martes, 9 de febrero de 2010

La media rueda.

Antonio Rodríguez Salvador.
Especial para La Calle del Medio
En este 2010 cumplo cincuenta años. Ciertamente, siempre hay amigos y familiares que se ocupan de recordar las fechas redondas. Y puede que las vean como una excelente ocasión para celebrar; pero ahora –y al contrario de cuando, por ejemplo, yo estaba por llegar a los treinta– no he respondido con igual jovialidad.
Uno dice “la media rueda”, y hay en la frase bastante de irracional optimismo. Primero, porque imagina que montado sobre cajas de bolas llegará feliz a los cien años. Si hasta hoy ha sido así, mañana tendrá que ser igual, uno se dice, y sin embargo no tiene en cuenta que las tozudas estadísticas de la Organización Mundial de la Salud indican que solo con buena suerte los hombres alcanzarían a cumplir los setenta y cinco. Naturalmente, hablo de los hombres que viven en algunos países del Primer Mundo –no en todos– y vean qué sorpresa, también de aquellos que viven en Cuba.
Exactamente, la esperanza masculina de vida para Cuba es de 75,4. O sea, que ya no estoy fifty-fifty en este excepcional negocio que es vivir, sino llegando a mi tercer cuarto de rueda: la verdadera mitad debí haberla celebrado cuando cumplí 37 años, nueve meses y once días. No obstante, veamos cómo todo es relativo. Por ejemplo, los hombres que ahora mismo viven en los Estados Unidos, estarían celebrando su media rueda un poco antes que los cubanos: un privilegio ganado gracias a que la esperanza de vida en ese país es de 75,1; o sea, como promedio se mueren unos cuatro meses antes.
Ahora bien, si mirásemos el asunto desde ojos alienígenas, nuestra media rueda en verdad tendríamos que celebrarla más o menos al arribar a los 31: tengamos en cuenta que la esperanza global de vida masculina se acerca hoy mismo a los 62. Claro está, cualquiera diría: No estoy de acuerdo con ese cálculo, y la protesta sería comprensible. Saber que de pronto a uno le quedan escasos doce años de vida por delante, le quita a cualquiera las ganas de celebrar. Por eso es mejor entretenernos mirando películas de Hollywood –donde los viejitos de 90 suelen hacer jogging en los parques–, antes que dar un costoso viaje hasta Botswana, solo para enterarnos que allí los hombres viven como promedio hasta los 34.
Admirémonos entonces de cómo para ciertas cosas conviene hablar de globalización, y para otras no. Me explico: Hoy apenas se discute que el mundo es global; semejante discurso uno lo escucha lo mismo en Londres, que en Lima o Singapur. Globalizadas están las modas, los gustos, el tema de los derechos humanos… Sin embargo, no lo están las películas de Bostwana, ni tampoco las celebraciones de la media rueda. Por ejemplo, mientras en Japón o Islandia los hombres suelen festejarla a los 39 años, los de Sierra Leona –y también los de Liberia, Lesotho y Angola–, lo hacen a los 19. El hambre, el sida, y muchas enfermedades curables no los dejan llegar a los cuarenta.
Ahora bien, hay un segundo factor que uno también pretende ignorar, y es que la primera media rueda no camina igual que la segunda. Mi amigo, el escritor espirituano Esbértido Rosendi Cancio, me ha dicho: “El problema no es que las muchachas no nos miren; es que ya no nos ven”. Por Internet circulan otros chistes en relación con el tema: Si tienes veinte años, y al levantarte por la mañana no consigues hacer pis, entonces debes esperar a que ceda la erección; pero si el hecho ocurre a los setenta, con absoluta seguridad necesitas urgente tratamiento de la próstata.
Puede que algún lector señale que de pronto acudo a demasiadas referencias eróticas: Sin embargo, este es un tema de interés general, no solo preocupa a quienes ya van camino de la tercera edad. Por ejemplo, una de las frases más divulgadas del 2009 fue dicha por el famoso oncólogo brasileño Drauzio Varella, Premio Nóbel de Medicina: “En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para las mujeres, que en la cura del Alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven”.
En fin, la garantía de la próstata expira a los cincuenta años; después, por lo común, esta comienza a crecer y a crecer, y algunas veces llega a comprimir la uretra. La buena noticia para los hombres de Zambia y de otros veintitantos países de África Subsahariana –cuya esperanza de vida apenas rebasa los 45 años– es que en su segunda media rueda no se les augura problemas para orinar. Puede, además, que no consigan entender muchos de los chistes que hoy circulan por Internet, sobre todo teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de ellos nunca necesitará acudir a los auxilios del Viagra.
Incluso, muchas de las enfermedades que por lo común atormentan a los europeos: las cataratas, la osteoporosis, la demencia senil, son casi desconocidas por los hombres que viven en África Subsahariana. Estos se mueren con mente clarita, huesos duros y visión 20-20; lástima que sus cuerpos no consigan acostumbrarse al no comer.
Obviamente, es este un chiste macabro, pero más macabro aún es el hecho de que algunos países ricos pretendan aumentar la esperanza de vida de los africanos –y también de ciertos pueblos asiáticos-- no con ayudas para el desarrollo o vacunaciones masivas, sino con terapias de armas y soldados.
Según informan diversos medios –todos sabemos cuáles--, ello se hace para que en esos países flameen las banderas de la libertad. Algo que sin duda consiguen, pues, por ejemplo, si un norteamericano de 35 años fuese condenado a prisión perpetua, y agreguemos que sin derecho a libertad condicional; de acuerdo con su esperanza de vida tendría que pasar otros 40 tras las rejas. Sin embargo, si quien recibiera tal sanción fuese un afgano de la misma edad, entonces solo tendría que estar preso unos 5 años. Naturalmente, hablamos de un convicto norteamericano blanco, quizá nacido en Beverly Hills; si por casualidad fuese un negro de Harlem, tendría que estar encarcelado diez años menos. Apreciemos entonces cómo los Estados Unidos avanzan en el tema del racismo.
Y también adelantan bastante en la lucha contra sus enemigos ideológicos. Por ejemplo, durante la era soviética los rusos tenían que esperar más de dos años para celebrar su media rueda. No es justo que una persona tenga que esperar tanto para divertirse, y por eso ahora los rusos se mueren como promedio cuatro años antes.
En fin, estimado lector, en estas cosas pienso cuando algunos amigos avisan de mi próximo cumpleaños. Vean entonces cómo me da por hacer cálculos, y perderme en arduos laberintos: esa es otra diferencia entre la primera y la segunda media rueda. Durante la adolescencia, todo parece color de rosas: nada preocupa, y mucho menos ocupa. Por eso a veces pienso que lo mejor sería vivir en Suazilandia, país donde celebran la media rueda a los 16. Desde luego, como en Suazilandia la esperanza masculina de vida es de apenas 32 años, de pronto me entran escalofríos: ciertamente, no hubiese tenido que sacar tantas cuentas, pero quién sabe si ya me hubiera muerto hace 18.

domingo, 7 de febrero de 2010

Supe que Bertolt Bretch aún vive en Berlín.

