jueves, 6 de octubre de 2011

Un testimonio sobre el bárbaro derribo del avión de Cubana

Este breve testimonio pertenece a mi libro Venezuela rebelde (Casa Editora Abril, La Habana, 2006). Es mi homenaje a las víctimas de aquel atroz atentado ocurrido hace 35 años, que sigue impune. 
Nitza Fernández Oviedo nació en Matanzas, Cuba, hace 47 años, pero se inició en la esgrima a los 12. Es Licenciada en Educación, aunque su vida estuvo marcada por un hecho inesperado, inmensamente doloroso. En 1976 formaba parte de la preselección nacional juvenil de esgrima, pero no fue seleccionada para integrar el equipo que ganó todas las medallas de oro en el campeonato centroamericano realizado ese año en Caracas. El avión de Cubana de Aviación que traía a sus compañeros de regreso explotó en el aire, cerca de las costas de Barbados. Los terroristas habían abordado el avión en Venezuela, situado los explosivos en el trayecto hasta Trinidad y Tobago, y abandonado la nave durante la escala técnica en Puerto España. Los setenta y tres pasajeros y tripulantes, murieron.
Yo tenía 17 años. Murieron compañeros míos de aula, de albergue, mi entrenador. Fue duro, muy difícil…; todavía hoy, con la edad que tengo, no he podido rebasar la emoción, la tristeza, la nostalgia, de ese momento. Tres meses después de aquel sabotaje, hubo que rehacer el equipo, y salir a competir a Europa, durante la temporada de invierno. Hubo que sobreponerse. En 1979 el equipo conquistó nuevamente la medalla de oro en el campeonato centroamericano de Curazao.
En 1981 avanzó a la semifinal del Campeonato Mundial celebrado en Francia, fue su mejor resultado. Se retiró muy joven, a los 25 años. Es la directora de la Escuela de Profesores de Educación Física de Matanzas y tiene un hijo de 16 años que practica la natación, del que se siente orgullosa, pero en la actualidad coordina una brigada de entrenadores cubanos en el Estado de Lara, Venezuela, como parte de la Misión Barrio Adentro. Preferiría trabajar directamente con la población, como los restantes colaboradores, pero sabe que alguien tiene que asumir las funciones de organización. En Venezuela pudo realizar el sueño de ser internacionalista.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Matanzas, La Calle del Medio y la blogosfera cubana. Otra visita

Hoy estuve nuevamente en la Universidad de Matanzas. Sostuve un fructífero conversatorio con los estudiantes de periodismo y de derecho (participaron también algunos profesores). Tracé y discutí algunas coordenadas para un posible mapa de la blogosfera de y sobre Cuba. Hablamos sobre las carencias y los retos del periodismo cubano. Algunas fotos que he puesto en este post las tomaron mis amigos de La Joven Cuba, otras las tomé yo (aparecen ellos repartiendo ejemplares de La Calle del Medio a los estudiantes). Al final, hay una foto del también joven equipo de periodistas del semanario provincial Girón, en su sede, junto a su director. E.U.G

Una opción probada para no caer en el abismo: el socialismo.

Dalexi Madruga
En los tiempos modernos donde la globalización gana los titulares de los medios de comunicación, estos parecen mostrarnos un aparente interés hacia la conservación del medio ambiente, pero ¿existen y se cumplen realmente en la economía las medidas acordadas al respecto? ¿Solo basta con identificar los problemas y mencionarlos, para que estos se resuelvan? Saliéndonos del panorama informativo todo parece indicar que estamos en una especie de trampa heredada de nuestro comportamiento productivo individual como especie, de espaldas a la naturaleza. La realidad indica que poseemos una dependencia material del medio ambiente de carácter negativo, que en su momento cumplió su cometido, al ser el método más eficiente de dar bienestar al hombre, pero que nos trajo una dependencia formada desde los primeros métodos al alcance de este para obtener la tan útil energía y que actualmente es un freno para todo lo vivo, incluyéndonos a nosotros.
Los causantes y beneficiarios de estas tradiciones somos todos los seres humanos, querámoslo o no, pero cuidado, no nos confundamos: el actual egoísmo económico de las grandes corporaciones es el que mantiene con múltiples métodos (bajando precios, sacando patentes, etc.) esta cadena de producción dañina. Son las empresas multinacionales, responsables del 75% de la producción mundial –las que toman las decisiones fundamentales sobre división internacional del trabajo–, las mismas que para mantener su fuerza en el mercado evitan por pérdidas puramente económicas, que sean remplazados sus productos por otros sosteniblemente factibles para la naturaleza. La tecnología actual funciona, lo que sucede es que tiene el estigma de ser poseedora de una menor rentabilidad.
¡Qué razón tendría Marx para incluir al fetichismo del dinero, en su obra El Capital! Entonces ¿qué tiempo nos queda para salir de esta especie de círculo vicioso ya conocido? ¿Hasta qué punto la naturaleza puede ser bondadosa?

