viernes, 30 de julio de 2010
Apuntes sobre el concepto de libertad de Orlando Márquez.
Enrique Ubieta GómezHay un viejo apotegma que asegura que ya todo está dicho en este mundo –en torno a los sentimientos, pasiones e intereses humanos; sobre el amor, el odio, la envidia, etc.--, y que los escritores más originales lo que hacen es decir lo mismo de una manera diferente; la forma, sin embargo, es consecuencia a veces de un cambio de perspectiva y produce el hallazgo de matices no expuestos con anterioridad. Cada época trae un cambio de perspectiva, y por lo tanto, la posibilidad de formas descubridoras de nuevos contenidos. Pero no siempre lo que parece es: cuando ciertas formas retóricas dejan de usarse, pueden ser retomadas como nuevas algunas décadas después, para ser vendidas en el mercado de las ideas. En la batalla (no siempre de ideas) que intenta revertir el socialismo cubano, es habitual este procedimiento, porque la población cubana, en su mayoría nacida o educada después de 1959, es virgen con respecto a la retórica capitalista y está en cambio saturada de la socialista (aunque en términos históricos la socialista sea nueva y la capitalista vieja). Un ejemplo ilustrativo de esa tendencia –que manipula las necesidades y los consensos sociales, torciéndoles subrepticiamente el rumbo hacia soluciones capitalistas--, es el reciente artículo de Orlando Márquez, “Sobre libertad y liberalizaciones” (Palabra Nueva, Revista de la Arquidiócesis de Las Habana, No. 198, julio-agosto de 2010), dos términos que no se presuponen más que en el discurso económico del capitalismo.
Para su primer “descubrimiento”, Márquez no selecciona un escenario tercermundista, como si la aplicación de políticas liberales pudiese reubicar a Cuba en el mapa geoeconómico. La revelación le llega en York, una ciudad del Reino Unido, el Norte del Norte en términos económicos. Márquez tropieza con los homeless (los sin-casa), y enseguida acoge precisiones terminológicas oficialistas (de los británicos): alguno, dice, puede que tenga casa, así que es preferible llamarlos rough sleepers (que duermen a la intemperie). Entonces comprende que la “propaganda socialista” lo había confundido: “había hecho mía una idea –escribe-- que no me permitía ver que la libertad de cada hombre es suya y no depende ni siquiera de mis conceptos de salud pública u orden social (…) Quizás la idea de libertad de aquellos rough sleepers no fuera muy académica, les bastaba saber que un día podían dormir en el hostal Arc Light (se refiere al albergue para indigentes) y al siguiente alimentarse en el comedor del Ejército de Salvación, o pedir algo por la puerta trasera de la pizzería más importante de la ciudad. Esa era su libertad”. He aquí el “hallazgo” de Márquez: la pobreza como ejercicio de libertad individual. Un criterio largamente defendido en las Selecciones de Reader Digest y en las telenovelas de Univisión; y compartido por liberales como Ronald Reagan y Margaret Teatcher.
Esta idea es rematada algunos párrafos más adelante, cuando el laico Márquez aboga por la paz, es decir, no por la retirada de los invasores de Irak y Afganistán, o por la no agresión a Irán, no por la derogación total, sin condiciones, del bloqueo económico a Cuba (acto de violencia que ocasiona el sufrimiento), sino por la paz entre opresores y oprimidos, entre explotados y explotadores: “tampoco creo que estemos condenados a la lucha constante, ya no de clases como sugería Marx, sino solo de los intereses personales y aspiraciones diferentes. ¿Puede alguien demostrar que es malo que una persona tenga iniciativa empresarial y que otra prefiera ser asalariada?” Márquez ha “descubierto” que ser asalariado y no empresario es, para la mayoría de las personas, una elección personal. Que ser rico o pobre es el resultado de una vocación. De cualquier manera, como somos latinoamericanos y no europeos, sus descubrimientos hay que situarlos a la fuerza en el contexto regional. ¿Qué significa en nuestros países ser pobre, desempleado (sin subsidios posibles), analfabeto, desplazado?, ¿qué significa en América Latina el capitalismo?
