sábado, 17 de noviembre de 2018

Programa Más Médicos: Humanidad vs. Fascismo

DECLARACIÓN DE LA RED EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD
En contraste con su potencial económico, Brasil ocupa en el ranking mundial de la salud el lugar 125. En 2013, ante la precariedad de la atención en las regiones más pobres, el gobierno de Dilma Rousseff creó el Programa Más Médicos, basado en un convenio con la Organización Panamericana de la Salud, e impulsado sobre todo con la solidaria respuesta de Cuba.
A través de un anuncio por Twitter, el presidente electo Jair Bolsonaro decidió terminar con este proyecto que, según un estudio realizado por el Ministerio de Salud de Brasil y la Universidad Federal de Minas Gerais, tiene un grado de aceptación entre la población de un 95%. Así, a partir de 2019, cerca de 44 millones de brasileños y brasileñas de bajos ingresos quedarán sin asistencia médica en más de dos mil municipios del interior del país. El próximo gobierno de Brasil, que se autoproclama “sin sesgo ideológico”, perderá a 9 mil médicos cubanos precisamente por la obcecación ideológica de su desalmado presidente.
Las misiones médicas de Cuba comenzaron en 1963, en Argelia, y se extendieron a las regiones más pobres del planeta en los cuatro continentes. Han sido misiones basadas no en el lucro, sino en la comprensión y la sensibilidad ante las necesidades de cada pueblo. Hasta ahora, 164 naciones se han beneficiado con los servicios de más de 400 mil especialistas  cubanos de la salud altamente calificados.
¿Qué puede esperarse de un gobernante que se vanagloria del odio, la misoginia, el racismo, que se vale de “listas negras” para amedrentar a sus adversarios políticos y adora las armas en un culto a la muerte? ¿Cómo explicar un proyecto humanitario a una persona que desprecia el sufrimiento y el dolor de los demás de este modo? ¿Cómo hacerles ver un proyecto social de la envergadura de Más Médicos a quienes sólo priorizan los intereses del capital y las ansias de dominación de los círculos de poder más reaccionarios?
Bolsonaro sabe que dejar a 44 millones de personas sin la asistencia vital de estos profesionales, significará para muchos una condena a muerte, pero poco le importa. El fascismo, en su visión siniestra de la realidad, desprecia a los enfermos, a los necesitados, a los diferentes y a los desamparados, lo que resulta coherente con su insensibilidad ante los más vulnerables. Los fascistas como Bolsonaro desconocen la solidaridad humana y cultivan el terror y el odio; son los monstruos que no saben de amor.
La Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad condena enérgicamente la actitud del presidente electo de Brasil y apoya la decisión soberana del gobierno cubano de salvaguardar la vida y la dignidad de sus especialistas, con la convicción de que la medicina solidaria, abnegada y altruista que ha irradiado Cuba con sus profesionales por todo el mundo, es la mejor forma de ejercer esta profesión, la única posible para la supervivencia de la especie y el mantenimiento de la paz en el planeta.
Exigimos al gobierno de Brasil un tratamiento respetuoso y digno a los médicos cubanos y la garantía del derecho a la salud de los ciudadanos y ciudadanas de aquel país, 44 millones de los cuales se verán privados de atención médica y, con toda seguridad, de cualquier otra que remedie las consecuencias de sus ya muy difíciles condiciones de vida.
Convocamos a las fuerzas progresistas del mundo y a todas las personas de buena voluntad a que condenen la actitud asumida por el futuro presidente de Brasil contra los médicos cubanos y hagan saber la verdad y los resultados de tales acciones.

Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad

domingo, 4 de noviembre de 2018

El Sicario Judicial


Atilio A. Boron
La intempestiva designación del Juez Sergio Moro como Ministro de Justicia de Brasil quedará registrada en la historia como el caso paradigmático, por su desvergüenza rayana en lo obsceno, de la emergencia de un siniestro actor en la siempre acosada democracia latinoamericana: el “Sicario Judicial”. A diferencia de sus predecesores que aniquilan a sus víctimas físicamente, el sicario judicial como su colega económico de más antigua data (como lo demuestra el conocido libro de John Perkins, Confesiones de un sicario económico) el judicial los elimina utilizando un arma más silenciosa y casi invisible a los ojos de sus contemporáneos: el “lawfare”. Esto es: la utilización arbitraria y tergiversada del derecho para violar los principios y procedimientos establecidos por el debido proceso con el objeto de inhabilitar –por la cárcel o el exilio- a quien, por algún motivo, se constituye en una figura molesta para las clases dominantes o el imperialismo. En otras palabras, matarlo políticamente.
El sicario judicial personifica el proceso de putrefacción de la justicia de un país, desnudando impúdicamente su carácter de clase y su abyecta sumisión a las órdenes de los poderosos. Por extensión, revela asimismo la degradación de la vida democrática que tolera el accionar de estos delincuentes. Cómo el pistolero, el sicario judicial actúa por encargo. Se trata de un “killer” de nuevo tipo que gracias a su posición en la estructura del poder judicial puede disponer a su antojo de la vida y la hacienda de sus víctimas, para lo cual  viola con total impunidad no sólo la letra sino también el espíritu de las leyes, torciendo premisas jurídicas fundamentales (la presunción de inocencia, por ejemplo) y enviando a la cárcel a aquellos sin necesidad de contar con pruebas fehacientes. Y al igual que sus tenebrosos precursores de pistola y explosivos actúa bajo un manto de protección que le garantiza no sólo que sus delitos permanecerán impunes sino que sus “asesinatos civiles” serán ensalzados como ejemplos luminosos del respeto a la ley y las instituciones de la república.
Para perpetrar sus crímenes necesita estar amparado por la complicidad de todo el poder judicial.  Jueces, fiscales y los consejos de la magistratura cierran sus ojos ante sus actos y la prensa hegemónica, imprescindible cómplice del malhechor que con sus fake news y posverdades produce el linchamiento mediático de sus adversarios, facilitando su posterior condena, reclusión y ostracismo político. El renombre de este nuevo tipo de gangster judicial reposa en las espectacularidad de sus intervenciones, casi siempre a partir de datos y pistas procedentes de los organismos de inteligencia  el Departamento de Justicia de Estados Unidos y selectivamente dirigidas en contra de quienes se sospecha sean enemigos del orden social vigente. Sergio Moro, fue un asiduo alumno de los cursos de “buenas prácticas” que hace décadas Washington organiza para educar a jueces y fiscales en la correcta administración de justicia. Una de las cosas que aprendió fue sacar de la carrera electoral a un líder popular y crear las condiciones para posibilitar la demolición de una construcción política moderadamente reformista pero que, aún así, suscitaba el intenso repudio del imperio. Este nuevo y desafortunado actor político que irrumpe en la escena latinoamericana no dispara balas sino sentencias; no mata pero condena, encarcela e instaura un fraude electoral gigantesco porque, como se decía en Brasil, “sin Lula la elección es fraude”. Y así fue. Como todo sicario trabaja por encargo y recibe magníficas recompensas por su deleznable labor. En el caso que nos ocupa, su escandalosa violación del derecho fue retribuida por su mandante con el Ministerio de Justicia, y desde allí seguramente organizará nuevas cacerías para producir la “limpieza” política y social que prometiera el energúmeno que a partir del año próximo será presidente de Brasil. Con su designación los alcances de la conspiración para evitar, a cualquier precio, el retorno de Lula al gobierno queda en evidencia. La irrupción de este nuevo actor  obliga acuñar una nueva –y ominosa- categoría para el análisis político: el sicario judicial, tanto o más dañino que los demás. Claro que sería un grave error pensar que lo de Moro es una manifestación exótica de la política brasileña. El huevo de la serpiente, dentro del cual madura este siniestro personaje, ya se advierte claramente en Argentina, Ecuador, Bolivia y Paraguay.