domingo, 19 de diciembre de 2010

En defensa del Estado revolucionario. Una polémica.

Existen los que desean el hundimiento de la Revolución cubana, de cualquier Revolución claro, pero de la nuestra especialmente, por motivos económico-ideológicos (y hasta sentimentales). Son los conservadores, nuevos y viejos, los que usufructúan los privilegios del capitalismo, o los que se educaron para defender esos privilegios, aunque no los usufructúen. Pero existen también los que se asoman al proceso revolucionario desde el púlpito de su Iglesia particular. Roque Dalton los definió magistralmente, en versos insustituibles: "Los que / en el mejor de los casos / quieren hacer la revolución / para la Historia para la lógica / para la ciencia y la naturaleza / para los libros del próximo año o el futuro / para ganar la discusión e incluso / para salir por fin en los diarios y no simplemente / para eliminar el hambre / para eliminar la explotación de los explotados". A Cuba, en años difíciles, le ha surgido una triste pléyade de sabichosos (como solía decir un viejo amigo), que comparte en esencia la crítica de los conservadores, aunque se proclama de izquierda, y solo se diferencia de aquellos en que declara la necesidad de --una vez destruida la Revolución actual--, construir otra mejor en el futuro. Piensan que no existen tiempos mejores que los que generan confusión para sentar cátedra con un supuesto y generalmente falso sentido común. Los conservadores sonríen y asienten complacidos. Jorge Ángel Hernández, escritor y ensayista cubano, discute en sus artículos el énfasis desmantelador de Roberto Cobas Avivar, opositor de la Revolución actual e "ideólogo" de la futura, más estadofóbico que un neoliberal. Dejo un párrafo de JAH y las coordenadas de la polémica.

LA PIEDRA EN EL ZAPATO Y LOS DOLORES DEL PARTO.(para leer el texto completo marque el título del trabajo).
Algo es además curioso en la actitud de Cobas: se considera "mensajero que trae la noticia", por consiguiente, no se siente culpable, o responsable, de los estruendos apocalípticos de sus trompetas. O sea, que cuando pide, exige, impone, la abolición completa e inmediata del modo de producción actual, conjuntamente con todo el aparato de estado, no se trata de una conclusión suya sino de una cuestión tan evidente que solo basta con decirlo o, lo que sería su función, con transmitir el mensaje. Así, de un modo relacional claro, me acusa además de matar al mensajero; y suma una nueva demostración de su incapacidad de diálogo, de su disposición a reconocer que puede tenerse un pensamiento diverso del suyo, y defenderlo en igualdad de condiciones, que puedo estar reflexionando sin responder a orientación alguna, o a líneas oficiales a las que, lo he publicado, no pertenezco institucionalmente. La manualización vulgar de la enseñanza del marxismo no tiene extremas diferencias con la vulgarización crítica de la revolución cubana, con la asunción devota de tópicos de un pensamiento liberal democrático. (...) Necesitamos ahora el salto cualitativo revolucionario, no reformista. Necesitamos que el estado socialista fortalezca su capacidad de fiscalización, de intervención, de mediador, de planificación macroeconómica y empresarial y, sobre todo, su visión transversal de la institucionalidad que pone en marcha sus programas. Y necesitamos, como un punto esencial, que su ideología se fortalezca de conjunto con las procesos de descentralización y democratización de las decisiones. Se trata de un reto, de un llamado, de una conclusión analítica no carente de riesgos que puede considerarse inadmisible, por supuesto, desde el punto de vista del pertinaz síndrome de la estadofobia.


Los textos de Cobas Avivar pueden hallarse fácilmente en Kaosenlared.

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