jueves, 24 de julio de 2014

El revés y la victoria

Alberto Híjar Serrano
México D.F.
El 26 de julio de 1953, un grupo de revolucionarios organizados con estricto clandestinaje atacaron el Cuartel Moncada del ejército de la dictadura en Cuba a la par que las brigadas urbanas desarrollaban actos de agitación y propaganda. El ataque al Cuartel Moncada resultó un desastre y unos cuantos sobrevivientes refugiados en las montañas cercanas ayudados por los campesinos y los compañeros urbanos, lograron reagruparse, investigar y valorar lo ocurrido para sustentar una consigna principal: convertir el revés en victoria. Para esta evaluación, es fundamental el alegato de defensa del Comandante en Jefe Fidel Castro titulado con la ultima frase del escrito reproducido por las brigadas de agitación y propaganda: “La historia me absolverá”. Construido con la denuncia del asesinato de los combatientes capturados vivos y con una información precisa de la miseria social en Cuba, el escrito contradice la campaña insultante de la dictadura a la que responde con la frase final de “condenadme, no importa, la historia me absolverá”. La dictadura afectada por la denuncia de la sevicia propia de la soldadesca enfurecida, mantuvo en prisión a los sobrevivientes en la apartada Isla de Pinos de donde salieron rumbo al exilio en México. Los dirigentes Fidel Castro y Abel Santamaría a quien arrancaron los ojos, eran ya famosos por su denuncia jurídica y las movilizaciones estudiantiles constantes, por lo que su prisión y la masacre del Moncada, contribuyeron a la construcción del sujeto histórico revolucionario en el año del Centenario de José Martí. En México, organizaron el Movimiento 26 de julio y luego de librar una captura, partieron desde Tuxpan amontonados más de 80 en el yate comprado y arreglado por Antonio del Conde mejor conocido por su seudónimo perfecto de El Cuate que podía ser el de cualquier mexicano urbano. Por lo visto, nada tuvo el asalto al Moncada de aventura heroica sino fue el resultado del agotamiento de las vías legales. La retaguardia estratégica tuvo en Frank Pais un dirigente ejemplar.
Triunfaron en 1959 y lograron contener el oportunismo y el caudillismo con una huelga general que probó el poder revolucionario. La línea de masas camina desde entonces como poder representativo directo y con el pueblo armado y organizado para responder agresiones tan graves como la de Playa Girón en 1961 cuando los servicios de inteligencia yanquis y la contrarrevolución interna creyeron que el pueblo apoyaría la invasión. Ocurrió lo contrario. La expulsión de la OEA y el bloqueo económico ordenado por el Estado yanqui promotor de sabotajes y atentados, han sido respondidos con un régimen de austeridad que resuelve los servicios básicos de salud, educación y esparcimiento y mantiene el internacionalismo con equipos de médicos especialmente formados y de alfabetizadores y educadores herederos de la campaña luego del triunfo que asombró al mundo. Reconocer a los héroes y a los mártires como Conrado Benítez, el joven alfabetizador asesinado por la contra, se integra a los homenajes a Camilo Cienfuegos y al Che, a Mella y por supuesto a Martí el fundador para hacer de la memoria histórica un recurso de reproducción revolucionaria. El internacionalismo de las brigadas cubanas para auxiliar comunidades muy pobres y situaciones de desastre, adquirieron dimensión militar en Angola y prueban la generosidad del pueblo cubano pese a sus carencias sociales.
El trabajo intelectual es intenso y sin parangón por su recepción boicoteada todo el tiempo por la propaganda adversa que llega por vías electrónicas. De aquí la pertinencia de ocuparse de dos ejemplos cubanos: el de los autores de La fruta que no cayó. La intervención de Estados Unidos en Cuba, Ángel Jiménez González, doctor en Ciencias Militares y activo historiador galardonado y René González Barrios, teniente coronel y presidente del Instituto de Historia de Cuba, autor de libros sobre relaciones revolucionarias entre Cuba, México y Venezuela, investigadas a la par de cumplir misiones diplomáticas luego de participar en la campaña de Angola.
La fruta que no cayó es un libro de 182 páginas de papel fino para permitir la exacta impresión de ilustraciones a color en cada página diseñada con maestría. El título es parte de una arrogante declaración del presidente yanqui John Quincy Adams en 1823, antes de ser presidente, donde abusa y viola las leyes de gravedad para sustentar las de “gravitación política” comparando a Cuba con la fruta madura a punto de caer del árbol. El libro da cuenta de la rica iconografía libertaria generada por las guerras de independencia, las infamias españolas y yanquis y sus consecuencias. Escrito con una impecable prosa sencilla y clara, el libro narra situaciones terribles de la invasión yanqui como la explosión del buque Maine en 1898 para justificar la invasión. La situación de Guantánamo es explicada desde la ocupación yanqui a pesar de la independencia de Cuba para dar lugar a la explotación extrema de trabajadores del carbón ahora en desuso y con la infame utilización de la base militar yanqui como prisión de acusados de terrorismo fuera de todo derecho. La base forma parte del control militar yanqui del caribe y Centroamérica. Un Maine detenido en el tiempo. La base naval de Estados Unidos en la bahía de Guantánamo es el título de una precisa investigación de René González publicada en 2013 también por la editorial Verde Olivo como prueba del sustento revolucionario histórico de las Fuerzas Armadas de Cuba. Su editorial tiene la colección Memorial de la Denuncia que incluye al primer libro reseñado en esta paupérrima nota.
Enrique Ubieta asume la misión necesaria de enfrentar la campaña permanente contra la Revolución Cubana en las redes sociales, publicaciones con financiamiento imperialista y trasmisiones por televisión. En 2012, Ubieta publicó Cuba: ¿revolución o reforma? a propósito de las reformas económico-políticas. Dirige el periódico mensual La calle del medio para dar de qué hablar a los lectores comunes por lo que lo mismo entrevista a Residente de Calle 13 que se ocupa de la pelota, como llaman los cubanos al béisbol, que hace reportajes sobre los problemas de actualidad. Destaca como testimonio polémico el libro colectivo al que titula Vivir y pensar en Cuba. Dieciséis ensayistas cubanos nacidos con la revolución reflexionan sobre el destino de su país que en 2002 respondió al coordinado por Iván de la Nuez titulado Cuba y el día después. Doce ensayistas nacidos con la Revolución imaginan el futuro. Dos autores participan en los dos libros. Ubieta argumenta ampliamente la evidencia de que el retiro de Fidel de sus responsabilidades estatales no significa el fin de la revolución cubana. Filosofo graduado en Kiev, Ucrania, Ubieta se vale de la dialéctica marxista para descubrir la ultima instancia y las articulaciones de los contrarrevolucionarios. En su libro más reciente de 470 páginas, Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla desconocida, Ubieta reseña el escándalo que provocó en la presentación de la revista Letras Libres (sic) dedicada a “futuros de Cuba”. En la feria de Guadalajara de 2002, la presentación de Roger Bartra, Christopher Domínguez y Rafael Rojas de origen cubano y enemigo de la revolución, fue guiada por el moderador Trujillo hacia “la carencia de libertades” en Cuba. Fue impedida la entrada a los jóvenes que manifestaban su repudio y al final 30 manos en alto pidiendo la palabra fueron ignoradas, Ubieta intervino y ante el gesto de Bartra de retirarse le pidió que escuchara con el mismo respeto que él había probado en su intervención. La feria fue exitosa para Cuba con la presencia de Cintio Vitier, Alicia Alonso, Leo Brower, Silvio Rodríguez y Roberto González Retamar. Este evento nos atañe a los mexicanos pero con resultados semejantes, Ubieta ha participado en mesas redondas en Miami, en España y ha debatido en programas de televisión ante la flaquísima caballada de la intelectualidad contrarrevolucionaria.
En razón de toda esta grandiosa aportación a la dignidad justiciera acosada, basten los casos reseñados en homenaje a aquel revés convertido en victoria en beneficio de la humanidad entera. Un bello gran cartel cubano de los setenta con copia en la colección del Centro Cultural Nuestra América de Mérida, en su base dice revés y la V se desprende proyectada hacia arriba como certeza histórica y social con alcances internacionalistas. 
21 julio 2014             

miércoles, 23 de julio de 2014

La Isla Desconocida sobrepasa el millón de visitas

Queridos (y quizás algunos no tan queridos) lectores: Me he mantenido a la espera del pequeño suceso. Este blog acaba de sobrepasar el millón de visitas, desde que en el 2008 zarpó en el ciberespacio. Hoy, ahora mismo, acumula 1 000 097 entradas. No todos son textos míos, me he hecho acompañar de gente que quiero o admiro, y a veces de noticias inevitables. No escribo todos los días, solo cuando siento la necesidad de hacerlo. Pero el blog ha sido, fundamentalmente, un espacio para reflexionar y para debatir. Para decir lo que pienso y defender mis credos. De cierta forma, ha influido en mí escritura. Y ha parido dos libros: el primero, Cuba, ¿revolución o reforma? (2012), fundió en un solo texto ensayístico polémicas y reflexiones que aparecieron en el blog y en otros espacios digitales; el segundo, recientemente presentado en La Habana, Ser, parecer, tener (2014), mantiene incluso en su diseño la forma originaria de los llamados "post". No hubiese perdurado este esfuerzo sin ustedes: saber que hay lectores fieles que esperan esos breves comentarios y que el enemigo no deja de leerme –aunque no lo reconozca e intente silenciarme–, es todo un reconocimiento que obliga. A unos y otros, gracias. A los que envían mensajes de cariño y frases de apoyo, gracias. A los que han debatido conmigo desde el honor y los argumentos, gracias. A los que pretenden ofenderme con insultos y amenazas, gracias. Hoy Cuba necesita de la polémica. No la fácil, la de fuegos artificiales, que medra en las dificultades, y se alimenta de la retórica y los ademanes que otros diseñaron, que se viste de una "inteligencia" prestada y efímera; Cuba necesita de la polémica brava del que sale a defenderla –lo que significa decir: a defender su proyecto alternativo de vida–, aún a riesgo de perder (o de parecer un perdedor), del que no se interesa en las modas, o en las poses de prestigio del mercado de las ideas. Cuba necesita de la polémica que no le teme a la luz. Un abrazo de bloguero revolucionario.
Enrique Ubieta Gómez

