miércoles, 7 de enero de 2015

Ocupa Walt Street, Tania Bruguera y Carlos Alberto Montaner

Enrique Ubieta Gómez
Especulo: seguro que Tania Bruguera cuenta con el apoyo de Carlos Alberto Montaner. Este señor sabe de arte político –no me refiero a la “nueva canción” latinoamericana, en sus inicios llamada “canción protesta”, ni a otros antecedentes ilustres, como ciertos poemas de Guillén, Neruda o Dalton, o a los murales de Rivera y Siqueiros–; me lo imagino absorto, frente al televisor, en la contemplación de alguna entretenida saga justiciera de James Bond, el Agente 007. Aquellas películas, paradójicamente, aparentaban ser arte y no política, pero eran todo lo contrario, como cualquiera sabe. Pero Tania es una verdadera artista. Hay un punto, sin embargo, en el que Montaner debe haberse sentido contrariado. Tania, que es y tiene derecho a ser una mujer sistémica –aunque incurra en provocaciones inocuas, perdonadas en Colombia y en otros lares no por vocación democrática de esos países, sino por irrelevantes, desde una visión política–, ha querido enlazar su programado perfomance en La Habana a un hecho, este sí, irritante para el sistema, revelador de la crisis profunda –económica, social, política, simbólica– del capitalismo. Ha dicho que su provocación artístico-política en la habanera Plaza de la Revolución sería a la manera del movimiento de los “Ocupa”, que dicho sea de paso, no es un movimiento artístico, aunque porte una estética; expresa la irritación de millones de personas ante el inútil multipartidismo burgués que no los representa. Escoger la Plaza que simboliza la resistencia de todos los latinoamericanos (de todos los hombres y mujeres progresistas del planeta) frente al imperialismo, habrá hecho sonreír a Montaner. Esa sería su venganza frente a los reales “ocupas”. Pero no, creo que no apoyó a Tania. La sola mención de ese movimiento debe haberlo incomodado. Es cierto que especulo, pero me apoyo en un reciente artículo suyo aparecido en El Nuevo Herald. En los primeros días de enero, Montaner tenía otras preocupaciones: 2015, decía, será un año en que “viviremos peligrosamente”. La frase es inintelegible, al menos en español. Sin embargo, no es difícil adivinar lo que intenta decir: la posible llegada al poder, en Grecia y en España, de partidos desconocidos e impredecibles –remember Fidel, remember Chávez–, podría acarrear la inestabilidad… del capitalismo. Ambas organizaciones surgieron del amplio movimiento de los "Ocupa", y Montaner, como los niños irritados, junta todas las groserías escuchadas a los “mayores” (las más ofensivas, según su parecer), aunque algunas sean difícilmente juntables:
"Se trata de una amalgama antisistema. (…)  En Syriza se juntan estalinistas nostálgicos, trotskistas, anarquistas, anticapitalistas, antiglobalizadores, verdes que odian los transgénicos, antiamericanos, eurófobos, antieuros, y, por supuesto, propalestinos-antiisrael. (…)
Esta montonera comenzó a gestarse hace unos años en las protestas contra las reuniones internacionales del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial. Era una muchedumbre juvenil reclutada entre las tribus urbanas, frecuentemente desaseada y porrera (…)
Los participantes acamparon en diversas plazas emblemáticas, desde Wall Street en NY hasta la madrileña Puerta del Sol, o se pelearon a pedradas contra las fuerzas del orden en media docena de ciudades (…)
Lo que España y Grecia necesitan es más capitalismo, pero del bueno (…)"

Que la derecha intente apropiarse del vocabulario, las imágenes y los símbolos de la izquierda no es una novedad. Pero la mención a ese movimiento resulta confusa: ¿a quiénes convocaba Tania en La Habana?, ¿exigiría la implementación de un capitalismo “del bueno” en Cuba? En el llamado Primer Mundo, cientos de miles de ciudadanos ex-apolíticos y ex-apáticos manifiestan su ira contra el capitalismo; ¿pretende ella restaurarlo en Cuba? Con mercenarios procapitalistas, partidarios de la globalización de las trasnacionales, defensores de Monsanto, proimperialistas y sionistas –según el listado opuesto al de Montaner, claro–, no se ocupan plazas en países libres. La idea, se me dirá, era hacer arte, pero después de 56 años de Revolución, de 16 años de injusta prisión para tres de nuestros hijos, de la rotunda victoria de fin de año, ¿con qué otro público contaba, además del puñado de corresponsales de agencias trasnacionales acreditadas en el país? Tania, sin dudas, tiene derecho a no compartir los presupuestos de, pese a todo, su Revolución. Pero su referente –puede estar tranquilo Montaner– no es el de los “ocupas” que llenan las plazas de Europa y los Estados Unidos, aunque Tania se empeñe en decir lo contrario.

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