jueves, 28 de agosto de 2014

El Foro de Sao Paulo y la actual arremetida yanqui contra nuestra América (I)

Ángel  Guerra Cabrera
El Foro de Sao Paulo (FSP), que agrupa a los partidos políticos de izquierda, progresistas y antineoliberales de América Latina y el Caribe (ALC) celebra esta semana en Bolivia su encuentro número veinte. Tal vez el más importante de cuantos se hayan realizado, se produce en un momento signado por importantes avances de las fuerzas populares de la región y persistentes intentos de Estados Unidos para hacerlos retroceder.
A tono con esa circunstancia, los anfitriones bolivianos se han esmerado en la preparación de la cita con el activo concurso de los partidos miembros para lo que se ha tomado muy en cuenta las experiencias en las luchas de masas latinoamericanas y caribeñas de los últimos años. En ellas encontramos formas organizativas diversas, no siempre estrictamente partidistas y menos vanguardistas, y casos como los de Bolivia y Ecuador donde la importancia de los movimientos sociales ha sido decisiva en la llegada al gobierno de las fuerza antineoliberales así como en su consolidación.
El FSP realiza una evaluación sobre la gestión de los gobiernos progresistas de la región así como un debate a fondo y un diagnóstico sobre las tareas que se derivan de la actual coyuntura regional para las fuerzas antiimperialistas y populares de ALC, tomando en cuenta, además, la dinámica situación geopolítica internacional orientada a la multipolaridad y la insondable crisis multifacética del sistema capitalista mundial, particularmente agudizada por la  mega crisis estadunidense de 2008, que continúa su curso.
El FSP se fundó en 1990 cuando en ALC, después del derrumbe de la Unión Soviética, solo en Cuba, contra viento y marea, se mantenía viva y en el poder la voluntad política de alcanzar la utopía socialista. Justamente el objetivo de aquella primera reunión fundadora en la urbe brasileña fue el de trazar pautas de acción que permitieran replantearse la acción conjunta de las fuerzas de izquierda de nuestra América en condiciones tan adversas y distintas de las vividas hasta muy poco antes.
Se habían producido ya el “caracazo”(1989) y el levantamiento indio de Chiapas(1994), y existían evidencias de que un gran movimiento de masas encabezado por la izquierda  había ganado las elecciones de 1988 en México, arrebatadas fraudulentamente. Estos acontecimientos, ocurridos sin previa coordinación entre sí o incluso totalmente espontáneos como el gran levantamiento popular venezolano, tenían en común el combativo rechazo de los pueblos latino-caribeños a las políticas neoliberales inauguradas por la dictadura militar pinochetista, extendidas rápida y drásticamente a toda la región.
Pero como consecuencia de esas luchas populares, en alrededor de una década y a partir de la elección en 1998 como presidente de Venezuela de ese meteoro llamado Hugo Chávez, llegaron al  gobierno opciones antineoliberales en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Honduras, Paraguay y El Salvador.
Un momento trascendental fue la gran derrota política de Estados Unidos al no lograr la aprobación del Alca en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata(2005), resistida principalmente por la acción conjunta de Chávez, Lula da Silva y el enérgico anfitrión Néstor Kirchner apoyados por una gran movilización popular en las calles.
La derrota del Alca había sido precedida por la fundación del Alba entre Venezuela y Cuba en diciembre de 2004, luego extendida a Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Dominica, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Santa Lucía. Surgió Petrocaribe, y la fundación de Unasur y la Celac constituyeron acontecimientos históricos en los que cobraban vida las concepciones de unidad e integración bolivarianas y martianas.
Frente a estos extraordinarios avances, Washington ha montado una contraofensiva para acosar, aislar y derrocar a los gobiernos latino-caribeños que no se le someten. El caso más evidente es Venezuela, donde se emplea a fondo para derrocar al presidente Nicolás Maduro con las tácticas de la llamada guerra de cuarta generación. De allí el deber solidario de nuestros pueblos con la Venezuela bolivariana y chavista.
Pero al mismo tiempo el gobierno de Obama impulsa una compleja trama desestabilizadora contra todos los gobiernos independientes de la región, que incluyen una arremetida mediática sin precedente, golpes de Estado frustrados o exitosos (Honduras y Paraguay) e intentos subversivos como los recientemente revelados por la agencia AP contra Cuba.

miércoles, 27 de agosto de 2014

USAID: infamia y disparates

Ricardo Alarcón de Quesada
Punto Final

Una profesía prusiana
Quizás algunos crean que Otto von Bismark fue áspero con aquello de que “Dios tiene una providencia especial para amparar a los tontos, los borrachos y los Estados Unidos de América”. Otros pueden pensar, sin embargo, que tal
ocurrencia, hace más de un siglo, cuando el país aludido apenas se daba a conocer, era una profecía mordaz de lo que vendría después en la conducta del nuevo imperio a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI.*
Recordé la frase al leer una mucho más reciente, agosto de 2014, del senador republicano Jeff Flake quien, criticando las más recientes acciones anticubanas de la Agencia Internacional para el Desarrollo (USAID) ironizaba: “Esos programas necesitan desesperadamente supervisión adulta”.
Se refería el legislador al largo y ampliamente documentado reportaje investigativo de la Associated Press sobre el programa clandestino para el envío a Cuba de jóvenes latinoamericanos con el fin de reclutar a sus pares antillanos, organizarlos y convertirlos en una fuerza capaz de derrocar al gobierno revolucionario.
No hace mucho la AP había revelado otro plan de la USAID, utilizando como subcontratista algo llamado Creative Associates International, para armar, mediante el engaño, una red subversiva de telefonía celular, el llamado “ZunZuneo”. Antes había publicado un reportaje que desenmascaró el verdadero papel de Alan Gross actualmente en prisión en Cuba. La propaganda oficial norteamericana lo había presentado como si hubiese venido para ayudar a la comunidad judía cubana a acceder a Internet. Aún se repite tal falacia pese a la rotunda y precisa negación de los líderes de esa comunidad que, además de Internet, tiene muy cordiales y respetuosas relaciones con las autoridades cubanas. El artículo incluía comunicaciones confidenciales entre Gross y quienes lo dirigían, en las que explícitamente
reconocen el carácter ilegal y subversivo de su misión.
Seis días después del arresto de Gross, la USAID echó a andar este nuevo proyecto. Casualmente se lo encargó también a Creatives Associates International. Ahora la agencia noticiosa dio a conocer papeles secretos, incluyendo guías para las comunicaciones encubiertas e informes enviados por los jóvenes conspiradores y las orientaciones que recibían. La AP entrevistó a algunos de los noveles espías, de Costa Rica, Venezuela y Perú, así como a varios de sus “reclutas” cubanos.
La operación parece extraída de un folletín de factura barata. Los latinoamericanos eran entrenados, según dijeron a la AP, en cursos rápidos, apenas una semana, en los que aprendían técnicas de búsqueda y selección de candidatos para ulteriores y más complejas tareas subversivas, así como en códigos de lenguaje cifrado para comunicarse con quienes los dirigían desde el exterior. En cumplimiento de su misión, fueron a Cuba simulando estar interesados en ayudar a los cubanos a desarrollar labores comunitarias útiles para mejorar sus condiciones de vida. En sus intercambios con los
receptores de la “ayuda” identificarían a los quejosos ante las dificultades y fallos con que tropiezan diariamente, y tratarían de atraerlos y formarlos como futuros líderes de oposición.
Quienes concibieron la idea seguramente no se han enterado aún que, desde hace años, en esos y otros países del continente, decenas de miles de jóvenes cubanos participan en programas de atención médica, educación, cultura y deporte, entre otras materias, que en mucho contribuyen a salvar y mejorar vidas, así reconocido por los gobiernos y organismos internaciones especializados como la OMS, la OPS y la Unesco. Tampoco parecían conocer que si algo hay en abundancia en Cuba es gente que expresa abiertamente sus opiniones y critica los errores y las insuficiencias que
encuentran en su cotidianidad. Lo hacen en los medios de prensa, en las reuniones en las que sus delegados electos les rinden cuenta, y en las de sus organizaciones sociales y gremiales. Lo hacen, en fin, todos los días en cualquier esquina. Lo hacen porque la mayoría de la población nació después de 1959 y ha vivido acostumbrada a que la universalidad y gratuidad de la educación y la salud, así como la asistencia y la seguridad social son derechos inalienables, que son suyos, les pertenecen, aun antes de salir del vientre materno. Para ellos, además, los asaltos de la policía a sus centros escolares y las golpizas y la cárcel a quienes intentaran protestar, son historias del pasado que sólo vivieron sus abuelos.

