miércoles, 8 de septiembre de 2010

La conexión chilena.

JORGE WEJEBE COBO
La Calle del Medio 28
Jonathan Moyle, joven periodista británico, ex piloto de helicópteros supuestamente vinculado a la inteligencia de su país, viajó a Santiago de Chile en 1990 para reportar la Feria Internacional del Aire y el Espacio (FIDAE) como corresponsal de la revista especializada Defence Helicopter World. Durante su estancia, sin embargo, trabajó en un reportaje que hubiera podido titular «Conexión chilena», sobre el contrabando de armas hacia Iraq en guerra con Irán, de la dictadura de Augusto Pinochet y la vinculación en las operaciones de Estados Unidos e Inglaterra.
En la madrugada del 31 de marzo de 1990, fue hallado muerto en la habitación 1409, en el ya desaparecido Hotel Carrera de Santiago de Chile. Inicialmente, las autoridades concluyeron que había sido un «suicidio accidental», asociado a juegos eróticos, ya que el cadáver fue encontrado semidesnudo, con la cabeza encapuchada en una funda blanca y un lazo anudado al cuello, en la puerta de un clóset. Llevaba puestos pañales infantiles.
Posteriormente se detectó la marca de una inyección entre los dedos de un pie, y se comprobó que le habían inoculado una droga que facilitó el asesinato y la manipulación de la escena del crimen, por lo que el hecho pasó a ser considerado homicidio. Al conocer la noticia, Tony Moyle, el padre, declaró su convicción de que Jonathan había sido asesinado por haber descubierto algo grave en su investigación.
Los criminalistas desestimaron el hecho de que la seguridad chilena había mantenido una estrecha vigilancia sobre la habitación de Moyle durante la madrugada del asesinato, y que habían suplantado al supervisor de seguridad del piso donde esta se encontraba. No se mencionó tampoco en el proceso la visita a Chile –durante los días 29 y el 30 de marzo de 1990, horas antes del asesinato– de Robert Gates, actual Secretario de Defensa de Estados Unidos y por entonces alto jefe y supervisor de la CIA para el contrabando de armas destinadas a Iraq en la década de l980.

El arsenal de Pinochet
La historia que quiso escribir Jonathan Moyle pudo iniciarse por las misteriosas visitas de Donald Rumsfeld –quien años después sería Secretario de Defensa del Presidente George W. Bush– a Iraq en 1983 y 1984, como enviado especial del presidente Ronald Reagan, para consolidar con Saddan Hussein una colaboración militar y financiera secreta, ya que Estados Unidos era oficialmente neutral en el conflicto.
La Casa Blanca consideraba que la victoria del régimen iraquí en la guerra contra Irán y la eventual liquidación de la revolución islámica, profundamente antimperialista o el debilitamiento de ambos contendientes, lograría un importante objetivo para su geopolítica en la estratégica zona, sin necesidad de perder un solo soldado.
Entre las numerosas propuestas que llevó Rumsfeld a nombre de Estados Unidos y de sus aliados, se encontraba una iniciativa del propio director de la CIA de entonces, William Casey, que facilitaba la adquisición por Bagdad de sistemas de bombas antipersonales o de racimo –prohibidas actualmente por las convenciones internacionales–, para frenar las oleadas humanas de las fuerzas iraníes que asaltaban con éxito las posiciones enemigas.
Las bombas, muy oportunamente, fueron copiadas de modelos norteamericanos por una empresa chilena que estableció una fábrica en Iraq. Se calcula que alrededor de 40 000 bombas fueron entregadas al ejército iraquí durante la guerra, incluyendo nuevos tipos que utilizaban combustible como explosivo, lo cual ampliaba su radio de acción.
También el gobierno racista de Sudáfrica tomó parte en el letal negocio, de forma triangular, al exportar piezas de artillería a Chile y distintos tipos de pertrechos militares que ese país revendía a su cliente árabe. Se calcula que el negocio aportó más de 400 millones de dólares al régimen chileno y sus socios extranjeros.
Carlos Cardoen, ingeniero en explosivos y rico empresario que dirigió la construcción de la versión chilena de las bombas de racimo, declaró a la prensa de su país que el propio Augusto Pinochet copió su diseño de proyectiles para producirlos y venderlos –aunque parezca increíble– a Irán, con lo cual además de obtener grandes utilidades, estaba en sintonía con el doble juego norteamericano que durante el conflicto comerció armas de forma encubierta también con la nación iraní y utilizó el dinero obtenido para el tráfico de drogas en Centroamérica, así como para el sufragio de la contra nicaragüense que se enfrentaba al gobierno sandinista
El ex alto oficial del Mossad israelí, Ari Ben-Menashe, mencionó en su libro Profits of War (Ganancias de Guerra) que en ese tráfico participó de forma destacada Mark Thatcher, hijo de la ex Premier británica, que visitó Chile en más de una oportunidad, por la relación de negocios que mantenía en el mercado de las armas con el propio Augusto Pinochet y su familia. Otras investigaciones señalan que pudo haber coincidido en Santiago de Chile en la misma fecha del asesinato de Jonathan Moyle. Margaret Thatcher siempre justificó el tráfico de armas hacia Iraq y la participación de su hijo en esos turbios negocios.
Los embarques de material bélico por vía aérea para Iraq e Irán eran utilizados además para tráfico de drogas, fabricadas en los laboratorios del ejército chileno bajo la supervisión del químico Eugenio Berrios, asesinado en Uruguay en 1992 para evitar que diera su testimonio sobre los crímenes de la dictadura. Según recoge en su libro, Pinochet, the politics of torture, el escritor inglés Hugo O´Shaughnessy afirma que en la transacción participaron además contrarrevolucionarios cubanos radicados en Miami.
El ex general Manuel Contreras, ex jefe de los servicios secretos de Pinochet y actualmente condenado por graves crímenes, en sus testimonios ante la justicia atestiguó ampliamente sobre la producción de cocaína por ordenes del dictador y su vinculación con el tráfico de armas.