martes, 4 de octubre de 2011

Las palabras y sus usos


Daniela Valdés
Nadie duda que los medios masivos de difusión procuran establecer pautas y creencias  en  la opinión pública, para lo cual, a veces sin muchas sutilezas, imponen nuevos términos. El poder y valor de los medios no es cuestionable. Son los hacedores de conciencias. Tampoco nadie duda quienes son los dueños, o a que clase representan, los más diseminados e influyentes.   Por  eso, los políticos, o quienes tenemos la misión de  instrumentar una política, debemos ser muy cuidadosos en el empleo de ciertos términos o frases que esos medios imperiales pretenden acuñar.
Por suerte en Cuba nadie utiliza ni confunde bloqueo por embargo. Pero hay que ver como chilla y se ofende Ileana Ros Lethinen cuando alguien dice bloqueo en su presencia. Hasta se ofusca dando explicaciones “históricas” y “económicas”.
Por desgracia, en los medios cubanos no ocurre igual cuando se menciona o escribe “el diferendo de Cuba con Estados Unidos”. La realidad es que no existe tal diferendo “de” Cuba. En todo caso el diferendo sería de Estados Unidos “con” Cuba. Para ser más exactos,  lo correcto es decir, siempre e invariablemente, la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba.
Hay otro término mucho más extendido y cuya mención generalmente recibe fácil aceptación. Se trata de los cubanoamericanos. Su utilización ya es tan común, que casi nadie medita lo que entraña y se repite porque resulta más de moda o elegante. Es como si mágicamente estuviéramos creando una nueva nacionalidad o ciudadanía, sin tener en cuenta implicaciones, resultados y costos políticos.
Incluso se utiliza en informes oficiales y los autores no se detienen en poner una nota al margen para explicar de donde lo sacaron, o que quisieron decir.  Si en una pequeña encuesta se le preguntara a diez expertos ¿qué es para usted un cubanoamericano?, estoy casi seguro que se podrá recibir 10 respuestas tan distintas como contradictorias.  Quien lo dude, lo invito a que haga la prueba.
No es majadería o capricho. Tampoco es conservadurismo a ultranza. Los abogados tienen su vocabulario muy exacto. No confunden robo con hurto, o asesinato con homicidio. A los médicos les pasa otro tanto. Los profesionales de la política no deben ser menos cuidadosos.
Tengo un amigo, a quien le demuestro más mi aprecio como académico e investigador, que emplea el término cubanoamericano en todos sus artículos y ensayos. Me acaba de decir que está escribiendo un libro para explicar su definición y la conveniencia de su uso en Cuba. Argumenta que el cubanoamericano es una persona de origen cubano que se naturalizó estadounidenses y por esa razón se distancia de nuestro país, perdiendo toda posibilidad  de influir o participar en nuestra vida nacional.  No es una cosa ni la otra. Es un híbrido.
Mi amigo académico tiene razón al sostener que los de “allá”, que pretenden colonizarnos, hay que “marcarlos bien” y alejarlos, para no ofrecerles ninguna posibilidad  de influir o participar en nuestra vida nacional. O sea, básicamente él se refiere a la mafia de derecha y no a otros que hoy emigran por diversas razones. En ese saco sin fondo también deben entran los descendientes. Para ejemplificarlo, seguramente se refiere a los contrarrevolucionarios, los batistianos y sus descendientes.
Pero ocurre que ya todos esos tienen nombres e identificaciones muy nítidas y ante la ausencia de una clara definición, muchos de los de “acá”, indiscriminadamente califican de cubanoamericano a todo el de origen cubano que vive en Estados Unidos y no hace distinciones entre “buenos” y “malos”. En fin, la catástrofe, donde al parecer, los únicos que se están beneficiando son los “malos de allá”.
Yo creo que quienes diseminan el vocablo, -y pronto sabremos quienes hacen uso abusivo del término-  pretenden todo lo contrario de lo que quiere mi amigo. Ese el principal riesgo político que le aprecio.  

Crimen en Barbados. Días despúes.

