domingo, 25 de octubre de 2009

La verdad es para decirla.

Comentario leído en el Noticiero Nacional de Televisión, en la edición del mediodía del domingo 18 de octubre de 2009. Aparece en el No. 18 de La Calle del Medio recién impreso.
JULIA OSENDI.
El Apóstol de nuestras gestas independistas José Martí, con su prolífera pluma, dejó para la historia frases indelebles y una de ellas reza: “la verdad es para decirla, NO para encubrirla”.
¡Qué alegría, qué momentos tan grandes ha vivido el deporte cubano! ¡Cuántas anécdotas, cuántas glorias! Y, en estos momentos, ¡qué nostalgia sentimos!, ¿verdad? Muchas personas se me han acercado hablándome de la inconsistencia de la pelota cubana en eventos internacionales, pues tan sólo girar el rostro hacia atrás éramos campeones en todas las categorías de la IBAF y ahora no lo somos de ninguna. No podemos hablar de que Japón es nuestro victimario en los Clásicos, pues en Juegos Olímpicos lo fue Sudcorea y en las dos últimas versiones de Mundiales lo han sido dos elencos estadounidenses bien distintos. Sin embargo, yo voy más allá, muchísimo más allá. Voy a la no clasificación del seleccionado femenino de voli a la Copa Mundial de noviembre, al perder ante Puerto Rico, equipo que, es cierto, recibe todo el apoyo financiero que se requiere para topes y entrenamiento sofisticado, pero que nunca ha tenido nuestra historia ni nuestras condiciones. Voy a la no clasificación del conjunto femenino de básquet al Mundial del venidero año, cuando el boleto estaba al alcance de la mano, teniendo en cuenta que la Copa América confería tres plazas a la cita del orbe y ya Estados Unidos, en su condición de campeón olímpico y mundial estaba clasificado, e increíblemente, fuimos superados por Canadá y Argentina, amén de que el conjunto brasileño no contaba con todas sus figuras y se le podía ganar.
Con equipos completos en greco y libre y una mujer por vez primera en Mundiales de Lucha, sólo un extra clase como Mijain López pudo conquistar el cetro. En el Mundial de Boxeo, también uno, Roniel Iglesias entre once púgiles, logró la corona. Ni las Guerreras del General Veitía, las judocas, ni las espectaculares morenas del Caribe, han podido reeditar sus hazañas. La excelente actuación de los voleibolistas, con un elenco muy joven, en la Liga Mundial y ahora con su resonante triunfo en el NORCECA; las medallas de oro y plata de Yumari González en el Mundial de Ciclismo que la sitúan como fortísima aspirante a ser seleccionada la Atleta del Año en Cuba; los dos espadistas en el Mundial de Esgrima, disciplina que nos alienta a recobrar los sitiales perdidos de antaño; el subir al podio en los certámenes del orbe de canotaje y taekwondo; y los representantes del deporte rey en el Mundial y la Final Mundial, con la excepción de Dayron Robles, de quien aún no sabemos qué le sucedió en Berlín, ha sido sólo lo significativo para el deporte cubano en este 2009. Tanto es así que si otros años era un dolor de cabeza escoger el atleta, equipo y deporte del año por tantos y tantos con merecimientos, ahora el dolor de cabeza resulta ser todo lo contrario.
Pero, esto no es de ahora. Ya en los Centrocaribes de Cartagena de Indias en el 2006, cuando agónicamente superamos a México para mantener la vanguardia regional que ostentamos por décadas; pasando por los Panamericanos de Río, y un Brasil acechando hasta pocas horas de la clausura, retándonos por el segundo, también ya habitual por décadas; hasta concluir en los Juegos Olímpicos de Beijing, donde sólo dos fuera de liga como Dayron y Mijain ganaban aunque los contrarios fueran de Haití, Zambia o Noruega, la alarma estaba encendida y o no queremos verla o somos unos inconscientes y creemos que el deporte sigue siendo el mismo de 50 años atrás. Me pregunto qué tiene que pasar, hasta dónde va a hundirse nuestro amado deporte, cuántas deserciones más deben lacerarnos, para lograr que la dialéctica, asignatura que yo aprendí en la Universidad de La Habana como parte de la Filosofía Marxista, se imponga. Hay que caminar con los tiempos sin dejar a un lado los principios. Pero, sencillamente, caminar. La respuesta no la tengo yo, pero sí el desgarro y la decepción de ver tantos y tantos fracasos juntos. Como siempre digo cuando toco un tema peliagudo, confío plenamente en la Revolución, en que todos juntos, atletas, entrenadores, técnicos, especialistas, aficionados, dirigentes, podamos hacer que nuestra preciosa nave deportiva enrumbe por un cauce victorioso. Y es que, segura estoy, a pesar de las presiones; a pesar del más descomunal de los acosos sobre nuestros atletas; a pesar de las traiciones; a pesar del bloqueo y a pesar de los pesares, el deporte revolucionario cubano seguirá escribiendo páginas de victorias y leyendas.

Regreso.

