martes, 19 de mayo de 2015

Hace veinte años

Una breve nota personal. Hace veinte años, un día como hoy, asistí en Dos Ríos al acto de conmemoración del centenario de la caída en combate de José Martí. En ese lugar y de esa manera clausurábamos el Encuentro Internacional que el Centro de Estudios Martianos organizara en Santiago de Cuba, con la presencia de centenares de estudiosos de Cuba y del extranjero. Luego regresamos en vuelo ejecutivo hasta el Cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago, donde hicimos la guardia de honor y saludamos a Fidel. Los días previos a la fecha fueron muy tensos, pero aquella fue una de las experiencias más hermosas de mi vida. Han trascurrido veinte años, y parece que fue ayer.

lunes, 18 de mayo de 2015

La Orquesta Sinfónica de Minnesota en La Habana: el regreso de un sueño

Enrique Ubieta Gómez
El sábado en la noche asistí al segundo concierto habanero de la Orquesta Sinfónica de Minnesota, dirigida por el maestro finlandés Osmo Vänskä. El programa incluía piezas de nuestro Caturla (Danzón), de Berstein (Las Danzas Sinfónicas de Amor sin Barreras) y de Prokófiev (Selecciones de Romeo y Julieta). No soy un experto en música de concierto, pero puedo afirmar –me incluyo– que la orquesta estremeció a un Teatro Nacional abarrotado en su sala mayor. No era música, era magia. Vänskä tiene su toque norteamericano: concibe y ejecuta el concierto como espectáculo. Sus movimientos parecen exagerados, como si dirigieran, a la vez, la ejecución de la orquesta y la recepción de los espectadores. Una baranda se ha colocado en el estrado, a sus espaldas, para evitar un accidente. No hay preámbulos, llega y de inmediato, sin pausa, desata la música. Pero nos sorprende y emociona cuando sus músicos, de pie, en lugar de Danzón, interpretan el Himno Nacional de Cuba. Da la vuelta y pide con gestos que lo cantemos. Todos lo hacemos. La magia se transforma en desagravio. Después viene el Himno Nacional de los Estados Unidos; sus bellos acordes son la mano que estrecha la mano tendida. Los himnos no suelen aplaudirse, pero esta vez nadie pudo impedir la ovación eufórica. Al finalizar cada pieza, observaba los rostros sonrientes, nerviosos, de los músicos. Menudos embajadores. Nobles estadounidenses, ¡qué ajenos a la confrontación histórica, a las apetencias imperiales de sus gobernantes! Los científicos de las ciencias naturales y de las llamadas exactas son como los músicos: se realizan dando. ¡Qué tristeza pensar que tras ellos se mueven sinuosos, otros seres calculadores! ¡Cuánto nos debemos los dos pueblos, cuánto podemos intercambiar desde el respeto! El sábado recordé un sueño: "Es un sueño profundamente arraigado en el sueño '(latino)americano'. Sueño que un día nuestras naciones se levantarán y vivirán el verdadero significado de su credo: 'Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales'".

La sagaz advertencia de Sandino

Atilio A. Boron
En este nuevo aniversario del nacimiento de Augusto César Sandino (18 de Mayo de 1895) comparto la carta que el gran patriota nuestroamericano le enviara a Froylán Turcios, poeta, ensayista y diplomático hondureño, director de la Revista Ariel, y permanente colaborador del “general de hombres libres” en su campaña contra la ocupación norteamericana de Nicaragua. La carta caracteriza con exactitud la actitud de Washington hacia nuestros países, atizando la hoguera de las disputas territoriales y fomentando la discordia y la desunión para, de ese modo, caer indefensos ante la arremetida imperial. Lo denunciaba Sandino en 1928 y su juicio sigue siendo tan válido hoy como lo fuera ayer cuando se comprueban las maniobras estadounidenses para sabotear a la UNASUR, la CELAC y para exacerbar la rivalidad entre nuestros pueblos. La figura de este gran revolucionario y eximio jefe militar asesinado por el dictador Anastasio Somoza en 1934 había quedado relegada a la memoria oral del pueblo nicaragüense. Le debemos al periodista y ensayista argentino Gregorio Selser el enorme mérito de haber rescatado su ejemplo y proyectado su figura a toda América Latina y el Caribe cuando en 1955 publicó en Buenos Aires su: Sandino, General de Hombres Libres, precipitando a partir de ese momento la revalorización del legado antiimperialista del líder nicaragüense y la fecundidad de su estrategia militar, exitosamente puesta en práctica años después por el Frente Sandinista de Liberación Nacional. 

La carta dice así:

El Chipotón, 10 de Junio de 1928.

Grande estimado maestro y amigo:

Con profunda sorpresa leí en Ariel del 1° de Mayo último, sus palabras editoriales, relativas al peligro en que se halla la integridad territorial de Honduras, en lo que respecta a la cuestión de límites con Guatemala. Tanto sus palabras, como las que reproduce del editorial de El Cronista de esa ciudad, hicieron que sintiera por un momento helada mi sangre. Pronto comprendí que personajes de la política imperialista yanqui, son los atizadores de esta hoguera centroamericana.
En estos instantes me preocupan más las graves dificultades entre ustedes, los dirigentes de Centro América, o sea la Patria Grande, que la causa que yo mismo estoy defendiendo con mis pocos centenares de bravos; porque me convenzo que con nuestra firmeza de ánimo y el terror que hemos logrado sembrar en el corazón de los piratas, nuestro final será evidente, mientras tanto que ustedes están rodeados de patricidas que siempre andan al olfato de las causas grandes, para dejar en ellas la semilla de la traición.
En nombre de Nicaragua, de Honduras, de Guatemala y en nombre de Dios, querido amigo mío, yo le suplico a usted y a todos los hombres de entendimiento y claro patriotismo de América Central, traten de evitar por todos los medios posibles, el acaloramiento de ánimos y la ruptura de nosotros mismos. Ustedes están en la obligación de hacer comprender al pueblo de América Latina, que entre nosotros no deben existir fronteras y que todos estamos en el deber preciso de preocuparnos por la suerte de cada uno de los pueblos de la América Hispana, porque todos estamos corriendo la misma suerte ante la política colonizadora y absorbente de los imperialistas yanquis. Las bestias rubias están colocadas en uno de los extremos de la América Latina y desde allí observan ávidas nuestros movimientos políticos y económicos: ellos conocen nuestra ligereza de carácter y procuran mantener latente entre uno y otro país nuestros graves problemas sin resolver. Por ejemplo, la cuestión de límites entre Guatemala y Honduras, entre Honduras y Nicaragua: el asunto canalero entre Nicaragua y Costa Rica, la cuestión del Golfo de Fonseca entre El Salvador, Honduras y Nicaragua; la cuestión de Tacna y Arica entre Perú y Chile. Y así por el estilo, hay un encadenamiento de importantes asuntos en resolución entre nosotros. Los yanquis nos tienen bien estudiados y se aprovechan de nuestro estado de cultura y de la ligereza de nuestros caracteres para hacemos peligrar siempre que a los intereses de ellos conviene.
Tomando como se debe, por lema las frases anteriores, los yankees sólo pueden venir a nuestra América Latina como huéspedes; pero nunca como amos y señores, como pretenden hacerlo. No será extraño que a mí y a mi Ejército se nos encuentre en cualquier país de la América Latina donde el invasor asesino fije sus plantas en actitud de conquista.
Sandino es indohispano y no tiene fronteras en la América Latina. Sin más que recomendarle por ahora, querido maestro, le envío mi corazón, con el cual le hablo en esta carta.
Patria y libertad.
Augusto C. Sandino

