lunes, 9 de febrero de 2015

Peter C. Bjarkman: Creo que los jugadores en Cuba durante los últimos diez años son los mejores de su historia

Peter C. Bjarkman junto a Yadier Pedroso
Esta entrevista de 2014 contiene interesantes reflexiones de uno de los más importantes estudiosos del béisbol cubano, el norteamericano Peter C. Bjarkman. Aprovecho la victoria de Cuba en la recién finalizada Serie del caribe para ofrecerles algunos fragmentos de la extensa conversación.
Reynaldo Cruz

Peter C. Bjarkman es uno de los más reconocidos y menos prejuiciados autores que se adentran en el tema del béisbol cubano. Sus dos libros SMOKE: THE ROMANCE AND LORE OF CUBAN BASEBALL (escrito de conjunto con Mark Rucker en 1999) y A HISTORY OF CUBAN BASEBALL, 1864-2007 (recientemente vuelto a publicar por McFarland Publishers) avalan la afirmación que se trata de uno de los eruditos del béisbol cubano, ansioso por desenterrar sus más profundos secretos. Es por eso que el sitio www.BaseballdeCuba.com, del cual es su escritor principal, es uno de los más visitados y prestigiosos de aquellos que tocan el tema del béisbol cubano. Bjarkman ha aparecido en repetidas ocasiones en medios de prensa estadounidenses e internacionales como experto en el tema cubano. Además, acompañó como guía al Chef de TV Anthony Bourdain por toda La Habana en el episodio NO RESERVATIONS CUBA, del Canal de Viaje en 2011. También, aparecerá en el documental 30-30 de ESPN “Brothers in Exile” (la historia de Liván Hernández y Orlando “El Duque” Hernández) que se espera salga al aire en 2014.

Este escritor, cuyo sitio web aparece en www.Bjarkman.com, accedió recientemente a concedernos una entrevista vía correo electrónico.

Universo Béisbol: Usted ha estado corriendo la voz sobre la historia del béisbol cubano. ¿Cuándo, cómo y por qué se interesó en este tema?

Peter C. Bjarkman: Déjame darte una respuesta corta para una larga historia. Luego de haber sufrido varios y grandes “cambios de vida” a finales de los 80, dejé el mundo académico (era profesor de lingüística en la Universidad de Purdue) para cultivar la pasión de escribir sobre el béisbol. Uno de mis primeros éxitos fue una historia del deporte en América Latina (mi entrenamiento académico y mis estudios doctorales se habían centrado en lingüística española) y ese libro se publicó en 1994, el mismo año que la huelga de los jugadores de Grandes Ligas. La huelga de 1994 me había desconectado de la versión del deporte que brindaba la MLB y estaba buscando una nueva fuente para mis pasiones beisboleras. Cerca de la celebración de los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, mi colega y amigo Mark Rucker se me acercó con la propuesta de viajar a Cuba y recopilar materiales para un libro “coffee table[i]” ilustrando la rica historia beisbolera de la isla. Ahí empezó, en los Juegos Olímpicos de Atlanta y con mi primer viaje a Cuba en febrero de 1997. Inmediatamente me enamoré de la Isla, su gente, su sociedad revolucionaria, su música y su béisbol, y este amor por Cuba se ha mantenido como una parte fundamental de mi vida desde entonces.

(…)

UB: Hay un debate común, que se encarniza cuando los que están involucrados viven en mundos separados (Cuba y Estados Unidos). ¿Cree usted que la historia del béisbol cubano puede escribirse soslayando el béisbol cubano antes de 1959 o desestimando las contribuciones de los jugadores cubanos en el extranjero?

PCB: Por supuesto que no. Ambas mitades constituyen un capítulo importante en la historia. Esto fue esencialmente el tema de mi propio libro de béisbol cubano (A HISTORY OF CUBAN BASEBALL, 1864-2007), y muchos de los que reseñaron el libro hablaron del hecho de que mi libro es el primero que da igual tratamiento a ambos lados de la historia (a diferencia del de Roberto González Hechavarría, que desestima ampliamente el béisbol cubano luego de 1962). Sin embargo, donde más en desacuerdo estoy con González Hechavarría y muchos otros es en que mi visión sobre la Era Dorada del Béisbol está en las últimas décadas y no con la limitada liga invernal profesional de La Habana en la primera mitad del siglo XX. ¿Por qué? Los jugadores cubanos son más grandes, más rápidos y más talentosos hoy que hace cincuenta años (justo como lo son en las Grandes Ligas norteamericanas). Es la ascendente evolución natural de todos los deportes. El juego puede no ser tan bonito o estético pero los atletas sin dudas son mejores. Uno no podía imaginar a las principales estrellas cubanas en los años 50 compitiendo contra los mejores de las Grandes Ligas como lo hicieron Cepeda, Paret y compañía en el primer Clásico en 2006. Incluso con las trabas políticas, Cuba envió más nuevos jugadores a las Grandes Ligas (nueve) este año (2014) que en cualquier temporada precedente en la historia. Los peloteros cubanos (y por tanto el béisbol cubano como un todo) son mucho, mucho mejores en las dos últimas décadas que antes de 1960. También la Cuba post-revolucionaria tiene ahora una liga verdaderamente a escala nacional, mientras el béisbol profesional en la Isla antes de Fidel estaba mayormente restringido a solo cuatro equipos en la ciudad de La Habana (y más de la mitad de los jugadores en esa vieja liga invernal eran realmente norteamericanos y no cubanos de nacimiento).