La excusa perfecta
El costarricense Fernando Murillo, uno de los principales dirigentes de la operación, realizó varios viajes a Cuba. Entrevistado por la AP habló de sus correrías por Santa Clara con muchachos que practican la música urbana y otras manifestaciones artísticas. En pose de descubridor, confesó su satisfacción por lo que calificó como “la excusa perfecta” para impulsar su plan: organizar un taller sobre la prevención del VIH-sida, aunque se negó a dar detalles alegando el compromiso de confidencialidad (*nondisclosur agreement*) que había suscrito con sus empleadores. Se limitó a decir que “enseñaba a la gente cómo usar condones correctamente”. La vocera del Departamento de Estado fue más locuaz, y al defender este plan reconoció que, además de la supuesta lucha contra el sida, tenía otro propósito de carácter subversivo.
Omitió decir que, años atrás, debió Cuba encarar esa enfermedad no sólo sin contar con ayuda alguna de Estados Unidos, sino enfrentando la crueldad del bloqueo que le impedía adquirir retrovirales esenciales que entonces eran producidos exclusivamente por laboratorios del país vecino. En aquellos tiempos iniciales, los pocos pacientes de la isla aliviaron sus sufrimientos con la ayuda solidaria de algunas ONGs y personas particulares. La guerra económica que se nos impone incluye también, desde 1964, las medicinas y los equipos e instrumentos médicos. En la aplicación
de esa política genocida participan todas las agencias gubernamentales, incluida la USAID. Por ejemplo, en sus charlas didácticas, Murillo no podía mostrar condones “made in USA”.
Pero, hace ya bastante tiempo, Cuba, además de producir los retrovirales necesarios y mantener su sistema de salud gratuito para todos, lleva a cabo un programa especial para los seropositivos que permite sobrevivir, y en condiciones decorosas, al 90% de los portadores del virus. Sin olvidar que es Cuba uno de los países menos afectados por esa enfermedad, la cual tiene en la isla una tasa de prevalencia de 0.2%, mientras en América Latina es 0.4% y en Estados Unidos y Canadá 0.6%. En cuanto a los jóvenes de 15 a 19 años, el índice cubano -0.02- es el más bajo de las Américas y Cuba está optando para ser certificada como el primer país de la región en eliminar la transmisión vía genética de la sífilis y el VIH.
Los gobernantes de Estados Unidos tienen derecho, desde luego, a exhibir su ignorancia y actuar cual tontos y borrachos, como diría el prusiano. Pero es una infamia imperdonable manipular groseramente la salud y la vida de
los demás.

¿Un nuevo comienzo?
Desde 1959 Washington se ha empeñado, infructuosamente, en destruir a la Revolución Cubana. Lo ha intentado todo. La guerra económica, la intervención militar, la subversión y una incesante propaganda hostil.
En 1999 fue publicado un libro del investigador norteamericano Jon Elliston sobre la guerra sicológica y la propaganda anticubana. Es básicamente una recopilación de documentos desclasificados que ilustran sobre el colosal derroche de recursos para tratar de confundir y dividir a los cubanos y de engañar a los pueblos de América Latina. Echaron mano a todo, hasta a libros de historietas infantiles con ediciones de millones de ejemplares.
Los planes que ahora denunciamos continúan una larga saga de agresiones, en las que, no pocas veces, junto al crimen iba el dislate. Los más recientes fueron concebidos y ejecutados por la actual administración. Poco después
de instalarse en la Casa Blanca, el presidente Obama anunció que habría “un nuevo comienzo” en la política hacia Cuba. Obviamente esa es una más de las promesas olvidadas. O quizás para él, “cambio” significa más de lo mismo.

martes, 26 de agosto de 2014

Que la alegría rompa la tristeza: la Resistencia palestina ha triunfado

Carlos Aznárez
Gaza hierve de multitudes que, por fin, pueden sonreír después de una larga noche de bombardeos permanentes que duraron 50 días y destruyeron gran parte de la infraestructura de la Franja.  Hoy mismo, el invasor sionista se fue matando, destruyendo lo poco que quedaba en pie.
Sin embargo, por estas horas Gaza festeja, los jóvenes y los niños lanzan caramelos al aire, las mujeres se estremecen de emoción abrazándose unas a otras, felicitándose por haber resistido hasta las últimas consecuencias. Llorando sí, gritando de dolor también, por esos hijos, hermanos, esposos y vecinos queridos que yacen sepultados bajos los escombros producidos por la maldad sionista, pero firmes y dignas diciendo a quien quiera escucharlas: “dijimos que no nos íbamos a rendir y no nos rendimos.  Dios proteja y dé larga vida a nuestra Resistencia”.
Los hombres se arrodillan y besan su querida tierra a la que las bombas asesinas pudieron llenar de cráteres pero jamás mancillar. Disparos al aire, jóvenes levantando sus fusiles ahora sí en clave de alegría por este pedacito de paz que le han arrancado al monstruo sionista. Miles de puños cerrados apuntando al cielo, como queriendo decir: “no pudieron con nosotros” o “Aquí estamos, de pie y victoriosos”.
El pueblo palestino es mucho pueblo para medirlo en palabras, sin que el hecho de pronunciarlas no nos parta la voz por la emoción admirativa que hoy, 26 de agosto, tenemos hacia quienes lo han dado todo para demostrarle al mundo que sólo con lucha se obtienen las grandes reivindicaciones.
Ha llegado el tan ansiado alto el fuego permanente, cargado de concesiones arrancadas a Israel en la mesa de negociaciones pero también en la decisión de los luchadores de Hamas, de la Yihad Islámica, del FPLP, el FDLP, los militantes de Al Fatah, los Comités Populares de Resistencia, y todos y cada uno de quienes en estos durísimos 50 días no cedieron ante el terror.
Esta victoria de hoy en Gaza, no nos equivoquemos, le pertenece total y exclusivamente a la Resistencia unificada palestina, a todas sus organizaciones combatientes, al conjunto del pueblo de la Franja que soportó un infame bloqueo durante once años, y que vio cómo cada uno de los ataques de ayer y de hoy intentaban arrancarle la ilusión de alcanzar una Nación Palestina independiente, libre de invasores. También, obviamente, son parte decisiva las mujeres y los hombres que en Cisjordania, viene soportando estoicamente razias, detenciones, demoliciones de sus viviendas. Y qué decir, de los miles de presos y presas que en las mazmorras israelíes soportan día a día la brutalidad del opresor.
Que nadie, menos los políticos burócratas que suelen aparecer a la hora del triunfo, quiera sacar rédito de lo conseguido. Solos, absolutamente solos en lo que hace a esperar algo de la mal llamada comunidad internacional,  los palestinos y palestinas, los de Gaza y los del West Bank se emponderaron de Patria y tomado del brazo avanzaron hacia el futuro. Sabían que junto a ellos, caminaban los pueblos del mundo, que por miles se manifestaron en las calles una y otra vez.
Ahora que el alto el fuego permanente y la victoria se han hecho posible, es necesario vigilar las promesas formuladas por los asesinos de Tel Aviv, ya que no es la primera vez que amparados en la tradicional impunidad que los protege, burlan lo pactado. Además, es fundamental que quienes han cometido el más terrible de los Genocidios, paguen por esos crímenes. Así como en su momento fue lógico levantar un Nuremberg, hoy es indispensable que Netanyahu, Liberman, Pérez y todos su secuaces comparezcan como imputados ante la justicia internacional.
Por último, que el festejo de esta victoria de hoy, conseguida a pulso por el pueblo palestino, no nos haga olvidar que una buena parte de la confrontación con el sionismo y sus protectores de Washington y la Unión Europea se libra todos los días, desarrollando el Boicot económico, académico y cultural contra quienes gobiernan el Estado Terrorista de Israel. Como  ocurriera con los nazis en su momento, es necesario denunciarlos, impedirles que viajen por el mundo como si nada hubiera pasado, señalarlos como lo que son: criminales de lesa humanidad.
Pero hoy, más que nunca, gritemos con fuerza: TODAS Y TODOS SOMOS PALESTINA.