Enrique Ubieta Gómez.
Fotos de Conde.
Los alemanes aún recitan de memoria sus versos, y el Berliner Ensemble sigue reponiendo sus obras. Veinte años después de la caída del muro, y de la desaparición de la Alemania del Este, de la que fue crítico y defensor, y a más de medio siglo de su muerte, la obra de Bertolt Bretch --poeta y dramaturgo comunista--, sigue siendo actual. La casa que habitó en la zona oriental de Berlín es hoy un museo privado. Para los poetas y trovadores cubanos de la generación de Silvio, fue un paradigma literario. Estuve en su tumba, vecina de la de Hegel. Pero en la suya no hay mármoles ni bustos: solo una piedra con su nombre. Muy cerca está el zaguán que conduce a la parte posterior del edificio que habitó en los últimos años de su vida (1953 – 1956). Se sentaba a escribir en la esquina de una habitación enorme, junto a la ventana que daba al cementerio donde reposaría después. A veces se paraba y daba vueltas en redondo, a grandes pasos, buscando la palabra perdida. El dormitorio en cambio era muy pequeño, apenas suficiente para acoger la cama personal –donde moriría--, y una mesita con algunos libros. El dormitorio y la tumba se parecen: en ellos, solo lo imprescindible. La habitación de crear era por el contrario la Vida –su actitud ante ella--: amplia, con grandes ventanas sin cortinas, un lugar para el encuentro.
Placeres
La primera ojeada por la ventana al despertarse
el viejo libro recién encontrado
rostros entusiasmados
nieve, el cambio de las estaciones
el periódico
el perro
la dialéctica
darse una ducha, nadar
música vieja
zapatos cómodos
comprender
música nueva
escribir, sembrar
viajar, cantar
ser amable.
El guía del museo nos muestra su biblioteca, y comenta, "leía de todo y a todos": un estante contiene los libros del nazismo; más abajo, las obras de Marx y Engels, las de Lenin, las de Trotsky, las de Stalin. La Enciclopedia de los hermanos Grimm. Clásicos de las literaturas alemana, inglesa y francesa. Novelas policíacas en inglés. En la pared, dos dibujos chinos: en uno, un poema de Mao Tse Tung; en el otro, el rostro de Confucio. También, tres máscaras del teatro No japonés.
En una de ellas se inspiró para escribir un poema:
La máscara del mal
De mi pared cuelga una talla de madera japonesa,
máscara de un pérfido demonio, pintada de oro.
Compasivamente veo
las venas hinchadas de la frente que revelan
lo fatigoso que resulta ser malo.
Bretch admiraba los autos modernos –siempre tuvo uno--, como los poetas futuristas, aunque él peleaba por otro futuro. Peleó duro, con impaciencia, hasta su muerte.
Cambio de rueda
Estoy sentado al borde de la carretera,
el chofer cambia la rueda.
No me gusta el lugar de donde vengo.
No me gusta el lugar a donde voy.
¿Por qué miro el cambio de rueda
con impaciencia?
Amó intensamente, como un verdadero revolucionario.
Debilidades
Tú no tenías ninguna.
Yo tenía una:
Amaba.

Cuando visité su tumba y su casa era invierno y nevaba en Alemania. Pero supe que Bertolt Bretch aún vive en Berlín.

Recuerdos de un combatiente internacionalista ( III ).

Abelardo Rafael Cueto Sosa.
El Jefe de Regimiento dio las órdenes pertinentes a los jefes de las unidades que tirarían el cerco; estos partieron, y él se dedicó a seguir el curso de los acontecimientos por radio. Pero Acosta Sosa no era hombre de estar dando órdenes desde un Puesto de Mando en el momento en que sus combatientes estaban a punto de entrar en fuego.
Agarró el radio, transmitió a nuestra gente que entraría al cerco a peinar por tales y tales coordenadas, y arrancó. Con él nos fuimos un grupo de combatientes de Comandancia, algunos zapadores y un radista, en total no más de veinte hombres. Avanzamos un buen tramo bastante rápido, con todas las medidas de precaución de rigor, y sin ningún tropiezo. En nuestro movimiento, entramos en un yerbazal de algo similar a lo que aquí en Cuba conocemos como Hierba de Guinea, pero con una exuberancia tal, que a los más altos les daba casi en la cintura y a mí un poquito más arriba; la visibilidad para un enemigo oculto en aquel lugar era excelente, para nosotros muy mala. Sin embargo, pienso que en ese momento a todos nos preocupaba más la posible mordedura de una serpiente que un encuentro con el FLEC.
No habíamos caminado treinta metros dentro de la maleza y abrieron fuego contra nosotros. Acosta Sosa demostró que tenía muy bien puesto el sobrenombre de “Caballo Loco”: fue el primero en reaccionar, y mientras disparaba en la posición de rodilla, nos ordenó que respondiéramos con todo. Varios fusiles AK y dos ametralladoras ligeras RPK comenzaron a disparar y el aluvión de plomo que desatamos fue, realmente, del carajo y no creo que exista otra palabra más clara que esa en la lengua castellana para calificar aquel momento.
Aquí la baja estatura actuó a favor y en contra mía al mismo tiempo. En contra, porque hasta que nuestros tiros y los del enemigo no chapearon un poco la manigua, tuve que tirar de pie, no por guapo, pues si lo hacía de rodillas o de tendido no veía nada. Actuó también a favor, pues al ser uno de los más pequeños y estar bastante flaco, ofrecía menos blanco.
El momento no era para grandes meditaciones, ni reflexiones trascendentales sobre el coraje o los valores del deber. Yo solamente pensaba que mientras estuviera disparando estaba vivo y quizás, un poco egoístamente, que con tanto soldado grande a mí lado no me iba a poner tan fatal de que me tocara a mí.
Por espacio de unos veinte minutos se mantuvo el intercambio de disparos, hasta que el enemigo dejo de tirar y se retiró. El Jefe no dejó que saliéramos en su persecución, planteando que de seguro chocaban con nuestra gente en el cerco; un fuerte tiroteo pocos minutos después confirmó su punto de vista. De nuestro grupo nadie tenía un rasguño.
Reemprendimos el avance y al poco rato se puso nuevamente a prueba la capacidad de reacción de Acosta Sosa. Nos tropezamos con nuestra gente y si no es por él, que fue otra vez el primero en percatarse y lanzó un sonoro: “no tiren carajo que somos cubanos”, más efectivo que cualquier contraseña, hubiéramos caído bajo el fuego de la tropa cubana. Hubiera sido del diablo que a uno le pasaran la cuenta los propios hijos de Liborio.
El Jefe de Regimiento comenzó a recibir los partes de los jefes de unidades, y a dar las órdenes pertinentes para contabilizar los muertos, heridos y prisioneros que le habíamos hecho al FLEC, recuperar sus armas, contar nuestras bajas y tomar las disposiciones necesarias para curar rápidamente a los heridos de ambos bandos. Todo este ajetreo suyo me dio a mí la oportunidad de pensar un poco.
En mi soliloquio me decía: “bueno Cueto, te portaste como un hombrecito, no te paralizaste y pudiste disparar, no te orinaste, ni te defecaste en los pantalones, ni te dio por gritar, correr o tirarte boca abajo contra el suelo. Decididamente estuviste bien”. Dejé volar la imaginación y ya me veía dejando chiquitos a Napoleón y a Suvorov, protagonista de hazañas sin cuento. El grito de Acosta Sosa de “Comandancia a los camiones”, me sacó de mis ensoñaciones.
Pero, todavía en el camino de regreso a nuestra basificación, a pesar de las tensiones de la escolta, yo iba dándole vueltas a mis sueños y muy satisfecho conmigo mismo. Había ganado mi primera batalla contra el miedo, lo había superado y cumplido con mi deber.
Al otro día, aún con la satisfacción saliéndoseme a chorros por todos los poros me comunicaron que tenía que salir en una misión de escolta con Guada, el Jefe de Estado Mayor.
Me acerqué a su jeep y al verme Guada me llamó para sostener, más o menos, el siguiente dialogo:
-Rubio. ¿Tú estuviste en la escaramuza de ayer?
-Sí Jefe, estuve en el combate de ayer.
-Combate, a cualquier cosa le dicen combate. ¿Cuantos cartuchos gastaste?
-Un cargador y medio.
-¡Cuarenta y cinco tiros! Con eso un soldado rebelde peleaba una semana.
Adiós Napoleón y Suvorov, en menos de un minuto Guada había volcado un cubo de agua fría en mis sueños heroicos.
Ante la burlona mirada de Gustavo, jodedor e hijo de mujer pública como casi todos los choferes de los jefes, me senté en el jeep, cargué el AK, puse el selector en ráfaga y con una cara más larga que el hambre de un pobre, me puse a esperar a Guada. A los pocos minutos se subió, acomodó su fusil y partimos.
Habíamos caminado un tramo en silencio hasta que se viró para mí y me dijo:
-¿Estas bravo Rubio?
-No Jefe, para nada.
-No sea mentiroso soldado. Cambie la cara, aprenda a ahorrar los cartuchos y no se preocupe que yo sé que usted y todos los de Comandancia se portaron bien ayer.
Napoleón y Suvorov regresaron a la carrera a mi mente y entonces, paladeando el dulce y frío plato de la venganza, le devolví la mirada burlona a Gustavo, acompañada con una sonrisa de oreja a oreja.