Pido disculpas a los que me acompañan en esta embarcación. Estuve de recorrido por Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo con los muchachos de la FEU. Objetivo: presentación y debate de La Calle del Medio en universidades de la región. Los holguineros fueron los más organizados y en un día hicimos cinco presentaciones. Pronto colgaremos en Cubasi el No. 18 (octubre), que ya está en la calle.

martes, 20 de octubre de 2009

Y los premios, premios son…

Darío L. Machado Rodríguez.
Seguramente por elemental correlación debida a la semejanza de las palabras, cuando niño relacionaba el premio Nobel con el adjetivo noble, que significa generoso, gentil y que proviene del latín nobilis que quiere decir conocido, ilustre. Siempre, en lo más profundo de mi subconsciente me he empeñado en vincularlo en su significado, aunque la realidad a menudo me ha dicho lo contrario. Para colmo, hurgando por pura curiosidad en la etimología del apellido, encuentro un origen en Escocia donde el término era usado para denotar a personas agraciadas.
Aun cuando ya adolescente tuve conocimiento de cómo Alfred Nobel había amasado su fortuna en la industria de la guerra, particularmente por haber inventado la dinamita y producirla industrialmente, y comprender la magnitud de los daños que contribuyó a perpetrar, no dejé de emparentar el adjetivo con el famoso premio. En efecto, Alfred Nobel amasó una fortuna de la cual solo dejó una pequeña parte a su familia, y el resto lo puso en el fondo de la fundación que lleva su nombre para premiar a aquellos que hicieran lo que él no hizo: aportar al bienestar de la humanidad. Tal era su complejo de culpa.
El premio ya tiene más de un siglo. Valdría la pena hacer un análisis a fondo desde el sur de este mundo sobre un premio que ha acaparado la atención mundial, que se ha convertido para muchos en símbolo de excelencia y que habitualmente se ha quedado en la Europa que lo vio nacer y en Norteamérica. De hecho, Europa Occidental y América del Norte (EEUU y Canadá) han recibido más del 85% de los premios Nobel; solo EEUU ha recibido 285, lo que significa más de un tercio de los que han sido otorgados desde que en 1901 se instauró el galardón. Los primeros 60 años, absolutamente todos los premios quedaron en Europa, América del Norte y algunos organismos internacionales, con la excepción de uno otorgado en 1936 al argentino Carlos Saavedra Lamas por su labor a favor de la paz regional y mundial.
Los premios los deciden personas de instituciones suecas, con la excepción del Nobel de la Paz que es decidido por el Comité Nobel Noruego del Parlamento Noruego y no todos los que otorga Suecia son decididos por las instituciones académicas de ese país. El premio Nobel de Economía, que se entrega desde 1969, lo decide el Banco de Suecia y tiene el nombre oficial de “Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel”. Y los premios, premios son.
Al entregarse en medicina, física, química, hay un peso grande en los países que han alcanzado su mayor desarrollo sobre las espaldas del subdesarrollo; el argumento no justifica, pero explica. Pero ¿cómo es la situación del Nobel de la Paz? Ese premio ha sido entregado a cerca de 100 personas desde 1901, y ocurrió con él lo mismo que con los otros; las primeras 6 décadas se quedó en la misma zona del mundo (con la excepción ya mencionada) y después ha tenido algunos giros hacia el sur.
Lo han recibido varios presidentes norteamericanos y hasta un vicepresidente, Al Gore, por sus modestos aportes a la protección del medio ambiente y distinguido individualmente junto con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, estructura en la que han interactuado muchas personalidades con muchos méritos. Al Gore lo obtuvo por algunas conferencias sobre el tema y un elaborado y galardonado documental, en los que por cierto no se ve preocupado por el hambre en el mundo, y sin mérito probado alguno a favor de la paz. Pero lo tiene, lo que no deja de ser “una verdad incómoda”. Los que se lo otorgaron pasaron por alto su complicidad en las aventuras bélicas del gobierno del cual era vicepresidente, en Serbia, Irak, Haití y otros países.
Hay personas ilustres que han sido galardonadas con ese premio y que merecen todo el reconocimiento por su dedicación verdadera a la paz, me refiero a Rigoberta Menchú, Adolfo Pérez Esquivel, Nelson Mandela, por solo mencionar a los que me vienen ahora a la mente. Pero también lo han recibido Henry Kissinger, Shimón Peres e Isaac Rabin, los tres acusados de pacifistas y absueltos por falta de pruebas en el tribunal de la humanidad.
Le Duc Tho lo rechazó porque su país aún no estaba en paz. Hermoso ejemplo de dignidad, nobleza y humanismo. También el francés Jean Paul Sartre rechazó en los años 60 del pasado siglo el de literatura, con el argumento de la politización del premio que en aquel entonces solo lo entregaban –según sus palabras- “a los escritores de Occidente o a los rebeldes del Este” y quien, por cierto, advirtió que si se lo entregaban lo rechazaría y así lo hizo, redondeando su posición cuando declaró públicamente que encontraba la insistencia en dárselo “un poco ridícula”. Ahora se le ha otorgado a un sorprendido Barack Obama, con argumentos escasos y nada convincentes. Algunos piensan que tiene todavía la oportunidad de ganárselo, otros que quienes decidieron el premio han avalado algo muy lejano de lo que debe ser entendido como paz.

domingo, 18 de octubre de 2009

¡Está bueno ya de abuso!

El excelente fotógrafo de JR --y colaborador de La Calle del Medio--, Kaloian Santos Cabrera, ha enviado por correo a sus amigos esta imagen tomada ayer en el Pabellón Cuba, donde transcurre una jornada de lujo por la semana de la cultura nacional. Frase célebre --"duélale a quien le duela, lo hicimos", dijo previamente--, pronunciada en la Plaza de la Revolución al finalizar el Megaconcierto por la Paz.

sábado, 17 de octubre de 2009

Premio Nobel de la Paz 2009, entre bastidores.