El torcido concepto de paz que tiene Márquez se asocia a un mito cuidadosamente cultivado por la retórica capitalista: el de la violencia revolucionaria. Resulta que “responder con ideas a las críticas al modelo social que impera entre nosotros (y) convencer con argumentos a los que no comprenden el proceso”, como proponen según reconoce dirigentes políticos cubanos, junto a científicos sociales y periodistas de la Revolución, es sin embargo “un modo civilizado de actuar, totalmente distinto a la violencia revolucionaria defendida y practicada por otros”. Es una reiterada táctica ideológica del capitalismo la de oponer los conceptos de revolución y de evolución (y omitir el verdadero antónimo: el de contrarrevolución), el primero como una actitud intransigente, violenta, que desconoce el diálogo y la convivencia.
En realidad, el primer y fundamental acto de violencia es el que ejerce el explotador sobre el explotado. Dejar las cosas tal como están –como pretende el reformismo sistémico--, no es un acto de civilidad, sino de mayor violencia. Liberar a los explotados no es fomentar la violencia: la fomentan los explotadores que no lo permiten o que están dispuestos a todo –invadir países, provocar atentados en los que mueran inocentes como excusa para la acción, asesinar personas, decretar bloqueos económicos, etc.--, con tal de no perder los privilegios que se sustentan sobre la violencia. Los explotadores no esperan encontrar “la verdad”, sino retomar el poder. Márquez oculta deliberadamente ese detalle. Fue la Revolución la que alfabetizó al pueblo, la que elevó el nivel educacional general hasta el noveno grado y formó a un millón de profesionales, la que nos pidió en la voz de Fidel que “leyéramos, no que creyéramos”. Márquez oculta el hecho indiscutible de que el socialismo necesita convencer con ideas, mientras que el capitalismo lo hace con imágenes; las explicaciones y los argumentos son enemigos naturales del capitalismo.
Para eludir todas estas argumentaciones, Márquez acude a un viejo sofisma, y produce un párrafo que es digno de figurar en cualquier antología del disparate: “La cuestión tampoco es reducir el dilema a “capitalismo” y “socialismo” –dice--, trampa preferida de inmovilistas y fariseos de la política. Esos términos, y los contenidos que expresan, seguirán existiendo por mucho tiempo más y continuaremos aplicándolos, pero la realidad humana, y por ende social, es superior a todo intento por encasillarla, más aún en una época tan singular como la nuestra, donde los capitalistas chinos son bienvenidos al Partido comunista de su país, mientras al Gobierno de Estados Unidos se le llama comunista por aplicar fórmulas de mayor control estatal”. No se trata, creo, de absoluta ignorancia. Hay en Márquez una buena dosis de maldad (de falta de interés en la verdad, en la discusión seria con argumentos, muestra elocuente de que su deseo no es convencer como nos pide, sino confundir): él, como cubano, sabe que no es lo mismo comunismo que socialismo, que no es lo mismo socialismo que una sociedad alternativa, más justa, en un contexto que no permite otros avances; sabe que el modelo chino tuvo que enfrentar el hambre de mil millones de ciudadanos y buscar soluciones provisionales que priorizaran lo impostergable en un mundo hostil: la vida; sabe también que nadie con elementales conocimientos de política calificaría al gobierno estadounidense de “comunista” (cuando ni siquiera aspira a soluciones internas de corte socialdemócrata). Quiere escamotear la existencia del capitalismo, para llevarnos a él; que no arribemos a una conclusión ineludible: la Humanidad solo tiene un camino para su salvación –social, ecológica--, el anticapitalismo. Póngale Márquez el nombre que quiera. El marxismo no es un dogma –como el de la Iglesia, por ejemplo--, es un método de análisis, que se enriquece con los datos cambiantes de la realidad histórica. No es “un argumento” de “la Europa del siglo XIX”. Estoy seguro que Márquez lo sabe, aunque eluda el debate sincero.
jueves, 29 de julio de 2010
Nota personal sobre Kirmen Manzaneda.
