E. U. G.
La guerra que se nos hace no es de pensamiento. El propósito no es vencer, sino ganar. Y no existen normas éticas que delimiten la conducta: ganar a toda costa –dicen ellos--, también es ganar. Ganar es tomar el poder y arrasar con todo lo que la Revolución construyó en medio siglo de esfuerzos incalculables, de bloqueo económico y de asedio mediático. A veces se exponen razones (no se esfuerce inútilmente, sus contrarazones serán ignoradas), pero cada idea es solo una trampa disfrazada de idea: los mismos que hablan de elecciones, organizarán el artero golpe de estado. Ganar significa hacer lo necesario para frenar y revertir la historia: mentir, sembrar falsos testimonios, manipular los hechos. Cuando muere un grande, un hombre o una mujer que fueron útiles, los inútiles, los cobardes, los que solo han pensado en sí mismos, debieran callar. La gloria y el odio se repelen. He leído con asco y asombro en estos días de luto, las frases más soeces, las mentiras más burdas, los insultos más despreciables; nada roza el cuerpo del héroe: el comandante Almeida no pudo ser vencido en la guerra de las balas, ni en la de las ideas. No me refiero a calificativos de sentido ideológico, que pueden ser rebatidos con argumentos, me refiero a insultos de barrio, que son el último recurso de los derrotados. Cada mentira es la expresión de una derrota: sin ideas que esgrimir, hay que ofender. Cada autor que ofende es un derrotado. Mientras más luz irradia el héroe, más grises y cobardes son sus adversarios. Aunque a veces la guerra no es de pensamiento, ganémosla a pensamiento.
martes, 15 de septiembre de 2009
Silvio Rodríguez, en el Auditorio, “como en la sala de su casa”.
Tania Molina Ramírez. Queremos tanto a Silvio. Así podría haberse llamado el concierto. Un tremendamente entusiasta y amoroso público mexicano no quería dejar ir a Silvio Rodríguez, este domingo por la noche en el Auditorio Nacional. Hasta que, luego de regresar al escenario unas cinco veces, finalizó con Historia de las sillas, y en tono contundente dijo: “Gracias, México, buenas noches”, y ya no le quedó duda a nadie –ni a aquel que le pedía que se quedara toda la noche– que ahí culminaba el emotivo concierto.Un concierto “como en la sala de una casa”, tal como lo anunció el artista, uno de los fundadores de la Nueva Trova Cubana. Se presentó junto con el poeta Roberto Fernández Retamar y el guitarrista Rachid López, también provenientes de la isla caribeña. Intercalaron poesía con canción; o sea, ofrecieron un diálogo entre poesía hablada y poesía cantada. Este formato se realizó en mayo pasado, en Casa de las Américas, en La Habana, y se ofreció “de modo excepcional” en México.
Fernández Retamar, como explicó Silvio, fue una influencia fundamental en sus composiciones. “Hay varios casos en los que cuando hice canciones tomaba en cuenta versos de Fernández, cosa que se va a notar”, contó. Y pusieron un claro ejemplo: el poeta recitó Con las mismas manos de acariciarte: “No hay momento/ en que no piense en ti./ Hoy quizás más,/ y mientras ayude a construir esta escuela/ con las mismas manos de acariciarte”.
Luego, Silvio entonó Te doy una canción, coreada por todos: “Te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar, te doy una canción y digo patria, y sigo hablando para ti. Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla, como doy el amor”.
Amor de pareja y amor a lo que se hace en colectivo, asumiendo que una forma parte de la otra, que sin una no hay la otra. En muchas composiciones del trovador está presente esto. Y esa noche se vio que en la obra de Fernández Retamar también.
De esta manera, las canciones de Silvio, sobre todo las de finales de los años 60 y de los 70 del siglo pasado, han acompañado a generaciones (comenzó a componer hace 45 años) en el amor de pareja y en el amor combativo, por un cambio social. Canciones como Ojalá, Playa Girón, Sueño con serpientes y Canción del elegido han formado parte de la rocola colectiva de la América Latina progresista y más allá de esas fronteras.
Vivas a Cuba.
Rodríguez dedicó El dulce abismo “a cinco compañeros cubanos presos por antiterroristas”, quienes llevan más de 10 años en prisión en Estados Unidos. Se refería al caso de los sentenciados por espionaje en la comunidad cubana de Miami en nombre del gobierno cubano, pero cuyo juicio se llevó a cabo en el mismo sitio anticastrista. Según el gobierno cubano investigaban sobre las actividades terroristas de sectores anticastristas, para evitar atentados. “Esperamos que más temprano que tarde estén libres, con nosotros, con sus familiares”, dijo el cantante.“¡Viva Cuba!”, se escuchó de vez en cuando, entre canciones y poemas.
Algunas composiciones de Silvio sonaban tan contemporáneas como cuando fueron escritas. En estos días, incluida en el disco Mujeres (1978), fue cantada por un mar de voces: “En estos días hay poca absolución posible para el hombre/ para el feroz, la fiera que ruge y canta ciega/ ese animal remoto que devora y devora primaveras... ¡Ay!, de estos días terribles/ Asesinos del mundo”.
Y a la vez, si un auditorio casi lleno es capaz de cantar algo con tanta ternura como La gota de rocío, o tan esperanzador como Pequeña serenata diurna: “Soy feliz,/ soy un hombre feliz,/ y quiero que me perdonen/ por este día/ los muertos de mi felicidad”, quizás el mundo no esté tan mal.Luego de que Fernández Retamar recitó Aniversario, emotivo poema a 22 años de matrimonio, Rodríguez cantó Te amaré.
En lo que Silvio quizá pensó sería su última pieza, La canción de la trova, entonó: “...pues siempre que se cante con el corazón/ habrá un sentido atento para la emoción de ver/ que la guitarra es la guitarra/ sin envejecer”.
Y luego, en la cuarta o quinta ocasión en la que volvió al escenario, ahora sí culminó con Historia de las sillas, y dejó a todos con esto: “El que tenga una canción tendrá tormenta/ el que tenga compañía, soledad./ El que siga buen camino tendrá sillas/ peligrosas que lo inviten a parar./ Pero vale la canción buena tormenta/ y la compañía vale soledad/ siempre vale la agonía de la prisa/ aunque se llene de sillas la verdad”.
Tomado de La Jornada.
lunes, 14 de septiembre de 2009
Ecos y patrones vigentes de la Guerra Fría. Punto 1.