Operación limpieza
En el entorno de Jonathan Moyle ocurrieron misteriosas muertes. Pocos días antes de su homicidio, fue ultimado en Bélgica, posiblemente por el Mossad israelí, el canadiense Gerald Bull, ingeniero diseñador de cañones y cohetes que trabajó para Saddan Hussein; el inglés Ian Spiro, pieza clave en la venta de armas a Irán e Iraq, fue encontrado muerto en su auto antes de que declarara a una comisión investigadora del Congreso de Estados Unidos en 1995. También su esposa y sus dos hijos fueron asesinados mientras dormían en su residencia de California.
El coronel del ejército chileno Gerardo Hubert, testigo importante del tráfico de armas de Pinochet –y que intentara comunicarse con el periodista Moyle en Santiago de Chile–, fue hallado en 1992, en las afueras de esa ciudad, con un disparo en la cabeza. Igualmente el ingeniero químico Eugenio Berrios fue ejecutado por colaboradores de Augusto Pionchet en una solitaria playa de Uruguay, donde se refugió para evitar declarar en un juicio por violación de los derechos humanos en su país.
En el 2006, restaurada ya la democracia, la justicia chilena reabrió el proceso sobre la muerte de Jonathan Moyle y solicitó al Departamento de Estado norteamericano información sobre el caso y la posible vinculación de funcionarios de ese país en los hechos, e incluyó nuevos testigos en el proceso judicial, que augura ser largo y esquivo para llegar a la verdad.

martes, 7 de septiembre de 2010

Dos hombres buenos fallecieron hoy.

Hoy ha sido un día raro. Dos personas queridas se han ido de forma brusca. Digo queridas no porque hayan sido amigos personales, aunque con uno de ellos, Tomy, compartí más de una travesía. Tomy era dibujante y caricaturista, y formó parte de la generación dorada del Dedeté, suplemento humorístico de Juventud Rebelde. Incansable, luchador, revolucionario de corazón (como único se puede ser). Al otro ni siquiera lo conocí directamente, pero de tanto saber de él, de su labor solidaria, se me convirtió en un referente imprescindible para hablar del pueblo norteamericano, y diferenciarlo de su gobierno imperialista. Lucius Walker fue un hombre bueno, que salvó con su vida la dignidad, el honor, de su pueblo. Ambos dejaron una obra. Se fueron hoy, y se quedaron de otra definitiva manera.

lunes, 6 de septiembre de 2010

José Couso no morirá dos veces.

Sheyla Valladares Quevedo
La Calle del Medio 28
Hace apenas unos días conocí personalmente a Javier Couso, de visita en La Habana. Hubo otra ocasión en que nos vimos por acá, con motivo de una charla que ofreció en el Centro de Prensa Internacional sobre la muerte en Irak de su hermano José Couso, camarógrafo del canal español Telecinco, asesinado por militares del ejército norteamericano, pero en aquella oportunidad yo sólo era parte de un público que escuchaba su denuncia.
Esta vez nuestro encuentro coincidió con el festejo de su familia y los amigos que han acompañado su caso de una excelente noticia. Siete años y cuatro meses después de la muerte de José Couso en Irak el Tribunal Supremo español reabrió la causa que había sido archivada por la Fiscalía hace dos años y el juez español Santiago Pedraz ordenó la busca, captura e ingreso en prisión de los tres militares estadounidenses implicados en su muerte.
El camino recorrido por Javier Couso y los suyos ha sido tortuoso. Las idas y venidas del caso han desalentado a muchos pero las últimas noticias llenan de optimismo a quienes durante estos años han luchado porque se haga justicia.
“Con una sonrisa puedo decirte que en estos últimos días hemos recibido grandes noticias. La primera es que el caso ha dejado de estar sobreseído, aunque la fiscalía de mi país se ha dedicado sistemáticamente, por órdenes del gobierno, tanto el de José María Aznar como el de Zapatero, a torpedear el proceso. No se preocupaban, porque pensaban que no llegaría a ningún lado, pero dieron con cuatro magistrados instructores que veían indicios de que había pasado algo y el último, Santiago Pedraz, quien está instruyendo el caso, dio el paso que no esperaban; ordenar la primera búsqueda y captura internacional contra militares estadounidenses por crímenes de guerra, la primera orden de la historia.
“También ha planteado otras medidas, como la creación de una comisión probatoria para reconstruir los hechos en Irak, en los meses de octubre y noviembre. Además, se van a sumar los periodistas que estaban con mi hermano y que son testigos. Se tomará declaración a una ex sargento de la inteligencia norteamericana que espiaba a los periodistas que estaban en el Hotel Palestina y que supo que se atacaría. Son una serie de medidas que pueden llevar el caso muy adelante y que pueden convertirse en una pequeña piedra que acabe con la impunidad.
“Muchos periodistas, por desgracia, trasmiten pesimismo y como dice Pascual Serrano, asumen sin saberlo de esa forma la defensa del enemigo. Creen que el proceso no sirve de nada, que son medidas de cara a la galería, pero para nosotros hay esperanzas”

En las guerras la primera baja es la verdad.
El 8 de abril del 2003 José Couso fue alcanzado por los disparos de un tanque estadounidense mientras grababa el avance de las tropas de Estados Unidos desde el balcón de su habitación en el piso 14 del Hotel Palestina de Bagdad, donde se alojaban más de 300 periodistas internacionales desde el inicio de la invasión, el 20 de marzo de ese año.
José pudo registrar el lanzamiento del proyectil antes de que el obús golpeara la parte exterior de su balcón. Ese mismo impacto ocasionó la muerte también de Taras Protsyuk, periodista ucraniano de la agencia Reuters, mientras que otros reporteros de esa agencia resultaron heridos. Estando en el hospital, a pesar del dolor, preguntaba constantemente por sus hijos y por la suerte del resto de sus compañeros, mientras aseguraba: “ha sido el tanque americano”.
Ese día, las tropas estadounidenses también atacaron las cadenas de televisión Al Jazeera y Abbu Dhabi. De esa manera la versión de la entrada del ejército de Estados Unidos y de sus aliados a la capital iraquí, fue la que dieron en exclusiva los periodistas agregados a las tropas angloamericanas.
Este hecho, como narra la periodista Joana García en el libro José Couso: La mirada incómoda, marca un antes y un después en el reporterismo de guerra. Los corresponsales pasaron de ser desinformados, controlados, censurados o alcanzados por el intercambio de fuego, a convertirse en objetivos de un ataque militar con total impunidad para el agresor. A partir de este día de abril de 2003, los periodistas que cubren un conflicto armado y pretenden ofrecer algo más que lo “políticamente correcto”, se sitúan irremediablemente en la mira hostil del bando del poder. Y José Couso siempre fue de los que se exponía para ser los ojos del mundo, para hablar de las historias que los vencedores querían ocultar bajo un velo de silencio.
“De hecho él no se consideraba un corresponsal de guerra, a pesar de haber trabajado en varias guerras. Él pensaba que el periodista debe estar en cualquier lugar, lo mismo en un partido de fútbol que en una guerra, y fue allí con esa convicción.
“Los periodistas estaban siendo presionados para que abandonaran Irak, por parte del gobierno español y de los medios españoles, pero él fue uno de los que se negó. Decía: tenemos que estar aquí, porque los estadounidenses van a llegar arrasando. Nunca pensó que le fuera a ocurrir algo así.
“Mi hermano llevaba cinco horas grabando a los carros de combate que estaban en esa zona de la ciudad, aunque ya no habían combates. Por eso el noventa por ciento de sus compañeros no estaban en ese momento trabajando, porque realmente no había nada más que grabar. Pero él no se movió del lugar, porque podía pasar algo que no quedara registrado. Su voluntad de trabajo le costó la vida.
“Creo que hay una voluntad clara por parte del ejército de Estados Unidos de permitir solo a la prensa que puede controlar. El día que matan a mi hermano marca un antes y un después en el periodismo de guerra. A partir de ahí sobre Irak se produce como un manto oscuro. Hoy sabemos por el sindicato de prensa iraquí que en estos siete años, han asesinado a más de 300 periodistas y lo que han hecho los grandes medios es retirar a los suyos. Los únicos que quedan están concentrados en hoteles, no salen realmente y subcontratan a periodistas iraquíes para que hagan el trabajo sucio y sean los que dejen la sangre.
“Entonces, todas las informaciones que nos llegan de Irak son absolutamente fragmentadas. La mayoría de los medios estadounidenses empotran, es decir, meten a los periodistas dentro de las bases militares y lo que lees aquí, lo que leemos en el mundo, es una visión absolutamente parcial de una realidad compleja.
“Por desgracia, como decía Kapuscinski, los periodistas no tratan de explicar la realidad, sino que tratan de contar anécdotas que no explican nada a las poblaciones de lo que pasa allí. Yo que he visitado tres veces el Irak ocupado me he encontrado una realidad completamente diferente a la que leía en la prensa. Y precisamente el asesinato de mi hermano está enmarcado dentro de esa operación de ocultamiento de la verdad”

