martes, 11 de marzo de 2014

Hacia una revitalización del pensamiento revolucionario

Rubén Zardoya Loureda
1.    Son tres, en mi opinión, los problemas fundamentales que se alzan ante el pensamiento revolucionario marxista de nuestros días: primero, el balance crítico de la experiencia histórica del socialismo; segundo, la investigación de la metamorfosis por la que atraviesa el imperialismo contemporáneo; y, tercero, el estudio de las nuevas formas de organización de la subjetividad revolucionaria. No se trata, en esencia, de tres problemas diferentes, sino de un único problema: el problema de la Revolución en las condiciones que impuso a la humanidad la destrucción de la Unión Soviética y la transnacionalización del capitalismo.
2.    No hay manera de escapar de la historia del socialismo: quien no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va. Tanto peor si el desconocimiento de la historia es proyectado de forma intencional o si ésta es presentada como la historia de “otro”, según la idea de que nos han convidado al entierro de un muerto que no es nuestro.
3.    Pero si no podemos escapar de la historia del socialismo, sí podemos eludir la manera un tanto sádica y, en ocasiones, masoquista, en que se ha hecho frecuente manipularla en las últimas décadas. Este género de manipulación crítica ha llegado a convertirse en una suerte de carta de presentación y, diríamos, en una profesión particular. Así escuchamos y leemos una y otra vez los mismos estereotipos ya aburridos sobre el “modelo del socialismo de Estado”, que, como norma, descontextualizan los procesos revolucionarios de la historia concreta de la lucha de clases a escala nacional e internacional y los convierten en una especie de antro del error y el mal, coloreado con los mismos colores lóbregos con que son presentados en las versiones burguesas de esta experiencia histórica. Se trata, nos dicen, de una sociedad antidemocrática, patriarcal, burocrática, corporativa, despótica, represiva, de economía estatizada (“no socializada”), en la que la dictadura del proletariado es transformada en dictadura de la élite partidista, todas las organizaciones sociales son convertidas en correas de transmisión de una voluntad dictatorial y el productor directo no se realiza como propietario. Por supuesto, este tipo de sociedad no se parece a las utopías, a los espacios sociohistóricos soñados por uno u otro constructor de mundos ideales.
4.    La lógica que opera en tales caracterizaciones es análoga a la lógica de la construcción de las ideas de Dios y del Diablo: todas la virtudes humanas se separan del hombre y se atribuyen a Dios (¿quién será Dios en este caso?), en tanto los vicios se concentran en el animal oscuro y peludo con el tridente en la mano. Huelga constatar que una caracterización objetiva –despojada de todo aliento satánico– del socialismo real está obligada a determinar la medida en que estos rasgos estuvieron presente en él, y a explicar el proceso histórico de desfiguración de la más recia y promisoria de las revoluciones de la historia de la humanidad, que abrió la posibilidad de crear y consolidar un poderoso polo internacional del trabajo frente al capital. Pero habrá que desechar la caricatura ingeniosa, casi metafísica, que suele presentarse en la forma de aquella letanía de males, en la cual no encuentran lugar –o se mencionan de pasada y como una suerte de concesión– las extraordinarias conquistas del primer empeño por hacer salir al ser humano de su prehistoria, y casi se olvida que el socialismo histórico –a pesar de haberse desarrollado en países que hoy llamaríamos subdesarrollados, obligados a poner colosales energías en superar la distancia histórica que los separaba de las naciones capitalistas desarrolladas en términos de cultura material y espiritual, y en enfrentar el hostigamiento de un imperialismo infinitamente más poderoso– logró ritmos de crecimiento económico jamás conocidos en la historia de la humanidad, sin que ello tuviera asiento en la expoliación de los países subdesarrollados, como ocurre en el caso de los potencias imperialistas; alcanzó una distribución infinitamente más equitativa de la riqueza creada; levantó a naciones pobladas por masas de hambrientos y desarrapados a niveles de desarrollo cultural superiores a los de la enorme mayoría de las naciones capitalistas; y, sobre todo, desbrozó el camino para la creación de un tipo de ser humano superior en todo sentido al que produce y reproduce la sociedad burguesa.
5.    No sólo se trata de hacer justicia histórica y de mostrar a las nuevas generaciones de revolucionarios lo que es capaz de edificar el socialismo, a pesar del peso brutal de la herencia histórica, los balbuceos propios de la primera infancia, los espejismos epocales, los errores y aberraciones de unos u otros dirigentes, las sucesivas agresiones militares y económicas y las múltiples formas de subversión del poder obrero y campesino practicadas por el imperialismo. Hay algo, a mi juicio, mucho más importante: el ensimismamiento autodestructivo o la ligereza exterminadora que provoca aquel género de crítica contribuye a la desunión de las fuerzas revolucionarias, herederas de diversas tradiciones de lucha y de las correspondientes visiones sobre el socialismo, profundiza el descrédito de los ideales socialistas ante la conciencia planetaria y la desmoralización de las filas revolucionarias, y no permite construir nada en lugar de lo que se destruye, salvo elucubraciones abstractas acerca del “socialismo posible” o el “socialismo que queremos”.
6.    Es indudable que las elucubraciones sobre el “socialismo posible” constituyen un complemento necesario de la crítica sádica y superficial a la experiencia histórica del socialismo y evidencian un embotamiento parcial o total de la capacidad de organizar a las masas para la lucha. Así las vemos desbordar de retórica especulativa, de conceptos y términos asimilados de uno u otro discurso puesto en boga por los ideólogos de la burguesía y de frases bonitas sobre la democracia, el pluripartidismo, la división de poderes, la libertad de expresión, la conciliación del mercado y el Estado, la separación de este último de la sociedad civil, la incorporación “no utilitaria” de las reivindicaciones de los movimientos feministas, juveniles, ecologistas, de minorías étnicas y sociales, etc.; por lo general, desconocedoras (o conocedoras sólo a través de libros, comentarios de sobremesa y visitas esporádicas) de la naturaleza de una revolución social triunfante, de la colosal resistencia de las clases explotadoras derrocadas y del acoso imperialista, ajenas a las determinaciones fundamentales del capitalismo contemporáneo y a casi toda condición concreta de tiempo y lugar. En el mejor de los casos, tales construcciones –presentadas como “alternativas” al neoliberalismo e, incluso, al capitalismo–, no pasan de ser ejercicios mentales, composiciones graciosas con fines propagandísticos; cuando no formas de destilar el enojo que producen las dificultades para tomar el poder en uno u otro espacio concreto de lucha.
7.    Una vez descuartizada la experiencia histórica en la forma de un modelo de “socialismo real” satánico, y santificado un nuevo arquetipo ecléctico de “socialismo democrático”, la tentación más lamentable es la de superponer ambas construcciones sobre la práctica concreta de construcción socialista en los países que han resistido los embates del imperialismo y la ola contrarrevolucionaria mundial desatada en el entronque de las décadas de los años ochenta y noventa. Los motivos conscientes de esta superposición pueden ser destructivos o constructivos, pero su lógica y sus resultados son los mismos: a la prosaica realidad se le opone un ideal vaporoso, concebido como un dechado de perfecciones, o una proyección ideal del “mejor de los mundos posibles”, frente al cual ninguno de los mundos reales existentes podría mantener la cabeza erguida. El proceso de construcción socialista en estos países se apretuja de manera más o menos acabada o parcial en el modelo de socialismo elaborado en correspondencia con la lógica de la construcción de las ideas de Dios y del Diablo; y a él se le contraponen, bajo la forma de recetas –en ocasiones, tras la portada del “apoyo crítico”–, las bondades del modelo positivo elaborado, de la nueva esquemática universal. Suele esperarse que surjan muestras de agradecimiento por este divertimento aparentemente ingenuo con esquemas y “recomendaciones”, los cuales, de forma voluntaria o involuntaria, hacen el juego a la ofensiva ideológica imperialista contra los países socialistas que, en medio de las más colosales dificultades y sacrificios de sus pueblos, han realizado la proeza histórica de mantener erguida la bandera de la justicia social y la solidaridad humana, y que -es importante subrayarlo- constituyen en la actualidad las principales contratendencias históricas al proceso y al proyecto de dominación transnacional del imperialismo, y la demostración palpable de que, pese al mensaje omnipresente del llamado pensamiento único, es posible un mundo diferente de aquél de los monopolios transnacionales, la especulación financiera, los carnavales electorales, la exclusión social y la desnacionalización progresiva de la aplastante mayoría de los países del mundo.
8.    El problema no radica aquí en el ejercicio de la crítica –necesaria como el aire a los procesos revolucionarios y siempre bienvenida cuando es honesta–, sino en el esquematismo, el escolasticismo, en la pretensión de que se puede aprender a nadar fuera del agua, de que una revolución puede ser calcada de “libros viejos” (la expresión es de Lenin) e, incluso, de libros nuevos. A fuer de superficial, el análisis realizado de la experiencia del propio “socialismo real” no permite percibir la forma en que envejecen de inmediato los libros nuevos ante cada giro de las circunstancias históricas en el proceso revolucionario. No hay salto mortal más difícil que aquel que se ejecuta desde la teoría (siempre gris, diría Goethe) a la práctica, tanto más si se trata de la práctica revolucionaria.
9.    Un corolario de esta postura “teórica” suele ser la sobrevaloración de las fuerzas con que cuenta el imperialismo para mantener el statu quo y la subvaloración de las fuerzas de que disponen los pueblos para subvertirlo. A mi juicio, precisamente este modo de pensamiento político ha determinado que, durante los últimos años, los debates teóricos en torno al proceso de transformaciones mundiales en curso hayan estado dominados por el énfasis en las nuevas dificultades que se presentan ante los sujetos revolucionarios para la conquista del poder y la construcción del socialismo. Se insiste en el “papel decreciente” de la clase obrera en los procesos productivos, en la “estratificación” del trabajo asalariado, en el desempleo, el subempleo y la “informalización” como obstáculos insuperables para la necesaria unidad de clase; se repite una y otra vez que la fragmentación nacional y social dificulta la lucha de los pueblos contra los poderes transnacionales y se afirma que los intereses y motivaciones de los “nuevos sujetos sociales” no encuentran explicación ni lugar en la teoría de la lucha de clases. Con particular fuerza se trasmite la idea de que el imperialismo ha emergido victorioso de la contienda con el “socialismo real“, robusto y todopoderoso, presto a expandir con facilidad su sistema de dominación a todos los recodos del planeta.
10.    No se precisa mucha sagacidad para comprender que el más devastador de los efectos de la estrepitosa caída de la Unión Soviética y el campo socialista europeo, fue la derrota ideológica y la consecuente desmoralización, evidente en el lamento y la mutua acusación, en la búsqueda de un culpable y en el afán de tomar distancia, en aras de preservar la credibilidad propia, no sólo con respecto al “socialismo real”, sino también a la historia íntegra del movimiento socialista mundial. En medio de las disquisiciones acerca de si pagaron o no justos por pecadores y sobre quiénes son los justos y quiénes los pecadores, y en el empeño de hacer leña del árbol caído, queda en un segundo plano la historia y la realidad aberrante del capitalismo –que no ha dejado de chorrear sangre y lodo por todos sus poros–, y se esfuma toda posibilidad de enfrentar lo que, a mi juicio, constituye el reto teórico fundamental de nuestros días para el pensamiento socialista: someter a una crítica integral la metamorfosis por la que atraviesa el imperialismo contemporáneo como condición indispensable para la organización de los sujetos revolucionarios.
11.    Pues de eso se trata: de reconstruir las condiciones subjetivas para la Revolución. El balance crítico de la experiencia histórica de construcción socialista y la investigación del imperialismo contemporáneo no pasarían de ser meros ejercicios académicos, si no se conciben como una requisito imprescindible para la organización efectiva de sujetos revolucionarios capaces de dar al traste con el sistema de compraventa de la fuerza de trabajo y de enajenación de todas las relaciones sociales con respecto a sus propios productores. Es cierto que el proceso de transnacionalización del capitalismo monopolista “relativiza” el concepto de poder político en los límites de la mayoría de los Estados nacionales, introduce cambios importantes en la estructura socioclasista y tiende a debilitar muchos de los instrumentos políticos y de las formas tradicionales de organización de los sujetos revolucionarios. Sin embargo, estas transformaciones  incluso si admitiéramos el dudoso criterio de que resultan adversas para las luchas populares , han de ser analizadas en el contexto del agravamiento de las contradicciones antagónicas del modo de producción capitalista. Nos referimos a la agudización de la contradicción capital trabajo, resultante del creciente desempleo, el deterioro de los salarios, la precarización del trabajo y la intensificación de la explotación capitalista; el agravamiento de la contradicción capital capital, que incrementa las pugnas interimperialistas y la estratificación y fragmentación de la burguesía; la acentuación de los efectos sociales de la ley general de la acumulación capitalista, que genera el crecimiento vertiginoso de la masa absoluta -y relativa- de la población mundial marginada de la relación capital trabajo, y pone de manifiesto el agotamiento histórico del modo de producción capitalista; la permanente amenaza de crisis de superproducción y superespeculación, con su singular potencial para generar situaciones revolucionarias; y el cúmulo de obstáculos que se alza ante el burguesía para garantizar los requisitos políticos de su dominación en las condiciones de una rotación transnacional del capital que desborda la jurisdicción del Estado nación. Esta realidad incontestable va creando las condiciones objetivas que hacen posible la unidad de los oprimidos  asalariados, marginados e, incluso, sectores de las burguesías nacionales que van siendo arrastrados a sus filas  en torno a un proyecto emancipador común, construido a partir de la resistencia popular frente a las políticas neoliberales, en el entendido de que, por su propia naturaleza, la lucha contra el neoliberalismo, en tanto expresión política, económica e ideológica del capitalismo transnacional, posee un carácter antimperialista, y, aunque muchos de sus protagonistas aún no tomen conciencia de ello, es también, en esencia, una lucha anticapitalista. La forma y los límites del movimiento del capitalismo siempre estarán condicionados por la fortaleza ideológica, y la capacidad de resistencia y oposición de las fuerzas revolucionarias.
12.    No cabe duda de que aún andamos con la resaca a cuestas provocada por el desplome del socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este. Pero ya la ola contrarrevolucionaria ha comenzado a estrellarse contra nuevas rocas firmes en la costa. Tras un apoyo mayoritario incauto a las consignas iniciales de la perestroika -totalmente explicable cuando se considera la más vocinglera de estas consignas: “más socialismo significa más democracia”-, la preocupación creciente ante su curso errático, ya evidente a partir de 1988, y la desorientación y el desaliento provocados por las contrarrevoluciones de terciopelo y las estatuas de Lenin derribadas con sogas atadas al cuello, el movimiento revolucionario ha emprendido un camino, aún ahora lento y penoso, de recuperación política e ideológica. Los lamentos y las acusaciones de ortodoxia y heterodoxia que amenazaban con fragmentarnos hasta el absurdo infinito y motivaban la complacencia de los ideólogos de la burguesía, han comenzado a ceder terreno a un análisis mucho más sereno de la realidad, en particular, a una crítica fundamentada del proceso de metamorfosis histórica del imperialismo. Cada vez parecerán más extemporáneos los intentos reiterados de construir esquemáticas universales abstractas sobe la historia del socialismo y sobre el ideal (o la “utopía“) socialista y, correspondientemente, de superponer estas esquemáticas sobre el socialismo histórico, tanto sobre el que fue derrumbado como sobre el que se encuentra en el poder.
13.    Nunca como hoy se escucha con tanta actualidad la sentencia de José Martí: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento”. La gran batalla a que nos convoca la época sigue siendo la batalla de las ideas. Con toda certeza es posible afirmar que el tiempo histórico que resta al capitalismo es el tiempo en que demoremos en ganar esta batalla.

