jueves, 17 de abril de 2014

Gabo será eterno

Gabriel García Márquez marca un hito en la historia de la cultura latinoamericana y caribeña. Pero no solo para nuestra región su partida significa un gran vacío; el mundo entero ha perdido a uno de sus más lúcidos y genuinos intelectuales.
Gabo, como también se le conoció, fue fundador de la Red En Defensa de la Humanidad, estuvo siempre en la primera línea de combate contra la injusticia y su voz se alzó en repetidas ocasiones para denunciar las violaciones de la soberanía y de los derechos de los pueblos y minorías en cualquier parte. Acompañó y defendió a Cuba en su lucha contra el terrorismo y en sus denodados esfuerzos por llevar salud y conocimiento a los humildes de la tierra.
Para los cubanos, la amistad de García Márquez con nuestro pueblo y en particular con Fidel, es ejemplo de honestidad y hermandad. Sabemos cuánto dolor provoca su ausencia. Sin embargo, como expresara Martí: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien con la obra de la vida”. Gabo será eterno.
Unimos nuestros sentimientos a la familia del entrañable amigo, en particular a Mercedes y a sus hijos Gonzalo y Rodrigo. Saben que en Cuba siempre tendrán su casa.

Red de Redes En Defensa de la Humanidad-Cuba.

Falleció el Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez

(TeleSur) El escritor, novelista, cuentista, guionista y periodista colombiano Gabriel García Márquez, murió este viernes a los 87 años de edad, luego de un cuadro de neumonía que lo mantuvo hospitalizado por una semana.
García Márquez, ganador del premio Nobel de Literatura en el año1982, nació el 6 de marzo de 1927, en Aracataca, un municipio del departamento bananero de Magdalena (norte), era hijo de un telegrafista y de la hija de un coronel.
Al culminar sus estudios secundarios, García Márquez se fue a Bogotá (capital) a estudiar derecho en la Universidad Nacional de Colombia, para complacer a sus padres, sin embargo en sus tiempos universitarios, dedicaba especial atención a la lectura y al descubrimiento de nuevos autores.
Tras el asesinado de Jorge Eliécer Gaitán fue cerrada la universidad y el Gabo, como también es conocido, desiste de convertirse en abogado y se centra en el periodismo. Se traslada a Barranquilla (norte) para trabajar como columnista y reportero en el periódico El Heraldo.
Posteriormente fue enviado a París para ser corresponsal extranjero de El Espectador. Estando en Europa, conformó el círculo de escritores y pensadores que le dieron vida al conocido “boom latinoamericano” (movimiento literario, político y social que surgió entre los años 1960 y 1970).
El Gabo obtiene notoriedad mundial cuando se publica Cien Años de Soledad en junio de 1967. Ésta se convierte en su obra maestra y hace de Latinoamérica la patria grande del realismo mágico, poniendo en el mapa a un Caribe inimaginado en otras latitudes con la increíble historia de una saga familiar.
Esta fascinación por el Caribe, que le dio la vuelta al mundo con Cien Años de Soledad, le valió el premio Nobel de Literatura. García Márquez recibió el premio en Suecia, donde vestido de liqui-liqui tomó la medalla y el diploma que lo consagraron como un grande de la literatura. En su discurso rompió el silencio del auditorio para hablar de su Latinoamérica natal "yo sueño que ahora las estirpes condenadas a Cien Años de Soledad, tengan una segunda oportunidad sobre la tierra", dijo en esa oportunidad.
El Coronel no tiene quien le escriba, El amor en tiempos de cólera, El general en su laberinto entre otras tantas obras, hicieron de García Márquez una referencia mundial de la literatura en clave latinoamericana. Recibió, entre otros, varios reconocimientos como el premio Rómulo Gallegos, la condecoración Águila Azteca en México, la Orden de la Legión de Honor en París.
El Gabo siempre defendió su postura política, rechazó el intervencionismo estadounidense y el capitalismo como forma de Gobierno. Sostuvo amistades que levantaron polémica, como su entrañable lazo con el Líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, de quien manifestó su admiración durante años.
 
Su enfermedad
En 1999 le fue diagnosticado un cáncer linfático. Al respecto el escritor declaró en el año 2000 en una entrevista al diario El Tiempo de Bogotá lo siguiente:
“Hace más de un año fui sometido a un tratamiento de tres meses contra un linfoma, y hoy me sorprendo yo mismo de la enorme lotería que ha sido ese tropiezo en mi vida. Por el temor de no tener tiempo para terminar los tres tomos de mis memorias y dos libros de cuentos que tenía a medias, reduje al mínimo las relaciones con mis amigos, desconecté el teléfono, cancelé los viajes y toda clase de compromisos pendientes y futuros, y me encerré a escribir todos los días sin interrupción desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde. Durante ese tiempo, ya sin medicinas de ninguna clase, mis relaciones con los médicos se redujeron a controles anuales y a una dieta sencilla para no pasarme de peso. Mientras tanto, regresé al periodismo, volví a mi vicio favorito de la música y me puse al día en mis lecturas atrasadas”.
Sus quebrantos de salud, lo obligaron a abandonar la vida pública recientemente. Sin embargo fue visto este 29 de septiembre durante la inauguración de una sala de juegos en la Ciudad México, donde el Gabo fue el invitado de honor; acompañado de su familia el escritor se mostró de buen ánimo y conversador.

Ucrania: debacle de la operación “antiterrorista”

Ángel Guerra Cabrera
El levantamiento popular en el este y sur de Ucrania obedece a que el gobierno golpista de Kiev no cuenta con el apoyo de la mayoritaria población de origen ruso o rusohablante de esa región, que no solo no se siente representada por este sino lo ve como una amenaza. No debe olvidarse que Stepan Bandera, ídolo de los nuevos gobernantes instalados por la OTAN fue un importante colaborador de los nazis, cuya ocupación y horrendos crímenes en Ucrania no han sido olvidados y han reflotado en estos días.
¿No les suena familiar? John Brennan, director de la CIA, visita a sus compinches en Kiev el 12 de abril y horas después se anunciaba la peculiar operación “antiterrorista”, precisamente contra la población de origen ruso o rusohablante de la región del Donets, sublevada pacíficamente desde hace días. Si usted no se subordina a Estados Unidos hoy lo clasifican como terrorista; en cambio si se le somete ganará la calificación de rebelde o insurgente.
Milicias y grupos de autodefensa rusos o rusoparlantes que rechazan al gobierno golpista de Kiev, tomaron, en al menos 12 ciudades, con gran apoyo de la población local, las comisarías de policía, así como las unidades del Servicio Federal de Seguridad y del Ministerio del Interior, que no solo no hicieron resistencia apenas sino en muchos casos se pasaron a los alzados con armas y bagaje.
La denominada operación “antiterrorista” de los nazis de Kiev contra el este de Ucrania hizo correr sangre de los sublevados pero en un incidente aislado que al parecer no pasará a mayores.
El enviado de EFE al aeropuerto de Kramatorsk, lugar donde se produjeron las bajas, cita a un líder insurgente local: “un avión de combate sobrevoló el campo y disparó una ráfaga de advertencia. Al sobrevolar el campo por segunda vez disparó contra los milicianos".  Varios reportes de fuentes rusas y ucranianas coinciden en que fueron las ráfagas de la aeronave las que mataron e hirieron algunos milicianos. Pese al revés sufrido –añade EFE-, los prorrusos no se arredraron y varios centenares de civiles desarmados, entre los que figuran mujeres y ancianos, han bloqueado con sacos y neumáticos los accesos al aeródromo, mientras los insurgentes siguen controlando Kramatorsk, ciudad aledaña al aeropuerto.
Lo sustantivo es que los “terroristas” han rechazado enérgicamente  la operación sin apenas disparar un tiro y, de hecho, con el apoyo del pueblo de la región la han desmontado pacíficamente, mientras se pasaban de su lado o se les rendían tropas de infantería o blindados de las unidades regulares ucranianas enviadas a combatirlos. Las tropas, abordadas por vecinos desamados, han izado la bandera rusa en sus vehículos y asegurado que no dispararán contra el pueblo. Aunque el gobierno anunció el envío de un batallón de participantes del Maidan y grupos del ultrafascista Sector Derecho, estos no parecen haberse atrevido a entrar en combate.
A diferencia de Crimea, donde la independencia y anexión a Rusia era una clamorosa exigencia popular, en el industrializado este de Ucrania la población rusoparlante reclama la federalización del país como demanda fundamental, que –se da por descontado-, incluiría un grado importante de autonomía de las regiones respecto al poder central, el derecho a tener el ruso como idioma oficial junto al ucraniano y a preservar su cultura. A la vez, se oponen terminantemente al ingreso de Ucrania en la OTAN e incluso en la Unión Europa(UE) por considerarlo altamente lesivo a sus intereses como colectividad.
El ingreso en la UE, por ejemplo significaría el desmantelamiento de la industria de esa región, cuyo cliente es Rusia, y el sometimiento a salvajes planes de ajuste del Fondo Monetario Internacional.  También levantan el reclamo de no continuar financiando la economía del occidente del país y que todas estas demandas sean recogidas en la nueva constitución.  Con las tropas enviadas por Kiev negándose a disparar contra sus hermanos rusohablantes la ofensiva del gobierno ilegítimo se ha convertido en una gran derrota para sus integrantes.
A la lúcida y realista dirección de Rusia no le interesa invadir ni anexar Ucrania pero tampoco va a permitir su ingreso a la OTAN ni que no se tomen en cuenta en el nuevo ordenamiento constitucional las opiniones y los derechos de la población de origen ruso. Armonizar estas demandas y las de la población proocidental del oeste de Ucrania exigirá talento y espíritu constructivo, que no sobran en Washington ni en Bruselas.

miércoles, 16 de abril de 2014

Eusebio Leal: No se presenta la Revolución ante la posteridad con las manos vacías