No habrá segundas muertes
Los mandos militares estadounidenses defienden que lo sucedido en Bagdad el 8 de abril de 2003 fue un error, imputable a la tensión de la guerra y aseguran que quienes dispararon contra el hotel Palestina creían que allí había francotiradores iraquíes. Por su parte, el juez Santiago Pedraz considera que concurren "motivos bastantes" para considerar al teniente coronel Philip de Camp, al capitán Philip Wolford y al sargento Thomas Gibson culpables de "ataque a la población civil". También del "actos o amenazas de violencia con la finalidad de aterrorizar a la población civil o a los periodistas", por lo que, "atendiendo a la gravedad de los hechos", ordena la busca y captura e ingreso en prisión "como única medida efectiva" para asegurar la presencia de los mismos en el proceso.
La familia de José Couso se niega a considerar su pérdida como un daño colateral de los tantos que Estados Unidos ha provocado en el mundo. Para ellos ha estado siempre claro que éste fue un crimen de guerra y que José como lo califica Javier Couso, era un combatiente de la noticia, de esa verdad que les interesa tanto ocultar.
“Siete años después por la lucha titánica que ha llevado mi familia a nivel ciudadano, dando cientos de charlas, visitando países, haciendo concentraciones frente a la embajada de los Estados Unidos en Madrid, hemos logrado influir en la sociedad española y en sus jueces que son una expresión de ello, al aceptar que aquello fue un crimen de guerra.
“Siete años después el nombre de mi hermano no se ha olvidado, que es lo que querían. Las abuelas de la Plaza de Mayo o las familias de los desaparecidos siempre dicen que la segunda muerte es el olvido y nosotros nos negamos a que a mi hermano lo maten dos veces”

sábado, 4 de septiembre de 2010

Fidel, el síndrome de Miami y la nueva juventud cubana.