Los amigos son seres de culto. José Manzaneda, principal impulsor del proyecto Cubainformación, hombre noble y persistente, es uno de ellos. Aunque todavía es muy joven, o lo parece, no sé bien, acaba de estrenarse como papá. Él mismo describe el acontecimiento así:
"Aunque Kirmen Manzaneda Sáenz de Ugarte nació el 24 de julio, en casi unas horas ya se había unido al grito de ¡Viva el 26 de julio! Gora Uztailak 26! ¡Viva la Revolución cubana!
Musuak, besos.
Un abrazo hermano.
"Aunque Kirmen Manzaneda Sáenz de Ugarte nació el 24 de julio, en casi unas horas ya se había unido al grito de ¡Viva el 26 de julio! Gora Uztailak 26! ¡Viva la Revolución cubana!
Musuak, besos.
Un abrazo hermano.
No es lo mismo ser un "rojo" que un "rojillo".
29/07/2010 (tomado de PÚBLICO.ES, Madrid) . En cuestiones políticas, no es lo mismo ser un rojo que un rojillo. Al menos para la Real Academia de la Lengua.La institución, que ha incorporado este jueves un buen puñado de nuevas palabras a su diccionario en Internet, marca diferencias no menores entre ambos términos. En el primer caso, la cuarta acepción de "Rojo" dice que, "en política", sería un "radical, revolucionario".
Rojillo es, sin embargo, el que tiene "tendencias políticas más bien izquierdistas". Si una persona se define, por tanto, de rojo, es partidario de "reformas extremas", además de "tajante e intransigente". No otra es la defición de radical. A todo eso debe añadirse qué entiende la RAE por revolucionario: "Alborotador, turbulento". Por tanto, la definición final de "rojo" podría ser, siempre según la Academia, un "alborotador tajante e intrasigente". Todo cambia si uno se define de "rojillo". Porque entonces sus tendencias serían "más bien" izquierdistas. Es decir, una "persona que profesa los ideales de la izquierda política".
La contrarrevolución busca dar una lectura distinta de la historia.
Guerra Cultural en Venezuela pretende influir sobre el estado de la lucha de clases.De acuerdo con el filósofo cubano Eliades Acosta, la Guerra Cultural es una tendencia del uso de herramientas culturales para influir de manera directa sobre el estado de la lucha de clases en la correlación de fuerzas de un país. El especialista del Instituto Internacional de Periodismo “José Martí”, con sede en Cuba, considera que lo que realmente divide a la sociedad no es el color de
la piel ni haber nacido en un país determinado, sino la propiedad sobre los medios de producción.
“Lo que enfrenta al hombre es precisamente el hecho de tener o no propiedad, el tener que vender su trabajo o tener que ser explotado por otros para poder vivir”, subraya. La estrategia también es utilizada para subvertir gobiernos que puedan ser molestos a los planes hegemónicos del imperio estadounidense que es el gran propulsor de este tipo de guerras en el mundo contemporáneo.
LA OTRA CARA DE LA HISTORIA
Para el profesor Acosta, la polémica desatada en torno a este acto impulsado por el Gobierno venezolano para determinar, entre otras interrogantes, las verdaderas causas de la muerte de Bolívar, es el mejor ejemplo de cómo se aplican los instrumentos de Guerra Cultural alrededor de un tema histórico.
Sostuvo que las élites de poder, desplazadas por la Revolución, han hecho de eso un terreno de batalla, “y han ido ramificando los ataques que pasan de lo mediático a lo histórico”.