Intervención del Historiador de La Habana, Eusebio Leal, en el VIII Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)
Quisiera felicitar mucho, ante todo, a todo el Consejo y particularmente a nuestro querido y admirado Miguel (Barnet). Siempre he creído que es una de las más brillantes figuras de nuestra intelectualidad de todos los tiempos, y con una de las más sólidas formaciones intelectuales: antropólogo, poeta, escritor brillante, novelista premiado, orador.
Eso se acerca mucho a ese ideal que magistralmente explicaba la doctora Graziella Pogolotti cuando señalaba el papel de los intelectuales cubanos en el siglo XIX y lo que hicieron y cómo contribuyeron a ir formando, en circunstancias tan difíciles y tan arduas, un ideal de nación; y cómo surgieron allí conflictos y contradicciones, aun entre ellos mismos.
Es inolvidable el sentimiento de pesar y tristeza de (José María) Heredia, que muere lejos de Cuba, y que fue incomprendido por los propios compañeros de generación cuando, por razones estrictamente personales, decidió volver a Cuba en una circunstancia difícil.
Otros cuestionaban a la Avellaneda porque había salido de Cuba y no había regresado; solo para recibir el imponente tributo de la intelectualidad cubana. Estamos celebrando su bicentenario.
Y, desde luego, aquí se ha evocado una serie de nombres que serían infinitos. Cuando uno de los más conspicuos partícipes del evento, nuestro amigo Esteban (Morales) hablaba de la necesidad del monumento a (José Antonio) Aponte, recordaba las palabras de José Martí a José Joaquín Palma, el poeta emigrado que viviendo en Guatemala y compositor críptico del Himno Nacional de aquella patria, fue el primer biógrafo de Céspedes: “Nosotros tenemos héroes que eternizar, heroínas que enaltecer, admirables pujanzas que encomiar. Nosotros tenemos agraviada a la legión gloriosa de nuestros mártires a los cuales debemos nuestros cánticos y nuestro signo, o nuestros trinos y nuestro signo”; quiere decir que serían muchos los monumentos a erigir e incontables las memorias. El subdesarrollo genera como mal terrible el olvido.
Es como si fuese necesario comenzar todos los días. Por eso la doctora Pogolotti, en admirable lección, explicaba la necesidad de la memoria.
Aquí en la sala ha estado sentado el primer Ministro de Educación de la Revolución Cubana, el Doctor Armando Hart. Lo fue porque, hijo de una estirpe de pensadores, de abogados, de hombres que creyeron en el derecho, puso su espalda al látigo, la frente alta al juicio, porque fue consecuente con la enseñanza de su padre, el primer magistrado, y primer cubano en llevar la Orden Nacional José Martí, porque puso por medio la sangre de su hermano y porque además durante muchos años, durante el tiempo vital de su acción como Ministro de Educación, tuvimos el privilegio –sobre todo los mayores– de participar en aquel magno acontecimiento que fue la alfabetización.
Los que fuimos alfabetizadores, los que asistimos a la concentración a la Plaza, con los lápices; los que fueron al campo o estábamos en la periferia agónica e infernal de las ciudades, enseñando a leer y escribir, sabemos cómo es esta historia.
No se presenta la Revolución ante la posteridad con las manos vacías, no.
Con razón se ha dicho que el magisterio cubano y los maestros cubanos fueron los depositarios del fuego; fueron los que guardaron la estrella radiante.
Eduardo Torres Cuevas, otro brillante intelectual, presidente de nuestra Academia, decía en una oportunidad que el sentimiento precede al conocimiento. Lo primero es el sentimiento. Nosotros no sabemos que nuestra madre es tal hasta mucho tiempo después.
Lo primero fue el silencio sepulcral del claustro materno, luego el alumbramiento, luego alguien cuyo palpitante corazón no recordamos, pero que nos nutrió, nos dio vida. Finalmente, identificamos ese ser con la palabra madre.
El General Presidente requería y hablaba de la urgencia de la teoría revolucionaria, un pensamiento leninista, no hay Revolución sin teoría revolucionaria. ¡Pero qué suerte ha tenido este país, que ha tenido una pléyade tan destacada y gloriosa de intelectuales, pensadores, como también de científicos! “¡Cómo es posible!”, preguntaba yo a una persona el otro día. Cada vez me admiro más de Joaquín Albarrán, qué figura, qué extraño misterio el de ese pueblo, Sagua la Grande, que dio figuras tan extraordinarias. ¡Qué privilegio el de San Juan y Martínez, que dio a esas dos inteligencias extraordinarias, a esas dos almas puras y grandes y comprometidas cuyos padres conocí!
Entonces nosotros no podemos sentir el desaliento aterrador de que hablaba José Joaquín Palma. Nosotros tenemos que sentir que no es grave ni complejo que en una reunión como esta, más breve o más larga, se discuta o se batalle.
Hace 48 horas cuando esto comenzaba, daba la casualidad de que se conmemoraba aniversario de la gloriosa Asamblea Constituyente de Guáimaro, utopía cubana democrática. Pero no podemos ignorar que, aun allí, surgieron problemas y confrontaciones y visiones diferentes del mundo.
Fue Fidel el único que fue capaz de unir este país, después de haber enfrentado desde el nacimiento de la idea infinitas discordias. Para llegar a la concordia, hemos recorrido un largo camino de sangre, de sacrificio.
El Periodo Especial fue un momento duro del cubano. Salvar a una partida habría sido fácil; pero no lo fue salvar a una nación, hacer pasar a un pueblo por un camino tan angustioso como el paso de Termópilas, pasando trabajos infinitos, y lograr la victoria de podernos hoy reunir aquí de nuevo, con ciertas confortables condiciones que me parecen maravillosas.
Ah, pero nos vimos en condiciones tan duras como aquellas que describió Ramón Roa en su criticado y duro libro: A pie y descalzo.
Yo me permito recordar el apasionante prólogo de José Martí a ese libro lindo: Los poetas de la guerra. Todos suscribieron sus versos con su sangre. Y recuerdo la incomprensión de un gran libertador, que no era hombre de cultura, más bien hombre de valor acerado y probado, que, viendo llegar al presidente Bartolomé Masó rodeado de la flor y nata de la intelectualidad, recibió del Presidente la siguiente interpelación: “¿Y a usted qué le pasa, General?”, porque vio que se puso rojo, y este le dijo: “Es que lo veo a usted rodeado de esos bandidos”. Y le dijo: “¿Cómo va a decir usted bandidos, si esto es lo mejor, este es el pensamiento?”. “Yo no sé. A mí me han dicho que son unos poetas”.
Y es que pensaba el adusto libertador que los poetas estaban solo al pie de la lira y el árbol, de la noche, de la estrella, de la rosa y no sabía que casi todos o todos los que ahí estaban fueron mártires y héroes de la revolución cubana.
Entonces, no se presenta la Revolución con las manos vacías. Aquí han pasado cosas terribles. Esta nación tuvo que enfrentar y enfrenta –y recientemente se ha denunciado una nueva y más sutil forma– ataque y agresión. Este país ha tenido que caminar recorriendo también sus propios extravíos, como toda Revolución verdadera.
Recuerdo que cuando el Presidente francés me cursó una invitación sorprendente para asistir a la conmemoración gloriosa de la Revolución Francesa y de la Batalla de Valmy, iba entrando el cuerpo diplomático, los eclesiásticos vistiendo su ropa, los embajadores, príncipes de las dinastía antigua que se encontraban allí, la princesa, Napoleón, etc. Y entonces dije yo a mis adentros: “Si alguna de las grandes figuras de la revolución, de los protagonistas de esta conmemoración, apareciera aquí de pronto, todo el mundo saldría corriendo, incluyéndome a mí”. Claro, se sentiría quizás aquella voz terrible que dijo al amigo: “Me precedes en la muerte”, que fueron las palabras terribles dichas por un amigo al otro.
Pero también recuerdo las de Robespierre cuando, en la enfermería con la mandíbula rota por el disparo, teniendo a Saint-Just por compañero, a aquel le dijo señalando los Derechos del Hombre que estaban sobre la pared de la conserjería: “Al menos pudimos hacer algo”.
Nosotros hemos hecho un poco más de algo. No hay un solo rincón de la Tierra donde no se sienta una y otra vez el nombre sonoro y breve de esta isla: Cuba.
Somos una isla y somos como aparecemos aquí en la sala: como decía yo hace un rato a mi amigo el Chino (Eduardo) Heras, qué mezcla somos, qué creación, qué fascinante creación se ha hecho sobre nosotros. “Se han vertido en ti cien pueblos”, como decía el poeta. África infinita, España infinita, la huella indígena en nuestra sangre, los que vinieron del país del loto, como dijo Dulce María Loynaz, y todos esos esclavos. Y crearon un pueblo que, como decía en un verso bello Martí, cantado como nadie por Miriam Ramos: “qué dulcísimo, qué dulcísimo nombre: Cuba”.
Entonces, en nombre de eso, diría, debemos salir porque ya se aproxima la hora, sabiendo que hemos logrado un éxito en el Congreso, que se ha escuchado la opinión, que se ha discutido, que ha habido momentos –como es lógico– de tensiones, que ocurren en el seno de la mejor familia, que han elegido a un granado Consejo donde están presentes mujeres y hombres de mucho mérito.

