Estimado director de El País:
He guardado silencio ante las reiteradas manipulaciones en días
pasados sobre mi país que acumula su "diario-empresa". Uno podría
preguntarse, con ironía o sin ella, si hemos perdido la oportunidad
de resolver los complejos problemas que enfrentamos en Cuba al no
disponer de los consejos de El País para solucionarlos.
"Retórica y realidad" fue el título escogido para el editorial de su
diario sobre Cuba del pasado 18 de abril, cuando la retórica y la
realidad de ese medio no lo hacen uno de comunicación y sí una
empresa que se preocupa más por pagar sus deudas y mantenerse a
flote, que por informar a sus lectores. ¿En qué oscuro lugar de la
redacción de su "fábrica" ustedes determinan lo que desean los
cubanos y "un marco económico realista" para Cuba? ¿Será que
"realista" significa despedir a empleados públicos, disminuir
renta básica, privatizarlo todo; dejar que el 1% que controla la
mayoría de los ingresos mundiales y el crimen organizado,
también controle los destinos de mi país como los fondos buitres
controlan las empresas Prisa y El País?
Realidad es que Cuba a pesar de que se mantienen las sanciones de
los EEUU que constituyen un auténtico bloqueo económico, comercial y
financiero, es uno de los 44 países con alto índice de
desarrollo humano, el primero que eliminó la desnutrición infantil
en América Latina; el 28 país más saludable del mundo según el
Foro de Davos; el segundo mejor país de su continente para ser
madre y el quinto en la región como buen gobierno, de acuerdo a
Transparency International; es el mío, el país que dedica mayor
porcentaje de su PIB a la educación y el segundo con la menor tasa
de homicidios per cápita de su continente.
Entiendo ahora la libertad creativa de su editorialista: su empresa
es pura retórica.
Saludos,
Eugenio Martínez Enríquez
Embajador de Cuba ante el Reino de España
Enrique Ubieta Gómez
Publicado en Granma
23 de marzo de 2016
El Presidente Obama es un buen comunicador. Significa
que sabe colocar las palabras, los gestos, la mirada. Parece como si
improvisara, pero tiene frente a sí un “teleprompter” que el público no
percibe. Su lógica discursiva va dejando espacios de aire que eluden,
minimizan o manipulan los hechos. El pueblo cubano no alberga
sentimientos de odio hacia el pueblo estadounidense, y escucha al
Presidente que propició el reinicio de relaciones diplomáticas con
disposición amistosa. Ello no significa que no perciba los saltos.
Quizá, en una de esas frases dichas sin demasiado énfasis, radica la
primera confusión: si bien es cierto que el gobierno estadounidense y
el cubano fueron adversarios y no sus pueblos, este último y su pueblo
compartieron durante estas décadas de confrontación similares ideales y
propósitos. No podría entenderse la sostenibilidad de esa Revolución y
la ineficacia de un bloqueo que ocasiona enormes dificultades en la vida
cotidiana de sus ciudadanos, si no se parte de esa premisa. No podría
entenderse la legitimidad de cada conquista revolucionaria, si no se
conoce además la historia de las relaciones entre los dos países.
El Presidente Obama introduce esa historia con una alusión simbólica a
las aguas del Estrecho de la Florida, a los que van y vienen de un
lado al otro. Habla de los sufrimientos del “exiliado” cubano —término
que obvia el hecho de que este suele pasar sus vacaciones, sin peligro
alguno, en Cuba, o incluso, como se ha puesto de moda, sus años finales
de vida al amparo del sistema estatal cubano de salud—, que según el
discurso oficial de su gobierno, va en busca de “libertad y
oportunidades”, pero no aclara si se refiere a los torturadores,
asesinos y ladrones del ejército batistiano que huyeron a los Estados
Unidos en los primeros meses de la Revolución, a los niños que fueron
separados de sus padres en virtud de una propaganda mentirosa y un
criminal Programa denominado Peter Pan, a los médicos o deportistas
incitados a desertar de sus misiones de solidaridad o de eventos
internacionales, con la promesa de una vida material más holgada o
jugosos contratos, o a los que, cansados del bloqueo, o de vivir en un
país digno pero pobre, saltan en balsas hacia el llamado Primer Mundo,
al amparo de la política de pies secos-pies mojados y de la Ley de
Ajuste Cubano, que politiza la decisión de todo inmigrante.
Cuando expresaba sus sentidas condolencias y su solidaridad hacia el
pueblo belga por los atentados terroristas que acaban de producirse en
Bruselas, con el lamentable saldo de más de 30 muertos, los cubanos
sentimos esa herida como propia: en estas décadas de acoso, el
terrorismo con base en territorio norteamericano ocasionó 3 478 muertos y
2 099 incapacitados. Algunos de esos “exiliados”, cuyos sufrimientos
dice comprender, han ejercido o ejercen el terrorismo, en Cuba y en los
Estados Unidos. Posada Carriles, coautor intelectual de la voladura de
un avión civil cubano en pleno vuelo y responsable de la muerte de
todos sus pasajeros y tripulantes, vive tranquilamente en Miami. Por
eso nos pareció un acto de justicia imprescindible que liberara a los
tres cubanos que aún permanecían presos en aquel país por combatir el
terrorismo, el mismo día que ambos presidentes anunciaban la intención
de reanudar relaciones.
Sin embargo, reconozco que avanza un poco más cuando reconoce que
“antes de 1959 algunos estadounidenses consideraban que Cuba era algo a
ser explotado, no prestaban atención a la pobreza, permitían la
corrupción”, y agrega, “yo sé la historia, pero no voy a estar atrapado
por la misma”. Entonces, recita el verso de José Martí, “cultivo una
rosa blanca” y declara: “como Presidente de los Estados Unidos de
América, yo le ofrezco al pueblo cubano el saludo de paz”.