Siguiendo el hilo de análisis que inició en el blog el escritor Antonio Rodríguez Salvador: "La democracia íntima y el negocio de los géneros literarios" y continuó Ernesto Sierra con la reedición de dos viejos textos suyos: "Literatura y mercado en los 60: Mundo Nuevo y la momificación de los procedimientos" y "Literatura y mercado en los 60: Cabrera Infante, de exiliado a novelista", traigo ahora un texto recién publicado en La Jiribilla por el también escritor Jorge Ángel Hernández: "Ecos y patrones vigentes de la Guerra Fría. Punto 1". Les dejo con un fragmento de este último trabajo:Así, en estos momentos, la palabra libertad, saturada por el uso desde la creación de la Guerra Fría, viene a tener su reemplazo en la palabra democracia. Y aunque podamos entretenernos en un ejercicio de sustitución mecánica, colocando democracia allí donde en los documentos de la Guerra Fría cultural aparecía la palabra libertad, la suplantación no es solo un mecanismo de renovación comunicacional.
Los objetivos primarios que insistían en el empleo del vocablo "libertad", surgían, en una jugada de estrategia semántica, relacionados con la reacción mecánica de negación en la que ya se iba estancando el campo socialista, en tanto en el plano semiológico, en busca de atrapar una estrategia de sentido eficaz, aparecían unidos a la necesidad de llevar, en carácter de patrón psicosociológico de recepción, el modo estadounidense como un modelo para la libertad de expresión y el desarrollo de los creadores de cultura, sobre todo en el ámbito del arte y la literatura. La Europa de posguerra era aún referente modal en la supremacía del juicio cultural en tanto EE.UU., dado su pragmatismo consumista, no gozaba de un estatuto que le garantizara la acrítica aceptación en todo el mundo. A fines del siglo XX, en cambio, el modo cultural estadounidense ha conseguido conquistar aquellos objetivos, se ha convertido en referente ideal, acríticamente recibido en todo el mundo, y necesita en cambio revertir un patrón de aceptación global que parta de su propio nivel de enjuiciamiento. En alta prioridad, este patrón se centra en la conformación de los estados, sobre todo en un debilitamiento de sus estructuras que permita maniatar su capacidad de decisión. El poder imperial, desde sí mismo negado y de pronto puesto en la palestra de los especialistas con un nuevo rango de mirada benévola, de “mal menor” a fin de cuentas mejor que el bien de otras tantas naciones, se reestructura en el ámbito comunicativo y, para ello, necesita extender la caja negra que con la palabra democracia viaja.
Los objetivos primarios que insistían en el empleo del vocablo "libertad", surgían, en una jugada de estrategia semántica, relacionados con la reacción mecánica de negación en la que ya se iba estancando el campo socialista, en tanto en el plano semiológico, en busca de atrapar una estrategia de sentido eficaz, aparecían unidos a la necesidad de llevar, en carácter de patrón psicosociológico de recepción, el modo estadounidense como un modelo para la libertad de expresión y el desarrollo de los creadores de cultura, sobre todo en el ámbito del arte y la literatura. La Europa de posguerra era aún referente modal en la supremacía del juicio cultural en tanto EE.UU., dado su pragmatismo consumista, no gozaba de un estatuto que le garantizara la acrítica aceptación en todo el mundo. A fines del siglo XX, en cambio, el modo cultural estadounidense ha conseguido conquistar aquellos objetivos, se ha convertido en referente ideal, acríticamente recibido en todo el mundo, y necesita en cambio revertir un patrón de aceptación global que parta de su propio nivel de enjuiciamiento. En alta prioridad, este patrón se centra en la conformación de los estados, sobre todo en un debilitamiento de sus estructuras que permita maniatar su capacidad de decisión. El poder imperial, desde sí mismo negado y de pronto puesto en la palestra de los especialistas con un nuevo rango de mirada benévola, de “mal menor” a fin de cuentas mejor que el bien de otras tantas naciones, se reestructura en el ámbito comunicativo y, para ello, necesita extender la caja negra que con la palabra democracia viaja.
La derecha a la ofensiva.
Dr. Néstor García Iturbe. El ascenso de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos y las débiles medidas que ha intentado tomar en relación con la situación social de la población del país ha provocado una fuerte reacción dentro de las organizaciones de la derecha estadounidense, incluyendo en esto algunas figuras del exilio cubano.
No puede parecernos extraño que se acuse a Obama de tratar de “socializar” los servicios de salud y que se diga que existe cierta tendencia “izquierdista” en algunas medidas relacionadas con la educación. En un momento determinado Richard Nixon fue acusado de comunista y una organización de derecha fue la que organizó el fallido atentado contra la vida de Ronald Reagan. Ese tipo de acusación en Estados Unidos puede considerarse dentro del status normal de la política del país cuando se ponen en peligro los intereses particulares de lo más reaccionario de la clase en el poder.
Dentro de los ideólogos que se destacan en estos momentos en la organización de las acciones de la derecha radical, se encuentra Gleen Beck, conocido comentarista y conductor de programas de la cadena de televisión Fox News. Con frecuencia Beck ha calificado a Obama de “racista”, de querer implantar en Estados Unidos un gobierno de corte socialista e inclusive en ocasiones sus acusaciones han incluido la de “corrupción”.
Beck y sus seguidores organizaron una manifestación en la capital estadounidense, Washington, D. C., la cual fijaron para el día 12 de septiembre con toda la intención, pues también plantean que la “debilidad” con que la administración Obama está tratando a los terroristas puede provocar ataques posteriores en suelo estadounidense. Esta manifestación recibió el nombre de “Proyecto 9/12”.
El “Proyecto 9/12”, según Beck, trata de hacer resurgir la “unidad patriótica” que existía después de los ataques del 11 de septiembre. Otro de los propósitos es retomar los valores religiosos que se han perdido. La estrategia del proyecto es mantener un ataque constante contra sus oponentes hasta “poder acorralarlos”. El proyecto se presenta como la oportunidad de luchar por la libertad contra la esclavitud. Los seguidores del proyecto han orquestado protestas violentas en reuniones efectuadas en las alcaldías de distintas ciudades y pueblos.
Otra organización involucrada en el fortalecimiento de la derecha, que también se vinculó a la organización de la manifestación del día 12 es la denominada “La Libertad Funciona” (Freedom Works), esta última bajo la dirección de Dick Armey, quien fuera líder de la mayoría republicana en el Congreso y actualmente es el gerente principal de un grupo que se dedica a realizar acciones de lobby en las cámaras legislativas. Esta organización ha hecho suyos los objetivos del Proyecto 9/12.
El mencionado Proyecto es financiado por grupos de trabajo de distintas corporaciones, por el Comité de Acción del Partido Republicano, por el tanque pensante Unión Nacional de Contribuyentes (National Taxpayers Union), la organización Patriotas de la Fiesta del Te ( Tea Party Patriots) que trata de capitalizar la protesta que los colonos realizaron contra Inglaterra antes de la guerra de independencia.
También financian el proyecto el Instituto Heartland y el Instituto de la Competividad, dedicados a realizar investigaciones sufragadas por grandes corporaciones cuyo resultado es que “fumar no daña su salud” y que “el calentamiento global” no existe. Las firmas Exxon Mobile, las Industrias Koch, La Unión de Americanos Conservadores y la firma lobista de David Keene, esta última representa en el Congreso los intereses de las empresas del sector de la salud. Algunos directivos de la Asociación Nacional del Rifle han manifestado su desacuerdo con las medidas propuestas por Obama y ratifican su participación en cualquier tipo de financiamiento o acción necesaria dentro del mismo.