Jóvenes universitarios "apáticos" --según las transnacionales de prensa-- escuchan las palabras de Fidel
Enrique Ubieta Gómez
Fotos de Alex Castro e Ismael Francisco
Miami es un espejo. Tóquelo, verá la superficie lisa, y cesará la ilusión de que las cosas allí tienen volumen. Miami es un espejo que refleja el rostro de Cuba. A veces alguien se confunde y dice: “hay dos Cubas”, la de aquí y la de allá. Pero los espejos invierten la imagen. Un viajero despistado escuchará asombrado los anuncios de los astutos vendedores: “la verdadera cerveza de Cuba”, “el verdadero café de Cuba”. Muchos espacios públicos han recibido el nombre de un equivalente en la isla. Las palabras también se transforman: Fidel es Castro, Playa Girón es Bahía de Cochinos, el bloqueo es embargo y el héroe de Girón es el mercenario de Bahía de Cochinos, para el que se ha erigido un pequeño monumento. Hay grupos e individuos contrarrevolucionarios que se autodefinen como revolucionarios. Los cinco presos políticos cubanos –que salvaron vidas de aquí y de allá--, son llamados espías en tono despectivo, y Posada Carriles, autor de atentados a un avión civil (que ocasionó la muerte de todos sus pasajeros civiles) y a hoteles y lugares públicos en la isla, es tratado como héroe. El Che Guevara, que renunció al poder para empezar de cero, para entregar su vida por los demás, allí es llamado asesino y Fulgencio Batista es considerado una figura relevante de la historia, víctima de la propaganda comunista.
Pero sucede como en todo: una cosa es la realidad y otra su reflejo especular. Cuba es Cuba, y Miami, su reverso. Lo curioso es que las grandes corporaciones de prensa no describen lo que sucede en Cuba; miran al espejo, se comportan como un espejo. Ocultan los hechos y reportan los deseos. Se miamizan. Cumplen una función sagrada: construir (y mantener) de manera verosímil un estado de opinión sobre la Revolución cubana que se parezca a Miami. ¿Por qué? Porque Miami es la Disneylandia de la contrarrevolución latinoamericana: hecha para seducir y ocultar, en ella viven los antisandinistas, los antibolivarianos, y todos los capos del Sur que presienten su caída (o cayeron) y quieren reciclarse. El síndrome de Miami en los medios –cerrar los ojos ante la realidad y sustituirla por otra más conveniente--, es devastador: El País y algunos otros medios españoles se parecen más a El Nuevo Herald que a sus similares europeos.
Es natural que si los vencidos habían anunciado que la solución final –la única a la que podían aspirar--, era la muerte natural o violenta de Fidel, lo sucedido en estos últimos cuatro años los mantenga desconcertados: sobrevino “el día después”, con la enfermedad del líder revolucionario, y la Revolución, que es de todos, no se desmoronó; ahora Fidel reaparece, tan vital y lúcido como siempre, y el tsunami de su presencia arrasa con la ciudad de atrezzo. Ayer se produjo un hecho que deshizo en horas muchos años de paciente construcción mediática: las trasnacionales de la comunicación insistían de forma obsesiva en decir que los jóvenes cubanos (que se formaron en tiempos difíciles, sin algunos beneficios y las certezas de otras décadas) no piensan ya en la Revolución y que el vínculo emocional y racional con la dirección histórica de ese proceso se había roto. Inventaron todo tipo de figurines –blogueros, pseudo-rockeros, payasos--, que son exhibidos como “la nueva juventud” de Cuba. Pero ayer Fidel convocó a los jóvenes universitarios cubanos. Luisa, una amiga que es estudiante de la Universidad y dirigente de la Juventud Comunista, me confesó: “sentimos que el reto era gigantesco, porque debíamos convocar en 24 horas a un estudiantado que estaba de vacaciones, y a muchos jóvenes que se encontraban en la playa o en otras provincias, pero fue fantástica la respuesta. Conozco a quienes regresaron de inmediato para no perderse el encuentro”. Acudieron más de diez mil jóvenes. Mi sobrina, que llegó a la escalinata a las cuatro de la madrugada, me contó que cuando Fidel apareció se hizo un emotivo silencio y hubo quien no pudo evitar las lágrimas de alegría.
Un hecho es un hecho, pero un despacho noticioso –que interpreta el hecho y lo reconduce hacia el objetivo sagrado de reforzar la matriz de pensamiento fabricada--, es un despacho noticioso. Javier Otazu trabaja para EFE. No podía permitirse el lujo de contradecir la “verdad” orientada y cocinó un despacho con todos los ingredientes: alguna pizca de verdad, pasajes del discurso, y sentencias contradictorias o abiertamente falsas. Los diferentes medios españoles, al menos RTVE, El País y El Mundo –que representan la “diversidad” de enfoques de una “democracia” de mercado--, no solo fueron repetitivos en el contenido divulgado, sino que lo hicieron con sus mismas palabras, de forma literal, y aunque no he llevado mi búsqueda más allá, estoy seguro de que hallaría algunos párrafos idénticos en los medios de la derecha latinoamericana, dependientes de Miami y de las grandes trasnacionales de medios hispanos. Los jóvenes entrevistados fueron sin embargo categóricos en su apoyo a Fidel y a la Revolución: “‘Nos erizamos y el corazón se nos acelera cuando ves a Fidel cuadrado ante nosotros, y ver cómo nos pudo hablar y todavía sigue luchando... Nosotros siempre lo vamos a ver bien’, proclamó Carlos, de 16 años, que pese a no haber sido convocado por no ser universitario, no quiso perderse la ocasión. ‘Está muy saludable y muy fuerte; creo que hay comandante para rato’, dijo Dunieski, que trabaja en la Universidad de Ciencias Informáticas, y su amiga Yenny abundó: ‘Es lo que necesitamos en estos momentos, esta conversación nos alerta y anima’”.
Pero esas sinceras declaraciones estaban precedidas por el párrafo fabricado que más circularía en los medios de prensa que padecen el síndrome de Miami: “Varios estudiantes dormitaban o conversaban alegremente, más preocupados por el sol que ya a primera hora del día golpeaba sus cabezas, que por la hecatombe nuclear. El tema del discurso no pareció enardecer los ánimos del público joven, que aplaudió discretamente las intervenciones del hombre al que han visto regir sus destinos durante toda su vida, y que les exhortó a ‘batallar en la lucha por la paz’”. A esos medios parece importales más la descalificación del apoyo juvenil a Fidel en Cuba, que el peligro real de una conflagración nuclear. Para que Cuba se autodestruya después de Fidel –como añoran, como incentivan--, tiene que existir una ruptura entre la nueva juventud cubana y la dirección histórica de la Revolución. Este encuentro de ayer disipó algunas dudas: los jóvenes cubanos no han perdido la conexión, también sienten a Fidel como su guía moral, saben que viven momentos históricos. Aunque EFE, El País, El Mundo y RTVE, entre otros medios miamizados, sustituyan la realidad por el deseo.

lunes, 30 de agosto de 2010

Servir ¿es un placer?

Enrique Ubieta Gómez
Tomado de La Calle del Medio 28
Comentamos a menudo sobre la ineficiencia de los servicios en el país. Me refiero a una amplia gama de puestos de trabajo, de menor o de alta especialización, cuyo contenido puede concentrarse en un verbo: servir. Se trata lo mismo del servicio gastronómico, del bancario, que del médico-hospitalario; de un vendedor, de un taxista, de un recepcionista o de un oficinista que debe poner un par de cuños. De alguna manera, todos los trabajadores prestamos un servicio a la sociedad, directo o indirecto. Pero al hablar de la esfera de los servicios nos referimos a quienes tienen como principal función la de satisfacer de forma directa una específica demanda del usuario (cliente, paciente, etc.). Y esa inconformidad que sentimos, por lo general, no se relaciona con alguna carencia material (que las hay), sino con las culturales. En el capitalismo, los servicios no especializados son prestados generalmente por personas de pocos recursos a personas de mayores recursos; y los especializados –que dispensan personas provenientes de las clases medias o altas o que aspiran a integrarlas--, se ofrecen con displicencia, porque el puesto que se ocupa es frágil y existen muchos otros pretendientes en espera de él. La Revolución igualó a todos los ciudadanos, desde la perspectiva moral y desde la jurídica. Y deslegitimó la servidumbre capitalista, de la que emana el concepto de sirviente (asociado en las urbes modernas al trabajo doméstico que realizan fundamentalmente las mujeres pobres o inmigrantes, casi inexistente durante muchos años en la sociedad cubana); la Revolución colocó pues la dignidad humana en primer plano, y los cubanos de hoy suelen ser muy sensibles ante todo lo que la afecte. Somos serviciales, solidarios –de forma espontánea, porque es un acto libre--, pero no aceptamos la servidumbre, ni el servilismo. Creo percibir en ello el origen de una colosal confusión: cuando una persona ocupa un puesto de trabajo cuya función es servir, y cobra por ello un salario –mayor o menor, no importa--, debe despojarse de todo falso sentido de igualitarismo. No son iguales el que sirve (y cobra por ello), que el servido (que es quien paga, sea directamente al servidor o a la empresa), no en un sentido ciudadano, sino en el inmediato de sus roles sociales. Si alguien no puede afectarse en la relación servidor – servido es este último. Es común en nuestra sociedad que el servidor le comente al servido su cansancio, su hastío, su falta real o no de condiciones, cuando –más allá de cualquier relación de amistad o de camaradería posibles--, el servido no solo es ajeno a esos problemas y debe mantenerse ajeno, sino que el servidor no tiene derecho a alegarlos como premisa para el maltrato. En ocasiones, se organizan festejos propios de fechas socialmente significativas –día de las madres, día del bancario o de cualquier otra profesión, etc.--, en horarios de servicio, y el usuario encuentra un letrero que justifica el cierre en la puerta del establecimiento, como si con la explicación quedara zanjado el problema. El servidor no tiene derecho a festejar si con ello afecta al servido, y debe hacerlo en horario extralaboral. A veces, el fumigador –otro ejemplo tomado de nuestra cotidianidad--, acuerda con el administrador de un establecimiento de servicios el cierre por fumigación una o dos horas antes del fin de la jornada laboral, un pacto mutuamente beneficioso, pero ello también es inaceptable. Como inadmisible es la inactividad en el servicio durante un largo cambio de turno. Al cliente o usuario no le interesa cómo harán los empleados para cambiar el turno sin afectar el servicio, pero así debe hacerse. La sociedad cubana tiene que reorganizarse no a favor del que sirve, sino a favor del que recibe el servicio, que a la larga somos todos, porque el que sirve también es un receptor de múltiples servicios. Hay otro aspecto que tiene que ver con la educación formal, y con la cultura de los servicios. Y es el buen trato. Ser amable, respetuoso, colaborador; responder al cliente o al usuario con un “que tu quieres mamita”, o “dime mi china”, no es amabilidad ¡por favor!, es falta de respeto. Servir no es vender un producto, es satisfacer al usuario. Un servicio de excelencia significa que la persona que nos atiende disfruta (así lo sentimos) el acto de complacernos. Está mal que un cliente que paga sea majadero, pero es inconcebible que el dependiente que cobra lo sea. El cliente no debe esperar a que el dependiente termine una animada conversación con un amigo(a), para ser atendido. O que los trabajadores de un establecimiento se refugien en las funciones parceladas de cada uno, para que frente a una larga cola que espera, dos o más empleados se paseen sin contenido (o con un contenido aparente o postergable) de un lugar a otro, ajenos e imperturbables. La razón de tales absurdos no es monetaria, es cultural. He visto maltratos semejantes en lujosos hoteles, o en tiendas, donde el que sirve percibe salarios y propinas que de conjunto superan con creces a la media nacional.
Servir debe ser un placer, mucho más en una sociedad socialista, en la que todos disfrutamos de iguales oportunidades.

