Enrique Ubieta Gómez
Acabo de regresar de un encuentro con Fidel, así, sin más, para que el lector sienta como propia la sorpresa que sentimos los invitados: intelectuales cubanos y extranjeros que participamos en la Feria Internacional del Libro de La Habana y de toda Cuba. Fidel: radiante, lúcido, de buen humor. Ocho horas y media de intensa conversación. Dos veces nos sobrepusimos al deseo de amanecer con él, la primera cuando Eusebio pidió moderación –aludiendo a la convalecencia y avanzada edad del anfitrión–, ante la indetenible avalancha de intervenciones y preguntas; la segunda, cuando Frei Betto agradeció lo que parecía ya un exceso de tiempo concedido por el líder de la Revolución cubana. Pero a uno y otro, Fidel respondió sonriente concediendo la palabra a todo el que quiso hablar, y luego, hablando él mismo durante una hora más, como en sus años de juventud y madurez. No llevé cámara, porque alguien me aseguró que no podría entrar con ella, y todos o casi todos mis acompañantes llevaron la suya, y retrataron a su antojo ese rostro querido y admirado. Las intervenciones, matizadas de rato en rato por recuerdos y reflexiones del hombre que ha sido protagonista del último medio siglo de historia mundial, abarcaron los temas más disímiles: el poder mediático y el financiero, "no se vende información a la gente –decía Ramonet–, se vende gente a los anunciantes" y alguien muy cerca de mí agregó: "y gente a la información", porque como también advirtiera el hispano–francés, los medios trasnacionales domestican, apaciguan a la población con un discurso maniqueo y simplificador, o como afirmara Pérez Esquivel, imponen el monocultivo de las mentes. Daniel Chavarría preguntó qué podría aconsejar el revolucionario ante la evidente destrucción del ecosistema planetario, y si su respuesta lo haría sentirse más tranquilo o más alarmado. Para sentirnos tranquilos –dijo Fidel–, debemos trabajar y luchar sin descanso. Si a la Humanidad solo le restaran unos pocos años, tendríamos que luchar esos pocos años. Fidel interrogaba a cada expositor: ¿qué extensión tiene el terreno del que habla?, ¿con qué recursos cuenta su país? ¿cómo piensan sustituir el petroleo? Se habló de la solidaridad para con los pueblos árabes. Abel pidió extirpar los sectarismos de las convocatorias y cartas públicas, para obtener el necesario consenso y Fidel interrumpió la narración de una anécdota de sectarismo, que Atilio Borón anunciaba en sus palabras, para enfatizar: "no te busques enemigos por gusto, ya tenemos a uno poderoso enfrente: el imperialismo norteamericano", más adelante agregó que aunque el imperialismo provoca, incita, no tiene el control sobre lo que sucede (nadie lo tiene), ni sobre lo que sucederá en el Medio Oriente. Alba Rico advirtió que los latinoamericanos desconocemos la existencia de un malestar social genuino en los pueblos árabes, aunque denunciamos correctamente la intervención del imperialismo. Hablaron ministros del Caribe, políticos, escritores, intelectuales de variadas ocupaciones. Solo quiero hacer constar mi alegría, nuestra alegría, como dijera Frei Betto, y la probable irritación del imperialismo, ante la salud mental y física del Comandante en jefe.
viernes, 10 de febrero de 2012
jueves, 9 de febrero de 2012
"Te ofrezco mi futuro", regalo de Adriana a Gerardo Hernández
Solo el amor revela —como a un golpe de luz— la hermosura de un alma, aseguraba en un poema Dulce María Loynaz. Como en un golpe de luz he podido comprobar otra vez y con más certeza la materia de la que están hechos Adriana y Gerardo, el amor que se prodigan continuamente en palabras y pequeños gestos a falta del abrazo, del beso que les han escamoteado.
Agradezco al amigo Yoerky el envío de estas palabras de Adriana, una mujer enamorada como el primer día, a pesar de las artimañas del tiempo y la distancia. Espero que ellos, protagonistas de una historia hermosa y difícil, puedan perdonar la indiscreción y acepten que hagamos extensivo este regalo hermoso cuando se acercan las festividades del día de los enamorados. (Sheyla Valladares, tomado del blog Criaturadeisla)
REGALO
Amor, se acerca la fecha de los enamorados y una vez más continuamos separados; todos los años decimos lo mismo, ¡este será el último!
Deseo despertar a tu lado y abrazarte como lo harán la mayoría de las parejas, de las que hoy siento envidia. Derecho que nos han arrebatado por mucho tiempo; más de catorce años si besarte, sin tocarte, conformándome solo con oír tu voz en una llamada, cuando se puede, una postal o algún detalle gracias a la creatividad que te caracteriza y al apoyo solidario de quienes brindan sus esfuerzos por arrancarnos una sonrisa de felicidad.
Revisando unos papeles y fotos me detuve en las últimas que nos tomamos el día de mi cumpleaños en enero de 1998 y no pude dejar de pensar en lo felices que estábamos y éramos en ese entonces, nuestros ojos lo decían todo.
¿Dónde esta mi primavera? ¿Dónde se ha escondido el sol que mi jardín olvidó, que el alma me marchitó? Como dice la canción.
Me descubrí soñando que ya estabas libre, de vuelta en casa junto a mí, y en un fuerte abrazo te pedía que no volvieras a dejarme sola. ¡Llega tiempo!, como sueles expresar.
Por eso en este día de felicidad, romance y regalos no encuentro mejor obsequio para ti que ofrecerte mi futuro porque ya eres dueño de mi pasado y mi presente.
¡¡¡FELICIDADES!!!
Por favor, regresa pronto, te necesito, te amo.
Tu Bonsái,
7 de febrero de 2012
Agradezco al amigo Yoerky el envío de estas palabras de Adriana, una mujer enamorada como el primer día, a pesar de las artimañas del tiempo y la distancia. Espero que ellos, protagonistas de una historia hermosa y difícil, puedan perdonar la indiscreción y acepten que hagamos extensivo este regalo hermoso cuando se acercan las festividades del día de los enamorados. (Sheyla Valladares, tomado del blog Criaturadeisla)
REGALO
Amor, se acerca la fecha de los enamorados y una vez más continuamos separados; todos los años decimos lo mismo, ¡este será el último!
Deseo despertar a tu lado y abrazarte como lo harán la mayoría de las parejas, de las que hoy siento envidia. Derecho que nos han arrebatado por mucho tiempo; más de catorce años si besarte, sin tocarte, conformándome solo con oír tu voz en una llamada, cuando se puede, una postal o algún detalle gracias a la creatividad que te caracteriza y al apoyo solidario de quienes brindan sus esfuerzos por arrancarnos una sonrisa de felicidad.
Revisando unos papeles y fotos me detuve en las últimas que nos tomamos el día de mi cumpleaños en enero de 1998 y no pude dejar de pensar en lo felices que estábamos y éramos en ese entonces, nuestros ojos lo decían todo.
¿Dónde esta mi primavera? ¿Dónde se ha escondido el sol que mi jardín olvidó, que el alma me marchitó? Como dice la canción.
Me descubrí soñando que ya estabas libre, de vuelta en casa junto a mí, y en un fuerte abrazo te pedía que no volvieras a dejarme sola. ¡Llega tiempo!, como sueles expresar.
Por eso en este día de felicidad, romance y regalos no encuentro mejor obsequio para ti que ofrecerte mi futuro porque ya eres dueño de mi pasado y mi presente.
¡¡¡FELICIDADES!!!
Por favor, regresa pronto, te necesito, te amo.
Tu Bonsái,
7 de febrero de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
El verdadero "hombre del año"
Santiago Alba Rico
La Calle del Medio 44
Uno de los productos que quintaesencia el “espíritu estadounidense” es sin duda la conocida revista Time. Fundada en 1923 por Britton Hadden, “el joven más rico del mundo”, refleja e impone desde entonces el molde de una sociedad muy contagiosa que combina el populismo consumista con el individualismo más belicoso y el patriotismo más pedestre. Como es sabido, en el mes de diciembre Time elije “el hombre del año” –que a veces puede ser también una mujer– para honrar así a la personalidad más destacada, la más influyente, la más nombrada, durante el curso recién terminado. No es que la elección no responda a criterios ideológicos determinados; es que, en todo caso, la ideología subyacente tiene que ver con un modelo contable y deportivo –el del capitalismo– que celebra siempre, indiferente al contenido, las grandes cifras, los grandes momentos, los grandes gestos. Time se inclina ante la “notoriedad” en su sentido más estricto: ante los que se hacen notar. Adora a los “monstruos”: es decir, a los que más se “muestran” en público. Su esperada portada anual festeja el mundo tal y como es, generalizando entre los lectores la felicidad de formar parte de una humanidad que pugna, por distintas vías y con distintos medios, por merecer la atención del Time.
Cualquiera puede ser “hombre del año” de Time. ¿Asesinos? Lo fueron Hitler, Stalin y George Bush. ¿Millonarios? Lo fue Bill Gates. ¿Fabricantes de miseria? Lo fue Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos. ¿Todos? En 2006 lo fuiste TÚ, el “you” genérico con el que la publicidad comercial suele interpelar a sus clientes (“por qué tú lo vales”, “siempre pensando en ti”, “nuestro centro eres tú”). Con arreglo a este criterio, podríamos elegir también los personajes más “notorios” de la historia: en el siglo I, la duda estaría entre Cristo y Nerón; en el V la palma se la llevaría Atila, azote del Imperio Romano; en el XIV la peste negra que asoló Europa; en el XVI, los Reyes Católicos, fusta de indígenas, se impondrían por unos pocos votos a Fray Bartolomé de Las Casas, defensor de indígenas; en el siglo XVIII se premiaría ex aequo a María Antonieta y Robespierre; y en el XIX, Napoléon y Marx se disputarían el título con el gran Jack el Destripador. La historia no es lucha de clases sino lucha de celebridades; no es una carnicería sino un escaparate. ¡Qué emocionante y variado es el mundo y qué tranquilidad saber que, pase lo que pase, la fotografía del ganador aparecerá en la portada de la revista Time!