En este caso particular, advirtió el especialista, se está recurriendo al uso de la historia, con el apoyo de todo un andamiaje publicitario, para imponer otra lectura del mismo hecho y así descalificar la acción del Gobierno. Señaló que también hay una contranarrativa que genera una interpretación distinta de los hechos, dado que “para el Gobierno y para el pueblo, el acto ha
sido algo enaltecedor, mientras que para la oposición reaccionaria, el mismo hecho constituye una profanación y una falta de respeto a la figura de El Libertador”.
La ola de ataques generada por los efectos de la Guerra Cultural que se erige contra Venezuela, en opinión del investigador, ha sido eficazmente contrarrestada por el Ejecutivo venezolano mediante la construcción colectiva de la bandera que acompañará a los restos mortales del Padre de la Patria en su nuevo lecho de muerte.
Desde la Asamblea Nacional.
Estoy en estos días asistiendo a las siempre intensas deliberaciones de las comisiones de la Asamblea Nacional, verdadero núcleo democrático que antecede y fija la aprobación o no --después de meses de debate--, de lo que se lleva a plenario. Si este aprueba por unanimidad o por mayoría las regulaciones y leyes que llegan a ser presentadas, es porque antes las comisiones de expertos diputados (en conocimientos académicos unos y prácticos otros, porque en ellas abundan directivos, investigadores, campesinos productores y jefes de obra, todos además con la vivencia de los recorridos regulares por las zonas o sectores económicos que atienden y representan) discuten cada letra y exigen de los ministros las informaciones pertinentes.
Aunque parezca distante mi sugerencia, quiero proponer la lectura de este texto de Graziella Pogolotti sobre Jorge Mañach.
Aunque parezca distante mi sugerencia, quiero proponer la lectura de este texto de Graziella Pogolotti sobre Jorge Mañach.
lunes, 26 de julio de 2010
La Revolución cubana y la izquierda equidistante: el ejemplo de Heinz Dieterich.
Albert Escusa En el año 2007, otro famoso investigador profetizaba nada más y nada menos, tras la derrota de la reforma constitucional promovida por el gobierno de Hugo Chávez, la caída estrepitosa de los gobiernos de Venezuela, Bolivia y Cuba entre los años 2008 y 2010:
«Es posible que los gobiernos de Hugo Chávez y de Evo Morales no sobrevivan los embates de la reacción en el año 2008 y que el modelo cubano se agote en el 2009-2010, si no se toman medidas realistas de inmediato».
Como los lectores más agudos habrán podido adivinar, el autor en cuestión es Heinz Dieterich. Han pasado los años 2008, 2009 y la mitad del 2010 (todavía hay “esperanzas” de que estas profecías se vean cumplidas) y, al igual que a Oppenheimer, podemos recordarle a Dieterich aquello de que “los muertos que vos matasteis gozan de muy buena salud”.
«Es posible que los gobiernos de Hugo Chávez y de Evo Morales no sobrevivan los embates de la reacción en el año 2008 y que el modelo cubano se agote en el 2009-2010, si no se toman medidas realistas de inmediato».
Como los lectores más agudos habrán podido adivinar, el autor en cuestión es Heinz Dieterich. Han pasado los años 2008, 2009 y la mitad del 2010 (todavía hay “esperanzas” de que estas profecías se vean cumplidas) y, al igual que a Oppenheimer, podemos recordarle a Dieterich aquello de que “los muertos que vos matasteis gozan de muy buena salud”.
(Texto de referencia de H. Dieterich "Severa derrota de la Revolución cubana")
Patria es Humanidad.
Cuba respalda a Venezuela ante amenazas (Discurso de Raúl en la I Cumbre Presidencial Cuba - Venezuela);
Discurso de Machado Ventura en el acto central por el 26 de julio;
Fidel: "Deberíamos proponernos ser cada día aunque sea un poquitico mejores" (encuentro de Fidel con los Pastores por la Paz y con un grupo de intelectuales y periodistas cubanos)
Discurso de Machado Ventura en el acto central por el 26 de julio;
Fidel: "Deberíamos proponernos ser cada día aunque sea un poquitico mejores" (encuentro de Fidel con los Pastores por la Paz y con un grupo de intelectuales y periodistas cubanos)
Otro 26.