martes, 22 de julio de 2014

#Fidel: Es hora de conocer un poco más la realidad

He rogado a los editores de Granma me exoneren en esta ocasión del honor de publicar lo que voy a escribir en la primera página del órgano oficial de nuestro Partido, pues pienso expresar puntos de vista personales sobre temas que, por conocidas razones de salud y de tiempo, no he podido plantear en los órganos colectivos de dirección del Partido y del Estado, como los Congresos del Partido, o las reuniones pertinentes de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
En nuestra época los problemas son cada vez más complejos y las noticias se propagan a la velocidad de la luz, como muchos conocen. Nada ocurre hoy en nuestro mundo, que no nos enseñe algo a los que deseamos y somos capaces todavía de comprender nuevas realidades.
El ser humano es una extraña mezcla de instintos ciegos por un lado y de conciencias por el otro.
Somos animales políticos, como no sin razón afirmó Aristóteles, que quizás influyó más que ningún otro filósofo de la antigüedad en el pensamiento de la humanidad a través de casi 200 tratados, según se afirma, de los cuales se conservaron solo 31. Su maestro fue Platón, quien legó para la posteridad su famosa utopía sobre el Estado Ideal, que en Siracusa, donde trató de aplicarlo, casi le cuesta la vida. Su Teoría Política quedó como apelativo para calificar las ideas como malas o buenas. Los reaccionarios la utilizaron para calificar tanto a Marx, como a Lenin, de teóricos, sin tomar para nada en cuenta que sus utopías inspiraron a Rusia y a China, los dos países llamados a encabezar un mundo nuevo que permitiría la supervivencia humana si el imperialismo no desata antes una criminal y exterminadora guerra.
La Unión Soviética, el Campo So­cialista, la República Popular China y Corea del Norte, nos ayudaron a resistir con suministros esenciales y armas, el bloqueo económico implacable de Estados Unidos, el imperio más poderoso que jamás existió. A pesar de su inmenso poder, no pudo aplastar al pequeño país que a pocas millas de sus costas ha resistido durante más de medio siglo las amenazas, los ataques piratas, secuestros de barcos pesqueros y hundimientos de buques mercantes, destrucción en pleno vuelo del avión de Cubana de Aviación en Barbados, incendio de escuelas y otras fechorías similares. Cuando intentó invadir nuestro país con fuerzas mercenarias a la vanguardia, transportadas en buques de guerra de Estados Unidos como primer escalón, fue derrotado en menos de 72 horas. Más tarde las bandas contrarrevolucionarias, organizadas y equipadas por ellos, cometieron hechos vandálicos que dieron lugar a la pérdida de la vida o la integridad física de millares de compatriotas.
En el estado de la Florida se ubicó la más grande base de actividades contra otro país que existía en aquel momento. Con el curso del tiempo el bloqueo económico se extendió a los países de la OTAN y otros muchos aliados de Amé­rica Latina, que fueron durante los primeros años cómplices de la criminal política del imperio, que hizo trizas los sueños de Bolívar, Martí y cientos de grandes patriotas de irreductible conducta revolucionaria en América Latina.
A nuestro pequeño país, no solo se le negaba su derecho a ser una nación independiente como a cualquier otro de los numerosos Estados de América Latina y el Caribe, explotados y saqueados por ellos, sino el derecho a la independencia de nuestra Patria que sería totalmente despojado, cuando el destino manifiesto cumplimentara su tarea de anexar nuestra isla al territorio de Estados Unidos de Norteamérica.
En la recién concluida reunión de Fortaleza se aprobó una importante Declaración entre los países que integran el grupo BRICS.
Los BRICS proponen  una mayor coordinación macroeconómica entre las principales economías, en particular en el G-20, como un factor fundamental para el fortalecimiento de las perspectivas de una recuperación efectiva y sostenible en todo el mundo.
Anunciaron la firma del Acuerdo constitutivo del Nuevo Banco de Desarrollo, con el fin de movilizar recursos para proyectos de infraestructura y de desarrollo sostenible de los países BRICS y otras economías emergentes y en desarrollo.
El Banco tendrá un capital inicial autorizado de 100 mil millones de dólares. El capital inicial suscrito será de 50 mil millones de dólares, a partes iguales entre los miembros fundadores. El primer presidente de la Junta de Go­ber­nadores será de Rusia. El primer presidente del Consejo de Administración será de Brasil. El primer Presidente del Banco será de la India. La sede del Banco será en Shanghai.
Anunciaron también la firma de un Tratado para el establecimiento de un Fondo Común de Reservas de Divisas para situaciones de contingencia, con un tamaño inicial de 100 mil millones de dólares.
Reafirma el apoyo a un sistema multilateral de comercio abierto, transparente, inclusivo y no discriminatorio; así como a la conclusión exitosa de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Reconocen el importante papel que las empresas estatales desempeñan en la economía; así como el de las pequeñas y medianas empresas como creadores de empleo y riqueza.
Reafirman la necesidad de una reforma integral de las Naciones Unidas, incluido su Consejo de Seguridad, con el fin de hacerlo más representativo, eficaz y eficiente, de manera que pueda responder adecuadamente a los desa­fíos globales.
Reiteraron su condena del terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, dondequiera que ocurra; y expresaron preocupación por la continua amenaza del terrorismo y el extremismo en Siria, a la vez que llamaron a todas las partes sirias a que se comprometan a poner fin a los actos terroristas perpetrados por Al-Qaeda, sus afiliados y otras organizaciones terroristas.
Condenaron enérgicamente el uso de armas químicas en cualquier circunstancia; y dieron la bienvenida a la decisión de la República Árabe Siria de adherirse a la Convención sobre Armas Químicas.
Reafirmaron el compromiso de contribuir a una justa y duradera solución global del conflicto árabe-israelí sobre la base del marco legal internacional universalmente reconocido, incluyendo las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, los Principios de Madrid y la Iniciativa de Paz Árabe; y expresaron apoyo a la convocatoria, en la fecha más temprana posible, de la Conferencia sobre el establecimiento de una zona de Oriente Medio libre de armas nucleares y otras armas de destrucción masiva.
Reafirmaron la voluntad de que la exploración y utilización del espacio ultraterrestre deberán ser para fines pacíficos.
Reiteraron que no hay alternativa a una solución negociada a la cuestión nuclear iraní, y reafirmaron apoyo a su solución a través de medios políticos y diplomáticos.
Expresaron preocupación por la si­tua­ción en Irak y apoyaron al gobierno iraquí en sus esfuerzos por superar la crisis, defender la soberanía nacional y la integridad territorial.
Expresaron preocupación por la si­tuación en Ucrania e hicieron un llamamiento para un diálogo amplio, la disminución del conflicto y la moderación de todos los actores involucrados, con el fin de encontrar una solución política pacífica.
Reiteraron la firme condena al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones. Señalaron que las Naciones Unidas tienen un papel central en la coordinación de la acción internacional contra el terrorismo, que debe llevarse a cabo de conformidad con el derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas, y con respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales.
Reconocieron que el cambio climático es uno de los mayores desafíos que enfrenta la humanidad, e hicieron un llamamiento a todos los países a construir sobre las decisiones adoptadas en la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), con miras a llegar a una conclusión exitosa para el año 2015, de las negociaciones en el desarrollo de un protocolo, otro instrumento legal o un resultado acordado con fuerza legal bajo la Convención es aplicable a todas las Partes, de conformidad con los principios y disposiciones de la CMNUCC, en particular el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas y sus respectivas capacidades.
Expresaron la importancia estratégica de la educación para el desarrollo sostenible y el crecimiento económico inclusivo; así como destacaron el vínculo entre la cultura y el desarrollo sostenible.
La próxima Cumbre de los BRICS será en Rusia, en julio del 2015.
Pareciera que se trata de un acuerdo más de entre los muchos que aparecen constantemente en los despachos cablegráficos de las principales agencias occidentales de prensa. Sin embargo, el significado es claro y rotundo: La América Latina es el área geográfica del mundo donde Estados Unidos ha impuesto el sistema más desigual del planeta al disfrute de sus riquezas internas, el suministro de materias primas baratas, comprador de sus mercancías y el depositante privilegiado de su oro y sus fondos que escapan de sus respectivos países y son invertidos por las compañías norteamericanas en el país o en cualquier lugar del mundo.
Nadie encontró nunca una respuesta capaz de satisfacer las exigencias del mercado real que hoy conocemos, pero tampoco podría dudarse de que la hu­manidad marcha hacia una etapa más justa de lo que hasta nuestros tiempos ha sido la sociedad humana.
Repugnan los abusos cometidos a lo largo de la historia. Hoy lo que se valora es lo que sucederá en nuestro planeta globalizado en un futuro próximo.
Có­mo podrían escapar los seres humanos de la ignorancia, la carencia de re­cursos elementales para alimento, sa­lud, educación, vivienda, empleo decoroso, se­guridad y remuneración justa. Lo que es más importante, si será esto o no posible, en este minúsculo rincón del Uni­verso. Si meditar sobre esto sirve de algo, será para garantizar en realidad la supremacía del ser humano.
Por mi parte, no albergo la menor duda de que cuando el Presidente Xi Jinping culmine las actividades para cumplimentar su gira en este hemisferio, al igual que el Presidente de la Federación Rusa, Vladímir Putin, ambos países estarán culminando una de las proezas más grandes de la historia humana.
En la Declaración de los BRICS, aprobada el 15 de julio de 2014 en Fortaleza, se aboga por una mayor participación de otros países, especialmente los que luchan por su desarrollo con miras a fomentar la cooperación y la solidaridad con los pueblos y de modo particular con los de América del Sur, se señala en un significativo párrafo que los BRICS reconocen en particular la importancia de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en la promoción de la paz y la democracia en la región y en el logro del desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza.
He sido ya bastante extenso a pesar de que la amplitud e importancia del tema demandaban el análisis de importantes cuestiones que requerían alguna réplica.
Pensaba que en los días subsiguientes habría un poco más de análisis serio sobre la importancia de la Cumbre de los BRICS. Bastaría sumar los habitantes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica para comprender que suman en este momento la mitad de la población mundial. En pocas décadas el Producto Interno Bruto de China superará al de Estados Unidos; ya muchos Estados solicitan yuanes y no dólares, no solo Brasil sino varios de los más importantes de América Latina, cuyos productos como la soya y el maíz compiten con los de norteamérica. El aporte que Rusia y China pueden hacer en la ciencia, la tecnología y el desarrollo económico de Suramérica y el Caribe es decisivo.
Los grandes acontecimientos de la historia no se forjan en un día. Enormes pruebas y desafíos de creciente complejidad se vislumbran en el horizonte. Entre China y Venezuela se firmaron 38 acuerdos de cooperación. Es hora de conocer un poco más las realidades.

Fidel Castro Ruz
Julio 21 de 2014
10 y 15 p.m.

