros el Congreso que titubean antes de votar a favor de $800 mil millones para un sistema de guerra --perdonen, de defensa, que no nos defiende-- y guerras lejanas sin esperanzas. Sin embargo, los miserables de nuestro país, ni siquiera despiertan un poco de simpatía de parte de los periódicos --en comparación con los estafados por el inicuo de Madoff.

HONDURAS: El miedo a una palabra de dos letras


Helen Umaña
(reflexión de una intelectual hondureña)
El 28 de junio venía de Guatemala con el único y exclusivo propósito de votar a favor de la cuarta urna. Veía, en ésta, la posibilidad concreta de un cambio hacia senderos de beneficio colectivo. Era el camino para modificar, con el consenso de todos los partidos políticos y de una amplia difusión y discusión (a través de los medios de comunicación, foros, comentarios, etc.), una Constitución cuyas lagunas son evidentes. La ciencia dice que nada es estático y que todo lo hecho por el ser humano es susceptible de perfeccionarse. Manejar que la cuarta urna lo que pretendía era la reelección de Mel ha sido la distorsión más grande en la historia política del país. La hipotética Constitución se redactaría ya cuando Mel hubiese dejado de ser presidente. Su elaboración estaría, pues, en manos de diputados elegidos por quienes se acercasen a votar. De ahí que la propuesta de la cuarta urna prendiese, con tanto entusiasmo, en la voluntad de los sectores históricamente marginados: campesinos, obreros, grupos étnicos. Por esa razón, cuando en el bus que me traía de Guatemala me enteré del golpe de Estado, el impacto emocional fue intenso. En esencia, abortar, con alevosía, la semilla de lo que pudo ser un encaminar al país por senderos de equidad y justicia. Darle un golpe de muerte a la posibilidad de un sueño factible: la construcción de una sociedad en donde, no como varita mágica sino como proceso de ardua construcción, se empezasen a solventar las necesidades más urgentes de comida, salud, educación y vivienda para la mayoría. Mel había dado el primer paso. Impedírselo, con el golpe de Estado, fue como abrir la puerta para llevar al país a una espiral de violencia cuyas consecuencias ya se empiezan a sentir: secuestros, asesinatos políticos y persecución a los disidentes. Una realidad que ya se ha instalado en el horizonte de la patria. Al amparo de la nocturnidad y la falta de energía eléctrica, la captura del artista de la caricatura Allan MacDonald (con todo y su hija de diecisiete meses); los asesinatos de Isis Obed Murillo (en el aeropuerto de Toncontín) y de Róger Ivan Bados González y Ramón García, miembros del partido Unificación Democrática (UD) son ominosas señales del abismo hacia el cual Honduras se encamina. A menos que prevalezca la sensatez (que pasa necesariamente por el restablecimiento del Estado de derecho), no es aventurado vaticinar que se está a las puertas de una vorágine social sin precedentes: la reactivación de la tenebrosa Doctrina de la Seguridad Nacional y, como lógica respuesta, la adopción de formas de lucha que llevan consigo incalculables cuotas de dolor y sangre. Una factura que, a la postre, pagará la sociedad en su conjunto. Al respecto, la historia de la humanidad es un espejo en el cual los sectores dominantes del país -por su inveterada miopía- todavía no se han visualizado.La pesadilla que se repite. El protagonismo de las botas. Las imágenes de los militares apuntando, en posición de combate, a humildes mujeres, a jóvenes imberbes y a personas desarmadas son devastadoras. En Toncontín., el sonido de las balas. El huir alocado de la gente. El ulular de la ambulancia. El cuerpo frágil sostenido por manos solidarias... Un revivir la estela de sangre y terror que han dejado en Latinoamérica los ejércitos nacionales. Ratificar que el monstruo sigue vivo, agazapado, listo a dar el salto y el zarpazo cuando los grandes consorcios internacionales y sus socios nacionales así lo indiquen. Desde siempre, el brazo armado del poder económico. Y, en niveles de alta graduación, ellos mismos convertidos en poder económico que actúa en defensa de sus intereses.El contubernio iglesias-poder político. Es indignante el espectáculo de los pastores evangélicos y de la alta jerarquía católica encabezando y bendiciendo las marchas de la oligarquía. Con falaces mensajes bíblicos, violentando las conciencias para llevarlas a la posición política que les permitirá seguir medrando a la sombra de sus iglesias, no casas de oración, sino auténticos emporios económicos. Complementado, todo, con otro bochornoso espectáculo: en un Estado constitucionalmente laico, los «honorables» diputados y sus testigos de honor (Custodio, Aguilar Paz, Leitzelar, Mauricio Villeda, Irma Acosta de Fortín) agarrándose las manos e inclinando la cabeza, pronunciando una oración en el momento mismo en que, enarbolando una falsa carta de renuncia, ratificaban su traición y consumaban el golpe de Estado.La guerra mediática. En los meses precedentes al golpe de Estado, la oposición a Mel Zelaya llegó a niveles jamás vistos. Quizá, en ninguna parte del mundo, un periodismo como el hondureño. Especialistas en sesgar y manipular la información. Todos los días mintiendo flagrantemente. Conductores de programas radiales y televisivos moviendo la noticia hacia el lugar en donde sopla el dinero. Tergiversando los hechos para confundir al receptor. Al día siguiente del golpe, desde Radio América, llamando a encauzar el país por las vías de la «normalidad»: «Preséntense en las fábricas, en los negocios.»; «Dejémosle la política a los políticos y que los niños y maestros vuelvan a la escuela, los obreros a sus fábricas.»; «Aquí no ha habido golpe de Estado.»; «Aquí todo es normal»; «Es necesario producir.». En otras palabras, producir para seguir llenando los bolsillos de la minoría. La infamia revestida de amor patrio. La ambigüedad e indiferencia de la máxima casa de estudios. Duele el comunicado gallo-gallina de las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, institución, en horas más lúcidas, a la vanguardia del pensamiento progresista y democrático. ¿Dónde el análisis de la crisis social y política? ¿Dónde el comunicado orientador para un pueblo carente de instituciones que salvaguarden sus intereses? ¿Cómo puede hablarse de vinculación universidad-sociedad si se evade el compromiso del análisis y del mensaje clarificador? ¿En qué momento se extravió el rumbo de la dignidad?El manipuleo lingüístico. Desde la espuria sesión del domingo cuando se nombró presidente a Micheletti, éste insistió en que no era un golpe de Estado y lo llamó «un acto de sucesión presidencial». El lenguaje designa realidades y, en función social, no es un instrumento de uso antojadizo. Como se lo hizo ver un corresponsal español, cuando un contingente armado asalta la casa del presidente; lo secuestra y lo envía, contra su voluntad, a Costa Rica, eso sólo puede llamarse golpe de Estado. Aquí y en cualquier parte del mundo. Por más que los medios, los funcionarios y los diplomáticos desleales, mentirosos y oportunistas repitan las palabras del usurpador. El inútil querer tapar el sol con un dedo. La comunidad internacional y el pueblo, que no es el ignorante que muchos creen, lo saben.El papel de comparsa a que se redujo la querida figura de Ramón Custodio, ¡a quien tanto debo en lo personal!, pero a quien, por respeto a mi propia conciencia, tengo que referirme al haberlo visto en el más triste papel de su carrera! ¡Que es mejor que a Mel lo hayan enviado a Costa Rica ya que, por lo menos, está vivo!, dijo. La cuestión de fondo es el acto ilegal que con él se cometió. Eso era lo que había que condenar. Nunca, con su presencia (es el Comisionado Nacional de Derechos Humanos), avalar la monstruosidad jurídica perpetrada contra un presidente legítimamente electo. Y, como broche de oro: afirmar que eran balas de goma las que usó el ejército la tarde en que, violando la Constitución, vedaron el aterrizaje de Mel en Toncontín. De goma, pero acabaron con la vida de un joven de diecinueve años. (¡Con una humilde «burrita» aguantó las largas horas de espera con un único propósito: vitorear al presidente en el cual había cifrado la esperanza de un mañana mejor! Su pequeña pero gran odisea desde su remoto pueblo y las palabras de su digno padre explicando sus móviles son signos entrañables que hablan de ilusión en un futuro más humano y más digno. , pero también de sueños rotos por la brutalidad represiva.).En un pueblo hambriento (hace pocos días una campesina, como no había dinero para comprar maíz, para fabricar tortillas, echó mano del que ya estaba «curado» para la siembra; resultado: tres hijos en el hospital y el de cinco años, en el cementerio), en donde el abismo entre ricos y pobres cada vez se hace más profundo y que, por lo mismo, no es cuestión de borrarlo con abrazos de paz y de reconciliación de la «familia hondureña», según cantan los defensores del golpe, la cuarta urna era una opción para intentar cambios positivos. Nunca, al pueblo llano (ese que es marginal y vive en los bordos y en los barrancos de la miseria), se le había dado la oportunidad real de expresar su sentir. Y, con el «Sí», la posibilidad de mejorar un instrumento (una nueva Constitución) que guiase la vida futura de la nación. Lo reiteramos: todo es susceptible de perfeccionarse. Máxime tratándose de la Carta Magna en donde las cuestiones son trascendentales en la cotidiana construcción de la república. Pero los sectores de poder (especialmente la clase política enquistada en el Congreso y que ha esquilmado el erario a través de las grandes erogaciones que se les otorgan a los diputados, supuestamente para obras de beneficio en sus comunidades) le temieron a la avalancha de un «Sí» popular. Sospecharon -con razón- que podía representar el fin de sus incalculables dividendos. El golpe de Estado fue su manera torpe y desesperada de oponerse a la incontenible marea humana que cada vez es más consciente de sus verdaderos intereses y de la mejor forma de defenderlos. Para muestra, una consecuencia inmediata: en un santiamén se hizo añicos la base social de los partidos políticos responsables de la acción delictiva.Estamos, pues, frente a estatuas con pies de barro. Su desmesurada reacción ante la crucial pregunta de la encuesta abortada revela su debilidad. Son poderosos y se amparan en las múltiples redes nacionales e internacionales que propicia el dinero., pero le temen al pueblo. Saben que éste es mayoría y que, en justa lid, ellos llevan las de perder. Esa es una de las grandes lecciones que, de estos días trágicos, se debe extraer. Aunque lenta, la rueda de la historia nunca se detiene.Desde hace treinta años, sólo he escrito sobre arte y literatura. Pero la ruptura del orden constitucional y el descaro con que actuaron Micheletti y sus socios golpistas me sacaron de la voluntaria torre de marfil. Las alucinantes imágenes de esa sesión grotesca en que se le dio un golpe de muerte a la débil democracia hondureña me han confirmado que el artista y el intelectual no pueden esconderse en una pretendida neutralidad. Tratándose del bienestar colectivo no hay apoliticidad que valga. El silencio equivale a aquiescencia y complicidad. Por lo tanto, tomo partido. En los momentos decisivos -cuando está en juego el devenir de los años futuros en Latinoamérica- a lo estético, se sobrepone la opción ética. Y ésta me dice, con claridad meridiana, de qué lado están la razón y la justicia.Mis palabras no pretenden formular un análisis de la situación (para eso están los sociólogos y politólogos). Pero externar mis sentimientos es una necesidad vital y perentoria. Por un lado, un profundo dolor por el cúmulo de signos negativos que saturan el ambiente. Por el otro, la esperanzada convicción de que los sectores marginados, aún con tropiezos y dificultades, siempre encuentran la ruta hacia mejores derroteros. Nunca camina en reversa la rueda de la historia.