(…)

UB: A mediados de los 80, hasta el surgimiento de jugadores como José Canseco y Rafael Palmeiro, hubo un tiempo sin mucha actividad cubana en las Ligas Mayores. ¿Por qué cree que sucedió? ¿Considera que esta sea una etapa de sequía?

PCB: ¿Qué sucedió? Simple… ¡política! La división de los dos países por la Guerra Fría durante varias décadas impidió que las Ligas Mayores pudieran acceder a peloteros cubanos, a menos que “desertaran” —lo cual muy pocos o casi ninguno (hasta los años 2000) estuvieron dispuestos a hacer. Para los fans de la MLB en los Estados Unidos esa fue una “etapa de sequía” concerniente al béisbol cubano puesto que la escena cubana era totalmente invisible para los norteamericanos. Pero ciertamente no era una “etapa de sequía” en Cuba. Canseco y Palmeiro, por cierto, no significaron en realidad una presencia verdaderamente cubana en las Mayores, pues aunque era técnicamente “jugadores cubanos” (nacidos en la isla) eran de hecho peloteros norteamericanos y no peloteros legítimamente cubanos. Nunca tocaron un bate o una pelota en Cuba, y aprendieron su béisbol enteramente en la Florida. Son harina de otro costal. Durante los años 70, 80 y 90, los mejores peloteros cubanos no tenían suficientes motivos o deseos de irse de casa… eran grandes héroes en la Isla, los equipos nacionales casi nunca perdían, y los jugadores estaban motivados por el patriotismo y la lealtad al sistema que los formó. Omar Linares era el chico de portada de esa actitud. Pero ahora, con la debilitada economía en Cuba y los titulares hablando de la cantidad de dólares brindados a estrellas como (José Dariel) Abreu y Alexei Ramírez (y también a otros jugadores no considerados entre los mejores de Cuba como Aroldis Chapman, Yasiel Puig, Rusney Castillo y Alexander Guerrero, por ejemplo) todo eso ha cambiado.

UB: Hasta ahora, la Serie Nacional Cubana ha tenido incontables estructuras distintas, y algunas han sido más competitivas que otras. ¿Cuál cree usted que haya sido la mejor?

PCB: Esta es una pregunta muy difícil de contestar para el INDER y para Higinio Vélez, y también lo es para mí. Me gusta mucho el sistema que tuvo lugar durante la mayor parte del último cuarto de siglo, con los equipos en cada provincia y jugando contra otros en igual cantidad de veces. Ese es el verdadero béisbol nacional, pues brinda un genuino “deporte nacional” para todos los fanáticos de la Isla, y uno que se juega en o cerca de sus lugares de origen. También da oportunidad a muchos jugadores jóvenes de desarrollarse. Pero igualmente entiendo (y ampliamente estoy de acuerdo con) el argumento de que la cantidad de talento ha decrecido y que por tanto una liga de ocho equipos sería más competitiva y haría más para desarrollar el equipo nacional (que es en primer lugar el propósito principal de la liga cubana). El problema es que dejarlo en ocho equipos priva a la mitad de las provincias de la nación de sus equipos locales y por tanto disminuye la fanaticada en muchos rincones de la Isla.

Lo que no me gusta es la decisión de la Comisión de tratar de hacerla de las dos maneras y hacerla al mismo tiempo (en otras palabras, el actual formato de 16 equipos jugando 42 partidos y entonces 8 equipos clasificados jugando 45 juegos). Este nuevo calendario dividido tiene demasiados contratiempos. Las estadísticas (y su comparación de un año a otro) ahora se convierten en una pesadilla. La tradición vital de tener a los jugadores en sus provincias de origen (tal vez mi aspecto favorito del béisbol cubano) ahora está destruida. Y las pequeñas provincias rurales (como Las Tunas, Guantánamo, Holguín o La Isla) podrían perder el béisbol por la mitad de cada temporada. Es un problema difícil de resolver y no sé aún cual es verdaderamente la mejor solución.