Thierry Meyssan*
«Esta mañana, al escuchar las noticias, mi hija entró y me dijo: ‘Papá, eres Premio Nobel de la Paz’.» [1] Esta fue la conmovedora historia que el presidente de los Estados Unidos contó a los periodistas como testimonio de que nunca deseó esa distinción y de que era el primer sorprendido. Sin tratar de indagar más sobre el tema, los periodistas publicaron titulares sobre la «humildad» del hombre más poderoso del mundo.
A decir verdad, no se sabe qué resulta más sorprendente: la atribución de tan prestigiosa distinción a Barack Obama o la grotesca farsa que la acompaña, o quizás el método utilizado para corromper al jurado y desviar ese premio de su vocación inicial.
En primer lugar, hay que recordar que, según el reglamento del Comité Nobel, las candidaturas son presentadas por instituciones (parlamentos nacionales y academias políticas) y personalidades calificadas para ello, principalmente magistrados y ganadores de ese mismo premio. Teóricamente, es posible que se presente una candidatura sin que el candidato lo sepa. Sin embargo, cuando el jurado toma la decisión se pone directamente en contacto con el interesado para comunicarle la noticia una hora antes de la conferencia de prensa. Sería esta la primera vez en la historia que el Comité Nobel viola esa regla de cortesía. Según su vocero, lo que pasó es que el Comité Nobel no se atrevió a despertar al presidente de los Estados Unidos en medio de la noche. Parece que no sabía que en la Casa Blanca hay consejeros que se turnan para recibir las llamadas urgentes y despertar al presidente de ser necesario.
La conmovedora historia de la niñita que le anuncia a su papá que le han dado el premio Nobel no basta para disipar la incomodidad que provoca esa decisión. Por voluntad de Alfred Nobel, el premio debe recompensar a «la personalidad que [en el transcurso del año anterior] haya realizado la mayor o la mejor contribución al acercamiento entre los pueblos, a la supresión o a la reducción de los ejércitos permanentes, a la reunión y a la propagación de los progresos por la paz». Lo que el fundador del premio tenía en mente era apoyar la acción militante, no simplemente conceder un certificado de buenas intenciones a un jefe de Estado. Ciertos laureados pisotearon el derecho internacional después de recibir el premio, así que el Comité Nobel decidió hace cuatro años dejar de recompensar un acto en particular y conceder el premio únicamente a las personalidades que hayan dedicado su vida a la paz. Así que, al parecer, Barack Obama ha sido el militante por la paz más meritorio del año 2008 y no ha cometido ninguna violación importante del derecho internacional en lo que va del año 2009.
¿Qué piensan de eso los hondureños que actualmente viven bajo la bota de una dictadura militar? ¿O los pakistaníes cuyo país se ha convertido en el nuevo blanco del Imperio? Sin entrar a mencionar a las personas que siguen detenidas en la base estadounidense de Guantánamo y en Bagram, ni a los afganos y los iraquíes que enfrentan la ocupación extranjera.
Vayamos al punto central del tema, a lo que los expertos en «relaciones públicas» de la Casa Blanca y los medios de la prensa anglosajona quieren esconder al público: los sórdidos lazos entre Barack Obama y el Comité Nobel.
En 2006, el European Command (o sea, el comando regional de las tropas estadounidenses cuya autoridad cubría entonces toda Europa y la mayor parte de África) solicita al senador de origen kenyano Barack Obama que participe en una operación secreta que reúne los esfuerzos combinados de varias agencias (la CIA, la NED, la USAID y la NSA). Se trataba de utilizar su condición de parlamentario para que realizara un recorrido por África, lo que le permitiría al mismo tiempo defender los intereses de los grupos farmacéuticos (ante las producciones no patentadas) y rechazar la influencia china en Kenya y Sudán [2]. En este trabajo abordaremos solamente el episodio kenyano.
La desestabilización de Kenya
Barack Obama y su familia llegan a Nairobi en compañía de un agregado de prensa (Robert Gibbs) y de un consejero político-militar (Mark Lippert), a bordo de un avión especial fletado por el Congreso. Detrás de aquel avión llega otro, fletado por el US Army, a bordo del cual viaja un equipo de expertos en guerra sicológica bajo las órdenes del general, supuestamente retirado, J. Scott Gration. Kenya se encuentra entonces en pleno ascenso económico. Desde el principio de la presidencia de Mwai Kibaki, el crecimiento ha pasado del 3,9 al 7,1% del PIB y la pobreza ha retrocedido de un 56 a un 46%. Tan excepcionales resultados han sido posibles gracias a la reducción de los lazos económicos postcoloniales con los anglosajones y a su reemplazo por acuerdos comerciales más justos con China. Para poner fin al milagro kenyano, Washington y Londres han decidido derrocar al presidente Kibaki e imponer a un oportunista obediente, Raila Odinga [3]. Para ello, la National Endowement for Democracy ha propiciado la creación de una nueva formación política, el Movimiento Naranja, y está preparando una «revolución coloreada» en ocasión de las próximas elecciones legislativas de diciembre de 2007.
El senador Barack Obama hace campaña a favor de su «primo» Raila Odinga. A su llegada, el senador Obama es recibido como un hijo de Kenya y los medios dan a su visita la más amplia cobertura. El senador estadounidense no vacila en inmiscuirse en la vida política local y participa en los mítines políticos de Raila Odinga. Aboga por una «revolución democrática», mientras que su «acompañante», el general Gration, entrega a Odinga 1 millón de dólares en efectivo. Estas intervenciones desestabilizan el país y Nairobi protesta oficialmente ante Washington. Al término de la gira y antes de regresar a Estados Unidos, Obama y el general Gration rinden su informe en Stutgart, ante el general James Jones (a la sazón jefe del European Command y comandante supremo de la OTAN).