sábado, 6 de febrero de 2010

48 años de bloqueo ¿o embargo?

Arnaldo Hernández García.
El 7 de febrero de 1962 entró en vigor la orden del presidente John F. Kennedy de iniciar el bloqueo contra Cuba, invocando la “Ley de Comercio con el Enemigo” de 1917.
El 11 de septiembre del año pasado, precisamente en la fecha que recuerda el terror desde el golpe militar fascista contra el presidente Allende en Chile hasta el crimen contra las Torres Gemelas en New York, el presidente Barack Obama le notificó al Congreso, como lo establece la “Ley de Poderes Económicos de Emergencia”, que seguía siendo de “interés nacional para EEUU” ratificar el empleo de la “Ley de Comercio con el Enemigo” contra Cuba. Por supuesto que se aprobó de inmediato y se comunicó a la opinión pública 3 días después. Hoy Cuba es el único país del mundo contra el cual se utiliza esa ley.
Se aplicó una medida concebida para ser utilizada contra países con los cuales EEUU está en guerra, pero ni entonces ni ahora hubo una declaración de guerra de EEUU contra Cuba, ni siquiera una guerra no declarada en el sentido militar. Paradójicamente, esa acción de guerra fue denominada “embargo”.
El autor de estos comentarios era un adolescente de 13 años de edad que regresaba de la campaña de alfabetización y no tenía ropa que ponerse salvo los uniformes. Recuerdo la angustia de mi madre en esos días, caminando conmigo por las desabastecidas tiendas de La Habana.
Realmente las agresiones económicas habían comenzado mucho antes: a pocos días del triunfo de la Revolución el gobierno de los EEUU se negó a devolverle a Cuba los 424 millones de dólares robados al tesoro de la República por Batista y su camarilla, que se llevaron en su huida en la madrugada del primero de enero de 1959. No devolvieron un centavo.
EEUU era el proveedor del 80% de las importaciones cubanas y recibía el 60% de las exportaciones. La población tenía plena conciencia de que cualquier medida en este sentido podía ser desastrosa, sobre todo si era adoptada repentinamente.
Se trataba del principal mercado del azúcar cubana, de manera que la drástica reducción de las compras que fue escalando hasta que la suspendieron por completo en marzo de 1961, constituyó un golpe brutal. Igual pasó cuando suspendieron la venta de petróleo y las refinerías de los consorcios norteamericanos en Cuba decidieron no refinar combustible soviético.
Los fondos cubanos depositados en bancos norteamericanos fueron embargados.
En septiembre de 1960 paralizaron las operaciones de la planta de procesamiento de níquel en Nicaro y comenzaron las presiones para impedir el turismo de ciudadanos norteamericanos en Cuba, que entonces eran los principales clientes en esa rama. En ese mismo mes ordenaron suprimir los créditos concedidos por la banca privada norteamericana.
En octubre prohibieron las exportaciones norteamericanas a Cuba y comenzaron a presionar a sus aliados de Europa y Canadá para que se sumaran a su agresiva política.
No sólo prohibieron la importación de productos cubanos, sino también de productos de otros países que tuvieran componentes cubanos, así como la venta a Cuba de equipos y mercancías producidos en el extranjero que tuvieran componentes norteamericanos, el comercio con Cuba de filiales de empresas norteamericanas establecidas en terceros países y el acceso a puertos norteamericanos de buques que hubiesen entrado a puertos cubanos.
Se realizaron numerosas acciones terroristas contra objetivos económicos de todo tipo, incluyendo cines y grandes tiendas por departamentos en horas de mucha afluencia de público, como “El Encanto”. Entre octubre de 1959 y abril de 1961, víspera de Playa Girón, se efectuaron más de 50 bombardeos aéreos de la CIA contra industrias y campos de caña, incluyendo el ataque de una lancha pirata contra la refinería de Santiago de Cuba.
La audacia y la visión de los dirigentes cubanos, junto a la solidaridad de la URSS y el resto del Campo Socialista, hicieron posible el funcionamiento de la economía nacional y sustituir todo lo que tradicionalmente venía de EEUU por tecnologías distintas, equipos distintos, materias primas distintas y mercancías de amplio consumo. No siempre fueron las mejores o las que específicamente más nos convenían o interesaban, pero eran las que podíamos adquirir.
Sobre la marcha y muchas veces en condiciones muy dramáticas hubo que realizar ajustes y cambios en los procesos productivos y entrenar a los trabajadores en la nueva técnica.
En esas condiciones el país emprendió la construcción de su socialismo y se alcanzaron logros extraordinarios. Se acabaron el hambre, la miseria y la incultura, se construyó un sistema de salud que cubría a toda la población; se mecanizó y se humanizó la agricultura; se multiplicaron las universidades, los profesionales y los especialistas que sustituyeron a los que en los primeros años se fueron del país tentados por las ofertas del imperialismo. Cuba se llenó de fábricas y talleres y se introdujeron nuevos renglones en la economía a partir del desarrollo científico en la biología y la informatización.
Eso fue en los 80, cuando se restableció e inició un mercado de mercancías de amplio consumo que mejoró notablemente los niveles de vida y acrecentó la expectativa de un futuro mucho más agradable.
No obstante la bonanza, la madurez alcanzada permitió percibir que no todo estaba bien y se inició un profundo proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, cuyo primer paso era revisar críticamente lo que hacíamos e identificar con precisión los problemas a resolver.
Se produjo entonces la disolución del llamado campo socialista y el derrumbe de la Unión Soviética. No es ocioso repetir una vez más que fue un golpe demoledor. El país quedó a merced del bloqueo, intensificado por el odio oportunista de los enemigos de siempre y la traición. Cuba estaba bajo un doble bloqueo, que en muy poco tiempo se complicó todavía más por la agresiva “Ley Torricelli”.
Casualmente por esa época comenzaron a desclasificarse documentos oficiales del gobierno de los EEUU sobre sus planes contra Cuba 30 años atrás, que el Dr. Andrés Zaldívar Diéguez, un estudioso del conflicto de EEUU contra Cuba, los recoge en detallado inventario en su obra “Bloqueo: el asedio económico más prolongado de la historia”.
Por ejemplo, el 17 de marzo de 1960 el Consejo Nacional de Seguridad aprobó un “Programa de Presiones Económicas contra el Régimen de Castro” que formaba parte del plan de acciones terroristas encubiertas que debía preparar condiciones propicias para ejecutar lo que después fue la agresión por Playa Girón.