El Proyecto ha recibido fondos secretos de organizaciones de extrema derecha entre ellas las denominadas Ciudadanos Patrióticos, Pradera en Llamas (Grassfire) y Resistencia, todas opuestas a la agenda “socialista” de Obama. La organización Resistencia utiliza contra Obama el argumento de que este es musulmán y está en contra de los judíos . Otra como la organización Nuestro País Merece lo Mejor, en su propaganda compara a Obama con Hitler.
Algunos Congresistas, que pueden calificarse de conservadores o de derecha, han tenido una actitud favorable ante la manifestación que organiza el Proyecto, estos son los representantes, por Georgia, Tom Price; por Indiana Mike Penser; por Tennessee, Marsha Blackburn; por Georgia , Phil Gingrey y por Carolina del Sur, Jim De Mint.
La derecha estadounidense está moviéndose rápidamente para mostrar un frente unido y fuerte contra las pretensiones de Obama, calificando de “socialismo” y de “izquierda” a tenues medidas que van encaminadas a restañar las grietas del sistema capitalista existente en Estados Unidos. Esto demuestra que no están en disposición de ceder en lo más mínimo a favor de los menos favorecidos por el sistema
No puede parecernos extraño que se acuse a Obama de tratar de “socializar” los servicios de salud y que se diga que existe cierta tendencia “izquierdista” en algunas medidas relacionadas con la educación. En un momento determinado Richard Nixon fue acusado de comunista y una organización de derecha fue la que organizó el fallido atentado contra la vida de Ronald Reagan. Ese tipo de acusación en Estados Unidos puede considerarse dentro del status normal de la política del país cuando se ponen en peligro los intereses particulares de lo más reaccionario de la clase en el poder.
Dentro de los ideólogos que se destacan en estos momentos en la organización de las acciones de la derecha radical, se encuentra Gleen Beck, conocido comentarista y conductor de programas de la cadena de televisión Fox News. Con frecuencia Beck ha calificado a Obama de “racista”, de querer implantar en Estados Unidos un gobierno de corte socialista e inclusive en ocasiones sus acusaciones han incluido la de “corrupción”.
Beck y sus seguidores organizaron una manifestación en la capital estadounidense, Washington, D. C., la cual fijaron para el día 12 de septiembre con toda la intención, pues también plantean que la “debilidad” con que la administración Obama está tratando a los terroristas puede provocar ataques posteriores en suelo estadounidense. Esta manifestación recibió el nombre de “Proyecto 9/12”.
El “Proyecto 9/12”, según Beck, trata de hacer resurgir la “unidad patriótica” que existía después de los ataques del 11 de septiembre. Otro de los propósitos es retomar los valores religiosos que se han perdido. La estrategia del proyecto es mantener un ataque constante contra sus oponentes hasta “poder acorralarlos”. El proyecto se presenta como la oportunidad de luchar por la libertad contra la esclavitud. Los seguidores del proyecto han orquestado protestas violentas en reuniones efectuadas en las alcaldías de distintas ciudades y pueblos.
Otra organización involucrada en el fortalecimiento de la derecha, que también se vinculó a la organización de la manifestación del día 12 es la denominada “La Libertad Funciona” (Freedom Works), esta última bajo la dirección de Dick Armey, quien fuera líder de la mayoría republicana en el Congreso y actualmente es el gerente principal de un grupo que se dedica a realizar acciones de lobby en las cámaras legislativas. Esta organización ha hecho suyos los objetivos del Proyecto 9/12.
El mencionado Proyecto es financiado por grupos de trabajo de distintas corporaciones, por el Comité de Acción del Partido Republicano, por el tanque pensante Unión Nacional de Contribuyentes (National Taxpayers Union), la organización Patriotas de la Fiesta del Te ( Tea Party Patriots) que trata de capitalizar la protesta que los colonos realizaron contra Inglaterra antes de la guerra de independencia.
También financian el proyecto el Instituto Heartland y el Instituto de la Competividad, dedicados a realizar investigaciones sufragadas por grandes corporaciones cuyo resultado es que “fumar no daña su salud” y que “el calentamiento global” no existe. Las firmas Exxon Mobile, las Industrias Koch, La Unión de Americanos Conservadores y la firma lobista de David Keene, esta última representa en el Congreso los intereses de las empresas del sector de la salud. Algunos directivos de la Asociación Nacional del Rifle han manifestado su desacuerdo con las medidas propuestas por Obama y ratifican su participación en cualquier tipo de financiamiento o acción necesaria dentro del mismo.
El Proyecto ha recibido fondos secretos de organizaciones de extrema derecha entre ellas las denominadas Ciudadanos Patrióticos, Pradera en Llamas (Grassfire) y Resistencia, todas opuestas a la agenda “socialista” de Obama. La organización Resistencia utiliza contra Obama el argumento de que este es musulmán y está en contra de los judíos . Otra como la organización Nuestro País Merece lo Mejor, en su propaganda compara a Obama con Hitler.
Algunos Congresistas, que pueden calificarse de conservadores o de derecha, han tenido una actitud favorable ante la manifestación que organiza el Proyecto, estos son los representantes, por Georgia, Tom Price; por Indiana Mike Penser; por Tennessee, Marsha Blackburn; por Georgia , Phil Gingrey y por Carolina del Sur, Jim De Mint.
La derecha estadounidense está moviéndose rápidamente para mostrar un frente unido y fuerte contra las pretensiones de Obama, calificando de “socialismo” y de “izquierda” a tenues medidas que van encaminadas a restañar las grietas del sistema capitalista existente en Estados Unidos. Esto demuestra que no están en disposición de ceder en lo más mínimo a favor de los menos favorecidos por el sistema
El desembarco de los Quijotes.
domingo, 13 de septiembre de 2009
Fidel: Almeida vive hoy más que nunca.


Llevo horas escuchando por televisión el homenaje de todo el país al Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque. Pienso que enfrentar la muerte era para él un deber como todos los que cumplió a lo largo de su vida; no sabía, ni tampoco nosotros, cuánta tristeza nos traería la noticia de su ausencia física.Tuve el privilegio de conocerlo: joven negro, obrero, combativo, que sucesivamente fue jefe de célula revolucionaria, combatiente del Moncada, compañero de prisión, capitán de pelotón desembarcando del Granma, oficial del Ejército Rebelde - paralizado en su avance por un disparo en el pecho durante el violento Combate del Uvero -, Comandante de Columna, marchando para crear el Tercer Frente Oriental, compañero que comparte la dirección de nuestras fuerzas en las últimas batallas victoriosas que derrocaron a la tiranía.