Los palestinos en Gaza llaman a #StopArmingIsrael

Fotos tomadas de Resumen Latinoamericano

Gaza y sus monstruos

Atilio A. Boron
De golpe me desperté, sobresaltado y bañado en sudor, en la mitad de la noche. Miré al reloj y eran las 3.25 de la madrugada. Habían regresado violentamente a mi cerebro las espeluznantes imágenes que viera pocas horas antes en Dossier, el notable programa de Walter Martínez que Venezolana de Televisión y TeleSUR ponen al aire para decir y mostrar lo que los medios hegemónicos ni dicen ni muestran. Siento como si estuviera en Gaza en el momento en que las cobardes Fuerzas de Defensa Israelí (FDI) hacen saltar por el aire un edificio de doce pisos, reducido a llameantes escombros en un abrir y cerrar de ojos, cegando quien sabe cuántas vidas, proyectos, ilusiones, anhelos de gentes cuyo único pecado era ser palestinos y en donde, presumiblemente, habitada un jefe militar de Hamas. Es un insulto a la inteligencia aducir que un personaje de ese rango estaría, en medio de la agresión israelí, sentado confortablemente en su casa disfrutando del paisaje del Mediterráneo mientras conversaba con su familia. Cobardes, repito, porque quienes así actúan no son guerreros –que antaño compartían un código de honor- sino feroces asesinos que desde sus aviones, drones, helicópteros, tanques, buques de guerra descargan su violencia genocida sin arriesgar su pellejo mientras perpetran sus crímenes. Para justificarse, el gobierno israelí dice que todo es respuesta al infame secuestro y muerte de tres jóvenes colonos judíos en la Ribera Occidental, aunque no hay pruebas definitivas al respecto. Pero aún si las hubiera, la astronómica desproporción de las víctimas condena sin atenuantes a las hienas que desde Tel Aviv y Jerusalén gobiernan en Israel. La maldad e inhumanidad de esta pandilla dirigente no tiene límites, y en una repugnante involución genética –una kafkiana metamorfosis- se convirtieron en la actual reencarnación de Hitler y su horda asesina. Bombardean Gaza con más saña que la que emplearan las tropas nazis para destruir el Gueto de Varsovia, y el ataque de su aviación es infinitamente más letal que el que Hitler, con la complicidad de Mussolini y Franco, ordenara para destruir a la heroica Guernica en Euskadi.
Pero su inmenso aparato propagandístico, extendido como una plaga infecciosa por casi todo el mundo, nos informa que las hienas habían advertido a los gazatíes que deberían marcharse, que la vecindad  sería atacada en pocos minutos más. ¡En pocos minutos más! ¿Cómo hacer para abandonar en tan breves instantes un hogar, porque se trata de un hogar, no de una guarida? Un hogar con niños, con ancianos, con hombres y mujeres aterrorizados por la infernal orgía de sangre desatada desde hace varias semanas. Pero aún si pudieran hacerlo: ¿adónde irían? Si todos saben que no hay lugar seguro en Gaza, que ni siquiera las mezquitas o las escuelas de la ONU, para no hablar de los hospitales, son refugio seguro contra la barbarie de las FDI. ¿Dónde podían ir? ¿Al Greenwhich Village, al Central Park, al Upper West Side neoyorkino, al Barrio Latino de París, a Trafalgar Square en Londres ? Están atrapados y no tienen escapatoria. Son como los animales de laboratorio, víctimas condenadas a morir en un experimento de “limpieza étnica” meticulosamente planificado, como hacía el monstruoso doctor Josef Mengele con los judíos en el campo de concentración de Auschwitz. Gentes condenadas a estallar por los aires, ante la indiferencia de los custodios de la “civilización occidental y cristiana” que se nutre de la noble tradición judía sobre la cual vomitan los actuales gobernantes de Israel.    
Ante tanta barbarie flota un silencio cómplice, como el que hubo cuando Hitler masacraba a seis millones de judíos ante la pasividad generalizada de Occidente. Silencio de los gobiernos pero silencio aún más pesado e insoportable, en el caso argentino, de los intelectuales judíos –inclusive de quienes son conocidos por sus posturas progresistas y, en algunos casos, de izquierda- que salvo pocas y honrosas excepciones se han llamado a un mutismo absoluto que no los librará de su responsabilidad ante la historia y los pueblos.[1] Tan vergonzosa ha sido su capitulación que quedaron situados a la derecha de Mario Vargas Llosa, que criticó con durísimos términos la conducta del régimen israelí a quien acusó de convertirse de víctima en victimario. En Israel, en cambio, no son pocos los que haciendo honor a la gran tradición humanista del judaísmo han venido denunciando públicamente la “limpieza étnica” y los crímenes de guerra del régimen de Netanyahu. Y para honor de Nuestra América hubo miles de personas que firmaron el Manifiesto titulado “En Defensa de Palestina” propiciado por una iniciativa del Presidente Evo Morales y promovido por la Red en Defensa de la Humanidad. Pero en Gaza la muerte sigue su curso, y la putrefacción del sistema de Naciones Unidas muestra toda su ineptitud para detener esta carnicería. Los medios hegemónicos, a su vez, pretenden re-editar la teoría de “los dos demonios” y mostraron días pasados la foto de un niñito israelí, hijo de inmigrantes argentinos, muerto a causa de un ataque de Hamas. Se lo presenta luciendo una camiseta de la selección argentina de fútbol y cualquier persona de buenos sentimientos no puede sino horrorizarse ante una vida tronchada de esa manera, por culpa de la violencia desatada por sus propios gobernantes. Pero esa misma prensa no exhibe fotos similares de los niños palestinos cuando aún estaban vivos; sólo los muestran una vez que están muertos. No se trata de jóvenes vidas segadas criminalmente sino de una interminable sucesión de imágenes horrorosas de niños despanzurrados, reventados, acribillados. En un cierto sentido se los presenta como si jamás hubiesen estado vivos, como sí lo hicieron en el caso  del niño israelí. El metamensaje sería algo así como que los palestinos siempre estuvieron muertos; esto, lo de Gaza hoy, no es sino la confirmación de algo que ya sabíamos, que estaban muertos y por lo tanto no se puede hablar de asesinato. En cambio el otro, el israelí, estaba vivo y unos desalmados lo mataron.
El infierno gazatí ha producido un sinfín de monstruosas aberraciones. Entre ellas hay una que no ha tenido la atención que se merece y que ha sido destacada por un agudo analista norteamericano, el profesor Immanuel Wallerstein. Según él, resulta que el “Califato del Estado Islámico”, a veces también llamado ISIS o ISIL, parecería ser “la fuerza militar más entrenada y comprometida de la región” a excepción, claro está, del ejército israelí. La pregunta que surge de inmediato es la siguiente: ¿cómo es esto?, ¿quién reclutó, financió, armó y entrenó a una fuerza militar tan poderosa? La respuesta es clara: Estados Unidos, sus “lamebotas” europeos y sus compinches en las reaccionarias e hipercorruptas monarquías del Golfo Pérsico. ¿Por qué lo hicieron? Porque querían producir un “cambio de régimen” (léase: golpe de estado) para acabar con el gobierno de Bashar al-Asad en Siria y para eso armaron un ejército de mercenarios, una verdadera “armada Brancaleone” en la cual agruparon a matones, ladrones, violadores, prófugos de la justicia y mercenarios de todo tipo y pelaje que los aparatos ideológicos del imperio rápidamente ennoblecieron -como lo hicieran con los “rebeldes” en Libia, y antes en Nicaragua- llamándolos “combatientes por la libertad”. Con esta manipulación informativa pretenden disimular lo que no es otra cosa que un sangriento asalto al poder y la destrucción de un país como si fuera una “guerra civil” entre un régimen despótico y unas buenas almas democráticas y libertarias, que lo combaten con las armas y la cobertura política y mediática que le proporcionan los gobiernos -¡malditos gobiernos, una y mil veces malditos!- de Occidente, entendido éste no como un dato geográfico sino como la expresión geopolítica de la dominación del capital en el plano mundial. Receta probada “exitosamente” en Libia y en Irak y que desde hace poco más de tres años desangra a Siria, que el imperio necesita subordinar para aislar a Irán y entorpecer los planes de Rusia en la región. Y como la historia tiende a repetirse días pasados el Califato decapitó públicamente al periodista estadounidense James Wright Foley, y amenaza con convertir esta bárbara práctica en una rutina periódica como respuesta al nuevo bombardeo de Washington en Irak. Ocurre con ese nefasto engendro de Occidente lo mismo que antes sucediera con Saddam Hussein, con Osama bin Laden, con Netanyahu y la dirigencia neonazi del estado de Israel: Estados Unidos y sus clientes arman a estos rufianes hasta los dientes –en el caso de Israel, con un impresionante arsenal nuclear- para que sirvan como peones de sus estratagemas geopolíticas para luego observar, impotentes, como, sus creaturas se independizan de sus creadores y se convierten en sus enemigos o, en el caso de Israel, en incontrolables y criminales aliados. Se confirma así la tesis de que el imperialismo es una máquina imparable de crear monstruos políticos que asolan pueblos enteros y que, tarde o temprano, se vuelven contra sus creadores.  
La súbita irrupción del Califato y sus crímenes transmitidos en tiempo real es otro desafío ante el cual no podemos permanecer en silencio y que debemos condenar sin atenuantes. Pero ¿cómo harán quienes han sido cómplices de las atrocidades de Israel para rasgarse sus vestiduras ante los crímenes del Califato? ¿Con qué autoridad moral podrían hacerlo? Quienes firmamos el manifiesto “En Defensa de Palestina” podemos juzgarlos y condenarlos, pero quienes callaron ante los crímenes de guerra perpetrados en Gaza deberán permanecer en silencio, ahora y siempre. Su autocastración moral es una desgracia, no sólo para ellos, sino para la humanidad. Y es irreparable. Recuerdo una frase que me impresionó de la Divina Comedia. Es la que el Dante colocó a la entrada del Séptimo Círculo del Infierno. Decía textualmente: “este lugar, el más horrendo y ardiente del Infierno, está reservado para aquellos que en tiempos de crisis moral optaron por la neutralidad.” Dicho en términos actuales, ese horrendo y ardiente lugar está reservado para quienes ante los crímenes del estado de Israel optaron por el silencio. Para siempre.