Apenas 15 días después, el 6 de abril, un año antes de la invasión mercenaria, el Subsecretario del Departamento de Estado para Asuntos Interamericanos, Lester Dewit Mallory, afirmó en un memorando que “…el único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento basados en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros a Cuba para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Dos meses y medio después, el 27 de junio, en una reunión de los Secretarios de Estado, Tesoro y Defensa, jefes de la CIA y altos funcionarios de la Casa Blanca y del Dpto. de Agricultura, se decidió incrementar todavía más la guerra económica contra Cuba.
El 19 de octubre el Subsecretario Mallory insistió en afirmar que medidas como las descritas “…contribuirán al creciente descontento y malestar en la Isla… apoyarán a los grupos de oposición que ahora están activos en Cuba”.
En mayo de 1961, un mes después de la humillante derrota que sufrieron en Girón, un asesor especial del Presidente Kennedy recomendaba que “las posibles sanciones económicas contra Cuba deben ser cuidadosamente revisadas, no está claro cual puede ser su efecto, o si deben ser aplicadas bajo la ‘Ley de Comercio con el Enemigo’, la ‘Ley Battle’ o un embargo directo”. Ocho meses después, al parecer concluida la “revisión”, Kennedy decidió invocar la “Ley de Comercio con el Enemigo” y calificarla de “embargo”, afectando el significado de la palabra y del término legal.
En agosto de ese año, el grupo de tarea sobre Cuba dirigido por Richard Goodwin encargado de ejecutar la “Operación Mangosta” definió que “las acciones encubiertas deberán ser dirigidas contra la destrucción de importantes objetivos de la economía tales como refinerías e industrias con equipamiento de Estados Unidos… y sugerir objetivos cuya destrucción implique el máximo impacto económico… Debemos intensificar nuestra vigilancia del comercio cubano con otros países y especialmente con las subsidiarias norteamericanos en terceros países para emplear métodos informales… privando a Cuba de mercados y fuentes de abastecimientos…”.
De las 32 tareas de la “Operación Mangosta”, reconocida por el propio gobierno de los EEUU como un vasto plan terrorista para derribar a la Revolución Cubana después de la derrota en Playa Girón, 15 de ellas, de la 11 a la 24 y la 30, ordenan acciones contra la economía. De las 5780 acciones terroristas registradas durante los 14 meses en que se estuvo ejecutando la ofensiva de terror, 716 fueron contra objetivos económicos.
Había que impedir que la economía cubana funcionara y lo que no se lograra con la guerra económica, debía resolverse con el terrorismo, que hipócritamente denominaban “acciones encubiertas” o “paramilitares” o “métodos informales”. Es el mismo cinismo que encierra el concepto de “daños colaterales”, o “bajas por fuego amigo” cuando se refieren al millón de civiles inocentes muertos por la aviación y los soldados norteamericanos en Iraq.
Es lo mismo que calificar como “embargo” al bloqueo y la guerra económica, comercial y financiera que ejecuta el gobierno de los EEUU contra Cuba desde hace 48 años.
Los sucesores del señor Mallory de fines del siglo XX y principios del XXI trabajan igual que él y creen, como él, que los efectos del bloqueo son los adecuados para alcanzar sus objetivos. Quizá piensan que con el efecto acumulativo del tiempo se acerca la fecha en que alcanzarán sus objetivos. Cuando la historia se repite, una vez es tragedia y otra es comedia. Entonces fueron derrotados, ahora hacen el ridículo.
Ya no es noticia que a lo largo de 48 años el bloqueo haya fracasado y haya sido abrumadoramente condenado por 18 años consecutivos en la Asamblea General de la ONU. Tampoco es noticia decir que la mayoría del pueblo norteamericano lo rechaza y es castigado con la prohibición de viajar a Cuba supuestamente para “no ayudar a Fidel Castro”, el mismo pretexto que utilizan para ocultar el odio con que castigan a todo el pueblo cubano por resistir con éxito a sus planes de dominación.
Una pregunta periodística importante es saber por qué EEUU sigue aferrado al bloqueo si tantos políticos, empresarios, “tanques pensantes”, medios de prensa del “stablishment” y el actual presidente en su campaña electoral han planteado que debe ser cambiado. No es el Congreso el que impide el cambio, ese es el cuento para encubrir el odio obsesivo que sienten contra Cuba y que el poder de la extrema derecha sigue siendo el que manda. Esas realidades y sentimientos que revelan la naturaleza del sistema imperialista son tan repudiables, que la hipocresía, la complicidad y el miedo imperantes no permiten que se les diga.
Periodísticamente hablando, el recuento vale como noticia porque los consorcios mediáticos que dominan la difusión masiva en el planeta evaden referirse a estos hechos que revelan cuán agresiva, injerencista, mentirosa y criminal por sus efectos humanos ha sido la política del gobierno de los EEUU contra Cuba y las responsabilidades de los 11 últimos presidente norteamericanos que la han sostenido.
La noticia más importante es que Cuba resistió exitosamente, que el socialismo concebido por los cubanos --no obstante sus problemas de administración más allá del bloqueo--, ha soportado por sí mismo la más brutal y prolongada guerra económica recogida en la historia de la humanidad en las condiciones de un país pequeño, de muy limitados recursos naturales y alta densidad de población, sin muertos de hambre ni pandemias desoladoras, sin cerrar escuelas ni centros de salud, sin mendigos en las calles.
En un lapso de 30 años Cuba ha perdido en dos oportunidades de manera repentina y dramática sus proveedores de equipos y tecnologías, créditos y mercancías de amplio consumo y de todo tipo, así como de los mercados para colocar sus productos. Eso hace más grande la proeza de los cubanos y de sus dirigentes.
Países mucho más grandes en extensión y recursos, algunos con antecedentes de haber sido potencias coloniales durante siglos, con un desarrollo industrial y agrícola muy alto, no podrían soportar un bloqueo como este durante 48 días. Algunos no hubieran durado 48 minutos. Otros ni siquiera se les ocurriría pensarlo 48 segundos.
Pero Cuba demostró que aún en condiciones tan adversas, el socialismo puede resistir exitosamente el embate del imperio y es una opción viable y sustentable frente al capitalismo. Por eso no es exagerado pensar que Cuba es el mayor desafío ideológico que enfrentan EEUU y sus aliados.

viernes, 5 de febrero de 2010

Pequeña historia sobre la verdad y la mentira en Twitter.