Tenemos un presidente de lujo…
Aquí a veces los compañeros no se han dado cuenta, también la educación y las formas obligan a saber cómo hay que comportarse en cada tiempo y lugar. Está sentado aquí el Primer Vicepresidente –y que conste que yo no soy de Las Villas–. Pero digo esto en gracia a la importancia, como él dijo esta mañana, de la presencia de los ministros del gobierno.
Ah, tú has dicho algo muy grande hace un momento. Has recordado a Fidel. Cuando hace seis años nos reunimos, recuerdo que dije: “Fidel no está porque no puede, no porque no quiere. Pero no ha estado ausente en ningún momento de nuestro espíritu ni de nuestro pensamiento”. Fidel es un hombre, un ser humano, una figura de la historia que ha recibido una luz profunda y sobre las sombras que proyecta tan grande figura tendrá mucho tiempo la Historia que hablar. Pero sin él no habría sido posible esta reunión, ni estas altas consideraciones, ni este sentido que tuvo siempre de cuidar el pensamiento, porque él mismo es un intelectual.
Y cuando tan alto magistrado está ausente y va a cumplir felizmente 87 años, lo vimos recientemente los que tuvimos el privilegio de estar en el acto inaugural de la exposición de Kacho, y entró la estatua que otra vez vive, con sus ojos brillantes, tomó la mano de algunos de nosotros y dijo estas palabras: “Estamos aquí porque hemos resistido”.
Cuando falten unas pocas decenas de minutos entrará por la puerta el que tiene que conducir a este país al umbral de la salida, porque quiero que se sepa que vamos a salir y que estamos saliendo, que el momento es solemne y decisivo, porque muchas cosas se saben y otras no; pero hay que timonear contra olas grandes, hay que pagar deudas, hay que trabajar mucho. El país tiene que producir para que se levante y viva; porque tan importante como pensar, es el pan. Hay que tener un pan para pensar. Hay que meditar si se tiene primero un pan o se hace filosofía. Es necesario tener un pan, y no hay escapatoria. Las mejores amistades, cuando se les debe un solo celemín, tuercen la sonrisa y reclaman el celemín.
Los cubanos no podemos vivir dependientes permanentemente de lo que otros nos dieron o de lo que en momentos determinados obtuvimos. Los cubanos tenemos que salir hacia delante unidos por nuestro propio esfuerzo, con nuestra propia fuerza. Dentro de un rato entrará el que lleva el depósito del fuego que le entregó aquel que, en el momento grave de peligro, dijo: “Lo que Raúl disponga”, y el que lleva lo más importante que ha impedido que nadie ponga un pie en este pueblo: la espada.
Muchas gracias.

martes, 15 de abril de 2014

Fernando González: “Fuimos conscientes de que estábamos pagando por ser revolucionarios”

Entrevista realizada por Hernando Calvo Ospina al antiterrorista cubano recientemente liberado.
Los vi venir. La cita era en la Plaza de Armas, del lado de El Templete, en La Habana Vieja. Creí que nunca llegarían. Su paso era lento, despreocupado. Querían mirar y reparar en todo. Era como si quisieran descubrir la ciudad. Como si fueran los más dedicados turistas.
Quise ir a su encuentro pero desistí cuando miré a su alrededor. Muchos ojos se abrían desmesurados, como no creyendo que eran ellos. Entonces una mujer se acercó a ellos, y los tocó para constatar que sí eran. Se lanzó en abrazos. Avanzaron unos pasos y llegaron otros tres jóvenes para saludarlos. Pero la mayoría se contentaba con admirarlos. Ellos, con la mayor ternura recibían y observaban esas demostraciones de cariño.
Después de haber escuchado una versión de la Guantanamera, adaptada a los “Cinco Héroes” por tres músicos callejeros, al fin llegaron al lugar de la cita. Ahí sí me acerqué. Mejor, me fui directo para abrazar a Fernando. Nos fundimos en un abrazo como poquísimos he dado y he recibido de un hombre. Mi admiración por su noble labor y sus años pasados en prisión se fueron en el mío. Luego saludé a su esposa, Rosa Aurora Freijanes. No supe a quién debía saludar en primero: René, el otro antiterrorista libre, o a su esposa Olga, con los cuales ya había tenido la oportunidad de compartir unos momentos meses atrás. Creo que primero la abracé a ella. En ese momento noté que una dama trataba de pasar desapercibida: Elizabeth Palmeiro, la esposa de Ramón Labañino, otro de los antiterroristas cubanos que aún sigue pagando injusta condena en Estados Unidos.
Dominique Leduc, secretaria general de la Asociación de solidaridad France-Cuba, estaba más que sorprendida. Yo la había invitado sin precisarle de qué se trataba.
Había mucho viento, lo que dificultaba filmar en la calle. Por eso pedí a la dirección de un hotel que me permitiera hacerles la entrevista en el pequeño patio. Apenas dije de quienes se trataban aceptaron de inmediato: “Es un gran honor para nosotros acoger a nuestros Héroes”. No había dado la espalda para ir en su búsqueda, cuando sentí que la noticia comenzaba a propagarse entre los trabajadores. “Este pueblo les debe mucho”, le escuché decir a un hombre de piel bien negra, muy emocionado.
Ahí tenía sentado a Fernando para hacerle unas preguntas. Antes de que Roberto Chile, el reconocido camarógrafo cubano, diera luz verde a la filmación lo observaba y me preguntaba: ¿¡cómo pueden ser tan humildes, tan humanos, cuando en cada esquina y hogar de Cuba están presentes!?
“Los guardias me despertaron a la una de la madrugada del jueves 27 de febrero. Después me encadenaron de manos, cintura y pies, y a las 3h30 me sacaron de la prisión de Safford (Arizona). Presuntamente estaba en libertad, pero ahí mismo, en la puerta, fui detenido por las autoridades de migración. Y me llevaron en una caravana de vehículos muy custodiados hasta la ciudad de Phoenix. Luego a Miami… El operativo duró unas 36 horas. Siempre estuve esposado, y en medio de un gran operativo de seguridad que me sorprendió.
Hasta en el avión que me trajeron a Cuba traía esposas, aunque eran de plástico, las que cortaron cuando el avión abrió la portezuela en el aeropuerto José Martí de La Habana. Sólo en este momento me sentí libre.

¿Cómo se comportaron los presos contigo? ¿Sabían quién eras?
Al comienzo era un preso más. Pero poco a poco se fue haciendo conocido el caso debido a la solidaridad internacional. La solidaridad de las organizaciones en Estados Unidos logró que en algunos canales de televisión alternativos se informara de nosotros. Además, los materiales de lectura que recibíamos los compartíamos con los otros presos. Esto fue llamando la atención, y así se fueron dando cuenta que éramos personas con un pensamiento diferente. Entonces venían para charlar de Cuba, de la Revolución.

Estuviste preso quince años, cinco meses y quince días. ¿Fue un castigo que se le dio a Fernando González?
Desde el inicio de este proceso fuimos conscientes de que estábamos pagando por ser cubanos revolucionarios. Por estar realizando una labor para el pueblo de Cuba, para la Revolución, y hasta para el pueblo de Estados Unidos, pues evitamos acciones terroristas que le hubieran podido afectar.
El castigo no fue contra mí, contra nosotros: fue una necesidad de venganza por el odio que tienen contra un proceso revolucionario, contra una historia. Y así lo asumimos.

¿Cómo te sientes en Cuba?
Me siento bien libre, y no solo por haber salido de un régimen de cárcel. Tengo esa libertad que me negaron en Estados Unidos. Aquí tengo la libertad de hacer lo que quiero, incluyendo la libertad política. Es que en Estados Unidos no se es libre de pensamiento, porque ellos tienen muchos mecanismos para controlar y manipular a las conciencias de las personas.

Quedan tres antiterroristas cubanos en prisión…
Tenemos una deuda de gratitud con todos los amigos del mundo por lo que han hecho por nuestra libertad. Pero tenemos aún muchísimo por hacer, porque no nos conformamos que Ramón y Antonio cumplan su sentencia, como la cumplimos René y yo. Hacerlo significaría que Gerardo nunca regresara. Por eso los amigos de la solidaridad en el mundo deben seguir presionando para que los tres salgan y regresen lo más pronto posible

¿Sientes que la Revolución y el pueblo cubano te cumplieron?
Me cumplieron. Nos cumplen. Pero es que nunca tuve dudas. Nosotros estábamos claros de cuál era nuestra responsabilidad, y que debíamos resistir. Estábamos conscientes de que públicamente, o no, íbamos a tener el apoyo de la Revolución, del pueblo de cuba. Y esto incluye a muchos cubanos residentes en Estados Unidos y el mundo. Un día se decidió que la defensa y apoyo a los Cinco se hiciera pública. Eso fue una decisión política. Pero aunque no hubiera sido así, nosotros sabíamos que no íbamos a estar solos.

Algunos creen que me ofenden al llamarme comunista...

Yuris Nórido
Micro-crónicas
Miren, ya sabemos que nadie sabe muy bien qué cosa es el comunismo, que no se ponen de acuerdo, que para muchos es una mala palabra, que para otros es una locura; ya sabemos que abundan los que piensan que un comunista es un diablo, un enemigo de las libertades, un violador de los derechos humanos, un defensor de dictaduras, el coco de las familias decentes; está clarito que muchos de los que se dicen comunistas no lo son ni por asomo, que Stalin fue un asesino, que en nombre de un supuesto comunismo internacional se cometieron muchos crímenes, que muchos experimentos “comunistas” fueron una tragedia; es más, a muchos no nos queda claro si de verdad se podrá construir el comunismo, a algunos nos parece que es tan perfecto que no parece humano, a no pocos nos parece sencillamente un sueño... Pero qué hermoso sueño.

lunes, 14 de abril de 2014

Silvio: por todo espacio, por este tiempo

Prólogo de Fernando Martínez Heredia al libro Por todo espacio, por este tiempo, de Mónica Rivero y Alejandro Ramírez Anderson, que fue presentado este viernes en el concierto que ofreciera Silvio Rodríguez, en el barrio Campo Florido.