lunes, 10 de marzo de 2014

La oculta delicadeza del “golpe suave”

Omar Rafael García Lazo 
Convengamos en que es cierto: EE.UU. ha visto debilitada su hegemonía. Pero no perdamos de vista que hablamos de una superpotencia que posee un poder extraordinario y con él defenderá, y así lo hace, su lugar en el mundo.
A pesar de las disonancias internas, en los círculos pretorianos de Washington parece haber consenso: la situación global no amerita grandes guerras por ahora. Además, las arcas domésticas no están como para cubrir los latentes apetitos militaristas.
En su defecto, la línea de acción va por lo que han querido llamar “poder inteligente”, como si todo el accionar anterior de la política exterior de EE.UU. hubiera sido estólida, mediocre y desconectada de su naturaleza imperial. Y para darle más glamur teórico al “nuevo” estilo de la Administración Obama, se habla del “golpe suave” cuya delicadeza aún está por comprobarse.
Sin dudas, el momento imperial postbush o posneocons urgía de un time, de un respiro, para ordenar las cuentas en casa, sin dejar a un lado los sagrados intereses que le asisten a EE.UU. como gendarme mundial. Y la cara de ese período la tenía el joven abogado negro de nombre Barack.
Aclaro que no hablo de transiciones o transformaciones estructurales. Digamos que la alternancia del poder que disfraza a la nueva Roma exigía, tras los estruendos políticos y pecuniarios en Iraq y Afganistán, un descenso en la curva militarista del sistema, para trazar nuevos planes con las vistas puestas en especímenes políticos de altura. Pensemos en un dragón y en un oso.
Pero como la vida es eso que nos pasa mientras planificamos otras cosas, nada en Washington queda a la espontaneidad. Y como en el ajedrez la tendencia es a avanzar, las líneas de influencia de sus enemigos de siempre debían ser desplazadas, contenidas o al menos incendiadas.
Eso explica la insistencia de un escudo antimisiles y las revoluciones de colores, como la Verde en Irán en el 2009; y las llamaradas en Libia, Siria y Ucrania; y las fogatas estilo boyscouts en el Tibet o las chispas alarmantes con cuchillos en mano en Xinjiang hace apenas unas semanas. Solo así se entiende el desplazamiento del foco de atención del Pentágono para el Pacífico con su poderosa US Navy y muchos fierros más.
Siempre ha sido así, salvo en las dos grandes guerras mundiales pretéritas, los grandes se golpean por los flancos y desde lejos.