                                                                                                                       
Nicanor León Cotayo  
Tuve el honor de escribir el primer libro sobre el vil sabotaje en pleno vuelo a un avión civil cubano, ejecutado el 6 de octubre de 1976 frente a las costas de Barbados, donde arrancaron la vida a 73 personas.
Nunca olvidaré ese día, luego que el hoy fallecido poeta Joaquín G. Santana me trasladara desde el aeropuerto internacional José Martí, donde arribé procedente de la entonces República Democrática Alemana, hasta la librería situada en las calles 27 y L del Vedado habanero.
En la fachada de su edificio habían colocado una gran reproducción de la cubierta (portada) del libro, y en la calle paralela observé un espectáculo que aún me acompaña: una muy larga hilera de personas de todas las edades en varias cuadras que aguardaban para adquirir Crimen en Barbados.
Solo algunos de sus pasajes iniciales, a pocos días de esa masacre, ya mostraban un conjunto de evidencias respecto a la ejecución de un sabotaje, y ya señalaban por sus nombres a los terroristas Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Avila como los  terroristas que planearon y dirigieron esa fechoría, no ajena a dictados de la CIA.
Primero fueron detenidos en Trinidad y Tobago los venezolanos Hernán Ricardo Losano y Freddy Lugo, quienes por órdenes impartidas en Caracas por Posada Carriles y Bosch colocaron los artefactos explosivos en el vuelo 455 de Cubana de Aviación, que luego de haber iniciado su recorrido en Guyana prosiguió hacia Trinidad y Tobago y más tarde hacia Barbados, de donde seguiría a Jamaica para terminar en La Habana.
Alrededor de diez minutos después que la aeronave CUT-1201 (modelo DC-8 salió de Seawell, aeropuerto internacional de la pequeña isla de Barbados, en la torre de control de esa terminal aérea se recibió un mensaje urgente reportando una explosión a bordo y a continuación un incendio, mientras la nave caía aceleradamente.
La primera versión difundida por medios de difusión masiva de los Estados Unidos fue que en aguas del mar Caribe un avión cubano de pasajeros había sufrido un “accidente”
Sin embargo, importantes periódicos del mundo, como el francés Le Figaro, luego de referir la conversación del piloto con la Torre de Control aseguró que la tragedia “podría tratarse de un atentado”.
Nueve días después del sabotaje, la policía de Venezuela emitió un comunicado en el que dio a conocer los nexos existentes entre los dos mercenarios de ese país detenidos en la capital de Trinidad y Tobago con Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Avila.
Un reporte de la policía de Barbados que circuló entonces aseguró poseer elementos concretos acerca de los vínculos establecidos allí entre los involucrados en el planeamiento y ejecución del asesinato.
El 15 de octubre del mismo año, Fidel Castro habló ante un millón de cubanos que en La Habana despidieron a las victimas del genocidio, representadas por los restos de solo ocho de ellas que pudieron ser recuperados del mar.
Recordó que en ese acto vandálico murieron 57 cubanos, 11 jóvenes guyaneses, seis de ellos seleccionados para realizar estudios de medicina en Cuba, y cinco destacados ciudadanos de la República Popular Democrática de Corea que visitaban países de América Latina en viaje de amistad.
En otra parte de su discurso acusó a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) de ser la máxima responsable de esa agresión contra un avión comercial de su país, afirmación que demostró con hechos concretos.
Trató de responderle el secretario norteamericano de Estado, Henry Kissinger, quien se atrevió a declarar que, a pesar del rumbo que iban tomando las investigaciones, su Gobierno “no tiene absolutamente algo que ver” con la destrucción de esa aeronave cubana.
Por aquellos días se reveló que fue localizado un gran arsenal de armamento moderno y una emisora de onda corta en la titulada empresa de Investigaciones Comerciales e Industriales, bajo la jefatura de un grupo terrorista que comandaba Luis Posada Carriles, un experto en explosivo acusado de aplicar torturas  cuando fue jefe de operaciones de la policía secreta venezolana (DISIP)
Y ese conjunto de hechos tuvo lugar solo algunas semanas después del sabotaje en pleno vuelo al avión comercial cubano, hace ahora tres décadas y media. 
Más tarde continuó un extenso rosario de agresiones terroristas que incluyeron, entre otros, desde ataques por mar a territorios de la isla, intentos de asesinatos a dirigentes del país, colocación de bombas en centros turísticos, introducción de virus que ocasionaron graves afectaciones a la vista, la muerte de numerosos animales del sector ganadero y daños a plantaciones.
De ahí que el Crimen de Barbados sea considerado por muchos como el acto más atroz llevado a cabo contra Cuba durante los últimos 50 años, pero no el único.
Elemento muy significativo en esa historia es que sus autores son conocidos, incluso, como en el caso de Luis Posada Carriles y Orlando Bosh Avila, quienes se han ufanado de ello con total impunidad en periódicos como The New York Times y la televisión de Miami.
 En agosto de 1994, Posada Carriles Posada Carriles publicó un libro, Los Caminos del Guerrero, donde narró en detalle la forma en que la CIA y grupos terroristas de Miami lo “escaparon” de la prisión de alta seguridad donde estaba recluido en Caracas por su descubierta participación en los hechos de Barbados.
 Pero cuando años después en El Paso, Texas, las autoridades norteamericanas le diseñaron una caricatura de juicio, lo acusaron de todo, menos de terrorista.
 Gran incongruencia, cuando se recuerda que desde 1998 en Estados Unidos fue montado un proceso repleto de irregularidades contra cinco cubanos que se infiltraron  allí en bandas terroristas asentadas en Miami para frustrarles planes que afectaban los intereses de ambas naciones.        