Fui privilegiado testigo de su conducta ejemplar durante más de medio siglo de resistencia heroica y victoriosa, en la lucha contra bandidos, el contragolpe de Girón, la Crisis de Octubre, las misiones internacionalistas y la resistencia al bloqueo imperialista.
Escuchaba con placer algunas de sus canciones, y en especial aquella de encendida emoción que ante el llamado de la Patria a “vencer o a morir” se despedía de humanos sueños. Ignoraba que había escrito más de 300 de ellas, las cuales sumó a su obra literaria, fuente de lectura amena y de hechos históricos. Defendió principios de justicia que serán defendidos en cualquier tiempo y en cualquier época, mientras los seres humanos respiren sobre la tierra.
¡No digamos que Almeida ha muerto! ¡Vive hoy más que nunca!
sábado, 12 de septiembre de 2009
El comandante Almeida.
Enrique Ubieta GómezHa muerto Juan Almeida Bosque, el asaltante al Moncada, el expedicionario del Granma que en Alegría de Pío, rodeados y casi sin municiones, gritó a quienes exigían la rendición ‘¡aquí no se rinde nadie, cojones!’. El mismo hombre que nunca reclamó aquel grito heroico como suyo, cuando la leyenda popular se lo adjudicó a otro guerrillero – mártir, igual de bravo en el combate. Tuve el privilegio de compartir –por razones de trabajo-- algunas pocas ocasiones con él; fueron suficientes para saber que Almeida, el Comandante, era un hombre tímido, fiel, limpio, transparente, corajudo y que esas cualidades –que a veces originaban respuestas ríspidas, secas--, lo convertían en un ser querido y respetado por sus subordinados, a quienes él también respetaba. Almeida fue siempre un hombre de pueblo, un compositor de boleros, y canciones memorables, una de las muchas leyendas que la Revolución echó a rodar por la historia, e impregnó en el alma de su pueblo. Quizás nadie mejor preparado que él, por su estricto sentido de la justicia, el honor y la lealtad, para presidir, como hizo por muchos años, la Comisión de Revisión y Control del Partido. Fui testigo ocasional de la satisfacción que sentía al recoger en los semáforos a compatriotas que pedían “botella”: como se trasladaba, por motivos de seguridad, en una camioneta de cristales oscuros, las personas no sabían quién viajaba dentro. Entonces se divertía ante la sorpresa de los botelleros que lo descubrían, sonriente, como un pasajero más. Hay que agregar que el Comandante Almeida siempre se rodeó de personas buenas, en el buen sentido de la palabra.
Un día, de visita en una de las provincias orientales, una de las campesinas que acudieron de inmediato a saludarlo exclamó sin miramientos: “pero yo pensaba que usted era más alto y más fuerte”. Almeida bromeó con ella, un poco atribulado. En realidad era un hombre de baja estatura, y delgado. Pero la gente lo imaginaba como era: un gigante, cuya verdadera estatura nada tenía que ver con su físico. Apasionado defensor de la memoria histórica, presidió innumerables comisiones conmemorativas y la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, desde las cuales veló por la conservación de monumentos y sitios históricos. Por eso escribió más de diez libros de testimonios; y quizás por eso también, apoyó y estimuló mi intención de escribir un libro que recogiera las incidencias cotidianas de los médicos cubanos en Centroamérica. Allá conocí a su hija Belinda, médico internacionalista en Cocobila –un apartado pueblo de la Mosquitia hondureña, entre la laguna de Ibans y el mar Caribe--, y después en Venezuela. Guardo anécdotas personales del hombre que fue Almeida, que no caben ahora en este minuto de solemnidad. Solo relataré la más reciente: cruzaba en mi carro la Plaza de la Revolución, cuando vi salir la camioneta que lo trasladaba. La reconocí por el jefe de su escolta, que también me reconoció de lejos. Aminoré la marcha, para que se alejara, pero la camioneta también aminoró la suya, hasta que me hicieron señas para que me acercara. Cuando los dos carros estuvieron uno al lado del otro, se asomó por la ventanilla y me saludó. Un gesto sencillo, simple. Mi hijo quedó más impresionado que yo: la razón era que acababa de estudiar en la escuela ese período de la historia, y no podía creer que el personaje de los libros fuese ese hombre que acababa de saludar como a cualquier paisano.
Qué privilegio el de haber sido contemporáneo de una generación de héroes, el de ser partícipe de una gesta que ya se estudia, aunque todavía se vive, como parte de la historia. Historia y leyenda, en los libros y en la memoria popular. Alguna vez mi hijo le contará a sus nietos que un día saludó desde la ventanilla de su carro, al legendario Comandante Almeida, el albañil, el guerrillero, el compositor, el estadista, ese hombre que aparece en la foto color sepia de la Sierra Maestra, junto al Che, mientras Fidel traza sobre la tierra el plan del próximo combate.
viernes, 11 de septiembre de 2009
11 de septiembre: Dios salve a América.
Bombardeo del Palacio de La Moneda durante el golpe de estado contra el gobierno de Allende en Chile, organizado por la derecha chilena con el apoyo de Estados Unidos (11 de septiembre de 1973).Escombros de las Torres Gemelas, Nueva York (11 de septiembre de 2001).
El 11 de septiembre de 2001 yo estaba en Washington. Reproduzco un artículo y un reportaje escritos en esos días para la prensa cubana:
Otro premio internacional para los ubreros de La Calle del Medio.
Título: En el filo del peligro.
El joven dibujante gráfico cubano Freddy Villamil, miembro de la tropa élite de la sección La Ubre de La Calle del Medio, acaba de alzarse con el primer premio en el acápite de Naturaleza del V Foro Internacional de Brasil, con el dibujo que ahora reproducimos. Felicidades.
jueves, 10 de septiembre de 2009
Pequeña crónica de una frustración (o voy echando, que esto está malo).

Fotos cortesía de Hernández Busto. "Pienso en la fragilidad de cualquier propuesta cívica basada en el 'material humano' que me rodea", escribe horrizado ante "la gentuza" ("la chusma", decían los autonomistas de fines del XIX) que llena el estadio.Pensó ir al estadio con una pancarta que expresara su frustración política, pero no encontró apoyo. "Se me ocurrió apenas esta mañana, y no se consiguió quórum suficiente", explica. A pesar de todo, fue con su pequeño hijo. "Nos acomodamos detrás de home, donde un amigo está con su suegro recién llegado de la isla: 'Ni se te ocurra hablar de política', me advierte. Y yo que pensaba venir con la pancarta". El suegro está con la Revolución. Otros cubanos enarbolan mensajes de amor a la familia en la Isla. "De pronto --narra--, después del primer jonrón, el camarógrafo, rápido como un indio sioux, enfoca nuestra banda: con excelentes reflejos relámpago, veo a cuatro muchachos de mi misma fila sacar una gigantesca bandera con el Che Guevara en azul, y con el lema 'Hasta la victoria siempre'. Me han estado mirando todo el rato con cara de pocos amigos, pero no quiero ponerme paranoico". Hernández Busto se entusiasma con la actuación del equipo cubano: "Debo reconocer que poco a poco, pese al fiasco político, me voy animando. El marcador es estimulante: la tanda de carreras ha empezado temprano, y hasta mi hijo deja su libro de Geronimo Stilton para preguntarme quién va ganando". Y cierra el cuento con un párrafo antológico, que por muchos años será citado en bares y academias: "A la altura del sexto inning, el juego ya va diez a cero, y está claro que este equipo puertorriqueño no aguantará lo que está cayendo. Los cubanos juegan con soltura, Vera está hermético y Yulieski Gourriel está en uno de sus días inspirados. Se me hace tarde, así me voy con mi hijo, antes de que este torrente de cubanidad se desborde a los pies de la torre de Telefónica, a ver si encuentro un taxi". Voy echando, que esto está malo.