domingo, 17 de mayo de 2015

La luz de Sandino

Mañana, 18 de mayo se cumplen 120 años del asesinato del nicaragüense Augusto César Sandino, General de Hombres Libres. Como homenaje a su memoria, reuno los fragmentos en que hablo de Sandino en mi libro La utopía rearmada, La Habana, Casa Editora Abril, 2002. La Nicaragua que describo en esos pasajes es la del presidente neoliberal Arnoldo Alemán.
Enrique Ubieta Gómez
En lo más alto de la colina del hospital militar hay una enorme silueta de Sandino, toda de negro. No es una estatua, no sé de qué material habrá sido hecha, pero allí permanece bajo la lluvia o el sol, incólume, erguida: es la sombra omnipresente de Sandino proyectada sobre la ciudad, abarcándolo todo; la sombra de Sandino en los ojos de los transeúntes, en la mirada clara de la maestra, en la mirada triste y dura de los niños descalzos que le cobran al turista frente al antiguo Palacio Nacional la morbosa impertinencia de retratarles, en la mirada indolente de los ricos de siempre. La Revolución se fue, pero está. Participé el 19 de julio de 1999 en la conmemoración capitalina del XX Aniversario del triunfo, efeméride para la nostalgia y la reflexión. Me impactaron más que nada, los cientos de muchachas y de muchachos que se habían dibujado en la frente y en las mejillas la bandera rojinegra de Sandino, de los sandinistas, la misma bandera del 26 de Julio, muchachos que no vivieron los años ochenta o que entonces eran muy pequeños. Son los hijos bastardos pero legítimos del neoliberalismo. (…)
Cuando los cubanos iniciaban su lucha contra Machado, los nicaragüenses combatían ya con las armas a las fuerzas interventoras de Estados Unidos. Mella, martiano raigal y marxista, era un antimperialista convencido. Augusto César Sandino, símbolo del antimperialismo insurgente, escribía en 1928: “Hablando de la doctrina Monroe dicen: América para los americanos. Bueno: está bien dicho. Todos los que nacemos en América somos americanos. La equivocación que han tenido los imperialistas es que han interpretado la doctrina Monroe así: América para los yankees. Ahora bien: para que las bestias rubias no continúen engañadas, yo reformo la frase en los términos siguientes: los Estados Unidos de Norteamérica para los yankees. La América Latina para los indolatinos. (...) No será extraño que a mí y a mi ejército se nos encuentre en cualquier país de la América Latina donde el invasor asesino fije sus plantas en actitud de conquista”. ¿Es acaso una casualidad histórica que la bandera rojinegra de Sandino fuese enarbolada en Cuba por el Movimiento 26 de Julio?  (…)
Augusto César Sandino navegó en pipante por el río Coco, desde Wiwilí hasta Waspám, en viaje de nueve días. Seguramente el grupo de muchachas misquitas que le ayudó en Puerto Cabezas a rescatar las armas abandonadas en el mar por los liberales ante la llegada de las tropas norteamericanas eran “las pobres prostitutas del pueblo”. Pero la gesta antimperialista de Sandino respondía a otros códigos del honor patrio, a otra historia. Para los misquitos, todos aquellos que los visitaban esporádicamente con el fin de obtener ganancias eran extranjeros, hablasen inglés, español o alemán, fuesen rubios o mestizos, norteamericanos o nicaragüenses. (…)
El centro médico de Raití es una casa de madera de dos habitaciones sobre pilotes de concreto. Fue una de las tres construcciones que resistieron la llena provocada por el Mitch; las otras dos fueron la Iglesia Morava –que acapara aquí a la mayor parte de los feligreses–,  y la casa pastoral. El interés prusiano en la colonización de la Costa Atlántica de Nicaragua motivó el arribo el 2 de mayo de 1847 de los dos primeros misioneros moravos, quienes regresaron en 1849 comisionados por el Sínodo General de Herrnhut para la cristianización del Reino Misquito. La Iglesia Morava tiene su origen en el protestantismo checo y el nombre indica su región de procedencia. Su enraizamiento en esta zona del país determina el desarrollo posterior de la cultura religiosa local, convirtiéndose en una de las expresiones de la identidad misquita. La religiosidad de los misquitos se expresa mayoritariamente en el culto cristiano moravo, pero la trasciende en sus mitos y creencias ancestrales. Los misioneros moravos se opusieron a la gesta de Sandino, por los sentimientos anticlericales de éste –“los primeros ladrones de la tierra fueron los sacerdotes y los militares”, escribía Sandino en 1931–, y probablemente también por sus estrechos vínculos con las compañías extranjeras. Muchos años después se opusieron también a los nuevos sandinistas. (…)
Desde Wiwilí partió Sandino en pipante en viaje de nueve días por el río, dejándose llevar por la corriente, hasta Waspám, o quizás hasta Leimus, para seguir por tierra, como todavía se hace hoy, a Puerto Cabezas y encontrarse allá con Sacasa y con el general Moncada, quienes le recibieron con frialdad:  “Mi buena fe, mi sencillez de obrero y mi corazón de patriota, recibieron la primera sorpresa política... Moncada se negó rotundamente que me entregaran las armas que pedía”. Desilusionado, pero igualmente dispuesto a proseguir su lucha, hizo el viaje de regreso por el río, a contracorriente. A contracorriente viviría desde entonces Sandino. Las Segovias, como entonces eran llamados estos Departamentos del norte: Jinotega, Nueva Segovia, Madriz, Estelí, fueron  su escenario fundamental de vida guerrillera. Erguido como un titán frente a la Paz de Tipitapa, una paz que aceptaba la intervención militar norteamericana y la permanencia en el poder del títere Adolfo Díaz, Sandino proseguiría solo, a partir de 1927, la lucha desigual contra las fuerzas de ocupación. Citado por Moncada a la Junta de Jefes a una hora posterior a la acordada con los demás participantes, encontró a su llegada que todo había sido ya decidido. Ante su protesta, Moncada ironizó: “¿Y a usted quién le ha hecho general?” Pero Sandino dejó una respuesta para la historia: “Mis compañeros de lucha, señor. Mi título no lo debo ni a traidores ni a invasores”. En una extensa carta el propio Sandino relata cómo Moncada le había explicado unos días antes, el contenido del acuerdo de paz: “Yo me sonreí maliciosamente. Fue objeto de sorpresa mi sonrisa para el general Moncada, quien agregó: ‘También nos darán el control de seis departamentos de la República. Usted es el escogido para jefe político de Jinotega. El gobierno de Díaz pagará todas las bestias que actualmente estén en la guerra y usted puede recoger las que más pueda y será legalmente dueño de ellas’. Pregunté a Moncada si estaba de acuerdo todo el Ejército y me respondió: ‘Tiene que estarlo supuesto que a todos les será pagado el sueldo que hayan devengado. A usted le corresponden, –continuó– diez dólares diarios durante todo el tiempo que ha permanecido en armas’. Volví a sonreír sarcásticamente”. Sandino era un hombre de baja estatura, delgado, un ser en apariencia común,  “extraordinariamente parecido a los demás”, dice un testigo. Un hombre “común” que encarnó la dignidad de su pueblo:  “Sentí un profundo desprecio desde ese momento por Moncada. Le dije que yo consideraba un deber morirnos o libertarnos. Que con ese fin yo había enarbolado la bandera Rojo y Negro simbolizando libertad o muerte. Que el pueblo nicaragüense de aquella guerra constitucionalista esperaba su libertad. Él sonrió sarcásticamente. Me dijo textualmente estas palabras, en tono despreciativo: ‘No hombre... ¿Cómo se va a sacrificar usted por el pueblo?  El pueblo no agradece... Esto se lo digo por experiencia propia... La vida se acaba y la patria queda... El deber de todo ser humano es: gozar y vivir bien sin preocuparse mucho...’ ”.