Continuando la misma operación, Madeleine Albright viaja a Nairobi, en calidad de presidenta del NDI (la rama de la National Endowment for Democracy [4] especializada en las relaciones con los partidos de izquierda), donde supervisa la organización del Movimiento Naranja. Más tarde, John McCain también viaja a Kenya, como presidente del IRI (la rama de la National Endowment for Democracy especializada en las relaciones con los partidos de derecha), para completar la coalición de oposición con pequeñas formaciones de derecha [5]. Durante las elecciones legislativas de diciembre de 2007, un sondeo financiado por la USAID anuncia la victoria de Odinga. El día de la votación, John McCain declara que el presidente Kibaki ha “arreglado” el escrutinio a favor de su propio partido y que la victoria es en realidad de la oposición que liderea Odinga. La NSA, en contubernio con operadores locales de telefonía, envía SMS anónimos a la población. En las zonas pobladas por los luos (la etnia a la que pertenece Odinga), los SMS difunden el siguiente mensaje: «Queridos kenyanos: los kikuyus han robado el porvenir de nuestros hijos... Tenemos que darles el único tratamiento que ellos entienden... la violencia». Mientras tanto, en las zonas pobladas por los kikuyus, la redacción es la siguiente: «No se derramará la sangre de ningún kikuyu inocente. Los masacraremos hasta en el corazón de la capital. Por la Justicia, hagan una lista de los luos que conozcan. Haremos llegar a ustedes los números de teléfono a los que se debe enviar esa información». En pocos días, un apacible país se ve sumido en la violencia étnica. Los motines dejan más de 1 000 muertos y 3 000 desplazados. Se pierde medio millón de empleos. Regresa Madeleine Albright. Propone servir de mediadora entre el presidente Kibaki y la oposición que está tratando de derrocarlo. Hábilmente, Albright se aparta y pone bajo la luz de los proyectores al Oslo Center for Peace and Human Rights. El nuevo presidente de esta respetada ONG es el ex primer ministro de Noruega, Thorbjorn Jagland. Rompiendo con la tradicional imparcialidad del Oslo Center, Jagland envía a Kenya dos mediadores, cuyos gastos corren por cuenta del NDI que preside Madeleine Albright (dicho de otra manera, el dinero que paga las cuentas proviene del presupuesto del Departamento de Estado de los Estados Unidos). Los mediadores son otro ex primer ministro noruego, Kjell Magne Bondevik, y el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan (ghanés muy presente en los Estados escandinavos desde que se casó con la sobrina-nieta de Raoul Wallenberg). Obligado a admitir el compromiso que se le impone como condición para el restablecimiento de la paz civil, el presidente Kibaki acepta la creación de un puesto de primer ministro y la nominación de Raila Odinga en ese cargo. Lo primero que hace Odinga es reducir los intercambios con China.Regalitos entre amigosAhí termina la operación kenyana, pero la vida de los protagonistas sigue adelante. Thorbjom Jagland negocia un acuerdo entre la National Endowment for Democracy y el Oslo Center, acuerdo que se hace formal en septiembre de 2008. Se crea una fundación adjunta en Minneapolis, permitiendo así que la CIA pueda subvencionar indirectamente a la ONG noruega. Esta interviene por cuenta de Washington en Marruecos y principalmente en Somalia [6]. Obama es electo presidente de los Estados Unidos. En Kenya, Odinga decreta varios días de fiesta nacional para celebrar el resultado de las elecciones estadounidenses. El general Jones se convierte en consejero de seguridad nacional, y nombra a Mark Lippert jefe de su equipo y al general Gration como adjunto. Durante la transición presidencial estadounidense, el presidente del Oslo Center, Thorbjorn Jagland, es electo presidente del Comité Nobel, a pesar del riesgo que un político tan retorcido representa para la institución [7]. La candidatura de Barack Obama al premio Nobel de la Paz es presentada a más tardar el 31 de enero de 2009 (fecha límite reglamentaria [8]), o sea 12 días después de su entrada en funciones en la Casa Blanca. Ásperos debates se desarrollan en el seno del Comité que no logra ponerse de acuerdo en cuanto al nombre del laureado para principios de septiembre, contrariamente a lo previsto en su calendario habitual [9]. El 29 de septiembre, Thorbjorn Jagland es electo secretario general del Consejo de Europa como resultado de un acuerdo, convenido por debajo de la mesa, entre Washington y Moscú [10]. Cuando se recibe un regalo, hay que devolver la cortesía. La condición de miembro del Comité Nobel es incompatible con una importante función política de carácter ejecutivo, pero Jagland se mantiene en el Comité argumentando que el reglamento se refiere a una función ministerial pero que no dice nada del Consejo de Europa. Así que regresa a Oslo el 2 de octubre. Ese mismo día, el Comité designa al presidente Obama como premio Nobel de la Paz 2009.En su comunicado oficial, el Comité declara con la mayor seriedad del mundo: «Es muy raro que una persona, Obama en este caso, logre cautivar la atención de todos y transmitirles la esperanza de un mundo mejor. Su diplomacia está basada en el concepto de que los que dirigen el mundo tienen que hacerlo sobre la base de valores y de comportamientos compartidos por la mayoría de los habitantes del planeta. Durante 108 años, el Comité del premio Nobel se ha esforzado por estimular el tipo de política internacional y de acción cuyo principal vocero es Obama» [11].Por su parte, el feliz laureado declaró: «Recibo la decisión del Comité Nobel con sorpresa y con profunda humildad (...) Aceptaré esta recompensa como un llamado a la acción, un llamado a todos los países a que se alcen ante los desafíos comunes del siglo XXI». Así que este hombre «humilde» se ve a sí mismo como representante de «todos los países». Eso no parece augurar nada de paz.

*Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

________________________________________

[1] « Remarks by Barack Obama on Winning Nobel Peace Prize », Voltaire Network, 9 de Octubre de 2009.

[2] Más detalles sobre esta operación serán dados a conocer en el libro de Thierry Meyssan Le Rapport Obama, de próxima publicación.

[3] Raila Odinga es el hijo de Jaramogi Oginga Odinga, quien tuvo como principal consejero político al padre de Barack Obama.

[4] «Las redes de la injerencia "democrática"», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 22 de enero de 2004.

[5] Estados Unidos ya había creado hace tiempo su propio partido en Kenya, bajo la dirección de Tom Mboya. Su objetivo era contrarrestar la influencia rusa y, ya en aquella época, la influencia china.

[6] El Oslo Center también ha participado también en la desestabilización de Irán, durante la reciente elección presidencial, a través del envío de fondos al ex presidente Jatami.

[7] Vicepresidente de la Internacional Socialista, Thorbjorn Jagland es un ferviente partidario de la OTAN y de la incorporación de Noruega a la Unión Europea. Se codea con las élites mundialistas y ha participado en los trabajos del Council on Foreign Relations, de la Comisión Trilateral y del Grupo de Bilderberg. Su historial político incluye varios escándalos por corrupción que implican a personas de su entorno, como su amigo y ministro de Planificación Terje Rod Larsen (actual coordinador de la ONU en las negociaciones del Medio Oriente).

[8] El Comité recibió 205 proposiciones de candidatura pero, conforme al reglamento, sólo 199 eran elegibles. Después de alcanzar esa cifra, el Comité Nobel no podía agregar otros nombres durante sus deliberaciones.

[9] El anuncio del premio debió haber tenido lugar el 9 de octubre. Por razones organizativas, el nombre del laureado tenía que estar determinado a más tardar el 15 de septiembre.

[10] A pesar de no formar parte del Consejo de Europa, Estados Unidos goza de gran influencie en el seno de ese órgano. Moscú no estaba de acuerdo con la elección de Jagland, pero quería evitar sobre todo la del polaco Wlodzimierz Cimoszewicz.

[11] «Anuncio del Comité del Premio Nobel sobre el premio Nobel de la Paz de 2009 », Red Voltaire, 9 de Octubre de 2009.

viernes, 16 de octubre de 2009

Lagarde desenmascara a Yoani.

A veces no sé si debo comentar los escandalitos mediáticos cronométicamente concertados por la prensa anticubana --aunque no sean los únicos, en esa labor se destacan los hijos de PRISA, que son órganos de la derecha: El Nuevo Herald de Miami y El País de Madrid--, que intentan rescatar la imagen de la activista contrarrevolucionaria Yoani Sánchez. Por lo general, paso con ficha. Ahora, sin embargo, el artículo de M. H. Lagarde merece un enlace. La verdad que Lagarde es mucho más importante que Yoani, pero por eso mismo no los voy a privar de leer desde mi blog su comentario: Yoani Sánchez y la manipulación de un premio.

Fidel: Un Premio Nobel para Evo.

Si a Obama se le otorgó el Premio por ganar las elecciones en una sociedad racista, a pesar de ser afroamericano, Evo lo merece por ganarlas en su país, a pesar de ser indígena, y cumplir además lo prometido.
LEA EL TEXTO COMPLETO AQUÍ.

jueves, 15 de octubre de 2009

Antonio Guerrero, un héroe.

E. U. G.
Hace unos días en Santa Clara conversaba con algunos escritores sobre la existencia de héroes anónimos en la sociedad cubana, que apenas se reconocen, y que de improviso se revelan con una fuerza desconocida hasta por ellos mismos. Quiero referirme hoy a uno de esos hombres, ex compañero de estudios, preso en Estados Unidos. Antonio Guerrero, Tony --uno de los Cinco, como se les conoce--, suscita sentimientos de odio en sectores de la contrarrevolución. Me atrevo a decir que lo que no le perdonan a esos cubanos, es la dignidad con la que asumen su encierro; la actitud, las palabras, el gesto, la confianza --no en algún veredicto judicial, sino en la historia--, propias de héroes. En un mundo de antihéroes, la actitud francamente heroica desconcierta y produce un resentimiento desbordado. Por eso mi pequeño homenaje ante la injusta resentencia --una injusticia nunca se mide cuantitativamente: tan injusta puede ser una cadena perpetua como un año de cárcel-- de Tony, preso político, será reproducir algunas de sus palabras en sendas cartas personales que me enviara:

-- "Hay momentos en que todo se define, en que tienes que definirte como hombre, como revolucionario y para esos momentos hay que estar preparado con una formación, una integridad, una lealtad, un altruismo irreversible, siempre la causa justa primero, por encima de uno mismo. Así le digo a mis hijos y trato de ser ejemplo en la distancia" (14 de agosto de 2008);

-- "Tengo, como tu, la total certeza de que nada nos hará desviarnos del noble y digno camino socialista. Perfeccionarlo responde a la dialéctica que tu y yo estudiamos. Hay manuales que se acaban, pero hay otros que serán por siempre necesarios. Seguiremos escribiendo para nosotros el nuestro, el escrito con el heroismo y la abnegación de nuestro pueblo" (18 de noviembre de 2008)

martes, 13 de octubre de 2009

Sobre la nueva (injusta) sentencia contra Tony.

