martes, 26 de enero de 2010

La victoria de la luz... artificial.

Enrique Ubieta Gómez.
Nunca antes había visitado Alemania. Mi hermano estuvo becado en Heidelberg --en la zona occidental--, por espacio de un año, en 1989. Como bioquímico, su centro recién inaugurado lo enviaba a prepararse en un laboratorio de esa ciudad. Muchos colegas suyos realizaron (y realizan) prácticas de postgrado en laboratorios del Primer Mundo. Vio caer la otrora República Democrática Alemana. Hoy trabaja como investigador y especialista en patentes del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana. Han pasado veinte años de la llamada reunificación de las Alemanias, es decir, de la absorción de una por la otra. En mis recorridos de trabajo por Berlín preguntaba contínuamente si me hallaba de un lado o del otro del antiguo muro: quería apreciar con mis ojos la diferencia, ese "algo" especial que atraía a los alemanes del este como mariposas a la luz eléctrica. En realidad, el Berlín monumental --el que pudo salvarse o reconstruirse después de la guerra--, se hallaba en la zona este: la Universidad de Humboldt, la llamada isla de los museos, la catedral lutherana, la iglesia más antigua de la ciudad... ¿Qué podía encontrar en la zona oeste? Mi guía, un cubano casado con una alemana y radicado desde hace diez años en la urbe, no sabía decirme. Dos autores muy diferentes me dieron una pista. Santiago Alba Rico, filósofo y escritor español, afirmaba --provocador como siempre--, en su texto "Apología del apagón": "Somos adictos al sexo, a la velocidad, a los espectáculos, al plástico; pero somos adictos, sobre todo, a la luz eléctrica. No hay nada de extraño en nuestra dependencia energética; sin ella ni la producción ni la curación ni la cultura serían ya posibles. Lo extraño es nuestra dependencia estética; el hecho, es decir, de que esa luz que el novelista inglés Robert Louis Stevenson consideraba, por contraste con la del fuego, «un horror para realzar otros horrores», nos parezca tan hermosa hasta el punto de que su prestigio se utiliza para reforzar todas las otras adicciones". El texto es por supuesto una metáfora sobre los mecanismos de hipnotización e idiotización del capitalismo. Los ideólogos de ese sistema solo se ocupan de enceder las luces de las vidrieras; mientras menos se explique, mientras menos se sepa, mejor. Los del socialismo necesitan explicarlo todo, todo el tiempo. Por eso las revoluciones empiezan alfabetizando y promoviendo el estudio de todos los ciudadanos. Durante mis encuentros berlineses, una amiga alemana que habla y lee con soltura el español, me obsequió una edición cubana de la novela La confianza, de Anna Seghers. No había leído esa obra, y me llegó en el momento oportuno. Ninguna otra explicación mejor --por demás temprana, previsora--, de los errores del socialismo, del absurdo de la ciudad dividida. Pero también de la necesidad del socialismo. La novela describe así el diálogo en el que un personaje trata de convencer al protagonista de que cruce la frontera:
"--Mira, si sales de noche de la estación y te sumerges en las luces de la ciudad, verás que no tienen comparación con las estrellas. Las estrellas no son más que puntitos, todos del mismo color y muy lejanos, además. Pero en esa ciudad uno ve letreros lumínicos de todos colores. Se encienden y se apagan, clic, clac. Y detrás de las vidrieras, noche y día, hay cosas increíbles.
Thomas se echó a reir, pero Pumi se mantuvo seria:
--Solo entre tanta luz uno se siente verdaderamente feliz. Y después de haber mirado bien, piensas: 'Aquí hay de todo'" (pag. 209).
Del lado occidental estaban las tiendas, las luces, el artificio, la ilusión que provocaba el mayor de los ilusionistas: el capitalismo. El Europa Center --una tienda por entonces mucho más lujosa--, desde la que se trasmitían programas de televisión especialmente diseñados para la zona oriental, resulta hoy pequeña, prescindible, ante los nuevos e iluminados edificios de tiendas construidos en el este.

APOLOGÍA DEL APAGÓN.