En 2011 “la persona del año” ha sido El Manifestante, representado en la figura andrógina de un indignado universal, étnico, postmoderno y orientalista, molde que recoge, para deformarlo, el malestar profundo de los pueblos del mundo contra una civilización injusta y agonizante. Porque El Manifestante es celebrado como un as del balón, un príncipe filántropo o una actriz pornográfica de mucho glamour. Cuando se denuncian justamente las mentiras, manipulaciones o silencios de los grandes medios de comunicación se suele olvidar este efecto antropológico tranquilizador asociado a los formatos populistas y mercantiles del periodismo hegemónico. Millones de personas se han manifestado en todo el mundo, de Túnez a Wall Street, de Grecia a Wisconsin, para derrocar dictaduras, denunciar a los responsables de la crisis capitalista y, en definitiva, cuestionar el modelo cuyo mascarón de proa es precisamente la revista Time. El Manifestante puede aparecer en su portada porque no ha triunfado en sus demandas; pero sobre todo –y al revés– el Time lo recoge en su portada para despuntar y banalizar su combate. El Manifestante, digamos, sí ha vencido; El Manifestante ha alcanzado su objetivo porque su objetivo no era cambiar el mundo sino alcanzar, en pugna con Benedicto XVI, el Fútbol Club Barcelona o el Ejército de Salvación, la portada de Time. Y el lector de Time se siente así completamente a salvo en su sillón, disfrutando de su café en un mundo construido –como un hipódromo o una pista de carreras– para su seguridad y diversión. Nada tranquiliza más que una mala noticia si nos la da la televisión; nada calma más que una amenaza, si es la “persona del año” de la revista Time.
Pero el verdadero personaje del año –el que realmente tranquiliza al lector burgués de Time– está detrás de El Manifestante, como su reverso y su destrucción. De hecho, estoy casi seguro de que el consejo editor de la revista tardó en decidirse y tuvo muchas dudas, como las habría tenido en el siglo I entre Cristo y Nerón. El otro candidato a la portada era, sí, el Policía. Basta un mínimo esfuerzo para verlo a un lado y otro del romántico Manifestante, homenajeado junto a él, cediendo generosamente el protagonismo a su víctima: los policías asesinos en Túnez, Egipto, Yemen y Bahrein; los policías salvajes que golpearon a los pacíficos muchachos en Plaza de Catalunya de Barcelona; los que abrieron la cabeza a los huelguistas de Atenas; los que detuvieron a porrazos a los ocupantes de Wall Street. ¿El hombre del año? Dos. Enfrentados en las plazas, unidos en portada: el joven manifestante tocado con su kufiya palestina al viento, un ojo morado, la sangre corriéndole por la cabeza, con una sonrisa de satisfacción en los labios –¡portada de Time!–, y a su lado, pasándole el brazo sobre el hombro, el policía acorazado y musculoso que sonríe bajo el casco –¡portada de Time!– mientras esgrime victorioso su escudo, su porra y su pistola.
Los policías y manifestantes que luchaban y siguen luchando en las plazas luchaban en realidad, ahora lo sabemos, por ver cuál de los dos alcanzaba la portada de Time. Como en las plazas suele vencer la policía, porque en las plazas suele vencer la policía, mientras en las plazas suela vencer la policía, Time podrá dar la victoria al Manifestante en su portada.
Cuando la justicia, la libertad, la democracia, la igualdad y el socialismo sean la realidad del año, Time habrá desaparecido.
La Calle del Medio 44
Uno de los productos que quintaesencia el “espíritu estadounidense” es sin duda la conocida revista Time. Fundada en 1923 por Britton Hadden, “el joven más rico del mundo”, refleja e impone desde entonces el molde de una sociedad muy contagiosa que combina el populismo consumista con el individualismo más belicoso y el patriotismo más pedestre. Como es sabido, en el mes de diciembre Time elije “el hombre del año” –que a veces puede ser también una mujer– para honrar así a la personalidad más destacada, la más influyente, la más nombrada, durante el curso recién terminado. No es que la elección no responda a criterios ideológicos determinados; es que, en todo caso, la ideología subyacente tiene que ver con un modelo contable y deportivo –el del capitalismo– que celebra siempre, indiferente al contenido, las grandes cifras, los grandes momentos, los grandes gestos. Time se inclina ante la “notoriedad” en su sentido más estricto: ante los que se hacen notar. Adora a los “monstruos”: es decir, a los que más se “muestran” en público. Su esperada portada anual festeja el mundo tal y como es, generalizando entre los lectores la felicidad de formar parte de una humanidad que pugna, por distintas vías y con distintos medios, por merecer la atención del Time.
Cualquiera puede ser “hombre del año” de Time. ¿Asesinos? Lo fueron Hitler, Stalin y George Bush. ¿Millonarios? Lo fue Bill Gates. ¿Fabricantes de miseria? Lo fue Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos. ¿Todos? En 2006 lo fuiste TÚ, el “you” genérico con el que la publicidad comercial suele interpelar a sus clientes (“por qué tú lo vales”, “siempre pensando en ti”, “nuestro centro eres tú”). Con arreglo a este criterio, podríamos elegir también los personajes más “notorios” de la historia: en el siglo I, la duda estaría entre Cristo y Nerón; en el V la palma se la llevaría Atila, azote del Imperio Romano; en el XIV la peste negra que asoló Europa; en el XVI, los Reyes Católicos, fusta de indígenas, se impondrían por unos pocos votos a Fray Bartolomé de Las Casas, defensor de indígenas; en el siglo XVIII se premiaría ex aequo a María Antonieta y Robespierre; y en el XIX, Napoléon y Marx se disputarían el título con el gran Jack el Destripador. La historia no es lucha de clases sino lucha de celebridades; no es una carnicería sino un escaparate. ¡Qué emocionante y variado es el mundo y qué tranquilidad saber que, pase lo que pase, la fotografía del ganador aparecerá en la portada de la revista Time!
En 2011 “la persona del año” ha sido El Manifestante, representado en la figura andrógina de un indignado universal, étnico, postmoderno y orientalista, molde que recoge, para deformarlo, el malestar profundo de los pueblos del mundo contra una civilización injusta y agonizante. Porque El Manifestante es celebrado como un as del balón, un príncipe filántropo o una actriz pornográfica de mucho glamour. Cuando se denuncian justamente las mentiras, manipulaciones o silencios de los grandes medios de comunicación se suele olvidar este efecto antropológico tranquilizador asociado a los formatos populistas y mercantiles del periodismo hegemónico. Millones de personas se han manifestado en todo el mundo, de Túnez a Wall Street, de Grecia a Wisconsin, para derrocar dictaduras, denunciar a los responsables de la crisis capitalista y, en definitiva, cuestionar el modelo cuyo mascarón de proa es precisamente la revista Time. El Manifestante puede aparecer en su portada porque no ha triunfado en sus demandas; pero sobre todo –y al revés– el Time lo recoge en su portada para despuntar y banalizar su combate. El Manifestante, digamos, sí ha vencido; El Manifestante ha alcanzado su objetivo porque su objetivo no era cambiar el mundo sino alcanzar, en pugna con Benedicto XVI, el Fútbol Club Barcelona o el Ejército de Salvación, la portada de Time. Y el lector de Time se siente así completamente a salvo en su sillón, disfrutando de su café en un mundo construido –como un hipódromo o una pista de carreras– para su seguridad y diversión. Nada tranquiliza más que una mala noticia si nos la da la televisión; nada calma más que una amenaza, si es la “persona del año” de la revista Time.
Pero el verdadero personaje del año –el que realmente tranquiliza al lector burgués de Time– está detrás de El Manifestante, como su reverso y su destrucción. De hecho, estoy casi seguro de que el consejo editor de la revista tardó en decidirse y tuvo muchas dudas, como las habría tenido en el siglo I entre Cristo y Nerón. El otro candidato a la portada era, sí, el Policía. Basta un mínimo esfuerzo para verlo a un lado y otro del romántico Manifestante, homenajeado junto a él, cediendo generosamente el protagonismo a su víctima: los policías asesinos en Túnez, Egipto, Yemen y Bahrein; los policías salvajes que golpearon a los pacíficos muchachos en Plaza de Catalunya de Barcelona; los que abrieron la cabeza a los huelguistas de Atenas; los que detuvieron a porrazos a los ocupantes de Wall Street. ¿El hombre del año? Dos. Enfrentados en las plazas, unidos en portada: el joven manifestante tocado con su kufiya palestina al viento, un ojo morado, la sangre corriéndole por la cabeza, con una sonrisa de satisfacción en los labios –¡portada de Time!–, y a su lado, pasándole el brazo sobre el hombro, el policía acorazado y musculoso que sonríe bajo el casco –¡portada de Time!– mientras esgrime victorioso su escudo, su porra y su pistola.
Los policías y manifestantes que luchaban y siguen luchando en las plazas luchaban en realidad, ahora lo sabemos, por ver cuál de los dos alcanzaba la portada de Time. Como en las plazas suele vencer la policía, porque en las plazas suele vencer la policía, mientras en las plazas suela vencer la policía, Time podrá dar la victoria al Manifestante en su portada.
Cuando la justicia, la libertad, la democracia, la igualdad y el socialismo sean la realidad del año, Time habrá desaparecido.
lunes, 6 de febrero de 2012
Hugo Chávez, la Agence France-Presse y el papel de los medios informativos
Salim Lamrani
La visita del Presidente iraní Mahmud Ahmadinejad a Venezuela, el 9 de enero de 2012, fue objeto de una cobertura mediática internacional. La Agence France-Presse (AFP) también cubrió el evento a través, entre otros medios, de su cadena de televisión AFPTV. No obstante AFPTV es culpable de un grave desmán por la publicación y manipulación de un video cortado del discurso del Presidente venezolano Hugo Chávez, que contraviene la ética periodística que obliga a la prensa a trasmitir una información veraz y no tergiversada a la opinión pública. Este caso lleva inevitablemente a cuestionar el papel de los medios informativos en nuestras sociedades.