LITERATURA Y MERCADO EN LOS 60 (II). Cabrera Infante, de exiliado a novelista.
Ernesto Sierra.En 1964 el premio de Biblioteca Breve de la editorial Seix-Barral recayó sobre el manuscrito de Vista del amanecer en el trópico, de Guillermo Cabrera Infante, quien ocupaba un puesto diplomático en la embajada cubana en Bruselas. En 1966 Rodríguez Monegal conoció a Cabrera Infante a través de Severo Sarduy. Curiosamente, en 1965 Cain ya se había alejado de la Revolución, y aunque no había declarado aún su ruptura de la manera estrepitosa en que lo haría más adelante, el caldo de cultivo a "lo Monegal" estaba servido y el crítico uruguayo nombró inmediatamente al cubano "corresponsal de Mundo Nuevo en Londres". Nombramiento del cual se burla el "corresponsal" en el no. 14 de la revista no sin destacar, con sus característicos juegos de palabras, el carácter de "pensión política" que encerraba el estatus recibido: "lo más curioso de todo es que yo sea el corresponsal de Mundo Nuevo en Londres. ¿Por qué? Porque siendo un escritor que detesta escribir cartas, vivo en Londres y viviendo en Londres tengo que escribir cartas de Londres para poder continuar en Londres -y seguir escribiendo cartas de Londres". Con esta remunerada corresponsalía, Monegal captó al nuevo exiliado cubano y trazó para él -como para Sarduy- una estrategia de lanzamiento editorial que lo dotaría del suficiente pedigree literario como para legitimar el discurso de su revista y "el juego en que estamos metidos" del cual habla a Recavarren en la carta citada en la entrega anterior.
Cabrera Infante, a diferencia de Sarduy, había tenido en Cuba una vida literaria no solo más activa, sino hasta convulsa, y tenía en su haber el ya mencionado premio Biblioteca Breve Seix Barral pero, en la fecha en que es reclutado para las huestes de Monegal era, en sus palabras, "un verdadero exiliado pero no un novelista". Vista del amanecer en el trópico, había recibido el premio en 1964 pero aún permanecía inédita a causa de dificultades con la censura franquista. Caín se zambulló en los arreglos del manuscrito pero optó finalmente por la reescritura total de la novela por juzgarla "un poco sartriana" y, "un libro políticamente oportunista", "favorable a una revolución con la que ya no comulgaba" (MN, 25, 49). El nuevo manuscrito resultante de los arreglos fue Tres tristes tigres, sobre el cual Carlos Barral mantenía la negativa de publicación, ahora reforzada -como había ocurrido con Sarduy- por la cualidad de "exiliado" que se había granjeado el autor en el tiempo transcurrido desde la obtención del premio. Pero Monegal tenía un nuevo pupilo y no estaba dispuesto a tirar la toalla. Del mismo modo que hiciera con Sarduy y De dónde son los cantantes, se lanzó a fondo para conseguir la publicación de Tres tristes tigres y comenzó el asedio a Carlos Barral para que publicara el libro premiado. Con una insistencia que pudiera ser catalogada de encomiable sino fuera por los intereses espurios que motivaban a Monegal, este, en el número 11 de Mundo Nuevo, aún inédita la novela de marras, multiplica la presión sobre la editorial y da unos cuantos pasos largos en el "lanzamiento" de Cabrera Infante. Allí ofrece un adelanto de la obra del cubano, acompañado de una poco común nota al pie que merece ser citada in extenso: "Uno de los más destacados escritores latinoamericanos de hoy es Guillermo Cabrera Infante. Con su primera novela, Vista del amanecer en el trópico, obtuvo en 1964 el Premio Biblioteca Breve que otorga la Editorial Seix-Barral, de Barcelona. Pero la publicación del libro se demoró por problemas con la censura española y entre tanto el autor continuó retocándolo y rescribiéndolo hasta tener una obra considerablemente distinta y con un nuevo título: Tres tristes tigres. Estas circunstancias han impedido que el nombre de Cabrera Infante sea conocido como es debido en América Latina. Por eso Mundo Nuevo se complace en anticipar hoy, con autorización del autor y de la editorial, tres fragmentos de la novela y un cuento inédito" (MN, 11, p. 28).