Terrorista Montaner histérico arremete contra bloguera cubana

Esta controversia está divertidísima. El coronel Montaner no tiene quien le escriba y necesita desesperadamente demostrar que es un enemigo atendible (!por Dios!), así que decidió "fajarse" con una bloguera y "denunciar" un complot mundial para desacreditarlo, gestado por... la Seguridad cubana. Montaner hace mucho tiempo que ya está desacreditado (por sus propias acciones, sin ayuda de nadie, y de nada). La Revolución cubana sabe que su enemigo no es quien recibe dinero, sino quien paga.

sábado, 18 de julio de 2009

¿El fin de una máscara?

Enrique Ubieta Gómez
Ya se ha dicho, pero la pregunta se vuelve imperativa: ¿es Barack Obama un muñecón simpático, políticamente correcto, una mascarada de presidente cuya función principal es la de provocar un desvío intencional de las miradas, mientras otros actúan en dirección contraria a la de sus palabras y señas?, ¿o es por el contrario un cínico, un hombre que dice una cosa, mientras en la noche y de puntillas, hace otra? Posiblemente, ni lo uno ni lo otro. Pero los sucesos ocurridos en Honduras demuestran que el poder político en Estados Unidos no se ha movido de lugar, que el principal cambio que produjeron las elecciones pasadas fue discursivo. Ya no se trata siquiera de aquellas primeras evidencias que conectaban el golpe de estado hondureño a la red neoconservadora sembrada en puestos claves –diplomáticos, militares, de inteligencia, congresionales--, por la administración anterior. No se trata (solo), como algunos analistas apuntan, de un extraño golpe de estado contra Obama, es decir, contra la doctrina del “poder suave” o “poder inteligente”, como imprescindible analgésico que el imperialismo aplicaría a sus víctimas antes de engullirlas; ahora las contradicciones se hacen más evidentes porque emanan del seno de la propia Administración norteamericana.
Los hilos ya no tan secretos del golpe conducen hasta la propia secretaria de Estado, la señora Hillary Clinton. No por casualidad sus declaraciones sobre la legalidad o ilegalidad del hecho han sido en todo momento menos enfáticas que las del presidente Obama, por no decir ambiguas, confusas y en ocasiones, francamente justificativas o dilatorias. Ya sé que Obama debía viajar a Rusia, según una planificación previa, pero su partida en instantes cruciales para la región –como afirmaba en otro comentario--, fue un secuestro (quizás un auto-secuestro) que lo sacó del camino, tal como hicieron los militares hondureños con Zelaya. Mientras que el presidente reiteraba a nueve mil kilómetros de distancia física que Estados Unidos solo reconocía al presidente constitucional de Honduras, su secretaria de Estado maniobraba para descriminalizar a los golpistas y evitar el regreso inmediato de Zelaya, con la colaboración de su peón Oscar Arias. Pero el juego sucio ya no esconde sus cartas.
Lanny Davis, viejo amigo de los Clinton –en especial de la Hillary, de quien fue compañero de estudios en la Facultad de Derecho de Yale--, abogado demócrata que se desempeñó como consejero especial del Presidente Clinton y su defensor y vocero en el caso de Mónica Lewinsky, y más tarde cercano colaborador en la campaña por la nominación presidencial de la Hillary, a quien incluso sustituyó en debates televisivos, reaparece como asesor de los golpistas hondureños y cabildero para su aceptación en el Congreso norteamericano. Ya sé que las campañas presidenciales en la llamada “democracia representativa” suelen ser torneos de gladiadores, que incluyen lo mismo la presentación de cada contendiente –mejor look, mejor locuacidad, mejor capacidad para evadir obstáculos--, que la mutua descalificación de los adversarios. Vale el golpe limpio, y el golpe bajo. A veces estos últimos son más apreciados por la fanaticada. Todos recordamos la larga retahíla de descalificaciones que la Clinton propinaba en cada round a Obama, cuando ambos aspiraban a la nominación demócrata. La señora estaba bien plantada en sus aspiraciones, y bien respaldada por el ala más conservadora del Partido Demócrata (los neocons son indistintamente de uno y otro partido, que en el fondo es el mismo). No cedió sino hasta el último aliento. Pero como dicen los yanquis, “nada personal”, “los negocios son negocios”. Obama tuvo que cargar con ella. Pocos recuerdan sin embargo que el señor Lanny Davis se destacó de forma muy notoria en su tarea de descalificar a Obama durante la campaña electoral. Noche tras noche iba a los canales de televisión por cable para decir que Obama no era elegible. El caso, regreso a mi tema, es que el señorito Davis ha vuelto a entrar en el baile (como decía la vieja canción infantil), para servir de intermediario de los golpistas en el lobby demócrata del Congreso, mientras su presidente Obama andaba de gira por el Viejo Mundo. ¿Iniciativa personal? Nadie se hace la pregunta.
Si bien el Sistema entendió que ni siquiera un rostro femenino como Hillary, de rancio abolengo –los seguidores de temas políticos recordarán la amistad que une a los ex presidentes Bush padre y Clinton--, hubiese podido limpiar la imagen interna y externa del imperialismo, y optó por el rostro mulato de Obama, de origen más humilde y sin antecedentes vinculantes en la política imperial, seis meses después, ante las contundentes derrotas en las Cumbres de Trinidad Tobago y Tegucigalpa, la victoria electoral de la izquierda en El Salvador y la consolidación del proyecto integracionista del ALBA, el Sistema mueve fichas. Obama no tiene una máscara, Obama es la máscara del Sistema. El “poder suave o inteligente” es una teoría vacía de contenido, un eufemismo. Parece que hay sectores influyentes en el Poder que opinan que ha llegado el momento de prescindir de la máscara: por encima (o por debajo) de la OEA, de la ONU y de cuanta institución o país se interponga, Estados Unidos se mueve en la misma dirección de antaño. Pero que el lector recuerde lo que digo: si el imperialismo renuncia a la Máscara es una señal pésima sobre su estado de salud. Si no puede renovarse en sus maneras de actuar, si otros métodos persuasivos ajenos a la fuerza bruta no le funcionan, es que ya la enfermedad ha avanzado hasta hacerse irreversible. De cualquier manera, podrá vivir muchos años en estado de putrefacción, si los pueblos no lo entierran. Ese es el reto que tenemos todos.