UB: Luego de ver que el equipo cubano terminó segundo en la edición inaugural del Clásico Mundial de Béisbol de 2006, ¿cómo cree que le habría ido a los poderosos equipos de finales de los 80 y principios de los 90 si el torneo del WBC se hubiese celebrado antes?

PCB: Los fanáticos del béisbol obviamente adoran estos debates y todo el mundo tiene una firme opinión. Nadie puede ganar en estos debates (tal vez porque son muy populares) pero no hay métrica para medir una época y compararla con otra. Tengo la firme opinión como la tiene todo el mundo y ya la he mencionado. Creo que los jugadores en Cuba durante los últimos diez años son los mejores, y que los equipos cubanos más talentosos que Cuba ha presentado (aunque no llegaron a las finales como la escuadra de 2006 que tuvo varios breaks que rompieron en su favor todo el tiempo). Vimos lo que Cepeda, Abreu, Bell y otros podían hacer contra lanzadores de Grandes Ligas. Las estrellas anteriores como Linares, Kindelán y Pacheco lograron sus incontables victorias contra equipos universitarios y usando bates de aluminio. Eso no quiere decir que si les hubiesen dado la oportunidad de usar bates de madera contra una competencia más resistente no habrían tenido un éxito similar. Pero simplemente no hay forma de saberlo. No vi a Marquetti o Muños en sus mejores tiempos, pero vi a Linares y Kindelán. Para mí, Cepeda ha sido tal vez el bateador más completo de Cuba contra pitcheo de primer nivel, igual que Abreu, y muchos scouts de la MLB están de acuerdo conmigo en este punto. Lo importante es que Abreu, Puig, Cepeda (etcétera) son jugadores PROBADOS. Linares, Kindelán, Capiró y compañía seguirán siendo por siempre apenas una cuestión de ESPECULACIÓN infundada. Esa es una de las bellezas de la fanaticada del béisbol. Así que yo digo, que siga el debate.


(…)

UB: Para nadie es un secreto que el éxodo de peloteros cubanos es una de las cosas que afectan la Serie Nacional, al tiempo que traen un problema de tráfico humano a las autoridades de Estados Unidos. ¿Puede usted avizorar un escenario ideal en el que ambas partes puedan resultar beneficiadas?

PCB: Si hubiese un escenario ideal, ambas partes probablemente lo habrían encontrado ya. En realidad no veo cuál pueda ser. El escenario ideal según la perspectiva de ambas ligas es que todos los jugadores cubanos que quieran firmar con clubes de la MLB deberían tener autorización para venir directa y libremente a los Estados Unidos. Pero eso arruinaría el béisbol cubano, porque no quedarían en casa jugadores de calidad. Y por cierto, los jugadores y sus agentes tampoco quieren una solución (la que permita a los jugadores entrar libremente en Estados Unidos) porque eso significaría que los cubanos tendrían que entrar en el draft amateur (no podrían ser agentes libres) y por tanto no podrían firmar por más de 250 mil dólares bajo las regulaciones actuales. Esto detendría en tráfico humano, de seguro (una vez que los jugadores cuesten solamente un cuarto de millón) pero tanto el béisbol cubano como sus jugadores saldrían perdiendo.

El escenario ideal desde la perspectiva cubana sería que los peloteros cubanos pudieran jugar en las mayores, ganar mucho dinero, llevar ese dinero a Cuba en el invierno y jugar entonces en la Serie Nacional. Eso tampoco sucedería, precisamente por las razones explicadas dondequiera y en estas respuestas. La OFAC[v] podría dejar el embargo un día (aunque no estoy muy seguro de eso) y permitir que los dólares de la MLB fluyan a Cuba. Pero los clubes de la MLB nunca van a permitir a los ligamayoristas jugar calendarios completos de invierno en Cuba o en cualquier otra parte. Como tampoco querrán los jugadores como Abreu, ganando 68 millones de dólares, jugar 90 juegos adicionales en el invierno luego de jugar más de 160 en el verano.

UB: ¿Cree que la Serie Nacional sería mejor si todos los peloteros cubanos pudieran ir a la MLB y regresar a casa, aún si no jugaran más para sus provincias? ¿Por qué?