Populismo.
Pascual Serrano
Correo del Orinoco
La palabreja populismo está dando mucho juego en los medios. No está claro qué significa, de hecho su acepción no está en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, pero como es algo malo se le endosa a todo lo indeseable. Hace unas semanas observamos cómo el diccionario del periódico El Mundo tenía como primera acepción “Movimiento político ruso de finales del sigloXIX, que aspiraba a la formación de un estado socialista de tipo campesino, contrario a la industrialización occidental”. Ahora, un editorial de El País el 11 de junio, titula “Populismo en auge”, y trata sobre la subida electoral en Holanda de un partido ultraderechista y xenófobo contra inmigrantes y musulmanes. No acaba ahí el asunto, el diario oficial del Vaticano llamó a José Saramago, con motivo de su muerte, “extremista populista”.
En conclusión, que para nuestros medios, populistas son los socialistas rusos, los ultaderechistas holandeses, los escritores críticos con la Iglesia, el gobierno indígena boliviano, pero también el xenófobo europeo que odia a los inmigrantes indígenas latinos. Y por supuesto Chávez, ese lo tiene todo: es socialista, ultraderechista, xenófobo contra los latinoamericanos aunque le acusan de perseguir a las empresas e inversores españoles en Venezuela, y xenófobo contra los musulmanes, pero apoya, dicen, a los fundamentalistas islámicos de Hezboláh.
La idea es que, sea usted de la ideología que sea, no tenga duda de que quienes ellos califican de “populista” es malo. Usted ya no debe preocuparse en pensar nada más.
Correo del Orinoco
La palabreja populismo está dando mucho juego en los medios. No está claro qué significa, de hecho su acepción no está en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, pero como es algo malo se le endosa a todo lo indeseable. Hace unas semanas observamos cómo el diccionario del periódico El Mundo tenía como primera acepción “Movimiento político ruso de finales del sigloXIX, que aspiraba a la formación de un estado socialista de tipo campesino, contrario a la industrialización occidental”. Ahora, un editorial de El País el 11 de junio, titula “Populismo en auge”, y trata sobre la subida electoral en Holanda de un partido ultraderechista y xenófobo contra inmigrantes y musulmanes. No acaba ahí el asunto, el diario oficial del Vaticano llamó a José Saramago, con motivo de su muerte, “extremista populista”.
En conclusión, que para nuestros medios, populistas son los socialistas rusos, los ultaderechistas holandeses, los escritores críticos con la Iglesia, el gobierno indígena boliviano, pero también el xenófobo europeo que odia a los inmigrantes indígenas latinos. Y por supuesto Chávez, ese lo tiene todo: es socialista, ultraderechista, xenófobo contra los latinoamericanos aunque le acusan de perseguir a las empresas e inversores españoles en Venezuela, y xenófobo contra los musulmanes, pero apoya, dicen, a los fundamentalistas islámicos de Hezboláh.
La idea es que, sea usted de la ideología que sea, no tenga duda de que quienes ellos califican de “populista” es malo. Usted ya no debe preocuparse en pensar nada más.
sábado, 24 de julio de 2010
Índices del neosocialismo cubano.
Jorge Ángel Hernández Casi siempre, en principio, es el correo electrónico. Los envíos suelen estar vinculados a un acto subversivo, a una intranquilidad disyuntiva en la opinión, a algún cuestionamiento de estrategia, o de conducta política, del proceso revolucionario cubano en el poder. No recuerdo, por ejemplo, que nadie circulara las intervenciones en las mesas redondas de la TV cubana del Dr. C. Esteban Morales. Ahora circulan, en cambio, sus argumentos críticos, que detenidamente, y con el debido respeto, me he leído. Se le suman otros, acaso más activos en la declamatoria crítica pero siempre insuficientes, incompletos, de manipulación falaz en tantas ocasiones, en cuanto a la visión de sociedad, analizada y propuesta. Del argumento de análisis, a las propuestas de renovación, si con rigor medio se mira, uno termina recordando aquel contrato de Groucho en el que la cláusula de la primera parte remite a la cláusula de la segunda parte.