sábado, 1 de octubre de 2011

Cuba no era un paraíso ni una excepción

Manuel E. Yepe
Hace más de medio siglo que, en Miami, ciertos sectores de la inmigración cubana -cada vez más reducidos respecto al conjunto de ésta- hablan de su país natal como de un “paraíso perdido”. La propaganda contra la revolución cubana presenta la quinta década del pasado siglo como un período de gran prosperidad para “demostrar” las ventajas del capitalismo para la Isla. Aunque entre los llamados “líderes del exilio cubano” (algunos de los cuales devenidos congresistas en Washington) haya unos pocos extremistas que llegan hasta el elogio de la contribución de Batista al desarrollo económico y social de Cuba, la mayor parte de los economistas de origen cubano radicados en Estados Unidos presentan a la década de 1950 como un período de prosperidad para Cuba, lamentablemente afectado por los desmanes de la sangrienta tiranía impuesta mediante el golpe de Estado de 1952.
Para ellos, lo deseable habría sido suprimir esa execrable dictadura y restablecer el orden constitucional y la democracia representativa, sin que fueran necesarios más cambios en la vida política, la economía y la sociedad. Para argumentar esa supuesta prosperidad, estos economistas comparan algunos indicadores económicos de Cuba en aquellos tiempos que son superiores a los de otros países de América Latina y el Caribe y excluyen de la comparación a otros indicadores que demuestran lo contrario.
Esa homologación estadística manipulada, en una región caracterizada por las mayores desigualdades económicas y sociales del planeta, les permite inferir que la Isla tenía un notable progreso económico y social, cuando ello debía servir como denuncia de la dolorosa situación por la que atravesaban las naciones de América Latina, con indicadores de desarrollo peores aún que los pésimos de Cuba. Algunos de los indicadores estadísticos superiores que exhibía Cuba entonces no eran sinónimos de desarrollo, sino de la mayor dependencia de un país considerado de gran importancia para la seguridad nacional de Estados Unidos que constituía, por ello, escenario privilegiado para determinadas inversiones por la garantía que derivaba de su alto grado de subordinación al imperio.
A mediados de la década de 1950, Cuba se convirtió en uno de los principales mercados y rutas del tráfico de estupefacientes hacia Estados Unidos con la consiguiente inyección de considerables cantidades de dinero en proceso de lavado. Bajo la conducción de líderes de la mafia estadounidense como Meyer Lansky y Santos Traficantti, estrechamente relacionados con en el dictador Batista, La Habana vivió un proceso de conversión de la ciudad en Las Vegas de América Latina. Ello trajo un notable incremento del turismo y de la vida nocturna: los ricos, las cúpulas militares y los políticos corruptos integrados con la dictadura vivían bien, pero la inmensa mayoría de la población no disfrutaba ese bienestar.
La imagen idílica de Cuba en los cincuenta la conformaban nuevos hoteles, casinos, cabarets, tiendas departamentales y grandes y lujosos edificios de apartamentos que cambiaron la fachada de la capital cubana a base del dinero lavado por la mafia y la malversación de los fondos públicos que creció a extremos mayores aún que en los de los igualmente corruptos gobiernos anteriores a la tiranía de Batista. Pero lo cierto es que el telón de fondo que tenían los crímenes de la tiranía y la lucha armada insurreccional contra ella, era bien distinta de esa imagen idílica que le han pretendido adjudicar, a la distancia de los años, a la Cuba de los 50: oleadas de niños en busca de su sustento en la mendicidad, limpiando parabrisas de autos, lustrando zapatos o vendiendo periódicos, tanto en calles y plazas de ciudades como en los campos, donde la miseria era extrema; ancianos y discapacitados viviendo de la caridad pública; largas filas de hombres en busca de trabajo y extendida angustia de miles de mujeres gestionando empleo como sirvientas, o como prostitutas en burdeles o ambulantes. Proliferaban bares y garitos con juegos de apuestas para pobres que se encargaban de extraer de la población humilde hasta el último centavo, abusando de su desesperanza ante las realidades cotidianas. Cuba no era en la época inmediata anterior a la victoria sobre la tiranía batistiana, ni un paraíso ni una excepción respecto a los demás países de América Latina. Hoy sí es una excepción por sus asombrosos resultados en el ejercicio de la independencia plena y la práctica de justicia social, objetivos que el bloqueo y la hostilidad permanente del imperio no han podido impedir, aunque hayan entorpecido y retrasado el logro de otros propósitos irrenunciables del proyecto revolucionario como un mayor desarrollo económico y una democracia más plena.
Octubre de 2011.

viernes, 30 de septiembre de 2011

La poesía vive en La Habana. Nuevo número de Amnios.