No conforme aún con los adelantos y la nota de presentación, la sección "Colaboradores" del referido número de la revista comienza con otra nota de presentación del autor de la futura Tres tristes tigres: "Guillermo Cabrera Infante (Cuba, 1929) ha sido calificado por Enrique Anderson Imbert de 'narrador de la vida interior (por lo menos de esa interioridad iluminada por sus autores norteamericanos favoritos: Faulkner, por ejemplo)'. Con la novela cuyas páginas adelantamos en este número, Cabrera Infante obtuvo el Premio Biblioteca Breve, de la Editorial Seix-Barral, de Barcelona. Actualmente Cabrera Infante está trabajando en una segunda novela. Su obra de crítico teatral y cinematográfico es también considerable, como recordarán los lectores del periódico cubano Revolución. Desde hace algunos años reside en Europa: Bruselas, Madrid, Londres (ahora)" (MN, 11, p. 95). Y cuando pensábamos que los adelantos y las dos notas de presentación y consiguiente lanzamiento de Cain eran más que suficientes, Monegal cierra la contracubierta de la revista (¡todo en un solo número!) con el logotipo del premio, de la editorial y otra nota de anuncio de la novela y el novelista: "se trata de una novelística preocupada por la renovación del género [...] Se trata de una novela muy distinta y estilísticamente revolucionaria." Remember Sartre. Unos meses después saldría a la luz pública Tres tristes tigres. Años más tarde el propio Cabrera Infante, refiriéndose a la novela, escribiría: "Su publicación española se debió en gran medida a Emir que, junto con Juan Goytisolo, persuadió al editor catalán que había premiado el libro cuando yo era diplomático y ahora que era exiliado quería olvidar el premio y el libro -y al autor naturalmente" [1]. Sin embargo, la historia solo estaba comenzando. Una vez publicada la novela, Monegal revela el sumum de su estrategia. El descubrimiento, captación, presentación y constante anuncio de su pupilo, quedarán coronados con la consagración. Esta se hace efectiva en el número 25 de Mundo Nuevo, cuando Cabrera Infante es el invitado al espacio habitual de la entrevista. El número comienza con un anuncio a toda página, en el interior de la cubierta, de la aparición de Tres tristes tigres. En la página 59 se publica un nuevo cuento de Cain pero, lo más notable será la entrevista mencionada. "Las fuentes de la narración" es el título del diálogo que, como bien señala Mudrovcic (103) "trabaja a partir de una lógica estricta de glorificación". Son casi 20 páginas de texto dedicadas a ensalzar al autor de TTT, como le llamarán a la novela en lo adelante. Allí Cabrera Infante esboza poéticas literarias, se explaya en complicadas explicaciones acerca de la novela y su construcción, "creo que estamos complicando un poco el acceso al libro..." -dice Monegal en un momento de la entrevista- y se esfuerza por presentar a un Cabrera Infante en la cumbre del éxito, leído, traducido, con sorprendentes niveles de venta, sumergido en el estrellato y ungido de los consagratorios aromas del boom. Esta imagen autorizará, por tanto, sus opiniones, sus puntos de vista, lo dotará de lo que Mudrovcic llama "posición de poder enunciativo", desde la cual Cain deslizará una ideología coincidente con la de Monegal y su revista. "Como te darás cuenta, la pretensión del libro en esa época era un poco sartriana, sartriana no en el sentido de El ser y la nada y La náusea, sino en el sentido de Qué es la literatura, de una literatura que quería encontrar zonas de la realidad que eran ejemplares. [...] era un libro que casi me da pena decirlo, resultaba un libro de realismo socialista". (MN, 49) Y, en curiosa semejanza con Sarduy, al hablar del contexto literario cubano establece un paralelismo antagónico entre Carpentier y Lezama. Mientras que de este último opina que de ser "un escritor absolutamente local" "se convirtió en un escritor conocido y comentado no solo en toda América Latina, sino en España y más allá de las fronteras del idioma" (MN, 25, 45), reserva a Carpentier varios párrafos dedicados a descalificarlo, a la vez que no pierde oportunidad para, de paso, compararse con él y subirse así en el carro de los consagrados: "Ahí está la esencial diferencia entre un escritor como Carpentier y un escritor como yo. Carpentier lidia con contextos, yo trato con textos. El contexto es siempre en Carpentier muy conocido de antemano [...]. Para Carpentier lo cubano es siempre tópico, referencia literaria y su lenguaje está siempre en función de la traducción. [...] Pero esas exploraciones a través de avenidas, no me interesan [...] porque para mí no hay ninguna diferencia esencial entre un guagüero y un escritor". (MN, 25, 45) Si insisto en destacar los reiterados ataques a Carpentier y su obra es porque el tema, aunque parezca introducido por Sarduy y Cabrera Infante, era ya un viejo tópico para Monegal, quien había provocado al respecto, en 1964, unos airados comentarios de Ángel Rama desde las páginas de Marcha: "En El País (24/4/64) el Sr. Rodríguez Monegal se vale de la novela El siglo de las luces para [lanzar] un torpe ataque a la Revolución Cubana, a su equipo dirigente, que la usaría en 'beneficio propio', a Fidel Castro, solapadamente equiparado con un 'asesino al por mayor'" [2]. De cualquier manera, como señala Mudrovcic, resulta difícil saber qué corresponde a Cabrera Infante y qué a Monegal, pues la entrevista es una versión retocada de un diálogo, mucho más extenso, sostenido entre ambos en Londres. Esta versión debía estar acorde con los presupuestos de Monegal y la inyección de "moralina" impuesta a la revista por él mismo para continuar escudándose de las constantes críticas que circulaban en torno a ella, y, por ello, se ciñe a la estrategia consagratoria de Cain básicamente en torno a su relación "exitosa" con la literatura y el cine, aunque el cubano debía tener más bajo la manga. Tal es así, que sería Cabrera Infante mismo quien escribiría años después: "Había sido Emir quien me aconsejó una y otra vez que atenuara mis críticas a Castro en todas partes. Cuando publicó nuestra entrevista dejó fuera muchas de mis alusiones y desilusiones [3]". Pero Cabrera Infante se había llevado en el equipaje una enorme carga de resentimiento y ansias de protagonismo y, Monegal lo había convertido en un boomerang autopropulsado que regresaría sobre la revista sin escuchar los consejos de su director, cuando, casi en el momento que se publicaba "Las fuentes de la narración", Primera Plana, de Argentina, sacaba a la luz pública "Las respuestas de Cabrera Infante" [4], una suerte de entrevista respondida por escrito, en la cual el autor de Tres Tristes Tigres declara de manera abrupta, amarga y escandalosa su ruptura con Cuba y su condición de exiliado sin retorno. Así daba sus propios pasos la nueva creación de Mundo Nuevo, definida por Mario Benedetti, --refiriéndose a un episodio anterior-- como "un personaje que en ese entonces aún no había emitido las ridículas y poco decentes opiniones que más tarde enviara a Primera Plana, pero que en sus procederes y afinidades ya aparecía como un gusano y no precisamente de seda" [5].
[1] Cuando Emir estaba vivo. Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Ed. Montevideo: Ministerio de Educación y Cultura, 1987, p. 41
[2] Rocca, Pablo, 35 años en Marcha. (Crítica y literatura en Marcha y en el Uruguay). División Cultura de la IMM, Montevideo, Uruguay, 1992, p.183.
[3] Cuando Emir estaba vivo. Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Ed. Montevideo: Ministerio de Educación y Cultura, 1987, p.p. 41-42.
[4] Primera Plana, Buenos Aires, año VI, no. 292, 30 de julio-5 de agosto, 1968.
[5] Benedetti, Mario, "Situación actual de la cultura cubana", Marcha, no. 1431, 27 de diciembre.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
LITERATURA Y MERCADO EN LOS 60 (I). Mundo Nuevo y la momificación de los procedimientos.
En vísperas de impartir un curso de posgrado sobre las guerras culturales del siglo XXI en el Instituto Internacional de Periodismo, al que he invitado como calificados expositores a los escritores Antonio Rodríguez Salvador, Jorge Ángel Hernández, Eliades Acosta Matos y Ernesto Sierra, este último me ha enviado dos artículos originalmente publicados en La Jiribilla hace unos años. Solo para entrar en calor. Aquí va el primero.Ernesto Sierra.