Enrique Ubieta Gómez
Si alguna duda quedaba sobre las motivaciones, y los recursos del debate político contrarrevolucionario, el uso de las nuevas tecnologías de la información en la guerra mediática la despeja: el debate político no gira en torno a la verdad, sino en torno al poder; no pretende demostrar o convencer con argumentos e informaciones veraces, sino imponer, confundir, sorprender, atemorizar. No son escaramuzas científicas, sino militares: el objetivo es la toma del Palacio, a como de lugar. La apuesta imperialista a favor de las nuevas herramientas de comunicación en Internet se sustenta en el dominio absoluto –financiero, tecnológico, de propiedad--, que posee sobre esas herramientas. El caso de Twitter es paradigmático. Irán y la llamada revolución verde fue el escenario de prueba. Importantes investigadores han demostrado que las promocionadas y supuestamente masivas “denuncias iraníes” contra sus gobernantes en Twitter, tuvieron un origen extranjero: “Por ejemplo, Amira Howeydi recabó datos de la firma canadiense Sysmos –escribe Eliades Acosta Matos--, que se dedica al análisis de las redes sociales en Internet, y pudo establecer que (…) el 19 de junio, en el clímax de las protestas, el 40,3% de los mensajes venían del exterior, apenas el 23,8% declaraba originarse dentro de la nación y un 35, 7% no daban su ubicación”.
En días pasados se produjo una operación similar en torno a Venezuela. La idea de emplear Twitter para atacar a la Revolución bolivariana fue difundida de inmediato por los medios tradicionales de prensa. Aunque algunos insistían en presentar la protesta como una “espontánea iniciativa de las redes sociales”, El Nacional de Caracas anunciaba sin recato que “el Colegio Nacional de Periodistas y el Sindicato de Trabajadores de la Prensa y el Círculo de Reporteros Gráficos (llamaba) a la sociedad civil a participar en una "twitteada" a las 4:00 p. m. de hoy martes”. Sin embargo, los verdaderos organizadores de la acción mediática no parecen ser venezolanos.
Veamos los hechos: el 2 de febrero surge la etiqueta #FreeVenezuela, con unos 300 participantes iniciales (obviamente concertados de antemano). Con asombrosa rapidez ascendía al tercer lugar del treding topics: “en los primeros diez minutos #FreeVenezuela (se colocó) en el puesto número ocho de los diez temas más importantes, 20 minutos más tarde (pasaba) al cuarto lugar, y a una hora de twitts se posicionó en el tercer puesto”. Durante dos horas logró mantener ese posicionamiento. Era la primera vez que un tema venezolano se ubicaba en esa red en un listado que supuestamente refleja a los que alcanzan altísimos índices de concurrencia. Rarezas de Internet, dirán unos; suspicacias inútiles, acotarán otros. Pero hay un dato fácilmente detectable, que ningún medio comentó: de aquellos 300 internautas iniciales, más del 65 por ciento emitía sus mensajes desde Estados Unidos, y otro 25 por ciento lo hacía desde Colombia. ¿Protesta venezolana?
Unos días después los que accedían al intercambio en #FreVenezuela se encontraron de improviso con mensajes que provenían de la cuenta @4febrero, en respaldo al presidente Chávez. El “intruso” reproducía en vivo –supuestamente desde el lugar de los hechos--, las palabras del discurso del líder venezolano. Lo amenazaron. Trataron de distraerlo en diálogos personales. Apenas pudo twittear en el “democrático” ciberespacio durante una hora. Su último mensaje decía: “Los próximos 30 años serán de grandes batallas y victorias, dice Chávez en el Patio de Honor de la Academia Militar”. Segundos después la cuenta @4febrero era cancelada por Twitter de forma definitiva, a pesar de que “el intruso” se había identificado como exigen las normas. Otro asiduo usuario de Twitter, Yohandry, dejó un petardo virtual: “Alguien me puede explicar por qué la mayoría que participa en #FreVenezuela está fuera de ella, en EU, por ejemplo”, dijo a las 5: 52 de la tarde. Nadie contestó, aunque una recomendación sigilosa llegó a los participantes: “Desactiven el geolocalizador”. Pero Yohandry, ante la carencia de respuestas, insistió una y otra vez con su pregunta demoledora: “Al final nadie me pudo explicar por qué #FreVenezuela se hace desde Estados Unidos y Colombia”, concluyó a las 6: 15 de la tarde. De cualquier manera, la verdad no es importante; se trata de una guerra por el poder, en la que aparentemente todo vale. Por eso treinta órganos de la gran prensa estadounidense y de sus filiales latinoamericanas (Excelsior de México, o Clarín de Argentina, por ejemplo) anunciaron con la debida seriedad lo que había sido pactado como noticia: “Los venezolanos usan Twitter para protestar contra Chávez”.

Concurso Internacional CARTAS DE AMOR 2010 .

El proyecto cultural Escribanía Dollz convoca a todos los interesados a participar en la Sexta edición del Concurso de Cartas de Amor 2010, con carácter internacional:
1- Podrá participar todo el que así lo desee, sea residente o no en el país. Los trabajos tendrán una extensión de una cuartilla.
2- Las cartas podrán ser enviadas por correo electrónico, regular o entregadas personalmente en: Escribanía Dollz, Calle Maceo no 1, sur entre Avenida de los Mártires y Dollz, Sancti Spíritus, Cuba. Código postal 60100; Y por correo electrónico a: liudmila@hero.cult.cu
3- En caso de que las misivas se envíen por correo electrónico debe ser adjuntas en documento Word, o en el cuerpo del mensaje. Estarán acompañadas por los datos personales de los concursantes, nombre, dirección particular, teléfono, y nacionalidad. En caso de no tener estos datos los trabajos quedarán automáticamente fuera de concurso.
4- Se recibirán desde el momento en que remite la convocatoria hasta el 14 de febrero. Las obras que se reciban con posterioridad al cierre del concurso quedarán automáticamente archivadas para la edición del año 2011.
5- Las cartas serán evaluadas por un jurado integrado por personalidades de la cultura cubana.
6- Los premios serán patrocinados por: Sectorial de Cultura, la Asociación Hermanos Saíz, la UNEAC, el Centro Provincial del libro y la literatura, Centro Provincial de Casas de Cultura, Radio Reloj, La Emisora Provincial Radio Sancti Spíritus, Radio Vitral, Centrovisión Yayabo, Consejo de las Artes Plásticas, Sociedad Cultural José Martí, Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena, Fondo Cubano de Bienes Culturales, Unión de Historiadores de Cuba, Dirección Municipal de Cultura, Centro de Prevención y Lucha contra el SIDA.
7- Se otorgarán cuatro premios consistentes en 500, 400, 300 y 200 pesos Moneda Nacional. Además de obras de arte originales, así como libros, discos compactos y otros obsequios. El jurado podrá entregar el número de menciones que estime conveniente.
8- Los premios se darán a conocer en acto de premiación el jueves 25 de febrero del año en curso, a las 3:00pm. Que se efectuará en la sede de la Escribanía Dollz, en marco de la Feria Internacional del Libro en Sancti Spíritus.
Coordina: Liudmila Quincoses

jueves, 4 de febrero de 2010

Paliza de Edmundo a María Elvira.