Nuestro hijo de puta


Fernando Ravsberg

Vender equipos médicos a Cuba es un pecado que debe ser sancionado con una multa de US$128.750. Esa fue la pena que la administración del presidente Barack Obama le impuso a Philips, la empresa que cometió el grave delito.
Es un forma muy peculiar de iniciar el camino hacia ese "nuevo comienzo con Cuba", que prometió el inquilino de la Casa Blanca en su encuentro con los líderes latinoamericanos, en la Cumbre de las Américas este año.
Es que realmente suena muy mal eso de impedir que las empresas vendan equipos para la salud pública cubana. Ni siquiera se me ocurre cómo defender tal posición, aunque seguro que habrá quienes la valoren positivamente.
A mí me cuesta entenderlo, ni siquiera dos países en guerra sabotean el funcionamiento de los servicios médicos para la población. De hecho las ambulancias y el personal sanitario deben ser respetados en los conflictos armados.
Mi razonamiento a lo mejor no es todo lo "político" que debería ser para entender estas estrategias. Porque lo cierto es que impedir que se compren equipos médicos sólo afecta al cubano de a pie, al que apoya la revolución y también al disidente.
No parece muy ético promover la democracia utilizando medidas coercitivas contra la población. Si el pueblo cubano apoya a la revolución, como afirman algunos, nadie debería bloquearle la salud para hacerlo cambiar de opinión.
Si por el contrario, como dicen otros, se trata de una dictadura que oprime a la ciudadanía, la crueldad sería aun mayor. En otras palabras, encima de tener que soportar el totalitarismo, EE.UU. los castiga negándoles equipos médicos.
Pero Philips no es la única penalizada, en lo que va del año las multas por comerciar con Cuba llegan a representar el 30% del total del dinero recaudado por la OFAC, organismo oficial norteamericano dedicado a perseguir las infracciones comerciales.
El gobierno cubano afirma que la OFAC invierte más dinero y personal en perseguir los negocios de Cuba por el mundo que en investigar las redes económicas que financian a la organización Al Qaeda, su archienemigo.
Las leyes del embargo económico contra Cuba son tan impopulares internacionalmente que el presidente Obama se ha visto obligado a no aplicar algunos de los epígrafes que afectan a terceros países, según lo acaba de anunciar al Congreso.
El mandatario suspenderá por 6 meses la aplicación de la Sección III de la Ley Helms-Burton, en la que se castiga a las empresas no estadounidenses que inviertan en la isla. La medida no es nueva, tanto Clinton como Bush ya lo habían hecho antes.
Así, el camino transitado por la actual administración se parece cada vez más al de sus antecesores. Ahora Hilary Clinton condiciona el dialogo político a que Raúl Castro cambie el sistema, realice elecciones pluripartidistas y libere a los presos.
Dice un sabio proverbio que no se puede tirar piedras para arriba cuando se tiene el techo de cristal y la paradoja es que el mayor número de presos políticos que hay en Cuba están en Guantánamo, dentro de la base militar estadounidense.
Personas apresadas desde hace años, arrancados de sus países sin órdenes de extradición, a las cuales no se les celebró juicio, no se les dio la posibilidad de una defensa legal y se les mantiene aislados del resto del mundo.
El hecho de que algunos de ellos fueran liberados recientemente sin el menor cargo en su contra, demuestra que por lo menos una parte de los que están allí no cometieron ningún delito, a pesar de lo cual pasaron varios años en la prisión.
Además es curioso que Washington cuestione el sistema político de Cuba, cuando varios de los aliados de EE.UU. son dictaduras, prohíben la oposición, tienen presos políticos en sus cárceles o violan los derechos de las mujeres y de los homosexuales.
Washington mantiene estrechas relaciones con la monarquía autocrática de Arabia Saudita, protege a Israel cuando viola las resoluciones de la ONU, apoya a Pakistán aunque se asesinen líderes políticos, mantiene un comercio preferencial con China sin exigir elecciones pluripartidistas y promueve el "diálogo" con los golpistas hondureños.
Al parecer, hoy como ayer, para EE.UU. siguen existiendo diferentes tipos de dictaduras. En épocas de mayor sinceridad, el Presidente Roosevelt defendía al dictador Somoza afirmando: "sí, es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta".
Tomado de BBC MUNDO.com

viernes, 17 de julio de 2009

THE ROYAL BALLET EN LA HABANA Y LO REAL MARAVILLOSO


Carlos Rodríguez Almaguer.