Las motivaciones históricas de Moncada en Tipitapa no pueden ser comparadas con las de aquellos mambises que aceptaron una paz sin independencia en la Cuba de 1878, pero frente a las debilidades aparentemente colectivas de una nación, siempre surgen hombres “que reúnen en sí el decoro de muchos hombres”, como expresara Martí.  Sandino parecía hasta entonces un caudillo local honesto en una guerra civil entre liberales y conservadores en la que el ejército norteamericano simulaba ser un interventor neutral, pero al rechazar el Pacto de Tipitapa y proseguir la lucha, demostró la identidad histórica y la traición de unos y otros, y situó el conflicto en su verdadero centro: se trataba ya de una guerra popular contra el invasor extranjero y sus lacayos locales, por la soberanía nacional.  El Gobierno norteamericano trató de restarle importancia a su gesto, los medios informativos lo calificaron de bandolero  –así se estudió su vida en las escuelas nicaragüenses durante muchos años y todavía hoy, un alcalde liberal del Atlántico Norte, ignorando que se trata de una figura mundialmente conocida, me “explicó”, al nombrarlo, que era “un alzado que hubo aquí en la zona”–, pero utilizó con saña todo su poderío militar para aplastarlo.  “Podemos hacer constar aquí –escribe Gregorio Selser, el más acucioso biógrafo del nicaragüense– un hecho poco menos que desconocido:  uno de los primeros entrenamientos de aviones y de aviadores militares con posterioridad a la primera guerra mundial, se realiza en territorio de Nicaragua, ocho años antes que los abisinios y diez años antes de que los pilotos de la escuadrilla Cóndor de Hitler dejaran a Guernica reducida a escombros. Era la época de creciente desarrollo de la aviación cuando los aviadores de todo el mundo trataban de batir records uniendo distintos puntos del globo como lo hizo Lindbergs al cruzar por primera vez el Atlántico en un vehículo aéreo. El gobierno de Coolidge empleaba los nuevos conocimientos del arte de la guerra moderna, probándolos sobre el pueblo de Nicaragua”. Años más tarde, los Estados Unidos probarían su bomba atómica en suelo japonés, sus armas químicas en tierra vietnamita y sus cohetes teledirigidos en Irak.  El nombre de Sandino se convirtió en uno de esos mitos populares, fundantes, de la resistencia antimperialista latinoamericana y mundial.  “Cuando los ejércitos del Kuomitang entraban victoriosos en Pekín  –apunta Selser–,  el retrato de Sandino figuraba como estandarte en varios cuerpos del ejército revolucionario chino”.(…)
El ejército norteamericano no sólo fue, como se conoce, maestro distante en la tortura y el crimen contrainsurgentes. En su desesperación frente a la obstinada resistencia de Sandino, empleó en suelo nicaragüense métodos sádicos para la ejecución de los prisioneros de guerra. Somoza, buen discípulo, los explica detalladamente en un libro que escribiera (o que le escribieran): el corte de chaleco, que arrancaba de raíz los brazos como castigo por llevar armas; el corte de cumbo, consistente en la ablación del cráneo, con la que se daba muerte a la víctima, pero lentamente. No transcribo los detalles de ambos procesos, que Selser reproduce en su estudio biográfico, para no alterar más la paz del lector. El tema de la violencia es crítico en la historia centroamericana. En Condega, durante los años 70 la Guardia Nacional de Somoza cometió crímenes espantosos. (…)
En Ciudad Sandino o Jícaro, nombres por los que se conoce el pueblo, en el propio departamento de Nueva Segovia, está ubicada otra brigada cubana de la salud, compuesta por tres doctoras cubanas, la epidemióloga tunera Isabel Escalona, jefa del colectivo, la camagüeyana Olga Espinosa y la villaclareña Viridiana Pérez. Las acompaña el licenciado en enfermería Fausto Enríquez, de Cienfuegos. Hasta el mes de mayo han atendido 5 215 casos en el Municipio. Nos encontramos ya en pleno corazón del territorio que controlaba desde las montañas el “pequeño ejército loco” de Sandino. Muy cerca, en Ocotal, la capital departamental, se produjo el primer combate contra efectivos estadounidenses. Y éstos por primera vez también en esa guerra, emplearon la aviación con fines militares; el resultado lógico fue una masacre entre los soldados de Sandino y en la población de los alrededores. Un cable de AP, fechado el 18 de julio de 1927 decía:  “Se calcula que los defensores de Ocotal mataron a un centenar de los hombres del general Sandino, creyéndose que otros doscientos más perecieron cuando cinco aeroplanos de bombardeo, enviados desde Managua por el general Feland, volaron sobre los rebeldes, haciendo uso de ametralladoras". El Presidente conservador Díaz y su opositor liberal general Moncada aplaudieron la acción y se apresuraron a solicitar condecoraciones y a homenajear a los jefes militares norteamericanos que ordenaron la matanza.
Cerca de Jícaro también, en dirección opuesta, se encuentra la antigua mina de oro de San Albino. Unas paredes escalonadas de ladrillo han sobrevivido entre enredaderas y bejucos, mientras las piezas de hierro oxidado yacen dispersas en los alrededores, escondidas en la hierba, de forma tal que en unos cincuenta metros de diámetro el olvido humano y la naturaleza han dispuesto un paradójico parque-memorial que nadie visita. Un viejo cuidador vive en un pequeño cuarto construido quizás con ese fin. Se le ve contento con nuestra presencia. Dice poco, porque sabe poco, pero nos acompaña. Los dueños  –él  naturalmente no los conoce– lo contrataron para cuidar el lugar, pero hace ocho meses que no le pagan. No sabe mucho, pero sabe que allí trabajó Sandino y que allí fue donde inició su épica lucha. Lo dice con orgullo mientras escudriña mi reacción. No sé por qué no se va de aquel lugar si no le pagan. Quizás, digo yo, porque ésa es su casa, quizás porque espera que alguna vez le paguen, quizás también, porque se siente importante y hay un río cerca, y el paisaje es hermoso. Extraña presencia la de los hombres ausentes. Sigo los pasos de Sandino en Nicaragua, pero es Sandino quien me sigue: ahí está, mudo, pequeño, imbatible, mirándome. Lo que más debe de haber molestado en él era su insignificancia física. Un testigo lo describía con rabia como un ser común, igual a todos. Igual a todos, todos en él. Ahí está todavía, imbatible, mirándonos.
Nota
Todas las citas son de:
Gregorio Selser: Sandino, general de hombres libres, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, tomo II, 1976