jueves, 26 de agosto de 2010

Concierto homenaje a Michael Jackson en La Habana.

10kbzas me envía las fotos de un reciente concierto homenaje a Michael Jackson en La Habana, con músicos de diferentes tendencias artísticas, todos muy populares entre los jóvenes cubanos. Aprovecho para re-enlazar, junto a las fotos, un viejo artículo publicado originalmente en este blog (uno de los más visitados por lectores ocasionales), en los días posteriores a su inesperada muerte:

lunes, 23 de agosto de 2010

Crónica por el 50 aniversario de la FMC. Mi compañera de viaje.

Mabel Pérez Quintana
Compartimos el asiento del ómnibus que nos devuelve a casa tras cumplir la jornada laboral. El halago a su peinado fueron mis primeras palabras al acercarse. “Esa es mi mayor distracción. El trabajo me trae un poco estresada en estos días y, para relajarme, improviso ante el espejo.” A las cinco y cuarenta y cinco de la tarde, lucía resplandeciente, a pesar de las horas que nos separaban del habitual arreglo matutino.
Ya le había respondido sobre mi salud, cuando la guagua enrumbó por la avenida Paseo. A partir de ese momento limité el rol conversacional a escuchar y asentir con la cabeza. ¿Cómo no abstraerse ante el verbo de una mujer –madre, ingeniera, esposa, amiga, compañera, artesana del hogar– cuando comparte sus vivencias?
Narraba los artificios realizados para alertar al colectivo de compañeros sobre la propagación de un nuevo virus informático “que no ve el antivirus Kaspersky y hay que eliminar con el NOD32” cuando la distrajo la oferta de productos en el agromercado de Cuatro Caminos. “¡Hay malanga!, con la falta que me hace. Ojala pudiera hacer una parada para comprar plátano burro.”
Los barcos anclados en el puerto de La Habana, le recordaron a su hija. Como si cualquier pasaje (o paisaje) no le devolviera la imagen de su “niña que está cumpliendo misión en Venezuela”. Me comentó que la red social Facebook le permite, Internet por medio, continuar la preparación ideológica de la joven y actualizarla sobre los acontecimientos de la isla. La responsabilidad de ser madre no conoce fronteras geográficas ni temporales.
Y fue en este punto del “diálogo” donde la lógica de pensamiento enlazó el deber de madre con el compromiso social, el amor filial con la solidaridad revolucionaria. “La adolescencia es una edad muy difícil”; sentenció, para encauzar el tema que le embargaba.
“Tengo una vecina que va por mal camino. Hace sólo un año llevaba uniforme amarillo y ahora está en la calle: no quiere estudiar. La madre dice que no puede ocuparse de ella”. Cuando salimos del túnel que atraviesa la bahía, volteó el rostro al horizonte para ocultar la mirada húmeda; pero enseguida se compuso y respondió a sí misma: “Por la Federación me encargaron atenderla. Ya fui a su casa y hablamos. Estoy buscando trabajo para incitarla a que empiece. Esa niña no será la primera ni la última adolescente que yo integre a la sociedad”.
Luego de un silencio, abandonó el asiento y se dirigió a la puerta de salida: se aproximaba la parada de la Villa Panamericana. Iría a la bodega antes de llegar a su casa, donde esperaba el fogón, la ropa por planchar…la rutina de toda mujer cubana: madre, obrera, esposa, amiga, compañera, artesana del hogar y federada.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Dos mundos, dos éticas: individualismo vs. solidaridad.