[1] Hay que destacar algunas alentadoras excepciones: Bolivia y Venezuela rompieron relaciones con Israel mientras que Chile, Ecuador, Brasil y Perú han llamado a consultas a sus embajadores en Tel Aviv. La República Bolivariana de Venezuela, además, ha enviado una importante ayuda humanitaria para los habitantes de Gaza. Pero aún está sin revisar el Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur e Israel.

lunes, 25 de agosto de 2014

Buenas noticias

Muy satisfactoria la reunión que tuve sobre Abdala. Aporté los elementos que tengo y mis ideas al respecto. Se va a hacer un análisis de la situación de los Estudios y se tomarán las medidas que en su caso correspondan. Empezando por acabar de definir dónde están y hacia dónde se dirigen.
Estoy optimista y agradezco mucho mucho (pero mucho) todas las muestras de apoyo y solidaridad con los estudios Abdala y con la Cuba que los construyó y los defiende.
Silvio Rodríguez
25 de agosto de 2014, 10:57

Sobre denuncia de Silvio, Abdala, Martí, Cuba, ayer, hoy y mañana

Fidel Díaz
El Diablo Ilustrado
Circula por los casi infinitos campos de Internet un texto publicado por Silvio Rodríguez en su blog Segunda Cita en el que denuncia el corte de electricidad a los Estudios Abdala por problemas con el pago, que provienen de otros males como un traslado de institución, entre otros (porque seguramente habrá una cadena de causas).
Ojo: las trasformaciones económicas que hacemos en el país se están tomando por no pocas personas (en todos los niveles), como un proceso radical inverso, o sea, ir desde un país que ponía todo en función de un sueño -al costo que fuese, aunque nos desfondáramos-, hacia otro donde todo se reduce a un problema matemático, o sea “sacar cuentas y recuentas” y lo que no sume al bolsillo se rechaza. Si fuéramos hacia ese dos más dos son cuatro, estaríamos construyendo un capitalismo más para la lista de la infamia destructora mundial.
Parece escrito ahora mismo esto que nos dejó José Martí:
“¿Quién es el ignorante que mantiene que la poesía no es indispensable a los pueblos? Hay gentes de tan corta vista mental, que creen que toda la fruta se acaba en la cáscara. La poesía, que congrega o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba las almas, que da o quita a los hombre la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta les proporciona el modo de subsistir, mientras que aquélla les da el deseo y la fuerza de la vida. ¿Adónde irá un pueblo de hombres que hayan perdido el hábito de pensar con fe en la significación y alcance de sus actos? Los mejores, los que unge la naturaleza con el sacro deseo de lo futuro, perderán, en un aniquilamiento doloroso y sordo, todo estímulo para sobrellevar las fealdades humanas; y la masa, lo vulgar, la gente de apetitos, los comunes, procrearán sin santidad hijos vacíos, elevarán a facultades esenciales las que deben servirles de meros instrumentos y aturdirán con el bullicio de una prosperidad siempre incompleta la aflicción irremediable del alma, que sólo se complace en lo bello y grandioso.
“La libertad debe ser, fuera de otras razones, bendecida, porque su goce, inspira al hombre moderno -privado a su aparición de la calma, estímulo y poesía de la existencia- aquella paz suprema y bienestar religioso que produce el orden del mundo en los que viven en él con la arrogancia y serenidad de su albedrío. Ved sobre los montes, poetas que regáis con lágrimas pueriles los altares desiertos.
“Creíais la religión perdida, porque estaba mudando de forma sobre vuestras cabezas. Levantaos, porque vosotros sois los sacerdotes. La libertad es la religión definitiva. Y la poesía de la libertad el culto nuevo. Ella aquieta y hermosea lo presente, deduce e ilumina lo futuro, y explica el propósito inefable y seductora bondad del universo.”
Nuestro proceso de “perfeccionamiento económico” tiene que lograr la eficiencia económica, pero ella no puede ser el fin, sino un medio: lograr la eficiencia económica para… claro, para que la gente viva materialmente mejor, pero sobre todo para que su nivel de vida “poético” sea muy superior. O sea, para que tengamos un día ese pueblo culto, que empezó a tejer Martí, que Fidel (con la proeza de un pueblo) comenzó a implementar desde la campaña de alfabetización y que hoy se expande por toda la América Nuestra y Nueva. Tiene que ir, a la par (y como fruto de) una economía sustentable y eficiente, un desarrollo (imprescindiblemente espectacular) en la cultura del pueblo; por lo cual las cuentas tienen que ser en términos de números, y de memoria, y de sueños, y de poesía, y de raíces. Sino, en el ansiado caso de que lográramos un país de bonanza económica, lo conseguiríamos con la destrucción espiritual (que ya no es escasa) y cabría entonces decir como advirtiera Martí del  monstruo -al que le conoció muy bien las entrañas-: “maldita sea la prosperidad a tanta costa”. Y ese es el peligro que nos acecha si, buscamos la eficiencia,
el desarrollo, tomando acríticamente mecanismos foráneos; aunque creo que estamos dando pasos económicos creativamente, analizando y hurgando en nuestra realidad y posibilidades, debemos tener un bombillo rojo de alerta en todo momento con las fuentes de creación espiritual, que resulta de vida o muerte para la salvación de la nación cubana. Nuestros medios, y muchos funcionarios, en las instituciones, centros de trabajos, medios masivos, ponen constantemente el acento en la prosperidad económica cual si en eso consistiese la nueva utopía. Con ese dicurso lo que debe ser “el medio de”, se convierte en “el fin”. Y esto va tejiendo automáticamente una ideología pragmática, de acumulación de objetos, de “lucha tu yuca, taino” como dice el trovador Ray Fernández. Muy peligroso, y cabe retornar a José Martí que nos alerta:
“Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento. Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad. / Y si hay esta diferencia de organización, de vida, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa, y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos se legislan? / Imitemos. ¡No!—Copiemos. ¡No!—Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.—Creemos, porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes? / Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa!”.
Creo que debemos estudiar el proceso Revolucionario, especialmente el menos estudiado y màs necesario ahora, el que viene desde enero del 59 hacia acá, con profundidad, hurgando en los errores, desde (como diría Pablo, en aquella canción que hizo con Silvio) “la gloria que se ha vivido” y hurgar también en todo lo que se empezó a tejer creativamente que quedó malogrado en los disimiles y difíciles caminos. Tenemos un país con un potencial intelectual tremendo que pudiera lograr ese empeño que no quiero llamar más económico, sino económico-cultural.
Ojo: Con esto que está ocurriendo con Abdala (y vengan Martí nuevamente a dar nombre a esos Estudios de grabación con esa obra
dramática donde precisamente defiende a la patria por encima de sus amores íntimos, y qué hermoso –déjenme seguir con incidentales asociadas- que un grupo de jóvenes representara precisamente esa obra en la cúspide del Pico Turquino, hace unos días por el cumpleaños de Fidel), Ojo, pues lo de Abdala es un simple (o no tan simple) ejemplo.
Por error o de concepción o de aplicación, o de tergiversación o burocracias, se toman medidas tajantes en disímiles lugares que pueden estar tronchando procesos culturales en los que va la vida espiritual de la nación. Música auténtica hace falta en cantidades galácticas y que le llegue a la gente: la contaminación sonora y espiritual global está a niveles tales de descerebramiento y descorazoniamiento y desmemoria, que espanta.
Se sabe que no es fácil proteger, salvar, la cultura en una era inculta, donde se ha globalizado la seudocultura consumista,
depredadora de la cultura auténtica de los pueblos, y del espíritu humano; y menos fácil para un país al que le han llovido cercos económicos, ideológicos, imperiales; pero defendiéndonos de ellos hemos tejido nuestros propios cercos, que debemos romper; pero “ojo” no se trata de botar el sofá, no se trata de desideologizarnos, sino de reideologizarnos desde una cultura más honda, más libre. Se hace difícil salvar la cultura, pero hay que salvarla, porque es la única forma de salvar a la gente, necesitamos y mucho, la prosperidad económica del pueblo; no para que el pueblo tenga, sino para que el pueblo sea. Hemos sorteado esos temporales precisamente con ideas, como para dar la razón a José Julián cuando llevó al extremo su ideal
diciendo: sin pan se vive, sin amor no. Cierto que nos viene muy bien el pan, pero sin amor no. Me cabe decir ya como Violeta Parra:
y más no cántico, porque no quiérico:
tengo flojérica en los zapáticos,
en los cabéllicos, en el vestídico,
en los riñónicos y en el corpíñico.
Aquí la letra de la canción “El problema” del propio Silvio Rodríguez acompañando al problema real que tiene (que tenemos) ahora  y que denuncia en su blog Segunda cita