Poco antes de escribir estas palabras me pregunté: ¿qué decir que no haya dicho Mónica Rivero en este libro de Silvio en los barrios? Ustedes leerán a continuación sus hermosos y profundos textos, un conjunto de crónicas, testimonios, entrevistas, ensayos y valoraciones que comparto. Ellos completan las más de doscientas imágenes tomadas por Alejandro Ramírez, dándoles voz a las mujeres y los hombres, los niños y ancianos cubanos que nos miran o discurren por el medio tan adverso en que viven sus vidas. Esos textos también nos dan voz a nosotros, los que al menos sabemos que la indiferencia es un crimen.
Ante todo, esto es obra de Silvio. Él explica sus razones y circunstancias en “Un buen camino para andar”, uno de los breves capítulos del libro. Por mi parte, llamo la atención sobre la extrema consecuencia de toda su vida, que lo ha llevado a emprender en el año 2010 una gira que no descarta que pueda tornarse interminable. Esa constancia suya podría rastrearse en lo que es la mayor donación que nos hace, y su arma principal: sus canciones. En sus letras ha combinado siempre los más disímiles actos, ideas, sentimientos, motivaciones y situaciones que encuentran los seres humanos -a menudo en contrapuntos sorprendentes-, en una unión musical de fuerza y belleza, de proclamas y sugerencias, que les da una influencia extraordinaria sobre la sensibilidad y los pensamientos de quien lo escucha. La riqueza y la diversidad que logra son enormes, pero no hay ambigüedad política en sus canciones. En este terreno, quizás el mayor aporte de Silvio es que siempre es revolucionario, en el sentido cabal de la acepción. Eso lo ha hecho difícil, conflictivo, a veces inaceptable; es natural, porque la revolución verdadera, de liberación humana y social y de creación de personas nuevas, es difícil, conflictiva y a veces inaceptable.
El cantor de las glorias, los sacrificios, las victorias, las derrotas, los heroísmos, la conciencia y la constancia del pueblo nunca ha sido ciego ante los viejos males y los males nuevos del largo camino. A los 21 años reclama
que se tengan en cuenta: “Miren que decir eso / con tantos motivos / para preocuparse / como hay”, y es el mismo trovador que escribe enseguida dos obras que son como himnos: Fusil contra fusil y La era… En medio del Atlántico, en 1969: “Hay un país de roca en ruinas / bajo otro país de pan. / Hay una madre que camina / codo a codo con su clan”. Es en la misma canción en que repite: “Te convido a creerme / cuando digo futuro”. A su regreso constata: “…la ciudad se derrumba / y yo cantando”, en una canción paradigmática. Nueve años después entonará verdades: “Absurdo suponer que el paraíso / es solo la igualdad, las buenas leyes. / El sueño se hace a mano y sin permiso / arando el porvenir con viejos bueyes”. Silvio mismo nos brinda pistas: “atentamente fui construyendo mi función”. La actitud práctica y la vida de este trovador son la firma de sus canciones. Por eso puede escribir la terrible Canción en harapos, manifiesto contra la falsía de las buenas conciencias que hacen cómodas denuncias sin arriesgar nada.
Que Silvio es uno de los más grandes artistas es un juicio compartido por todos. Quiero agregar que Silvio es uno de los pensadores fundamentales de la Revolución cubana.
La lógica pequeña o perversa, mezquina o simplona, solo sirve para entender vidas y sociedades que tengan esas mismas características: no sirve para entender la necesidad ni la vida de las revoluciones. La idea de que los pobres carecen de virtudes personales, son gentes que fracasaron, tienden a la maldad, tienen lo que merecen, son “malos” por naturaleza, es hermana de la idea de que los pobres son esencialmente “buenos”, se quieren mucho entre sí, constituyen una reserva social de comunidades urbanas con una hermosa cultura y son capaces de enseñarles bondad a los ricos. Ambas ideas pertenecen a la cultura burguesa. La gama de respuestas que produce esta lógica está compuesta por la marginación, la caridad, la represión, la indiferencia, el sálvese quien pueda, la cooptación, el melodrama oportuno, la exclusión, la ceguera y el olvido. Todas ellas son propias de un orden burgués de la vida social, que no se va y se resiste a desaparecer, que se recupera y puede ser capaz de regresar y de hundir todo.
La idea moderna de “irse al pueblo”, tan hermosa como comprensión intelectual que lleva a seres humanos a darse a los de abajo, a acompañarlos -y, a algunos, a vivir una vida que no es “la que les toca”- ha tenido, sin embargo, muy diferentes destinos y papeles sociales. Ha podido ser un germen subversivo, un pase para dormir tranquilo, una estación de la vida, un momento de la educación para servir después mejor al orden, una función en el complejo tejido de la dominación. En la Revolución cubana -”socialista y democrática de los humildes, por los humildes y para los humildes”- no cabía “ir al pueblo”, sino volverse pueblo para estar entre sus protagonistas. En la revolución socialista no se puede escribir la historia -la explicación, el camino- a nombre del pueblo: la tiene que escribir el propio pueblo, “los hombres del Playa Girón”.
Silvio ha puesto en práctica esta iniciativa de hacer conciertos en barrios muy pobres desde una clara posición revolucionaria, en la que, por tanto, no hay lugar para la condescendencia ni la donación. Les lleva regalos maravillosos a esas comunidades tan necesitadas y desvalidas que son un serio indicador de deterioro de nuestro cuerpo social, pero esos dones no vienen para resolver sus carencias materiales. Son aportes a su espíritu, a lo que tiene de superior todo ser humano, a la autoestima, la alegría y el placer, a la cohesión de los vecinos y la pacificación de la existencia. Parten de la interlocución, la confianza y la fraternidad. En este tiempo en que el egoísmo, el conservadurismo, la aceptación de las desigualdades sociales y el afán de lucro ganan terreno en nuestro país y pretenden vestirse de alternativa, la Gira por los barrios es un formidable testimonio de lo mejor que hemos construido entre todos: darse y recibir, sin que medie ningún interés material. En los términos de Silvio: de amar y ser amado.
Los barrios en que suceden los conciertos llevan nombres con solera o recientes, coloquiales o de ingenuo oportunismo, geográficos o descriptivos, y tienen largas historias o testimonian miserias actuales. Contienen una gran diversidad, pero también un buen número de constantes. Una es la magnífica acogida que le han dado todos los barrios a la gira, su participación y entusiasmo en los preparativos, la mezcla de cariño y admiración al trovador y de orgullo de que esté en su barrio, de que sea una gloria y haya decidido ofrecerles su arte y pasar la noche con ellos, el ejercicio del gusto y del saber al pedirle canciones, el ejemplo de educación que dan en una capital en que la urbanidad se bate en retirada.
Los textos del libro recogen un gran número de expresiones de la gente de los barrios ante los conciertos. Podemos conocer sentimientos, opiniones y reflexiones de cubanas y cubanos acerca del hecho artístico que viene a ellos y sus implicaciones -personales y para la comunidad-, acerca de Silvio, de la vida, la cultura, el civismo, la política nacional. El conjunto es una muestra del altísimo nivel de conciencia del pueblo de Cuba, quizás sin igual en el mundo. Y es un llamado a respetar a todos, y a dar voz y tener en cuenta a todos.
“Llevamos mucho tiempo esperándote, ¿cómo te vas a ir ahora?”, le dice al final de un concierto la mujer que hace veinte años dormía siempre a su niño con “el enanito”. En realidad, ellos no sabían que lo esperaban: pero ya lo saben. Estos conciertos y lo que ellos significan los han adelantado en cuanto a identificar mejor y fortalecer su conciencia, ese camino que puede llegar a ser decisivo. La suya no es la idolatría manipulada por los que fabrican modas y opiniones. Ellos saben lo que dicen y le ofrecen lo que tienen. Por eso tantas veces y en tantos lugares le han gritado: “¡este es tu barrio!”. Y una comunidad ha puesto un cartel que dice: “Gracias, Silvio, por enseñarnos a buscar nuestro unicornio azul y que juntos con amor podamos transformar en milagro el barro”.
Se trata de una interacción continuada. El 9 de septiembre, segundo aniversario del primer concierto, la noche del número 36 que no pudo frustrar el gran apagón desde Camagüey hasta Pinar del Río, Silvio le dice a Mónica mientras afina su guitarra a la luz de la linterna de ella: “Nosotros realmente empezamos un poco ciegos, y se nos han ido abriendo los ojos por el camino”. No hay ni luna, solo la pequeña planta para los equipos. Canta y lo escuchan todos en la oscuridad, todos juntos, como en comunión. Mónica escribe: “fue feliz imprudencia, bendita insensatez”. Siempre se aprende.
Dice Silvio: “Los nuevos tiempos también necesitan nuevas voces, nuevos protagonistas. Ahora mismo parece estarse gestando en Cuba algo prometedor. Está en el aire para los que lo perciben, y está siendo traducido en canciones, en arte que, aunque parece nuevo, tiene antecedentes.” Y esas palabras me permiten volver, al final, a mi primer comentario. Aquella pregunta me llevó a una segunda: ¿por qué me piden entonces Mónica y Alejandro que escriba esta nota inicial del libro? Quizás por venir de la generación de los primeros admiradores de Silvio, o por compartir toda la vida su necedad. Me ha hecho feliz situarme donde me toca en este caso, porque al leer a Mónica y ver estas imágenes compruebo que ya se alzan los nuevos, con una sensibilidad, una comprensión de Cuba y una disposición a actuar en consecuencia que por fuerza tendrán que ser nuevos. Hoy Silvio salva, mañana ellos nos salvarán.

