lunes, 2 de agosto de 2010

Lolita Lebrón.


E.U.G.
En diciembre de 1995 tuve el privilegio de asistir, en representación de Cuba, a los actos que el movimiento independentista puertorriqueño –hablo de todos los partidos, organizaciones y aún de personalidades a título propio, sin distinción--, organizó en San Juan con motivo del centenario de la bandera borinqueña. Asistía en aquella ocasión como director del Centro de Estudios Martianos, responsabilidad académica que ocupé entre 1994 y 1999. La ciudad, tan parecida a La Habana en su arquitectura colonial, y en su gente, me hicieron sentir una experiencia alucinante: por unos días viví en una Cuba capitalista. Podía olvidarme de que estaba en otro país, excepto por un detalle doloroso: la presencia constante en edificios y lugares públicos de la bandera norteamericana. Conmemorábamos sin embargo el centenario de una bandera surgida en el seno de un Partido creado por Martí para la independencia de las dos islas; una bandera con el mismo diseño que la cubana y los colores invertidos, como si ya entonces se barruntara el destino opuesto de las dos naciones: en la isla de Puerto Rico se aplicaría la solución capitalista más radical, la del coloniaje “autonómico”; en la de Cuba, la resistencia al imperialismo nos conduciría por el único camino que garantizaba la independencia real: el anticapitalismo. La ciudad parecía dormida, indiferente al suceso, hasta que amaneció el día de la conmemoración y ocurrió una transformación radical: miles de banderas puertorriqueñas aparecieron en balcones, ventanas, autos, edificios públicos y privados, aún en la ropa de los transeúntes. El espíritu nacionalista de un pueblo avasallado se redimía en ese acto simbólico. Hay que recordar que desde 1898 –año de la ocupación norteamericana--, hasta 1952, fue un delito izar esa bandera, que Lolita Lebrón, esa mujer extraordinaria que acaba de fallecer a los 89 años de edad, estuvo 25 años presa en cárceles estadounidenses por desplegarla en el Congreso de Washington al grito de ¡Viva Puerto Rico Libre!, junto a un comando armado integrado por Rafael Cancel Miranda, Irving Flores y Andrés Figueroa Cordero (este último falleció en prisión, antes del indulto presidencial). “¡Yo no vine a matar a nadie, yo vine a morir por Puerto Rico!”, dijo al ser arrestada.
Precisamente, los organizadores de la actividad central por el centenario que se produjo en un teatro de la Universidad de Río Piedras –a la que estábamos invitados intelectuales de Cuba, Haití y República Dominicana--, habían concebido un instante conmovedor: en representación de la isla libre, hube de entregarle (aunque no era yo, sino Cuba, mi falta de méritos ante ella hacía excesivo el encargo) a Lolita Lebrón, representante de la isla aún en lucha, la bandera de Puerto Rico. Así conocí yo a esa mujer que era ya un icono del independentismo latinoamericano, y cuya sola presencia en el teatro despertó extensos aplausos. Después, la visité en su casa. Recuerdo que mantenía con fuerza sus convicciones independentistas. Los muchos años de cárcel habían acentuado, como asidero para la sobrevida, sus creencias religiosas y la habían transformado en una poetisa “cósmica”. En aquella oportunidad me obsequió su poemario Grito Primoroso. Después de aquel encuentro, supe de su activa participación en las protestas contra las maniobras militares y la presencia de la Marina estadounidense en Vieques, y de su reafirmación histórica: “Tuve el honor de dirigir el acto contra el Congreso de los Estados Unidos el 1 de marzo de 1954 –dijo en noviembre de 2000--, cuando nosotros demandamos la libertad para Puerto Rico y le manifestamos al mundo que nosotros somos una nación invadida, ocupada y abusada por los Estados Unidos de Norteamérica. Me siento muy orgullosa de haber actuado ese día, de haber contestado el llamado de mi Patria”. Hoy será sepultada, después de haber sido velada en el Ateneo Puertorriqueño, como heroína de un pueblo que no ha dejado de luchar. Que continúa dando héroes y mártires por la independencia.

4 comentarios:

  1. Enrique:

    Preciosas sus palabras y su recuerdo de Lolita. Como puertorriqueña, me siento en el deber de agradecerle que haya compartido esa vivencia de una mujer que vivió el valor y el sacrificio, términos con los que Pedro Albizu Campos definía la Patria. Qué honor que haya sido un hermano cubano quien le hiciera entrega a Lolita de nuestra bandera; puertorriqueos y cubanos siempre unidos en la lucha libertaria, así como estuvimos unidos en el crisol patriótico antillano que representó el Partido Revolucionario Cubano.

    En la despedida a Lolita, en la Catedral de San Juan, se desplegó una enorme bandera puertorriqueña, que invadió dos terceras partes de la nave central de la Catedral y fue bóveda para decenas de puertorriqueños, al comienzo de la misa que el Arzobispo de San Juan ofrecía, según la última voluntad de Lolita. Además de ser una ferviente independentista, Lolita también era una ferviente católica. Todo en ella era pasión y se entregaba a sus ideales.

    Para usted, estos recuerdos de la despedida a Lolita Lebrón:

    http://www.youtube.com/watch?v=mJJ7GxcREHk

    http://www.youtube.com/watch#!v=P7AhZLTOZW4&feature=related

    (la bandera que ondea al tope de la muralla es nuestra bandera de Lares, la bandera de la revolución puertorriqueña, de nuestra gesta del Grito de Lares, días antes del Grito de Yara. Lares es también la municipalidad donde nació Lolita)

    http://www.youtube.com/watch?v=UhmszVo1UIs&NR=1

    Elma Beatriz Rosado

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  2. Enrique, gracias por recordar a Lolita en esta entrada. No hemos dejado de luchar. Saludos desde Puerto Rico.
    Aquí un poema de Neruda que también puse en el blog de Silvio.

    VOLVIENDO A PUERTO POBRE

    Mientras sube el laurel a las victorias
    de Cuba, y brilla por el orbe entero,
    una saeta me atraviesa el alma
    y vuelve a Puerco Rico mi desvelo.
    Puerto Pobre, por qué no tienes voz?
    Y ahora que canearon nuestros pueblo
    por qué de pronto fue como una herid
    la cadena mortal de tu silencio?
    Cuando llegò la libertad a Cuba
    temblaron las banderas en el viento,
    pero faltaba una bandera hermana:
    faltaban los colores de tu pueblo.
    Cuando cantò cada naciòn su canto
    salido de victoria y sufrimiento
    cada voz nacional dijo su estrofa.
    Tú bajaste los ojos en silencio.
    Muñoz Mentira enviò su telegrama
    de aceptaciòn teñido por el miedo,
    pero tu voz estaba encarcelada,
    tu pobre corazòn estaba preso.
    El norteamericano puso el pie
    sobre Muñoz y le dictò un decreto
    y bajo ese decreto y esos pies
    el Estado Asociado huele a muerto.
    El Muñoz Asociado sube y baja
    los corredores de! Deparramento
    ofreciéndote al pobre Puerro Rico
    un ataúd con dòlares sangrientos.
    Ay pobre Puerto Rico Puerto Pobre
    clavado con los clavos del tormento
    por tus hijos traidores que taladran
    sobre una cruz de dòlares tus huesos.
    Sin embargo tu nuevo día anuncio:
    anuncio la llegada de tu tiempo:
    los mercenarios rodarán al polvo
    y se coronará tu sufrimiento,
    se restablecerán las dignidades,
    tu propia voz, tu propio pensamiento;
    expulsarás la insignia de Chicago,
    y tu bandera crecerá en el viento.

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