Enrique Ubieta Gómez
Recuerdo que fue la conductora del programa de CNN + la que me lanzó la pregunta tramposa: pero los seres humanos, ¿no somos los mismos en todas partes? No se refería, claro, a sentimientos universales, como el amor o el odio, sino a la manera de entender conceptos sociales, indiscutiblemente históricos, como el de libertad. Hablábamos sin embargo de proyectos de vida esencialmente opuestos: los que sustentan al capitalismo, y al socialismo (al menos, como ideal). En el debate que sostuvimos en el programa 59 Segundos de la Televisión Española, el representante del PSOE, ante a la evidencia de que por iguales delitos –recepción de dinero de un país extranjero para la subversión interna, sea o no pacífica--, la justicia española prevé sanciones incluso mayores que las cubanas, se refugió en un argumento que cercenaba toda posibilidad de discusión: “pero Cuba no es un estado de derecho”. La frase, no obstante, puede aceptarse con una adición que modifica su significado: Cuba no es un estado de derecho burgués (pero sí es un estado de derecho). La relación entre los valores –siempre históricos--, socialmente aceptados y la jurisprudencia es obvia: las leyes de un país refrendan sus códigos morales, o son letra muerta.
Acudo a estos ejemplos, para explicar la sordera y la ceguera programáticas de las trasnacionales de prensa (y de los políticos del sistema, rosados, verdes o azules) en torno a cualquier alternativa de organización social: el capitalismo no acepta la existencia de otras formas de vida, a no ser como manifestación de barbarie (o como ilegalidad). La no aceptación es parte de su instinto de sobrevivencia. En muchos países donde existe colaboración médica cubana, el Colegio Médico local (organización gremial) la considera ilegal. ¿Por qué? Los cubanos van a las zonas más apartadas y/o peligrosas, no cobran más que un estipendio mínimo, conviven con los pobladores más pobres y comparten sus condiciones de vida. Absolutamente subversivo. Lo que para cualquier observador imparcial y sobre todo, para los pobladores beneficiados, es un derecho y un acto de solidaridad elemental, aparece como ruptura de la “legalidad” capitalista.
El pasado 16 de agosto The Wall Street Journal, en un artículo de María C. Werlau titulado “El programa cubano de médicos por dinero”, acusa a Cuba de explotar a sus profesionales de la salud. La acusación que formula parece inaudita, pero es coherente con una legalidad (y una moral) que prioriza el enriquecimiento del médico –su interés exclusivo como individuo--, por sobre la necesidad del paciente, es decir, a costa del interés colectivo. Prioridad que es inherente a un sistema que estimula, como motor impulsor, el más descarnado individualismo. La autora considera que el internacionalista cubano es obligado “a trabajar jornadas extremadamente largas en zonas peligrosas, incluidas áreas urbanas con altos índices de crimen y en la selva”. Y no recibe a cambio el salario que los médicos locales exigirían. Es, consecuentemente, un “esclavo moderno”. Werlau evalúa el comportamiento de un internacionalista según las reglas convenidas para un médico del sistema: la ruptura de esas reglas es explicada –solo puede explicarse--, en términos de desvío delictivo. El internacionalismo, la solidaridad, son crímenes, porque atentan contra la ética del individualismo. Werlau no puede (ni quiere, desde luego) situarse en la piel de un internacionalista; no concibe otra motivación humana que no sea el dinero, ni cree que el humanismo pueda convertirse en meta de realización personal. Cita el testimonio de médicos que han desertado bajo el influjo de una campaña mediática –y facilidades excepcionales para la emigración y el asentamiento en Estados Unidos--, diseñada para incitar en ellos los valores del individualismo. Aunque maneja una cifra (no me tomo el trabajo de verificarla) de 1 500 desertores, unos párrafos antes afirma que Cuba mantuvo en el exterior durante el pasado año un total de 38 544 profesionales de la salud. Es una cifra irrisoria, si tomamos en cuenta que los valores del individualismo son predominantes en los países donde los cubanos prestan esos servicios.
Ayer, Fidel recibió a la brigada médica que censaba y atendía en Bolivia a personas discapacitadas de escasos recursos, que llegaba a Cuba para unas breves vacaciones. Y explicaba en su mensaje de bienvenida algo que las corporaciones de prensa y los políticos del capitalismo nunca podrían aceptar, porque estarían de hecho aceptando la posibilidad y la necesidad de un mundo mejor, necesariamente anticapitalista: “Las personas que ustedes atienden, portadores de una gama de sufrimientos, los retribuyen a ustedes con la felicidad de hacer el bien, algo que no se compra con todo el oro del mundo. Ello demuestra que el ser humano, por encima de sus instintos, es capaz de convertirse en símbolo de la generosidad y el bien.
Nadie podría explicarse de otra forma el incansable batallar de ustedes, enfrentándose al calor, la lluvia y los peligros; atravesando bosques y pantanos; desafiando el frío y las nieves de empinadas montañas, para ayudar a esos seres que no podrían prescindir de ustedes, como hoy ustedes no pueden prescindir ya de ellos”.
Dentro de dos semanas esos internacionalistas viajarán a Ecuador para continuar el trabajo que realizaron en Venezuela y en Bolivia. Pero The Wall Street Journal y la Werlau seguirán sin ver, sin escuchar, sin entender.
Ver: Fidel y la brigada Moto Méndez: "la felicidad de hacer el bien"

José Martí: otra vez la lidia de los cascos y los lirios.