La AFP es la primera agencia mundial de información, ya que su historia se remonta a la creación en 1835 de la agencia Havas “pionera de las agencias de prensa internacional”. En 1944, un grupo de periodistas resistentes recuperó el control de la Oficina Francesa de Información –entonces bajo el control del régimen de Vichy durante la ocupación nazi– y la rebautizó como Agence France-Presse (1).
La institución se autoproclama “agencia de prensa independiente” a pesar de que una parte sustancial de su presupuesto depende de las suscripciones de los servicios públicos, es decir del Estado. No obstante sus principios fundamentales, definidos en el estatuto de 1957, deben garantizar “la independencia de la agencia y la libertad de acción de sus periodistas”. Según el artículo 2, “la Agence France-Presse no puede bajo ninguna circunstancia tener en cuenta influencias o consideraciones que puedan comprometer la exactitud o la objetividad de la información; bajo ninguna circunstancia debe pasar bajo control, de hecho o de derecho, de un grupo ideológico, político o económico”. Así, la AFP reivindica su imparcialidad y objetividad (2).
La AFP dispone de una red de 2.900 colaboradores de 80 nacionalidades, ubicados en 165 países, que informan en seis lenguas diferentes (francés, inglés, español, alemán, portugués y árabe) “de la marcha del planeta, las 24 horas del día, en vídeo, texto, fotos, multimedia e infografía” (3). La agencia difunde 5.000 cables diarios en todos los campos de la actualidad y dispone, además del texto, de un servicio fotográfico internacional (2.000 fotografías diarias y 8 millones de fotografías de archivos), de un canal de televisión AFPTV (500 vídeos mensuales) y de un servicio multimedia (4).
La AFP reivindica una marca de fábrica que explica, según ella, su fama en el mundo entero: la credibilidad. Se ilustra mediante la siguiente máxima: “la fiabilidad es nuestro prioridad absoluta”. El organismo se compone de “periodistas profesionales experimentados” que “ejercen su profesión con el mayor rigor”, “clasifican, jerarquizan las noticias, verifican los hechos para ponerlos en perspectiva”. Según la entidad de prensa, proporciona “una información rápida, verificada y completa sobre los eventos que conforman la actualidad internacional” (5).
Durante la visita oficial del Presidente iraní Mahmud Ahmadineyad a Venezuela, AFPTV publicó un vídeo de 58 segundos bajo el título “Ahmadineyad y Chávez ‘atacarán Washington’”, en el cual los periodistas L. Ramírez y L. de Suremain transcriben un extracto del discurso del Presidente Hugo Chávez en la puerta del Palacio Presidencial. Los dos presidentes se encuentran uno al lado del otro, rodeados de oficiales del ejército. La voz en off traduce entonces las palabras de Chávez y el extracto se lee como sigue: “Ahmadineyad y yo, desde la puerta del Palacio Presidencial, apuntaremos Washington con cañones y misiles. Porque vamos a atacar Washington” (6).
Así, en el reportaje que realizó AFPTV, parece que el Presidente Chávez amenaza a Estados Unidos con un ataque militar. El mensaje parece bastante extraño y sorprende a la opinión pública. ¿Acaso se trata de una declaración de guerra a la potencia estadounidense, sabiendo que las relaciones entre las dos naciones son conflictivas desde hace más de una década? Resulta imposible saber más debido a la brevedad del extracto.
No obstante, un análisis del discurso completo de Chávez permite descubrir una realidad completamente diferente. En efecto, AFPTV cortó deliberadamente el discurso y seleccionó un extracto para hacer creer a la opinión pública que Chávez amenazaba explícitamente a Estados Unidos.En realidad, las palabras del presidente venezolano criticaban la estigmatización de Irán y Venezuela por parte de Estados Unidos y una
gran parte de la prensa occidental. La declaración completa es totalmente distinta:
La visita del Presidente iraní Mahmud Ahmadinejad a Venezuela, el 9 de enero de 2012, fue objeto de una cobertura mediática internacional. La Agence France-Presse (AFP) también cubrió el evento a través, entre otros medios, de su cadena de televisión AFPTV. No obstante AFPTV es culpable de un grave desmán por la publicación y manipulación de un video cortado del discurso del Presidente venezolano Hugo Chávez, que contraviene la ética periodística que obliga a la prensa a trasmitir una información veraz y no tergiversada a la opinión pública. Este caso lleva inevitablemente a cuestionar el papel de los medios informativos en nuestras sociedades.
La AFP es la primera agencia mundial de información, ya que su historia se remonta a la creación en 1835 de la agencia Havas “pionera de las agencias de prensa internacional”. En 1944, un grupo de periodistas resistentes recuperó el control de la Oficina Francesa de Información –entonces bajo el control del régimen de Vichy durante la ocupación nazi– y la rebautizó como Agence France-Presse (1).
La institución se autoproclama “agencia de prensa independiente” a pesar de que una parte sustancial de su presupuesto depende de las suscripciones de los servicios públicos, es decir del Estado. No obstante sus principios fundamentales, definidos en el estatuto de 1957, deben garantizar “la independencia de la agencia y la libertad de acción de sus periodistas”. Según el artículo 2, “la Agence France-Presse no puede bajo ninguna circunstancia tener en cuenta influencias o consideraciones que puedan comprometer la exactitud o la objetividad de la información; bajo ninguna circunstancia debe pasar bajo control, de hecho o de derecho, de un grupo ideológico, político o económico”. Así, la AFP reivindica su imparcialidad y objetividad (2).
La AFP dispone de una red de 2.900 colaboradores de 80 nacionalidades, ubicados en 165 países, que informan en seis lenguas diferentes (francés, inglés, español, alemán, portugués y árabe) “de la marcha del planeta, las 24 horas del día, en vídeo, texto, fotos, multimedia e infografía” (3). La agencia difunde 5.000 cables diarios en todos los campos de la actualidad y dispone, además del texto, de un servicio fotográfico internacional (2.000 fotografías diarias y 8 millones de fotografías de archivos), de un canal de televisión AFPTV (500 vídeos mensuales) y de un servicio multimedia (4).
La AFP reivindica una marca de fábrica que explica, según ella, su fama en el mundo entero: la credibilidad. Se ilustra mediante la siguiente máxima: “la fiabilidad es nuestro prioridad absoluta”. El organismo se compone de “periodistas profesionales experimentados” que “ejercen su profesión con el mayor rigor”, “clasifican, jerarquizan las noticias, verifican los hechos para ponerlos en perspectiva”. Según la entidad de prensa, proporciona “una información rápida, verificada y completa sobre los eventos que conforman la actualidad internacional” (5).
Durante la visita oficial del Presidente iraní Mahmud Ahmadineyad a Venezuela, AFPTV publicó un vídeo de 58 segundos bajo el título “Ahmadineyad y Chávez ‘atacarán Washington’”, en el cual los periodistas L. Ramírez y L. de Suremain transcriben un extracto del discurso del Presidente Hugo Chávez en la puerta del Palacio Presidencial. Los dos presidentes se encuentran uno al lado del otro, rodeados de oficiales del ejército. La voz en off traduce entonces las palabras de Chávez y el extracto se lee como sigue: “Ahmadineyad y yo, desde la puerta del Palacio Presidencial, apuntaremos Washington con cañones y misiles. Porque vamos a atacar Washington” (6).
Así, en el reportaje que realizó AFPTV, parece que el Presidente Chávez amenaza a Estados Unidos con un ataque militar. El mensaje parece bastante extraño y sorprende a la opinión pública. ¿Acaso se trata de una declaración de guerra a la potencia estadounidense, sabiendo que las relaciones entre las dos naciones son conflictivas desde hace más de una década? Resulta imposible saber más debido a la brevedad del extracto.
No obstante, un análisis del discurso completo de Chávez permite descubrir una realidad completamente diferente. En efecto, AFPTV cortó deliberadamente el discurso y seleccionó un extracto para hacer creer a la opinión pública que Chávez amenazaba explícitamente a Estados Unidos.En realidad, las palabras del presidente venezolano criticaban la estigmatización de Irán y Venezuela por parte de Estados Unidos y una
gran parte de la prensa occidental. La declaración completa es totalmente distinta:
domingo, 5 de febrero de 2012
Estocada de futuro (sobre el libro Cuba: ¿revolución o reforma?)
Otros post relacionados:
– Una carta de René González
– Páginas de batalla / Osvaldo Martínez
– Falsas dicotomías, desafíos reales / Pedro de la Hoz
– Subrayados para un libro sobre una guerra de hoy / Omar Valiño
– "Este libro es declaradamente polémico" (entrevista al autor) / Redacción Cubasí
– Notas de prensa sobre la presentación del libro Cuba: ¿revolución o reforma?
– Dos fragmentos de Cuba: ¿revolución o reforma?
ESTOCADA DE FUTURO
Rolando González Patricio*
Tomado de La Jiribilla
Parece oportuno comenzar diciendo qué libro no es este que les estamos invitando a leer. No se trata de un libro clásico de ensayos, mucho menos de un ensayo monográfico, porque de hecho en este libro hay una mezcla muy creativa de géneros para presentar las ideas. Por tanto, si forzosamente hay que elegir un género —quizá hay que dejarle esa tarea a Niurka, con la sabia decisión de su Casa Editora Abril de publicarlo, y me parece, además, una decisión que habrá que agradecer por mucho tiempo—, habría que clasificarlo como un libro de pelea; un libro en permanente duelo.
Creo que el título, que es bueno, que es provocador, porque anunciar Cuba: ¿revolución o reforma? es todo un atrevimiento, es todo un atentado al dogma, es una suerte de alarde de herejía revolucionaria, pudo ser otro, quizá ninguno mejor elaborado, pero pudo ser: “El libro de las definiciones”, “Cuba: futuro o pasado” y muchas otras declinaciones en esta familia. Si bien el título es bueno, creo que el libro lo desborda en más de un sentido, y es una de sus múltiples valías.