He visto con asombro el video de la entrevista de María Elvira a Edmundo García. ¡Soberana paliza la que le dio Edmundo! La paliza es extensiva a quienes piensan y actúan como ella. La noticia no es nueva, pero los invito a revisitarla una y otra vez.
VÉALO AQUÍ: Toda María Elvira tiene su Edmundo.

Por qué a Washington le importan países como Haití y Honduras.

Mark Weisbrot
Tomado de The Guardian Unlimited
Cuando escribo acerca de la política exterior de EE.UU. en lugares como Haití u Honduras, a menudo recibo comentarios de personas a quienes se les hace difícil creer que al gobierno de EE.UU. le importan lo suficiente esos países para tratar de controlar o derrocar sus gobiernos. Son pequeños y pobres países con poco recursos y sin mercados importantes. ¿Por qué a Washington le va a importar quién manda allí?Desafortunadamente sí le importa. Y mucho. Le importa mucho Haití como para derrocar al presidente electo Jean Bertrand Aristide no una vez, sino dos veces. La primera, en 1991, se hizo de manera encubierta. Solo nos enteramos después de que la gente que realizó el golpe de estado recibió su pago de manos de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. y luego Emmanuel Constant, el líder del más notorio escuadrón de la muerte allí –el cual después del golpe mató a miles de seguidores de Aristide— dijo a CBS que él también estaba financiado por la CIA.
En 2004, la participación de EE.UU. en el golpe fue mucho más abierta. Washington encabezó la eliminación de casi toda la ayuda internacional durante cuatro años, haciendo inevitable el colapso del gobierno. Como reportó The New York Times, mientras el Departamento de Estado de EE.UU. le estaba diciendo a Aristide que tenía que llegar a un acuerdo con la oposición política (financiada con millones de dólares de los contribuyentes norteamericanos), el Instituto Internacional Republicano decía a la oposición que no llegara a ningún acuerdo.
El pasado verano en Honduras, el gobierno de EE.UU. hizo todo lo posible para evitar que el resto del hemisferio montara una eficaz oposición política al gobierno golpista de Honduras. Por ejemplo, bloquearon a la Organización de Estados Americanos para que no adoptara la posición de no reconocer las elecciones celebradas bajo la dictadura. Al mismo tiempo, la Administración Obama pretendía públicamente que estaba en contra del golpe.
Esto tuvo éxito solo en parte, desde el punto de vista de las relaciones públicas. La mayor parte del público en EE.UU. piensa que la Administración Obama estaba en contra del golpe en Honduras; aunque para noviembre del pasado año había numerosos informes de prensa e incluso críticas editoriales de que Obama había cedido a la presión republicana y no había hecho lo suficiente. Pero esto fue una lectura equivocada de lo que sucedió realmente. La presión republicana en apoyo del golpe hondureño cambió la estrategia de relaciones públicas de la Administración. Los que siguieron de cerca los hechos desde el principio pudieron ver que la estrategia política era atemperar y demorar los esfuerzos por reinstalar al depuesto presidente, mientras se pretendía que el verdadero objetivo era el regreso a la democracia.Entre los que entendieron esto estaban varios gobiernos latinoamericanos, incluyendo pesos pesados tales como Brasil. Esto es importante, porque demuestra que el Departamento de Estado estaba dispuesto a pagar un alto costo a fin de ayudar a la derecha en Honduras. Así demostró a la gran mayoría de los gobiernos latinoamericanos que no era diferente de la Administración Bush en cuanto a sus objetivos en el hemisferio, lo cual no es un resultado agradable desde el punto de vista diplomático.
¿Por qué se preocupan tanto por quién gobierna en esos pobres países? Como sabe cualquier buen jugador de ajedrez, los peones son importantes. La pérdida de un par de peones al inicio del juego a menudo puede significar la diferencia entre ganar y perder. Ellos ven a esos países fundamentalmente en términos directos de poder. Les gustan los gobiernos que están de acuerdo con maximizar el poder de EE.UU. en el mundo. Y los que tienen otros objetivos –no necesariamente antagónicos con Estados Unidos– esos no les gustan.No es sorprendente que los aliados más cercanos de la Administración Obama en el hemisferio sean gobiernos de derecha como Colombia y Panamá, aun cuando el propio presidente Obama no sea un político derechista. Esto subraya la continuidad de la política de control. La victoria de la derecha en Chile la semana pasada, primera vez que gana unas elecciones en medio siglo, fue una victoria significativa del gobierno norteamericano. Si el Partido de los Trabajadores de Lula da Silva perdiera las elecciones presidenciales en Brasil el próximo otoño, sería un enorme triunfo para el Departamento de Estado. Aunque funcionarios de EE.UU., tanto bajo Bush como bajo Obama, han mantenido una postura amistosa hacia Brasil, es evidente que resienten mucho los cambios en la política exterior de Brasil que se ha aliado con otros gobiernos social demócratas del hemisferio y sus posiciones independientes de política exterior con relación al Medio Oriente, Irán y otros lugares.
Estados Unidos intervino en la política brasileña tan recientemente como en 2005, al organizar una conferencia para promover un cambio legal que dificultaría más a los legisladores cambiar de partido. Esto hubiera fortalecido la oposición al gobernante Partido de los Trabajadores de Lula, ya que el PT tiene disciplina partidaria, pero muchos políticos oposicionistas no. Esta intervención por parte del gobierno de EE.UU. fue descubierta el año pasado por medio de una petición bajo la Ley de Libertad de Información presentada en Washington. Muchas otras intervenciones de las cuales no sabemos están teniendo lugar ahora en todo el hemisferio. Estados Unidos ha estado muy implicado en la política de Chile desde la década de 1960, mucho antes de que organizara el derrocamiento de la democracia chilena en 1973.En octubre de 1970, el presidente Richard Nixon estaba quejándose en la Oficina Oval del presidente social demócrata de Chile, Salvador Allende. “¡Ese hijo de puta!”, dijo Richard Nixon el 15 de octubre de 1970. “Ese hijo de puta de Allende –vamos a aplastarlo”. Unas pocas semanas después explicó por qué:“La principal preocupación en Chile es que (Allende) pueda consolidarse, y la imagen proyectada al mundo será su éxito… Si permitimos que los líderes potenciales en Sudamérica piensen que pueden actuar como Chile y ganar de las dos formas, vamos a tener problemas…”
Esa es otra razón por la que los peones son importantes, y la pesadilla de Nixon se hizo realidad un cuarto de siglo después, cuando un país tras otro eligió a gobiernos independientes de izquierda que Washington no deseaba. Estados Unidos terminó “perdiendo” casi toda la región. Pero están tratando de recuperarla, un país cada vez. Los países más pequeños y más pobres que están más cerca de Estados Unidos son los que corren mayor peligro. Honduras y Haití algún tendrán elecciones democráticas, pero solo cuando la influencia de Washington en su política se reduzca aún más.
Mark Weisbrot es co-director del Centro para la Investigación Económica y Política, en Washington, D.C. También es presidente de Just Foreign Policy .

miércoles, 3 de febrero de 2010

Recuerdos de un combatiente internacionalista ( II ).