lunes, 21 de julio de 2014

Pedro Pablo Rodríguez sobre el libro Ser, parecer, tener

UN LIBRO QUE NOS HABLA DE UN PAÍS
Pedro Pablo Rodríguez
Más de una persona ha dicho y repetido en Cuba últimamente que se está viviendo en el país una guerra entre los proyectos e ideales socialistas y los capitalistas. Ese enfrentamiento es, desde luego, en primer lugar, consecuencia —y continuidad al mismo tiempo— de los cambios ocurridos a escala mundial tras el fin de la Unión Soviética y del campo socialista europeo. Mas también, desde hace algunos años, se enmarca dentro de las peculiaridades de esta nueva etapa que parece abrirse en el mundo de formación de nuevos bloques de poder mundiales, de crecimiento de los procesos de integración y de unidad latinoamericana, y, sobre todo, de las características y evolución del socialismo en Cuba.
El proyecto actual de alcanzar un socialismo de base económica sustentable en Cuba ha dado lugar a un amplio debate de ideas en la Isla y a la manifestación de posturas que, en más de un caso, consciente o inconscientemente, tienden a reproducir la lógica del capitalismo. Por eso no es solo una lucha por un sostén económico superior y más satisfactorio para todos, ni exclusivamente por las adecuaciones en la organización de la sociedad que ello implica —incluso en el plano político—, ni tampoco se puede reducir al choque de ideologías opuestas. Se trata de una verdadera guerra cultural en toda la extensión del concepto, de maneras de entender la existencia y de vivirla, y que, por tanto, abarca todos los planos de la sociedad.  
Ser, parecer, tener, es una compilación de textos breves, que entra a fondo en esa guerra cultural. Por eso resulta una obra que seguramente será polémica, como ya lo han sido muchos de estos textos al publicarse en el blog de su autor, La Isla Desconocida, la primera arena en que casi todos entraron en liza. Tenerlos reunidos en este formato impreso no solo extiende la posibilidad de la lectura sino que contribuye al examen del conjunto y a la aprehensión de la lógica, la perspectiva y las ideas básicas de su autor.
Por eso veo tan importante este libro, puesto que las ideas aquí manejadas por Ubieta Gómez son  una lucha quijotesca, no únicamente porque pelee contra molinos de viento, como es toda pelea por cualquier utopía; es quijotesco su batallar porque sus páginas están llenas de honestidad, de honradez, y de verdadero espíritu revolucionario, socialista y anticapitalista, particularmente contra los elementos que pueden surgir desde adentro contra ese espíritu, aunque al mismo tiempo cabalga contra los que se infiltran desde afuera.
Cada vez más cobramos conciencia de que los mayores peligros para el socialismo en Cuba son las lacras como la corrupción y la burocracia, y las ataduras a una idea del sistema ya fracasada. No estoy diciendo nada nuevo: ya Fidel lo dijo en la Universidad de La Habana hace unos cuantos años, cuando advirtió que el gran peligro que podía poner en una situación difícil a nuestro país y a la Revolución eran justamente los problemas de adentro. Originalidad, audacia, verdadera comprensión de nuestros problemas, incesante previsión  y, especialmente, claridad plena de que el socialismo no es para castas ni para grupos y de que su “creación heroica”, como reclamaba hace tanto tiempo José Carlos Mariátegui implica la certidumbre de no dejar espacio al hegemonizador mundo de ensoñaciones del capitalismo.
El libro de Ubieta nos está dando una enorme contribución a ese debate interno, para entender qué cosa es el espíritu del capitalismo, que es parte, y esencial, desde luego, del sistema; ya en esta fase de desarrollo del capitalismo no queda nada por convertir en mercancía. Si el gran dilema de la generación de los modernistas hispanoamericanos fue el choque de la cultura literaria con el mercado —el ejercicio del periodismo fue un modo de conseguir  el sustento en escritores de la talla de José Martí en Nueva York, y de Julián del Casal aquí en La Habana, quienes, sin embargo,  lograron entregar una obra literaria mayor y francamente contrapuesta a la modernidad burguesa—, el gran drama de una persona en el mundo de hoy es que todo está mercantilizado, hasta los sueños: la gente sueña lo que el mercado le vende, lo que el mercado le ofrece; ahí están sus sueños y sus voluntades; ahí está el sentido de su vida espiritual. Para decirlo con Ubieta: el parecer y el tener se imponen sobre el ser o, mejor, se convierten en el ser.
Esa es una de las grandes victorias del capitalismo —quien sabe si la mayor por su profundidad sobre el individuo y por su capacidad de permanencia—, no solo desde la perspectiva de las ganancias, sino en el plano de las ideas, de los sentimientos, de la vida espiritual, del control sobre los seres humanos y de la reproducción de esos valores en quienes son sus explotados, en las grandes mayorías, que, o no se rebelan, o aceptan el sistema, o de un modo u otro se les introduce el deseo de ser, de vivir como “ellos”, como los que disponen de todas las posibilidades: la dominación del colonizado, del dominado, del hegemonizado, del subordinado, del explotado ha sido, es y será parte fundamental de los mecanismos de dominación. Hay que controlar no solo la vida social, no solo el cuerpo, no solo el cerebro; hay que controlar el alma y el espíritu de las personas. Eso es lo que está pasando en el mundo y es lo que de algún modo circula también entre nosotros, a veces más allá de las intenciones.
Es frecuente apreciar este problema en la programación de la televisión, el medio masivo por excelencia en Cuba y que por ello nos salta a la vista de inmediato y nos molesta a quienes nos preocupan, ya sea en un plano teórico o en un plano práctico inmediato, las cosas que conspiran contra lo que debe ser una conciencia socialista y contra lo que debe ser una cultura socialista. Pero nos pasa en otras facetas de la sociedad. Aquí se ha hablado de la prensa, y yo les diría que tengo la impresión de que en el mundo de la blogosfera es uno de los renglones donde se está haciendo el mejor periodismo cubano, aunque hay muchas cosas también que a mi juicio no valen un centavo, lo digo con sinceridad. Y digo también que soy feliz cuando abro cada día el Juventud Rebelde y leo en la página dos ese periodismo de opinión bien escrito, donde  conviven varias generaciones de periodistas, con peso significativo de los jóvenes, que está dando una constante mirada de alerta, una campanada ética sobre los problemas de nuestra sociedad, del mundo y sobre la gran crisis de desarrollo que estamos viviendo. Y quiero aprovechar para incluir en esta relación para mí positiva a La Calle del Medio, el mensuario dirigido por Ubieta. No descubro nada, pero hay que recordarlo: la prensa y los medios son armas decisivas en esta guerra cultural contemporánea.
Hay también otra parte del problema sobre la que Ubieta escribe con una gran inteligencia y una gran capacidad. A veces pensamos que los problemas de Cuba son exclusivos de nosotros. Y es verdad que Cuba es la excepción, es la anomalía en el océano capitalista que nos envuelve, aunque sufra los embates de la confrontación cultural, civilizatoria. Cuando uno ve el prestigio que tiene Cuba en África, uno dice: “Caramba, ha valido la pena”. Cuando uno ve que cualquier persona con tres dedos de frente —y que quiera usarlos—, descubre con admiración todo lo que ha hecho Cuba en Haití, uno dice: “Caramba, ha valido la pena”. Cuando uno ve, y Ubieta ha tenido el privilegio de escribir sobre los cubanos en las misiones internacionalistas, sin idealizarlas, sin magnificarlas, entendiendo que esos médicos son personas con problemas iguales a los nuestros, que también recurren a esa vía para incrementar sus ingresos, uno también dice:”Caramba, ha valido la pena”. Entonces uno se pregunta, de qué modo vamos a enfrentar esta guerra. Yo creo que Ubieta lo está haciendo con estos trabajos del mejor modo posible a su alcance.
Por eso quiero resaltar algunos rasgos de estos textos. En primer lugar, la elegancia del lenguaje en todos los sentidos: elegancia en el uso de la lengua y elegancia en la exposición de las ideas. Aquí no hay un lenguaje chabacano, primitivo ni de barricada. Cuando Ubieta tiene que discutir con alguien expone lo que este dice y después lo discute con una elegancia y con una finura que ojalá siempre tuviéramos en todas las disputas. Esto es un rasgo esencial, porque esto le da crédito. Y es muy importante en el terreno del debate de las ideas tener crédito, lograr que el que no sepa bien de algo, o el que no está bien definido en un sentido u otro tome las ideas de uno, trate de seguirlas y, ojalá sea así, llegue realmente a compartirlas. Por eso creo que este es un rasgo notable.
Segundo, Ubieta que tiene una formación de amplia base filosófica y humanística —y se le sale, qué bien que se le sale, en el mejor sentido—, que no es solo filosófica, porque realmente tiene una cultura de una amplitud notable, nos está entregando una argumentación que no se mueve en el aburrido terreno que a veces nos quiere imponer la academia o el aburrido y tantas veces equivocado cientificismo. Ahora hay una guerra contra el ensayo —ustedes me perdonan, pero tengo que aprovechar estos espacios para decir estas cosas— entre quienes organizan el aparato académico en torno a las tesis. “El ensayo no es científico”, dicen. ¿Quién dice que el ensayo no es, no puede ser, científico? ¿Hay algo más científico en la historia de la cultura cubana, en la historia de las ideas en Cuba, que el “Prólogo al poema del Niágara” de José Martí? ¿Acaso hay una crítica más profunda a lo que fue la modernidad burguesa del siglo XIX, que ese texto? ¡Cuidado con eso! Los intelectuales europeos y norteamericanos conocen a Baudelaire, y piensan que el francés fue el gran crítico de la modernidad; no, no, el gran crítico de la modernidad fue José Martí. A Baudelaire le molestaba y trató de evadir su persona; pero a Martí no le gustaba y se planteó la necesidad de trascenderla Y hay en Martí un profundo análisis que no apela en modo alguno a los recursos de las ciencias sociales de su tiempo, signadas por el cientificismo positivista. Martí no se parece a los grandes fundadores de la sociología, y eso que varios de ellos fueron contemporáneos suyos. ¿En qué disciplina ubicamos a José Martí? ¿Es historiador, es sociólogo, es filósofo, es antropólogo?
Martí es todo eso, y es más. ¿Pero por qué puede ocurrir esto? El ensayo no es, no debe ser solo un instrumento de expresión literaria, sino también uno de los más importantes para la expresión del pensamiento. Porque permite explicar eso que puede ser importante, pero que se torna pedestre cuando usted llena un capítulo de citas y citas, y las pone todas al pie, y escribe la página y la acotación.
¿Por qué digo todo esto? Porque habrá quien diga que este libro no tiene el menor valor para las ciencias sociales. Sin embargo, yo creo que ahí está su valor. Ubieta no ha pretendido hacer un libro para las ciencias sociales, mas es un libro que parte de un serio análisis y de un serio empleo de esos mecanismos, procedimientos, ideas, juicios y capacidades que tienen las ciencias sociales. Justamente eso es lo que le permite seguridad, precisión —que no es meramente usar la palabra exacta—, sobre todo en los primeros trabajos, que fueron los que más me gustaron, porque es para mí el periodismo que necesitamos. No podemos sentirnos aplastados por el poder omnipotente de la ciencia, la ciencia no es omnipotente, lo cual no quiere decir que uno esté contra ella. De lo que se trata es que no podemos convertir a la ciencia en la norma, al margen de los individuos y de la sociedad, porque entonces nos equivocamos profundamente y seguimos siendo tan positivistas, como los del siglo XIX y del XX. Por eso a veces siento deseos de llamar al marxismo soviético como “el marxismo positivista”.
Pues bien, al unir estos saberes —que son muchos, que no solo se remiten al campo de la filosofía—, Ubieta ha tenido la habilidad y yo diría que el desarrollo intelectual suficiente para llegar a comprender que tiene que buscar para este tipo de trabajo un lenguaje especial para establecer una comunicación más directa, más inmediata, donde la riqueza y el nivel de encadenamiento de la argumentación no aparezca con la pesadez ni el aparente rigor y la densidad de las ciencias sociales, pero que al mismo tiempo se valga de todos los conocimientos que tiene y de todos los aportes que puede extraer de las diversas disciplinas. Si estuviera defendiendo una tesis diría que Ubieta es interdisciplinario, palabrita que está de moda.
Yo creo que este libro es una lección de buen periodismo, de verdadero periodismo, y el buen periodismo para mí es literatura, —yo no diferencio entre periodismo y literatura, y me parece absurdo todo ese debate sobre periodismo y literatura que hemos traído a Cuba, no sé por qué—, y este es otro de los méritos de este libro que quiero destacar:
Su autor no se ha dejado atrapar ni por un género periodístico, ni por una disciplina; aquí hay una mirada de filósofo, hay un sentido de la vida; en sus opiniones están de forma explícita o implícita las grandes preguntas de la filosofía: qué es la felicidad, qué es la vida, las preguntas que se ha hecho la humanidad siempre y que se seguirá haciendo. Empero, al mismo tiempo está compartiendo con nosotros su mundo interior, su riqueza espiritual; uno sabe que está leyendo a un ser humano, a un individuo que se llama Enrique Ubieta, que está trasmitiéndonos una riqueza espiritual tan grande que a mí me emocionó encontrar las referencias a su padre. Caramba, qué homenaje más lindo, qué presencia más linda la de su padre en este libro. Eso me emociona, que ese hombre quiso a su padre, quiere a su padre, lo lleva adentro. Y eso me hace simpatizar con esta persona, con este autor.
Ser, parecer, tener nos ofrece lo que necesitamos: nos habla del país, de la política, del socialismo, desde dentro, desde el espíritu, y esto se le sale hasta en las polémicas. Por cierto, el autor es un notable polemista, que rebate las ideas del contrario y presenta las propias con elegancia, lucidez y argumentaciones. Este es un libro de combate, este es un libro inteligente, este es un libro valioso. Me siento orgulloso de estar aquí presentándolo.