Fernando Martínez Heredia,

La Habana, 22 de julio de 2013.

domingo, 13 de abril de 2014

Díaz Canel: No olvidemos que la disyuntiva es socialismo o barbarie

Discurso de clausura del VIII Congreso de la UNEAC, en el Palacio de Convenciones de La Habana, de Miguel Díaz Canel, miembro del Buró Político del Partido y Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros
Compañero General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central de nuestro Partido y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros
Artistas, escritores y creadores:
Compañeras y compañeros:
Vivimos en un momento trascendental de la historia patria. Siguiendo el rumbo trazado por el Sexto Congreso del Partido, que reflejó el debate  protagonizado  por todo el pueblo, vamos implementando los lineamientos de la política económica y social que allí acordamos. La tarea es gigantesca y no se hace en las condiciones asépticas e ideales de un laboratorio: la actualización del modelo se lleva a cabo al mismo tiempo que se asegura el funcionamiento de la economía y la vida cotidiana de los 11 millones de cubanos, en un entorno de crisis internacional y de bloqueo recrudecido. Entramos justamente ahora en lo más difícil: las transformaciones en la empresa estatal socialista y la unificación monetaria y cambiaria.
En recientes y esclarecedores discursos, el Presidente Raúl Castro reconoció la presencia de manifestaciones de indisciplina social, ilegalidad, delito y corrupción, inaceptables en nuestra sociedad, y que éramos, sin dudas, un pueblo instruido, pero no necesariamente educado ni culto. Además se refirió a las nuevas modalidades de subversión que tratan de poner en práctica nuestros enemigos, y cuya estrategia principal consiste en la instauración de una plataforma de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfilada contra las esencias mismas de la Revolución y con el afán de generar una ruptura ideológica entre generaciones, todo lo cual atenta contra los valores, la identidad y la cultura nacionales.
La reciente revelación de un plan del gobierno de los Estados Unidos para promover la subversión en Cuba mediante una red de mensajería orientada hacia los jóvenes con la intención de desencadenar una “primavera cubana” es una fehaciente expresión de estas siniestras intenciones.
Al enumerar las fuerzas con las que contamos para   enfrentar esos desafíos, nuestro Presidente mencionó, en primer lugar, a los intelectuales y artistas, cuyo compromiso patriótico, como parte de la gran masa del pueblo, está fuera de toda duda.
Con ese espíritu se ha proyectado, desde la base, el debate de este Congreso de la UNEAC, que ha ratificado que la cultura debe acompañar al esfuerzo que se está haciendo hoy para desplegar las fuerzas productivas y también las reservas morales del país, y lograr así un socialismo próspero y sostenible donde lo que distinga al ser humano no sean las posesiones materiales, sino la riqueza de conocimientos, cultura y sensibilidad. Un componente de esta prosperidad, de esa calidad de vida que esperamos alcanzar, radica en la dimensión espiritual que ofrece la cultura. Se trata de buscar el desarrollo y crecimiento económico, pero con el alma plena de sentimientos y espiritualidad; y eso se logra salvando la cultura, que es a la vez salvar la Patria, la Revolución y el Socialismo.
Esto exige de nosotros que seamos cada día más eficaces en la defensa de nuestra identidad nacional, en la promoción de los auténticos valores de la cultura cubana, tanto de los más jóvenes como de los maestros, de cara al enriquecimiento de la vida espiritual de todo el pueblo.  También en el trabajo por lograr que nuestra historia, y en particular la de la Revolución, llegue a las nuevas generaciones de manera amena, sentida y efectiva.
No podemos desconocer hoy que el principal instrumento de dominación con que cuenta el imperialismo es cultural e informativo. Ha logrado que en todo el mundo prevalezcan de manera aplastante los patrones de su industria del entretenimiento y de la maquinaria mediática a su servicio. La humanidad sufre en el presente la ofensiva de una operación de colonización cultural a gran escala. Se trata de imponer el frívolo e injusto modelo del llamado sueño americano, denunciado tempranamente por nuestro José Martí.
Unas pocas corporaciones, muy poderosas, imponen los paradigmas, ídolos, modas y formas de vida que predominan actualmente en nuestra época. Sus mensajes, en apariencia variados, forman parte de un discurso único, hegemónico, que asocia felicidad y consumo, éxito y dinero, que hace una apología constante del capitalismo y de la superioridad imperial; que se empeña en descalificar todo pensamiento independiente y cualquier causa que se oponga a sus intereses. Junto a la instigación permanente al consumismo promueve, además, el individualismo y egoísmo que desideologiza y desmoviliza.
Cuba está sometida también a esa influencia, a la que se suman los planes específicos de subversión contra nuestra Revolución, que tienen entre sus blancos a los intelectuales y artistas, con el propósito de separarlos de toda intención y preocupación social, para que entonces el cine, la  literatura y el teatro reflejen y enaltezcan los más bajos sentimientos humanos, las más perversas y nocivas ideas y cualquier tipo de inmoralidad. Así pretenden sembrar en ustedes la banalidad y la frivolidad, alejarlos del compromiso político y social y crear el caos y la confusión. Por eso es tan importante para la Patria contar con una vanguardia artística como la representada en la UNEAC, que pueda hacer contribuciones decisivas en la batalla cultural, frente al proyecto colonizador global y frente a los intentos subversivos del Norte revuelto y brutal.
En las condiciones actuales, mantener la coherencia de la política cultural cubana resulta una tarea prioritaria frente a los intentos de los enemigos de dividir al movimiento artístico y manipularlo con aviesos propósitos.
Es necesario y urgente fomentar los valores éticos y estéticos, y favorecer el crecimiento integral del ser humano, ese gran protagonista del socialismo. Como ha expresado la Doctora Graciela Pogolotti: “La cultura nutre el espíritu de la nación y hace brotar valores y formas de comportamiento”.
Nuestro principal desafío radica en la batalla contra los mensajes seudoculturales asociados a la exaltación del consumismo, a la desvalorización de la cultura nacional y a su intrínseca proyección universal.
Un deber insoslayable de los escritores y artistas es evitar que la crisis de valores generada por contradicciones circunstanciales pueda desembocar en la filosofía del “conservatismo social” denunciado reiteradamente por el profesor Martínez Heredia.
Debemos prepararnos cada vez mejor para la confrontación de ideas que se está planteando en el campo de la cultura, de las ciencias sociales, del pensamiento; defender nuestro socialismo y su perfeccionamiento como la única alternativa para salvar la cultura, una de las conquistas principales de la Revolución. No olvidemos que la disyuntiva es socialismo o barbarie. Y, precisamente por ello, la dimensión espiritual no debe descuidarse: tenemos que salir adelante en lo económico y al mismo tiempo en el campo de los valores, de la conciencia. O no tendremos patria independiente y socialista.
Para lograrlo resulta imprescindible consolidar espacios sistemáticos de debate en el seno de la UNEAC, de la Asociación Hermanos Saíz, de las instituciones de la cultura, y la presencia en  nuestros medios de materiales que defiendan a la Revolución, su cultura y su obra. Hay que enfrentar con argumentos (que de hecho nos sobran) las tendencias a distorsionar y desmantelar la historia revolucionaria, y a edulcorar  el pasado capitalista.
La vanguardia artística debe defender nuestras verdades sin actitudes vergonzantes ni temor a ser acusados de “oficialistas”. El oportunismo de aquellos que quieren marcar distancia y convertirse en “personajes” haciendo guiños al enemigo, debe ser desmontado en nuestras publicaciones y en las redes sociales. Tenemos que saber diferenciar al que plantea dudas y criterios con honestidad en nuestros espacios de debate, del que busca notoriedad, sobre todo fuera del país, con posiciones oportunistas.
Hay que luchar incansablemente por la unidad de los intelectuales y artistas revolucionarios. Una unidad que no puede basarse, como nos ha alertado el General de Ejército, en la falsa unanimidad, en la simulación, en consignas y en retórica. Una unidad que debe articularse en un ambiente de diálogo transparente, serio, constructivo, donde confluyan ideas diferentes dentro del marco de los principios y se llegue a propuestas que ayuden a la toma de decisiones en este momento tan trascendente.
Debemos evaluar con rigor el impacto de las nuevas tecnologías en el consumo cultural, en la creación y la distribución. No puede verse ese impacto como algo negativo, sino como un reto inédito para la relación de las instituciones con los creadores, que debe reforzarse sobre reglas de juego diferentes. Tenemos que usar las nuevas tecnologías para promover lo mejor del talento con que contamos.
Las nuevas tecnologías permiten hoy que las personas decidan individualmente qué consumir en términos de cultura. Es una falsa “libertad”, como sabemos, porque el mercado y la publicidad les imponen un repertorio muy limitado, donde pocas veces los auténticos valores tienen cabida. Sin embargo, hay que diferenciar los espacios públicos de los privados. El Estado, por supuesto, no puede interferir en el consumo cultural que decidan asumir los ciudadanos en sus viviendas. Pero en los espacios públicos, la difusión de música y de materiales audiovisuales debe ser regulada.
La política cultural es una de las conquistas principales de la Revolución cubana, y su aplicación está reservada al Estado y a su red de instituciones, contando con la participación de nuestros intelectuales revolucionarios.
Debe reservarse las decisiones sobre qué se presenta, qué se promueve, qué aparece en los medios, qué y cómo se comercializa a través de los circuitos institucionales. Al  propio tiempo, se debe legislar sobre la presencia del arte en aquellos espacios de servicios públicos que funcionan bajo formas de gestión no estatal.
Es imprescindible estudiar en qué zonas de nuestra vida cultural pueden tener cabida las formas de gestión no estatal, a partir del concepto básico de preservar como un principio inalienable la aplicación con coherencia de la política cultural en cualquier escenario, estatal o no estatal. Las decisiones asociadas a la distribución del arte a través de nuestros medios y circuitos institucionales, son de los organismos competentes y responden a nuestras prioridades. Hay que tener en cuenta las tendencias del mercado; pero jamás podemos dejar en manos del mercado la política cultural. El mercado del arte, aunque es una realidad insoslayable, no puede fijar entre nosotros las jerarquías ni los modelos de consumo cultural.
No podemos abrir cauce a las tendencias ingenuas de confiar en mecanismos capitalistas de promoción, ni a la inclinación a debilitar o suprimir el sistema institucional que ha sido eje y bastión de la cultura revolucionaria. El fortalecimiento y la defensa de la institucionalidad es vital.
Estamos obligados a transformar nuestras instituciones en entidades más activas y eficaces para representar en el país y en el extranjero a los creadores cubanos, y para elevar la calidad de vida de la población con el indispensable componente de una oferta rica y diversa de opciones culturales. Pero no podemos demoler las instituciones. El enemigo quiere precisamente eso: destruir la institucionalidad revolucionaria. Nuestra respuesta debe ser mejorarlas, desburocratizarlas, hacerlas más eficientes.
La descolonización de los procesos culturales, con la participación decisiva de los medios de comunicación masiva, tiene que estar entre las principales prioridades de las instituciones y de las organizaciones de creadores. La promoción intencionada de los más valiosos creadores cubanos, de nuestras raíces y tradiciones, debe constituirse en un valladar frente al gran proyecto colonizador. Al propio tiempo, estamos obligados a difundir lo mejor de la creación latinoamericana, caribeña y universal.
Podemos y debemos influir en el gusto de la población: no con prohibiciones que sólo sirven para crear el efecto contrario al deseado, sino con el diseño de políticas coherentes, donde confluyan todos los instrumentos que tiene el Estado, incluidas las instituciones educativas.
Cada vez se hace más claro cómo se entrecruzan educación y cultura, pues una es complemento de la otra. A lo largo del proceso del Congreso, ustedes se han referido a áreas de la educación como la enseñanza de la lengua materna, de la Historia, y la Educación Artística, así como al análisis de la escuela como institución capaz de ser el centro cultural más importante de la comunidad.
En esos planteamientos se evidencia la necesidad de una mayor coordinación en la labor de todos los organismos y organizaciones que influyen en la formación educacional de nuestros niños y jóvenes. Debemos actuar por encima de cualquier espíritu de feudo, con mayor intencionalidad, priorizando la formación integral de nuestros maestros y profesores, de manera permanente, para que estén en mejores condiciones de ofrecer una influencia más positiva y abarcadora en la educación de nuestros niños y jóvenes. Desde la UNEAC, ustedes pueden brindar una ayuda apreciable.
Creo que se hace indispensable el diálogo y la confrontación inteligente de ideas desde nuestra democracia socialista, entre la intelectualidad cubana y las instituciones. Un intercambio que tiene como premisas la independencia y la soberanía de la Patria y una posición firme y clara ante las maniobras engañosas y los peligros que entrañan los cantos de sirena que nos llegan desde el exterior y desde algunos espacios interiores, con los cuales discrepamos. Una interlocución que hay que sostener con la fuerza y el poder del pensamiento y de la cultura. Incluso propiciar el debate público, mediático, en aquellos espacios de amplia comunicación con nuestro pueblo y en otros no tan masivos, pero de prestigio, como los de la UNEAC, y demostrar así la fuerza de nuestras ideas y posiciones.
Cualquier tipo de discriminación y anomalía social debe ser objeto de riguroso análisis. Tenemos que emitir nuestras consideraciones, preocupaciones y ofrecer soluciones para hacerlas desaparecer y evitar su reproducción, porque constituyen parte de un fenómeno esencialmente cultural con repercusiones en todas las esferas de la vida cubana y en contradicción evidente con los objetivos de transformación social que trazó la Revolución y defendemos hace más de medio siglo.
Tenemos el deber de defender, al mismo tiempo, nuestro patrimonio cultural como premisa para la construcción del futuro.
En el contexto de la actualización del modelo de gestión económica del país debemos encontrar nuevas formas que sin mercantilismo cultural ni malgastando los recursos presupuestarios del estado, aseguren la renovación y continuidad de los procesos culturales que dan lugar a la existencia misma de la nación.
El amplio, inteligente y aportador debate sobre nuestros problemas y aspiraciones, expresados en diversos temas, no se puede agotar completamente en este congreso, y mucho menos en este discurso de clausura. Por eso el espíritu de debate constructivo que se suscitó mucho antes del evento en los encuentros de base, que se extendió a los de provincias y secciones y que se ha ratificado y ampliado en los días de congreso, debe continuar y tener seguimiento en próximos plenos del Consejo Nacional para instrumentar e implementar todo lo que sea posible. Pueden estar seguros de que contarán con el apoyo del Partido y el Gobierno de la nación.
Ustedes han reconocido que la Revolución ha estado en permanente sintonía con la vanguardia del pensamiento social, político y cultural de la época, y esa ha sido una de las claves de su consolidación como proyecto político. La unidad ha sido y sigue siendo la estrategia fundamental de la Revolución Cubana, lo que, como sabemos, no equivale a homogeneidad de pensamiento, sino a la concertación posible de diferentes puntos de vista.
Defiendan esa unidad imprescindible para garantizar la continuidad de la Revolución.
Con valentía y pasión han aceptado el enorme reto de construir el sujeto cultural que debe protagonizar las transformaciones en nuestra Cuba, junto a todos los sectores de la sociedad cubana y con el pueblo.  Entréguense con reanimado optimismo a tan digna y necesaria tarea.
Por los resultados de este congreso podemos afirmar que la vanguardia genuina de nuestros escritores y artistas, existe, vive, consciente y comprometida con su Revolución,  crea con dignidad y combate sin tregua los esquemas seudoculturales y dogmas que nos tratan de imponer, ajenos a la idiosincrasia de nuestro pueblo. Que nada los frene en esas convicciones y en el empeño de construir un socialismo sostenible, próspero y por supuesto, implícitamente culto.
Permítanme felicitar, en nombre de la Dirección del Partido y el Estado, a los compañeros elegidos para encabezar a la UNEAC en este mandato, especialmente al querido y admirado Miguel Barnet, y a todos ustedes por haber celebrado un Congreso a la altura de lo que la Patria necesita en estos tiempos.
¡Viva la cultura cubana!
¡Viva la Revolución Cubana!
Muchas gracias.