jueves, 14 de mayo de 2015

Una deuda con Viet Nam

Ángel Guerra Cabrera
El 40 aniversario de la victoria de Vietnam sobre Estados Unidos fue celebrado como propio hace dos semanas por todas las fuerzas revolucionarias, patrióticas y progresistas del mundo entero.  Me hice el propósito de escribir entonces sobre un hecho tan profundamente aleccionador para las luchas que libramos hoy, pero razones imponderables me lo impidieron y decidí hacerlo en esta entrega.
El 30 de abril de 1975 las tropas al mando del épico general Vo Guyen Giap culminaban una fulminante ofensiva iniciada a principios  de marzo que puso en sus manos todo el sur de Vietnam. Ingresaron a Saigón(nombrada Ciudad Ho Chi Min 24 horas después), arrollaron lo que quedaba del desmoralizado ejército de la dictadura militar, pusieron en fuga a los remanentes de militares estadunidenses y se apoderaron de todas las posiciones estratégicas de la ciudad, incluyendo la embajada del país agresor. La fotos de un helicópteros cargando desde la azotea de esa instalación a gringos y jerarcas del régimen títere arracimados hasta en el tren de aterrizaje pasó a ser uno de los símbolos icónicos de la ignominiosa derrota yanqui.
Para entonces Ho Chi Min, el general Giap y el pueblo vietnamita tenían en su haber la humillante derrota del colonialismo francés en la batalla de Diem Bien Phu(1954) y una sucesión interminable de enormes sacrificios, duro aprendizaje y luego brillantes hazañas militares, que iniciados en 1959 condujeron a la apabullante derrota de las tropas estadunidenses y de sus títeres.
De la lucha del pueblo vietnamita contra la intervención japonesa, francesa y estadunidense se desprenden  valiosas enseñanzas no solo para los pueblos que se ven forzados a tomar las armas para defender su patria, sino para todas las luchas protagonizadas por vía política contra la dominación imperialista-oligárquica, las políticas neoliberales,  el saqueo de los recursos naturales, la degradación medioambiental,  el entreguismo, la represión y la corrupción de las elites dominantes.
Vietnam demostró que el ser humano, animado de ideales, es capaz de los mayores sacrificios y de alcanzar lo que parece imposible. Probó que los pueblos pueden vencer fuerzas muy superiores en número y tecnología cuando actúan en defensa de una causa justa, están bien organizados, educados políticamente,  unidos en un solo haz y sujetos a una disciplina consciente.
La creatividad política de la dirección vietnamita encabezada por Ho Chi Min se manifestó en la capacidad de movilizar a todo un pueblo en defensa de  la patria, mediante audaces y flexibles alianzas, y ofreciendo a todos y todas, incluyendo niños y ancianos, una responsabilidad en ese cometido. Igualmente, en la sabiduría de ir de menos a más, al transformar los pelotones en compañías, estas en batallones y luego en regimientos, divisiones y cuerpos de ejército, basándose fundamentalmente en el apoyo de la población, que aportaba nuevos reclutas, y la captura de las armas al enemigo, hasta que comenzaron a llegar las de procedencia soviética y china.
Estados Unidos se vio forzado a desplegar más de medio millón de soldados en Vietnam y todavía sus jefes pedían el envío de 200 mil más para asegurar la “victoria”. Usó también los bombardeos masivos sobre el sur y zonas densamente pobladas del norte del país, así como contra regiones de Laos y Cambodia.
Arrojó sobre un territorio de extensión semejante a la de estado de Nuevo México, más bombas que todas las empleadas por las fuerzas estadunidenses en la Segunda Guerra Mundial. Además, regó desde el aire 76 millones de litros de defoliantes, principalmente del agente naranja, fabricado por  las corporaciones Monsanto y Dow Chemical que contiene una dioxina con "quizás la molécula más tóxica jamás sintetizada por el hombre", probada causante de varios tipos de cáncer y malformaciones congénitas. Al menos dos millones de vietnamitas han sido afectados por el agente naranja sin contar con las víctimas de este por la contaminación de la cadena biológica y los cursos de agua. Los defoliantes arrasaron millones de hectáreas, tanto de selva tropical y manglares como de cultivos y alcanzaron a 30.000 núcleos habitados.
La CIA condujo en Vietnam  la operación Phoenix, que costó la vida a entre 26 000 y 41 000 supuestos colaboradores de la guerrilla del Frente de Liberación Nacional. Se calculan entre dos y seis millones los vietnamitas muertos en la contienda.
Ninguna de estas acciones genocidas pudo evitar la victoria del Vietnam heroico.