Tuve el privilegio de asistir a la presentación que The Royal Ballet realizó este miércoles 15 de julio, en el Gran Teatro de La Habana, como parte del merecido homenaje que rinde a nuestra entrañable Alicia Alonso. ¡Magia!, puedo exclamar, sin duda, y de seguro no habré sido el único. Magia en la actuación de esta Compañía danzaria, la principal de Gran Bretaña, cuya fama la había antecedido largamente y a la cual hizo honores suficientes como para que en reiteradas ocasiones provocara las prolongadas ovaciones con que aquel público, de pie, reconociera la altísima calidad de sus coreografías e interpretaciones.
Sin embargo, de la calidad artística que prestigia y distingue a The Royal Ballet, de la originalidad de sus coreografías y la precisión interpretativa de sus integrantes, estarán hablando en esta isla por largo tiempo tanto la crítica especializada como el público amante del ballet, cuyo gusto y conocimiento de la danza lo han convertido en uno de los más exigentes. Y es relacionado con este último, es decir, con el público cubano amante del ballet, que quiero hacer algunas consideraciones.
El ballet ha sido históricamente una de las manifestaciones artísticas que han solido asociarse con una cultura de élites, con la exclusividad. Es cierto que para comprender este arte se necesita una gran dosis de idealismo, de romanticismo, en fin, de espiritualidad. Por ello para mí ha resultado siempre un motivo de alegría el observar como en las reiteradas presentaciones de nuestras compañías danzarías tanto en los teatros como en las que han realizado al aire libre, es cada vez mayor la afluencia de público, y también el hecho cierto de que ese público lo conformen progresivamente un número mayor de personas jóvenes.
Varias veces he expresado mi preocupación sobre la vertiginosidad de la existencia humana en los tiempos que corren, y cómo el ser humano, envuelto en la vorágine de la cotidianidad, ha ido progresivamente disminuyendo, cuando no perdiendo, elementos esenciales que hacen posible su condición humana. La racionalidad, tan defendida y aplaudida por la Ilustración y la época subsiguiente, al ser exageradas sus esencias en pos de un racionalismo a ultranza, ha devenido en nuestros días enfermedad, cuando no tumba, de la espiritualidad. Así, resulta cada vez más esporádico el disfrute de ese mundo emocional que tanto bien le hace al hombre y a la sociedad en la que desenvuelve día a día su existencia. Como ni la abulia ni la estolidez son emociones sino vicios, las emociones más frecuentes en el mundo de hoy suelen ser la angustia y la zozobra, con lo que resulta un acto verdaderamente heroico elevarse por encima de la pequeñez cotidiana, para lo cual pedía a su Dios fuerzas diarias el infinito Rabindranath Tagore.
Sabiendo que las presentaciones de The Royal Ballet serían transmitidas en vivo empleando pantallas gigantes al aire libre, de manera que sus interpretaciones pudieran ser vistas por un mayor número de personas, tuve la curiosidad de salir, en uno de los intermedios, del Gran Teatro y dirigirme hasta la escalinata del Capitolio Nacional, frente a la cual se encontraba una de esas pantallas gigantes, para tener la experiencia vívida de la reacción del público que allí pudiera haberse reunido.
¡Jamás hubiera podido imaginar un espectáculo semejante! Una muchedumbre, ataviada con los más disímiles atuendos, cubría prácticamente el espacio frente al Capitolio; desde abuelos, algunos con sus nietos casi adolescentes, hasta las parejas jóvenes envueltas, unas en ropas de exóticos modelos y colores, otras, estrenando soberbias galas; personas cuya presencia revelaba aún la recién concluida jornada laboral, otras cuyo cercano taxi o vicitaxi o cocotaxi o escobillón en mano denunciaban la jornada todavía en marcha. Saltaban continuamente a la vista uniformes de estudiantes de distintos niveles, militares de diversos cuerpos, policías, trabajadores, turistas, deportistas reconocidos, escritores, todos reunidos por la magia del arte, libre el arte y libres ellos de las pesadas cadenas con que ata y reduce al arte en su relación con las personas la excesiva comercialización de la cultura. Saludaban con manos, sombreros, gorras o pañuelos, con gritos, aplausos y silbidos a los bailarines que, trasladándose desde el aledaño Gran Teatro, venían en cada intermedio hasta la improvisada plataforma para hacerles la agradecida reverencia. ¡Magia otra vez! ¡La maravilla realizada!
Es verdad que el tamaño de un pueblo se mide por el tipo de hombre y de mujer que en él se reproduce, por eso, felices los cubanos, que en el último medio siglo hemos tenido todos la oportunidad de desarrollar, gracias a la educación y a la cultura promovida y auspiciada por la Revolución, una sensibilidad artística que nos pone en condiciones espirituales de poder disfrutar a plenitud de momentos dichosos como este que hoy comento. Coincido con Lester Vila Pereira, quien en su reseña histórica de The Royal Ballet para los cubanos, escribe: “Las compañías de ballet son raras agrupaciones que apuestan por cosas que, en los tiempos que corren, parecen olvidadas. No siempre están al alcance de todos, pero los países que cuentan con ellas son poseedores de una reserva espiritual de valor inapreciable.” Así, inapreciable, es también para nuestro pueblo la obra que ha hecho posible, entre otras numerosas y archiconocidas, la maravilla real de que una presentación de The Royal Ballet pueda ser disfrutada por todo el que, estando en la capital de los cubanos, quisiera regalarse para siempre esos momentos inolvidables de espiritualidad que nos liberan y nos hacen mejores, porque es evidentísima esta verdad martiana de que ser culto en el único modo de ser libre y ser bueno es el único modo de ser dichoso.