Versión de las palabras de presentación en la casa del Alba Cultural, en La Habana, el miércoles 9 de julio de 2014, de este libro publicado por la Casa Editora Abril, La Habana, 2014. El autor ha mantenido exprofeso el lenguaje de esta valoración que no fue escrita previamente, con los ajustes de redacción imprescindibles para la comprensión de las ideas.

Gaza: el genocidio y sus (sin)razones

Atilio A. Boron
En medio del espanto y del baño de sangre que inunda Gaza se oye una voz, metálica, glacial. Pronuncia un soliloquio similar al que en su obra Enrique VI  William Shakespeare puso en boca de Ricardo, un ser deforme, monstruoso, pero aguijoneado por una ambición ilimitada y orgulloso de su villanía:
“Soy el espíritu del estado de Israel. Sí, agredo, destruyo y asesino a mansalva: a niños,  ancianos, mujeres, hombres. Porque en Gaza todos son terroristas, más allá de sus apariencias. Uno de los jerarcas de la dictadura genocida en la Argentina, el General Ibérico Saint Jean, dijo que  ‘Primero vamos a matar a todos los subversivos, después a sus colaboradores; después a los indiferentes y por último a los tímidos’. Nosotros invertimos esa secuencia y comenzamos por la población civil, gente cuyo crimen es vivir en Gaza. En el proceso caerán centenares de inocentes, gente que simplemente trataba de sobrevivir en ese encierro nauseabundo; luego iremos por los tímidos, los indiferentes y después de este brutal y aleccionador escarmiento llegaremos a los colaboradores y los terroristas. Sé muy bien que el rudimentario y escaso armamento de Hamas apenas puede ocasionarnos un rasguño, como lo demuestran las luctuosas estadísticas de nuestros periódicos ataques a las poblaciones palestinas. Sus amenazas de destruir al estado de Israel son bravuconadas sin sentido porque no tienen la menor capacidad de llevarlas a la práctica. Pero nos son de enorme utilidad en la guerra psicológica y en la propaganda: nos sirven para aterrorizar a nuestra propia población y así obtener su consentimiento para el genocidio y nuestra política de ocupación militar de los territorios palestinos. Y también sirven para que Estados Unidos y los países europeos, embarcados en la ‘lucha contra el terrorismo’  nos faciliten todo tipo de armamentos y nos amparen políticamente.
En Gaza no me enfrento a ningún ejército, porque no le hemos permitido que lo tenga. Yo, en cambio, tengo uno de los mejores del mundo, pertrechado con la más sofisticada tecnología bélica que me proporcionan mis protectores: Washington y las viejas potencias coloniales europeas, y la que he podido desarrollar, gracias a ellos, dentro de Israel. Tampoco tienen los palestinos una aviación para vigilar su espacio aéreo, y una flota que custodie su mar y sus playas. Mis drones y helicópteros sobrevuelan Gaza sin temor y disparan sus misiles sin preocuparse por el fuego enemigo, porque no hay fuego enemigo. Hemos perfeccionado, con las nuevas tecnologías bélicas, lo que hizo Hitler en Guernica. Soy amo y señor de vidas y haciendas. Hago lo que quiero: puedo bombardear casas, escuelas, hospitales, lo que se me antoje. Mis poderosos amigos (y, seamos honestos, cómplices de todos mis crímenes)  convalidarán cualquier atrocidad que decida  perpetrar. Ya lo hicieron antes, en innumerables ocasiones y no sólo con nosotros: lo harán conmigo cuantas veces sea necesario. Su mala conciencia me ayuda: callaron desvergonzadamente durante la Shoá, el sistemático genocidio perpetrado contra los judíos por Hitler ante la vista y paciencia de todo el mundo, desde el Papa Pío XII hasta Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill. Callarán también ante el genocidio que metódicamente y en etapas estoy realizando en Gaza, porque matar palestinos a mansalva es eso, genocidio. Como lo hacía Hitler cuando alguien de su tropa de ocupación era hecho prisionero o matado por los maquís de la resistencia francesa o los partisanos italianos: juntaban a diez o quince personas al azar, que tuvieran la desgracia de pasar por el lugar, y las ametrallaban en el acto, como escarmiento y como didáctica advertencia para que sus vecinos no cooperasen con los patriotas. Nosotros ni siquiera esperamos que maten a uno de los nuestros para hacer lo mismo, y lo hacemos de modo más cobarde. Al menos los nazis veían los rostros de las víctimas cuyas vidas cegarían en un segundo; nosotros no, porque disparamos misiles desde aviones o navíos, o proyectiles  desde nuestros tanques. Nos intranquiliza recordar que tanta crueldad, tanto horror, fue en vano. Seis millones de judíos sacrificados en los hornos crematorios y millones más que cayeron por toda Europa no fueron suficientes para evitar la derrota de Hitler. ¿Será diferente esta vez, será que ahora nuestro horror nos abrirá el camino a la victoria?
Eufórica por ver tanta sangre árabe derramada una de mis diputadas se fue de boca, y dijo lo que pienso: que hay que matar a las madres palestinas porque engendran serpientes terroristas. Desgraciadamente no todos en Israel piensan así; hay algunos judíos, románticos incurables, que creen que podemos convivir con los árabes y que la paz no sólo es posible sino necesaria. Nos dicen que eso fue lo que hicimos por siglos. No entienden al mundo de hoy, mortalmente amenazado por el terrorismo islámico, y se dejan llevar por la nostalgia de una época definitivamente superada. No son pocos en Israel los que caen en este equívoco y nos preocupa que sus números estén creciendo. Pero desde el gobierno trabajamos activamente para contrarrestar esa sensiblería pacifista y, para colmo, laica. ¡Laica, en un estado en el que para ser ciudadano se debe ser judío (y tenemos cerca de un 20 % de árabes, que han vivido por siglos en la región y no son ciudadanos) y dónde no existe el matrimonio civil, sólo el religioso! Para combatir estas actitudes contamos con los grandes medios de comunicación (de Israel y los de afuera)  y nuestras escuelas le enseñan a nuestros niños a odiar a nuestros indeseables vecinos, una raza despreciable. Para involucrarlos en nuestro esfuerzo militar los invitamos a que escriban mensajes de muerte en los misiles que, poco después, lanzaremos contra ese gentío amontonado en Gaza. Otros niños serán los que caerán muertos por esos misiles amorosamente dedicados por los nuestros. No ignoro que con mis acciones arrojo un asqueroso escupitajo a la gran tradición humanista del pueblo judío, que arranca con los profetas bíblicos, sigue con Moisés, Abraham, Jesucristo y pasa por Avicena, Maimónides, Baruch Spinoza, Sigmund Freud,  Albert Einstein,  Martin Buber hasta llegar a Erich Fromm, Claude Levy-Strauss, Hannah Arendt y Noam Chomsky. O con extraordinarios judíos que enriquecieron el acervo cultural de la Argentina como León Rozitchner, Juan Gelman, Alberto Szpunberg y Daniel Barenboim, entre tantos otros que sería muy largo nombrar aquí. Pero ese romanticismo ya no cuenta. Dejamos de ser un pueblo perseguido y oprimido; ahora somos opresores y perseguidores.
Duras palabras y frases se utilizan para calificar lo que estamos haciendo. Criminal cobardía, delito de lesa humanidad, por agredir con armas mortíferas a una población indefensa, día y noche, hora tras hora. Pero, ¿no merece acaso la misma calificación lo que hizo Estados Unidos al arrojar sendas bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki? Y quién se lo reprocha?  ¿Terrorismo de Estado? Mejor digamos realpolitik, porque ¿desde cuándo a mis amigos y protectores de Occidente les ha preocupado el Terrorismo de Estado o las violaciones  a los Derechos Humanos que cometen ellos mismos, un aliado, o un peón? Apoyaron por décadas a cuantos déspotas y tiranos poblaron esta tierra, siempre que fueran funcionales a sus intereses: a Saddam Hussein, al Sha de Persia, a Mubarak, a Alí, a Mobutu, a Osama Bin Laden, y, en Latinoamérica, a Videla, Pinochet, Geisel, Garrastazú, Stroessner, “Papá Doc” Duvallier,  antes a Somoza, Trujillo, Batista y tantísimos más. Asesinaron a centenares de líderes políticos antiimperialistas, y Obama lo sigue haciendo hoy, donde todos los martes decide quién de la lista de enemigos de Estados Unidos que le proporciona la NSA debe ser eliminado con un cohetazo disparado desde un dron o mediante una operación de comandos. ¿Por qué habrían de escandalizarse ante lo que está ocurriendo en Gaza? Además me necesitan como gendarme regional y base de operaciones militares y de espionaje en una región del mundo con tanto petróleo como Medio Oriente, y saben que para cumplir con esa misión no sólo no deben maniatarme sino que es preciso contar con su inquebrantable respaldo, lo que hasta ahora jamás me ha sido negado. Sé también que estoy violando la legalidad internacional, que estoy desobedeciendo la resolución Nº 242, de Noviembre de 1967, del Consejo de Seguridad de la ONU, que por unanimidad me exige retirarme de los territorios ocupados durante la Guerra de los Seis Días de 1967. Incumplí esa resolución durante casi medio siglo, sin tener que enfrentar sanciones de ningún tipo como las que arbitrariamente se le imponen a otros, o las que aplican a Cuba, a Venezuela, a Irán y, antes, a Irak después de la primera guerra del Golfo. ¿Razones de tanta tolerancia? Mis lobbistas en Estados Unidos son poderosísimos y tienen a la Casa Blanca, al Congreso y a la Justicia en un puño. Según Norman Finkelstein (un mal judío, enemigo del estado de Israel) la ‘industria del holocausto’ goza de tal eficacia extorsiva que impide percibir que quienes ahora estamos produciendo un nuevo holocausto somos nosotros, los hijos y nietos de aquellos que lo padecieron bajo los nazis. Por eso pese a que las víctimas mortales en Gaza ya superan los 500 palestinos (contra 25 soldados de nuestro ejército, uno de los cuales fue muerto por error por nuestras propias fuerzas, según informara este lunes 22 de Julio a medio día el New York Times) el presidente Obama hizo un estúpido llamado a evitar que israelíes y palestinos quedasen atrapados en el ‘fuego cruzado’ de este enfrentamiento. ¡Pobre de él si hubiera dicho que aquí no hay ‘fuego cruzado’ ni enfrentamiento alguno sino una masacre indiscriminada de palestinos, una horrible ‘limpieza étnica’ practicada contra una población indefensa! ¡Nuestro lobby lo crucificaría en cuestión de horas! Ahora que nuestras tropas entraron en Gaza tendremos que sufrir algunas bajas, pero la desproporción seguirá siendo enorme. 
Claro, no puedo evitar que me califiquen técnicamente como un “estado canalla”, porque así se denominan los que no acatan las resoluciones de la ONU y persisten en cometer crímenes de lesa humanidad. Pero como Estados Unidos y el Reino Unido son violadores seriales de las resoluciones de la ONU, y por lo tanto ‘estados canallas’ también ellos, sus gobiernos han sido invariablemente solidarios con Israel. Más allá de la turbación que por momentos puedan ocasionar estas reflexiones necesitamos completar la tarea iniciada en 1948 y apoderarnos de la totalidad de los territorios palestinos: los iremos desplazando periódicamente, aterrorizándolos, empujándolos fuera de sus tierras ancestrales, convirtiéndolos en eternos ocupantes de infectos campos de refugiados en Jordania, en Siria, en Irak, en Egipto, donde sea. Y si se resisten los aniquilaremos. Podemos hacer eso por nuestra apabullante fuerza militar, el apoyo político de Occidente y la degradación y putrefacción de los corruptos y reaccionarios gobiernos del mundo árabe, que como era previsible (y así  nos lo habían asegurado nuestros amigos en Washington y Londres) no les importa en lo más mínimo la suerte de los palestinos. A tal extremo llega nuestra barbarie que inclusive un amigo nuestro, Mario Vargas Llosa, se escandalizó cuando en 2005 visitó Gaza y nos sorprendió con unas críticas de insólita ferocidad. Llegó a decir, por ejemplo, que ‘me pregunto si algún país en el mundo hubiera podido progresar y modernizarse en las condiciones atroces de existencia de la gente de Gaza. Nadie me lo ha contado, no soy víctima de ningún prejuicio contra Israel, un país que siempre defendí … Yo lo he visto con mis propios ojos. Y me he sentido asqueado y sublevado por la miseria atroz, indescriptible, en que languidecen, sin trabajo, sin futuro, sin espacio vital, en las cuevas estrechas e inmundas de los campos de refugiados o en esas ciudades atestadas y cubiertas por las basuras, donde se pasean las ratas a la vista y paciencia de los transeúntes, esas familias palestinas condenadas sólo a vegetar, a esperar que la muerte venga a poner fin a esa existencia sin esperanza, de absoluta inhumanidad, que es la suya. Son esos pobres infelices, niños y viejos y jóvenes, privados ya de todo lo que hace humana la vida, condenados a una agonía tan injusta y tan larval como la de los judíos en los guetos de la Europa nazi, los que ahora están siendo masacrados por los cazas y los tanques de Israel, sin que ello sirva para acercar un milímetro la ansiada paz. Por el contrario, los cadáveres y ríos de sangre de estos días sólo servirán para alejarla y levantar nuevos obstáculos y sembrar más resentimiento y rabia en el camino de la negociación.’ [1] Pero nada de lo que diga Vargas Llosa, y tantos otros, nos hará mella: somos el pueblo elegido por Dios (aunque los ilusos estadounidenses también creen en eso), una raza superior y los árabes son una pestilencia que debe ser removida de la faz de la tierra. Por eso construimos ese gigantesco muro en Cisjordania, peor aún del que erigieran en Berlín y que fuera apropiadamente caracterizado como el ‘muro de la infamia’. Nuestros lobbies han sido muy  eficaces en invisibilizar esta monstruosidad y nadie habla de nuestro ‘muro de la infamia’. Reconozco que nuestra traición a los ideales del judaísmo nos inquieta. No era esto lo que querían los padres fundadores. Nos hemos convertido en una máquina de usurpación y despojo colonial que ya no guarda ninguna relación con nuestra venerable tradición cultural. Algunos dicen que Israel es al judaísmo como Hitler lo era al cristianismo. Por eso es que a veces nuestro sueño se perturba y las muertes y sufrimientos que hemos causado durante tantos años –y que para ser sinceros, comenzaron mucho antes de que naciera Hamas- nos acosan como el fantasma de Hamlet. Pero retrocedemos horrorizados ante la posibilidad de una paz que no queremos porque perderíamos los territorios arrebatados durante tantos años, envalentonaríamos a la turbamulta árabe que nos rodea y le haríamos perder miles de millones de dólares a nuestros amigos del complejo militar-industrial estadounidense, que es el verdadero poder en ese país, y a sus socios israelíes que también lucran con este estado de hostilidades permanentes. Por eso seguiremos en esta guerra hasta el final, aun a riesgo de que esta actitud pueda desencadenar un cataclismo universal. El horror padecido bajo el nazismo justifica todo lo que estamos haciendo.”