Aunque lo destaca muy bien Ubieta en sus primeras páginas, quiero subrayar que no estamos ante un volumen que pretenda —o se limite a— ser un libro de historia. Es un libro que tiene que ver con el futuro, pero que se sirve de manera creativa e inteligente de la historia. Es un libro que se salva de lo que he denominado alguna que otra vez —permítanme esta expresión quizá poco académica— “el síndrome del retrovisor”. No es un volumen que esté mirando permanentemente hacia atrás, incluso hay un momento —me disculpan porque acabo de comenzar mi relación personal, carnal, con el libro impreso, ahora que Ubieta me lo acaba de entregar, hasta hoy tenía un amor con el PDF (risas) que fue lo que recibimos hace pocos días—, decía que hay un momento del libro donde definiendo la estrategia de los adversarios del proyecto liberador cubano, de la Revolución Cubana, Ubieta afirma: “la estrategia contrarrevolucionaria es hacer que se olvide el pasado, la revolucionaria, que no se olvide”, y esa idea, que es clara y transparente, y está muy bien colocada en ese contexto, me dejó cierto grado de preocupación. Una preocupación que el libro se encarga de desmovilizar, porque para nada es una obra que mira al pasado, sino que está totalmente atento al futuro de Cuba, al futuro de la nación, al futuro de la humanidad. Sin padecer la desmemoria es un libro que —y creo que es una de las virtudes que tiene—, quizá marcado por la Fábula de los Tres Hermanos está constantemente atento a lo táctico, a lo inmediato y a lo estratégico, a lo más distante y, por supuesto, a sus puntos intermedios. Las tres dimensiones, en el espacio y en el tiempo, forman parte del ejercicio revolucionario, forman parte del ejercicio de combatir frente a los problemas que tiene la humanidad y esa especie que es "el cubano del siglo XXI”, que está dispuesto a tomar los mejores rumbos, y no extinguirse, como amenaza el capitalismo a la especie humana.
Creo que el libro, cuando parecía estarse acercando solo a una batalla con los adversarios contemporáneos de la Revolución, y contra los adversarios pretéritos del proyecto liberador cubano, ofrece un conjunto de luces. La primera, y voy a mencionar solo dos de las muchas que tiene, es que —lo puedo decir con toda tranquilidad, y mis colegas de la mesa podrán desmentirme luego— por primera vez uno encuentra en un volumen reunido toda una muestra, toda una cartografía de los adversarios ideológicos de la Revolución, pasados y contemporáneos. Por eso digo también que el libro es una forma de romper dogmas, es una forma de sembrar una noción contemporánea de debatir, de combatir en el terreno de las ideas.
– Una carta de René González
– Páginas de batalla / Osvaldo Martínez
– Falsas dicotomías, desafíos reales / Pedro de la Hoz
– Subrayados para un libro sobre una guerra de hoy / Omar Valiño
– "Este libro es declaradamente polémico" (entrevista al autor) / Redacción Cubasí
– Notas de prensa sobre la presentación del libro Cuba: ¿revolución o reforma?
– Dos fragmentos de Cuba: ¿revolución o reforma?
ESTOCADA DE FUTURO
Rolando González Patricio*
Tomado de La Jiribilla
Parece oportuno comenzar diciendo qué libro no es este que les estamos invitando a leer. No se trata de un libro clásico de ensayos, mucho menos de un ensayo monográfico, porque de hecho en este libro hay una mezcla muy creativa de géneros para presentar las ideas. Por tanto, si forzosamente hay que elegir un género —quizá hay que dejarle esa tarea a Niurka, con la sabia decisión de su Casa Editora Abril de publicarlo, y me parece, además, una decisión que habrá que agradecer por mucho tiempo—, habría que clasificarlo como un libro de pelea; un libro en permanente duelo.
Creo que el título, que es bueno, que es provocador, porque anunciar Cuba: ¿revolución o reforma? es todo un atrevimiento, es todo un atentado al dogma, es una suerte de alarde de herejía revolucionaria, pudo ser otro, quizá ninguno mejor elaborado, pero pudo ser: “El libro de las definiciones”, “Cuba: futuro o pasado” y muchas otras declinaciones en esta familia. Si bien el título es bueno, creo que el libro lo desborda en más de un sentido, y es una de sus múltiples valías.
Aunque lo destaca muy bien Ubieta en sus primeras páginas, quiero subrayar que no estamos ante un volumen que pretenda —o se limite a— ser un libro de historia. Es un libro que tiene que ver con el futuro, pero que se sirve de manera creativa e inteligente de la historia. Es un libro que se salva de lo que he denominado alguna que otra vez —permítanme esta expresión quizá poco académica— “el síndrome del retrovisor”. No es un volumen que esté mirando permanentemente hacia atrás, incluso hay un momento —me disculpan porque acabo de comenzar mi relación personal, carnal, con el libro impreso, ahora que Ubieta me lo acaba de entregar, hasta hoy tenía un amor con el PDF (risas) que fue lo que recibimos hace pocos días—, decía que hay un momento del libro donde definiendo la estrategia de los adversarios del proyecto liberador cubano, de la Revolución Cubana, Ubieta afirma: “la estrategia contrarrevolucionaria es hacer que se olvide el pasado, la revolucionaria, que no se olvide”, y esa idea, que es clara y transparente, y está muy bien colocada en ese contexto, me dejó cierto grado de preocupación. Una preocupación que el libro se encarga de desmovilizar, porque para nada es una obra que mira al pasado, sino que está totalmente atento al futuro de Cuba, al futuro de la nación, al futuro de la humanidad. Sin padecer la desmemoria es un libro que —y creo que es una de las virtudes que tiene—, quizá marcado por la Fábula de los Tres Hermanos está constantemente atento a lo táctico, a lo inmediato y a lo estratégico, a lo más distante y, por supuesto, a sus puntos intermedios. Las tres dimensiones, en el espacio y en el tiempo, forman parte del ejercicio revolucionario, forman parte del ejercicio de combatir frente a los problemas que tiene la humanidad y esa especie que es "el cubano del siglo XXI”, que está dispuesto a tomar los mejores rumbos, y no extinguirse, como amenaza el capitalismo a la especie humana.
Creo que el libro, cuando parecía estarse acercando solo a una batalla con los adversarios contemporáneos de la Revolución, y contra los adversarios pretéritos del proyecto liberador cubano, ofrece un conjunto de luces. La primera, y voy a mencionar solo dos de las muchas que tiene, es que —lo puedo decir con toda tranquilidad, y mis colegas de la mesa podrán desmentirme luego— por primera vez uno encuentra en un volumen reunido toda una muestra, toda una cartografía de los adversarios ideológicos de la Revolución, pasados y contemporáneos. Por eso digo también que el libro es una forma de romper dogmas, es una forma de sembrar una noción contemporánea de debatir, de combatir en el terreno de las ideas.
Dos fragmentos de CUBA: ¿REVOLUCIÓN O REFORMA?
Fragmento publicado en La Jiribilla
La sospecha en torno a la veracidad de los relatos históricos no es nueva. Ya en las postrimerías del siglo XIX el crítico e historiador literario cubano Justo de Lara exponía, a modo de ejemplo, un hecho insólito: una noche de otoño, el rey Carlos XI de Suecia conversaba en una de las habitaciones de su palacio con varios ministros. Desde la ventana pudo ver que el salón principal se encontraba extrañamente iluminado; ninguno de los hombres de su séquito pudo ofrecer una explicación convincente y el Rey decidió acudir al lugar. Lo que vio lo llenó de espanto: sentado en el trono se hallaba un cuerpo ensangrentado, vestido con las insignias reales y en el salón bailaban decenas de seres fantasmales. Esa misma noche, el Rey escribió lo sucedido en un pergamino, que no solo lleva su firma —y el cuño real—, sino la de todos sus acompañantes, en calidad de testigos oculares. El documento, sin duda legítimo, se conserva, pero ¿constituye una prueba histórica?, ¿por qué descartamos su veracidad?, ¿si la anécdota fuese verosímil, acaso no estimaríamos como definitiva la prueba? La historia narra episodios que no vivimos, y que debemos reconstruir desde nuestros prejuicios y experiencias. La investigación histórica, desde luego, no está desprovista de metodologías que aseguran una imprescindible “objetividad”, pero no puede ni desea desentenderse de la subjetividad humana. Por eso, la sospecha ha sido siempre un recurso de los historiadores revolucionarios, sobre todo porque según una frase sabia, “la historia la escriben los vencedores”, y ellos, pocas veces lo han sido.
LEER FRAGMENTO COMPLETO (CAPÍTULO III)
Fragmento publicado en Cubasí
La campaña de Diesel, sin embargo, me remite a un texto muy breve, programático, de José Manuel Prieto, un escritor cubano de la generación de los ochenta, que se radicó en los Estados Unidos:
“Esto es lo que había querido mostrar Guillermo Cabrera Infante [escribe orgulloso de su descubrimiento]; los hombres a salvo en el reducto de su piel; anteponer lo personal, la motivación que puede ser tildada de frívola y egoísta, pero que cuenta con la gran ventaja de ser tuya y de nadie más. (…) Ocurrida mi feliz conversión a Homo frívolus, yo, que quería escribir novelas, abandoné sin vergüenza la meta de la ‘Novela de la Revolución’, de la NOVELA. ¿Qué se había alcanzado por esa vía? Nada o casi nada. (…) Porque la respuesta es mucho más sencilla: no hay tal, no existe la vida más allá de esta vida. (…) Tránsito hacia lo frívolo, o lo que es lo mismo, hacia lo humano: los grandiosos objetivos de la época rebajados a pequeñísimos goces actuales; un presente hinchado de significados, vasto, disfrutable en todos sus resquicios.”
Para este novelista, los Estados Unidos difunden “la cultura del disfrute del presente, de lo lúdico”, mientras que los rusos (los soviéticos), “más pesados y fundamentalistas, exportaron un ascetismo de corte religioso, una severidad escatológica”.