Abotagado de teorizaciones críticas al proceso revolucionario cubano, todas con soluciones cuasi mágicas, todas con verdades como puños que magnifican y generalizan las manifestaciones de ineficiencia del propio proceso; de acusaciones a priori de cualquier defensa del proceso revolucionario que transformó radicalmente el país, lo cual repercute en la mayoría de los índices estadísticos al uso; de especulaciones que buscan su aval científico en la cita, y asimismo en la presunción lógica que del argumento citado se desprende; de arqueologías de aficionado que lavan el expediente propio mediante el lamento de la víctima; de irrespetuosos y absolutistas llamados a respetar la diversidad de la opinión pública; de seudoelitistas disertaciones que a los saberes populares se adjudican; de intentos de equilibrar la falacia de bienestar capitalista con el acto de entrega de bienes a la sociedad horizontal en el socialismo; y de, en fin, letras de cambio para una posible remuneración presente y un deseado viraje en el futuro, renuncio de momento a la idea de desplegar mis argumentos, tanto sobre la necesidad de una crítica interna —desprejuiciada, sistemática y sistémica— para la superación social de errores, desorientaciones e imprevistos del proceso, como del uso que acaso algunos hacen de cuanto no funciona en bien y desarrollo para la sociedad socialista, y apenas añado una serie clara de actitudes que marcan esa crítica falaz, condicionada, en la más leve de sus artimañas, por el deseo de alzarse entre el efímero escándalo y el grito de terror del cazador primitivo, vencido de un golpe ante el mamut.
-Modalizar y ejemplificar sólo con síntomas, cuyos espejismos van a trascender en forma de prueba concluyente, por lo general sumarísima, del fracaso sistémico.
-Desconocer la creciente trayectoria del proceso revolucionario cubano y magnificar los elementos sintomáticos que obstruyen, desvirtúan, retardan o hacen retroceder las direcciones de desarrollo social socialista.
-Perder de vista el tema de la soberanía nacional.
-Minimizar, deconstruyéndolo apenas como Historia, el valor histórico de las transformaciones revolucionarias.
-Considerar las causales del discurso de poder revolucionario como actos de individualismo caudillista.
-Descalificar, por obsoleta, la dirección del proceso revolucionario cubano.
-Dar por supuesto que el capitalismo va quedando por su propio peso deshecho, y aceptarlo entonces como un temporal que para la próxima estación habremos olvidado.
-Magnificar, en proyección futura, entusiasta, voluntarista, las virtudes del parlamentarismo tópico de las democracias representativas burguesas.
-Camuflar los argumentos antiestatistas del neoliberalismo con predicciones de socialismo utópico de reacción natural a las medidas de economía mixta.
-Desconocer las reglas y normas del mecanismo económico para que en la conciencia del lector actúen como efectivas las medidas de retroceso al capitalismo.
-Vaciar de fundamento ideológico todo planteamiento político, y así mismo, de fundamento político todo planteamiento ideológico.