Cambiar sin necesidad de estar
Comprendida la gran estrategia, desentrañemos entonces las nuevas formas.
Para desplazar las fronteras de influencia en este siglo, lo más económico en términos financieros y políticos es propiciar el cambio desde adentro. Ya mencioné varios ejemplos: Irán, Libia, Siria, Ucrania. Todos están directamente conectados con los actuales “enfrentamientos helados” del águila con el dragón y el oso. Pero también en América Latina se han puesto en escena varios intentos de golpes “endógenos” debido a que la región dejó de ser el traspatio del Tío Sam y se habla con insistencia de CELAC; PETROCARIBE, UNASUR, ALBA y otros “engendros” independentistas y soberanos. “Golpes suaves” exitosos fueron los de Honduras y Paraguay. Derrotados fueron los intentos en Ecuador, Bolivia, y Venezuela.
El objetivo final es el “cambio de régimen” y es régimen porque no se admite el término “gobierno”, para evitar aquello de “legítimamente constituidos” y levantar la menor cantidad posible de polvo.
Lo primero que hacen los servicios de inteligencia estadounidenses es identificar los factores internos que favorecerían la implementación del plan, si no existen, pues los fabrican, y en esto no hay nada nuevo. Se hace necesario, como dirían los científicos, un caldo de cultivo, que puede ser un sector social descontento, grupos empresariales opuestos, un inadecuado comportamiento de alguna autoridad política, la precariedad económica…Cualquier situación potencialmente explosiva que erupcione después de inyectarle combustible a través de grupos organizados de nacionales o mercenarios extranjeros que solo esperan la orden en inglés para actuar y desencadenar las acciones.
Así, el plan se desarrolla conforme a varios pasos comunes: crear o acrecentar el descontento social; deslegitimar al gobierno interna e internacionalmente; construir o alimentar una oposición que reclama “derechos fundamentales”, visibilizarla y magnificarla; debilitar el consenso y la unidad entre las fuerzas afines al gobierno; y estimular una espiral de violencia que potencie el caos, provoque la muerte de personas, no importa del bando que sean, y que resulte en una eventual “guerra civil”.
Paralelamente, se propiciarán pronunciamientos contra el gobierno por parte de organizaciones internacionales y regionales. Recordemos cómo la Liga Árabe, presurosa, se pronunció contra Siria, uno de sus fundadores; o a la Unión Europea, que despertó un día recordando que existían los ucranianos; o la OEA, desprestigiada y desfachatada, que balbuceó sus preocupaciones respecto a la Venezuela chavista y aún enmudece cuando le mencionan las Malvinas.
La herramientas para ejecutar los “golpes suaves” son bien conocidas: la guerra económica en todas sus variantes, desde el boicot interno como en Venezuela, hasta las sanciones internacionales como en Irán; la guerra mediática siempre con fines desinformativos, ideológicos y movilizativos a través de los monopolizados medios tradicionales y de las redes sociales en internet; las acciones político-subversivas, paramilitares y terroristas como en Caracas, Kiev, Teherán o Trípoli; las maniobras político-diplomáticas en los escenarios internacionales; las declaraciones altisonantes de personalidades mundiales y altos cargos de la Administración de turno en EE.UU., incluso del Presidente; y como colofón, si el ambiente lo permite y se hace indispensable para inclinar la balanza, la intervención armada.
La justificación para todo este guión siempre estará garantizada. El establishment ha invertido suficientes recursos en los tanques pensantes para que estén a la altura de las necesidades del imperio.
Atrás quedaron los cínicos pretextos de los años 80 del siglo XX, como aquel de “defender la vida de los estadounidenses” y ya casi no se escucha el de la “lucha contra el narcotráfico”. La moda ahora es el filántropo e inclusivo “responsabilidad de proteger la vida de civiles”. La “lucha contra el terrorismo”, “la proliferación nuclear” y “la amenaza a la seguridad mundial”, son otros pentagramas que también entonan Washington y su comparsa cada vez que se le antoja deshacerse de un gobierno.
Esta es, con unos oropeles más o unos oropeles menos, la esencia del “golpe suave”. Con su naturaleza “delicada y benévola”, no deja de ser un instrumento más que trasciende el enfrentamiento entre potencias. Las acciones que lo componen, actualizadas y reevaluadas en un contexto impactado por los avances de las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones, lo desnudan como un medio político-subversivo de carácter estratégico que Washington, al menos en el corto plazo, no dejará de utilizar por los beneficios que le reporta.

El auditorio Che Guevara (UNAM), recinto cultural por excelencia

Emir Olivares Alonso
La Jornada
Antes de la huelga estudiantil de 1999-2000, el auditorio Che Guevara de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fue espacio de convivencia académica, política y cultural no sólo de la casa de estudios, sino de la ciudad entera. Era un sitio en el que cabían todas las expresiones.
Fue escenario para la presencia de algunos de los personajes más destacados en la segunda mitad del siglo XX. En su seno se expresaron los movimientos estudiantiles de 1968, 1986-1987 y 1999-2000.
De acuerdo con distintos archivos e historiadores, desde que abrió sus puertas, en 1954, con el inicio de actividades de la Ciudad Universitaria, este recinto dio cabida a las voces de personalidades como Octavio Paz, Susan Sontag, José Revueltas, Luis Villoro, José Saramago, Pablo Neruda, Carlos Monsiváis, Mario Bunge, Pablo González Casanova, Luiz Inacio Lula da Silva, Charles de Gaulle, Adolfo Sánchez Vázquez y Joan Manuel Serrat, entre muchísimos otros.
El auditorio Justo Sierra –nombrado así en honor al fundador de la UNAM, quien fue uno de los más importantes pensadores de la educación a finales del siglo XIX y principios del XX–, es el más grande de Ciudad Universitaria. En 1968, integrantes del movimiento estudiantil decidieron renombrarlo Che Guevara, que es como actualmente lo identifica la mayoría de los universitarios.
Entre los años 50 y 70 fue el mayor espacio cultural de la ciudad de México, pues entonces no existían ni el Centro Cultural Universitario ni el Centro Nacional de las Artes. Fue casa de la entonces Orquesta Sinfónica de la UNAM, el primer recinto de la Filmoteca universitaria y también sede de los cineclubes. La primera presentación en México del cantautor catalán Joan Manuel Serrat fue en 1969, en este foro. Escenario también de un sinnúmero de simposios, debates, encuentros, seminarios de las más distintas tendencias.
Hay miles de anécdotas relacionadas con este auditorio –que fue tomado en septiembre de 2000, siete meses después del término de la huelga estudiantil más larga en la historia de la institución, por diferentes colectivos estudiantiles y sociales, situación en la que se mantiene hasta ahora–. Una de las más recordadas para generaciones que se formaron en la primera etapa de la Ciudad Universitaria, fue en 1963, cuando el entonces rector de la universidad, Ignacio Chávez, recibió ahí al presidente de Francia, Charles de Gaulle.
El 10 de junio de 1971 Octavio Paz, quien años atrás había renunciado a la embajada de México en India en protesta por la matanza estudiantil de 1968, participaba en una charla en el Che Guevara. Frente a un auditorio lleno, el poeta y ensayista interrumpió de repente su plática para informar que un grupo de paramilitares en ese momento estaban golpeando a estudiantes en Ribera de San Cosme, hecho conocido tiempo después como el halconazo.
Ricardo Gamboa, profesor del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras (FFL), señaló que en este espacio "tenían cabida todas las expresiones". El académico, quien ingresó como estudiante en 1970, pudo ver en este lugar dos de los más memorables largometrajes de la historia del cine: La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo, y El conformista, de Bernardo Bertolucci, así como la obra teatral de carácter político El canto del fantoche lusitano, de Peter Weiss.
Durante el movimiento de 1968, el auditorio fue nodal para asambleas del Consejo Nacional de Huelga. Uno de los momentos memorables de entonces fue la presencia de un grupo de intelectuales, encabezados por José Revueltas, quienes daban su apoyo total a los jóvenes.
En este escenario también se llevaron a cabo varias de las discusiones del Consejo Estudiantil Universitario, que se opuso a las reformas emprendidas por el rector Jorge Carpizo en 1986 y 1987. Investigadores como Manuel Peimbert, Luis de la Peña, Alfredo López Austin, Roger Bartra, Annie Pardo, por mencionar sólo algunos, se dieron cita en el lugar para manifestar su apoyo a los jóvenes, recuerda Imanol Ordorika, quien fue uno de los líderes de aquel movimiento y hoy es académico del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.
Señaló que las actividades en el auditorio se organizaban con una bitácora y podía ser usado por cualquier persona. "Cuando alguien necesitaba organizar algo rápido, todo se resolvía mediante el diálogo. Se trataba de un espacio libre, no había que pedirle permiso a nadie, y creo que es necesario recuperar esa dinámica".
Años después, en este mismo foro, el movimiento estudiantil votó la huelga de 1999, que se convirtió en la más larga de la historia de la institución. El Che Guevara fue uno de los principales espacios para muchas de las asambleas del Consejo General de Huelga.
Amanda y Omar, quienes estudiaron en la FFL en la década de los 90, recuerdan que ese sitio fue fundamental para su formación política y cultural. Amanda cuenta que fue ahí donde pudo ver por primera ocasión una muestra internacional de cine y también en este espacio asistió a muchas de las acciones de apoyo al Ejército Zapatista de Liberación Nacional, donde incluso estuvo presente el subcomandante Marcos. Omar, "cinéfilo de siempre", narró que funcionó allí un magnífico videoclub donde se rentaban
películas en formatos Beta y VHS, a precio tres veces menor que en otros lugares.

"Golpe blando" en Ucrania

El filósofo argentino Atilio A. Boron, Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2013, comparte estas notas a propósito de un artículo de su compatriota Telma Luzzami en Página 12 sobre el golpe blando en Ucrania. A continuación de los comentarios de Atilio, reproduzco el excelente artículo mencionado.
Nuland repartiendo galletitas a los manifestantes reunidos en la Plaza Maidan de Kiev
Atilio A. Boron
En primer término para aportar algún antecedente más sobre una figura clave de este proceso, Victoria Nuland. Este personaje fue desde mediados del 2011 la vocera del Departamento de Estado de Estados Unidos y, antes, entre el 2005 y el 2008 se había desempañado como representante permanente de su país ante la OTAN. En Mayo del 2013 fue promovida por Barack Obama al rango de Secretaria de Estado Adjunta para Asuntos Europeos y Euroasiáticos, y fue en tal calidad que en una conversación telefónica que se filtró a la prensa le dijo al embajador de Estados Unidos en Ucrania “¡Que se joda la Unión Europea!”, al rechazar de plano la alternativa de que fuera la UE y no la ONU quien “mediara” en el conflicto ucraniano. Tal como lo recordara hace unas pocas semanas Immanuel Wallerstein, Nuland proviene del riñón conservador del partido Republicano. Fue una de las principales asesoras del Vicepresidente de George W. Bush, Dick Cheney, y es la esposa de uno de los más reaccionarios ideólogos neoconservadores norteamericanos, Robert Kagan, acérrimo partidario del unilateralismo de los Estados Unidos y feroz crítico de la “blandura” europea en su tratamiento de la “amenaza” rusa. Wallerstein se pregunta qué es lo que hace una persona con los antecedentes de Nuland en un gobierno supuestamente progresista como el de Barack Obama y por qué no fue removida de un cargo tan importante como el que ejerce actualmente. Mi respuesta es que Obama sólo tiene de progresista algo de su retórica, y esto para asuntos domésticos. Pero en lo que hace a la administración del imperio su presidencia ha continuado y profundizado las políticas establecidas por Bush. Es más, con sus drones el inverosímil Premio Nobel de la Paz ha matado más gente que Bush lo que nos exime de incursionar en más refinadas argumentaciones.
Segundo comentario: para subrayar la enorme importancia de lo que Luzzani dice en el párrafo final de su artículo cuando observa que a pesar de que faltaba apenas un año para las elecciones generales en Ucrania la oposición y la derecha fascista optaron por la vía sediciosa, con el abierto apoyo de Estados Unidos (¡en Diciembre del año pasado Nuland estuvo en la plaza Maidan repartiendo viandas a los manifestantes!) y en menos de tres meses tumbaron a un gobierno que Washington caracterizaba como un obstáculo para sus designios de completar el cerco en torno a Rusia. No está demás recordar que cuando Nuland fungía como Vocera del Departamento de Estado fue reiteradamente acusada de mentir en relación a la ofensiva destituyente iniciada en Benghasi en contra de Gadaffi y que terminaría con su régimen y su atroz linchamiento. Hoy sigue mintiendo en relación a Ucrania y, por supuesto, sobre Venezuela. Dados estos antecedentes, ¿puede haber alguna duda sobre el activo involucramiento de la Casa Blanca en el proceso sedicioso desencadenado en Venezuela desde hace poco más de un mes? ¿O tendremos que esperar la aparición de Roberta Jacobson, Secretaria de Estado Adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental en alguna guarimba de Caracas o Maracaibo para rendirnos ante la evidencia y caer en la cuenta del siniestro papel que Washington desempeña en todos estos procesos?