Entre los blogueros contrarrevolucionarios –modalidad nueva en la forma, que repite los mismos contenidos y procederes de la tradicional oposición al socialismo–, hay algunos que cultivan la irreverencia del cuerpo. Es sociológicamente interesante el mundo virtual de Lía Villares por ejemplo: decenas de fotos reproducen su rostro y el de sus amigos, con énfasis narcisista. En muchas de esas fotos, aparece desnuda. El cuerpo desnudo puede acompañarse de símbolos graves, como la bandera cubana. Orlando Luis Pardo Lazo, un escritor-bloguero de boutades, se hizo retratar mientras se masturbaba sobre la enseña nacional. Episodios viejos que llegan tarde a Cuba. Pero que siguen la misma línea matriz: la frivolidad frente a la seriedad; la despreocupación opuesta a la razón; la individualidad extrema frente a cualquier expresión de colectividad, ya sea la Patria o el proyecto social. Un bloguero contrarrevolucionario alienta desde el exterior el acto “rebelde”, el “I’m stupid” del slogan publicitario:
“Ya he hablado en otras ocasiones del trapo nacional y la mayoría de ustedes sabe lo que recomiendo: limpiarse el culo con él. Creo sinceramente que a no ser que se incluya una asignatura en las escuelas primarias donde se enseñe a mear, escupir y cagar en la bandera, estamos perdidos. (…) Hace poco un escritor cubano se hizo una paja y lanzó el precioso semen sobre la bandera islopavorosa. Es un progreso. A eso llamo yo un acto de sensatez, una llamada al sentido común. Al margen de la belleza intrínseca de la acción. Como el joven al que aludo vive en la pavorosa, hay que añadir que su masturbación antipatriótica y antibanderil fue también muy valiente. Desde aquí le envío mi solidaridad y mi simpatía.”
Fue precisamente Pardo Lazo quien, en respuesta a mis comentarios sobre el mensaje “be stupid” de Diesel, insertó en su blog una de aquellas fotos promocionales, con una leyenda modificada que incluía mi apellido: “Smart critiques. Stupid creates. Don’t be Ubieta. Be stupid.”
LEER FRAGMENTO COMPLETO (CAPÍTULO II)
La sospecha en torno a la veracidad de los relatos históricos no es nueva. Ya en las postrimerías del siglo XIX el crítico e historiador literario cubano Justo de Lara exponía, a modo de ejemplo, un hecho insólito: una noche de otoño, el rey Carlos XI de Suecia conversaba en una de las habitaciones de su palacio con varios ministros. Desde la ventana pudo ver que el salón principal se encontraba extrañamente iluminado; ninguno de los hombres de su séquito pudo ofrecer una explicación convincente y el Rey decidió acudir al lugar. Lo que vio lo llenó de espanto: sentado en el trono se hallaba un cuerpo ensangrentado, vestido con las insignias reales y en el salón bailaban decenas de seres fantasmales. Esa misma noche, el Rey escribió lo sucedido en un pergamino, que no solo lleva su firma —y el cuño real—, sino la de todos sus acompañantes, en calidad de testigos oculares. El documento, sin duda legítimo, se conserva, pero ¿constituye una prueba histórica?, ¿por qué descartamos su veracidad?, ¿si la anécdota fuese verosímil, acaso no estimaríamos como definitiva la prueba? La historia narra episodios que no vivimos, y que debemos reconstruir desde nuestros prejuicios y experiencias. La investigación histórica, desde luego, no está desprovista de metodologías que aseguran una imprescindible “objetividad”, pero no puede ni desea desentenderse de la subjetividad humana. Por eso, la sospecha ha sido siempre un recurso de los historiadores revolucionarios, sobre todo porque según una frase sabia, “la historia la escriben los vencedores”, y ellos, pocas veces lo han sido.
LEER FRAGMENTO COMPLETO (CAPÍTULO III)
Fragmento publicado en Cubasí
La campaña de Diesel, sin embargo, me remite a un texto muy breve, programático, de José Manuel Prieto, un escritor cubano de la generación de los ochenta, que se radicó en los Estados Unidos:
“Esto es lo que había querido mostrar Guillermo Cabrera Infante [escribe orgulloso de su descubrimiento]; los hombres a salvo en el reducto de su piel; anteponer lo personal, la motivación que puede ser tildada de frívola y egoísta, pero que cuenta con la gran ventaja de ser tuya y de nadie más. (…) Ocurrida mi feliz conversión a Homo frívolus, yo, que quería escribir novelas, abandoné sin vergüenza la meta de la ‘Novela de la Revolución’, de la NOVELA. ¿Qué se había alcanzado por esa vía? Nada o casi nada. (…) Porque la respuesta es mucho más sencilla: no hay tal, no existe la vida más allá de esta vida. (…) Tránsito hacia lo frívolo, o lo que es lo mismo, hacia lo humano: los grandiosos objetivos de la época rebajados a pequeñísimos goces actuales; un presente hinchado de significados, vasto, disfrutable en todos sus resquicios.”
Para este novelista, los Estados Unidos difunden “la cultura del disfrute del presente, de lo lúdico”, mientras que los rusos (los soviéticos), “más pesados y fundamentalistas, exportaron un ascetismo de corte religioso, una severidad escatológica”.
Entre los blogueros contrarrevolucionarios –modalidad nueva en la forma, que repite los mismos contenidos y procederes de la tradicional oposición al socialismo–, hay algunos que cultivan la irreverencia del cuerpo. Es sociológicamente interesante el mundo virtual de Lía Villares por ejemplo: decenas de fotos reproducen su rostro y el de sus amigos, con énfasis narcisista. En muchas de esas fotos, aparece desnuda. El cuerpo desnudo puede acompañarse de símbolos graves, como la bandera cubana. Orlando Luis Pardo Lazo, un escritor-bloguero de boutades, se hizo retratar mientras se masturbaba sobre la enseña nacional. Episodios viejos que llegan tarde a Cuba. Pero que siguen la misma línea matriz: la frivolidad frente a la seriedad; la despreocupación opuesta a la razón; la individualidad extrema frente a cualquier expresión de colectividad, ya sea la Patria o el proyecto social. Un bloguero contrarrevolucionario alienta desde el exterior el acto “rebelde”, el “I’m stupid” del slogan publicitario:
“Ya he hablado en otras ocasiones del trapo nacional y la mayoría de ustedes sabe lo que recomiendo: limpiarse el culo con él. Creo sinceramente que a no ser que se incluya una asignatura en las escuelas primarias donde se enseñe a mear, escupir y cagar en la bandera, estamos perdidos. (…) Hace poco un escritor cubano se hizo una paja y lanzó el precioso semen sobre la bandera islopavorosa. Es un progreso. A eso llamo yo un acto de sensatez, una llamada al sentido común. Al margen de la belleza intrínseca de la acción. Como el joven al que aludo vive en la pavorosa, hay que añadir que su masturbación antipatriótica y antibanderil fue también muy valiente. Desde aquí le envío mi solidaridad y mi simpatía.”
Fue precisamente Pardo Lazo quien, en respuesta a mis comentarios sobre el mensaje “be stupid” de Diesel, insertó en su blog una de aquellas fotos promocionales, con una leyenda modificada que incluía mi apellido: “Smart critiques. Stupid creates. Don’t be Ubieta. Be stupid.”
LEER FRAGMENTO COMPLETO (CAPÍTULO II)
viernes, 3 de febrero de 2012
Páginas de batalla
Palabras en la presentación del libro Cuba: ¿revolución o reforma?
Osvaldo Martínez*
Tomado de La Jiribilla
Comenzaría diciendo que estamos en presencia de un libro importante, lo cual puede ser palabra gastada, pues en presentaciones de libros ha sido pronunciada millones de veces; sin embargo, creo que estas son las palabras exactas para presentar el libro de Ubieta, Cuba: ¿revolución o reforma? Es un libro que va a convertirse desde ya en referente para los revolucionarios que vamos a encontrar en él una magnífica herramienta de combate, y en referente para los que son criticados con altura y respeto por Ubieta, y que le van a dedicar, de seguro, los mas rabiosos ataques, entre los cuales acusarlo de “funcionario” va a ser, probablemente, el más leve de todos. Es un libro del cual quisiera comentar algunos aspectos antes de aproximarme, por razones profesionales, a aquellas partes en las cuales el libro toca temas que me son más cercanos, es decir, la economía. Creo que es, como ha dicho González Patricio y como ha dicho Omar Valiño, un libro de pelea, un libro para la pelea, pero una pelea con ideas, en el cual se atacan no a las personas sino a las ideas, y se lo hace en un lenguaje elegante, pulcro, bien escrito, porque es un libro que produce placer estético. Es un libro que no solo critica, sino que también propone, y es un libro, me atrevería a decir, profundamente marxista, no en el sentido del marxismo del teque, del marxismo del dogma, sino en el del marxismo creador, el marxismo del Che, de Fidel, el marxismo que sin invocar con frecuencia al marxismo, es marxista en su análisis, en su creatividad y en su flexibilidad.
Es evidente que en la lucha entre la Revolución y la contrarrevolución, entre el capitalismo y el socialismo, la victoria estratégica es de quien gana la batalla de la cultura. Yo diría que esta es la idea central desarrollada y recreada a lo largo del libro de Ubieta. Me voy a ver obligado necesariamente a hacer algunas largas citas utilizando este folletón en PDF porque no disponíamos del libro hasta ahora. Quiero comenzar por citar las palabras finales de Ubieta:
“¿Es el socialismo cubano un hecho histórico del siglo XX? ¿Existe un socialismo del siglo XXI que lo relega al pasado para estudio de academias? ¿Fracasó el socialismo cubano? Más de 20 años después de la caída de los otros, Cuba reajusta su economía y busca acomodar sus fuerzas, esencialmente humanas, en un mundo hostil y en circunstancias revolucionarias diferentes. ¿Es obsoleto el concepto de Revolución? No voy a recordar la definición fidelista, que lo ubica en un plano esencialmente ético, tal como lo entiende la tradición cubana. De alguna manera los cubanos parecemos más terrenales ahora, pero nuestros sueños escritos y nuestras realizaciones colosales permanecen intactos. Esta es una Revolución que hizo posible lo imposible, en un pequeño país del Tercer Mundo, permanentemente sometido a un bloqueo económico y a una guerra mediática, con índices de educación y salud del Primer Mundo, Cuba estableció pautas en la relación de sus líderes con las masas, del Partido revolucionario con su pueblo, la actualización —o si se prefiere la reforma de su modelo económico— no es reformista. En la historia de Cuba como hemos visto, el reformismo conduce a la ruptura de lo ético y lo útil. Las guerras militares no pueden emprenderse sin una preparación cultural, el objetivo tiene que demonizarse, tal como se hizo durante décadas a través de la literatura, el cine y la prensa con el socialismo soviético, o con el islamismo y la cultura árabe, para situar dos ejemplos, y son inútiles si no consiguen, previa a la derrota del ejército enemigo, la victoria cultural.”