sábado, 5 de abril de 2014

La «fronteras» simbólicas del patriotismo

Elier junto a los intelectuales cubanos Eduardo Torres Cuevas y Fernando Martínez Heredia
Yisell Ridríguez Milán
Soy Cuba
Elier Ramírez Cañedo tiene 31 años. En Cuba si tienes menos de 35 años eres política, social y culturalmente considerado una persona joven. Y por eso, entre otras razones, valen tanto las sabias opiniones de Elier quien, además, es Doctor en Ciencias Históricas desde el 2011 y coautor de los libros El Autonomismo en las horas cruciales de la Nación Cubana y De la confrontación a los intentos de «normalización». La política de los Estados Unidos hacia Cuba.
Con él, que es alto, agradable y usa espejuelos como muchos de los buenos investigadores que gastan sus ojos tras montones de textos o la pantalla de un computador, conversó Soy Cuba sobre un tema que, en este país, con este contexto y para esta juventud formada entre conflictos económicos y dilemas marcados por el mar, pudiera ser considerado sutilmente «espinoso»:el patriotismo.

¿Cómo se mide un acto de patriotismo? ¿Es posible autoproclamarse patriota sin haberse probado antes en situaciones tensas como una guerra, por ejemplo?
Yo lo mediría por el nivel de entrega, sacrificio y desprendimiento, con el que una persona sirve a su Patria. No es necesario probarse en una situación de guerra. Actos cotidianos en tiempos de paz pueden catalogarse como patrióticos. Pienso, por ejemplo, en todos los cubanos que resistieron los años más difíciles del período especial, manteniéndose al lado de la Revolución y del socialismo.
Eso constituyó un acto de heroísmo colectivo, que amerita ser más conocido y divulgado entre las nuevas generaciones, como una gran proeza del pueblo cubano. También pienso en los que todavía continúan arrostrando numerosas necesidades económicas, pero se mantienen fieles al proyecto de nación que nos hemos trazado, con la intención de ser cada día más útiles, dispuestos a los mayores sacrificios por su patria.
«Sería un error asociar el patriotismo solo a las personas de bajos ingresos económicos; un cuentapropista, un artista, un deportista, u otro ciudadano que tenga una buena posición económica también puede ser un patriota cubano de nuestros tiempos. Todo depende de la actitud que adopten ante la vida y su compromiso social.
Si sus ingresos están acorde con lo que le aportan a la Patria, bienvenido sea. Ojalá todos pudieran en Cuba ganar un salario decoroso, en correspondencia con el principio socialista: de cada cual según su trabajo, a cada cual según su capacidad, pero sabemos que aun no están creadas las condiciones para alcanzar esa meta tan necesaria.
Por otro lado, si hacemos un análisis riguroso, hay que decir que en la Cuba revolucionaria nunca ha habido un período de generalizada y permanente paz. La guerra de los Estados Unidos contra Cuba ha sido permanente. Si bien  hemos vivido etapas más tranquilas y de relativa distensión, ¿podemos decir que la guerra económica, mediática, psicológica, ideológica y cultural, de la potencia más poderosa del orbe contra nuestro país, ha cesado en algún momento? ¿Cuándo hemos dejado de estar en guerra? Hay muchas formas de ser agredidos más allá de lo convencional.
Las guerras que está desarrollando el imperialismo estadounidense cada día son menos convencionales. Algunos autores las llaman "guerras de cuarta generación". Contra Cuba, prevalece la económica, y cada vez irrumpe más la ideológica-cultural. Por todas esas razones históricas y actuales, es imposible hoy ser un patriota cubano sin ser antiimperialista.
La propia agresividad del imperialismo estadounidense ha contribuido a ligar indisolublemente en nuestras circunstancias patriotismo y antiimperialismo; aunque muchos cubanos solo ven el imperialismo representado en los Estados Unidos, que ha sido el enemigo histórico de la independencia y soberanía de Cuba.