Hace solo unas pocas semanas leí en las páginas de esta revista* un interesante dossier acerca de la relación entre literatura y mercado, resultado de un conversatorio donde se unieron las voces de Senel Paz, Adelaida Fernández de Juan, Jorge Fornet y Rogelio Riverón. Las ideas allí expresadas me estimularon a participar del tema desde una perspectiva a la que he dedicado algunas páginas[1], la de las revistas culturales. En este caso me detendré, por razones que quedarán explícitas en los párrafos que siguen, en la ya desaparecida Mundo Nuevo. Como es sabido, el nacimiento de Mundo Nuevo fue precedido de una huracanada polémica epistolar protagonizada por el que sería su primer director, el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal, y el entonces director de la flamante revista Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar[2]. Grosso modo, el resultado primero de la polémica fue la negativa de los escritores cubanos a colaborar en Mundo Nuevo, una vez sabido que esta sería financiada por la CIA a través del ILARI[3], una de sus tantas fachadas culturales. Desde entonces, la revista de Monegal no solo se convertiría en la antagonista de Casa, sino que se erigiría en su antimodelo y -lo que interesa al efecto de estas reflexiones-, se convertiría en el refugio y vocero de los exiliados cubanos, práctica que, como bien señala la ensayista argentina María Eugenia Mudrovcic[4] ":..seguía(n) el modelo de la política de asistencia a refugiados comunistas que el Congreso por la Libertad de la Cultura había implementado a lo largo de la década de los 50" (101). De esa manera desfilaron por sus páginas, en mayor o menor grado, José Antonio Arcocha, Rolando Campins, Reinaldo Arenas, Mercedes Cortázar, José Mario, Fausto Masó, Aquiles B. Iglesias Llauradó, Severo Sarduy y Guillermo Cabrera Infante. Pero serían estos dos últimos los que recibirían un trato diferenciado dentro del grupo y se convertirían en sujeto y objeto de una estrategia de "fabricación" sin precedentes. Severo Sarduy, sin libros pero con muchas palabras "Recibí una beca del Gobierno cubano para estudiar durante un año crítica de arte en Francia. De modo que vine a París, me matriculé en la Escuela del Louvre y empecé a trabajar. Cuando la beca terminó, decidí quedarme aquí para terminar mis estudios. Estoy preparando una tesis." (MN, 2, 16)[5]. Así comienza el "crudo exilio" de Severo Sarduy a principios de los 60. La declaración la hace en una extensa entrevista que le dedica Rodríguez Monegal en el segundo número de Mundo Nuevo. Pero ¿quién era Sarduy en 1966? Hurgando en el tiempo, hasta ese año había publicado algunos poemas y algo de crítica de arte -fundamentalmente en Ciclón-, la noveleta Gestos (1962) y un par de artículos en la francesa Tel Quel. Es decir, prácticamente nada para merecer el destaque que le dedica Monegal. Por eso afirma con tanto sentido común Mudrovcic que, en ese momento, "el escritor cubano era todavía futuro-absoluto, es decir, una figura-promesa casi en estado puro" (97). No obstante, la entrevista titulada "Las estructuras de la narración" aparece señalada en portada bajo el rótulo de Qué es Cuba, sintagma que trata de investir al entoces desconocido Sarduy del ambicioso traje de pitoniso cubano, a la vez que revela, sin mucho miramiento, el discurso contramodélico, anticubano, urticante y pretendidamente "moderno" de la revista. A falta de suficientes logros literarios, Monegal intenta construir para el cubano un curriculum que justifique tan largo diálogo, y lo hace sobre la base de interminables listados de nombres, títulos, lugares comunes y una congestionante nómina de términos cuasi literarios y neologismos que solo ayudan a su propia confusión, al punto que insta a Sarduy a cambiar de tema porque "Pronostico que si seguimos por este camino nos vamos a perder del todo" (MN, 2, 23). El guión seguido hasta ese momento estaba concebido para esa "operación prestigio" practicada a Sarduy, quien se parapeta tras los nombres de padres literarios tan diversos como Lezama, Cervantes, Oscar Wilde, Natalie Sarraute, Robbe-Grillet, Michel Butor, Borges o Roland Barthes. En materia de revistas es clara la intención de ubicarlo en la tradición de las cubanas Orígenes y Ciclón y en el presente de la francesa Tel Quel que dirigía Philippe Sollers. No faltará una poética esbozada en Gestos y en la aún inédita De dónde son los cantantes, donde se da paso al nouveau roman, el new criticism y al sello de distinción que ya no lo abandonaría, el neobarroco. Es en este punto donde Monegal lo interrumpe con la frase supradicha para preguntarle sobre Lezama y Sarduy le responde con un dislate que todavía hoy resulta difícil de leer: "Yo creo que su personalidad podría ser situada por antítesis: Lezama no es tal cosa o no es tal otra. Lezama no es Carpentier, por ejemplo. La obra de Carpentier ha disfrutado de un privilegio excepcional en Europa y quizá inmerecido. Su obra (y creo que es lo peor que se puede decir de un escritor) merece un Premio Nobel [.] el barroco de verdad en Cuba es Lezama. Carpentier es un neogótico." (MN, 2, 23). La cita no es gratuita, pues, más allá de las múltiples lecturas que pueda suscitar, interesa a los efectos de este análisis, el ingrediente que añade al Frankenstein literario al que Monegal está dando vida: la declaración escandalosa. Escándalo revestido por un lado de visos estéticos (barroco-neogótico-neobarroco), y de un tímido ropaje político, al dirigir el ataque a Carpentier, cuya postura respecto de la Revolución Cubana era ya bien conocida. Pudiera parecer suficiente pero, volviendo sobre la figura de Lezama, todavía dan Sarduy y Monegal otra vuelta de tuerca y en una forzada estrategia de apropiación, el pupilo de Monegal aparece como el "editor salvador" de la figura y obra de Lezama, para sumar un nuevo mérito a su "carrera literaria". Preguntado por Monegal sobre el poco conocimiento de la obra de Lezama, responde: "Justamente en mi breve aventura como asesor de obras en español para la editorial francesa « du Seuil», he querido cambiar esto y espero lograrlo". (MN, 2, 24). Más allá de la estrategia de apropiación, se solapa en el comentario un elemento constitutivo del discurso político de Mundo Nuevo; su hostilidad hacia Cortázar[6], quien para entonces (1966) ya era no solo amigo, sino también gran conocedor y el principal difusor de la obra de Lezama, algo conocido y que ha quedado muy bien documentado en el artículo de Manuel Pereira "Del tablón al puente", rescatado por El Caimán Barbudo en su número de julio-agosto de 2006. La fórmula para el éxito queda escrita entonces con mayúsculas: escritor de talento; exilio; padres literarios prestigiosos y a granel; vínculos con revistas literarias conocidas; enjambre de neologismos; esbozo de poéticas más o menos personales, papel de editor salvador y declaraciones escandalosas contra personalidades de prestigio que incluyan algún borroso tinte político. Falta un ingrediente, solo que el más importante: la obra escrita. Y