PCB: La Serie Nacional sería mejor solamente si esos jugadores que van a las mayores regresaran en el invierno y jugaran en la Liga Cubana (como lo hicieron una vez los bigleaguers en los años 50 o 60). Pero los tiempos han cambiado con la drásticamente cambiante estructura económica del béisbol organizado y esto simplemente ya no es posible. Si Abreu y Chapman y Rusney Castillo regresan a Cuba en los meses de invierno y se sientan en casa sin jugar la Serie Nacional, esto no ayudaría a la liga doméstica a mejorar.

UB: Cuba ha creado estrategias para tratar de impedir que los jugadores se vayan. ¿Hay algo que usted cree que debían haber hecho y no han hecho hasta ahora?

PCB: Las autoridades del béisbol cubano están enfrentando la situación más difícil. Quieren recompensar mejor a sus jugadores con más salario y con la oportunidad de ganar dinero en el extranjero, pero no a expensas de lidiar con la MLB, puesto que enviar jugadores a los Estados Unidos significaría que no regresen a Cuba a jugar pelota invernal y también estarían perdidos para el equipo nacional. (la MLB simplemente no permitirá que sus jugadores arriesguen una lesión jugando pelota invernal y el embargo de Estados Unidos también impide que los peloteros que van a Norteamérica regresar a casa y llevar sus honorarios a Cuba). La posición de la Federación Cubana es razonable y simpatizo con ella. Cuba no quiere perder la fuerza de su béisbol nacional como lo han hecho Venezuela, la República Dominicana y Puerto Rico (no hay pelota doméstica de calidad en esos países ahora que la MLB se ha llevado todo el talento de esos lugares y lo ha puesto en el béisbol organizado). Pero dada la triste situación económica de Cuba y las barreras impuestas por las regulaciones de la MLB y la OFAC (perteneciente al Departamento del Tesoro de Estados Unidos), hay muy poco que los funcionarios cubanos puedan hacer. La única posibilidad sería un acuerdo de trabajo más extensivo con las ligas japonesas, pero dudo que sea suficiente para revertir el robo actual de jugadores.

(…)

UB: En los años 90, solamente un puñado de cubanos tuvo participación en el Big Show. ¿A qué atribuye la reciente ola de éxito —sin tener en cuenta la cantidad de jugadores —de los cubanos en las Mayores?

PCB: La razón para el éxito es evidentemente el talento natural de los jugadores involucrados. No ha sido secreto para algunos de los que seguimos el béisbol cubano (y yo he dicho esto a todo el mundo desde hace una década) que si bien la Serie Nacional en sentido general puede ser catalogada como Clase AA (doble A) comparada con el béisbol organizado, hay al menos cuarenta peloteros cubanos (incluyendo a casi todos los del equipo nacional) que podrían ser incluidos en un line up de Grandes Ligas. Y también que 10 ó 15 jugadores podrían ser lo suficientemente buenos como para llegar a superestrellas. Muchos dudaron de mí en esa afirmación (incluyendo muchos fanáticos expatriados en Miami quienes de repente se han sumado a creer que sí) pero ahora, obviamente, se ha probado que estaba en lo cierto. No hubo un impacto tan grande en los 90 porque los primeros jugadores en marcharse (a excepción de El Duque, Liván y Contreras) no estaban entre los mejores de la Isla. También, otros de los primeros en “desertar” —como Rolando Arrojo, René Arocha y Osvaldo Fernández— tuvieron brazos dañados por lanzar Batos de inferior calidad a bateadores con bates de aluminio. Pero ahora que muchos de los mejores jugadores se han ido de la Isla y entrado a las Grandes Ligas se hecho obvia la calidad de los peloteros cubanos. Si Cepeda, Gourriel y Pestano se hubiesen ido de Cuba en 2004, habríamos visto lo mismo suceder diez años antes.

UB: ¿Coincide usted con la idea de que la cantidad de cubanos que abandonan la Isla está sujeta a aumentar? ¿Por qué?

PCB: Sí, aumentará, aunque tal vez no tan rápidamente como algunos podrían proyectar. Los cambos en la poíticas del INDER en 2013 no han detenido la oleada (y tampoco lo harán) porque la mayoría de los jugadores jóvenes consideran que tienen muy poca o ninguna oportunidad de estar en el selecto grupo de estrellas asignadas a Japón. La mala economía en casa y las historias sensacionales sobre el éxito y la fortuna instantánea de jugadores como Abreu, Puig o Castillo será demasiada tentación para muchos cubanos jóvenes. Hay también otro factor importante: hace diez años, los más grandes héroes en la Isla eran las grandes estrellas del equipo nacional que ganaba virtualmente cada partido y cada torneo. Ahora, equipo nacional pasa trabajo para ganar contra mejores rivales y los héroes a quienes todos siguen son Abreu Puig y Chapman en las Mayores y no Freddie Cepeda en Sancti Spíritus o Alfredo Despaigne en Granma. Este hecho por sí solo tentará a más jugadores jóvenes a seguir el modelo de Abreu y no el de Cepeda. Las recompensas ya no parecen estar en La Habana o Santiago, sino en Los Ángeles o Chicago.