El problema
Autor: Silvio Rodríguez

El problema no es
si te buscas o no más problemas.
El problema no es
ser capaz de volver a empezar.
El problema no es
vivir demostrando
a uno que te exige
y anda mendigando.
El problema no es
repetir el ayer
como fórmula para salvarse.
El problema no es jugar a darse.
El problema no es de ocasión.
El problema, señor,
sigue siendo sembrar amor.

El problema no es
de quien vino y se fue o viceversa.
El problema no es
de los niños que ostentan papás.
El problema no es
de quien saca cuenta y recuenta
y a su bolsillo
suma lo que resta.
El problema no es de la moda mundial
ni de que haya tan mala memoria.
El problema no queda en la gloria
ni en que falten tesón y sudor.
El problema, señor,
sigue siendo sembrar amor.

El problema no es
despeñarse en abismos de ensueño
porque hoy no llegó
al futuro sangrado de ayer.
El problema no es
que el tiempo sentencie extravío
cuando hay juventudes
soñando desvíos.
El problema no es
darle un hacha al dolor
y hacer leña con todo y la palma.
El problema vital es el alma.
El problema es de resurrección.
El problema, señor,
será siempre sembrar amor.

(1991)

domingo, 24 de agosto de 2014

Abdala de nuevo sin corriente

Los estudios Abdala en estos momentos están sin electricidad. Segunda vez en unos pocos meses.
La Empresa Eléctrica ha decidido suspenderle el servicio por falta de pago.
Abdala no puede pagar porque desde hace ocho meses está en proceso de traslado al Ministerio de Cultura, trámite que no acaba de concretarse por razones ignotas.
Hace unos días un viceministro de cultura dijo que no puede pagar la deuda eléctrica de Abdala porque las empresas deben pagar sus propias deudas.
Los estudios estaban funcionando y han tenido que parar. A partir del próximo lunes hay contratos para servicios que pueden reportarle a nuestro país unos cuantos miles. Abdala no podrá aportarlos por esta situación. Tampoco podrá pagar sus deudas y, por supuesto, seguirá deteriorándose como empresa.
Parece “un plan del enemigo”, pero no es la CIA.
Abdala, que fue un proyecto aprobado y supervisado por el Comandante en Jefe Fidel Castro, agoniza con la complacencia de muchos funcionarios que conocen su situación y no hacen nada.
Algunos de estos funcionarios de Cultura nunca perdonaron la existencia de Abdala. En vez de ver a estos estudios como un aporte a la Cultura, sintieron que se hacían para poner en evidencia su incompetencia. Los que piensan así no son músicos, y si alguno lo fue dejó de razonar como tal.
Llevo mucho tocando puertas que no se abren y hablando a oídos que no escuchan. No crean que no siento vergüenza de confesar esto públicamente. Pero más vergüenza me va a dar cuando vea los estudios en ruinas.
Silvio Rodríguez
Recomiendo además el texto "Silvio y las instituciones" de Iroel Sánchez que acompaña la nota en su blog