[1] Mario Vargas Llosa, “Morir en Gaza”, El País (Madrid), 11 Enero 2009, en:http://elpais.com/diario/2009/01/11/opinion/1231628411_850215.html

domingo, 20 de julio de 2014

Raúl Antonio Capote sobre el libro Ser, parecer, tener

ELOGIO A LA LÚCIDA DEMENCIA
Raúl Antonio Capote
Crítica de toda teología capitalista sistémica o mercenaria, exhortación a la lucha, discurso mordaz a veces. Es la poética del combate ejercida en los textos seleccionados de su blog La Isla Desconocida y que podemos leer ahora en el libro Ser, Parecer, Tener, publicado por la Casa Editora Abril. Lúcida demencia del intelectual revolucionario alzado contra los errores desde el orgullo que encarna la lucha. Rebelión iconoclasta del comunista que asume con toda claridad la verdad de que construimos un mundo nuevo, sobre la base de grandes contradicciones y lo hace con la más absoluta sinceridad y entrega.
La dedicatoria del autor: “A los cubanos que hicieron la revolución, a los que la refundan hoy, a los que mañana pelearán por ella”, dice mucho, y su título todo. En estos tiempos, en que ironizar sobre el socialismo se ha vuelto de buen gusto y que algunos, hasta ayer rojos, atenúan el color y prueban armas con cierta timidez en el bando contrario, en estos tiempos que corren, confusos dicen, de cambio aclaman, en que la neolengua de traidores francos e intrigantes solapados quiere vendernos el capitalismo embozado tras frases bellas, preñadas de “candidez” y glamour, como la solución a nuestros “males programáticos y orgánicos”, este libro se convierte en rienda firme para la carga.
No digamos que es un libro necesario, es un libro imprescindible, de esos que llegan para esclarecer, para construir. Su autor critica, esclarece, polemiza, aborda temas perentorios que la intelectualidad cubana discute hoy, rompe lanzas contra los que quieren sembrar la falta de fe en el ser humano, contra los que exaltan el cinismo y el ego reverenciado.
Crítica a la axiología del capitalismo, al principio básico del tener a toda costa por encima del ser, al egoísmo como signo que mueve la vida, a la sociedad dividida en clases como algo natural e inmutable. Crítica incisiva, inteligente a manos de un autor dotado de sólidas bases académicas.
Elogio a la lucidez este caleidoscopio, como el mismo autor lo define, que nos ratifica en medio de aventuras y gimnasias intelectuales, de orfandades construidas con dinero proveniente de las arcas imperiales, que el verdadero talento no está hecho solo de palabras, confirmándonos aquella verdad escrita por Roque Dalton en 1974 desde Hanoi a Julio Cortázar. “El talento que no tiene corazoncito no sirve para un carajo” y si algo le sobra a Enrique Ubieta, es talento y corazón.

Omar Valiño, sobre el libro Ser, parecer, tener

PALABRAS EN VOZ ALTA SOBRE UN LIBRO DE UBIETA
Omar Valiño 
Quiero no olvidar, ante todo, a los que hicieron el libro Ser, parecer, tener, porque es justo. Me parece hermoso que la Casa Editora Abril tenga entre sus autores a Enrique Ubieta y que Ubieta tenga una editorial. No es cosa tan frecuente entre nosotros, tal vez por esas contradicciones y esos no lugares entre lo individual y lo colectivo tan frecuentes en nuestra sociedad. Se tiende a no mirar ese puente esencial: que una casa editorial tenga autores y que los autores tengan una casa editorial. Congratulo a ambas partes por este puente, esta vez existente, y a la Editora Abril porque mantiene a Ubieta entre sus autores.
También a quienes, en definitiva, participaron en la elaboración del libro. Porque Ser, parecer, tener, como objeto no solo es hermoso. Suma, en efecto, las aportaciones de Ares (Arístides Hernández), de sus obras, de sus caricaturas, excelentes propuestas plásticas que, a lo largo del discurso, establecen un diálogo con todo lo que el autor viene discutiendo. Pero, sobre todo, el libro logra algo fuera de lo común: parecerse a la Red; algo en el diseño, en la maquetación recuerda a un blog.
Esa coordenada, de diseño si se quiere, nos advierte sobre un título nacido de estos años. Más que un periodista, especificaría a Ubieta como un polemista dentro de las madejas de la Red y ello lo trasunta también, el libro que recoge el material de su bitácora personal La Isla Desconocida. Así, pudo haberse elegido una opción simplemente cronológica para ubicar en papel un post detrás de otro, sin embargo, se estructura en cuatro bloques que afinan el sentido, ubican temas, asuntos y organizan muy bien el contenido.
Podríamos definir Ser, parecer, tener como un libro en la frontera. Ese límite donde se produce el combate ideológico en el ciberespacio. La primera frontera hoy, sin dudas, es la del espacio virtual. Y desde ningún otro lado se nos ataca tanto. Nunca quizá se nos atacó tanto, correlativamente, como en la actualidad desde ese infinito espacio virtual. Quienes padecemos del vicio en torno al universo noticioso y de las interacciones que cualquier nueva noticia provoca, en particular de aquellas que, en la mencionada frontera, continuamente nos analiza al dedillo y nos trata de desvalorizar en todos los segmentos, comprendemos la importancia de La Isla Desconocida o de La Pupila Insomne. Si cualquier hecho o persona, suceso o proyecto, pasado o por venir, es más atacado que analizado, de modo absoluto, creo que un blog como el de Ubieta es una trinchera necesaria en ese proceso de interacción.
Aunque recoge el material de un período señalado —lo que va del siglo y en particular los últimos años hasta hoy—, y los post pueden ser puntuales, lo hace con perdurabilidad. No es un libro para darse lujos. No se trata, por mero placer, de aunar en un tomo, de casi 500 páginas, todo lo que se escribió. Posee la resistencia de interesarnos hoy. Desde máximas alusiones y mínimos detalles, entra, con la manga al codo, en la polémica ideológica abierta entre nosotros. Si bien, por las características de un libro, es cerrado en sí mismo, se abre a una posibilidad interactiva. Por el propio espíritu de debate del origen de sus textos y por una de las virtudes fundamentales de la escritura de Ubieta: su condición dialogante. Polemizando directamente y a veces no tan directamente, sobre afirmaciones contrarias, queda abierta la posibilidad de un diálogo.
Ser, parecer, tener es firme, es un libro clarísimo. No se esconde de algo, batalla contra desvalorizaciones universales y también entre nosotros, mucha gente teme hoy citar a algún autor o figura, mencionar a ciertas personalidades  históricas y su pensamiento, en una especie de vergonzante repliegue ideológico. Esa pelea es una de las columnas vertebrales que une los textos de este libro tan diverso. Entre esos textos, lógicamente muy cortos en su mayoría, me gusta mucho encontrar aquellos que son el resultado de pequeños estímulos que el autor ha encontrado en la calle, en cualquier circunstancia cotidiana, en cualquier hecho o acción que, ante el deterioro de valores de la sociedad cubana, pudiera parecer insólito. En esos post en particular, encuentro una condición ética que se revela estéticamente en la escritura, en compartir esos pequeños sucesos y destinos de su gente, de sus individuos, de su pueblo, de su Revolución.
Ser, parecer, tener tiene, por esos intereses arriba señalados, una importancia mayor con respecto a nuestros combates internos. Porque, sin dejar de ser transparente y siempre con argumentos, Ubieta le da voz al otro, sea o no adversario. Es un mérito de su blog y de este libro al recogerlo. Aparece lo dicho por el otro o las coordenadas de los sucesos referidos. No se confía a la oposición de ideas mediante una sarta de epítetos y adjetivos. Lamento que este tipo de discurso de La Isla Desconocida no esté más al alcance cotidiano a través de nuestra prensa. Me refiero aquí a la prensa plana. Si sabemos que nuestro alfiletero habitual es la televisión, no hablo ahora de los medios audiovisuales, porque sigo creyendo que este tipo de combate de ideas tiene a la página escrita como soporte ideal, aunque a lo mejor es solo una vejez mía.
La prensa, y probablemente no estaremos de acuerdo, en los últimos meses, está haciendo un esfuerzo por ponerse al día, por parecerse a las discusiones que nos atraviesan. Se acerca a veces, otras se equivoca, pero veo el intento en la prensa nacional y, muchas veces mejor, en los periódicos provinciales. Sin embargo, ese esfuerzo se concentra, no sin razón, en las problemáticas económicas, en nuestras dificultades objetivas, en nuestra mala o pésima cultura del trabajo en tantas partes. Los aportes de La Isla Desconocida no van exactamente por ese lado, se refieren más a las contiendas ideológicas y eso lo veo menos en la prensa plana del país. Esa posibilidad de discutir con las afirmaciones del otro, que Ubieta cultiva, sería una ganancia para el lector de Granma o Juventud Rebelde. A propósito, hay un momento delicioso cuando el autor viaja a España hace pocos años y lo “acusan” de publicar en Granma, como si publicar en Granma fuese en sí ilegítimo o maléfico, mientras que, por el contrario, publicar en El País o en El Nuevo Herald, es simplemente publicar. Ese tipo de distinciones, a veces no tan sencillas, las examina y esclarece con brillantez Ubieta.
Tampoco quiero olvidar la presencia de Cintio Vitier a lo largo de todo el libro ni la forma de pensamiento que, en particular, a nuestra generación, le enseñó Fidel. Por ejemplo, el análisis argumentado de una situación internacional que, de algún modo, se expresa en una circunstancia nacional y que atañe, a veces, a la economía, a la historia, y entra a la discusión ideológica.
La formación filosófica de Ubieta sale a cada paso. Eso le da mucha solidez a su razonamiento, y es algo que está en falta entre nosotros o en todas partes. No se encuentra específicamente en alguna cita, en un alarde de sabiduría. Se trata de un tejido profundo del discurso, esté hablando de lo que esté hablando. Ello le aporta fijeza a la hora de contradecir, analizar, oponer, porque sabe de dónde vienen las cosas, los términos, los procesos históricos. Esto me parece absolutamente fundamental, así como la escritura misma del libro, que alcanza profundidad y belleza y una eficacia comunicativa de extrema claridad.
Por último, y sin tomarlo en el más mínimo sentido negativo, es un libro que habla mucho de Enrique Ubieta. No porque sea ese tipo de autor que se pavonea ante los demás, sino porque es una persona que ha sabido ser extraordinariamente coherente, valiente, inteligente, para sostener este tipo de interacción culta con la sociedad cubana sin desteñirse. Leerlo me retrotrajo al momento en que él y yo nos conocimos, hace ya 20 años, en la redacción de la revista Casa de las Américas, justamente a propósito de una polémica, cuyos reflejos llegan todavía a este libro, aquella producida en Cuba entre un texto de Rafael Rojas y las respuestas de Cintio Vitier y él mismo. Eran los años más duros del Período Especial, en que asocio a Ubieta con sus Ensayos de identidad. Pasado el tiempo, creo que todos sus títulos pueden leerse como prueba de una coherencia extrema, amén de la transformación de cualquier circunstancia. Si no conocemos al autor, a la persona, lo descubriremos leyéndolo, con mucho placer, como parte de las capacidades que tenemos entre nosotros. Como señalaría, en una suerte de imperativo moral, mi amigo Ramón Rodríguez: “tengo que decirlo”. Tengo que resaltar esa coherencia, tengo que destacar su importante trinchera.
Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla Desconocida, me parece, sobre todo, un libro necesario. Necesario al deseo de que estas páginas alcancen en nuestro país mayor difusión en medio del combate ideológico actual que tiene por centro a la cultura. Porque solo la cultura, y dentro de ella las artes, solo una formación cultural profunda, es lo que le permite a un individuo diferenciar entre ser y tener. Y hasta comprender. Ahí está el punctum de este libro, si me guío por Barthes: solo la cultura hace posible la plenitud humana.