Quisiera centrar mi comentario en torno a uno de los trabajos que Ubieta incluye en este libro, en torno al proyecto socialista de una nueva individualidad y decir que el fracaso del socialismo en Europa del Este tuvo un componente cultural que todos bien conocemos. El nivel y el estilo de consumo de sus vecinos capitalistas permanecieron como referentes de bienestar en la conciencia social. No pudieron ni supieron reorientar esas expectativas individuales de consumo, que no son criticables en sí mismas, ni las expectativas de ascenso personal, en un sentido no burgués.
Osvaldo Martínez*
Tomado de La Jiribilla
Comenzaría diciendo que estamos en presencia de un libro importante, lo cual puede ser palabra gastada, pues en presentaciones de libros ha sido pronunciada millones de veces; sin embargo, creo que estas son las palabras exactas para presentar el libro de Ubieta, Cuba: ¿revolución o reforma? Es un libro que va a convertirse desde ya en referente para los revolucionarios que vamos a encontrar en él una magnífica herramienta de combate, y en referente para los que son criticados con altura y respeto por Ubieta, y que le van a dedicar, de seguro, los mas rabiosos ataques, entre los cuales acusarlo de “funcionario” va a ser, probablemente, el más leve de todos. Es un libro del cual quisiera comentar algunos aspectos antes de aproximarme, por razones profesionales, a aquellas partes en las cuales el libro toca temas que me son más cercanos, es decir, la economía. Creo que es, como ha dicho González Patricio y como ha dicho Omar Valiño, un libro de pelea, un libro para la pelea, pero una pelea con ideas, en el cual se atacan no a las personas sino a las ideas, y se lo hace en un lenguaje elegante, pulcro, bien escrito, porque es un libro que produce placer estético. Es un libro que no solo critica, sino que también propone, y es un libro, me atrevería a decir, profundamente marxista, no en el sentido del marxismo del teque, del marxismo del dogma, sino en el del marxismo creador, el marxismo del Che, de Fidel, el marxismo que sin invocar con frecuencia al marxismo, es marxista en su análisis, en su creatividad y en su flexibilidad.
Es evidente que en la lucha entre la Revolución y la contrarrevolución, entre el capitalismo y el socialismo, la victoria estratégica es de quien gana la batalla de la cultura. Yo diría que esta es la idea central desarrollada y recreada a lo largo del libro de Ubieta. Me voy a ver obligado necesariamente a hacer algunas largas citas utilizando este folletón en PDF porque no disponíamos del libro hasta ahora. Quiero comenzar por citar las palabras finales de Ubieta:
“¿Es el socialismo cubano un hecho histórico del siglo XX? ¿Existe un socialismo del siglo XXI que lo relega al pasado para estudio de academias? ¿Fracasó el socialismo cubano? Más de 20 años después de la caída de los otros, Cuba reajusta su economía y busca acomodar sus fuerzas, esencialmente humanas, en un mundo hostil y en circunstancias revolucionarias diferentes. ¿Es obsoleto el concepto de Revolución? No voy a recordar la definición fidelista, que lo ubica en un plano esencialmente ético, tal como lo entiende la tradición cubana. De alguna manera los cubanos parecemos más terrenales ahora, pero nuestros sueños escritos y nuestras realizaciones colosales permanecen intactos. Esta es una Revolución que hizo posible lo imposible, en un pequeño país del Tercer Mundo, permanentemente sometido a un bloqueo económico y a una guerra mediática, con índices de educación y salud del Primer Mundo, Cuba estableció pautas en la relación de sus líderes con las masas, del Partido revolucionario con su pueblo, la actualización —o si se prefiere la reforma de su modelo económico— no es reformista. En la historia de Cuba como hemos visto, el reformismo conduce a la ruptura de lo ético y lo útil. Las guerras militares no pueden emprenderse sin una preparación cultural, el objetivo tiene que demonizarse, tal como se hizo durante décadas a través de la literatura, el cine y la prensa con el socialismo soviético, o con el islamismo y la cultura árabe, para situar dos ejemplos, y son inútiles si no consiguen, previa a la derrota del ejército enemigo, la victoria cultural.”
Quisiera centrar mi comentario en torno a uno de los trabajos que Ubieta incluye en este libro, en torno al proyecto socialista de una nueva individualidad y decir que el fracaso del socialismo en Europa del Este tuvo un componente cultural que todos bien conocemos. El nivel y el estilo de consumo de sus vecinos capitalistas permanecieron como referentes de bienestar en la conciencia social. No pudieron ni supieron reorientar esas expectativas individuales de consumo, que no son criticables en sí mismas, ni las expectativas de ascenso personal, en un sentido no burgués.
Fidel Castro Ruz. Guerrillero del tiempo
El libro Fidel Castro Ruz. Guerrillero del Tiempo, de la periodista Katiuska Blanco, fue presentado hoy ante un nutrido grupo de intelectuales y artistas en el Palacio de Convenciones de La Habana por el escritor y Presidente de la Uneac, Miguel Barnet.
El texto, estructurado en dos tomos, que revela las memorias del líder de la Revolución, le había sido obsequiado a la presidenta de Brasil Dilma Rousseff durante su visita a Cuba la semana anterior.
Palabras de presentación de Miguel Barnet
El texto, estructurado en dos tomos, que revela las memorias del líder de la Revolución, le había sido obsequiado a la presidenta de Brasil Dilma Rousseff durante su visita a Cuba la semana anterior.
Palabras de presentación de Miguel Barnet
HASTA EL AMOR SIEMPRE, HERMANITA QUERIDA
La Nueva Trova y la nueva trova / Silvio Rodríguez
Víctor Casaus
La noticia llegó, como suele suceder ahora con frecuencia, en un correo electrónico de finales de la tarde de ayer, enviado por una amiga común que siguió, paso a paso, durante los últimos meses, los altibajos producidos por su enfermedad.
No por esperada fue menos impactante, arrasadora, tristísima.
En eso estamos, estaremos –creo que mucho tiempo–, tratando de multiplicar en la memoria que construimos hoy la riqueza múltiple de la vida de Sara.
En el vestíbulo del Instituto Cubano de la Música, donde se armó un espacio para recordarla en el día de hoy, estaban pasando un material audiovisual con muchos testimonios de amigas y amigos, gente que quiso y quiere a Sara, en los que se mencionaron seguramente los rasgos esenciales de su obra y de su vida. Silvio habló de su dignidad, Noel mencionó su vitriólica agudeza, Choco habló de la novia de la cultura cubana, alguien más recordó los valores de la complejidad cuando mencionó dos adjetivos que llenan, junto a otros muchos, la memoria de Sara: tierna y fuerte.
Con el eco de esas imágenes abracé a Diana, lloré con ella la tristeza de ese minuto y recordamos el nombre con que unimos, hace tiempo, sus nombres respectivos, para crear esta palabra mágica con la que inicié desde entonces todas las conversaciones telefónicas, los mensajes urgentes y los saludos inaplazables y queridos: Saridiana las llamamos María y yo. Y Saridiana serán en las tardes del Centro Pablo, donde se les quiso, se les quiere, a dos manos, a muchos corazones, siempre.
Allí le entregamos una vez el Premio Pablo “por cantar a la Patria agradecida y al amor de millones, fundiendo, a través de la belleza y de la poesía, la épica de los grandes hechos históricos y el imprescindible latido de la vida cotidiana con sus misterios intensos y admirables”.
Por eso escribí hoy, a nombre de la gente del Centro Pablo, en un libro abierto para seguirla recordando, la frase que da título a esta nota. Y por eso comparto ahora también con ustedes aquellas palabras que le regalamos, hace más de diez años, cuando recibió el más alto premio de la cultura y de la Patria.
PARA SARA
De pronto uno descubre que la palabra de esta mujer, que la melodía y la risa y el humor de esta mujer te vienen acompañando a lo largo de media vida. Qué maravilla. Lo mejor -para ella, para mí que ahora lo cuento, para todos, que lo hemos vivido- es que se ha tratado de un asunto natural -tan natural como la cultura y como la vida misma.
Las canciones que han pasado por la voz de Sara nos entregaron, en cada momento, un latido necesario, una pregunta imprescindible, una verdad compartida. Ese es probablemente el mayor elogio que pueda recibir un artista: que su obra transite por los instantes de su tiempo, que forme parte, imperceptiblemente, de la vida de sus contemporáneos y que desde ese territorio auténtico e inviolable se prepare para alcanzar la trascendencia verdadera.
Falsas dicotomías, desafíos reales
Pedro de la Hoz
Tomado de Granma
A tiempo y con garra aparece el libro Cuba: ¿revolución o reforma? (Casa Editora Abril, 2012), de Enrique Ubieta. El autor, filósofo de formación y periodista y editor en ejercicio, es conocido por haberse situado, durante las dos últimas décadas, en el centro del debate ideológico en torno a la Revolución cubana y los movimientos sociales que han cambiado el espectro político de la región.
Su defensa de las posiciones revolucionarias asume el legado del pensamiento crítico marxista y de la orientación ética martiana, y tiene por brújula la línea fidelista y guevariana de la argumentación, el análisis objetivo de la realidad y el compromiso irrenunciable con la justicia.