Hoy tuve bastante trabajo. Pero no quiero irme a la cama sin comentar brevemente la nueva sentencia dictada contra Antonio Guerrero, mi ex compañero de aula en la Escuela Lenin. Algunos hablan de una victoria, y bien vistas las cosas, el hecho de que se revisara su caso, como el de sus compañeros, lo es. Que una injusta cadena perpetua se convierta en una injusta sentencia de casi 22 años, es un reconocimiento de la arbitrariedad del juicio condenatorio. Pero no me siento satisfecho. Tony lleva ya 11 años de prisión. Mañana volveré sobre este tema.

lunes, 12 de octubre de 2009

Si es verdadero, es blanco.

Santiago Alba Rico.
Los negros de La Martinica que iban al cine en los años 40 -cuenta Frantz Fanon en “Piel negra, máscaras blancas”- se identificaban con Tarzán y no, obviamente, con sus porteadores africanos. Tarzán era el negro más fuerte, el negro más inteligente, el único negro verdadero, porque era blanco, y todos los otros negros, que no lo eran, tenían que someterse a su jefatura natural. La blancura no es un color sino un precipitado rocoso de certezas y gestos, apoyado en una jerarquía geológica, de origen colonial, hasta tal punto anclada en el orden de nuestra historia que lo que verdaderamente asombra del triunfo de Obama es que se trata, no de la primera vez que un negro alcanza la presidencia de los EEUU, no, sino de la primera vez que un negro, al igual que Tarzán, al contrario que Michael Jackson, alcanza la verdadera blancura; es decir, se convierte en un foco de identificación universal. El gobierno es blanco, o de otro modo es que no hay gobierno. ¿Pasa lo mismo con la novela?
Lo importante no es en qué lengua hablamos; lo importante es en qué lengua callamos. No me refiero a la lengua del pensamiento sino a ese más atrás, cuando ya no podemos retroceder más, del que queremos escapar a todo trance y del que tratamos de escapar precisamente hacia el lenguaje mediante toda clase de rodeos, tanteos, palabras de ciego: la narración. Lo que se quiere decir, lo que no se puede decir, lo que siempre queda debajo, esa impotencia -lengua y ciudad materna- es irreductiblemente castellana o inglesa o francesa o china o swahili. El colonialismo europeo cometió, resultado de otros anteriores o simultáneos, dos crímenes imperdonables: enseñó inglés y francés a los nativos como si hablar consistiera en pronunciar sonidos, sin proporcionarles la espalda en la que uno se apoya y que al mismo tiempo no se puede mirar; y les enseñó inglés o francés como si no fuesen ya hablantes, es decir, sin dejarles un lugar propio al que poder retroceder o, más exactamente, del que poder escapar narrativamente. Los llamados “estudios postcoloniales” se ocupan desde hace cuatro décadas de esta donación depredadora o de este magnánimo saqueo que prolonga, también en el ámbito de la cultura, ancestrales relaciones de dominio colonial.
Ngugi wa Thiongo, nacido en Kenia en 1938, es uno de los más grandes novelistas africanos y uno de los que mejor ha pensado esta madeja. En 1977, después de haber publicado cuatro novelas en inglés, escribió e hizo representar una pieza teatral en lengua kikuyu, Me casaré cuando me apetezca (Ngaahika ndeenda); el éxito fue tan grande que el gobierno lo metió en la cárcel. Como bien explica Frédérick Ivor, el problema no es que criticara al régimen del presidente Kenyatta, como venía haciendo desde siempre, sino que por primera vez hablaba de la vida cotidiana del pueblo en una lengua que el pueblo podía comprender. En prisión Ngugi escribió una primera novela en su lengua materna y, una vez liberado gracias a la presión internacional, decidió no volver a escribir nunca más en inglés, lo que le retiró el aprecio de muchos críticos occidentales que hasta entonces lo habían alabado: se trataba de un “desastre editorial”, un error que lo sacaba del “mercado” para convertirlo en un escritor “minoritario”. “Se escribe para ser leído”, decía Denise Coussy, “habría que estar loco para ponerse a publicar, por ejemplo, en bretón”. Pero Ngugi escribía precisamente para ser leído, no por Denise Coussy, es verdad, sino por la población de Kenia; y no por esa minoría mayoritaria de los lectores y críticos occidentales sino por la mayoría minoritaria de los keniatas.
Ngugi no escribía para cambiar la historia de la literatura; escribía -y escribe- para cambiar la historia de su país. Su decisión la explicó muy bien en un libro fundamental, vástago de Fanon y de Cesaire, cuyo título enuncia ya un programa: Descolonizar la mente (1986). “El efecto de un bombardeo cultural”, dice Ngugi, “es aniquilar la confianza de un pueblo en sus nombres, en sus lenguas, en sus entornos, en su herencia de lucha, en su unidad, en sus capacidades y, en última instancia, en sí mismo. Le hace querer identificarse con lo que está más lejano de sí, por ejemplo, con las lenguas de otros pueblos más que con la suya propia.” No es que la causa de este colonialismo sea lingüística, pero se habla ahí, se esconde ahí, anida y se legitima y se reproduce ahí. Las causas son la intervención permanente de un Occidente que no quiere una “democracia auténtica” para Africa, entendida como soberanía de los propios recursos materiales, y la monotonía de unos gobiernos dictatoriales que colaboran en “la división y represión permanentes del continente”. Y la solución no puede ser literaria, claro, pero la literatura constituye ese fondo materno irrenunciable hacia el que retroceder, desde el que escapar, sin el cual no hay más que máscaras, o cáscaras, derribadas por el más liviano empujón. El kikuyu no es la liberación, pero interrumpe el juego de la donación depredadora y el magnánimo saqueo y enciende un foco local de identificación no-blanco, no-verdadero, no-colonial. Lo que los blancos robaron a los negros no fue una lengua propia sino -al contrario- una lengua común, y se la robaron no porque fuera distinta de la suya o porque quisieran compartir el inglés (que no querían) sino precisamente porque era común. Es decir, porque era el inglés del otro, pero quizás sin tantas mentiras y tantos muertos enterrados en sus verbos.
En España se han traducido sólo dos libros de Ngugi wa Thiongo'o: El diablo en la cruz, escrito en 1984 y publicado por la editorial Txalaparta (1994, traducción de Alfonso Omaetxea) y Un grano de maíz, una de sus primeras novelas, todavía “afroeuropea”, escrita en inglés en 1967 y publicada en nuestro país por la editorial Zanzíbar (2006, traducción de María Sofía López). Al placer narrativo de leer uno y de leer otro se añade el placer especulativo de compararlos.
Revista La Dinamo, N.º 31