La guerra y la Ucrania que yo conocí

Edificio principal de la Universidad Taras Schevchenko de Kíev, donde radicaba la Facultad de Filosofía. Vista desde el parque del mismo nombre.
Enrique Ubieta Gómez
Durante los últimos meses he seguido con angustia la guerra fratricida en Ucrania. Muchas personas me han preguntado si no me animo a escribir sobre esos acontecimientos. Pero no había podido distanciarme lo suficiente, la tristeza me paralizaba. Soy uno de los miles de jóvenes cubanos que estudiaron su carrera universitaria en ese país, cuando formaba parte de la Unión Soviética. Aunque fui, como todos, novio por un tiempo de una  kievlana (de nacionalidad rusa, aunque había nacido y vivía en Ucrania; una manera de entender la nacionalidad “por la sangre”, que es propia de los estados del Viejo Mundo y muy diferente a la nuestra), me uní después a una estudiante cubana con la que tuve mi primer hijo, que nació por cierto en Kíev.
La capital ucraniana fue el centro de la civilización que engendró a los modernos rusos, bielorrusos y ucranianos, la capital de una federación de tribus eslavas orientales denominada la Rus de Kíev, que existió desde mediados del siglo IX hasta el siglo XII. Durante mis años de estudio, la vieja capital celebró su cumpleaños 1 500 (cuando se fundaron las primeras villas en Cuba, ya Kíev tenía una historia de más de mil años). Sus iglesias y monasterios son las edificaciones más antiguas, porque las construcciones civiles de aquella lejana época eran de madera, el mejor antídoto al frío, y sucesivas guerras incendiaron y destruyeron ese legado. Pero la ciudad es hermosa, amable.
Los estudiantes cubanos supimos allí lo que son las estaciones del año. Recuerdo la euforia de la primera nevada de nuestras vidas, el descubrimiento de que la nieve cae en pequeñísimos cristales de múltiples formas –hay veces la temperatura no es aún la suficiente y se derriten al caer, mojándonos como la lluvia, pero otras, puede uno capturarlos y observarlos con detenimiento–; la decepción inicial con la primavera que se presenta como fango, provocado por la lluvia y el deshielo, pero que luego sorprende al distraído que no se ha fijado en los retoños, pequeñísimos, con una súbita irrupción de hojas y flores por doquier; los veranos, de un calor seco, desconocido, alegre porque se acaba el curso escolar y las personas caminan mirándose a los ojos, con ropas ligeras, descubriendo en el entorno urbano los detalles arquitectónicos de los pisos superiores de cada edificio, que hasta entonces no se habían visto (en invierno se camina contraído, mirando a los pies) y por fin, las siluetas auténticas de las muchachas que nos han acompañado en las horas de estudio; pero los otoños eran particularmente hermosos en Kiev: una ciudad llena de alamedas y de parques, que estallaba en los colores de la muerte, singularmente bellos en los matices del dorado, el amarillo y el marrón, y llenaba sus aceras de hojas gigantes. Dos sonidos duermen en mi memoria como tesoros de juventud: el de las pisadas en la nieve (que es como pisar maisena) y el insistente graznido de los cuervos. Un monumento en una de sus plazas homenajeaba a un ucraniano quizás polémico: Bogdán Jmelnitsky. Fue un líder cosaco que se rebeló frente al dominio polaco-lituano, y firmó un pacto de integración con el zar ruso. Es decir, que un año después de finalizados mis estudios, la ciudad y todo el país celebró –más allá de cualquier opinión favorable o no sobre la decisión de Jmelnitsky y sus seguidores– el 300 aniversario de la unión moderna de Rusia y Ucrania. La llamada Gran Guerra Patria frente al nazi fascismo, hay que decirlo, había sellado también la unión, en la muerte y en la victoria, de rusos y ucranianos.
Kiev era ruso parlante, aunque un por ciento no despreciable de su población se entendía en ucraniano. En el mercado agropecuario los vendedores que llegaban de las zonas rurales del oeste, solo se expresaban en ese idioma. Pero a pesar de que los letreros de los establecimientos públicos no oficiales en la ciudad estaban en ucraniano (los oficiales, en los dos idiomas), el ruso dominaba. La no confiable Wikipedia, sin embargo, lo ratifica: “Según una encuesta del año 2006, el ucraniano se utiliza en los hogares de Kiev por un 23%, frente a un 52% que dice utilizar la lengua rusa y un 24% que utiliza ambos idiomas”. El ruso y el ucraniano –discúlpeseme el símil, probablemente absurdo– son lenguas tan parecidas y tan diferentes como el castellano y el portugués. Las clases en la Universidad se impartían en ruso, aunque algunos profesores nacionalistas lo hacían en ucraniano –a contrapelo de las indicaciones del Rector–, para disgusto de muchos estudiantes soviéticos (y de nosotros, claro) que apenas hablaban esa lengua. Entre los estudiantes, también había nacionalistas ucranianos.
Una leve, casi imperceptible –para ojos no avisados– tensión, se respiraba entre los de uno u otro origen. En mi grupo no eran pocos los estudiantes nacidos en Kiev u otras ciudades de Ucrania, cuyos pasaportes indicaban que pertenecían “por sangre” a otras nacionalidades soviéticas o europeas (el pasaporte soviético marcaba varios acápites para nada congruentes: lugar de nacimiento y de residencia, nacionalidad y ciudadanía, de manera que usted podía haber nacido en Georgia –y haber vivido su niñez allí–, ser alemán y ciudadano soviético, pero residir en Ucrania, con esposa ucraniana e hijos que heredaban una nacionalidad ajena al lugar en que nacían); para estos, el idioma ruso era el elemento unificador. Lo que podía ser mal percibido en las ex colonias del imperio ruso. Y mal asumido por algunos nostálgicos ex colonialistas (el llamado nacionalismo ruso, que en la actualidad juega un importante papel unificador en esa gran nación, no es ajeno al espíritu imperial). ¿Qué acápites diferenciadores marcarán en la actualidad los pasaportes de la nueva Ucrania?
Pero el nacionalismo ucraniano, frente al nacionalismo ruso de matriz cristiano ortodoxa, se refugiaba en una pretendida occidentalidad. En la época soviética se expresaba en muchos casos –y era alentado así por Occidente– como oposición al socialismo. Cuando la Unión Soviética se desintegró, Ucrania alcanzó una independencia que nunca había disfrutado, más que en brevísimos períodos de su historia moderna. Heredaba espacios de territorio que habían pertenecido a Polonia y a otros estados limítrofes –algo usual en el contexto europeo–, y la península de Crimea, cedida en 1954 por Rusia, obsequio de un Secretario General ucraniano del PCUS. En mis años de estudiante visité la hermosa ciudad de Lvov, al oeste del país, y comprobé en su cementerio que las lápidas mortuorias más antiguas están escritas en polaco. Una vez constituida en República independiente, el ucraniano se convirtió, como era lógico, en la única lengua oficial y obligatoria del país, aunque en las calles una gran parte de la  población seguía hablando en ruso.
Unos economistas cubanos, condiscípulos de la Universidad de Kiev, regresaron a la ciudad como representantes de una empresa cubana. Me contaron a su regreso que en las reuniones oficiales estaba prohibido hablar en ruso. A duras penas se entendían con la contraparte ucraniana en un inglés chapucero que ninguno –de aquí o de allá– hablaba bien. Cuando finalizaba la reunión eran invitados a tomarse unos tragos en un ambiente distendido y extraoficial; entonces, al fin, todos se explayaban en ruso, y en esa lengua se aclaraban las dudas. A diferencia de la embajada rusa en La Habana, que mantiene una relación estable con las decenas de miles de ex estudiantes cubanos que pasaron por sus universidades, la de Ucrania nunca se interesó por convocar a sus discípulos. La situación resultaba ambigua: habíamos estudiado en territorio ucraniano, guardábamos hermosas vivencias de juventud en aquel país, muchos incluso se habían casado con ucraniano(a)s, pero hablábamos ruso, no ucraniano.
Guardo una última foto en Kiev, a dónde regresé por unos días antes de que dejara de ser parte del sueño soviético: me encontraba entre las fuentes de la hoy Plaza de la Independencia –entonces era Plaza Lenin y su estatua, frente al entonces hotel Ucrania presidía la explanada–, donde se iniciaron los motines auspiciados en plena calle por emisarios estadounidenses. La guerra entre los nacionalistas del oeste (instigada por los magnates ucranianos cuya fortuna está en Occidente y el imperialismo norteamericano, que desea acorralar a Rusia) y los pro rusos, en su mayoría de ese origen nacional (cuyos representantes en el Gobierno eran también magnates cuya fortuna se encuentra en Rusia), es fratricida. El ruso y el ucraniano son pueblos de una misma matriz cultural que han convivido durante siglos. La economía de las dos naciones está íntimamente relacionada. No puedo diferenciar a mis condiscípulos como rusos o ucranianos: sus rostros jóvenes, apresados en fotos de aquellos años, solo revelan el candor, la alegría, el carácter, de unos estudiantes con hondas raíces históricas y biográficas en el territorio de Ucrania. Duele prever la desintegración o la parcelación de ese país rico en recursos naturales y en gente de bien. Parece difícil que vuelva a pisar sus calles, que alguna vez regrese a los rincones de mi primera juventud. Que vuelva la paz y la fraternidad a Kiev, la ciudad donde nació mi primer hijo.

jueves, 21 de agosto de 2014

Estrenarán en Cuba documental sobre la gira de Silvio Rodríguez por los barrios

"Canción de barrio", documental que recuenta los dos primeros años de la "gira interminable" del cantautor Silvio Rodríguez por barrios cubanos, se estrenará en la Sala Charles Chaplin de la Cinemateca de Cuba.
La premier del filme, dirigido por Alejandro Ramírez Anderson, está programada para el jueves 28 de agosto a las 8:00 pm.
Ramírez, junto a su equipo, ha sido parte del recorrido del trovador desde el primer concierto en La Corbata hace ya 4 años. La mitad de esta trayectoria de más de 50 conciertos se cuenta en la voz de no pocos protagonistas: los artistas, seguramente, pero en primerísimo lugar la gente del barrio, cuyo testimonio es la "canción" que hace a Silvio sentir este proyecto más como necesidad que como aventura.
El documental de 80 minutos, resultado del esfuerzo de los Estudios Ojalá y Producciones Canek, narra en consonancia con el ritmo en que late la vida de los barrios cubanos. Un ritmo que se debate entre lo acelerado y, con demasiada frecuencia, lo melancólico.