Abelardo Rafael Cueto Sosa.
(...) enfrentábamos los primeros días de 1976, envueltos en la misma vorágine de guardias y misiones de escolta, hasta que la Vieja de la Guadaña entró en el juego para recordarnos que, en una guerra, ella no era una posibilidad remota.
Recuerdo que fue por la tarde que Fuentes nos comunicó la noticia: el FLEC había emboscado a un grupo de nuestros vecinos, los comunicadores, y había heridos y muertos. Luego supimos que los caídos eran el capitán Aramís, el Jefe de la Compañía de Comunicaciones y Cué, un muchacho del Servicio Militar.
Aramís era un negro recio, de más de treinta años, que parecía haber nacido militar, de hablar fuerte y cultor de la disciplina estricta, pero humana. Yo pude hablar con él en varias ocasiones, por la vecindad de nuestras unidades y porque una vez me llamó la atención, con toda justicia. Sus hombres lo respetaban y querían, pues no había nada que él ordenara que no fuera justo, necesario y que él ya no hubiera hecho o estuviera dispuesto a hacer. De Cué, solamente recuerdo que era muy joven, menos de veinte años y que le gustaba mucho la pelota.
Luego supimos la forma en que Aramís había muerto. Muy mal herido, se resistía a que lo retiraran de la línea de fuego y arengaba a sus hombres, al tiempo que insultaba al enemigo y daba vivas a la Revolución y a Fidel.
Aramis y Cué fueron enterrados con honores, en un cementerio que se hizo para nuestros combatientes cerca de Landana. Luego de nosotros regresar a Cuba, los restos de todos los cubanos fueron agrupados en un cementerio en Luanda y más tarde volvieron invictos a la tierra que los vio nacer, donde no descansan, porque un ejemplo no descansa jamás.
Yo salí como escolta en las operaciones que inmediatamente se iniciaron contra el FLEC y al igual que todos, además de todas las razones que tenía para pelear, ahora sumaba otra, una deuda que nunca podrían pagarnos.
La Vieja de la Guadaña había entrado en el juego y golpeado fuerte, pero le aceptamos el reto (...)

Mensaje xenófobo contra bailarines cubanos en “El País”.

José Manzaneda (Cubainformación)
Los ataques a Cuba en el diario español El País pueden proceder de los rincones informativos más insospechados. El pasado 9 de enero de 2010, su sección de crítica de danza narraba el espectáculo de ballet que abrió la gala inaugural de la Presidencia Española de la Unión Europea, celebrada el día anterior en el Teatro Real de Madrid. El titular ya era indicativo de su claro sesgo informativo: “Cuba se cuela en la gala del Real” (1).
En el texto, se criticaba la presencia de bailarines cubanos en un espectáculo de ballet español dirigido a las autoridades de la Unión Europea. Para El País, la presencia de los cubanos en el espectáculo tenía clara “intencionalidad y (...) mensaje”. Era consecuencia de la “diplomacia de ballet” con que el Ministro de Exteriores español Miguel Ángel Moratinos deseaba contentar al gobierno cubano. Y se afirmaba que la inclusión de los bailarines cubanos contenía un “mensaje subliminal”.
Para redondear su tesis conspirativa, el autor del texto recordaba que Lienz Chang y Romel Frómeta, los citados bailarines cubanos, pertenecen al Ballet Nacional de Cuba. “Uno de ellos afirma el texto- (está) muy cercano a Alicia Alonso y a la cultura oficialista del régimen cubano”.
La crítica a la inclusión de los cubanos en el ballet español era reforzada con la inclusión de una expresión de corte xenófobo procedente de un espectador del acto que, supuestamente, había exclamado: "¡Como si no hubiera primeros bailarines españoles!"
Lo curioso es que la autoría de este texto no pertenece a un periodista afectado de chovinismo español. Quien lo escribe es Roger Salas, crítico de danza y moda del diario El País y de nacionalidad cubana (2).
Roger Salas es uno de tantos cubanos que hoy escriben bajo contrato de los principales diarios españoles, y que cumplen a destajo su papel de propagandistas de estos grupos mediáticos contra el proceso revolucionario cubano (3) (4). Hay que recordar, por ejemplo, los textos viscerales de este autor contra la película “Fresa y chocolate”, una de las joyas de la cinematografía cubana contemporánea y cuyo mensaje colaboró significativamente al actual proceso de avance social en materia de tolerancia a la diversidad sexual en Cuba. Para el crítico de danza y moda de El País, por el contrario, Fresa y Chocolate fue una “película (...) hecha por el régimen de Castro para demostrar que hoy hay libertad en Cuba para los homosexuales y de paso alentar el turismo sexual (...)" (5).
Estos mensajes retorcidos, forzados y obsesivos con relación a Cuba son constantes en todas las secciones de El País. Este diario pertenece al Grupo Prisa, multinacional española lanzada que, desde hace años, con apoyo diplomático del gobierno español, a la compra de decenas de televisiones, diarios y radios de América Latina (6). Su línea informativa es acorde a sus intereses empresariales: aquellos gobiernos latinoamericanos que han permitido su expansión, aparecen en sus páginas como modelo de buen gobierno. Quienes han obstaculizado su avance, mediante leyes restrictivas al capital transnacional o con políticas que impulsan el desarrollo de medios locales públicos o comunitarios, se han convertido en sus demonios informativos. Éste es el particular concepto que tiene el Grupo Prisa sobre la libertad de prensa.
(1) http://www.elpais.com/articulo/cultura/Cuba/cuela/gala/Real/elpepicul/20100109elpepicul_6/Tes
(2) http://www.elpais.com/todo-sobre/persona/Roger/Salas/885/
(3) http://www.elmundo.es/america/2009/12/26/cuba/1261839126.html
(4) http://www.elmundo.es/elmundo/2007/04/25/comunicacion/1177518202.html
(5) http://www.cubanet.org/CNews/y98/nov98/23o6.htm
(6) http://www.bbc.co.uk/mundo/america_latina/2009/11/091112_especial_medios_gobiernos_mr.shtml

martes, 2 de febrero de 2010

EL MURO DEL NEW YORK TIMES.


Daynet Rodríguez Sotomayor.

El influyente periódico norteamericano The New York Times anunció, recientemente, que comenzará a cobrar a partir del 2011 sus contenidos online.
(...) Como si no bastara la brecha entre los "conectados" y "desconectados", que se hace más profunda por día, otro muro peligroso se levanta con esta medida: entre los que, ya en la red, puedan y no puedan pagar las noticias. Se trata de una estocada al libre acceso de los contenidos, de una nueva forma de exclusión; y en suma, de un nuevo jet set.

lunes, 1 de febrero de 2010

Recuerdos de un combatiente internacionalista. ( I )

El 12 de febrero, a las 2 y 30 de la tarde, serán presentadas en la Sala Carlos J. Finlay de La Cabaña, durante la Feria Internacional del Libro de La Habana, las memorias de un combatiente de la guerra de Angola. Es un libro escrito sin pretenciones académicas, con sentido del humor, y sobre todo, desde una convicción: "tuve el privilegio de cumplir una misión internacionalista en Angola de 1975 a 1976 --advierte el autor con desenfado--, período que no vacilo en calificar, y me importan un pepino los que piensen que hay algo de demagogia en la clasificación, como el más maravilloso de mi vida". En sucesivos post iré presentando fragmentos de este libro divertido y conmovedor.