Aunque la mayoría de los textos incluidos en el volumen fueron escritos de manera independiente, y en no pocas ocasiones a raíz de determinadas coyunturas y giros del aludido debate, se articulan en un cuerpo orgánico como eslabones de un discurso ensayístico integrador, que asciende desde lo que en un momento pareció un pensamiento contracorriente en medio del triunfalismo imperial tras la caída del Muro de Berlín y el derrumbe del socialismo europeo hasta los predios de las fortalezas ideológicas que sustentan la factibilidad y la necesidad del socialismo en el siglo XXI.
El libro se estructura en tres secciones. En la primera recorre las instancias del enfrentamiento de la ideología emancipadora contra las corrientes anexionistas, reformistas y mitificadoras presentes en la historia de la nación cubana. La segunda abre fuego a los espejismos seductores de los símbolos y el modo de vida con la que el capitalismo pretende cooptar a las generaciones emergentes. Los artículos ubicados en la tercera sección diseccionan el desmontaje y la anulación de los valores humanistas por parte de los ideólogos del capitalismo y apuntan hacia el cultivo y la prevalencia de la dignidad, la solidaridad y el altruismo como valores sustantivos en los procesos de transformación revolucionaria.
Al sintetizar los contenidos del libro, corro el riesgo de reducir el alcance de las exposiciones de Ubieta. En realidad, la trama por la que estas transcurren es mucho más compleja y contradictoria, dado el carácter de un debate ideológico en el que incluso se presentan, desde la otra orilla y también desde la nuestra, diversos disfraces y simulaciones encaminados a confundir, desarmar, desmovilizar y amoldar conciencias.
Sin embargo me atrevo a decir que en el fondo de cada uno de estos ensayos se advierte la necesidad de deslindar las falsas dicotomías de los conflictos reales a que nos enfrentamos. A quienes oponen metafísica e interesadamente tradición y renovación, masas e individuos, libertad y responsabilidad, emoción e intelección, revolución y evolución, el autor responde con argumentos dialécticos, y pone de relieve los conflictos reales que en el camino de la construcción socialista debemos salvar.
A partir de tales razonamientos, Ubieta concluye: "Lo que marca la diferencia de bandos es la direccionalidad de su discurso y de su obra. El anticapitalismo debe conducir a una sociedad más humana y racional, anticonsumista, sustentable, de hombres y mujeres cultos, dignos y libres. Y en países pobres como Cuba, es una dicotomía que tiene otra consecuencia: el carácter alternativo del camino elegido es la única garantía de la independencia nacional y viceversa. Es decir, que después, o antes, de recorrer todos los colores del arcoiris, usted debe saber que socialismo e independencia son inseparables en Cuba".
Sin dejar de ser interesante, la parte más vulnerable es en la que aventura la comprensión de fenómenos que tienen que ver con la moda, las tendencias y la conducta de los más jóvenes y con la interpretación simbólica del escenario de la capital en el cruce de siglos. Justo ahí abandona el discurso ensayístico y se deja arrastrar por la subjetividad del cronista observador. Se echa de menos entonces la aplicación de herramientas sociológicas de rigor.
Ello no resta fuerza ni convicción al cuerpo de las ideas. El libro avanza en la medida que va despejando interrogantes y rompiendo esquemas en una evidente elección gramsciana. Porque de lo que se trata es de conquistar espacios para el ejercicio de la hegemonía revolucionaria. "Es una responsabilidad —afirma Ubieta— que nace del lugar que ocupa esta nación en el mapa geopolítico de entre siglos: la isla de la Utopía, como la prefiguró Tomás Moro, ha sido y es Cuba, cuya sola existencia en Revolución, nos advierte que un mundo diferente, mejor, es posible".
miércoles, 1 de febrero de 2012
A propósito del libro América Latina en tiempos de Bicentenario
El 4 de febrero, a las 10 de la mañana, se presentará en la Casa del ALBA Cultural el volumen colectivo América Latina en tiempos de Bicentenario. A continuación un comentario sobre su contenido del amigo y destacado historiador Elier Ramírez.
Elier Ramírez Cañedo
El libro América Latina en tiempos de Bicentenario, de un prestigioso colectivo de autores (1), coordinado por el Dr. Felipe de Jesús Pérez Cruz, es la segunda entrega editorial (2) –y con satisfacción sabemos no la última- de la Cátedra “Bicentenario de la primera independencia de América Latina y el Caribe”, fundada en La Habana en el 2008.
Integrada por destacados académicos e intelectuales cubanos y de otros países del subcontinente, la Cátedra persigue el objetivo fundamental de ofrecer una mirada auténtica y revolucionaria a doscientos años de lucha emancipadora en América Latina y el Caribe. Ello, a contracorriente de las lecturas desmovilizadoras, omisas y tergiversadas que las oligarquías regionales y las antiguas metrópolis pretenden vender a nuestros pueblos, reduciendo la conmemoración bicentenaria a declaraciones vacías y jolgorios enajenantes. Ante la cruenta lucha cultural en la que vivimos inmersos, donde la historia es campo de batalla fundamental, el libro América Latina en tiempos de Bicentenario, constituye, sin lugar a dudas, otro resultado encomiable de la Cátedra en su esfuerzo liberador.
En un trabajo publicado anteriormente, el Dr. Felipe Pérez explicaba como se había tratado de reducir la celebración del Bicentenario a un marco cronológico conveniente a los que aún hoy persisten en dominarnos económica, política y culturalmente y silenciar las verdades históricas más incómodas para ellos.(3) El marco temporal que se quería recordar se limitaba al período 1808-1824, obviando los trascendentales antecedentes de rebeldía de nuestros pueblos originarios frente a la conquista y la colonización y, sobre todo, desconociendo a la primera revolución independentista de nuestra región acontecida en Haití, en el período 1790-1804. Asimismo, concluir las celebraciones en 1824, significaba admitir que nuestra independencia absoluta se alcanzó en ese año, luego de que fuerzas patriotas dirigidas por Antonio José de Sucre infringieran una derrota decisiva a la monarquía española en los campos de Ayacucho. De ahí que la Cátedra se refiera con toda intencionalidad a la Primera Independencia de América Latina y el Caribe, dejando claro que aún hoy estamos luchando por la segunda y definitiva independencia y que Bolívar tiene que hacer en América todavía. Seguramente, el Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí, de quien asumimos la expresión, no se imaginó nunca que, en pleno siglo XXI, los latinoamericanos y caribeños aún estaríamos enfrascados en esa porfía emancipadora. Abandonarla sería aceptar sumisamente la existencia aún de 14 enclaves coloniales en el Caribe, que Puerto Rico siga siendo colonia de Estados Unidos y las Islas Malvinas continúen bajo el dominio del imperio inglés. El marco cronológico a que se quería limitar la recordación del bicentenario, dejaba fuera -evidentemente por considerarlos asuntos muy subversivos- la más intensa labor unitaria desplegada por el Libertador, Simón Bolívar, en el período 1825-1830, así como la historia de intrigas y deslealtades que contra el proyecto bolivariano concitaron los poderes oligárquicos locales, y las apetencias foráneas –de Gran Bretaña y los Estados Unidos en particular- que hicieron fracasar la propuesta del Congreso Anfictiónico de Panamá, impusieron la fragmentación regional y el desmembramiento de la Gran Colombia y desestimularon el interés de los patriotas sudamericanos y mexicanos por liberar a Cuba y Puerto Rico.(4) Obviaba los profundos recortes que sufrieron las soberanías de los territorios americanos recién independizados del colonialismo español; las luchas independentistas de Cuba y Puerto Rico en la segunda mitad del siglo XIX y el pensamiento de Martí, continuador y enriquecedor de los ideales bolivarianos, pero también omitía las revoluciones y rebeldías populares del siglo XX y la bicentenaria actitud expansionista, injerencista e intervencionista del gobierno de los Estados Unidos sobre los pueblos de Nuestra América, así como las luchas, problemas y desafíos actuales de nuestra región. En este último aspecto es que la obra, América Latina en tiempos de Bicentenario, hace su mayor contribución, dada la urgencia de exponer la verdadera historia de América Latina y el Caribe en su etapa más reciente, pues ella ha sido tan manipulada como la pasada, con toda la fuerza que caracteriza los poderes mediáticos de hoy.
Elier Ramírez Cañedo
El libro América Latina en tiempos de Bicentenario, de un prestigioso colectivo de autores (1), coordinado por el Dr. Felipe de Jesús Pérez Cruz, es la segunda entrega editorial (2) –y con satisfacción sabemos no la última- de la Cátedra “Bicentenario de la primera independencia de América Latina y el Caribe”, fundada en La Habana en el 2008.
Integrada por destacados académicos e intelectuales cubanos y de otros países del subcontinente, la Cátedra persigue el objetivo fundamental de ofrecer una mirada auténtica y revolucionaria a doscientos años de lucha emancipadora en América Latina y el Caribe. Ello, a contracorriente de las lecturas desmovilizadoras, omisas y tergiversadas que las oligarquías regionales y las antiguas metrópolis pretenden vender a nuestros pueblos, reduciendo la conmemoración bicentenaria a declaraciones vacías y jolgorios enajenantes. Ante la cruenta lucha cultural en la que vivimos inmersos, donde la historia es campo de batalla fundamental, el libro América Latina en tiempos de Bicentenario, constituye, sin lugar a dudas, otro resultado encomiable de la Cátedra en su esfuerzo liberador.