Ésa es la lidia humana: la tremenda
Batalla de los cascos y los lirios!”
José Martí
Carlos Rodríguez Almaguer
Por estos días, como parada al borde del abismo, nuestra aturdida Humanidad escucha en lontananza otra vez los atronadores tambores de la que acaso sea la última guerra de esta “civilización” suicida y desquiciada. De nuevo los vientos de tragedia recorren los confines de la Tierra y la amenazan, esta vez de muerte. Desbordadas más allá de todo cauce, la ambición y la soberbia cabalgan, como jinetes del viejo Apocalipsis, enrareciendo el aire de la Vida.
Y recuerdo a Martí cuando al hacerse inevitable la nueva guerra entre mexicanos, fruto al mismo tiempo de la ambición de un caudillo puntilloso y de la ambigüedad de un gobierno que no supo cumplir los altos destinos que le habían sido marcados por la herencia recibida del Indio Benemérito, lamenta en su corazón americano la tristeza de un hecho universal: Otra vez “los pensamientos de los hombres morirán bajo los cascos de los caballos.”
Pero nada hay inevitable bajo la luz del Sol, en lo que toca a los Humanos, cuando la Buena Voluntad que anida en el fondo de todo corazón hace valer su descomunal fuerza; nada es superior al Bien cuando se ejerce vigorosamente por un mundo de personas decididas a no permitir que el egoísmo y la prepotencia, ayudados por la desidia y la apatía, asesinen tanto sueño inconcluso. Ninguna causa puede proclamarse ni justa ni suprema cuando su defensa entraña la destrucción de todo lo que se ha construido hasta hoy y que no es más que el testamento cotidiano de nuestra propia especie en su tránsito desde la fiera al Hombre.
Ya el ser humano cometió el delito de utilizar el conocimiento acumulado y convertirlo, en lugar de en medios para mejorar la vida, en armas para causar la muerte; pero aún le queda al Hombre una oportunidad para impedir que ese delito se convierta en crimen: le es regalada la posibilidad de no usarlas. Si la voluntad no manda el dedo no aprieta el gatillo y entonces, ¡milagro!: El arma no dispara: nadie muere: nadie llora: nadie odia: nadie piensa en venganza: ya no será el diario vivir del matador un sobresalto. Pareciera demasiado ingenuo este razonamiento, sin embargo, así de simple puede ser la solución de este momento indiscutiblemente triste y solo complejo por lo que tiene de soberbia el alma humana y de endeble y voluble su voluntad.
Martí nos enseñó que “Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria.” Y de esas se desprende la sencilla verdad de que, mientras dure la amenaza terrible, la causa suprema de la Raza de los Hombres es evitar la guerra asoladora que lo deshonrará como especie ante la imagen triste de la Madre Naturaleza a la que le debemos todo y a quien tanto daño hacemos con nuestra pequeñeces y miserias.
No es posible que la vertiginosa desbandada de esta época, convulsa y artificiosa, nos haya atolondrado hasta tal punto que nos lleve a pensar que no hay nada que hacer para impedir el hecho abominable y bochornoso de la guerra nuclear. Ningún esfuerzo es desdeñable, ni ninguna idea inútil, cuando se trata de iluminar el alma oscura, u oscurecida, de aquellos que tienen es sus manos el enorme poder de destruir o de salvar al mundo, de hacerle o evitarle un gran perjuicio, “todo al fuego, hasta el arte, para alimentar la hoguera”, como aconsejaba Martí.
Nada excusará jamás a los culpables del probable y evitable cataclismo. Ningún argumento será lo suficientemente válido como para justificar el holocausto. Ninguna causa, ninguna religión, ningún sistema político o económico, ninguna filosofía, ninguna ética está, ni puede estar, por encima de la elemental obligación de respetar y proteger la vida de nuestra Madre Tierra y, como parte de ella, también la vida humana.
Nada es hoy más importante, como ha dicho Fidel, que evitar la guerra. Acaso con el esfuerzo de todos lo logremos; pero después de la terrible noche, cuando el Sol lance otra vez su luz sobre la asustadiza especie de los Hombres, aún pesará sobre los cascos prepotentes, la imperdonable culpa de haber obligado a un lirio a usar espinas.

viernes, 13 de agosto de 2010

Martí vive en Fidel.

Elier Ramírez Cañedo
“Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro”, con esta frase electrizante, Fidel le hizo saber a los jueces que le juzgaban por haber dirigido las acciones del 26 de julio de 1953, que José Martí era el verdadero autor intelectual de aquellos hechos, y que su generación, no permitiría que el Apóstol muriera en el año de su centenario, y que de ser preciso, ofrendarían sus vidas él y todos sus compañeros de lucha en magnífico desagravio junto a la tumba de Martí.
Fidel se impregnó desde joven de las ideas marxistas, pero antes de eso, ya era un profundo martiano. “Yo, antes de ser comunista utópico o marxista, soy martiano; lo voy siendo desde el bachillerato: no debo olvidar la atracción enorme del pensamiento de Martí sobre todos nosotros, la admiración por Martí”, expresó el líder de la Revolución Cubana en 1985 a Frei Betto. De esa amalgama de ideas revolucionarias –martianas y marxistas- floreció en Fidel uno de los pensamientos más genuinos, progresistas y antidogmáticos, que ha conocido la historia de la humanidad en el siglo XX y lo que va del XXI.
El profundo conocimiento de las ideas y el proyecto revolucionario de José Martí, permitieron a Fidel comprender con agudeza la realidad cubana y latinoamericana, y elaborar su propio programa de lucha, afín con el contexto que le tocó vivir. Las ideas martianas lo hicieron más antiimperialista, más latinoamericanista, más humano, más justo y más revolucionario. Pero lo hicieron también entender, que hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas, pues de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin.
Pero la influencia de José Martí en el ideario de Fidel, no solo ha sido ostensible en su pensamiento, sino en su praxis revolucionaria. Esto se hace notorio cuando vemos su rechazo a cuanto signifique evadir el cumplimiento del deber, su entrega total a la causa revolucionaria de Cuba y de los pueblos del mundo, su completo desprendimiento de cualquier ambición personal, excepto la de conquistar toda la justicia para su pueblo y la humanidad toda, la conjugación en su persona de la más grandes cualidades de un ser humano con una natural sencillez.
Fidel se nos asemeja a Martí cuando percibimos su inmensa capacidad como estadista político, su destreza en hacer en cada momento y en cada lugar lo más oportuno, sin adelantarse ni quedarse por detrás de lo que permite la conciencia política de las masas, su total comprensión de que en la unidad está la fuerza, su convicción profunda de que trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras, su capacidad de convertir los reveses en victorias, su habilidad como educador político, su colosal cultura, su optimismo en la victoria, su visión universal, su humanismo, su compañerismo, su ética, su sensibilidad, su visión aguda de los males del capitalismo y su profunda vocación social.
Fidel, al igual que Martí, se levanta por sobre los hombros de sus semejantes, observa el horizonte, nos dice hacia donde vamos, que escollos y peligros nos acechan, y cual es el camino más idóneo que debemos seguir.

jueves, 12 de agosto de 2010

Javi Couso nos acompaña en la Peña del Fide, durante el homenaje a Fidel.


E. U. G.
Fotos: Sheyla Valladares.
Ayer en la tarde-noche nos reunimos (una vez más) algunos amigos y visitantes queridos en la Peña de Fidelito, en los antiguos estudios de la EGREM, en Centro Habana. Los anfitriones son Fidelito, trovador trovadicto y director del Caimán Barbudo, y su inseparable, noble y bien plantado Sancho, Bladimir Zamora (a veces también Quijote), uno de los iconos de la revista cultural, poeta y crítico musical. Pues el ambiente es sabroso: allí cantan todos los trovadores que de casualidad o de a propósito lleguen, viejos o jóvenes o sin edad, en cualquier formato, y pueden aparecer poemas en la voz de Bladimir o repentistas recién llegados a La Habana. Se presenta cada nuevo número del Caimán o de La Calle del Medio, y a veces, hasta las más recientes producciones discográficas de la EGREM. Usted se sienta a tomar unos roncitos o unas cervecitas, y a gozar de la buena música en un ambiente bohemio vivo, para nada contaminado de poses turísticas.
Ayer se dedicó la tarde a homenajear a Fidel en su cumpleaños. El invitado especial fue el español Javier Couso, hermano del periodista asesinado por las tropas estadounidenses en Bagdad. Su presencia en La Habana tiene razones familiares, pero es inevitablemente simbólica: Bagdad es un espejo moderado de lo que podría ser el Planeta, en una posible guerra nuclear. Javi, como lo llaman sus amigos, pelea contra la impunidad asesina del ejército imperial, mientras Fidel no se cansa de advertir sobre las consecuencias que tendría una decisión equivocada del emperador. Pero la tarde era de cumpleaños. Celebrábamos además la reciente rapertura del caso en los tribunales españoles (el acusado es el gobierno norteamericano). Y nos acompañaban la fotógrafa española Marta, de Estrella Roja, el escritor Jorge Ángel Hernández (recientemente víctima de una acción terrorista de El País, órgano de la corporación PRISA), y los trovadores Silvio Alejandro y Ray Fernández, entre otros. También, los excelentes guitarristas Rodney Howard y Tony Carrera. En fin, aquí les dejo algunas fotos. Pueden ver el álbum completo de lo sucedido en mi página de Facebook.





lunes, 9 de agosto de 2010

Fidel: las viejas y las nuevas armas.