Hugo Llorens y el laboratorio hondureño


Eliades Acosta Matos

Hasta el pasado domingo 28 de junio una astuta coalición de tanques pensantes, grandes medios de comunicación, políticos neoconservadores y tránsfugas de la izquierda casi habían logrado convencer a los latinoamericanos que el capitalismo había entrado en una nueva etapa en la región y el mundo, aquella donde los golpes de estado, el atropello a las constituciones y la democracia, los desaparecidos y torturados, los escuadrones de la muerte, la “Escuela de las Amèricas” y la Doctrina de Seguridad Nacional no pasaban de ser un accidente remoto, una locura juvenil definitivamente dejada atrás y para siempre por el mejor de los sistemas sociales posibles, que había alcanzado, al fin, la saludable madurez que le permitía mostrar sus esencias legítimas.
Pero, de pronto, desde la pequeña y empobrecida Honduras empezaron a llegar ciertas noticias. Sin saberlo, los corresponsales de Telesur, los bloggers y otros promotores de los medios alternativos, los mismos que pusieron ante los asombrados ojos del mundo los detalles de aquel golpe de estado jurásico, estaban librando una colosal batalla ideológica contra la estafa histórica y la desmemoria inducida, ante el intento felón de ocultar llagas y mostrarnos el falso rostro bonachón y participativo, generador de justicia y bienestar, de un sistema que en Amèrica Latina ha ensayado todas sus máscaras sin lograr lo uno ni lo otro. Porque no nos hemos soñado a los Somoza, ni a los Pinochets, ni hemos inventado para la propaganda malediciente la miseria ancestral, el hambre y la muerte. Y son reales, y no de fantasía, el neoliberalismo fracasado, y aquella Alianza para el Progreso que murió de consunción en su alarde melodramático, o los marines yanquis desembarcando en Haití, República Dominicana, México o Nicaragua.
Lo que tenemos en Honduras es la versión postmoderna de los mismos golpes de siempre, la secuela ineludible de un film de horror ya visto hasta el cansancio, el regreso de los procónsules habituales, en el caso cubano, por ejemplo, la reencarnación del senador Orwille Platt, del general Leonard Wood, o de Summer Welles, conspirando en las sombras, moviendo los hilos de la trama por debajo de la mesa, trayendo de nuevo a la vida, mediante conjuros secretos, a las mismas bestias represivas que se creían muertas y enterradas para siempre.
Hoy el capitalismo tambaleante, el de siempre, que regresa a imponer sus fueros a la fuerza, pateando la mesa del mismo juego democrático por el que se rasgase las vestiduras y que jurase defender en las vísperas; el neoliberalismo de las maquilas y los tratados leoninos de libre comercio con Estados Unidos; los planes de quemar alimentos como biocombustibles en un mundo hambriento, los programas secretos de mantenimiento y expansión de las bases militares en territorio extranjero, los intereses estratégicos, ideológicos, culturales y geopolíticos del imperio, que sigue siéndolo con Obama, como lo será después de Obama, tienen en Honduras un nombre, un rostro y hace su trabajo, el mismo que está haciendo, ahora a toda máquina y disfrazado de embajador, o filantrópico Cuerpo de Paz, o generosa USAID, o cívica NED, o seráfico agregado de prensa y cultura, en Quito y La Paz, en Caracas o Ciudad Guatemala, en La Habana o Managua.
Hugo Llorens es el nombre que adopta en el caso hondureño el ente descrito, y su cargo es el de Embajador de los Estados Unidos de América, aunque realmente debía considerársele el representante diplomado de las maquilas y las 150 transnacionales yanquis que tienen inversiones directas por más de $968 millones de USD en un país que muestra un 60 % de su población en la pobreza, una mortalidad infantil de 31 por cada mil nacidos vivos, una prevalencia de Sida que llega a afectar el 1,5% de toda su gente, y una tasa de asesinatos de 57 por cada cien mil habitantes, una de las más altas del mundo. También del Pentágono y las agencias de inteligencia que mantienen en la base de Palmerola, rebautizada con el nombre políticamente correcto de “Soto Cano”, a la Fuerza de Tarea Conjunta “Bravo”, una de las tres subordinadas al Comando Sur, con más de 550 militares y misiones muy elocuentes.
Hugo Llorens, de origen cubano, que ya ha admitido “…haber participado en reuniones donde se discutieron planes de golpe antes del secuestro del presidente Zelaya”[i], estrecho colaborador de Otto Reich, Roger Noriega y Elliot Abrams, es un embajador designado por Bush, uno de los tantos topos neoconservadores que quedaron sembrados en las entrañas del “Gobierno del Cambio”, que se instaló en los Estados Unidos el pasado 20 de enero, precisamente, para que nada cambiase. Ese hombre no mentía al confesar, el 16 de abril del 2008, durante la audiencia de confirmación ante el Comité de Relaciones Internacionales del Senado, que “…había servido en misiones desafiantes en Bolivia, Paraguay, El Salvador, Honduras y Argentina”, y los latinoamericanos sabemos de sobra lo que significan “los desafíos” de los enviados yanquis en la región, y se le recuerda apoyando el golpe contra Chávez, en Venezuela. Tampoco cuando prometía que “… si soy confirmado profundizaré el comercio recíproco y los flujos de inversión (norteamericanos) derivados del Tratado de Libre Comercio para Centro América y República Dominicana (CAFTA-DR)”, y se corrobora al saberlo en las negociaciones para la aprobación del ALCA en 1998.
Este hombre de palabra, que es Hugo Llorens, este perfecto caballero imperial, no ha sido premiado entre sus semejantes por haber promovido la democracia ni la justicia en los países donde ha actuado, sino por su demostrada vocación de promover los intereses empresariales, por defender a sangre y fuego las enormes ganancias de las transnacionales y las maquilas, esas mismas que nos conmueven por su respeto a la dignidad humana cuando sabemos que imponen a las mujeres que trabajan para ellas en Honduras el uso de pañales desechables, para ahorrarse los minutos que la producción perdería de permitírsele hacer sus necesidades en el sanitario. Por tan galante y eficaz defensa ha recibido un premio Cobb y ha resultado finalista en el del premio Saltzman.