lunes, 11 de mayo de 2015

Derrota del fascismo en Europa: 70 años después

Atilio A. Boron
El 70ª aniversario de la caída de Berlín a manos del Ejército Rojo es una ocasión propicia para someter a revisión algunos lugares comunes acerca de la Segunda Guerra Mundial y su desenlace. Especialmente uno, ampliamente difundido por el mundo académico y las usinas mediáticas del pensamiento dominante según el cual la derrota del Tercer Reich comenzó a consumarse cuando Londres y Washington abrieron el frente occidental con el desembarco de Normandía, arrojando un pesado manto de olvido sobre la decisiva e irreemplazable contribución hecha por la Unión Soviética para destruir al régimen nazi y poner punto final a la guerra en Europa. Geoffrey Roberts, un profesor británico especialista en el tema de la Segunda Guerra Mundial, ha ido más lejos al sostener que la Unión Soviética podría haber derrotado por sí sola al fascismo alemán -claro que a un costo aún mayor y en un enfrentamiento más prolongado- y que para tal empresa la colaboración anglo-americana no era imprescindible, como sí lo fue para los aliados la heroica lucha de la Unión Soviética.
Pero la opinión de Roberts está lejos de encuadrarse en la categoría de las “creencias aceptables” para los perros guardianes del sistema, y por eso sus análisis son ninguneados por el  saber convencional. Es obvio que para la ideología dominante fue el “mundo libre” quien derrotó al nazismo y que la colaboración soviética fue algo accesorio. La realidad, en cambio, fue exactamente al revés: lo esencial fue la heroica resistencia soviética primero y su arrolladora contraofensiva después, sin la cual ni británicos ni estadounidenses, jamás podrían haberse acercado a Berlín.[1] Por algo fue el Ejército Rojo el primero en hacerlo, inmortalizado en aquella conmovedora fotografía en la cual dos sargentos del Ejército Rojo izan la bandera de la Unión Soviética sobre un Reichstag en ruinas, uno de los símbolos del régimen nazi. Fue también el primero en liberar a los prisioneros que estaban en los campos de concentración de Auschwitz (el mayor y más importante de la Alemania Nazi) y muchos otros, entre los cuales sobresalen los de Majdanek y Treblinka, todos ellos situados en Polonia. Pese a ello, como bien observa Telma Luzzani, en las celebraciones organizadas el pasado 25 de Enero en Auschwitz el gobierno polaco no sólo se abstuvo de invitar al presidente ruso Vladimir Putin sino que lo declaró  persona non grata por ser el líder de un país que no liberó sino que agredió a Polonia. El gobierno de Varsovia, actuando como un rústico palafrenero de Barack Obama, argumentó por medio de su canciller que no había sido aquel país sino Ucrania quien había liberado el campo de exterminio de Auschwitz razón por la cual el invitado de honor fue el títere de Washington, Petro Poroshenko, presidente de Ucrania. Este desaire del gobierno polaco no sólo ofendió a las actuales autoridades del Kremlin sino que fue una repugnante muestra de ingratitud para con el pueblo ruso y sus inmensos sacrificios realizados en la guerra y, por otro lado, de los alcances de la política norteamericana dirigida a apropiarse de la victoria en la Segunda Guerra Mundial, velando el papel de la Unión Soviética, estigmatizando no sólo a este país como en el pasado sino también a la Rusia actual en el contexto de las amenazantes tensiones que caracterizan al sistema internacional.[2]
La “historia oficial” prohijada por Occidente también oculta, como acertadamente lo señalara Angel Guerra, “el decisivo papel de los comunistas, que en la Europa ocupada llevaron el peso mayor de la resistencia y organizaron vigorosos movimientos guerrilleros en Yugoslavia, Grecia y Albania”, a lo cual deberíamos agregar también la lucha de los partisanos italianos, la resistencia francesa y la de los judíos que combatieron, como en el Gueto de Varsovia, contra el holocausto.[3]  La ideología dominante oculta que fueron estas fuerzas de izquierda, y no el Plan Marshall, las que hicieron posible la reconstrucción democrática de Europa con la derrota del fascismo. 
La sobrevivencia de la URSS ante la agresión nazi y el triunfo del Ejército Rojo abrieron las puertas de una nueva etapa histórica signada por el auge de las luchas anticolonialistas y por la liberación nacional en Asia, África y América latina y por el avance democrático en muchos países. Las burguesías europeas, temerosas del “contagio” del virus revolucionario soviético, tuvieron que aceptar, a regañadientes, el avance en la legislación social y laboral, la expansión de la ciudadanía y un cauteloso proceso democrático. El “estado de bienestar” europeo así como los populismos latinoamericanos de aquella época hubieran sido imposibles de haber sido derrotada la URSS. La negación de tan progresivo papel fue facilitada por la aviesa asimilación hecha por la propaganda del “mundo libre” entre la heroica epopeya soviética y la figura de Iósif Stalin a partir del estallido de la Guerra Fría. Por supuesto que los crímenes del líder soviético son inocultables e imperdonables, y constituyen una imperecedera mácula en la historia del socialismo.
Pero ofende a la verdad histórica menospreciar su actuación en la Segunda Guerra Mundial -o desmerecerla por los tenebrosos procesos de Moscú o los horrores de los Gulags- con lo cual no se mejora un ápice nuestra comprensión de lo ocurrido en aquella contienda. Un estudioso para nada afecto a este personaje y en cambio profundo admirador de su archienemigo León Trotsky escribió en su célebre biografía política de Stalin que “estadistas y generales extranjeros fueron conquistados por el excepcional dominio con el que se ocupaba de todos los detalles técnicos de su maquinaria de guerra”. ¿Un juicio desafortunado de Isaac Deutscher? Nada de eso. Tal como lo anota un gran estudioso del tema, el filósofo e historiador italiano Domenico Losurdo, la aseveración de Deutscher coincide con la de Averell Harriman, embajador de Estados Unidos en Rusia entre 1943 y 1946 y uno de los más inteligentes diplomáticos norteamericanos del siglo veinte. En sus memorias dejó una elocuente pincelada del líder soviético al decir que “me parecía mejor informado que Roosevelt y más realista que Churchill, en cierto modo el más eficiente de los líderes de la contienda”.[4] Ciertamente, no es esta la opinión preponderante sobre Stalin pero tanto Deutscher como Harriman son observadores muy calificados y sus juicios no pueden ser tomados a la ligera.
A 70 años de la caída del fascismo alemán y ante la debacle de la Unión Europea y el curso descendente del imperio norteamericano parecería haber condiciones de iniciar una discusión seria sobre la Segunda Guerra Mundial, sacando a la luz el aporte decisivo de la URSS y proponiendo una aproximación rigurosa a la figura de Stalin, cuyos crímenes son harto conocidos pero que no alcanzan a eclipsar por completo los aciertos que habría tenido en la conducción de lo que los rusos llaman “La Gran Guerra Patria”. Entre los cuales, y no precisamente uno de menor importancia, se cuenta el haber reclutado una joven generación de brillantes oficiales luego de la demencial purga que ordenara hacer en vísperas de la guerra y que, a la postre, fueron quienes condujeron al Ejército Rojo a su más gloriosa victoria y lograron que el mundo se desembarace de la peste fascista. Hacer cuentas con la experiencia soviética y con el papel que en ella desempeñara Stalin es una asignatura pendiente de la izquierda en sus distintas variantes, tarea que no puede seguir siendo postergada o despachada apelando a las visiones estereotipadas cultivadas con esmero por los propagandistas de la burguesía. Sobre todo cuando la evidencia indica que la derrota del fascismo en Alemania no fue suficiente para erradicar una excrecencia política y social propia de la sociedad burguesa y que, lamentablemente, ha reaparecido bajo nuevos ropajes en la Europa actual.