Abelardo Rafael Cueto Sosa
De pie frente a nosotros, con evidente emoción en la voz, el subteniente nos comunicó que el objeto de la citación era conocer nuestra disposición para cumplir una misión internacionalista de combate en un país africano, de carácter absolutamente voluntario y que si nuestra respuesta era afirmativa debíamos presentarnos al otro día a las 08.30 horas con una muda de ropa interior, una toalla y los útiles de aseo personal.
Pienso que si en aquella estrecha oficina hubiera aterrizado un marciano no hubiera provocado en los citados una sorpresa mayor. En mí caso todos los posibles argumentos que llevaba para resistirme a una movilización se esfumaron como por arte de magia y entre la estupefacción y la alegría se abrió paso también un sentimiento de orgullo y de preocupación por la responsabilidad que en mí se depositaba.
Pero no hubo tiempo para muchas meditaciones trascendentales. Había pasado si acaso un minuto de que nos comunicaran el asunto y el subteniente planteó que quienes estuviéramos dispuestos a ir levantáramos la mano. Hasta hoy, a la distancia de más de veinticinco años de aquel instante vital, conservo la satisfacción de que diez hombres, diez cubanos del montón, lo hicimos como uno solo, incluido un compañero cercano a los cincuenta, del que más tarde supe que había combatido en Girón y el Escambray y en aquel minuto se desempeñaba como cocinero. El Segundo Jefe del Comité Militar nos dijo, con la parquedad del militar de carrera teñida por un sentimiento que se le transparentaba en los ojos, que era muy estimulante una respuesta tan unánime, y sin perder más tiempo nos puso en manos de los compañeros de los pupitres.
Por azar, yo fui ubicado con el que conocía, quien ya con toda cordialidad, me felicitó para luego llenarme la planilla de rigor con todos los datos clásicos, incluido quien debía cobrar mi salario y a quien se debía avisar en caso de un “problema”.
A partir de ese momento yo sumé la palabra “problema” al rosario de expresiones eufemísticas, caballerosas y criollas con que los cubanos calificábamos a la muerte, pero no pensé mucho en eso, no por guapo, sino porque cuando se es muy joven, aún ante la inminencia de participar en una guerra, la Vieja de la Guadaña se ve como algo tan lejano que no te concierne.
El camino de regreso a la casa lo hice pensando en cómo dorarle la píldora a mí madre y en buscar la fórmula de imponer al viejo de la verdadera esencia del asunto.
Nos habían advertido que estaba absolutamente prohibido decir el tipo de tarea que íbamos a cumplir y que justificáramos la movilización con maniobras, pasar escuelas u otro pretexto que fuera plausible.
La disciplina y el secreto militar eran preceptos que yo conocía bien pues con ambos tuve que lidiar en la Marina, pero no decirle la verdad a mi padre me parecía un insulto a su trayectoria como revolucionario y estaba seguro que se dejaba cortar en pedacitos antes que traicionar una confidencia de la que fuera depositario. No se me escapa tampoco que yo era su único hijo, y que si le avisaban de algún “problema” conmigo, la cuestión iba a resultarle difícil y había que prepararlo.
Con la vieja no hubo mayores dificultades. Si yo no fuera bajito, cabezón y feo, hubiera dado un actor de alto calibre. Le hice un cuento de una movilización por dos años en Camagüey, como maestro de los soldados del EJT y salí del atolladero. Pero la tarea difícil era buscar el instante para quedarme solo con el viejo y hablarle; aunque como veterano conspirador, frente a mamá simuló que se tragaba el bulo camagüeyano, yo sabía que eso le había parecido un cuento chino.
Antes de que el viejo diera la orden de ir a la cama, el tiempo me alcanzó para hacer una llamada a una novel bailarina de una prestigiosa compañía cubana, con la cual tenía una tormentosa relación. Dueña de unos ojos que parecían de miel y terciopelo y de un cuerpo que provocaba vértigos, me tenía franca y totalmente loco.
A ella también le conté la mentira de los tinajones, pero con ese sexto sentido de las mujeres para adivinar cuando el hombre que les gusta miente, no me lo creyó. No podía yo sospechar en ese momento que pocos meses después de mi regreso aquello se acabaría lastimosamente, y que más tarde ella se iría para siempre rumbo al Norte revuelto y brutal que nos desprecia, porque nos teme.
Luego de esta digresión erótico lacrimosa volvemos al meollo de esta historia. Esa noche memorable dormimos muy poco en casa, mis viejos con las clásicas preocupaciones de todos los padres ante la inminente partida de un hijo, aunque sea para ir de vacaciones, mientras yo soñaba despierto en realizar hazañas que dejarían chiquitos a Napoleón y a Suvorov y me posibilitaran un regreso triunfal a la patria.
Cualquiera pudiera pensar que con semejantes ideas yo era bastante inmaduro para tener veintidós años y haber pasado las escuelas del Servicio Militar y la militancia en la UJC. A esos les respondo que, el día en que el ser humano pierda la capacidad de soñar y no sea capaz de darle ocasional rienda suelta al niño que todos llevamos dentro, en ese minuto la humanidad volverá de nuevo a las cavernas. A su vez, ya aclaré que soy de pequeña estatura y todos los hombres bajitos tenemos algo de delirio napoleónico.
El momento de hablar con el viejo llegó al otro día por la mañana. El salía muy temprano para su trabajo y en un descuido de la vieja en la cocina le dije lo que había. Me miró hondo, como si me viera de muy lejos, dijo sencillamente que cumpliera con mi deber, me abrazó y se fue, no hacía falta más. Ese día admiré un poco más a mi padre.
Antes de salir para el Comité Militar, pude llamar a mi jefe en la UJC, repetí la historia del Camagüey legendario que, cuadro agalludo al fin, tampoco creyó, y nos despedimos con un hasta pronto. Como el antiguo refrán dice: “despedidas cortas lágrimas abrevian”, convertí la conversación con mi madre en algo muy parecido a la salida cotidiana para el trabajo.
Puntuales, también como si fuéramos uno solo, llegamos a O’Reilly y Cuba los diez hombres que la noche antes le dijimos que sí a las exigencias de nuestro tiempo. Nos montamos en el camión para partir, pero antes tuvimos la primera baja: mientras nos despedíamos de las respectivas familias y tratábamos de dormir, el Comité Militar hizo lo suyo y apareció que el casi cincuentón cocinero estaba muy delicado de salud y decidieron que no fuera.
En aquel momento pensaba que eso era la más horrible de las injusticias. Hoy, opino distinto. Ahí empezó también mi verdadero aprendizaje de soldado. Al mirar al viejo miliciano que se quedaba empecé a entender que los hombres, aunque sean tipos duros y muy machos, también lloran.