A fin de cuentas, ¿qué justificaría un golpe de estado tan anacrónico y brutal si no es la defensa egoísta de intereses no menos anacrónicos y brutales?
El 19 de septiembre del 2008, Hugo Llorens presentó sus cartas credenciales ante el gobierno de Manuel Zelaya, al que declaró a su llegada al país,… “estar ansioso por conocer”. Desde ese momento desplegó una frenética labor de extensión y reanimación de los contactos norteamericanos en esa nación, para lo cual es de suponer que utilizó la herencia dejada por personajes siniestros que le antecedieron en el cargo, como John Dimitri Negroponte. También de los tentáculos encubiertos de entidades como los Cuerpos de Paz. Apenas una semana después ya juramentó a 49 nuevos “voluntarios” que se desparramaron por toda la geografía nacional, a quienes se unieron 44 más, tras el juramento que tuvo lugar el 15 de mayo del 2009, algo más de un mes antes del golpe.
Según el boletín electrónico de la propia embajada norteamericana en Tegucigalpa, … “más de 200 “voluntarios” trabajan en Honduras… Esta es la nación del mundo que cuenta con mayor cantidad de miembros de los Cuerpos de Paz…Desde 1962, más de 6000 “voluntarios” han trabajado aquí…”[ii] Curioso,¿ verdad?
Y para que entendamos la manera de operar del imperio en tiempos de cambios y softpower, y por extensión, la labor de la embajada norteamericana en el golpe en Honduras, los “voluntarios” de los Cuerpos de Paz no solo van a la base, a trabajar con los municipios y las comunidades alejadas para atender problemas de salud, agua y áreas naturales protegidas, sino también para “promover habilidades empresariales y negocios, participación ciudadana y educación cívica”… claro, en sus versiones norteamericanas.
En cuanto a la USAID, otra de las herramientas de influencia y control “suave” de que ha dispuesto en Honduras el locuaz Hugo Llorens, según datos de la propia agencia,…” ha entregado al país más de 3000 millones de USD, desde 1961”. Sus créditos se han usado para “promover las empresas y fortalecer las instituciones democráticas”. ¿Sería con ese noble objetivo que el embajador Llorens viajó a la Mosquitía hondureña junto al cardenal Oscar Rodríguez y el director de la USAID en el país, William Brands, apenas nueve días antes del golpe, o para asegurar las complicidades que hoy ya son notorias?
La USAID reconoce modestamente que a través de su programa para promover un “buen gobierno” en Honduras, ha estimulado a lo que llama con delicadeza victoriana “la sociedad civil”, para que influyese en la nominación y selección de la Corte Suprema de Justicia y el Fiscal General; ha apoyado materialmente al Tribunal Supremo Electoral y ha entrenado a quienes deben monitorear las lecciones y a los encuestadores; ha implementado su propio sistema de reportes de resultados preliminares, de control al financiamiento de las campañas políticas y de tabulaciones; ha entrenado a más de 45 mil maestros, supervisores escolares y miembros de la comunidad para implementar “ nuevos sistemas educacionales y evaluativos”. Sus vínculos con los grandes medios de comunicación en el país expresan en que estos le han donado facilidades para sus campañas nacionales por valor de 400 mil USD.[iii]
Este “embajador comprometido”, como alguien lo ha llamado, experto en hacer declaraciones tranquilizadoras y conciliatorias, con elevados tintes idealistas y democráticos, según las recetas neoconservadoras de ordenar bombardeos a otras naciones mientras se lee a Platón; este exponente de la filosofía de Leo Strauss que promete por correo electrónico visitas que jamás hará a los basureros de la carretera hacia Olancho, donde miles de niños, hombres y mujeres buscan la comida y el sustento del día, se graduó en 1997 del National War College, siguiendo la propensión militar y hacia la fuerza en los neos, y al ser asignado al país se trajo consigo, como su segundo en la embajada, ocupando el cargo de Ministro Consejero a uno de sus condiscípulos, Simón Henshaw. Es muy curioso que quien llegó a Honduras como apóstol de la amistad y la democracia, busque colaboradores expertos en operaciones encubiertas, guerras culturales o de Cuarta Generación, subversión y contrainsurgencia.
El National War College no forma predicadores religiosos ni promotores del pacifismo de Ghandi, sino a militares y funcionarios del Departamento de Estado, según su propia web,… “con rangos de embajadores para que sirvan como Sustitutos del Jefe (militar) y Consejeros en asuntos internacionales”, claro, está, en zonas de conflicto. No en vano esta modalidad formativa de procónsules imperiales fue iniciada en este alto centro docente en 1946, a través de 13 recordadas conferencias de George Kennan, el verdadero artífice y estratega de la Guerra Fría.
Puede que Hugo Llorens haya llegado a los Estados Unidos, con una moneda de buffalo en los bolsillos y una maletica humilde, como melodramáticamente declarase en su audiencia de confirmación senatorial. Hoy por hoy, este más que comprometido representante de negocios millonarios e intereses imperialistas de alcance global, frenéticamente empeñado en hallar la fórmula química del softgolpe en el laboratorio hondureño, está cobrando muy bien por reflotar el viejo buque hundido donde los gorilas latinoamericanos llevaron a cientos de miles de personas a la muerte.
El experimento de este aprendiz de brujo acabará como los de su tocayo Hugo Simpson, el de los comics. El pueblo hondureño está en las calles.
[i] Ver Jean Guy Allard, Granma, 7 de julio del 2009
[ii] Boletín Embajada USA en Tegucigalpa, 15 de mayo del 2009
[iii] Ver Programas de la USAID en Honduras, Boletín Embajada USA en Tegucigalpa