Por sus características, la publicación Kaos en la red se ha convertido en la tribuna principal de esa andanada de publicaciones, que se proyectan más como campaña que como búsqueda de foros reflexivos. Así también se ha comportado la estrategia de reenvío de mensajes electrónicos con que se invade el interior del país, más propenso a reaccionar al e-mail que a tomarse el trabajo de buscar en Internet. Pero la bola de nieve salpica de momento a publicaciones menos vulnerables, más serias y precisas en cuanto a definición de sus propósitos, como el diario mexicano La Jornada y el sitio web rebelion.org, aunque lo aparecido en estas no suele cumplir con la mayoría de las características antes apuntadas. De ahí que, por mi parte, anote al menos, pues la libertad de expresión implica, cómo no, defender el criterio propio sin cortar el ajeno, aunque sin permitirle tampoco que invada nuestra casa, se zampe nuestro limitado almuerzo y termine acostándose en nuestra propia cama. ¡A sus zapatos, pues, los zapateros!
viernes, 23 de julio de 2010
La evolución en una Revolución no es pragmática, no es reformista.
Enrique Ubieta GómezSé que corro el riesgo de ser calificado de perogrullesco, pero considero que es importante despejar en lo posible ciertas dudas terminológicas. Todo proceso revolucionario evoluciona –ninguna década en Cuba ha sido exactamente igual en los últimos cincuenta años, a veces las diferencias son significativas: los 60 y los 70, por ejemplo, o los 80 y los 90--, porque la Revolución es un proceso vertiginoso de transformaciones históricas que no se extiende indefinidamente en el tiempo. Una Revolución, sin embargo, establece una nueva estructura de poder revolucionario, sobre la cual el país debe avanzar en lo adelante. Por eso se habla de la Revolución como de un hecho que trasciende a la propia Revolución: la Revolución cubana es la realidad –nuevas relaciones de producción y en lo posible y deseable, nuevo sistema de valores, nueva cultura--, que creó la Revolución de 1959 (fecha simbólica, por ser el momento de la toma del poder, pero que tiene un antecedente de lucha armada, en el caso cubano, y una intensa etapa posterior de varios años que no es mi propósito ahora determinar). Entonces, cuando nos referimos hoy a ella lo que tenemos en mente no es el proceso violento e inicial de transformaciones, sino la nueva realidad, más o menos estable, y en permanente evolución, resultante de aquellas transformaciones. El hecho de que sigamos refiriéndonos a ella como Revolución se explica porque sus resultados sobreviven a contracorriente en un mundo hostil, que hace todo lo posible por revertir lo conseguido (bloqueo económico, permanentes campañas mediáticas, “posiciones comunes” de estados imperialistas, actos terroristas): no son conquistas universalmente aceptadas, que puedan aspirar a consolidarse en un estado de Normalidad. La evolución es consustancial a cualquier organismo vivo, y la sociedad cubana lo es. Por lo tanto no existe contradicción entre esos dos términos: revolución y evolución. La Revolución debe aceptar esa evolución y facilitarla, porque es condición de su sobrevida. ¿Dónde puede sin embargo aparecer la confusión? En la mirada del sujeto revolucionario, sea la de un individuo, o la de una colectividad. Un revolucionario no se limita a observar o a interactuar con la realidad inmediata concreta que lo rodea –no “insectea por lo concreto”, según las palabras de Martí--, busca explicaciones y soluciones globales y radicales, en el sentido de que vayan a la raíz de los problemas. Un revolucionario nunca es reformista: la evolución no compromete su visión radical del mundo. Un revolucionario nunca es pragmático: es realista, sabe cuando lo imposible es posible, porque es capaz de diferenciar lo aparente de lo real. Vuelvo a Martí, que al escuchar a un compatriota decir que en la atmósfera del país no se apreciaba una efervescencia revolucionaria, respondió: yo no hablo de la atmósfera, hablo del subsuelo. Por lo tanto, si auspiciamos y favorecemos la evolución –lo que significa decir, si aceptamos lo inevitable--, como condición de vida, ello no implica que renunciemos a nuestra condición de revolucionarios. Existe, es parte de la perenne lucha entre revolución y contrarrevolución, quienes aspiran a “socialdemocratizar” la sociedad cubana, en lugar de construir una democracia socialista más profunda, más auténtica. Los revolucionarios, concientes de los cambios que debemos y queremos implementar, no nos confundimos.
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