Cretino televisivo Eduardo Inda desmiente informes de UNICEF y la FAO: asegura que en Cuba la infancia está desnutrida

Eduardo Inda
José Manzaneda, coordinador de Cubainformación
Los últimos informes de UNICEF confirman que Cuba es la única nación de América Latina sin desnutrición infantil severa (1). Juan José Ortiz Brú, representante durante años de esta organización, ha reconocido en numerosas ocasiones la situación de privilegio de la infancia cubana en el contexto de los países de América Latina. "Es increíble. Aquí (en Cuba) no hay redes de maltrato, de prostitución, de exclusión. No hay niños teniendo que ganarse la vida en la calle vendiendo chucherías, o limpiando los parabrisas de los carros. Tampoco hay ningún niño que esté trabajando. Es decir, la calidad de vida -la calidad de vida, no el nivel de vida- de la infancia cubana es un logro único, único", decía el español Juan José Ortiz Brú a la prensa cubana (2).
Pero los reconocimientos a Cuba por parte de UNICEF no llegan a la opinión pública internacional, permeable, sin embargo, a los disparates sobre este tema que son vertidos en algunas tertulias televisivas. Eduardo Inda (3), periodista del diario El Mundo y habitual tertuliano de varias cadenas de televisión españolas, se atrevía a contradecir a UNICEF y aseguraba -sin que nadie le rebatiera- lo siguiente: "Yo conozco Cuba, y en Cuba (las niñas y los niños) están desnutridos, malnutridos" (4).
Ninguno de los grandes diarios, radios o canales televisivos españoles han publicado una línea sobre el reconocimiento que recibió el Gobierno cubano, en marzo de 2014, de parte de la FAO, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, por sus logros contra el hambre (5). Tampoco informaron de la carta que el Director General de la FAO, José Da Silva, envió un año antes al expresidente cubano Fidel Castro, felicitando a su país por el mismo motivo (6).
Por el contrario, cientos de miles de personas han podido escuchar las explicaciones tan "científicas" del tertuliano Eduardo Inda sobre cómo se detecta la desnutrición infantil en Cuba: "Los niños en Cuba, en general, son niños muy delgados, a los cuales se les marcan las costillas. ¿Por qué? Porque no se les da de comer".
Los informes, los reconocimientos y las declaraciones de representantes de UNICEF o de la FAO no dejan lugar a dudas sobre este tema. Tampoco ocultan los problemas y dificultades a superar en Cuba en materia de alimentación: la aún escasa producción agrícola nacional, los altos precios en los mercados agropecuarios, o la poca variedad de la dieta alimenticia (7).
Pero el valor de estos informes reside, fundamentalmente, en que comparan la situación de Cuba con la de otros países con niveles similares de desarrollo económico, pero con un sistema de economía capitalista, y en los que el hambre y la desnutrición infantil sí son una realidad documentada y verificable (8). Aunque esta no nos la cuenten cretinos televisivos como Eduardo Inda.
"Las políticas públicas en favor de la infancia han sido una prioridad (en Cuba) desde hace muchos años, lo que ha conseguido algo verdaderamente inaudito en el mundo en desarrollo: que de los cientos de millones de niños y niñas que sufren gravísimas vulneraciones de sus derechos -muchos mueren diariamente por causas absolutamente evitables- ninguno sea cubano". Juan José Ortiz Brú, exrepresentante de UNICEF para Cuba (9).

NOTAS:
(1) http://www.eldiario.com.ar/diario/internacionales/78484-cuba-sin-desnutricion-infantil.htm
(2) https://www.youtube.com/watch?v=NvWnvOeDbdY
(3) http://es.wikipedia.org/wiki/Eduardo_Inda
(4)                      http://www.lasexta.com/programas/al-rojo-vivo/noticias/inda-contesta-iglesias-cuba-ninos-estan-malnutridos-porque-les-dan-comer_2014071800159.html
(5)                      http://www.rlc.fao.org/es/paises/cuba/noticias/cuba-recibio-reconocimiento-de-la-fao-por-haber-erradicado-el-hambre/
(6) https://www.youtube.com/watch?v=84GviPmmnHw
(7) http://www.cubadebate.cu/opinion/2014/03/10/agricultura-encuba-donde-esta-la-papa/
(8)                        http://www.oxfamintermon.org/es/campanas-educacion/entrevista/entrevista-hambre-cronica-en-guatemala-no-es-solo-un-problema-de-justi
(9) https://www.youtube.com/watch?v=5r6lg6n2mjE

Los “agronegocios”,el control del dólar y las amenazas a la soberanía económica de la Argentina

Atilio A. Boron
A diferencia de otros países de América Latina, la historia económica argentina presenta como uno de sus rasgos más distintivos la periódica aparición de restricciones en el sector externo ocasionadas por la escasez de dólares para sostener las necesidades de la importación y, en mucho menor medida, el ahorro de las capas medias. En estos días se ha conocido, si bien no de manera oficial y explícita, que el puñado de gigantescas cerealeras que controlan la producción y exportación de granos y oleaginosas de este país sólo han procedido a vender poco más de la tercera parte de la última cosecha: un 37 por ciento. En otras épocas a esta altura del año ya habían liquidado las dos terceras partes, pero esta vez tal cosa no ocurrió. Al actuar de esta manera las multinacionales dominantes en el sector han disminuido significativamente el aporte de dólares a la economía argentina que, como es bien sabido, ha sufrido en las últimas décadas un acentuado proceso de internacionalización y de concentración en manos de grandes oligopolios extranjeros, todo lo cual intensifica la demanda de la divisa estadounidense en las más diversas ramas de la actividad económica.
Son varios los factores de orden especulativo que explican esta conducta. En primer lugar, al promover una devaluación del peso se aumenta la rentabilidad de los sectores agrarios, mecanismo archiconocido y archiprobado para propiciar una transferencia de ingresos desde asalariados y consumidores hacia el capital más concentrado y sus aliados. Los“agronegocios” comandados por las megacerealeras, con Cargill a la cabeza, y sus socios terratenientes adoptaron esta conducta acicateada por todos los informes técnicos que pronosticaban la continuidad de la tendencia bajista de la soja y como una manera de resarcirse de las pérdidas que aquella podría ocasionar con una fuerte devaluación del peso. Ante ella había otra alternativa: vender lo antes posible y evitar un mayor deterioro del precio de la oleaginosa. Pero optaron por retener sus ventas, estimulados por los consejos de los desprestigiados “gurúes” de la citiporteña que aconsejaron no vender la cosecha porque la devaluación del peso sería inminente.Este comportamientodemuestra la falsedad de las afirmaciones que aseguran que “el campo está endeudado”, como dicen sus apologistas, porque si lo estuviera sus agentes venderían la totalidad de la cosecha para salvar sus deudas. Y se demuestra asimismo el carácter fuertemente especulativo del comportamiento del complejo del “agronegocios” y, por otra parte, la incomprensible indefensión en que se encuentra el estado nacional ante sus maniobras que lo convierten, de hecho, en un factor de desestabilización económica al imponer una política como la devaluación del peso, contraria a la promovida por el gobierno nacional.
En otras palabras, la estructura y lógica de funcionamiento del sector agrario muestra la existencia de una coalición dotada de una formidable capacidad de extorsión sobre el gobierno nacional. En el centro de esta telaraña de intereses rurales se encuentra un puñado de gigantescos oligopolios entre los que sobresalen, aparte de la ya mencionada Cargill,  Bunge, ADM, Louis DreyfusCommodities, AGD, Molinos Río de la Plata, Nidera, Molino Cañuelas, Los Grobo Agropecuaria y Aceitera General Deheza. El segundo círculo de esta alianza lo conforman una vieja y nueva gran burguesía terrateniente (esta última, procedente del intenso proceso de desmonte y ampliación de la frontera agrícola y la desposesión de las comunidades tradicionales y los pueblos originarios);y el tercero es un vasto pero decreciente, debido al veloz proceso de concentración de la propiedad fundiaria, conglomerado de medianas y pequeñas propiedades agrícolas atrapadas por una formidable revolución tecnológica que las ata de pies y manos al grupo de empresas multinacionales dominantes del complejo. Este núcleo hegemónico asienta su primacía por su colosal dimensión empresarial, de alcance planetario; porque detenta el monopolio de la tecnología alimentaria de última generación y porque tiene en su poder la llave que abre la puerta de los mercados mundiales y, por eso, está en condiciones de fijar el precio de los granos, de conceder préstamos a los sectores más débiles del complejo –desplazando progresivamente de esa función al Banco de la Nación Argentina y otras entidades bancarias y abriendo un potencial frente de conflicto entre los “agronegocios” y el sistema bancario en la disputa por la renta financiera-, de transportar y acopiar su cosecha y de proveerles el paquete tecnológico, las semillas, fertilizantes y pesticidas para comenzar la siguiente campaña. El sector hegemónico de esta alianza es, de lejos, la que se lleva la parte del león de la rentabilidad del sector: vende en el exterior, percibe dólares por sus operaciones y sus gastos locales (sueldos, combustibles, transporte, instalaciones, impuestos) se abonan en pesos.
A diferencia de Chile, en donde los ingresos del principal producto de exportación, el cobre, van a parar al fisco; o de Venezuela, en donde el producido por la exportación petrolera pasa directamente a las arcas del estado, en la Argentina los ingresos de las exportaciones agropecuarias (y las mineras) quedan en manos de empresas privadas y extranjeras. En menor medida esto también se reproduce con las exportaciones industriales. El resultado de esta infeliz ecuación es que las divisas que el país necesita para motorizar su desarrollo, promover el avance industrial, financiar sus programas sociales y satisfacer la demanda interna de dólares está sujeta al arbitrio de un puñado de grandes multinacionales.
Ante ello, la única alternativa razonable para enfrentar la crisis del sector externo es la nacionalización del comercio exterior mediante la creación de una “aggiornada” Junta Nacional de Granos que asuma el control de las exportaciones agropecuarias de la Argentina y corte de raíz el chantaje al que el estado nacional se ve sometido por las multinacionales del “agronegocios”. Organismos de este tipo existen en países que para nada pueden ser acusados por los representantes del “campo” como “populistas”. Nos referimos a Australia, Nueva Zelandia y Canadá, que tienen instituciones de este tipo para regular y monitorear todo lo concerniente a la producción y las exportaciones agropecuarias. Como es bien sabido la Argentina tenía una agencia de este tipo desde 1933, y sobrevivió con distintas restructuraciones y nombres hasta que el gobierno de Carlos S. Menem dispuso la disolución de la misma con el Decreto 2294 de 1991. Desde entonces las actividades regulatorias que antaño ejercía la JNG no desaparecieron, como dicen los apologistas de la desregulación, sino que fueron privatizadas y quien hoy ejerce esas funciones de regulación son las multinacionales cerealeras, lo cual constituye un tremendo disparate.Es decir, se pasó de un control público condicionado por los mecanismos democráticos de la república, a otro de carácter privado, absolutamente descontrolado y que se mueve en función de una estrategia mundial de maximización de beneficios. Y, por eso mismo, esas multinacionales son las que tienen la capacidad para decidir, vía su control de las exportaciones y su estrategia de ventas, cuál será la oferta de dólares con que contará la economía argentina y si esta puede avanzar por la senda del crecimiento o, producto de un estrangulamiento originado en el sector externo, hundirse progresivamente en la recesión.
Por eso, y tal como lo decíamos en un trabajo anterior, la estatización del comercio exterior no puede ser una medida aislada.  Por el contrario, se  necesita un enfoque integral dado que, a diferencia de la vieja JNG, debe:

(a) incluir bajo su jurisdicción a toda la cadena de producción y  comercialización del sistema agroalimentario, hoy controlado por las multinacionales, lo que debería rematar en la creación de una Junta Nacional Agroalimentaria, con las salvedades que plantearemos más abajo;

(b) examinar y promover una reforma impositiva  especialmente diseñada en función de las nuevas realidades del capitalismo agrario y que permita poner en marcha un eficaz sistema de control que evite las sobre y sub facturaciones de los distintos componentes del “agronegocios”; y, finalmente,

(c) re-estatizar los puertos de la Hidrovía Paraná-Paraguay, privatizados por el menemismo y que constituyen verdaderos “estados dentro de un estado” que se prestan para toda clase de maniobras fraudulentas del complejo sojero-cerealero.

Estas medidas deben ser puestas en práctica con la mayor celeridad, porque el ritmo de la crisis no tolera dilaciones. Por supuesto, las mismas requieren de imaginación, solvencia técnica y experiencia práctica. No se trata de resucitar la antigua Junta Nacional de Granos o al Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, el IAPI de la época del primer peronismo, porque el capital ha creado nuevos instrumentos financieros (compraventa a futuro, swaps, derivativos, etcétera) y la tecnología importantes innovaciones (como el silo bolsa, para citar sino un ejemplo, que independiza al productor del riesgo que se le arruine la cosecha a la vez que le permite postergar su venta hasta que el precio sea conforme a sus expectativas) todo lo cual exige de dispositivos muchos más sofisticados que antaño para asegurar el control público de la riqueza originada en el sector agrario.
De lo anterior se desprende la necesidad de concebir una agencia estatal que regule a la totalidad del sistema agroalimentario del país, desde su origen hasta su comercialización minorista, algo bien diferente a la JNG o el IAPI. A tales efectos será decisivo, para garantizar la viabilidad práctica de esta iniciativa, convocar a un gran movimiento popular capaz de construir un instrumento político que respalde esas iniciativas y otras más encaminadas a redefinir por izquierda el rumbo de la economía argentina: además de la largamente demorada reforma tributaria la elaboración de una efectiva política anti-inflacionaria que resguarde los ingresos de los asalariados y un replanteamiento radical de las políticas destinada a preservar la soberanía efectiva, no meramente retórica, sobre los bienes comunes de nuestro país, sobre todo en el sector minero e hidrocarburífero. Una convocatoria popular sin sectarismos, soberbias burocráticas o desmovilizadores verticalismos porque, de lo contrario, la respuesta de las clases y capas populares será una mezcla de impotencia, miedo paralizante ante la clara percepción del escarmiento que se cierne sobre ellas y, en algunos casos, indiferencia, mezcla que mucho tuvo que ver con el funesto desenlace sufrido por los gobiernos peronistas en 1955 y en 1976. Una decisión tan crucial e impostergable como la estatización del comercio exterior, cualquiera que sea su forma legal y jurídica, es antes que nada un hecho político que no puede ser producido por un decreto o una resolución firmada por un funcionario instalado en las “alturas” del aparato estatal. Se requiere del pueblo en las calles para defender esa política, factible si se reúnen las condiciones planteadas más arriba.
Para concluir, lo que en términos políticos se produjo en el apogeo del neoliberalismo menemista fue una gigantesca transferencia de soberanía en donde un área estratégica: la provisión de divisas, que en otros países está a cargo del –o fuertemente contralada por el- estado, fue cedida al puñado de megacorporaciones que controlan gran parte de los alimentos que consume la población mundial.  Esto constituye una aberración que debería haber sido corregida hace largos años, y que si no se lo hace ahora podría asestar un golpe mortal a todo proyecto económico que intente fundarse sobre la soberanía económica de nuestro país. Se trata, sin un ápice de exageración, de una cuestión de vida o muerte. Los remedios están al alcance de la mano. Habrá que ver si existe la voluntad política para aplicarlos, antes de que sea demasiado tarde.
NOTAS:
1. Durante el año 2013 las exportaciones del sector agropecuario ascendieron a unos 50.000 millones de dólares, incluyéndose en este total las Manufacturas de Origen  Agropecuario (MOA), que con 30.059 millones de dólares representaron un 36,2%  del total exportado mientras que los productos primarios–principalmente cereales y oleaginosos- sumaron ventas por 19.302 millones de dólares, un 23,3% del total exportado. Las exportaciones mineras sumaron en ese mismo año 4.136 millones de dólares.
2. Nótese que las reservas del Banco Central cayeron de poco más de 52.190 millones de dólares en el 2010 a 29.278 millones de dólares a fines de junio del 2014. No toda esta enorme fuga de capitales puede ser atribuida a las maquinaciones del complejo del “agronegocios”, pero sin duda que su contribución para llegar a tan lamentable resultado no fue para nada desdeñable.
3. Cf. nuestro “Argentina: ante la ofensiva de los oligopolios, ¡estatizar el comercio exterior!”, en ALAI, 30 Enero 2014, http://alainet.org/active/70910