En un trabajo publicado anteriormente, el Dr. Felipe Pérez explicaba como se había tratado de reducir la celebración del Bicentenario a un marco cronológico conveniente a los que aún hoy persisten en dominarnos económica, política y culturalmente y silenciar las verdades históricas más incómodas para ellos.(3) El marco temporal que se quería recordar se limitaba al período 1808-1824, obviando los trascendentales antecedentes de rebeldía de nuestros pueblos originarios frente a la conquista y la colonización y, sobre todo, desconociendo a la primera revolución independentista de nuestra región acontecida en Haití, en el período 1790-1804. Asimismo, concluir las celebraciones en 1824, significaba admitir que nuestra independencia absoluta se alcanzó en ese año, luego de que fuerzas patriotas dirigidas por Antonio José de Sucre infringieran una derrota decisiva a la monarquía española en los campos de Ayacucho. De ahí que la Cátedra se refiera con toda intencionalidad a la Primera Independencia de América Latina y el Caribe, dejando claro que aún hoy estamos luchando por la segunda y definitiva independencia y que Bolívar tiene que hacer en América todavía. Seguramente, el Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí, de quien asumimos la expresión, no se imaginó nunca que, en pleno siglo XXI, los latinoamericanos y caribeños aún estaríamos enfrascados en esa porfía emancipadora. Abandonarla sería aceptar sumisamente la existencia aún de 14 enclaves coloniales en el Caribe, que Puerto Rico siga siendo colonia de Estados Unidos y las Islas Malvinas continúen bajo el dominio del imperio inglés. El marco cronológico a que se quería limitar la recordación del bicentenario, dejaba fuera -evidentemente por considerarlos asuntos muy subversivos- la más intensa labor unitaria desplegada por el Libertador, Simón Bolívar, en el período 1825-1830, así como la historia de intrigas y deslealtades que contra el proyecto bolivariano concitaron los poderes oligárquicos locales, y las apetencias foráneas –de Gran Bretaña y los Estados Unidos en particular- que hicieron fracasar la propuesta del Congreso Anfictiónico de Panamá, impusieron la fragmentación regional y el desmembramiento de la Gran Colombia y desestimularon el interés de los patriotas sudamericanos y mexicanos por liberar a Cuba y Puerto Rico.(4) Obviaba los profundos recortes que sufrieron las soberanías de los territorios americanos recién independizados del colonialismo español; las luchas independentistas de Cuba y Puerto Rico en la segunda mitad del siglo XIX y el pensamiento de Martí, continuador y enriquecedor de los ideales bolivarianos, pero también omitía las revoluciones y rebeldías populares del siglo XX y la bicentenaria actitud expansionista, injerencista e intervencionista del gobierno de los Estados Unidos sobre los pueblos de Nuestra América, así como las luchas, problemas y desafíos actuales de nuestra región. En este último aspecto es que la obra, América Latina en tiempos de Bicentenario, hace su mayor contribución, dada la urgencia de exponer la verdadera historia de América Latina y el Caribe en su etapa más reciente, pues ella ha sido tan manipulada como la pasada, con toda la fuerza que caracteriza los poderes mediáticos de hoy.
El universo espiritual martiano
“Todo en el Universo es equilibrio.”
José Martí.
El universo espiritual martiano está regido por principios que constituyen su armazón y sostén. Así, por ejemplo, establece que: “Al estudio del mundo tangible, se ha llamado física; y al estudio del mundo intangible, metafísica. La exageración de aquella escuela se llama materialismo; y corre con el nombre de espiritualismo, aunque no debe llamarse así, la exageración de la segunda. (…) Las dos unidas son la verdad: cada una aislada es solo una parte de la verdad, que cae cuando no se ayuda de la otra.” [1]
A esta, la piedra angular de su cosmovisión, la llamó indistintamente “Filosofía de la Relación”, o “Ley del Equilibrio”. Esta “Ley matriz y esencial”, esta “gran Ley estética”, se inicia en el interior de cada hombre y acaba en el Universo: “lo uno en lo diverso”, como él mismo expresara. Según ella, el hombre, en cuyo destino superior y trascendente cree, está formado por materia y espíritu que coexisten y se presuponen. Niega la posibilidad de que uno provenga del otro. Tomándose a sí mismo como prueba de sus afirmaciones, dice que existe en el ser humano una parte tangible y visible, como el brazo; y otra intangible e invisible, como la simpatía.
De esta forma traza su singular tesis, de marcada raíz antropológica, de que en el ser humano van unidos el ángel y la fiera, y de que en la lucha perenne entre ellos, se va forjando el hombre camino del Homagno, su visión particular del hombre superior, que lo es en tanto asume y compromete su existencia en bien de los demás y sabe ponerse “de alfombra de su pueblo”.
Estudioso insaciable de todas las culturas y sus filosofías, supo extraer de las que se cruzaron a su paso lo esencial y durable; y descubre por su cuenta las similitudes primigenias que las sostienen. Los sistemas teóricos, las instituciones que en ellos se fundamentan, los mártires, los sinceros, los fanáticos y los detractores que cada una tiene, le llevan a afirmar, con verdad, que todas las instituciones de los hombres, puestas una al lado de la otra, no se llevan un cabo ni una punta: todas han nacido por las mismas necesidades, han proliferado por las mismas virtudes y se han corrompido por los mismos vicios.
Asume lo que en las filosofías del oriente suele llamarse “Iluminación”, como aquel “cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria.” Afirma que cuando el hombre, mediante el estudio teórico o experimental, descubre estas verdades germinales que rigen y fundamentan nuestra existencia: descansa al fin, y sobreviene a su espíritu la paz definitiva. Considera que la educación ha de preparar al hombre, en el único tiempo que suele dedicarse exclusivamente a este fin, para enfrentar y resolver los problemas que la vida le ha de presentar, y establece que los dos grandes problemas humanos son: “la conservación de la existencia y la búsqueda de los medios de hacerla grata y pacífica .”
Insiste reiteradamente en que el ser humano tiene una natural necesidad de la creencia. Aunque llegue a afirmar en La Edad de Oro que son los hombres los que crean los dioses a su imagen y semejanza, porque se ven pequeños ante la naturaleza que los crea y los mata, y necesitan creer en algo superior para que los trate bien en el mundo y para que no les quite la vida. La fe martiana está asociada a la necesidad de la creencia en una positiva existencia superior, post terrena, que compense los inconmensurables dolores del espíritu humano. De esta manera afirma que “la vida humana no es toda la vida”, y que “para creer en el cielo, que nuestro espíritu necesita, no es necesario creer en el infierno que nuestra razón reprueba”.
“Por la tierra hay que pasar volando, porque de cada grano de polvo se levanta el enemigo a echar abajo, a garfio y a saeta, cuanto nace con alas”. “Conozco al hombre y lo he encontrado malo”, dirá con tristeza, aunque confesará en el prólogo al Ismaelillo y otros textos su “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud”, lo cierto es que en sus obras publicadas encontramos en 70 ocasiones su valoración negativa del hombre, mientras que las positivas aparecen solo en 25. “De mala humanidad no se pueden hacer buenas instituciones”, afirmaría también, pero reconoce la necesidad de las instituciones para la organización social del hombre en tanto humano. Y de ahí que asuma que en el seno de dichas instituciones disputen y pervivan a un tiempo las fuerzas opuestas que pugnan en el alma del hombre. La esencia de esa convicción la refleja en una sentencia aforística: “Los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan; los que odian y deshacen.” Es la única división para él posible entre los hombres: el egoísta-destructor-negativo, y el altruista-edificador-positivo.
Afirma que en lo común de la naturaleza humana suelen ser siempre más los egoístas que los altruistas, el mal que el bien, pero estos últimos poseen una incontrastable fuerza de carácter a la que no puede oponerse fuerza alguna. De ahí que el ejercicio constante de la virtud sea el único camino para el crecimiento humano, como freno a los instintos biológicos que llevan al vicio y al crimen, y como ensanchamiento espiritual que acerca al hombre al ángel y a lo alto, alejándolo de la fiera y del fango.
“Todo hombre lleva en sí una fiera dormida, pero el hombre es una fiera admirable: le es dado llevar las riendas de sí mismo”. Todo hombre es resumen del mundo animal, en que a veces el león ruge y el cerdo hocea, y la paloma arrulla, y toda virtud está en hacer que del cerdo y el león triunfe la paloma. Dice que hay horas de bestia en el ser humano, en que la garganta siente sed fatídica, y los ojos llamean, y los dientes sienten necesidad de morder, y los puños crispados buscan cuerpo donde caer. Enfrenar a esa bestia y sentar sobre ella un ángel, es la victoria humana.
Por ello tiene, en estos tiempos vertiginosos e inseguros, tanta vigencia aquel mandato suyo: “Talentos, tenemos en Cuba más que guásimas (…) caracteres es lo que hemos menester”. Y si bien debemos continuar trabajando por aumentar la producción de bienes y servicios pues, como dirá él coincidiendo con Marx, “en pueblos como en hombres la vida se cimenta sobre la satisfacción de las necesidades materiales”, también nos alerta del peligro que entraña dejar a un lado las cosas del espíritu porque “importa poco llenar de trigo los graneros si se desfigura, enturbia y desgrana el carácter nacional; los pueblos no viven a la larga por el trigo, sino por el carácter.”
Consecuente con el método electivo de la filosofía cubana, de todas las corrientes e instituciones doctrinales a las que se acercó extrajo lo que a su juicio consideró de más utilidad en ese camino de crecimiento espiritual, si aferrarse a ninguna de ellas y sin negar a ninguna, pues todo lo que en el mundo ayude a mejorar al hombre para él es loable, y de cada una de estas escuelas dejó valoraciones justas y encomiables, aún cuando en ellas fuera envuelta, como solía, alguna crítica ineludible. No obstante afirmó que “en las estrecheces de una escuela yo no existo.”
Jorge Mañach, refiriéndose a la vida de Martí, dijo que no es posible la descomposición química de una llama, y que lo más grande de Martí es él mismo, su espíritu inabarcable e insondable, su ecumenismo sincero, su infinita capacidad de amar. Por ello, pretender encerrar el universo espiritual martiano en los marcos de una filosofía, de una ideología, de una religión, —como diría él mismo refiriéndose a la imposibilidad de recoger en un artículo periodístico los sucesos relacionados con los trabajadores de Chicago— es como tratar de encerrar la lava de un volcán en una taza de café. La expresión mayor de su espiritualidad universal y humanista la refleja esta conclusión lapidaria: “El mundo es un templo hermoso donde caben en paz los hombres todos de la Tierra.”
[1] José Martí, Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975. Tomo 20, página 361. (En lo adelante nos referiremos a ellas como O. C., el tomo en números romanos y la página en números arábigos.)
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