El número 4 de 2011 de Amnios, una revista que conversa de poemas, poetas y poéticas, ha reunido en la Casa del ALBA en La Habana a un numeroso público de seguidores. Bajo la dirección y edición de dos excelentes poetas (y amigos), Alpidio Alonso y Roberto Manzano, la publicación se mueve por poéticas, tiempos y geografías distantes, sin que resulten contradictorias: la buena poesía no existe en espacios estancos. En esta entrega conviven poemas del nigeriano Wole Soyinka, los cubanos José Martí, Pablo Armando Fernández, Lina de Feria, Sigfredo Ariel (todas las ilustraciones son suyas), Luis Lorente, Ramón Fernández Larrea, el canario Justo Jorge Padrón, la china Han Yan, el norteamericano Robert Frost, entre otros, y comentarios de Nancy Morejón, Yamil Díaz, Virgilio López Lemus, Jorge Ángel Hernández y el colombiano Carlos Fajardo. Por el interés que cada número de esta revista despierta (el salón estuvo abarrotado) puede deducirse que la poesía sigue siendo un espacio de culto en Cuba. La presentación estuvo a cargo del escritor Abel Prieto, ministro de cultura, y luego el trovador Gerardo Alfonso interpretó algunas de sus canciones más íntimas. Sentados por aquí o por allá, o en los pasillos, sin asiento, estaban Nancy Morejón, Antón Arrufat, Roberto Fernández Retamar, y muchas nuevas hornadas de poetas, trovadores y consumidores de poesía. Enhorabuena.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Rafael Rojas y la despolitización del pensamiento político