es ahí donde Monegal se lanza a fondo. En los dos años en que dirigió la revista, Sarduy colaboró 13 veces -solo superado por el propio Monegal. Luego recogería varias de estas colaboraciones en un volumen que tituló Escritos en el cuerpo, publicado en 1969. En esa época además de la larga entrevista ya citada, Mundo Nuevo publicó dos adelantos de De dónde son los cantantes, y sendas reseñas sobre la novela, una de Roland Barthes (que ya había sido publicada en La Quinzaine Littéraire) y otra de Claude Couffon, también publicada con anterioridad, en Les Lettres Françaises. Pero ahí no queda el asunto, pues, a pesar de los esfuerzos promocionales de Mundo Nuevo, Sarduy continuaba siendo un autor con muy poca obra publicada. Es entonces -según reconoce el propio Sarduy[7]- cuando Monegal pone todos sus esfuerzos e influencias en lograr la publicación de De dónde son los cantantes. La historia está bien resumida en el libro de Mudrovcic (98-99) a partir de las confesiones autobiográficas del escritor cubano. Carlos Barral, quien había publicado Gestos, se negó a hacer lo mismo con la segunda novela. La razón parece girar en torno a la tercera parte de esta, "La entrada de Cristo en La Habana", en la cual se establece una analogía simbólica entre la entrada de Cristo y la entrada de Fidel (Cristo-Castro), con matices nada saludables para el proceso revolucionario cubano. Barral, simpatizante de Cuba y su causa no podía pasar por alto esta circunstancia ni la del "exilio" de Sarduy. Al saber de la negativa de Barral, Monegal comenzó a mover sus influencias. Le ofreció el manuscrito a Losada, de Argentina, quien no convencida con la novela, propuso correcciones para publicarla. Luego se la propuso al director de Joaquín Mortiz, Diez Canedo, y a un "viejo camarada de ruta", Benito Milla, emigrado español vinculado a varias revistas del Congreso por la Libertad de la Cultura. Al final, como es sabido, la publicó, en 1967, Joaquín Mortiz. Monegal respiró tranquilo al ver culminada esta etapa de la "invención" de su pupilo. Era nada más que el comienzo de una consciente y bien planeada estrategia de "descubrimientos", "invenciones" y "consagración" de autores talentosos desafectos a la causa cubana y latinoamericana, o cuando menos, al margen de la órbita de las publicaciones e instituciones culturales del continente, a los que intentaría arrastrar hacia el centro de gravedad de su revista parisina pagada por la CIA. Monegal tira la piedra y esconde la mano. Estrategia que trataría de solapar Monegal a cada paso queriendo imponer la creencia de que hacía una "revista de diálogo", cuando en realidad movía tras bambalinas los hilos de sus verdaderos intereses. Mudrovcic, quien tuvo la posibilidad de revisar el epistolario de Monegal para su investigación, proporciona información valiosa reveladora del carácter y quehacer "dialogante" de Monegal, esta vez en torno a la primera edición del Premio Rómulo Gallegos, convocado en el tiempo en que publicaba su entrevista con Sarduy. El gobierno venezolano organizó en 1967 el Premio Rómulo Gallegos, destinado a conmemorar los 80 años del reconocido autor de Doña Bárbara y los 400 de la fundación de Caracas. El Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes destinó el equivalente en bolívares a 22.000 dólares a "la mejor novela escrita en lengua castellana en un quinquenio". No está de más señalar lo que representaba esta cifra frente a los modestos 1000 que otorgaba la Casa de las Américas. De manera que el concurso despertó muchas expectativas y significativamente recibió una desmesurada acogida en las páginas de Mundo Nuevo. Sobre todo, Monegal celebraba la circunstancia de que fuera un gobierno hostil a Cuba, quien se dispusiera a premiar La casa verde, de Mario Vargas Llosa, considerado, por entonces, aliado de Cuba y su Revolución: "Al dar el premio a un escritor tan comprometido con la causa cubana (es miembro del Consejo Asesor de la revista Casa de las Américas, de La Habana, y firmante de los principales manifiestos de solidaridad con dicha causa), el INCIBA ha demostrado su independencia de juicio y ha dado un ejemplo difícil de igualar. [...] La democracia práctica tiene su precio, y el precio en este caso fue pagado con la mayor sencillez." (MN, n. 17, pp. 4-19) Pero como en la socorrida imagen de las dos caras de la moneda, este entusiasta y "aleccionador" comentario público de Monegal, tendría su otro lado en carta suya dirigida a Jorge Luis Recavarren, miembro del ILARI peruano, que no necesita comentario: "Con respecto a Vargas Llosa, te ruego que no escribas nada en contra de él. Mario está haciendo un esfuerzo muy grande por conservar la amistad con los cubanos y no perderla del todo conmigo. Yo tengo esperanza de que él finalmente rompa con los cubanos. Estos se están poniendo cada vez más energuménicos [sic] y resulta bastante difícil seguirlos. Por otra parte, como es casi seguro que le den el premio Rómulo Gallegos a Mario, él va a ir a Venezuela al Congreso de Caracas que se reúne a principios de agosto y al cual yo voy a ir también. Estoy casi seguro que si le dan el premio R.G. y si Mario acepta, los cubanos le van a escribir una de esas famosas cartas abiertas como la que le escribieron a Neruda. Este es mi cálculo y por eso te pido que no provoques ninguna colisión entre Mario y nosotros. En este juego en que estamos metidos, querido Jorge Luis, no hay más remedio que tener paciencia". [Mudrovcic, 163]. No estaba errado Ángel Rama cuando tratando de definir a Monegal, no sin cierta ironía, dijera que en materia de insidias "ERM no es un novel nuestro ni llegará a serlo"[8].
NOTAS
[1] Me refiero básicamente a los textos: "Mundo Nuevo y las máscaras de la cultura". Contracorriente, n. 5, 1996, p. 54-63 y "Réquiem para Mundo Nuevo", Casa de las Américas, n. 213, oct-dic., 1998, p.135-139.
[2] Las cartas fueron difundidas por las revistas Bohemia, Marcha, La Rosa Blindada y Siempre![3] Instituto Latinoamericano de Relaciones Internacionales. Dependencia del Congreso por la Libertad de la Cultura, este último producto típico de la Guerra Fría, fundado en 1950 por la CIA para sostener una política antisoviética y anticomunista a través de una red extendida por el mundo entero.
[4] Mudrovcic, Maria Eugenia, Mundo Nuevo. Cultura y Guerra Fría en la década del 60. Beatriz Viterbo Editora, Rosario, Argentina, 1997. El tema que comento aparece muy bien documentado en su libro. De manera que, si el lector lo entiende así, hago una especie de glosas de Mudrovcic, a las cuales sumo información de mis propias investigaciones.
[5] Mundo Nuevo, París, núm. 2, agosto 1966. Todas las citas de la revista se refieren a este número.
[6] Sobre el tema volveré en otro momento.
[7] Cronología. Severo Sarduy. Ed. Julián Ríos. Madrid: Espiral/Fundamentos, 1976.
[8] Pablo Rocca: 35 años en Marcha (crítica y literatura en Marcha y en el Uruguay 1939-1974), Montevideo, 1992, pp. 183.
*Se refiere a La Jiribilla.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