GOLPE BLANDO
Telma Luzzani
Página/12

En Ucrania, hubo un golpe blando, es decir, esa alternativa de quiebre institucional que las fuerzas golpistas adoptan cuando no cuentan con los ejércitos formales para la toma ilegal del poder.
En Kiev, todo el proceso duró apenas tres meses. En ese tiempo, las manifestaciones de clases medias y universitarios que empezaron a protestar el 20 de noviembre porque el presidente Víktor Yanukovich no firmaba un Acuerdo de Asociación de Libre Comercio (una especie de ALCA) con Europa se convirtieron en pelotones de vándalos: ocuparon ministerios y edificios públicos; incendiaron sedes del partido gobernante, fábricas y sindicatos (en algunos casos con gente adentro), e incluso, el 20 de febrero, hubo un grupo que rodeó la residencia de Yanukovich y quiso lincharlo junto a su familia. ¿Qué pasó en el ínterin?
Estados Unidos –como en Libia, Siria, Venezuela– fue clave en la escalada de las protestas que pasaron del caos al golpe de Estado. La conversación que mantuvo la funcionaria del Departamento de Estado, Victoria Nuland, con el embajador norteamericano en Kiev, en diciembre de 2013, no deja dudas. Nuland coordinó las actividades de los grupos radicalizados, intervino en la formación del gobierno interino opositor y remató la charla con un sincero: “¡Y que Europa se joda!”. (Está en YouTube: ir a http://www.youtube.com/watch?v=rJ4oj4cwNpw )
Las marchas pacíficas fueron rápidamente cooptadas por grupos violentos como los neonazis del partido Svoboda (Libertad) y su ala ultra Pravy Sektor (sector derechista) abiertamente antijudíos y antirrusos, muchos de ellos fotografiados en la plaza Maidan con cruces esvásticas tatuadas en los brazos y pechos. Llama la atención el silencio de Israel y Estados Unidos. Incluso porque, según la agencia judía JTA, las Fuerzas de Defensa de Israel actuaron en la plaza Maidan bajo las órdenes de los neonazis.
Con estos datos sólo un ingenuo podría creer que lo de Ucrania es sólo un problema entre pro europeos y pro rusos. Aquí se juegan los intereses de la UE y los planes militares de EE.UU.
Europa está altamente interesada en vender al mercado ucraniano los productos que sus ciudadanos empobrecidos ya no pueden comprar. El acuerdo que Yanukovich no firmó implicaba para Ucrania sustituir el sistema legislativo y judicial; reconvertir su esquema económico y adecuarse a los estándares de Occidente (desde los enchufes eléctricos hasta las vías del ferrocarril ¡miles y miles de ítems!). Para que Kiev saldara sus deudas pendientes y encarara estos cambios, el FMI le ofrecía créditos multimillonarios. Hasta ahí los ucranianos aceptaban. Pero entonces Bruselas avanzó más y pidió también la libertad de la opositora Yulia Timoshenko. Por su parte, el FMI advirtió que para conceder los préstamos había que congelar salarios y jubilaciones; aumentar tarifas; reducir el Estado y privatizar empresas estatales. Con el espejo de Grecia y a un año de las elecciones presidenciales, Yanukovich se arrepintió.
En cuanto a EE.UU., tener a Ucrania en la OTAN e instalar bases militares en las fronteras de Rusia fue siempre un objetivo. Colocar en el poder un gobierno de facto ya le está dando frutos. El viernes, el nuevo ministro de Defensa solicitó la asesoría del Pentágono para una “asistencia humanitaria y operaciones de rescate”. La presencia de tropas norteamericanas cerraría el círculo que EE.UU. armó en torno de Rusia desde Afganistán, pasando por el Cáucaso, hasta Europa Oriental.
Además, existen otras vías. Los Tratados de Libre Comercio y los préstamos del FMI son siempre herramientas efectivas para imponer cláusulas que obliguen a los países a aceptar bases militares en su territorio. Se avanza en ese sentido. El director del departamento europeo del FMI, Reza Moghadam, dijo anteayer estar “positivamente impresionado” con el actual gobierno de Kiev y, asombrosamente, en tan sólo en quince días de gestión comprobó su “determinación, sentido de la responsabilidad y compromiso en la agenda de reformas económicas y la transparencia”.
Para el Kremlin, preservar su frontera europea y la península de Crimea, donde tiene su flota más poderosa con acceso al Mediterráneo y a Oriente Medio, es geoestratégicamente vital. Por eso Vladimir Putin ha puesto todo su experiencia como espía soviético y su instinto de conservación en esta pelea. Sabe que Europa no es rival: ni la city londinense va a renunciar a los multimillonarios depósitos de los magnates rusos ni Alemania va a dejar de necesitar gas. También sabe que Washington, además de planes estratégicos, tiene deseos de revancha por dos partidas que Putin le ganó en 2013: el asilo del topo Edward Snowden y las negociaciones de paz con la entrega de armas químicas en Siria.
Pero lo más importante es que en nuestro mundo global lo de Ucrania enciende una alarma. Faltaba apenas un año para elegir otro gobierno en las urnas y todo el proceso destituyente duró sólo tres meses. Venezuela y el resto de América del Sur deben tener los ojos bien abiertos.

domingo, 9 de marzo de 2014

Cantante cubano pidió libertad para los Cinco en televisora de Miami

Manuel H. Lagarde
Cubasi
Cada vez son más los artistas cubanos que no se dejan manipular por el aparato de propaganda de la mafia anticubana radicada en Miami.
La pasada semana el cantante cubano Francis del Río, quien se encuentra en esa ciudad del sur de la Florida como parte de una gira del grupo Interactivo junto varios músicos de Habana Abierta, improvisó una tonada en el programa El Espejo del Canal 41 en la que, entre otras cosas, pidió la libertad para los héroes cubanos.
"Yo te voy a decir Juanito las cositas que yo quiero. Tengo también mi derecho de ser sincero. Que se acabe el hambre en África. Que se acabe el hambre en Latinoamérica, que liberen a los héroes que están aquí", cantó del Río, en vivo, ante las cámaras del programa que conduce el periodista Juan Manuel Cao.
Las declaraciones cantadas de Francis del Río fueron hechas luego que el conductor del programa sometiera a Robertico Carcassés a un sucio interrogatorio cuyo único propósito era lograr que el artista renegara de la revolución cubana.
En una ciudad en donde hasta los programas humorísticos de la televisión están diseñados para mentir sobre la revolución, la sinceridad de Francis, como era de esperarse, debió resultar en exceso contraproducente por lo que el conductor del programa se vio obligado a publicar una disculpa aclaratoria.
En la nota publicada por Cao el periodista afirma: "No tengo que pedir disculpas porque no fui yo el que le cantó a los cinco espías, sino el señor Francis del Río. Así que es a él al que hay que reclamar y no a mí".
"Yo no di el espacio, él se lo tomó. Lo que pasa que lo hizo de modo oportunista, al final del programa, cuando no quedaba espacio para seguir debatiendo, cosa que me hubiera gustado hacer, agrega el periodista que ahora acusa a del Río de haberle dado una puñalada trapera en la televisión porque según su versión, el cantante le había pedido, antes de que comenzara el programa, que no le hiciera preguntas de corte político.
Más adelante en la misma disculpa el "apuñaleado" por la sincera tonada de Francis del Río, asegura: "Además, le aclaré que en mi programa cada cual dice lo que le da la gana, bajo plenas normas de libertad de expresión".
Nadie se explica por qué si en su programa todo el mundo puede decir lo que estima, el “demócrata” Juan Manuel Cao tiene que andar haciendo aclaraciones de lo que dicen sus invitados ante las cámaras. ¿Si en El Espejo hay plena libertad de expresión por qué Francis del Río es entonces un oportunista? ¡Vaya periodistas con los que cuentan las televisoras de Miami!
Por lo visto, el conductor de El Espejo, además de ser un mentiroso consuetudinario, tiene mala memoria y ya no se acuerda de que en esa ciudad se han quemado cuadros de pintores cubanos, aplastado discos con aplanadoras y realizado mítines de repudio en contra de varias orquestas y artistas cubanos.
Pero lo mejor de todo, sin dudas, es que la sincera pedrada lanzada contra el Espejo del Canal 41 por del Rio no es un hecho aislado. Hace solo unas semanas, en ese mismo programa la cantante cubana Laritza Bacallao y el director de PMM, Hectico DJ, se negaron a prestarse al manipulador juego de Cao.
Sobre esa entrevista el periodista cubano radicado en Miami, Edmundo García, señaló en un artículo publicado en este mismo sitio:
"Lo que han demostrado ambos (...) es que no es necesario rebajarse para triunfar. Es más, yo diría que el gran mensaje es evidenciar que mantenerse en los principios es respetado y muy «atractivo». Respetando a Cuba y respetándose a sí mismos pueden lograr un reconocimiento artístico más duradero y una admiración más consistente, por parte de amigos y de enemigos".
Antes que del Río, Laritza Bacallao y Hectico DJ, otros artistas como Cándido Fabré y Paulo FG han tenido la dignidad de decir lo que piensan ante la maquinaria de propaganda anticubana de las televisoras de Miami. Lo que pudo tal vez parecer alguna vez una excepción ha devenido en regla.
A los propagandistas de Miami, por tanto, no les quedará más remedio que seguir invitando a sus programas a sus disidentes de pacotilla. De lo contrario, tendrán que abrir sus cámaras y micrófonos a la verdad sobre Cuba.