Enrique Ubieta Gómez
Durante muchos años el imperialismo intentó fabricar tendencias políticas burguesas en el interior del país: reunía a un grupito de personas y le adjudicaba un rótulo (liberales, socialdemócratas, democristianos, etc.). La estrategia era infructuosa, porque esas tendencias –agonizantes al triunfar la Revolución en 1959, barridas posteriormente como parte de un pasado superado–, carecen en el país de una tradición auténtica que las sustente. Las diferencias ideológicas entre los individuos que supuestamente las componían, eran indescifrables, y acababan por establecerse en torno a intereses personales o de protagonismo. El pueblo, por su parte, los observaba –el verbo es exagerado, porque no son auténticos líderes–, como mismo observa a los sacerdotes cubanos de la Iglesia Ortodoxa: con suspicacia. El esfuerzo por introducir en el país las tendencias políticas que establecen el juego “democrático” burgués se extendió, durante la última y la primera décadas de entresiglos, a la reconstrucción de “tradiciones” teóricas, que retomaran el hilo “republicano” superado en 1959. En este empeño se destaca precisamente la obra del ideólogo Rafael Rojas. Los cubanos –todos los que cuentan hoy con 60 años o menos, crecieron o nacieron con la Revolución–,  pueden sentirse inconformes con esto o con aquello, pero su imaginario es socialista. ¿Cómo destruirlo?
El mensaje grabado en video de Rafael Rojas para la última reunión de Estado de SATS en La Habana, se sustenta en una nueva estrategia. El primer paso, imprescindible para ocultar el propósito, es “despolitizar” la bandeja de ofertas del pensamiento político. Para ello, Rojas empieza presentándose como un académico puro, y continúa con una rocambolesca acusación de anti-intelectualismo lanzada a las dos orillas, pero centrada en la nuestra: la mayor evidencia para él es asociar las actuales tendencias de pensamiento político –escamotea el hecho de que son también o sobre todo, tendencias de práctica política– a la actuación de partidos o de figuras concretas. La identificación de la socialdemocracia contemporánea con Tony Blair en Gran Bretaña, Zapatero en España o Carlos Andrés Pérez en Venezuela, o del liberalismo con el español falangista Aznar, es errónea según él, porque impide la visualización del neblinoso campo teórico que acompaña a cada tendencia, y que –no lo olvidemos, simplificado por los medios y los políticos– conforman los principios básicos de la cultura occidental (léase burguesa). Rojas invita al oyente preferiblemente joven a adentrarse en la telaraña burguesa de las mil puertas y una única salida (el capitalismo), y cita de forma prolija nombres de autores relevantes. Adjudica falsamente al marxismo el reconocimiento de un único conflicto social, la lucha de clases –que sea el fundamental, no impide que reconozca los restantes–, y sugiere que la sociedad contemporánea es mucho más compleja, y necesita por tanto de otras miradas. En este punto es muy importante el énfasis en “la adjetivación” de cada tendencia de pensamiento político: existen, dice, muchas socialdemocracias, muchos liberalismos, muchos socialismos. Aquí entonces viene el pollo del arroz con pollo: la contrarrevolución ha descubierto que no puede avanzar ni medio paso en el imaginario cubano, desde una prédica liberal o democristiana. Tiene que usufructuar la terminología socialista, si quiere conseguir oyentes.
Esto me recuerda análogas estrategias de la contrarrevolución venezolana, expresadas en la prensa de aquel país con menor pudor. Emeterio Gómez, columnista de El Universal de Caracas, advertía el 11 de septiembre de 2005 que la “oposición” debía adoptar el lenguaje del chavismo, para mantener sus posiciones tradicionales: “No podemos enfrentar el neocomunismo carismático con el mismo esquema ideológico o la misma propuesta de país que teníamos en 1998, antes que llegara la barbarie –escribía–. Tenemos que aferrarnos a dicha propuesta, pero ante el enfoque ético de Chávez –profundamente absurdo, pero al mismo tiempo profundamente ético [sic]– no podemos seguir centrados exclusivamente en nuestras valiosas ideas tradicionales”.
Rafael Rojas –ideólogo de la derecha–, comprende que el único camino actual para “pluralizar” el pensamiento político cubano, es contraponer las diferentes expresiones de socialismo. Por eso el eje de su intervención –dirigida a un auditorio que se proclama pese a todo liberal, de cubanos que residen en Cuba, pero que incluye a jóvenes iconoclastas de difícil ubicación–, es la distinción forzada de cuatro tendencias actuales en el socialismo nacional. La primera es descrita de manera que sea indeseable para los jóvenes: se trata del socialismo "inmovilista", "dogmático", "ortodoxo", de corte "estalinista", que la Constitución cubana eleva al rango de ideología de estado. La segunda, vagamente descrita, es calificada de socialismo reformista, y –según presumo–, pretende engatusar a los defensores críticos de los Lineamientos, que pretendan cambios más “profundos”. La tercera es la base real que motiva su interés –se trata, dice, de “nuevas generaciones”–, y está compuesta por anarquistas, libertarios y “bolcheviques”, quienes buscan una mayor autonomía de los sujetos políticos y se pronuncian a favor de formas económicas de autogestión, aunque son críticos de la incorporación de los elementos de mercado en la economía cubana actual. Por último, una tendencia que solo existe como sombra, como foso cercano, y que el propio Rojas reconoce como “menos visible” o “menos perfilada”, pero que es la deseada por él, la que debe atraer a las restantes: la que retrocede hacia el liberalismo o la socialdemocracia. Téngase presente que en una conferencia habitual de su cátedra mexicana, Rojas hubiese incluido a la socialdemocracia en el concepto de los diferentes socialismos. No lo hace aquí, porque este discurso está dirigido a los cubanos residentes en Cuba, para quienes la socialdemocracia es comprendida (correctamente) como una de las variables ideológicas del capitalismo. Pero deja el anzuelo socialdemócrata en la última tendencia, para incautos y malintencionados. 
Finalmente, Rojas necesita deshacerse del pesado fardo que significa José Martí en este escenario de tendencias políticas contemporáneas adjetivadas hasta el infinito. Luego de oponer, una vez más, a Marx y a Martí, y declararlos, una vez más, como incompatibles, Rojas desestima al escritor y revolucionario cubano como estadista, y declara que su decimonónico republicanismo poco tiene que decir en la complejidad social del siglo XXI. Puestos a escoger, ¿por qué Martí –llega a decir–, y no Saco o Varona o Guiteras (a quien atribuye un socialismo democrático), o Mañach o Fernando Ortiz? En realidad, con las honrosas e intencionadas excepciones de Guiteras y de Ortiz, los restantes mencionados son intelectuales que en la reconstrucción del pensamiento burgués cubano son situados sobre nuevos pedestales. ¿Por qué un ideólogo de la derecha insiste en establecer el canon de corrección de una "buena" izquierda? Pese al esfuerzo de Rojas por despolitizar el pensamiento político, queda claro que tras la nube de conceptos, nombres y tendencias, el objetivo primario es sumamente sencillo: derrocar al Gobierno revolucionario cubano. Después…, bueno, después no se impondrá la teoría mejor elaborada, sino un capitalismo subordinado al imperialismo norteamericano.
P. D. Existen, desde luego, diferentes concepciones sobre el socialismo. Pero no es con los ideólogos de la derecha con quienes debemos discutirlas. Aún cuando no existe un modelo, o un camino seguro –porque de eso se trata, de un camino, y no de un lugar de llegada–, en nuestro proceso caben todas las discusiones y, lo que es aún más importante, caben las más disímiles propuestas. La única que debe desecharse de entrada es la connivencia con los ideólogos del capitalismo (así quieran llamarlo sui generis). La única posibilidad que tenemos los cubanos de perfeccionar el socialismo imperfecto que construimos, es conservándolo, y actuando libremente en él.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Pasión por el ajedrez

Cada noche, frente al parque central, en los portales del hotel del mismo nombre que se adueña de la primera o de la última manzana del Prado habanero, unos hombres se reunen. No vienen a beber o a discutir de pelota, como los que se agrupan en la famosa peña del parque, su pasión es jugar ajedrez. Allí, sentados en el piso del portal, pasan horas disputándose el placer de vencer o de caer con honor.