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[1] Un dato terminante que cierra toda discusión: los soviéticos sufrieron casi 27 millones de bajas civiles y militares, la gran mayoría en Rusia, Ucrania y Bielorrusia. Los británicos 450.000 y los estadounidenses, incluyendo la guerra en el Pacífico, 420.000. Quienes “pusieron el cuerpo” y pagaron el costo fundamental de la guerra fueron los soviéticos. Se estima que los alemanes perdieron entre 7 y 9 millones de vidas.
[2] Ver Telma Luzzani, “La batalla por la historia” (Página/12: Buenos Aires, 8.5.2015). Luzzani recuerda asimismo en su nota que “el Ejército Rojo fue el primero en llegar a Berlín, el 30 de abril de 1945, luego de liberar él solo 16 países, unos 120 millones de personas (sin contar la parte europea de la URSS), mientras que EE.UU. y Reino Unido liberaron conjuntamente seis países.”
[3] Angel Guerra Cabrera, “A 70 años de la victoria soviética sobre el fascismo” (La Jornada: México, 7.5.2015)
[4] Cf. su Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra (Barcelona: El viejo topo, 2008), p. 15. Un libro excepcional por su calidad filosófica y precisión historiográfica, que ojalá inaugure una discusión largamente postergada.

viernes, 8 de mayo de 2015

Copia de la Escritura de Sociedad Ubieta y Guiteras (FOTOS)

Estos son los documentos de la Escritura que creaba la Sociedad Ubieta y Guiteras, es decir, el Labotario Farmacético del que mi abueno y Antonio Guiteras Holmes fueron codueños.

Dos cartas inéditas de Antonio Guiteras Holmes a mi abuelo (FOTOS)

Enrique Ubieta Gómez
Hoy se cumplen 80 años del alevoso asesinato de Antonio Guiteras Holmes. Para la Patria es el hombre honesto, el antimperialista que impulsara la mayoría de las leyes revolucionarias del Gobierno de los Cien Días, después de la caída de la dictadura de Machado, a la que contribuyó. Es el hombre que optó por las armas y fundó el Movimiento La Joven Cuba, cuando los militares, encabezados por el entonces coronel Batista y la embajada estadounidense en La Habana, derrocaron a Grau. Para mi familia, es el entrañable amigo de mi abuelo, farmacéutico también. Juntos fundaron en Pinar del Río un Laboratorio, de escasa vida. Nunca se han publicado estas cartas que ahora pongo a disposición de los lectores. Desde hace dos años he ofrecido donar estos y otros documentos que conservo al Museo de Guiteras de Pinar del Río. En el siguiente post van los documentos de conformación y de disolución del Laboratorio del que fueron codueños mi abuelo y Antonio Guiteras Holmes.

Fidel Castro Ruz: Nuestro derecho a ser Marxistas-Leninistas

Fidel Castro Ruz
Pasado mañana, 9 de mayo, se conmemorará el 70 aniversario de la Gran Guerra Patria. Dada la diferencia de hora, cuando elaboro estas líneas, los soldados y oficiales del Ejército de la Federación de Rusia llenos de orgullo, estarán ejercitando en la Plaza Roja de Moscú con los rápidos y marciales pasos que los caracterizan.
Lenin fue un genial estratega revolucionario que no vaciló en asumir las ideas de Marx y llevarlas a cabo en un país inmenso y solo en parte industrializado, cuyo partido proletario se convirtió en el más radical y audaz del planeta tras la mayor matanza que el capitalismo había promovido en el mundo, donde por primera vez los tanques, las armas automáticas, la aviación y los gases asfixiantes hicieron su aparición en las guerras, y hasta un famoso cañón capaz de lanzar un pesado proyectil a más de cien kilómetros hizo constar su participación en la sangrienta contienda.
De aquella matanza surgió la Liga de las Naciones, una institución que debía preservar la paz y no logró siquiera impedir el avance acelerado del colonialismo en África, gran parte de Asia, Oceanía, el Caribe, Canadá, y un grosero neocolonialismo en América Latina.
Apenas 20 años después, otra espantosa guerra mundial se desató en Europa, cuyo preámbulo fue la Guerra Civil en España, iniciada en 1936. Tras la aplastante derrota nazi, las naciones cifraron sus esperanzas en la Organización de las Naciones Unidas, que se esfuerza por crear la cooperación que ponga fin a las agresiones y las guerras, donde los países puedan preservar la paz, el desarrollo y la cooperación pacífica de los Estados grandes y pequeños, ricos o pobres del planeta.
Millones de científicos podrían, entre otras tareas, incrementar las posibilidades de supervivencia de la especie humana, ya amenazada con la escasez de agua y alimentos para miles de millones de personas en un breve lapso de tiempo.
Somos ya 7 300 millones los habitantes en el planeta. En el año 1800 solo había 978 millones; esta cifra se elevó a 6 070 millones en el año 2000; y en el 2050, según cálculos conservadores, habrá 10 mil millones.
Desde luego, apenas se menciona que a Europa Occidental arriban embarcaciones repletas de emigrantes que se transportan en cualquier objeto que flote, un río de emigrantes africanos, del continente colonizado por los europeos durante cientos de años.
Hace 23 años, en una Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo expresé: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre”. No sabía entonces sin embargo cuan cerca estábamos de ello.
Al conmemorarse el 70 aniversario de la Gran Guerra Patria, deseo hacer constar nuestra profunda admiración por el heroico pueblo soviético que prestó a la humanidad un colosal servicio.
Hoy es posible la sólida alianza entre los pueblos de la Federación Rusa y el Estado de más rápido avance económico del mundo: la República Popular China; ambos países con su estrecha cooperación, su avanzada ciencia y sus poderosos ejércitos y valientes soldados constituyen un escudo poderoso de la paz y la seguridad mundial, a fin de que la vida de nuestra especie pueda preservarse.
La salud física y mental, y el espíritu de solidaridad son normas que deben prevalecer, o el destino del ser humano, este que conocemos, se perderá para siempre.
Los 27 millones de soviéticos que murieron en la Gran Guerra Patria, lo hicieron también por la humanidad y por el derecho a pensar y a ser socialistas, ser marxistas-leninistas, ser comunistas, y a salir de la prehistoria.