domingo, 11 de octubre de 2009

Apología del compañero.

Antonio Rodríguez Salvador.
Tomado de La Calle del Medio 17.
De tan sólo colocar la palabra compañero en el título de este artículo, cierto lector dirá: «Ya este escritor viene con el tema de la política». Y por qué, si la palabra compañero –que aparece cuarenta y tres veces en el Quijote, y setenta y siete en la Biblia– proviene de una lengua tan antigua como el latín, donde la unión de cum y panis significa comer solidariamente del mismo pan.
Pero es que ya son dos las palabras sospechosas: compañero y solidaridad –con cierto retintín argumentaría el mismo lector– y, sin embargo, no es culpa mía que estas fueran las dos primeras acciones que distanciaron al hombre de los animales. Quizá hoy no podamos determinar con qué gruñido neandertal se decía la palabra compañero; pero sí que el sentido de ese término –compartir el alimento– no sólo expresaba la intención de no comerse al semejante, sino también el valor de la cooperación generosa.
Porque hemos visto cómo los cerdos comen del mismo cajón; y los leones de la misma gacela muerta, pero nunca ningún cerdo o león corren a llevarle una porción de comida al enfermo, ni tampoco ceden la mejor posta al más débil. Hasta de las perras –cuya maternidad es proverbial– se conoce que llegan a devorar a sus propios cachorros recién nacidos.
El ritual de la mesa, tal como lo conocemos hoy, es de invención espartana. Fue el legislador Licurgo quien dispuso que todos debían sentarse alrededor de una mesa para compartir el pan, una medida que de inmediato contó con la aprobación de muchos; salvo de algunos ricos, que cegados por la ira llegaron al extremo de saltarle un ojo a Licurgo. Desde entonces la palabra señor se opone a la palabra compañero. Señor es el dueño del pan, y en todo caso lo vende, no lo comparte.
Naturalmente, los espartanos no usaban la palabra cum-panis para nombrar sus banquetes, sino fidicia, lo cual viene a significar «oficina de amistad y concordia», lo mismo que hoy la palabra compañero. Fidicia en realidad tenía raíz en la palabra filia, es decir, afición o amor a algo, pero según cuenta el historiador Plutarco, ellos ponían la «d» en lugar de «l» porque acostumbraban a la moderación y al ahorro.
También de la palabra compañero deriva compañones, es decir, testículos. Los testículos comparten el pan; en muchos países la palabra pan también define al órgano sexual de la mujer; en Cuba usamos la que nombra al panecillo redondo.
Asimismo estos comparten la filia –el amor–; mientras la tradición también les asigna el cometido de acompañarse en la valentía. Por eso testículo es sinónimo de testigo, y de esta última surge la palabra testimonio. Ya vimos que los señores espartanos sacaran un ojo a Licurgo con tal de no compartir su pan, pero la palabra testimonio significa brindar desde ojos fieles el pan de la verdad. Apuntemos que testigo, en griego, se dice mártir (martyr), y eso es porque se necesita mucha valentía para ser fiel, para ser siempre veraz.
Y de filia igualmente proviene fidelidad; una palabra cuyas dos primeras acepciones son, según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE): 1) Que guarda fe, o es constante en sus afectos, en el cumplimiento de sus obligaciones y no defrauda la confianza depositada en él; y 2) Exacto, conforme a la verdad.
También cuenta Plutarco que la costumbre de compartir la mesa la tomaron los espartanos de los cretenses. En Creta, a los banquetes no se les llamaba fidicia, sino andria, o sea, hombre. Esto nos hace volver al neandertal: se empieza a ser hombre cuando se comparte solidariamente con el semejante, y quizá por eso la palabra griega con que se define la raza es filon –otro derivado de filia–, lo cual en latín terminó siendo filius: hijo. Esta derivación es muy lógica, en tanto solemos ser mártires en la defensa de nuestros hijos. Ellos son el testimonio de nuestro amor y de nuestra raza; también son nuestro cum-panis.
Por eso a veces me pregunto por qué a Jesucristo le dicen Señor, y no Compañero. El antónimo de compañerismo es individualismo; el ególatra enceguece, saca ojos si tiene que sacarlos; pero Jesucristo –ya sea el Dios o el histórico, según el credo de cada cual– simboliza iluminación y el que da vista a los ciegos. ¿Y acaso no enseñó a compartir el pan?, ¿y dijo que primero pasaría un camello por el hueco de una aguja antes que un rico al Reino de los Cielos? ¿Y quién, si no, fue mártir por brindar testimonio de la fe? Y se llamó a sí mismo Hijo del Hombre.