El mensajero

Comparto con los lectores esta crónica verídica, que encierra una triste moraleja: el resultado del intento cubano por compartir con "el enemigo" una información valiosa, que hubiese posibilitado la apertura de puertas para la mutua comprensión y la distensión, suponiéndole al presidente Clinton una estatura de estadista, fue la continuación de la misma política agresiva, el amparo –con pleno conocimiento de causa–, del terrorismo miamense, y lo más doloroso: la detención de las fuentes de la información. Los Cinco cubanos continúan presos en los Estados Unidos, porque Clinton estaba enredado en asuntos de faldas, y quería reelegirse, y porque –culto, y carismático–, no era el estadista "con pantalones" que se le suponía. Y una razón final: porque los intereses del imperialismo no se mueven en códigos éticos (E.U.G.)
Nelson Fredy Padilla
Tomado de El Espectador (Colombia)
En 1999, siendo dueño y cronista de la revista Cambio, Gabriel García Márquez admitió entre líneas haber sido el emisario de un texto ultrasecreto que su amigo Fidel Castro le envió al entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton. Sin embargo, nunca trascendieron los detalles de la misión en la que el Nobel colombiano protagonizó episodios dignos de una novela de espionaje y que acaban de ser revelados en el libro Os últimos soldados da Guerra Fria, escrito por el periodista brasileño Fernando Morais.
El Espectador tuvo acceso a varios de los documentos del caso, publicados en portugués, junto con la historia de 14 informantes cubanos infiltrados ilegalmente en Miami y hoy condenados en EE.UU. En 1998 Fidel Castro completaba 14 años de intentos infructuosos para tomar contacto directo con la Presidencia de los Estados Unidos con el fin de ponerla al tanto de 127 atentados terroristas atribuidos al grupo extremista cubano-americano liderado por Luis Posada Carriles. Quiso ser el primero en advertir a Washington que en las escuelas de aviación de la Florida había un peligroso potencial que estaba siendo dirigido hacia Cuba, a través de vuelos intimidatorios contra el turismo y para interferir comunicaciones oficiales, el cual también podía ser usado por terroristas internacionales contra Norteamérica. Otra de las alertas incluyó, según el libro de Morais, hacer llegar al director de la CIA, William Casey, a mediados de 1984, un detallado informe sobre “un complot, abortado a tiempo, para asesinar al presidente de EE.UU”.
La posibilidad de una línea directa con la Oficina Oval pasó a depender de la amistad de García Márquez y Bill Clinton. La misión fue marcada con “la impronta de las ocasiones íntimas”, el calificativo de Fidel Castro en sus memorias al cruce de caminos de los dos desde que a los 21 años de edad coincidieron, sin saberlo, en El Bogotazo, el 9 de abril de 1948 en la capital colombiana. Se conocieron cuando Castro estaba en el poder. El torbellino de las violencias de sus países, sus inquietudes políticas de izquierda y la literatura forjaron una amistad de hierro que ha hecho historia por más de medio siglo.

Los buenos oficios de Gabo
Corría abril de 1998 cuando el Nobel de Literatura llegó a La Habana, esa vez para escribir un reportaje sobre la visita del papa Juan Pablo II a la isla, realizada tres meses antes. Fidel le comentó sobre lo difícil que era hacer contacto con Clinton y el colombiano le reveló que por casualidad estaba esperando una audiencia con él para hablar de Colombia, el narcotráfico y la guerrilla. Se trataba de uno de sus sondeos secretos en busca del clima propicio para un proceso de paz con las Farc, lo que efectivamente se hizo realidad durante el gobierno de Andrés Pastrana, con la ayuda entretelones de Gabo, quien de blanco hasta el sombrero estuvo en la instalación de las negociaciones con ese grupo guerrillero en San Vicente del Caguán.
Esa obsesión con la paz le costó el exilio en la época del gobierno de Julio César Turbay, hasta que logró su cometido en los diálogos que permitieron a comienzos de los 90 la desmovilización del M-19. Fue invitado al acto de desarme y a la firma del acuerdo final. Él se negó con un argumento demoledor: “Lo que me gusta es conspirar por la paz”. El mismo perfil mantuvo durante el gobierno Pastrana, no sólo en el caso de las Farc, sino para facilitar los contactos con el Eln en Cuba, con anuencia de Cuba.
A ese “talento cósmico”, de prestidigitador, acudió Castro. A finales de abril de 1998 García Márquez dictó un taller de literatura en la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, y para esos días le pidió a Bill Richardson, hombre de confianza del gobierno Clinton, una cita con el presidente. Gabo y Fidel estuvieron de acuerdo en aprovecharla no sólo para hablar del caso colombiano, sino para entregarle un mensaje del líder cubano.
Discutieron el contenido hasta que la decisión del comandante fue no enviarle una carta membreteada y firmada por él, sino un documento con siete puntos, mecanografiado en español, traducido al inglés y guardado en un sobre lacrado sin firma ni remitente (ver recuadro). Dos compromisos asumió Gabo: entregárselo personalmente e intentar hacerle dos preguntas cuyas respuestas podrían significar el restablecimiento de contactos entre Washington y La Habana.