sábado, 8 de marzo de 2014

Conducta, una película que empuja la realidad

Enrique Ubieta Gómez
Una de las características más notables de la escritura martiana –diferencia esencial con la escritura positivista y reformista–, es que no describe, construye. El positivismo reformista finisecular del siglo XIX, al igual que el actual, es incapaz de superar el dato concreto, y produce textos absolutamente descriptivos, así sea en la forma de resultados estadísticos, “científicos”, que en la simple representación de lo visible, asociada a la capacidad o incapacidad de unos ojos para ver. Pero la realidad no es solo lo que se ve: las posibilidades que alberga son parte de ella. El reformista, si acaso, atisba la posibilidad inmediata, la que está frente a sus narices, y trata de asirse a ella. No elige la posibilidad mejor, agarra la que le sobreviene y declara con erudita “sapiencia” que los horizontes son inalcanzables. Es un posibilista. Su paneo descriptivo sobre la realidad no es sin embargo –nunca lo es–, ausencia de elección: ve y trasmite lo que quiere ver y trasmitir, en la descripción se esconden o revelan sus criterios personales. No es la realidad lo que muestra, ni siquiera lo que la realidad aparenta ser, sino su interpretación de la apariencia. Y al enfocarse en ella, sobredimensiona y deforma cada uno de sus rasgos. El creador auténtico (el revolucionario) construye posibilidades, no porque desprecie la realidad, sino porque la conoce mejor. En el arte, ambas tendencias han generado obras paradigmáticas. Pero en los últimos años el cine cubano se ha saturado de obras positivistas –naturalistas–, que rastrean las zonas más sucias de nuestra realidad y las sobredimensionan.
En ese contexto es que aparece Conducta, la más reciente película de Ernesto Daranas (Los dioses rotos). Pareciera al primer golpe de vista que la película sigue el mismo derrotero: ahí están expuestas, con toda crudeza, algunas facetas de nuestra marginalidad urbana. Pero hay un punto de giro, que no se percibe de inmediato, pero que constituye quizás la razón por la que los espectadores lloran, ríen, y salen del cine con los pulmones llenos de fe: el desplazamiento de la intención “descriptiva” (la realidad es así, falacia discursiva) a la vocación constructora-creadora (la realidad puede ser así). La protagonista no es la mamá de Chala, la jinetera alcohólica; esta película, al fin, no se centra en la persona que supuestamente tiene que trasponer todas las barreras morales para sobrevivir, ni nos insinúa que una dura cotidianidad son razones suficientes para que vendamos cada pedazo de nuestro cuerpo. Entiéndase algo que no solemos racionalizar: si nos desprendemos desde una postura cínica de los valores morales que sustentan la fe en la posibilidad de un mundo mejor, nos desprendemos de la Revolución.
La película de Daranas no ignora que existen mujeres como la mamá de Chala, pero no permite que el espectador la disculpe, a pesar de que insinúa que su vida no es fácil. En Conducta hay una heroína: una maestra –no una normalista, aclaro a los que intencionadamente sacan mal las cuentas, una formada por la Revolución, con casi 50 años de servicio en el magisterio (y recuerdo: la Revolución tiene 55)–, que no se vende, que no se rinde, que no confunde el bien y el mal, a pesar de todas las trampas que la vida le pone. ¿Contra qué pelea la maestra? Contra la artritis burocrática que nos impide personalizar lo que inexcusablemente es personal: la educación, la formación de un ser humano. Y sí, es cierto que lo específico puede transformarse en símbolo, en metáfora de nuestra realidad más amplia, y no está mal. Si hemos perdido el rumbo en este largo camino hacia un humanismo más pleno, esa maestrica sencilla, de pueblo, nos sacude, encarna el gesto primigenio a favor de la justicia, la voz fundacional, incorruptible, de la Revolución. Ella es la Revolución. Por eso cuando la quieren conducir al retiro obligatorio y aducen el tiempo que lleva de maestra, pronuncia una frase clave: “no tanto como los que dirigen este país”…, para agregar, de remate: “¿te parece demasiado?” No es que la película abogue por la desconfianza en el relevo. Es verdad que la burocratizada especialista municipal es joven, y que la maestra sustituta, más joven aún, transita al inicio por caminos trillados que son los fáciles, pero nadie le ha enseñado otros. La Maestra llega y “sienta cátedra”, como suele decirse y poco a poco vemos crecer a la joven, aunque solo hablen sus ojos muy abiertos y húmedos. Solo hay discípulos allí donde hay maestros. La líder que es, establece pautas con su ejemplo, y el director de la escuela de conducta y los compañeros de la suya, incluida la directora, la respaldan al final. Solo hay seguidores allí donde hay líderes.
Chala es una construcción, no es la descripción de un alumno. Es lo que puede ser un niño, aún en las peores condiciones, si existe una Revolución, una escuela, y un maestro. Pero Chala existe, no solo porque pueda hallarse un caso en cualquier rincón de la ciudad, sino porque es la posibilidad que la realidad alberga, la que tenemos que empujar. Son tan ridículos los reparos al mensaje social en el arte –hablo del arte, no del seudo-arte, ni de la propaganda–, como las objeciones a cualquier posible y real héroe fílmico, de los buenos. ¡Cómo detestan los cínicos a los héroes! Construir, crear, empujar el mundo a favor de la justicia, la verdad y la belleza, es, siempre ha sido, una de las funciones del Arte. ¡Bienvenidos Carmela y Chala a nuestro imaginario social!

René Pérez de Calle 13 destruyó su auto de lujo para su nuevo videoclip

(Periódico 24) René Pérez se mantiene fiel a su estilo de denuncia social y para el videoclip de Adentro, el músico de Calle 13 decidió sacrificar un objeto de su propiedad.
El cantante expuso su Maserati a una golpiza con un bate de béisbol que él mismo le propinó.
“Creo que el mensaje que le estoy enviando a los niños y a la juventud al destruir mi propio auto, que en algún momento representó el exceso ostentoso en mi vida, vale infinitamente más que cualquier auto costoso. El hecho de que la sociedad consumisa en que vivimos, aún en tiempos de crisis y de que cada uno de nosotros como individuos le sigamos dando tanto valor a estos lujos excesivos, ha traído como consecuencia que muchos jóvenes estén literalmente matándose por ellos”, explicó René en un comunicado.
El avance del clip muestra que el auto al final es lanzado por un acantilado aunque no se ve la destrucción total.