jueves, 7 de mayo de 2015

Defensa codo a codo, no desde las nubes

Luis Toledo Sande
En este autor se combinan academia y vida, pensamiento y pulso, lucidez y limpieza. Arnold August es máster en ciencias políticas por la Universidad McGill, de Montreal —ciudad canadiense donde nació en 1944—, y entre sus temas, pasiones, sobresale Cuba. No se deja atrapar por la propaganda dolosa con que el imperio y sus cómplices inundan el mundo, sino que ha sabido adentrarse en la realidad de este país para contribuir a que sea rectamente conocida.
Su obra Democracy in Cuba and the 1997-98 Elections [Democracia en Cuba y las elecciones de 1997-1998] la publicó en La Habana, en 1999, la Editorial José Martí. Suyo es también "Socialism and Elections" [Socialismo y elecciones], capítulo del volumen colectivo Cuban Socialism in a New Century [Socialismo cubano en un nuevo siglo], puesto a circular en 2004 por la editorial de la Universidad de Florida en la serie Cuba Contemporánea, y preparado por John Kirk, otro canadiense buen amigo del pueblo cubano.
Cuba and Its Neighbours: Democracy in Motion, origen, en inglés, de Cuba y sus vecinos. Democracia en movimiento, apareció en 2013, editado por Fernwood Publishing y Zed Books, de Canadá y el Reino Unido, respectivamente, “con derecho a circulación en los Estados Unidos, donde hay gran interés en el tema: es donde más se ha vendido hasta ahora el libro”, afirma el autor en diálogo con Bohemia.
El volumen —que pronto una editorial progresista de Corea del Sur reprodujo en la lengua de ese país, y que para Ciencias Sociales, de La Habana, tradujo Mario Medina González al español— corona más de medio centenar de artículos escritos por August entre 2007 y 2013. Son algunos de los que ha dedicado a tratar asimismo otros temas relacionados con la América Latina. En no pocos defendió, hasta el triunfo total de esa causa, la liberación de Los Cinco, a quienes se hizo pagar injusta prisión en los Estados Unidos.
Esos textos circularon en inglés, español y francés en varios sitios digitales. Añádanse numerosas entrevistas en emisoras de radio alternativas de los Estados Unidos y de Canadá, y conferencias ofrecidas durante más de 15 años en universidades de esas naciones, así como de Puerto Rico, Europa y Cuba. Aun sin contar su presencia este año en nuestra Feria Internacional del Libro, donde se presentó la obra que saludamos, sobrarían motivos para la entrevista que ya viene nutriendo estos comentarios.

—Aunque, más que de fechas, su actitud hacia Cuba es cuestión de intensidades conceptuales y afectivas, surge una pregunta: ¿de cuándo datan sus vínculos con este país, cómo surgieron?
—En mis años de estudiante universitario, los 60, en Canadá la defensa de Cuba era un punto crucial. La visité por primera vez en 1991, y desde 1997 estoy concentrado en ella. Para escribir mi libro sobre las elecciones de 1997-1998 y la democracia en este país, pasé aquí cerca de año y medio investigando, y viviendo como un cubano más.

—Después de tanto buscar y meditar sobre Cuba, ¿cómo la ve ahora?
—En esta Feria he pasado horas frente a los stands, y he visto con mis propios ojos la cantidad, la calidad y la diversidad de los libros publicados en el país. Me ha impactado que la Revolución Cubana sea, o siga siendo, un productor de la educación, la conciencia, el conocimiento no solamente para los cubanos, sino para el mundo. Esa es una sola entre las características de la Revolución, pero encarna su importancia para mí. No merece pasar inadvertida.

—¿Tiene una noción segura de cómo se valora en la propia Cuba el modelo político que aquí se desarrolla?
—No soy un apologista del sistema político cubano, y no presento como ideal el camino de Cuba hacia la democracia. Pero tampoco estoy interesado en criticarlo. No me considero, como otros muchos autores extranjeros, un “asesor” de los cubanos. Sí creo que hay muchos y muchas en el Poder Popular, en las universidades, en la prensa, que tienen una visión realista y la mirada puesta en cómo mejorar su sistema político, manteniendo el orden constitucional establecido por el referéndum de 1976. Estoy de acuerdo con esos cubanos.
“En Cuba hay un gran debate, serio, sobre la forma de alcanzar ese mejoramiento. Mi libro abre sus páginas como parte de ese debate. Creo que debería haber más publicaciones de ese corte. Por lo que sé —puedo estar equivocado—, no hay en la Feria otro libro que se ocupe de ese sistema y de las tendencias electorales.”