500 años acompañan al pueblo de Honduras.

Raúl Verrier
A la entrada del edificio central de la CIA en Langley, en su vestíbulo, se afirma que reza el versículo bíblico “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libre…” Paradójicamente, la historia de crímenes, ajusticiamientos extrajudiciales, secuestros, golpes de estados, magnicidios, perpetrados por la agencia de inteligencia norteamericana han tenido como común denominador el ocultamiento y la manipulación de la verdad como medios y como fin estratégico, la conculcación de la libertad de los pueblos.
Fue Carlos Marx en su obra “El 18 Brumario” quien expresó: “Hegel dice (…) que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa…”
El domingo 28 de junio los pueblos de la América Latina despertaron con la nefasta noticia de que la oligarquía hondureña reeditó la trágica historia de golpes de estados, en contra de un gobierno constitucional, elegido por el voto democrático de su pueblo.
Han transcurridos veinte jornadas de que fuera interrumpida la constitucionalidad en la hermana República de Honduras y el gobierno norteamericano realiza ingentes esfuerzos por legitimar la farsa asociada a un estéril proceso negociador, que tiene como objetivo final impedir la restitución del depuesto presidente legítimo José Manuel Zelaya.
El compañero Fidel en sus reflexiones, ha insistido en la responsabilidad de la administración estadounidense en la actual situación que sufren los hondureños. Baste recordar, que hasta el momento la única acción punitiva del gobierno de Estados Unidos contra los golpistas, fue la de ordenar la salida de Enrique Ortez como integrante del gobierno usurpador, quien al ejercer como Canciller de facto dijera: " (Obama) es un negrito que no sabe nada de Honduras”.
Culminó en Egipto la XV Cumbre de los NO alineados, con una fuerte condena a la situación que sufre la democracia en Honduras. Las imágenes de la televisión no pueden sustraerse del embrujo de la pirámides de Egipto; pirámides que hicieron exclamar al invasor imperial Napoleón Bonaparte”: “¡Adelante soldados! Recordad que desde lo alto de las pirámides, cuarenta siglos os contemplan”.
Hoy los destinos del pueblo de Honduras están amenazados ante el voraz apetito de otro imperio, pero no son 40 los siglos que contemplan al bravo pueblo de Honduras, son más de 500 años de opresión y de luchas los que sirven de savia nutricia a ese pueblo, que ha decidido marchar junto a su presidente para hacer realidad los milenarios sueños de una justicia redentora y verdadera.