Eso, lo apreciamos. No citaré a José Martí, aunque podría traer a
colación sus muchas observaciones críticas y advertencias sobre la
“democracia” estadounidense. Solo diré que el camino que quería para
Cuba no era ese.
¿Por qué ahora?”, pregunta Obama, y se responde con naturalidad: “Lo
que estaba haciendo Estados Unidos no funcionaba”. Pero, ¿no
funcionaba?, ¿no sería mejor decir que era inmoral?, ¿que causaba
sufrimientos, e incluso muertes? “El embargo hería a los cubanos en vez
de ayudarlos”. Nos hería en nuestros sentimientos de pueblo digno, sí,
pero también afectaba nuestras vidas. El bloqueo es criminal. ¿No debía
acaso pedir perdón, en nombre del Estado que representa, a todos los
cubanos? La expresión “no funcionaba”, alude, aunque no lo exprese de
manera directa, a la heroica resistencia del pueblo cubano, a su
decisión de preservar su independencia y su soberanía, y también a la
perversa razón del cambio: si no funcionaba, hay que hacer algo que
funcione (algo que los obligue o los conduzca a hacer lo que queremos
que hagan). Me parece que el sentido del cambio se esconde en esa
expresión.
Hay un problema adicional con ese efectista ofrecimiento del saludo
de paz: la Ley de Ajuste Cubano, la política de pies secos-pies mojados,
la política de estímulo a la deserción de médicos y deportistas, y el
bloqueo económico, comercial y financiero, siguen vigentes. Del
territorio ocupado en Guantánamo durante una centuria contra nuestra
voluntad, ni una sola palabra. Entonces, ¿cuál es la rama de olivo?,
¿dónde está la rosa blanca? Obama ha abierto un camino que se inicia con
el restablecimiento de relaciones, y que pasa por muchas disposiciones
ejecutivas antes de que el Congreso se disponga a cancelar las leyes
del bloqueo. En ese camino, todavía puede hacer mucho más.
“Vine aquí para dejar atrás los últimos vestigios de la guerra fría en las Américas”, declara de manera solemne.
Entonces, ¿acepta la convivencia civilizada que Cuba propone, con un
Estado socialista a 90 millas de sus costas?, ¿dejará que Venezuela,
Ecuador, Bolivia, Brasil, y todos los pueblos latinoamericanos decidan
sin injerencia alguna sus destinos? “Hemos desempeñado diferentes
papeles en el mundo”, dice con honestidad, aunque no creo que comprenda o
acepte el papel asumido por el imperialismo, que pese a todo
representa. “Hemos estado en diferentes lados en diferentes conflictos
en el hemisferio”, agrega. Es un tema delicado, porque los sucesivos
gobiernos estadounidenses apoyaron a Batista, a los Somoza, a Trujillo,
a Pérez Jiménez, a Stroessner, a Hugo Bánzer, a Pinochet, a Videla,
etc. Y combatieron a Cárdenas, a Arbenz, a Torrijos, a Velazco
Alvarado, a Salvador Allende, a Chávez, a Evo… “Tomamos diferentes
caminos para apoyar al pueblo de Sudáfrica para que erradicara el
apartheid, pero el presidente Castro y yo, ambos, estuvimos en
Johannesburgo pagándole un tributo al legado de Nelson Mandela”, afirma
y no sé a qué apoyo se refiere, porque el gobierno que encarceló a
Mandela fue un aliado estratégico de Washington, aunque él era apenas
un niño en aquellos años. Cuba pagó su tributo a Mandela con la sangre
derramada por sus hombres y mujeres en la selva africana, mientras
rechazaba junto a los combatientes angolanos la invasión de la Sudáfrica
racista.
El Presidente Obama sabe que el pueblo cubano aprecia y defiende la
independencia conquistada, por eso reitera que “Estados Unidos no tiene
ni la capacidad ni la intención de imponer cambios en Cuba, los cambios
dependen del pueblo cubano (…) conocemos que cada país, cada pueblo
debe forjar su propio destino, su propio modelo”. Sin embargo, la “nueva
era” presupone “sus” cambios… en Cuba. Primero enumera los “valores”
que todo país debe compartir, y algunas medidas que Cuba en particular
debe aplicar. Luego, no tan veladamente, establece condiciones: “aunque
levantemos el embargo mañana —dice— los cubanos no van a alcanzar su
potencial sin hacer cambios aquí en Cuba”. Cree que puede ganarse la
voluntad de los jóvenes: “estoy apelando a los jóvenes de Cuba que
tienen que construir algo nuevo, elevarse.
¡El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano!”,
como si no lo estuviera desde 1959. Y afirma: “yo sé que el pueblo
cubano va a tomar las decisiones correctas”. También yo lo sé. La
diferencia estará sin dudas en el criterio de corrección o de
conveniencia que establezcamos. El modelo de sociedad al que aspiramos,
no es la corrupta Miami, como propone Obama con insólita candidez.
“El pueblo no tiene que ser definido como opositor a los Estados
Unidos, o viceversa”, dice, y utiliza un vocabulario ajeno a nuestra
educación política. No somos opositores a los Estados Unidos, somos
hermanos de su gente de bien, sencilla y creadora, y le tendemos la mano
a su gobierno, siempre que esté dispuesto a respetar el camino elegido
por Cuba, que tanta sangre y sacrificios costara. “Amamos a la patria de
Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting”, sentenciaba José
Martí. Ese es el enigma: ¿quién de los dos nos tiende la mano?