¿Qué ha caracterizado al patriotismo en Cuba a lo largo de la historia nacional?
No todos los patriotas pueden medirse de la misma manera. Siempre hay algunos que marchan a la avanzada, que sobresalen. Podemos decir que son los arquetipos del patriotismo.
«Estamos hablando de una actitud ante la vida. Pero existen ejemplos en nuestra historia, por qué no decirlo, de extensas hojas de servicios a la Patria, manchadas por la traición o la ignominia, o de aquellos que siendo en el fondo farsantes, se vistieron de patriotas. Aunque también los hubo que en algún momento fueron pusilánimes, y luego, por vergüenza o madurez ideológica, realizaron actos de verdadero patriotismo, incluso ofrendaron sus vidas a la Patria. Así de rica, contradictoria y diversa ha sido nuestra historia, reflejo fiel de la misma existencia humana.
En el caso concreto de Cuba, el patriotismo se ha caracterizado a lo largo de la historia por la voluntad de ser útil; el amor a la tierra en que se nació y a nuestros símbolos, mártires y tradiciones; las ansias de libertad; los sacrificios más elevados; la entrega sin límites a causas revolucionarias e ideales de justicia; la capacidad de resistencia frente a todo tipo de adversidades y de superar obstáculos; y el desafío continuo a los límites de lo posible. Tenemos el privilegio y el orgullo de contar con una historia pletórica de acciones patrióticas. No voy a mencionar hechos concretos, pues la lista sería interminable u omisa.
Hoy consideramos que el patriotismo cubano es el resultado de una acumulación histórica, de una tradición, de una herencia cultural, pero no podemos pensar que los cubanos de finales del siglo XVIII o del XIX, lo entendían de la misma manera, aunque existan muchos puntos de contacto. Tampoco para las generaciones venideras el significado será exactamente igual al de nosotros.
Al tener un carácter subjetivo, está sometido a constantes actualizaciones, más allá de que la herencia cultural se mantenga. Muchos actos considerados patrióticos en un contexto histórico determinado, al extrapolarse a otra época histórica, pueden ser entendidos de otra manera.

¿Está divorciado el concepto de patriotismo del de nacionalismo?
Son conceptos que guardan relación, pero resultan diferentes. El patriotismo es una actitud mucho más abarcadora y no tiene que limitarse exclusivamente al amor y la defensa del país en que se nació. Miles de cubanos a lo largo de la historia han demostrado su patriotismo sirviendo solidariamente a las causas revolucionaras de otros pueblos y naciones. Para muchos de ellos, ser patriota es ser internacionalista y eso se ha incorporado a nuestra cultura política.
El nacionalismo, que puede tener varios apellidos, se limita a los sentimientos y aspiraciones de un grupo humano dentro de un contexto nacional. Puede incluso expresar una posición de chovinismo de una nacionalidad dada. Los nacionalismos también se construyen y reconstruyen continuamente.

Dicen que el poeta Heredia, que solo vivió unos pocos años en Cuba, fue uno de nuestros grandes patriotas. Siguiendo esta línea ¿define el tiempo que vivas en tu país la dimensión del amor a la patria? ¿Puede el patriotismo continuar más allá de las fronteras, más allá del mar?
No creo que el tiempo que se está fuera del país que te vio nacer defina el amor a la patria. Martí, Nicolás, Heredia, Félix Varela y muchos otros grandes cubanos vivieron mucho tiempo fuera de su Patria, algunos incluso sumaron más años en la emigración que dentro de Cuba.
Sin embargo, la dimensión de su amor a Cuba fue incalculable. Se convirtieron en modelos, en paradigmas del más auténtico patriotismo cubano. Por el contrario, otros que vivieron toda su vida en el país, en cuestiones de patriotismo no le llegaron a estos hombres ni a los talones. No se trata de una cuestión de fronteras, sino de entramados simbólicos y sentimentales, traducidos en actitudes. Se puede ser un emigrado y ser un gran patriota y se puede estar en el país que se nació y ser cualquier cosa menos patriota.

¿Está todo esto relacionado con las posturas políticas? ¿Puede ser patriota «un cubano en Cuba» y «un cubano en Europa o en Miami», por ejemplo?
Yo creo que sí, que hay muchos cubanos en Miami que son patriotas, que defienden a Cuba y su Revolución. De hecho, de alguna manera el patriotismo de esos cubanos, con estas posiciones, será siempre mucho más estimado, que el de los que se encuentran en el archipiélago, pues es más fácil ser patriota en Cuba, que en Miami, donde se encuentra la más fanatizada extrema derecha de origen cubano.
La imagen más perfecta que tengo de esta contrarrevolución es la de aquella mujer gritando exasperada: «tumben ese avión, tumben ese avión», cuando se traía de vuelta a Cuba al niño Elián González. Ser un patriota cubano en ese medio tan hostil es algo muy meritorio y requiere mucho valor, incluso poner en peligro la propia vida.
Hay otros cubanos en Miami que no simpatizan con la Revolución cubana, pero tampoco militan contra ella. Yo no los pongo en el mismo nivel de los anteriores, aunque no los tildo de antipatriotas. Prefiero llamarles cubanos, o emigrados cubanos en los Estados Unidos.
Muchos de ellos están en contra del bloqueo y a favor de la normalización de las relaciones con los Estados Unidos, lo cual ya indica una conducta digna, decorosa y sensata.
Los antipatriotas son los que apoyan el terrorismo contra Cuba, el bloqueo y todas las demás medidas agresivas, los que viven del negocio anticubano. Ni siquiera se les puede llamar «contrarrevolución cubana», como explica muy bien Esteban Morales en uno de sus ensayos, porque nunca han tenido proyecto propio, sino que han asumido el de otra nación: Estados Unidos. Fue el gobierno de Washington quien los creó, luego los financió y apoyó hasta el día de hoy.

¿En Cuba el término patriotismo está indisolublemente ligado al de Revolución?
Por supuesto que sí, creo que para ser patriota en la Cuba de hoy hay que estar con la Revolución y el socialismo. Es la Revolución el proyecto social que nos permitió por primera vez ser absolutamente independientes, tanto en el plano doméstico, como internacional. Ello no implica una posición acrítica frente al proceso, sino todo lo contrario, el pensamiento crítico es imprescindible al socialismo. Pero como también ha dicho Enrique Ubieta, existe una crítica revolucionaria, y una crítica contrarrevolucionaria, puede que en algún momento coincidan en el diagnóstico, pero siempre se diferenciarán en la solución y en las intenciones.
Por otra parte, esos que solo se dedican a criticar y destruir, una especie muy singular de francotiradores, a ser expectantes de los acontecimientos y únicamente piensan en lo que la Revolución debe ofrecerle a su peculio personal y familiar, no pueden considerarse patriotas. Tampoco los que transmiten constante pesimismo por doquier y no están dispuestos al menor sacrificio.
Pero también hacen mucho daño a la Revolución los oportunistas que se disfrazan de patriotas y adoptan posiciones de acendrado dogmatismo. Esos que ponen sus cuotas de poder por encima del proyecto y que nunca se equivocan o tienen problemas, pues siempre pretenden quedar bien con los superiores. Los que no tienen un pensamiento propio, poco o nada aportan a la Patria.

¿Un contrarrevolucionario también pudiera ser patriota?
También puede ser un patriota, pero solo dentro de esa contrarrevolución que no es cubana, o para el gobierno que ha fabricado dicha contrarrevolución, en este caso los Estados Unidos. Por eso los mercenarios caídos en Girón, que ellos llaman Brigada 2506, tienen un monumento en Miami y los sobrevivientes fueron recibidos con todos los honores por el presidente Kennedy luego de ser liberados en Cuba, cambiados por alimentos y medicinas. Posada Carriles  puede también ser un patriota para esa extrema derecha y el gobierno norteamericano, aunque sea un terrorista confeso. También Fariñas, Berta Soler y Yoani Sánchez.

Si tenemos en cuenta nuestra historia y la de América Latina, ¿suele ser la juventud la etapa en que «estallan» con más frecuencia los sentimientos patrióticos?
Generalmente sí, pues en muchos casos los actos de patriotismo están unidos a actos de rebeldía, algo que es más común en las edades más tempranas de la vida, aunque no exclusiva de estas.

¿Cómo crees que ha contextualizado el patriotismo el universo juvenil cubano de hoy? ¿Podría decirse que ha tomado nuevas dimensiones a partir de nuevas formas de entender la Patria?
Yo creo que la manera de entender la Patria se ha enriquecido y, al mismo tiempo, se ha contextualizado la manera de servirle. La generación del 30 tuvo la suya, también la del Centenario y la de las misiones internacionalistas en América Latina y África. A la nuestra le corresponde una fuerte batalla ideológica y cultural en todos los terrenos.
Batalla ideológica y cultural, cuya victoria depende en buena medida también del avance que se logre en la actualización del modelo económico y social de nuestro país, proceso en el cual los jóvenes son y deben ser protagonistas.
A los jóvenes de hoy les toca hacer muchos sacrificios por sacar el país adelante. Ahora está el reto de continuar, trazarnos nuevas metas y alcanzar nuevas conquistas para la Patria. El patriotismo juvenil hoy adquiere nuevos contenidos, pero en sus esencias se haya conectado a un tronco común, sembrado y alimentado por nuestros antepasados.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que la Patria es también sueños, aspiraciones, y nunca está totalmente hecha y asegurada de acechanzas y defectos. Si fuera así, no hicieran falta ya más patriotas.
«Mientras haya trabajo que hacer por la Patria, mientras haya necesidad de seguir empujando para poner la justicia tan alta como las palmas, harán falta los patriotas cubanos. Esto es muy importante que se comprenda. Si bien para ser un buen patriota hay que conocer nuestra historia, no podemos ser sujetos inmóviles que se regodean de lo alcanzado.