Nueva injusticia de los Estados Unidos contra los Cinco Héroes

EDITORIAL
Tomado de Granma 
28 de septiembre de 2011
René González Sehwerert, uno de los Cinco Héroes antiterroristas cubanos, saldrá de prisión el próximo 7 de octubre tras haber cumplido y sufrido en su totalidad la brutal e injusta sentencia carcelaria que le fue impuesta.
El pasado 16 de septiembre, la Jueza Joan A. Lenard, del Distrito Sur de la Florida, denegó la Moción presentada por René el 16 de febrero del 2011 para que se le permita regresar a Cuba y unirse con su esposa, sus hijas y sus padres. Se le obliga injustamente a permanecer en Estados Unidos durante tres años bajo un régimen de "libertad" supervisada.
Esa decisión, tras 13 años de confinamiento, constituye una represalia adicional deliberada, impulsada por las mismas motivaciones de revancha política que caracterizaron los procesos judiciales amañados con los que se condenó a los Cinco Héroes en el año 2001. Detrás de ella está el Gobierno de los Estados Unidos, que durante años ha amparado el terrorismo contra Cuba, y protegido a individuos y organizaciones terroristas que radican en su territorio, responsables de haber causado la muerte, el dolor y el sufrimiento a miles de cubanos.
Desde 1998, Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González han estado sometidos a tratos reconocidamente crueles y degradantes. Han soportado las presiones y los abusos, incluida la separación de sus seres queridos, con una entereza admirable, sin la más mínima concesión en sus convicciones, su carácter o su conducta ejemplar como reclusos.
La respuesta de la Jueza no tiene justificación ni sentido alguno. Se pretende que René permanezca en los Estados Unidos, donde se conoce que puede peligrar su vida, donde se sabe que radican las personas y las organizaciones más prominentes del terrorismo anticubano.
Al contestar, la Jueza cita la sentencia impuesta a René en el año 2001, que incluyó el absurdo requisito especial y adicional de prohibirle tras su salida de la cárcel "asociarse a/o visitar lugares específicos donde se sabe que están o frecuentan individuos o grupos tales como terroristas... ". Cabría preguntarse cómo es posible cumplir con ese requisito si se obliga a René a residir precisamente en el territorio "donde se sabe que están o frecuentan individuos o grupos tales como terroristas".
Cabría preguntar también, aunque se conozca la respuesta, qué motiva al Gobierno de los Estados Unidos y a su sistema legal a estipular en un fallo judicial la protección de "individuos o grupos tales como terroristas" que radican dentro de su territorio.
Aunque es imposible reparar la injusticia ya consumada tras tantos años de indebido encarcelamiento y ensañamiento político, la única acción mínimamente decorosa del Gobierno de los Estados Unidos, a estas alturas, sería la de permitir el inmediato regreso de René a Cuba, poner fin a las sentencias vengativas contra Gerardo, Ramón, Antonio y Fernando, y permitir el retorno definitivo de todos a la Patria.
La causa de los Cinco Héroes cubanos es conocida en el mundo entero. Sobran las informaciones, los argumentos y la documentación legal que demuestran la naturaleza arbitraria del proceso que los llevó a prisión. También se conoce el trato especialmente abusivo que acompaña las largas sentencias contra estos hombres inocentes, los prolongados confinamientos en solitario, los extensos periodos de incomunicación y tortura psicológica, la injustificada separación familiar, los obstáculos al contacto con sus representantes legales, la privación a madres, esposas e hijas de interactuar con sus seres más cercanos.
El pueblo de Cuba agradece profundamente a todas aquellas personas y agrupaciones que han sumado su voz al reclamo de que se ponga fin a tanta injusticia, a los jefes de Estado o de Gobierno, altos funcionarios gubernamentales, así como reconocidas personalidades, que de forma pública o privada han pedido la libertad de los Cinco.
Es preciso demandar con toda energía que no se añada una injusticia más, que no se insista en un castigo adicional al ya consumado, que no se ponga en peligro la vida de René, que no se continúe privando a su esposa de verlo y a sus hijas del contacto natural con su padre, que no se tome el camino oportunista de proteger aún más a los terroristas y agravar la complicidad que ha manchado al Gobierno de los Estados Unidos.
La causa de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René es la causa irrenunciable de la nación cubana. Es el compromiso de un pueblo entero contra la injusticia que están sufriendo, la lealtad hacia quienes han sabido defender la Patria con gran valor y sacrificio. No tendrá fin hasta no verlos a todos en su tierra, junto a sus seres queridos y su pueblo.

martes, 27 de septiembre de 2011

Centro Habana: en vísperas del aniversario de los CDR

Fotos: E. U. G.
Temprano en la noche recorrí las calles aledañas a mi casa, en el "mundialmente" promovido barrio de Colón de Centro Habana, donde se dice que la gente vive y "piensa" mal. El ambiente estaba tranquilo, se escuchaba fuerte el reguetón para disgusto mío –y alegría de la muchachada del barrio– y se preparaban las caldosas, en las vísperas del aniversario 51 de los CDR. Dos muchachas conversaban recostadas a la casa museo de Lezama Lima. Tomé algunas fotos sin intenciones estéticas. Esta es mi ciudad.