Así presenté, de manera improvisada, Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla Desconocida, de Enrique Ubieta, el miércoles 9 de julio de 2014 en la Casa del ALBA, de La Habana, junto al poeta Alpidio Alonso y al historiador Pedro Pablo Rodríguez. Espero, en mi caso, sepan disculpar los tonos y giros conversacionales resultantes de un ejercicio de tal naturaleza.

sábado, 19 de julio de 2014

Alpidio Alonso-Grau, sobre el libro Ser, parecer, tener


NOTAS PARA PRESENTAR UN LIBRO NECESARIO
Alpidio Alonso-Grau
No debe extrañarnos que en los próximos días, cuando ya esté circulando entre los lectores, alguien afirme que este nuevo libro de Enrique Ubieta Gómez es un despropósito. No costaría mucho llegar al por qué: además de situar su origen en un ámbito tan promiscuo como el que conforman las redes (y en consecuencia tan poco “prestigiado” a los efectos puramente académicos), no será difícil convenir que, a la luz de la lógica hegemónica establecida en nuestros días, este conjunto de textos resulta, cuando menos, anacrónico. Frente al “realismo” pragmático y al conformismo ético sobrevenidos tras el llamado fracaso de las utopías socialistas, se defiende aquí un proyecto radicalmente diferente al impuesto por el poder global, proyecto que —contra todos los triunfalismos puestos de moda— ha validado en la práctica su propuesta humanista (tantas veces tachada de imposible) y se muestra decidido a no capitular. Me pregunto si habrá hoy en el mundo herejía mayor.
Estructurado en cuatro bloques, el volumen contiene una selección de “viñetas, artículos, crónicas, ensayos breves, intercambios epistolares y [fragmentos de] entrevistas” publicados por el autor en su blog personal La Isla Desconocida, entre 2001 y 2013. Dicho con sus propias palabras:

"La temática central del libro es Cuba, su destino y sus dos polos: capitalismo o socialismo; alrededor de ella o a partir de ella, Nuestra América y el mundo. Como indica el título (…), esos polos conducen a opciones de vida, que los textos reunidos abordan desde ángulos diversos: ser, estar, parecer, tener. Son textos que buscan o participan de la polémica".

Desde el propio título: Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla desconocida, esa vocación polémica pone las miras en la dimensión cultural de los temas que trata, de tal manera que aunque anclado en una realidad muy concreta y surgido de abordajes (casi siempre apremiantes) de situaciones muy específicas, el libro desborda lo meramente circunstancial y plantea una discusión ideológica y cultural a fondo sobre asuntos de gran complejidad y trascendencia.
Desde esa perspectiva, una y otra vez nos encontramos en el texto con el enunciado que define al socialismo no como un fin, sino como un camino para la construcción de una nueva cultura, opuesta no al consumo sino al consumismo, que es la cultura que genera y alimenta el capitalismo a escala planetaria para su reproducción.
Se trata, para decirlo alto y claro, de un libro de pelea, que todo el tiempo se mueve a contracorriente del pensamiento hegemónico. A ese anacronismo, digamos, de base, suma el de estar escrito en una prosa que conjuga eficacia y belleza, en la que sin descuidar los propósitos analíticos, el discurso nos llega ganado por un estilo ágil y seguro, de una notable capacidad de síntesis, apoyada en recursos que no pocas veces remiten a la escritura poética. En uno y otro sentido, son cada vez menos frecuentes libros así.
Un estado de vigilia permanente anima estas reflexiones. En ellas se trabaja a tiempo completo a favor de un consenso otro, de un orden que subvierta la “normalidad” con que ha conseguido establecerse la dominación imperial a todos los niveles en la sociedad contemporánea. Semejante actitud trae a cuento la mención hecha por Carlos Rafael Rodríguez en su Letra con filo al libro Contra esto y aquello, de Miguel de Unamuno, donde el cubano declara no haber tenido esa misma opción, pues, dice:  “aquí los enemigos no son alternativos ni circunstanciales, no son éstos o aquellos. Quedan muy tempranamente definidos”. Por razones afines, tampoco “se encontrarán aquí páginas neutrales”.
Mas, cuando efectivamente “la pasión es el rasgo que une” a estas indagaciones, vale señalar que no está el lector ante una propuesta de razones cerradas, blindada contra enfoques y opiniones divergentes. A pesar del carácter perentorio y beligerante de la mayoría de estos textos, inexcusablemente marcados por el tono que impone el fragor de los combates actuales, cabría reclamar para ellos la pertenencia a la estirpe batalladora de aquellos juicios que, dicho con palabras de Carlos Rafael, “surgieron como el brote natural de largas y extenuantes reflexiones”. Hubiera podido suscribir también Ubieta un temprano aprendizaje de “las tres categorías en que Schopenhauer dividió a los escritores: los que escriben sin pensar, los que piensan para escribir y los que escriben porque han pensado”; este solo libro le bastaría para merecer un lugar entre los últimos.
Ser y tener, delinean posiciones contrastantes frente al amplísimo repertorio de temas y situaciones examinados en el volumen. Unas veces de manera abierta y otras de forma implícita en las ideas que se defienden. Estas páginas (antes lo hizo el blog) entablan un duelo a muerte con los grandes medios de comunicación, copatrocinadores de los consensos que sostienen al injusto orden social y político actual. Una a una, desde ellas se desmontan y desenmascaran las “mentiras con apariencia de verdad, que el lector europeo (y de otras regiones) traga sin masticar todos los días”. Aunque con matices que la diferencian y que muchas veces complejizan todavía más los análisis, tampoco en Cuba somos ajenos a las derivaciones de esos consensos. El autor lo sabe y se emplea en demostrarlo. De ahí la importancia adicional que cobran estos debates para el lector cubano.
A salvo de altisonancias y lugares comunes, la argumentación utilizada somete a examen muchos de los tópicos que han centrado el debate cultural de las últimas dos décadas en nuestro país. Conceptos tan manipulados tradicionalmente como libertad, derecho, legalidad o democracia, son reactualizados a la luz de un nuevo contexto. A ese haz de intereses se unen algunos otros como felicidad, éxito, heroísmo, y los pares riqueza/pobreza, politización/despolitización, revolución/reformismo, individualismo/solidaridad y oposición/oficialismo, en torno a los cuales se han suscitado algunas de las más interesantes y aportadoras polémicas dentro del pensamiento humanístico cubano más reciente. En todos los casos, la ética viene a ser el elemento diferenciador, la piedra de toque que define el signo de cada posicionamiento.
Otro de los asuntos tratados en el libro que por su importancia no quisiera dejar de resaltar, es el relacionado con el manejo de la llamada memoria histórica. Frente a la falacia de la Historia “total” propugnada por los ideólogos y los medios que “presentan al Che Guevara como un asesino y a Fulgencio Batista como un demócrata que cometió errores”, el autor asume una postura que no deja lugar a equívocos:

"No existe una historia “total”, porque cada tradición —y en una nación hay diferentes tradiciones— conduce a un futuro diferente. Una tradición de anexionistas y de autonomistas nos conduce hacia un Estado Libre Asociado; una tradición de independentistas y de revolucionarios, al socialismo".

Y más adelante, basándose en una visita suya a la ciudad de Praga, donde por obra y gracia de la “totalidad contrarrevolucionaria” “todos los héroes checos desaparecieron como los presos de Pinochet (arrancados de las páginas de los libros y expulsados de los liceos aquellos maestros osados que se atrevían a mencionarlos)” afirma:

"La experiencia checa es aleccionadora. La contrarrevolución está inconforme con el panteón de los héroes revolucionarios, no porque cultive un purismo académico o le importe “la verdad”, sino porque quiere sustituirlo por otro, real o ficticio, inventado o comprado, que le permita contar con una tradición para su proyecto de sociedad".