—Se centra en Cuba, pero el título del libro señala también otros lares.
—Cuba es el principal país examinado, pero no el único. Sus vecinos que analizo son, por una parte, Venezuela, Bolivia y Ecuador, igualmente, como ella, ejemplos positivos de democracia en la verdadera naturaleza de esta, que es encarnar el poder del pueblo; otro vecino —harto diferente, como se sabe— son los Estados Unidos. El subtítulo Democracia en movimiento expresa que no la considero una estructura fija, sino que debe ser evaluada y medida en su dinámica, y ver si el sistema político en que se ubica la hace realmente participativa.
“Si nos fijamos, por ejemplo, en los hechos de Venezuela hoy día, podemos ver que la participación del pueblo en la defensa de su propia soberanía y la democracia es vital. Me refiero al caso de Venezuela también porque, gracias a lo acordado con Ciencias Sociales, editorial cubana que publicó el libro, podemos entregar la versión en español a casas editoras de otros países. Hay distintas posibilidades, y estamos en contacto con los venezolanos. En el libro el ejemplo de la democracia participativa y el legado de Hugo Chávez tienen un lugar especial.”

—¿Qué añadiría ahora sobre la democracia cubana, en sí misma y en relación con otros modelos que se promocionan en el mundo?
—Para ser franco, no es posible contestarle en una entrevista. A las personas interesadas las invito a leer el libro.
Al presentar esa obra en la Feria, Ricardo Alarcón de Quesada, su prologuista, y profundo conocedor del tema, elogió al autor por la seriedad de la investigación, y por su honradez intelectual. Arnold August es miembro de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, por sus siglas en inglés), de la Asociación Canadiense de Estudios Latinoamericanos y del Caribe (ACELC) y de la Cátedra de Investigaciones de la Universidad de Nottingham, Gran Bretaña. En 2013 recibió la más alta condecoración que la Unión de Periodistas de Cuba otorga a colegas nacionales y de otros países, la Félix Elmuza. El Público interesado en el libro llenó la sala de presentaciones José Antonio Portuondo.
Entre los sitios digitales donde más han circulado los textos de Arnold August se hallan http://www.globalresearch.ca/freedom-for-the-remaining-cuban-five/5420555
—que él califica como “progresista y uno de los más importantes del mundo”, y el suyo propio: http://democracycuba.com/Blog/libertad-para_el_resto-cinco-cubanos/

martes, 5 de mayo de 2015

No quiero un país de VIP

Yeilen Delgado/Blog De Lupas y catalejos
Hace poco me contaban cómo en un evento había dos tipos de asistentes: los VIP (léase Very Important Person) y el resto.
La diferencia entre ambos grupos estaba clara. Los primeros tenían recibimiento, una persona a su cargo, un programa pormenorizado de actividades.
Los segundos, nada de lo anterior, salvo uno de los organizadores que, apenado, no sabía dónde meter la cara para explicarles el por qué de las diferenciaciones.
La categorización de VIP, tomada de la farándula extranjera, ha venido a entronizarse en Cuba desde hace unos años, sobre todo en el mundo de la cultura; y no se refiere, precisamente, a la estatura artística del seleccionado, sino, meramente, a su nivel de popularidad.
Puede que toda una vida desarrolles una obra de gran calidad sin ser VIP, o que, por un golpe de suerte, comiences a aparecer en la TV, te conozca la gente y, exactamente, con la misma propuesta que has hecho siempre, te conviertas en VIP.
También es posible que quienes se pavonean como artistas, sin ser tales, se conviertan en VIP, porque ganan muchísimo dinero con sus trabajos cargados de banalidad
Y me pregunto: ¿todos no merecemos el básico aliciente de sentirnos atendidos, el respeto a nuestro esfuerzo? No se me malinterprete, no impugno las consideraciones a figuras que por su labor merecen atenciones especiales; pero, una cosa es establecer protocolos y otra bien diferente, crear un grupo de elegidos y otro de bultos, de simples mortales.
Además, me he percatado de que las personas ante las que hay que quitarse el sombrero siempre son las más sencillas, las que disfrutan estar en contacto con la gente y hasta se apenan por las excesivas ceremonias.
Tal vez el influjo guevariano en mí es muy fuerte, mas considero que todos debemos ser, en principio, iguales. No quiero un país donde pululen las clasificaciones de VIP, donde la gente se preocupe menos por lo que hace y más por lo exitosos que los otros puedan considerarlos. Donde el mundo falso y aparatoso de la farándula termine por tragarnos.
Si peligrosas son las diferencias económicas que desde los 90 sufrimos en Cuba, peores son las de naturaleza cultural, las que se cargan de significaciones espirituales e ideológicas. El tema merece reflexión. No dejemos que la pirámide se invierta en terrenos más peligrosos.
VIP es mi mamá que se levanta todos los días bien temprano para cuidar a mi sobrina y que mi hermana pueda trabajar, limpia la casa, hace comida y arregla cuanto se rompe.
VIP es mi padre, que trabaja casi desde adolescente, sin conocer horarios, para sostener a sus tres hijas.
VIP es mi compañera de trabajo que construye una casa sola, casi con tres trabajos a la vez y, además, hace arte.
VIP es mi amigo, que sale del campo cada mañana para poner un granito de arena por su profesión, aunque a veces le flaquee el ánimo.
VIP es mi suegra, periodista desde que se levanta hasta que se acuesta.
VIP son todos los artistas, que pese a problemas de promoción, pagos que se retrasan, etc. siguen empeñados en hacer arte genuino, comprometido, veraz.
VIP los hay en Cuba por MILES, MILLONES, gente que se levanta de madrugada y llega temprano al trabajo a pesar del transporte. Gente que lucha y que cree en mejorar su país, sin traicionar principios; gente que duda, pero que tiene fe. Esos son los VIP que admiro, los VIP que quiero en mi país.

viernes, 1 de mayo de 2015

Primero de Mayo de héroes

Enrique Ubieta Gómez
En cualquier país clasifican como héroes. En Cuba, no. Son gente normal. Ni siquiera los Cinco se asumen como héroes, aunque no podrán nunca desembarazarse del honroso apelativo. Hoy Primero de Mayo en la Plaza de la Revolución coincidieron los médicos y enfermeros que voluntariamente fueron a combatir la epidemia del ébola en África con Tony, Ramón, Fernando, Gerardo y René. Coincidieron también con Orlando Cardoso Villavicencio, y con los jóvenes integrantes de la sociedad civil cubana que nos representó en la Cumbre de Panamá. Pero, ¿cuántos héroes anónimos o menos conocidos desfilaron tras ellos?, ¿cuántos cubanos sencillos como estos que no se reconocen, que no se imaginan en la piel de los héroes que definitivamente son?