UB: ¿Tiene un jugador cubano favorito de todos los tiempos? ¿Quién?

PCB: Sin discusión, FREDERICH CEPEDA (si es que no lo habías adivinado). No solo se trata de uno de los más entretenidos y habilidosos bateadores en Cuba, sino también que no hacen ya seres humanos mejores que Frederich Cepeda. Es una institución en Cuba y un enorme crédito de esto va tanto para el béisbol cubano como para la sociedad cubana.

UB: Ahora que se ha probado que el talento cubano es real, estamos seguros de que surgirá un montón de “qué tal si…”. ¿Puede nombrar al menos una docena de peloteros cubanos que decidieron quedarse en Cuba y a quienes considera con suficiente calidad para imponerse en las mayores y por qué?

PCB: Este grupo de regulares… ten en cuenta que estoy descartando a muchas estrellas de los 70 y los 80 porque no los vi jugar béisbol personalmente y por tanto es difícil para mí juzgarlos basado en algo más que especulación.

Ariel Pestano (absolutamente en la cima de mi lista; el estelar Orel Hershiser una vez me dijo que pestano era el mejor y más inteligente receptor que jamás había visto en un terreno de béisbol).

Omar Linares (todo el mundo coincide en esta, así que no debo entrar en detalles… un verdadero jugador de cinco herramientas y excelente bateador en sus mejores tiempos aunque mayormente usó el aluminio).

Frederich Cepeda (casi todos los scouts de la MLB con quienes hablé a mediados de la primera década de este siglo me dijo que Cepeda era el bateador cubano número uno en sus listas… el bateador de mejor disciplina a ambos lados del plato que jamás haya visto en Cuba o en las Grandes Ligas).

Yulieski Gourriel (podría jugar en cualquier lado del infield y aunque nunca ha llegado a lo que se esperaba en sus principios, la mayoría de los scouts de la MLB aún lo adoran).

Pedro Luis Lazo (siempre pensé que Pedro Luis Lazo era una opción por encima de su compañero en Pinar José Ariel Contreras; el toletero Albert Pujols comentó en el Clásico de 2006 que Lazo tenía el tenedor más devastador que había visto en su vida).

Orestes Kindelán (bate de aluminio aparte, solamente su poder natural le habría traído un contrato de 25 millones en los 90 —y eso es probablemente 100 millones en el mercado de hoy… si Yasmani Tomás vale ese dinero, ¿entonces cuánto Kindelán?).

Víctor Mesa (si los scouts y los fans aman hoy a Puig, ¿qué podrían haber pensado de Mesa?… uno de los más talentosos y fácilmente el más pintoresco jugador de la historia de las Series Nacionales).

Germán Mesa (fácilmente el mejor torpedero cubano de la historia… el futuro ligamayorista Rey Ordóñez se fue de Cuba principalmente porque no podía jugar de regular en el equipo nacional mientras Mesa estuviera allí).

Eduardo Paret (tal vez un paso atrás de Germán Mesa en la defensa, pero un bateador mucho mejor bateador que Mesa y el propio Rey Ordóñez).

Faustino Corrales (un excelente zurdo y tú sabes lo mucho que son valorados los buenos zurdos con excelente control en las Grandes Ligas).

Norberto González (lo mismo que dije de Faustino Corrales puede decirse en este caso).

Norge Luis Vera (probó su valía en el Clásico y las Olimpíadas… por mucho pensé que Vera era el lanzador más resistente y talentoso de la Isla por casi doce años y emuló con el promedio de ganados y perdidos de por vida de El Duque lanzando casi una década más… si Miguel Alfredo González y Yunieski Maya pudieron llegar a las mayores, entonces Norge Luis Vera claramente también).

Alexei Bell (inmediatamente después de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 muchos scouts me dijeron que era el mejor jardinero de Cuba… antes de lastimarse varias veces, su único problema podría haber sido su pequeña estatura… un brazo de jardinero de Grandes Ligas, para completar esa capacidad de batear con oportunidad ante lanzadores con calidad de Grandes Ligas).

Alfredo Despaigne (varias veces me preguntaron en 2010 y 2011 durante torneos internacionales que a quién veía como mejor bateador —Despaigne o Céspedes— y siempre escogí al primero. La mayoría de los scouts de la MLB presentes en el lugar rápidamente coincidían con mi opinión al respecto).

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