Según algunos estudios sobre juventud hoy la familia, la superación profesional, y las condiciones materiales de vida son, en ese orden, las aspiraciones de las generaciones más jóvenes del país, lo cual podría llevar a preguntarse: ¿no atentan las condiciones económicas desfavorables en la opinión o los sentimientos que pueda tener un joven sobre su patria?  
Es indudable que las dificultades económicas por las que hemos atravesado durante tantos años han hecho su labor de zapa en las conciencias y hay un retroceso notable en los valores socialistas y un avance de la mercantilización de las relaciones sociales, del individualismo y del egoísmo. Muchos han optado por refugiarse en sí mismos y la patria se ha convertido en algo que no va más allá de la punta de sus zapatos o de las paredes de su casa. El término «luchar», tiene una connotación diferente para ellos.  No se trata, en esos casos, de luchar por la justicia y la dignidad de la mayor cantidad de hijos del país, sino de luchar para sí, aunque ello implique una afectación a terceros. Todo eso hemos visto en estos años. Pero también, como las reservas morales y patrióticas del pueblo cubano han impedido que se pierdan las esencias y en los momentos de mayor calamidad, ha resurgido la solidaridad. Hay que seguir apelando a esas reservas morales y al mismo tiempo ir recuperando la economía.

Muy difícil o muy aburrido pudiera parecerle el ser patriota a muchos jóvenes debido a la forma en que reciben los contenidos históricos en clases. ¿Crees que influye la forma en que se enseña historia hoy en la representación social que tiene una parte de los jóvenes sobre el patriotismo?
Por supuesto, ya decía en una entrevista anterior que la historia sacralizada no es historia, pero además no convence ni seduce a los jóvenes. Hay que humanizar más a nuestros héroes, reflejarlos en sus contradicciones y multiplicidad de matices, acercarlos más a nosotros y no convertirlos en soles inimitables.
Otro problema que tenemos es que en muchas ocasiones somos omisos y maniqueos en el análisis de figuras y procesos, y no nos damos cuenta de que cada vacío que dejamos constituye una vulnerabilidad que nuestros enemigos han aprendido a aprovechar muy bien. La ignorancia y el olvido no pueden ser las recetas que empleemos cuando analizamos algunos temas de nuestra historia que podemos considerar "espinosos".
En la historia no puede haber anatemas. Algunos piensan que abordar estos tópicos es «hacerle el juego al enemigo. Yo pienso que al no tocarlos es que verdaderamente se lo hacemos.

Dígame alguna manera, si es que la hay, en que los jóvenes cubanos muestren su patriotismo a diario, aunque ellos mismos no lo sepan.
Esos jóvenes blogueros revolucionarios cubanos que hoy están peleando en Internet y en las redes sociales, defendiendo a nuestro país del cerco mediático y acercando al mundo a la vida real del cubano, a la Cuba verdadera, son patriotas cubanos del siglo XXI.
También lo son todos esos jóvenes periodistas, cuentapropistas, dirigentes, cientistas sociales, escritores y artistas que defienden nuestra obra y nuestros valores, frente a los intentos neocolonizadores del sistema capitalista. Los que se enfrentan día a día a la indolencia, la chapucería, el oportunismo y esquematismo. Los que se la pasan buscando ideas renovadoras para transformar la realidad que los circunda.
Pero no lo son menos nuestros médicos, maestros, campesinos, científicos y deportistas. Todos esos que trabajan por y para Cuba, más que para sí mismos. Que aspiran a una Cuba mejor, a un socialismo mejor, y no se quedan en sus casas de brazos cruzados a ver qué sucede con el futuro, sino salen todos los días con la frente en alto a poner su inteligencia y su sudor en función de la patria y de ese futuro que saben que de ellos depende que sea luminoso».

jueves, 3 de abril de 2014

En Monterrey, con jóvenes comunistas y amigos de la Revolución (FOTOS)

Estas son las primeras fotos disponibles de mis encuentros con jóvenes comunistas mexicanos y de mi primera conferencia en Monterrey ante los integrantes del Movimiento de Solidaridad con Cuba y muchos cubanos residentes en esa ciudad.


martes, 25 de marzo de 2014

La Feria, el libro, la lectura

Graziella Pogolotti
La Feria del 2014 ha quedado atrás. Me gusta el jolgorio de esos días, con las familias arremolinadas en busca de lo nuevo y los muchachos que se agrupan para una excursión insólita y previsible. No me desagrada observar en La Cabaña el ambiente de campismo, las vendutas de comidas ligeras y de pacotilla variada. El bullicio conspira contra el espacio propicio de debate y presentaciones de libros. Año tras año, se repite el mismo ciclo. A las jornadas febriles suceden el silencio y la calma. Es el momento de pasar balance. Ha llegado la hora de los indispensables informes estadísticos. Pero resulta cada vez más apremiante convocar a una reflexión que trascienda lo anecdótico y lo puramente numérico. Corresponde analizar los eslabones que faltan para lograr una cadena productiva entre autores y el lector, verdadero destinatario de la obra, artífices todos de una auténtica vida literaria.
Para enmarcar el problema en su verdadera complejidad, precisa erradicar una terminología perversa, que se ha introducido entre nosotros hasta permear el análisis de muchos investigadores y especialistas. La cultura y, naturalmente, la literatura, no se consumen como un helado en una tarde calurosa. Leer constituye un acto de creación. Forma parte, en cierto modo, de una experiencia de vida. Para acceder a un libro en cualquier soporte, no basta con estar alfabetizado. Se requiere una práctica para escuchar la música y la resonancia de las palabras, para detectar claves esenciales, para descubrir el entramado oculto en la historia contada y percibir las zonas más intimas del verso. Este aprendizaje comienza por la escuela donde queda mucho por andar, se apuntala en el consejo del bibliotecario o en el intercambio con el amigo. La mirada del lector refracta y multiplica el texto.
La compleja escala de instalaciones que separa al autor de su público potencial requiere un análisis integral. Ninguno de los involucrados en el proceso puede considerar que el libro es una mercancía intercambiable con cualquier otra de su propia especie. La responsabilidad de cada uno trasciende el cumplimiento mecánico de una meta. Repensar el problema en su conjunto es un primer paso necesario que habrá de traducirse en acciones concretas. Mientras se va desenredando la madeja, el tiempo transcurre, implacable. El inmovilismo, la pasividad indolente en la espera de soluciones definitivas –nunca las habrá, porque el mundo se mueve y las circunstancias cambian- no puede entorpecer la búsqueda de fórmulas parciales, destinadas a echar a andar la carreta.
Me concentraré, por el momento, en dos personajes de primordial importancia: el editor y el promotor. Corresponde al primero la transformación del manuscrito en libro. Su función es la de un crítico altamente especializado, no reducible a la de un corrector. En diálogo con el escritor puede señalar aspectos concernientes a la dramaturgia general, reiteraciones innecesarias o relacionados con las pulsaciones del ritmo.
La tarea del editor no concluye con la revisión del texto. A su manera, desarrolla también una obra creadora. Con plena conciencia del sector del público al que se dirige, decide la colección a la que habrá de integrarse, orienta el diseño gráfico y establece los lineamientos básicos para un proyecto de difusión, incluido el monto de la tirada inicial.
Indispensable para la conquista del lector, el reiterado reclamo a favor del reconocimiento de las jerarquías en una vida cultural acrecentada día a día en lo cuantitativo, se reformula en términos abstractos sin traducirse en procedimientos concretos, siempre modificables en una realidad cambiante. Apresados en la inmediatez, no concedemos el tiempo necesario a la reflexión, al análisis y a la revisión de las experiencias aleccionadoras del pasado.
Mucho se ha hablado entre nosotros acerca de los errores cometidos en los setenta del pasado siglo. Poco se han estudiado las prácticas implementadas por el Ministerio de Cultura, bajo la dirección de Armando Hart, para modificar sustancialmente las perspectivas y las reglas del juego. En lo conceptual, favorecer la expansión de un clima creador se definió como función esencial en la instancia gubernamental. Muy inclusiva, la visión integradora abarcaba a escritores, artistas y a aun público muy diverso. Los primeros debían adquirir visibilidad social. Surgió entonces el Premio Nacional de Literatura, se impulsaron festivales de teatro y música, se estableció un sistema de condecoraciones y se enfatizó en la importancia de las instituciones básicas de la comunidad. Al decir de Julio García Espinosa, cada hecho cultural debía convertirse en verdadero acontecimiento.
En ese contexto, apareció la figura del promotor. Algunos especialistas de la UNESCO comentaron entonces que el término “animador” les parecía más apropiado por su vínculo etimológico con “alma”. Tenían razón, porque las palabras son portadoras de sentido. Con la rutinización impuesta por la vida, el concepto define un cargo en la plantilla de los organismos y la función aligerada por la tecnología, se limita a enviar correos a partir del directorio disponible. Se impone, por tanto, volver a los orígenes. En efecto, animar significa dotar de vida a un cuerpo inerte. Ocurre que el hambre de lectura no se satisface mientras numerosos libros amarillean en almacenes y librerías. Muchos visitantes de la feria contemplan confusos una avalancha de propuestas de autores desconocidos para ellos. Indecisos e insatisfechos abandonan el lugar sin haber encontrado respuesta para sus inquietudes. Corresponde al animador identificar los distintos públicos para formular el diseño específico para seducir al lector, empeño que no puede soslayar las circunstancias actuales con el desequilibrio existente entre precios y salarios.
Pero, sobre esta temática volveré en otra ocasión. La nostalgia alimenta el espíritu y contribuye con ello al sabor de la vida. Podemos solazarnos en los recuerdos cuando nos reunimos con viejos amigos. Hoy como ayer, el presente y el futuro son nuestros desafíos fundamentales. Desde esta perspectiva, mirar hacia el pasado es un modo de validar experiencias útiles para seguir construyendo un país, línea de continuidad entre el entonces y el ahora. Este irrenunciable propósito exige seguir ampliando el territorio de una cultura socialista, inclusiva, poder espiritual que revitaliza, alienta y transforma. El análisis inminente de las instituciones culturales tendrá que partir de definiciones conceptuales nunca subordinadas a nociones burocráticas y economicistas. Solo así podremos librarnos de lastres inútiles y alcanzar eficiencia, satisfacer necesidades para transformar el gasto en inversión.