jueves, 16 de julio de 2009

Reflexiones del compañero Fidel: LO QUE DEBE DEMANDARSE A ESTADOS UNIDOS

La reunión de Costa Rica no conducía ni podía conducir a la paz. El pueblo de Honduras no está en guerra, solo los golpistas usan las armas contra él. A ellos habría que demandarles el cese de su guerra contra el pueblo. Tal reunión entre Zelaya y los golpistas solo serviría para desmoralizar al Presidente Constitucional y desgastar las energías del pueblo hondureño.
La opinión pública mundial conoce lo ocurrido en ese país a través de las imágenes difundidas por la televisión internacional, fundamentalmente Telesur, que sin perder un segundo transmitió fielmente cada uno de los hechos ocurridos en Honduras, los discursos pronunciados y los acuerdos unánimes de los organismos internacionales contra el golpe.
El mundo pudo apreciar los golpes que se descargaban sobre hombres y mujeres, los miles de gases lacrimógenos lanzados contra la multitud, los groseros gestos con armas de guerra y disparos para intimidar, herir o asesinar a ciudadanos.
Es absolutamente falsa la idea de que el embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, Hugo Llorens, ignorara o desalentara el golpe. Lo conocía, al igual que los asesores militares norteamericanos, que no cesaron un minuto de entrenar a las tropas hondureñas.
Hoy se conoce que la idea de promover una gestión de paz a partir de Costa Rica surgió en las oficinas del Departamento de Estado, para contribuir a la consolidación del golpe militar.
El golpe fue concebido y organizado por personajes inescrupulosos de la extrema derecha, que eran funcionarios de confianza de George W. Bush y habían sido promovidos por él.
Todos, sin excepción, tienen un grueso expediente de actividades contra Cuba. Hugo Llorens, embajador en Honduras desde mediados del 2008, es cubano‑americano. Forma parte del grupo de agresivos embajadores de Estados Unidos en Centroamérica, constituido por Robert Blau, embajador en El Salvador; Stephen McFarland, en Guatemala, y Robert Callahan, en Nicaragua, nombrados todos por Bush en los meses de julio y agosto del 2008.
Los cuatro siguen la línea de Otto Reich y John Negroponte, que junto a Oliver North fueron responsables de la guerra sucia contra Nicaragua y de los escuadrones de la muerte en Centroamérica, que costaron a los pueblos de la región decenas de miles de vidas.
Negroponte fue representante de Bush en las Naciones Unidas, Zar de la inteligencia norteamericana, y finalmente subsecretario de Estado. Tanto él como Otto Reich, por diversas vías, estuvieron detrás del golpe de Honduras.
La base de Soto Cano en ese país, sede de la “Fuerza de Tarea Conjunta Bravo” perteneciente a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, es el punto de apoyo principal del golpe de Estado en Honduras.
Estados Unidos tiene el tenebroso plan de crear cinco bases militares más alrededor de Venezuela, con el pretexto de sustituir la de Manta en Ecuador.
La disparatada aventura del golpe de Estado en Honduras ha creado una situación realmente complicada en Centroamérica que no se resuelve con trampas, engaños y mentiras.
Cada día se conocen nuevos detalles de la implicación de Estados Unidos en esa acción, que tendrá también seria repercusión en toda América Latina.
La idea de una iniciativa de paz a partir de Costa Rica fue transmitida al Presidente de ese país desde el Departamento de Estado cuando Obama estaba en Moscú y declaraba, en una universidad rusa, que el único Presidente de Honduras era Manuel Zelaya.
Los golpistas estaban en apuros. La iniciativa transmitida a Costa Rica buscaba el objetivo de salvarlos. Es obvio que cada día de retraso tiene un costo para el Presidente Constitucional y tiende a diluir el extraordinario apoyo internacional que ha recibido. La maniobra yanki no incrementa las posibilidades de paz, sino todo lo contrario, las disminuye, y el peligro de violencia crece, ya que los pueblos de nuestra América no se resignarán jamás al destino que les tienen programado.
Con la reunión de Costa Rica se cuestiona la autoridad de la ONU, la OEA y demás instituciones que comprometieron su apoyo al pueblo de Honduras.
Cuando Micheletti, Presidente de facto, proclamó ayer que está dispuesto a renunciar a su cargo si Zelaya renunciaba, sabía ya que el Departamento de Estado y los militares golpistas habían acordado sustituirlo y enviarlo de nuevo al Congreso como parte de la maniobra.
Lo único correcto en este momento es demandar del gobierno de Estados Unidos que cese su intervención, deje de prestar apoyo militar a los golpistas y retire de Honduras su Fuerza de Tarea.
Lo que se pretende exigir al pueblo de Honduras en nombre de la paz, es la negación de todos los principios por los cuales lucharon todas las naciones de este hemisferio.
“El respeto al derecho ajeno es la paz”, dijo Juárez.

Fidel Castro Ruz
Julio 16 de 2009
1 y 12 p.m.

DE JUAN GELMAN

Como siempre Mundo en Crisis (www.mundo-en-crisis.blogspot.com) se me adelantó en la reproducción de este comentario de Juan Gelman: "Sabían y ayudaron un poquito". Cada vez son mayores los indicios que prueban la conducción y el apoyo yanquis a los golpistas hondureños.