sábado, 10 de octubre de 2009

Igor Golembiovsky falleció víctima de la economía de mercado que defendió en la URSS.

Reproduzco íntegramente esta noticia, aunque algunos matices del texto puedan ser rectificados o comentados a su vez. Escrito con evidente admiración hacia el personaje, usted puede sacar sus propias conclusiones.

Muere periodista ruso artífice de la glasnost.

Transformó el diario soviético Izvestia en sociedad anónima y la iniciativa privada se lo arrebató.
Juan Pablo Duch.
Moscú, 6 de octubre. Periodistas, políticos y muchos anónimos lectores de aquel Izvestia, diario que le tocó dirigir en un periodo crucial para la historia de este país, acudieron este martes al cementerio Troyekurovskoye para dar el último adiós a Igor Golembiovsky, símbolo de la libertad de expresión –junto con Yegor Yakovlev, desde el semanario Moskovskiye Novosti, y Vitali Korotich, desde el semanario Ogoniok, en los años previos al colapso de la Unión Soviética y la década de los noventa del siglo pasado. Golembiovsky, quien falleció hace unos días poco después de cumplir 74 años de edad, recibió sepultura en el mismo lugar donde se encuentra la tumba de Anna Politkovskaya, asesinada hace justo tres años por un pistolero a sueldo. Pero él, uno de los artífices de la glasnost en tiempos de Mijail Gorbachov, no murió por las balas de un sicario: acabó su brillante carrera periodística, enfermo y marginado, como víctima de la economía de mercado, la cual siempre promovió como alternativa viable al socialismo anquilosado. En la primera mitad de los ochenta, en tiempos de Yuri Andropov, Golembiovsky, considerado un periodista problemático, fue enviado a México como corresponsal de Izvestia. En ese país vivió su primer exilio dorado hasta que, concluido el interregno de Konstantín Chernenko, con Gorbachov en el poder, pudo regresar a Moscú en calidad de jefe de redacción de su periódico. Ya como subdirector, en 1990, los nuevos jerarcas del partido comunista, y sobre todo su ala más conservadora en lo ideológico, calificaron a Golembiovsky de demasiado liberal y lo enviaron de corresponsal a España. Unos meses después, renunció a la corresponsalía y pidió volver a Moscú, integrándose al cuerpo de articulistas del diario. El 23 de agosto de 1991, dos días después del fallido putsch que quiso derrocar a Gorbachov, Golembiovsky asumió la dirección de Izvestia, elegido para el cargo por los propios periodistas y trabajadores del diario que, en asamblea, se proclamaron un medio independiente del Soviet Supremo, el parlamento soviético, que hasta entonces lo financiaba. Con el apoyo de Boris Yeltsin, a cuyo gobierno no por ello dejó de criticar cuando en su opinión había motivos, Golembiovsky llevó a Izvestia a su época de gloria, con 11 millones de ejemplares diarios. Y a diferencia de algunos directores que se enriquecieron al apropiarse de la infraestructura heredada de la época soviética, Golembiovsky quiso que el diario se financiara como una sociedad anónima, repartiendo acciones entre los periodistas y trabajadores, así como atrayendo a importantes socios capitalistas que, poco a poco, se fueron haciendo con el control accionario de la empresa. En1997 se acabó la paciencia de los poderosos frente a las críticas, después de que Golembiovsky, fiel a sus convicciones periodísticas, consideró de interés reproducir una nota del periódico francés Le Monde que atribuía al entonces primer ministro de Rusia, Víktor Chernomyrdin, una supuesta fortuna personal de cerca de 5 mil millones de dólares. El premier montó en cólera y exigió a la petrolera Lukoil y al banco Oneximbank, ya accionistas mayoritarios de Izvestia, la destitución de Golembiovsky. Con él, se fue un numeroso grupo de periodistas y, poco tiempo después, fundó Noviye Izvestia, nuevo proyecto periodístico financiado por el magnate Boris Berezovsky, entonces miembro del primer círculo de Yeltsin. Caído en desgracia Berezovsky, enfrentado personalmente con Vladimir Putin, Golembiovsky tuvo que dejar la dirección de Noviye Izvestia en 2003. Aún tuvo fuerzas para fundar un nuevo diario, Russky Kurier, que al poco tiempo tuvo que cerrar al no poder soportar la presión de las autoridades, el acoso judicial bajo todo tipo de pretextos y el creciente boicot publicitario en su contra. Todas estas batallas quebrantaron su salud y, desde 2005, tras sufrir una embolia, Golembiovsky estuvo postrado en cama, pero lúcido y atento al acontecer político en Rusia, sin renunciar jamás a su irrepetible sentido de la ironía.