Enrique Ubieta Gómez
Es grave su reflexión, como su mirada. La foto de Roberto Chile muestra en close-up a un anciano guerrero que mira fijamente a su interlocutor. La fuerza de esa mirada es la de los argumentos. Fidel Castro es entrevistado por cuatro destacados periodistas venezolanos. Habla de la Península coreana y del Medio Oriente, pero es a propósito de Colombia, el estado intervenido, que formula una conclusión quizás de partida: “Teníamos la razón en desear la justicia y también, la paz. Y éramos partidarios de la lucha. Porque si usted no puede obtener la justicia por otras vías, tiene que ir a la vía de las armas. Pero llega un momento en que ni el Imperio ni los revolucionarios pueden llegar a obtener sus objetivos por la vía de las armas. Miren ustedes la conclusión: Ni el Imperio, ni los revolucionarios”. Fidel, con la experiencia de sus 84 años casi cumplidos, otra vez vestido de verde olivo, advierte: en el nuevo siglo no es viable la guerra, ni la convencional, ni la de guerrillas, ni la atómica. No podría haber vencedores ni vencidos.
Es verdad que su afirmación encaja en un contexto muy específico: la guerra total colombiana, en la que intervienen guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes, militares colombianos y estadounidenses. La guerra como estrategia de colonización militar imperialista, y como forma de control regional. Pero la conclusión trasciende el escenario. Doce años antes, el 23 de junio de 1998, había dicho: “Hoy ya la cosa es de otro carácter, es mundial, es la fuerza del pueblo, la educación, la conciencia; las masas, con un creciente poder, son las que tendrán que resolver estos problemas. (...) Serán otras tácticas, ya no será la táctica al estilo bolchevique, ni siquiera al estilo nuestro, porque pertenecieron a un mundo diferente. Serán otros caminos y otras vías por los cuales se irán creando las condiciones para que ese mundo global se transforme en otro mundo. Yo no concibo otra globalización que no sea la globalización socialista”. Unos meses después, llegarían los nuevos guerrilleros del siglo XXI a Centroamérica y Haití: médicos, enfermeros y técnicos de la salud, que traerían vida en lugar de muerte, que no se inmiscuirían en discusiones políticas, pero cuya sola presencia y actuación terminarían siendo subversivas. Médicos, no para exponer ideas, sino para aplicarlas. Ideas personificadas que salvaban vidas. Ideas que no podían ser calumniadas, porque se manifestaban en hechos. Los pueblos centroamericano y haitiano, y los de otras naciones latinoamericanas, africanas, asiáticas –a donde irían las guerrillas de la salud--, redefinirían en cada médico cubano a la Revolución. Y cada médico se redefiniría a sí mismo en su misión como revolucionario. Magnífica y silenciosa guerrilla que evadía las trampas retóricas de las corporaciones de prensa, y anotaba el gol de las ideas.
En América Latina las estructuras reproductoras del sistema capitalista se agrietaron y las nuevas ideas encarnaron en gobiernos elegidos por el pueblo. Quizás porque carece de argumentos, el imperialismo se aferra en cambio al uso de la fuerza, pero cada guerra que comienza se empantana en la resistencia popular. ¿De qué valen tantas armas acumuladas, tanta inteligencia desperdiciada en sofisticadas maneras de matar, si la fuerza es inviable, si los medios al servicio de la fuerza se desacreditan en la retórica porque ignoran los hechos?, ¿si el mundo en el que vivimos se cae a pedazos? Doce años después, hay decenas de miles de médicos-ideas en muchos países del mundo, cubanos, y venezolanos, nicaragüenses, bolivianos, haitianos, que se formaron en Cuba; también hay decenas de miles de soldados norteamericanos que tratan infructuosamente de vencer a los hombres y mujeres ideas. El peligro sin embargo es el Holocausto, no el metódico y “racional” de los nazis, sino uno más devastador e irracional: el nuclear. Fidel lo ha percibido con claridad, y hace un alto en su obsesión de construir un mundo más justo, para alertar del peligro a sus enemigos. Una alerta que a todos concierne: a ricos y a pobres, a revolucionarios y a contrarrevolucionarios, porque todos navegamos en el mismo Planeta.
Las preguntas que nos dejó Fidel el sábado, desde la tribuna de la Asamblea Nacional, expresan el dramatismo de la situación: el imperialismo, por su naturaleza social depredadora, no cede, pero los seres humanos concretos pueden impedir su vocación suicida. La Humanidad ha llegado al borde del abismo: o reordena su estilo de vida o se despeña. O cesa de guerrear, y construye un nuevo orden internacional, o hallará la muerte. Obama puede ser persuadido de no iniciar la guerra, repite el líder guerrillero, porque no es un asesino: no es un cínico como Nixon, un ignorante como Reagan o un imbécil loco como W. Bush; no es un Nerón capaz de incendiar el mundo.
Entonces Fidel retoma su concepto de siembra de ideas, de formación de conciencias: “¿Cuales son las armas ahora para hacer Revolución? –pregunta a los periodistas venezolanos y responde:-- Divulgar la realidad de lo que va a ocurrir. Ustedes tienen armas nucleares ideológicas (la comunicación con el mundo), y si ganan esta batalla habrán derrotado al régimen y no harán falta Revoluciones”. Pongámonos la improvisada armadura, saltemos sobre Rocinante, y de adarga, empuñemos la pluma, al menos de forma simbólica, porque son tiempos de computadoras, de batallas virtuales. Fidel, el viejo y siempre joven guerrillero, vestido de verde olivo, mira fijamente a sus interlocutores, como si hubiese visto un futuro horrible que la acción inmediata de los pueblos puede cambiar.