viernes, 7 de marzo de 2014

El Neoliberalismo al rescate del Socialismo Cubano

Arnaldo  Hernández
En Cuba se producen hechos sumamente extraños, inauditos, que no tienen referentes históricos, no por lo novedosos o peculiares que puedan ser, sino por la significativa contradicción que implican.
¡Cosas veredes, Sancho amigo! dijo Don Quijote de la Mancha en el Siglo XVII. Si hubiera estado en La Habana en febrero del 2014 hubiera dicho como Rubén Blades, “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida!”
Por ejemplo, el Centro David Rockefeller de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvad, donde se forma la élite de los ideólogos, gobernantes y empresarios de los Estados Unidos, capitalistas y neoliberales, han financiado un libro electrónico titulado “Cuba, la actualización del modelo. Balance y perspectiva de la transición socialista”.
¿Hubieran podido imaginarse que un centro que lleva el nombre del poderoso magnate estadounidense financie un libro que ayude al socialismo creado por Fidel Castro?
Se trata de un libro digital (para no tener que gastar en papel, burlar críticas y facilitar su distribución), porque se presentó y se repartió gratuitamente en la recién concluida Feria del Libro de La Habana, un evento muy oficialista.
No puede pensarse que sea un texto contra la política que impulsa el gobierno de Raúl Castro, porque el régimen, los académicos, los “tanques pensantes” y la prensa de EEUU lo acusan sistemáticamente de ser una dictadura, y una dictadura no lo permitiría. Menos aún una que según los consorcios mediáticos privados, los gobernantes, los políticos y los académicos estadounidenses y europeos presentan sistemáticamente como sumamente cruel y represiva.
Hubo disgustos adicionales, porque el comentarista anunciado en la presentación tiene un nombre muy común y creó confusión. Uno de mis sobrinos,  DJ en una emisora capitalina e integrante de un grupo de hip hop, estaba molesto por lo que calificó de “engaño”, porque creyó que se trataba de un jamaicano cantante de reggaetón. Su novia, que se dedica a las ciencias sociales (no le gusta que le digan “cientista”, porque no tiene un centavo), se disgustó por partida doble: primero por la torpe idea de su pareja y segundo, por “la ambigüedad de la convocatoria”, porque creyó que se trataba de un activista de izquierda norteamericano, profesor también, pero de otra universidad.
En estos días hemos presenciado un hecho todavía más trascendental, cuando un grupo de extranjeros vienen a decirnos cómo debe ser el sistema político y económico de los cubanos. Desconozco de donde salió el financiamiento para ese evento secular, con mensajes ideológicos tomados de las matrices de opinión diseñadas por Washington para esparcirlas en Cuba y que algunos amigos de profundas convicciones cristianas consideran que es una manipulación política de las instituciones religiosas.
Pero debe haber costado mucho, porque traer personalidades de Europa, Norteamérica y América del Sur , que se ausentaron de sus ocupaciones laborales habituales por varios días para estar en Cuba, cuesta dinero, no sólo pasajes, alojamiento, desayuno, almuerzo y comida, porque también se pagan las conferencias, que además enriquecen los currículos de cada uno, sin incluir otras cortesías. 
Unos disertaron sobre el Estado y la Democracia in vitro, donde todos son iguales, los que tienen mucho y los que no tienen nada, los ricos y los pobres, los que todo pueden o pueden mucho y los que no pueden, los explotadores y los explotados.
Es algo así como un canto de sirenas que omiten realidades  históricamente comprobadas, pero algunos se empeñan en ocultar: el Estado y la Democracia son clasistas, responden a la clase social que tiene el poder político, lo que para Marx y Engels es dominante y para Gramsci es hegemónica, que los utiliza para imponer sus intereses, obligar a los demás a aceptarlos como naturales y de procedencia divina y reprimir a quienes protesten o se opongan.
Para eso están las leyes, la policía antimotines y los carros lanza aguas, que como hacía la tiranía de Batista, como muestran filmaciones, fotos y relatos de esa época..
Si el Estado y la Democracia son socialistas y revolucionarios, como en Cuba, defienden al pueblo trabajador frente a quienes tratan de explotarlo. Si son capitalistas, defienden los intereses de los explotadores, se subordinan a potencias imperialistas extranjeras más poderosas y oprimen al pueblo trabajador, como sucede incluso en muchos países europeos, con muchas bases militares extranjeras en sus territorios.
Otros nos enseñan cómo debe ser el gobierno y la gestión gubernamental. Tienen la experiencia de haber  gobernado durante siglos, han pasado por todas las épocas y todavía hoy siguen siendo parte de las estructuras de poder en sistemas de gobierno muy disímiles, no importa que sean desarrollados o subdesarrollados,  civiles o militares, elegidos democráticamente o impuestos por intereses extranjeros.
¡No  importa, siempre ganan algo! Y se esfuerzan para que la gente acepte, esté tranquila e incluso se sienta feliz con la ayuda de Dios.
Cuando dejan de ganar y quedan fuera del poder es distinto. También es distinto cuando son afectados los filántropos que les aportan  millones a sus arcas. Esto merecería un análisis más detenido, porque se trata de donaciones  que se deducen de sus impuestos y no se revierten en beneficio de toda la sociedad, sino de una parte de ella. Un economista amigo mío lo considera  discriminatorio.
Habría que ver si han venido con la idea de que el socialismo cubano gobierne por siglos, porque las experiencias que ellos tienen se dirigen más bien a la idea de un régimen capitalista perpetuo, que en su sistema de higiene no ha sido capaz de acabar con el tábano, a pesar de cuanto lo han intentado.
Otro participante es un asesor del Banco Mundial, el FMI y del Banco Interamericano de Desarrollo.  Viene desde el polo norte para enseñar cómo el mundo capitalista debe ayudar al modelo social cubano, cuáles deben ser los lineamientos para el desarrollo económico de nuestro país y cómo implementarlos.
Otro graduado de Harvard vino a exponer el modelo institucional chileno, el mismo modelo neoliberal impuesto don Pinochet que todavía perdura y  ha provocado las protestas estudiantiles, de los trabajadores y de los pueblos nativos, para qué lo copiemos. A propósito, ese modelo institucional también utiliza los camiones lanza agua contra las manifestaciones de estudiantes, trabajadores y pobladores autóctonos, en vez de apagar las injusticias.
Dos cubanos que son profesores en universidades norteamericanas, en un ejercicio de adivinación y futurología, van a predecir cómo será el sistema político cubano.
Otros dos cubanos, profesores en universidades de otro país, se propusieron disertar sobre la “institucionalidad económica”. Me imagino que utilicen sus experiencias prácticas sobre la “institucionalidad económica” que genera violencia política, militar, social y familiar, cinturones marginales a 2000 metros sobre el nivel del mar, niños de la calle, campesinos sin tierra y la inserción del dinero que resulta del narcotráfico en el desarrollo económico de un país.
Uno de los aspectos más reveladores del desideologizado encuentro teórico, aunque cueste trabajo admitir la idea de una teoría sin ideología, es el homenaje a Cuba a un ideólogo que ha consagrado su vida a criticar el socialismo en Cuba y magnificar  al capitalismo, incluido el de Pinochet.
Lamentablemente, el brillante economista nunca se ha referido a la medida en que el bloqueo norteamericano ha impedido el buen funcionamiento de la economía en el socialismo cubano. Tampoco ha calculado el costo de la educación gratuita para todos, ni de la salud gratuita para todos, ni de la seguridad social para que nadie quede  abandonado a su suerte, ni el de la formación de miles de profesionales que han convertido la ciencia en industria.
Tampoco ha publicado nada sobre la experiencia de cómo el socialismo cubano se las arregló a partir del año 90, en condiciones de doble bloqueo o bloqueo casi total, el país siguiera adelante  sin hambrunas, ni pandemias, sin el cierre de servicios sociales básicos,  cosa que no han podido hacer otros países más grandes, con muchas más riquezas naturales y desarrollo económico, que no sufren el bloqueo ni la hostilidad de Washington.
Hoy, un cuarto de siglo después, Cuba revisa lo que ha hecho para hacerlo mejor, para hacer las cosas de acuerdo con la época que ahora le toca vivir, bajo un bloqueo intensificado que ha fracasado, a pesar de las penurias que le ha impuesto a los cubanos y del éxito que ha tenido en hacer creer a algunos que los problemas se deben al socialismo y al Periodo Especial en Tiempo de Paz, esa estrategia de resistencia exitosa que ha hecho posible que Cuba siga siendo independiente y soberana y los cubanos, a pesar de todo, estemos vivos, saludables, cultos y confiados en el futuro, a pesar de todo.