No por gusto ha sido José Martí (y la tendencia radicalmente independentista y antimperialista que él representa) el principal blanco de los ataques de algunos de los más astutos intelectuales contrarrevolucionarios durante los últimos años, en sus intentos sutiles de deslegitimar (y dejar sin tradición) a la Revolución Cubana. En todo caso, no es el pasado lo que en realidad les importa, sino el presente y el futuro. Y eso debemos tenerlo bien claro los revolucionarios. Al decir de Benjamin: “tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando este venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”.
Ese mismo silencio siniestro es el que hasta ahora ha signado la actitud de la gran prensa frente al “caso de los 5”, tema este sobre el que desde ángulos diversos, más de una vez vuelve Ubieta, y donde consigue páginas ciertamente conmovedoras.
En una crónica del primer bloque, el autor nos hace partícipes de algunas de las opiniones emitidas por Alfredo Guevara en uno de sus frecuentes intercambios con jóvenes universitarios que, ya sabemos (los jóvenes), es un tema que lo obsesionaba. Me interesa llamar la atención sobre dos momentos de ese intercambio en el que Alfredo (a quien siento se le rinde implícitamente un homenaje en este libro) expresa un par de ideas que están a su vez en el núcleo mismo de los razonamientos que se manejan a lo largo del texto. En un primer momento, tras declarar su confianza en los jóvenes (pocos como él lo demostraron), dice: “prefiero rodearme de jóvenes, aunque lamento que muchos estén más preocupados por la cotidianidad que por la contemporaneidad”. Drama tremendo este hoy en el mundo, al que lamentablemente, tampoco escapa la sociedad cubana.
Luis Britto García, en un ensayo de hace ya algunos años, aborda los matices de esta tragedia en la nueva generación que “irrumpe en la escena estadounidense; ya no con el estallido de una guerra victoriosa sobre Alemania y Japón, sino con la implosión de una postguerra económicamente perdida contra las mismas potencias”, o lo que ya es peor en la actualidad: con un sistema haciendo aguas por todas partes:

Todos los temas de la tragedia postmoderna —dice refiriéndose a esos jóvenes—  recurren en ellos como farsa. Se los llama Me Generation (por egoísta), 13th Generation (en el fatal orden de la Independencia), Generación But not for me (eso no es conmigo), Nowhere Generation (Generación de Ninguna parte), Twenynothings (veintinadas), Generation X (por anónima)”: en una palabra: “muerte del sujeto, que en su vaciedad ni siquiera encuentra un nombre”. Mas, “si la juventud postmoderna no halla una denominación, en cambio la industria cultural si encuentra en ella un mercado: lo que la define es la trivia que consume”.

Todo esto entronca (además, por supuesto, de hacerlo con la relación ser-parecer-tener que estructura sus razonamientos, y con todo lo que tiene que ver con la amnesia histórica inducida en nuestros días) con una idea cardinal manejada por Ubieta (y de paso señalo que muy escasamente tratada entre nosotros): la que defiende la legitimidad de la individualidad dentro del socialismo, algo bien diferente al individualismo burgués: la necesidad de que el individuo encuentre su plenitud sin que necesariamente ello implique una contradicción con el proyecto colectivo. “¡Vivan las individualidades!”, recuerdo haber leído en alguno de sus post, frase que no deja de expresar cierta rabia hacia la postura de quienes a nombre del socialismo, y aduciendo autosuficiencia en la actitud de quienes sobresalen, matan la iniciativa individual, sin advertir, por otra parte, que con ello echan por tierra la consabida ley que rige la distribución en la misma sociedad que supuestamente defienden.
La otra idea de Alfredo que me interesa subrayar queda descrita por Ubieta de esta manera: “En otro momento de su intervención, diferenció a la persona del “personaje” que se pavonea ante los reflectores del escenario: “En la persona está la riqueza —recordó—. Yo no amo a mi pueblo —confesó otorgándole a sus palabras un sentido fidelista, que yo me atrevería a definir también como martiano—, yo amo las potencialidades de mi pueblo”. Y a continuación, lo que más me interesa resaltar: “Advirtió (dice Ubieta) que esa actitud lo convertía en un hombre propositivo, es decir, en alguien que habla no solo de lo ya construido, sino también de lo que podría construirse. No solo de lo real descriptivo, sino de lo real potencial”.
Esa idea de atender a lo potencial, que tanto nos recuerda a Cintio (tan admirado por Alfredo, y también por Ubieta, que en más de una ocasión me ha confesado su preferencia por él entre los ensayistas cubanos), la idea de que lo real no termina en las fronteras de “lo real”, sino que muchas veces en lo potencial puede estar lo verdaderamente fecundo, en ese “imposible” sobre el que debemos saltar; esa idea que identifica en el propio desafío una potencialidad revolucionaria, atraviesa el libro de la primera a la última página (es quizá su tesis), al tiempo que —frente al realismo pragmático (a la larga de raíz plattista) de los que no ven más allá de sus narices, de los prácticos de nuevo cuño, de los que sí tienen los pies puestos en la tierra; frente a los que se cansaron, perdieron toda esperanza, y en definitiva hace rato se rindieron, frente a la propuesta de los que piensan (no importa si sincera o cobardemente) que ya esto se acabó— fertiliza los empeños de quienes en la actualidad siguen (seguimos) creyendo en la utópica posibilidad (la martiana, la fidelista) de lo que solo se consigue luchando, que fue la que nos trajo hasta aquí.
No quiero terminar sin celebrar la cercanía poética tanto de los formidables dibujos de Ares (integrados plenamente al discurso) como de varias de las viñetas en prosa que aparecen en el libro. En ellas el texto se mestiza, se asume ambiguo como género (es y no es testimonio, crónica, poema) y nos habla desde una intimidad y una ternura que nos hacen volver una y otra vez a él. Muchas veces estos pequeños artefactos resultan los más eficaces para fijar ideas en el lector. Y aquí recuerdo al Che, cuando hablaba de los sentimientos de amor que animan al verdadero revolucionario. Y también a Cintio (otra vez Cintio), de quien tomo estas líneas referidas a la utilidad de lo que él llama la “literatura de raíz poética”, dentro de la que no dudo en ubicar a varias de las prosas breves a que me he referido: 

"Más que en la música, la pintura, la arquitectura, la danza o cualquier otro arte, en la literatura el tejido de lo ético y lo estético es inextricable (…) La liberación del hombre a que puede ayudar la literatura de raíz poética (…) tiene tanto que ver con las demandas de justicia de las inmensas multitudes despojadas como con la soledad del hombre en cada rincón del mundo. La llamada poesía menor, si tal cosa en verdad existe, a condición de que sea buena en todos los sentidos, tiene especialísima función en un mundo en que el gigantismo de los problemas y las amenazas tiende a borrar el pequeño rostro angustiado de cada persona. Dirigirse a esa persona en su soledad, en el minúsculo contexto de sus quehaceres y experiencias, en el indecible misterio de sus memorias y esperanzas, en la lumbre tantas veces ahogada e indescifrable de sus sueños, no es el menor de los servicios que la palabra participante, dicha o escrita, puede rendir".

Por último, no voy a cometer aquí el dislate de reprocharle a Ubieta su desmedida pasión industrialista, patente en algunas de las páginas de su libro, tema este, por cierto (me refiero al deporte, sobre todo en lo referido al de la profesionalización del béisbol) en el que se lanza también a contracorriente y dice más de una verdad que muchos parecen haber olvidado. No resisto, y anoto una de ellas: “Dondequiera que la política se invisibiliza, el mercado se hace visible y la representa. La única manera de no politizar el deporte —precisamente por su carácter de espectáculo cultural—, es no mercantilizándolo”.
Para reconciliarme con él, tras esa especie de afrenta que viene a ser para un naranja recibir un elogio hacia los azules sin que (atendiendo a las circunstancias) le sea dado prácticamente ripostar, prefiero terminar tarareando (con fraterno espíritu deportivo) la que es por estos días la canción de todos —de los cubanos y los latinoamericanos—, que acompaña la pasión y el orgullo que nos hincha el pecho durante cada actuación de nuestros equipos y que, en cierto modo, resume también, en un par de versos, el sentido profundo de la propuesta que nos hace este libro: “Cuando el mundo está al revés, /mejor pegarle de zurda”.

Palabras de Alpidio Alonso-Grau en la presentación del libro Ser, parecer tener. Debates en y por la Isla Desconocida, de Enrique Ubieta, publicado recientemente por la Casa Editora Abril y presentado el pasado 9 de julio en la Casa del ALBA de La Habana.

Elier Ramírez Cañedo, sobre el libro Ser, parecer, tener

En sucesivos post publicaré los diversos acercamientos a mi libro Ser, parecer, tener (La Habana, Casa Editora Abril, 2014, 466 pp.) presentado el pasado 9 de julio; textos probablemente escritos desde el cariño, pero que contribuyen al debate de ideas y preocupaciones compartidas. El dossier completo aparece publicado hoy en La Jiribilla.
UN LIBRO IMPRESCINDIBLE EN LA HORA ACTUAL DE CUBA
Elier Ramírez Cañedo

Ser, parecer, tener, me resulta un libro muy familiar, al igual que su autor, el destacado y versátil intelectual cubano, Enrique Ubieta. Digo versátil, porque a Ubieta es muy difícil encasillarlo solo como filósofo, periodista o bloguero. Nadie mejor que él para definirse:

“he sido profesor universitario, académico, funcionario cultural, periodista y un poco aventurero. Y no renuncio a ser todas esas cosas a la vez. Martí, el Che y don Quijote, son mis tres personajes de cabecera. Aún me invitan como ponente a congresos internacionales de Filosofía y siento que mi forma de pensar está definitivamente marcada por esa profesión. Pero mi vida es y será la Revolución”.[1]

Soy un ávido seguidor y en ocasiones hasta colaborador del blog que ha dado vida a este libro, La Isla desconocida. Título que, como explica el autor en las palabras introductorias, tuvo como inspiración un cuento de Saramago. Según Ubieta, esta historia del renombrado escritor, le permitió entender que él vivía en una Isla que navegaba buscándose a sí misma. Y es que para Ubieta, el socialismo no es un lugar de llegada, sino más bien un punto de partida, una búsqueda constante del horizonte anticapitalista.
Ser, parecer, tener, como también advierte el autor en su exordio, es una especie de caleidoscopio: viñetas, artículos, crónicas, ensayos breves, intercambios epistolares y entrevistas. Todos textos publicados en su blog y otros sitios digitales, así como en la revista impresa La Calle del Medio, desde 2001 hasta 2013. Si a Ubieta le preocupaba que el libro mostrara algo de dispersión, debo decirle que puede estar tranquilo en ese sentido, pues desde el comienzo de la lectura, se observa claramente una organicidad, y las ideas repetidas no parecen tales al usarse en distintos contextos. Ojalá que en este caso la repetición sirva para fijar ideas tan subversivamente revolucionarias en las mentes de los lectores cubanos y foráneos.
Celebro mucho, además, que esta obra se haya publicado en nuestro país, pues es una manera de lograr que muchos de los trabajos que solo han leído los que tienen acceso a Internet o a un correo electrónico, lleguen a miles de cubanos que no tienen todavía esta posibilidad. Creo sinceramente que mucho de lo que hoy se está publicando en la “Blogosfera Cubana” supera con creces, tanto en calidad discursiva, diversidad, actualidad, e importancia ideológica y cultural, lo que podemos encontrar en nuestra prensa escrita.
Se puede estar de acuerdo o no con algún criterio de Ubieta, pero lo cierto es que sus textos son medulares para el debate que está ocurriendo hoy en nuestro país. Este libro, al igual que el anterior del autor, Cuba: ¿revolución o reforma?[2], es declaradamente polémico. Su autor es un polemista por excelencia. Cree en ella como una manera de defender y poner a circular el pensamiento crítico. Ubieta no teme a los duelos en el terreno de las ideas. Si algo lo caracteriza, es su audacia, valentía y honestidad intelectual. No disfraza para nada sus criterios. Creo que en ese sentido el capítulo titulado: “Diálogo, debate y confrontación”, resultará quizá el más atractivo para los lectores. En él se recogen una serie de polémicas del autor con intelectuales cubanos tan prestigiosos como Guillermo Rodríguez Rivera y Víctor Fowler, así como su participación en otros debates y confrontaciones con escritores cubanos que viven en el exterior, en este último caso, adversarios del sistema socialista cubano, o como los ha denominado Ubieta en alguno de sus trabajos: “oficialistas del sistema capitalista”.
El post “Ser o tener, ¿cual es tu prioridad?”, puede considerarse la médula espinal de todo el libro. En él está sintetizada la visión del mundo del autor, y su concepción sobre el socialismo y el capitalismo. Para aquellos que quieran buscar una explicación sencilla y en pocas palabras de lo que define y confronta a ambos sistemas económico-sociales, y se les dificulte entender la explicación teórica que ofrecen los clásicos del marxismo, este texto será un referente fundamental. Cuando se publicó por primera vez en el blog La Isla desconocida, me motivé a escribir lo siguiente:

“Las personas debieran valorarse recíprocamente por la utilidad de la virtud. El ser siempre por encima del tener. Los objetos fetiches no pueden definir a los seres humanos, pues ellos valen por sí mismos, por sus valores y actitudes ante la vida. Después de satisfechas las necesidades básicas del ser humano, la preocupación de éste por lo material debiera estar concentrada fundamentalmente en cómo lo material puede contribuir en algún sentido a su crecimiento espiritual y el de los demás. Estoy pensando en este caso, en aquellos objetos que facilitan al ser humano el acceso al conocimiento y otros que permiten el buen desempeño de sus profesiones y oficios.
Cuando se conoce a alguien, la primera pregunta no debiera ser tan frívola como ¿qué tiene?, sino ¿cómo es?, ¿qué hace?, ¿cuáles son sus valores? Hay personas que materialmente poseen mucho y sin embargo, como seres humanos son espiritualmente muy pobres. Necesitan ostentar lo que tienen para valer ante los demás, pero solo los que comparten esa mísera concepción del sentido de la vida los acompañan en tanta superficialidad. Tanto unos como otros, se convierten en esclavos de las cosas. Nunca llegan a satisfacer sus necesidades crecientes de tener y por lo general terminan siendo personas infelices. Los objetos moldean el sentido de sus vidas, cuando simplemente debieran ser medios para mejorar su existencia, no el fin de la existencia misma. Algunos, incluso, llegan a apartarse totalmente de esa idea martiana que dice: «la pobreza pasa: lo que no pasa es la deshonra que con pretexto de la pobreza suelen echar los hombres sobre sí».
El capitalismo ha tenido éxito al trabajar no en función de satisfacer las necesidades de la gente, sino en fabricar continuamente estas necesidades a partir de nuevos objetos. No crea mercancías, sino sueños esclavizantes. El socialismo, por el contrario, debe trabajar incansablemente por lograr que los ciudadanos tengan a partir de lo que son, «a cada cual según su trabajo, de cada cual según su capacidad», pero buscando siempre la creación de un hombre que, por encima de todo, encuentre el sentido de su vida en el SER y que en ese SER esté también su reconocimiento social”.[3]

Quiero llamar la atención sobre otro trabajo que me parece esencial: “El capitalismo sí es el enemigo”. En este post Ubieta pulveriza una idea que escuchamos con mucha frecuencia: “el capitalismo tiene cosas buenas y cosas malas al igual que el socialismo, y entonces de lo que se trata es de unir las cosas buenas de ambos sistemas para buscar la sociedad perfecta”. Al respecto señala el autor: “El capitalismo no son «cosas», como zapatos bonitos o luces de neón, son relaciones depredadoras de producción. Su esencia es el mercado, la producción de mercancías. Y para esa obsesión existe un complemento: el consumismo. La cultura del tener”.[4]
Pienso que entender esto es vital. Se necesita de «ojos judiciales» para ver más allá de la vitrina capitalista, para preguntarse y responder ante los cómo y los porqués. Sin embargo, hay que reconocer que el capitalismo ha tenido mucho éxito en su empresa de socializar los sueños, en lograr dominar, incluso, el sentido común de millones de personas en nuestro planeta. Ir a contracorriente resultará siempre harto difícil, pero no hacerlo constituiría un suicidio.
La esencia del socialismo va a ser siempre irreconciliable con la del capitalismo. El socialismo coloca al ser humano en el centro del proyecto, el capitalismo al mercado, al capital. No se puede avanzar hacia el socialismo, sin negar la lógica intrínseca del capitalismo. De lo contrario, podemos terminar siendo sus víctimas. Ello tampoco nos puede llevar al error de satanizar al mercado, de lo que se trata, como bien ha dicho el presidente de Ecuador, Rafael Correa, es de distinguir entre sociedades con mercado y sociedades de mercado. El mercado es anterior al origen del capitalismo.
Esto se relaciona también con otro asunto que se debate hoy en Cuba, en medio de las transformaciones económicas y sociales en curso, con todos sus efectos ideológicos y culturales, y que Ubieta lo aborda en un “post” que aparece también en el libro bajo el título: “Sobre la riqueza y la pobreza, una vez más”. Algunos coterráneos, entre ellos reconocidos intelectuales, conceptualizan la riqueza y la pobreza de la misma manera en el socialismo, que en el capitalismo. Señalan que una sociedad de ricos en Cuba, por solo el hecho de ser ricos, permitirá de manera mecánica la sostenibilidad y sustentabilidad del socialismo y que en el camino hacia esa sociedad los factores ideológicos y culturales son secundarios. Ese aserto lo considero totalmente errado. Si bien el idealismo voluntarista no será nunca la solución para los problemas del socialismo cubano, tampoco lo será el pragmatismo economicista. De lo que se trata es de lograr una propuesta totalizadora.
El capitalismo, para lograr que las posibilidades de enriquecerse sean ilimitadas, necesita generar al mismo tiempo desarrollo y subdesarrollo; requiere que, para que algunos puedan acceder a todos los bienes posibles, otros carezcan hasta de las más elementales condiciones de vida. El socialismo, como sistema, no puede ser enemigo de la riqueza, cuando ésta es el resultado del sudor y el trabajo honrado, pero sí del lucro insaciable a través de la explotación de otros, a costa de la miseria de otros. A su vez, la mejora de las condiciones de vida de los seres humanos debe ir acompañada del fomento de una cultura nueva, diferente y superior a la del capitalismo, alejada del consumismo —no el consumo— que genera el egoísmo y la explotación de unos hombres por otros. Nuestro principal enemigo es la pobreza, pero también la ignorancia, la colonización mental y la enajenación.

“Nada habríamos adelantado los revolucionarios cubanos —ha dicho Abel Prieto— si algún día, derrotado el bloqueo, salimos de la crisis, y alcanzamos cierta “abundancia” económica para descubrir entonces que se nos ha vaciado el alma: que tenemos hombres y mujeres “prósperos” y embrutecidos por ese “bullicio” zoológico que vio Martí en el modelo yanqui; hombres y mujeres sin cultura, sin coherencia ni densidad espiritual, sin memoria ni Patria”[5].

En los últimos tiempos he visto que se recurre mucho a la frase de Martí, extraída de su ensayo “Maestros ambulantes”, cuando dice: “Pero, en lo común de la naturaleza, se necesita ser próspero para ser bueno”[6]. Es cierto que esta frase ayuda a concientizar la necesidad que tenemos de levantar nuestra economía, cuestión de vida o muerte para nosotros, pero debe ir acompañada de una reflexión más profunda sobre qué tipo de “prosperidad” defendía Martí en ese trabajo, ¿se trataba, acaso, de una prosperidad entendida solamente en el plano de lo material? Es obvio que no.

“La felicidad existe sobre la tierra —señala el Apóstol—; y se le conquista con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo, y la práctica constante de la generosidad. El que la busque en otra parte, no la hallará: que después de haber gustado todas las copas de la vida, sólo en ésas se encuentra sabor”[7]. También es hoy imperioso dotar de sentido y contenido la expresión: “por un socialismo próspero y sustentable”.

Hay que tener muy claro, o de lo contrario perderemos nuestra hoja de ruta, que las connotaciones de los conceptos “prosperidad”, “desarrollo”, “progreso”, no son la misma cosa para el capitalismo que para el socialismo. La crítica martiana a la “prosperidad” capitalista que conoció en los años en que vivió en los EE.UU. está también presente en muchos de sus escritos. Con apenas 18 años sentenció:

“Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento. Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad (…) Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado[8] para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa¡”[9]

En otro de sus trabajos expresó:

“si este amor de riqueza no está moderado y dignificado por el ardiente amor de los placeres intelectuales, —si la benevolencia hacia los hombres, la pasión por cuanto es grande, la devoción por todo lo que signifique sacrificio y gloria, no alcanza desenvolvimiento parejo al de la fervorosa y absorbente pasión del dinero, ¿a dónde irán?, ¿dónde encontrarán suficiente razón para excusar esta difícil carga de vida, y sentir alivio a su aflicción?[10].

Asimismo, en septiembre de 1890, Federico Engels escribía a Joseph Bloch lo siguiente:

“Según la concepción materialista de la historia el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertiría aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta —las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas esas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas— ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma”[11].

Estas ideas de Martí y de Engels, entroncan muy bien con el pensamiento del Che, quien en una de las tantas reuniones del Ministerio de Industrias en 1963, dijo:

“El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa, luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación (…) Si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria”.

Muchos de estos juicios martianos, guevarianos y marxistas están en el trasfondo de lo que Ubieta quiere trasmitir en los trabajos recogidos en su nuevo libro. Por eso, con gran lucidez señala:

“Pero creo que la guerra es esencialmente cultural, entre dos modelos de vida (hablo incluso en el sentido más personal, individual). Debemos exhibirlo todo, eso creo, y debemos discutirlo todo. Sin ser dogmáticos, y sin miedo a parecerlo, porque eso nos llevaría a ocultar o despreciar importantes verdades supuestamente conocidas. Sin ser tecosos, repetitivos, esquemáticos, sin despreciar los pequeños (grandes) placeres de la vida y la necesidad del confort, tenemos que ser activos defensores de los resortes morales y participativos. La guerra es mente a mente. Persona a persona”[12]

Solo me resta terminar estas líneas agradeciendo a Enrique Ubieta por este regalo que nos hace con Ser, parecer, tener y por su siempre espíritu quijotesco.

NOTAS:
[1] Enrique Ubieta, Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla Desconocida, Casa Editora Abril, La Habana, 2014, p.452.
[2] Enrique Ubieta, Cuba: ¿revolución o reforma?, Casa Editora Abril, La Habana, 2012.
[3] Elier Ramírez Cañedo, Ser o Tener, en: blog Dialogar, dialogar, 20 de julio de 2013, https://dialogardialogar.wordpress.com/2013/07/20/ser-o-tener/
[4] Enrique Ubieta, Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla Desconocida, Casa Editora Abril, La Habana, 2014, p.168.
[5] Abel Prieto, La Cigarra y la Hormiga: un remake al final del milenio, en: Fundar es nuestra tarea. 6 intervenciones sobre política cultural, Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, 2012, p.57.
[6] José Martí, Maestros Ambulantes, La América, Nueva York, mayo de 1884. Reproducido en Obras completas. Volumen VIII. La Habana: Editorial Nacional de Cuba, 1963.
[7] Ibídem
[8]  Término que utiliza Martí haciendo alusión a la mercantilización.
[9] Cuaderno de apuntes, no.1, Obras Completas, t.21, pp.15-16.
[10] Impresiones sobre Estados Unidos de América. Por un español recién llegado. (I), Obras Completas, t.19, p.107.
[11] Citado por Rolando Rodríguez, Una apuesta por el marxismo, en: Raíces en el Tiempo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009, pp.425-426.
[12] Enrique Ubieta, Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla Desconocida, Casa Editora Abril, La Habana, 2014, p.91.