jueves, 6 de marzo de 2014

Chávez: Un Gigante bajo la Luna

Eva Golinger
Un año ha pasado desde la desaparición física de nuestro amigo Hugo Chávez y aún es imposible aceptarlo. Su voz era un constante en la Venezuela revolucionaria, sus lecturas y enseñanzas una escuela en desarrollo permanente. Hombre humilde de alma noble, Chávez tenía la valentía de guerreros y el pulso de patria en su corazón. Desafiaba a los más poderosos e imponentes intereses, sin guindarse. Nunca le temblaba la mano, jamás se arrodillaba, estaba siempre firme con serenidad y convicción para enfrentar grandes amenazas. Su valor era inmenso, un soldado del pueblo, un guerrero de paz, un gigante de siglos. Conocerlo fue un privilegio, un tesoro sin precio.
Chávez impactó al mundo, dejando su huella en luchas y sueños por la justicia social desde el norte hasta el sur. Su legado es transcontinental, sin fronteras. Chávez se traduce a todos idiomas como el símbolo de la dignidad.
Tuve la fortuna de acompañarlo en varios de sus giras internacionales. Pude presenciar la multitudinaria recepción de apoyo y alegría que recibía en casi todos los continentes. Su mera presencia inspiraba a millones. El representaba los sueños de tantas luchas, tantos compromisos a la humanidad, y comprobó, contundentemente, que otro mundo sí era posible.
De todas partes del planeta, corría gente para verlo de cerca. Solo esperaban escuchar sus palabras llenas de esperanza, sencillas y a la vez llenas de una íntima profundidad. Chávez respiraba amor, y aunque millones lo recibían con brazos abiertos, siempre habían peligrosas amenazas en su contra. Los más poderosos intereses le temían. Era impredecible, siempre un paso por delante. Washington lo llamaba un sabio competidor, y viniendo del gobierno estadounidense, eso era no solamente un cumplido, sino demostraba lo grande que era Chávez. Ni el imperio lo podía controlar.
En mayo de 2006 me encontraba de gira en Europa con el lanzamiento de las ediciones en alemán e italiano de mi primer libro, El Código Chávez. Cuando ya había recorrido gran parte de Alemania, por suerte coincidí con la gira del Presidente Chávez en el marco de la cumbre América Latina-Unión Europea en Viena, Austria.
Llegué al hotel donde se encontraba la delegación presidencial que apenas horas antes había arribado a la tierra vienesa. Luego de saludar a caras conocidas en el lobby, mis compatriotas, me fui a la habitación a descansar. Una hora después, bajé para ver la movida y para saber cual era la agenda del Presidente. Al llegar al lobby, el simpático muchacho de protocolo presidencial se me acercó y me dijo que ya íbamos saliendo. Me pidió acompañarlos en la caravana. No había visto aún al Presidente, pero supuse que íbamos adelante a alguna actividad, y me monté en el carro con la delegación. Me acuerdo que estaban muchas caras conocidas, amigos de lucha: Nicolás, Barreto, Giordani, Navarro.
Nos llevaron a un sitio en el centro de Viena. Al llegar pude presenciar una cantidad enorme de gente, principalmente jóvenes, que estaban dentro y fuera del local. ¿Que sitio es esto?, pregunté al amigo de protocolo. Es un centro cultural muy popular aquí. Se llama la Arena, me respondió.
Bajamos del carro y vimos a miles de personas acercándose al lugar. Había un evento esa noche con nada más y nada menos que el Comandante Presidente Hugo Chávez, líder de la Revolución Bolivariana. Un rato después, cuando ya habíamos entrado para presenciar la impresionante cantidad de personas que se encontraba en el lugar, me acercaron para avisarme que yo estaba pautada para hablar en el evento de esa noche, allí, frente a la muchedumbre europea. Que honor, pensaba, participar en Viena en un acto de masas con el Presidente.
 La noche estaba fresca y la gente seguía llegando. No cabían en el centro cultural. Tanto fue así, que tuvieron que cambiar la sede del evento de la parte adentro, donde solo cabían 500 personas, para la plaza afuera, donde cabían miles. Nunca antes había pasado un fenómeno así en Viena. Miles de jóvenes europeos se habían reunido en una plaza vienesa para escuchar las palabras de un jefe de estado latinoamericano. La cantidad de personas presentes era espectacular. Chávez no solamente era un líder latinoamericano, sino un gigante mundial.
Pasaba el tiempo, y el Presidente no llegaba. La gente se ponía ansiosa esperando la puntualidad en Austria era bastante estricta y no estaban acostumbrados a esperar mucha más allá de la hora prevista. Un rato después, me acercó la gente de protocolo pidiendo que subiera a la tarima junto a los otros de la delegación. Teníamos que hacer algo, me decían, la gente estaba esperando demasiado tiempo para dejarlos así en limbo. Fui a conversar con los amigos de la delegación sobre lo que deberíamos hacer. El Presidente no viene, me dijeron. ¿Y ahora que vamos a hacer?, pregunté. No podemos salir allí nosotros cuando están esperando a Chávez.
Ya habían pasado como dos horas del momento previsto para el comienzo del evento y el público estaba muy ansioso. Fuimos a hablar con los organizadores, un grupo muy simpático de activistas europeos solidarios. Les contamos sobre la posibilidad de que no viniera el Presidente. El estaba cansado, descansando ya en el hotel, preparándose para la cumbre de jefes de estado de América Latina y Europa del día siguiente.
La noticia cayó como una piedra. No era posible, nos decían. Jamás en la historia tantas personas habían venido a una plaza pública para escuchar a un jefe de estado, sea de donde sea. Teníamos que comprender la importancia histórica del momento.
Entendimos bien que nosotros bajo ninguna circunstancia podríamos reemplazar al Presidente Chávez ante ese público. Era Chávez o nada, o más bien, tenía que ser Chávez y punto. Capturamos imágenes del evento y la cantidad de personas presentes, y las enviamos con la Guardia Presidencia y los edecanes del Presidente, rogando por favor que viera la importancia del evento para que se viniera.
Pasaron dos horas más y ya eran horas de la noche, pero nadie se había ido del lugar. Más bien, la gente seguía llegando. Se mantenían alertas cantando Uh Ah, Chávez no se va en español y en alemán, Chávez geht nicht.
Luego de cuatro horas bajo la bella luna de Viena, todos ansiosos por la llegada del Comandante del siglo XXI, hubo movimiento. Chávez había visto las imágenes, y entendía la magnitud del momento y la importancia de reunirse con la juventud europea. En todo su cansancio y trasnocho del viaje, allí apareció, radiante y sonriente al ver a la muchedumbre juvenil.
La llegada del Presidente fue recibida con un aplauso impresionante del público acerca de las diez de la noche. La luz brillante de la luna reflejaba el asombro y la intensidad de las miradas de los muchachos y las muchachas. Todos estaban completamente atentos y pendientes del discurso del líder venezolano. Y al Presidente Chávez le inspiró la atención y la dedicación de los jóvenes vienés, y en las afueras de la Arena lanzó una clase magistral sobre la construcción de un movimiento revolucionario internacional. Dirigiéndose a ésa juventud europea, habló sobre El Triángulo de la Victoria, compuesto por tres factores principales: objetivos políticos, estrategia y poder; y fundamentados en la consciencia, la voluntad y la organización. Se quedaron todos durante las dos horas que habló el Presidente, escuchando con mucho cuidado los detalles del proyecto revolucionario internacional, mostrando su apoyo y aprobación en aplausos, gritos y sonrisas. A nosotros nos acusan de querer construir una bomba atómica, contó Chávez a los jóvenes. Pero nosotros no nos interesa tener bombas atómicas. Las bombas atómicas se las regalamos al imperio. A nosotros no nos hace falta un arsenal de bombas para salvar al mundo. ¡Nosotros somos las bombas atómicas! Y sobre todo ustedes muchachos y muchachas del mundo, ustedes son las bombas atómicaslas bombas de amor, de la pasión, de las ideas, de la fuerza, de la organización.
Sesenta y cuatro medios de comunicación europeas cubrieron ése evento histórico en Viena. El Ché Guevara del siglo XXI, lo llamaron, todos fascinados con lo que sucedió esa noche en Viena bajo la luna llena. Nunca un jefe de estado había salido a las calles a hablar con las masas. Nunca se habían reunido miles de personas de manera espontánea al aire libre en Viena para escuchar un discurso de un mandatario, menos de América Latina. Chávez trajo el amor y la sinceridad venezolana a Austria y el pueblo de Viena lo recibió con los brazos abiertos.
Muchachos, ustedes van a salvar al mundo. Sepan que no están solos aquí. Sepan que los jóvenes del mundo, que hablan otros idiomas, que están bañados de otros colores, tienen la misma llama que ustedes...En América Latina, en África, en Asia....Despierta la juventud del mundo, despiertan los trabajadores del mundo, despiertan las mujeres del mundo, despiertan los estudiantes del mundo. Vamos unidos por lo caminos de la revolución.
Al terminar su discurso, Chávez miró a la gloriosa luna llena que alumbraba el evento. Ah..., exclamó. Con esa luna llena, tan linda, provoca agarrar una guitarra e ir con todos ustedes jóvenes al río Danubio para cantar una bella noche hasta el amanecer. El brillo en sus ojos develaba su sinceridad. Fue un momento especial, de esos que solo ocurren una vez en la vida. Parecía un encuentro íntimo, entre amigos, aunque la mayoría de las miles de personas allí no nos conocíamos. Sin embargo, todos compartíamos un amor por la justicia, y un sueño por un mundo mejor. Chávez era un hermano más en la lucha por ese sueño.
Años después, el impacto mundial de Chávez lo convirtió en el enemigo número uno de Washington y sus poderosos aliados. Alguien de su humildad, sinceridad, valentía y convicción no era común, y menos cuando era el líder del país con las más grandes reservas petroleras del mundo, y además, alzaba en alto la bandera de justicia social. Las amenazas contra Chávez eran constantes, los atentados contra su vida jamás cesaban. Hubo una sistemática agresión contra su gobierno desde los más poderosos intereses del mundo, apoyados por sus agentes dentro de Venezuela. Daban con todo contra Chávez. Alguien de su estatura, de su influencia, firmeza y dignidad, y con esa inmensa capacidad de amor, representaba un gran peligro para la agenda imperial. Hicieron lo que pudieron para neutralizarlo.
Tal vez nunca sabremos si su desaparición física fue provocada o no, aunque existen bastantes evidencias y pistas para investigarlo. Lo que sí sabemos es que su salida mortal no fue su despedida. Hombres como Chávez no se pueden desaparecer, aunque muchos les gustarían que fuera así. El legado de Chávez hoy vive y crece más allá de la Revolución Bolivariana y sus extraordinarios logros.  Su voz está presente en cada grito por la libertad, su mirada se ve en los valientes jóvenes que enfrentan grandes y peligrosas potencias para develar verdades. Su amor está presente en la solidaridad y el compromiso de corazón que millones sienten por la Venezuela revolucionaria. Su fortaleza y dignidad guían la defensa de la patria, hoy de nuevo agredida por quienes quisieran borrarnos de la humanidad.
Chávez jamás desparecerá. Su presencia seguirá creciendo y multiplicando en cada nuevo soldado de la paz, en cada guerrera de la justicia. Sonriente con corazón de oro, Chávez siempre será nuestro Gigante bajo la luna.

Chávez y el chavismo

Ángel Guerra Cabrera
A un año del adiós al comandante Hugo Chávez resplandece como la mayor de sus aportaciones políticas el haber trasformado en conciencia de millones la indispensable unidad de América Latina y el Caribe. Unidad que él practicó inspirada en hondos sentimientos de amor, solidaridad y hermandad. Nos enseñó que sin ella no somos ni seremos independientes, girones inconexos a expensas de los apetitos imperialistas. Chávez fue al autor principal e inspirador del entramado institucional que canaliza y consolida esa conciencia: Alba, Petrocaribe, Unasur, la Celac. Mucho se ha escrito y se escribirá en el futuro sobre esta portentosa hazaña de uno de los grandes hombres de Nuestra América. Pero hoy hablaré de otra contribución fundamental de Chávez a la historia y la cultura política no sólo de Venezuela sino de la Patria Grande, que es la construcción de esa fuerza social revolucionaria, profundamente democrática y popular, educada en la lucha antimperialista y antioligárquica, que es el chavismo. Corriente de pensamiento y acción política profundamente renovadora, abreva ante todo en la tradición revolucionaria venezolana resumida en Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora por aquellos militares patriotas que hicieron el juramento ante el bolivariano Samán de Güere (http://www.ciudadccs.info/?p=520145). Por ser auténticamente bolivariana se nutre también de la savia de San Martín, Artigas, Martí, el Che, Camilo Torres, Salvador Allende y la filosofía y luchas de los pueblos originarios de Abya Yala y los afrodescendientes. Abierta al acervo universal, el marxismo y el fuerte sentido de justicia social del cristianismo se insertan armoniosamente en su tronco nuestroamericano. El chavismo se enorgullece de la fecunda amistad y camaradería política e intelectual de su líder histórico con Fidel Castro. En las nuevas condiciones históricas de América Latina en los noventas, el chavismo hizo el milagro de promover trasformaciones revolucionarias mediante la toma dilatada y por fases del poder por el voto y no de una vez por las armas. Inició su ruta institucional con una Asamblea Constituyente redactora de una nueva Constitución aprobada en referendo por 71.8 por ciento del electorado. Ello dio la pauta para toda su práctica política ulterior basada en la fiel observancia de la constitución y las leyes y en una trasparencia electoral única. A tal grado que ha hecho exclamar al ex presidente de Estados Unidos James Carter: “…de las 92 elecciones que hemos monitoreado… el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo”. El chavismo posees una cualidad cultivada por Chávez y es lo que él llamó “paciencia estratégica”, al referirse a la actitud a asumir frente a los jefes militares golpistas que montaron la provocación en la Plaza Altamira. En lugar de barrer con ellos mediante la fuerza dejó que se cocinaran en su propia salsa. Ello pude explicarnos que el presidente Maduro en lugar de ordenar el asalto por fuerzas de seguridad de las guarimbas fascistas de los barrios pudientes de Caracas y en San Cristóbal y Valencia, las haya enfrentado con esa misma paciencia. Si la ola de violencia fascista en Venezuela no se ha convertido en el baño de sangre que buscan la oposición más chiflada y Washington es en primer lugar por el enorme apoyo de masas a Maduro, y es también gracias a esa humanidad y prudencia en la aplicación de la fuerza que caracterizan al chavismo. ¡Cómo chilla la derecha para que no se llame a los fascistas por su nombre! Basta ver CNNe. Las guarimbas languidecerán porque hasta muchos de los vecinos que las apoyaron en sus urbanizaciones de clase media ya se cansaron de soportar el humo de los facinerosos, los gases lacrimógenos de la policía y el prolongado encierro; otros que nunca las apoyaron exigen su desmantelamiento como puede leerse en muchos tweets. No soportan más esa tortura mientras cientos de miles de venezolanos han estado disfrutando del carnaval en playas, parques y ríos. Por eso se prepara una puñalada artera contra Venezuela a la que se ha prestado el reaccionario y sumiso gobierno de Panamá para condenarla en la OEA y propiciar la intervención militar. Maduro ha dicho que Venezuela no aceptará intervenciones de nadie y las rechazará enérgicamente. Nada de la OEA. Y en igual actitud, la Coordinadora Simón Bolívar del combativo y revolucionario barrio caraqueño 23 de enero me pide dar un mensaje a los lectores en el aniversario de la siembra de Chávez: ¡No pasarán!

miércoles, 5 de marzo de 2014

Un año sin Chávez

Atilio A. Boron 
La derecha, articulada como nunca antes a escala mundial por obra y gracia del fenomenal poderío mediático estadounidense, confiaba en que con la muerte del líder bolivariano se acabaría el chavismo. En su tosquedad intelectual sus huestes se consolaban recíprocamente de sus derrotas latinoamericanas diciendo que “muerto el perro se acaba la rabia.” Pero la historia ha sido hasta ahora mezquina con sus anhelos. La “rabia” de los pueblos no es un fenómeno pasajero sino la consecuencia de la inequidad, desigualdad y opresión que incesantemente segrega el capitalismo, en estas tierras como en cualquier otro lugar. Sólo que en Nuestra América la rabia se amalgamó con una bicentenaria tradición político-intelectual emancipadora, anti-oligárquica y anti-imperialista que si bien no podría decirse que esté por completo ausente en otras partes de lo que se solía llamar el Tercer Mundo sí puede decirse que sólo lo está en un puñado de países y, sin dudas, sin la gravitación y longevidad evidenciadas en Latinoamérica y el Caribe. Tradición que se personifica en las figuras gigantescas de Bolívar y Martí, en ambos extremos del siglo diecinueve y que continúa con una larga lista –que no podemos reproducir aquí- que arrancando con Simón Rodríguez, Miranda, San Martín, Artigas, Bilbao, Hostos, Betances y tantos más pasaría tiempo después por Mariátegui y Mella hasta llegar a Bosch, el Che y Fidel. De ese feliz encuentro entre la “rabia” y una venerable  tradición política brotaron los vientos emancipatorios que recorren nuestra geografía desde comienzos de siglo, impulsados por esa verdadera fuerza desatada de la naturaleza que fue Hugo Chávez.
Vientos que si bien amainaron su intensidad continúan soplando. Por eso Nicolás Maduro se impuso en las elecciones presidenciales del 14 de Abril del 2013 por un 1.5 por ciento del voto popular, pese a lo cual Barack Obama persiste en su necedad de desconocer su victoria. Habría que recordarle al ocupante de la Casa Blanca que en las presidenciales de su propio país en 1960 John F. Kennedy ganó por una diferencia de 0.1 por ciento: 49.7 versus 49.6 de Richard Nixon. Y que en las del 2000 George W. Bush con 47.9 por ciento perdió con Al Gore, que obtuvo un 48.4. Pero el hermano de Bush, John Ellis (a) “Jeb”, a la sazón gobernador del estado de Florida, pergeñó una escandalosa argucia leguleya que le permitió a George W. imponerse en el estado (donde había sido derrotado por Gore) y así llevarse los votos electorales de Florida, con lo que obtuvo la mayoría en el colegio electoral que lo consagró presidente.
La derrota del 14 de Abril sumió en una gran decepción a la derecha venezolana. Envalentonada por el silencio de la Casa Blanca decidió desconocer el resultado de las urnas, denunciar un supuesto fraude electoral y lanzar, por boca de Henrique Capriles, un nuevo intenso sedicioso (antes: el golpe de Abril 2002, luego el paro petrolero). Esa criminal tentativa produjo una decena de víctimas fatales y enormes daños materiales.  Ante la inconsistencia de las denuncias de fraude luego de que extensas auditorías certificasen la honestidad del comicio,  Estados Unidos y sus compinches locales lanzaron una campaña de desestabilización económica: desabastecimientos programados, sincronizados y acaparamiento de artículos de primera necesidad; corrida contra el Bolívar y desenfreno especulativo de los precios fueron los tres puntales del sabotaje económico, tal  como lo recomienda Eugene Sharp en sus manuales para el “golpe suave”. Prosiguieron con estas tácticas, destinadas a irritar a la población y a fomentar la idea de la ineptitud o insensibilidad gubernamental, hasta las elecciones municipales del 8 de Diciembre del 2014. Dando muestras de una notable  incapacidad para leer la coyuntura política la derecha las definió  como un referendo nacional: “Si el chavismo pierde” –decían- “Maduro debe renunciar”. En tal caso no habría razones para esperar hasta el 2016 para convocar el referendo revocatorio que contempla la Constitución bolivariana. Pero lejos de perder el chavismo le sacó 900.000 votos de diferencia al conglomerado de la derecha, la Mesa de Unidad Democrática (MUD), y casi el 10 por ciento de los votos. Esto, unido al paulatino avance en la concreción de uno de los grandes sueños de Chávez: la institucionalización de la CELAC, con la realización de su Segunda Cumbre nada menos que en Cuba, hizo que la derecha internacionalizada arrojara por la borda cualquier escrúpulo y abrazara sin más la vía de la sedición, mal disimulada tras los pliegues del derecho de la oposición a manifestarse pacíficamente. En realidad, esto último no es sino una engañifa para ocultar el verdadero proyecto: derrocar a Maduro, como lo explicitara el líder de los sediciosos, Leopoldo López Mendoza, siguiendo el libreto de los “demócratas” sublevados contra Gadaffi en  Benghasi y los neonazis en la Ucrania de nuestros días. Le tocará al gobierno de Maduro trazar una fina línea para diferenciar la oposición que respeta las reglas del juego democrático de la que apuesta a la insurrección y la sedición. Diálogos de paz con la primera pero -como lo enseña la jurisprudencia estadounidense- todo el rigor de la ley penal para los segundos. Hacer lo contrario no haría sino propagar el incendio de la subversión.
 A un año de su partida la herencia de Chávez aparece dotada de una envidiable vitalidad: el chavismo sigue siendo invencible en las urnas –ganó 18 de las 19 elecciones convocadas durante su mandato- y en la Patria Grande los procesos de unidad e integración que con tanto fervor y clarividencia promoviera el gran patriota latinoamericano siguen su curso, avanzando pese a todos los obstáculos que se erigen en su contra. De ahí la intensificación de la contraofensiva reaccionaria que concibe a la lucha de clases como una guerra sin cuartel y sin límites morales o jurídicos de ningún tipo. El objetivo inmediato, acuciante debido al deterioro de la posición de Estados Unidos en el gran tablero de la geopolítica internacional, es apoderarse de Venezuela y su petróleo, con la complicidad de las clases y sectores sociales que usufructuaron del despojo de la renta petrolera practicado por las grandes transnacionales durante casi todo el siglo veinte. Gente que jamás le perdonará a Chávez y al chavismo haber devuelto esa riqueza al pueblo venezolano, y que por eso salen a destruir el orden constitucional. Esa es la naturaleza profunda de su reclamo “democrático”: el petróleo para Estados Unidos y el gobierno y todo el aparato estatal para las viejas clases dominantes y sus representantes políticos que perfeccionaron el saqueo durante la Cuarta República.  El imperio se monta sobre esta retrógrada ambición para tratar de hacer en Venezuela lo que hizo en Irak, en Libia, en Afganistán y ahora pretende hacerlo en Siria y Ucrania. En todos los casos, en nombre de la democracia, los derechos humanos y la libertad, proclamas bellísimas pero que en boca de sus mayores transgresores se convierten en una pócima venenosa que los pueblos de Nuestra América no están dispuestos a ingerir y la razón es bien simple: pasó un año de su muerte pero Chávez está demasiado vivo  en la conciencia de nuestros pueblos como para que estos decidan encadenarse nuevamente al yugo de sus explotadores.

lunes, 3 de marzo de 2014

Hans Modrow sobre la RDA: lo que teníamos y lo que no teníamos

He leído con mucho interés el libro de Hans Modrow La perestroika: impresiones y confesiones, presentado en su primera traducción al español durante la pasada Feria del Libro de La Habana. Modrow fue el último presidente del Consejo de Ministros de la RDA. Tuvo una destacada actuación en la formación del Partido La Izquierda en la RFA unificada, y fue diputado al Parlamento federal y al de la Unión Europea por esa agrupación. Transcribiré algunos fragmentos del libro que me parecen interesantes, sin comentarios, porque mi deseo es escribir un texto con mis opiniones sobre el libro:

“Sin embargo, se lograron algunas cosas que también consideré importantes y dignas de defender. Hicimos que las personas miraran sin temor al futuro. Todos tenían trabajo y lo suficiente para vivir. Los niños tenían un futuro seguro, y para los mayores la edad no era un problema. Nadie estaba desamparado. Todos tenían techo y derecho a la atención médica, la educación y la superación estaban garantizadas. Es cierto que algunas viviendas estaban en mal estado, las pensiones mínimas eran muy bajas, había que esperar quince años para poder comprar un automóvil y solo se podía ir de vacaciones a una parte del mundo. Resumiendo: lo que estaba en la columna del haber no era ficción sino una realidad. Una realidad por la que nos envidiaba todo el mundo. ¿Por qué entonces, en lugar de exhibir de forma consciente y clara esos humildes pero a su vez significantes logros, y contraponerlos a la mucho más rica República Federal de Alemania, nos propusimos aventajar a los vecinos occidentales sin haberlos alcanzado nunca, incluso aparentando ser un competidor de igual alcurnia? (…) En 1977 Werner Lamberz reconoció este problema en un artículo publicado en la revista teórica Unidad, criticó el consumismo que amenazaba con desplazar progresivamente los valores morales de la sociedad socialista” (Hans Modrow, p. 28)