SANTIAGO ALBA RICO
Especial para LA CALLE DEL MEDIO 21
Los aeropuertos se han convertido en el símbolo y el motor de la civilización capitalista: lugares de paso –hacia otros lugares de paso– donde está siempre a punto de estancarse un tiempo muerto, o un tiempo-basura, cuya superfluidad total sólo puede dirigirse hacia el consumo. En el «Leonardo da Vinci», en Roma, hace dos años, tuve una experiencia angustiosa. En tránsito hacia Túnez, me dirigía hacia mi puerta de embarque por un pasillo de maravillas, flanqueado por una sucesión de cafés, comercios y boutiques –todas las marcas, todos los prestigios– que saturaban de luz cegadora hasta el último rincón del campo visual. De pronto, a mi derecha, un enorme cartel apremiante, alarmante, me alertó de las consecuencias de seguir avanzando. Se me encogió el corazón. «ATENCIÓN. Todavía está usted a tiempo de volver atrás. A partir de este punto ya no hay tiendas». Lo malo no es que a partir de ese punto no hubiera tiendas; es que no había nada. Las puertas de embarque habían sido confinadas en un espacio intencionadamente desnudo y sombrío, sucio y vacío, abandonado a su suerte. Como en los cuentos, si se hacía caso omiso de la advertencia, se pasaba abruptamente de un mundo brillante y colorido a otro sórdido y amenazador: de la felicidad a la pesadumbre, de la libertad a la prisión, de la luz a la oscuridad. El efecto era tan traumático que resultaba imposible no volver sobre los propios pasos para buscar con ansiedad, no alimentos, bebidas o chucherías, no, sino un poco de luz eléctrica.
Somos adictos al sexo, a la velocidad, a los espectáculos, al plástico; pero somos adictos, sobre todo, a la luz eléctrica. No hay nada de extraño en nuestra dependencia energética; sin ella ni la producción ni la curación ni la cultura serían ya posibles. Lo extraño es nuestra dependencia estética; el hecho, es decir, de que esa luz que el novelista inglés Robert Louis Stevenson consideraba, por contraste con la del fuego, «un horror para realzar otros horrores», nos parezca tan hermosa hasta el punto de que su prestigio se utiliza para reforzar todas las otras adicciones. La Razón, que los franceses llamaban les lumières –las luces– sólo necesitaba una lamparita para activarse; las luces que persiguen y destierran hoy todas las sombras han acabado por ofuscar y cegar a la Razón misma. ¿Necesitamos tanta luz? ¿Es realmente bonita la luz eléctrica? ¿Es de verdad interesante una luz que no produce sombras?
Nunca me atrevería a hacer en Cuba una «apología del apagón»; pero todos los niños saben cuántos mundos más excitantes se ocultan detrás de ese muro de claridad plana; cuando cae, se levantan tras él profundidades inauditas. En las casas tradicionales japonesas, nos cuenta el escritor Tanizaki, el centro del hogar no era la televisión, sino un «hueco» –el toko no ma– destinado a delimitar una sombra como punto de arraigo y exploración de la mirada. La sombra, que es la ropa del tiempo, ha sido arrancada de todas las superficies en un frenesí de vatios, trapos y cosméticos. No sólo hemos acabado por identificar la seguridad, la higiene y la belleza con la luz eléctrica, sino que también la asociamos a la emoción del espectáculo. Al contrario de lo que le ocurre a la razón, nada inmóvil y oscuro puede atraer la mirada del consumidor.
Y sin embargo, el primer espectáculo, aquel que define al ser humano como precisamente humano, aquel del que ha surgido todo lo que hemos hecho y todo lo que somos, tiene que ver con la oscuridad y la quietud. El exceso de luz del capitalismo, lo sabemos, tiene un coste ecológico insostenible: el mediodía perpetuo de las grandes ciudades –mientras 2 000 millones de personas permanecen a oscuras– consume 1,5 Gtep de energía eléctrica, del que el 81 % procede de centrales termoeléctricas. Dubai, el país con la mayor huella ecológica del planeta, acaba de construir la torre más alta del mundo (860 metros), cuyo consumo diario de electricidad –mientras un keniata disfruta de tan sólo 140 kw/h al año– equivale a 500 000 bombillos de 100 w encendidos al mismo tiempo y sin interrupción. Pero la llamada «contaminación lumínica» no tiene sólo un coste ecológico de dimensiones catastróficas; se acompaña también de una catástrofe cultural, estética, antropológica. En el campo, en una noche sin luna, pueden verse a ojo desnudo hasta 2 500 estrellas. En las ciudades, donde vive ya la mayor parte de la humanidad, si levantamos la cabeza (¿y quién va a levantar la cabeza habiendo vitrinas iluminadas a un lado y otro de la calle?) apenas si alcanzamos a distinguir entre 200 y 10 estrellas, según se viva más o menos cerca del centro urbano. Un estudio de Global at nigt indica que el 99 % de la población estadounidense y europea y los dos tercios de la población mundial viven bajo un cielo fotocontaminado. Más inquietante aún: el 93 % de los habitantes de Estados Unidos, el 90 % de los europeos y el 40 % de la población mundial, viven en un permanente y artificial claro de luna. Pero más inquietante aún: el 80 % de los estadounidenses, el 70 % de los europeos y más de un cuarto de la población mundial, viven en un falso plenilunio ininterrumpido. Para ellos –para nosotros– nunca llega a hacerse realmente de noche, de manera que hemos perdido la posibilidad de ver la Vía Láctea; es decir, la galaxia en la que habitamos y que nos permite orientarnos en el cosmos. Nuestros cielos son tapas o valvas que ocultan el firmamento. Como moluscos, estamos encerrados dentro.
¿Es muy grave esta pérdida? En uno de sus más famosos poemas de amor, Neruda escribió: «La noche está estrellada y tiritan, azules, los astros a lo lejos.» Al final de una de sus más famosas obras, el filósofo Kant escribió: «Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes, cuanto con más frecuencia y aplicación se ocupa de ellas la reflexión: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral en mí.» Y en uno de los pasajes de una de sus más famosas novelas, Joseph Conrad escribió: «Era una de esas noches claras, estrelladas, cubiertas de rocío, que oprimen el espíritu y aplastan nuestro orgullo con la brillante prueba de la terrible soledad, de la oscura insignificancia desesperada de nuestro planeta.»
¿Y qué? ¿Es tan grave no poder escribir ya frases como esta? ¿Habrá que conservar las estrellas por cursi elitismo literario? No. Fueron necesarios millones de años de evolución para que una criatura viva se irguiese sobre sus pies, rellenase su casco craneal y levantase sus ojos hacia las estrellas. Desde allí se vio, desde allí se conoció, desde allí interiorizó sus límites: mediante ese gesto de alzar la cabeza hacia el cielo para compararse con él, un animal –y sólo ese– se hizo humano. El amor, la moral, la razón, la conciencia de la mortalidad –que es de lo que hablan Neruda, Kant y Conrad cuando evocan las estrellas– son inseparables de esa transformación. Y la contaminación lumínica, por tanto, tiene el efecto de un retroceso catastrófico en la evolución filogenética de la Humanidad. En un tiempo estuvimos encerrados en valvas, escamas, plumas, pieles, sin ninguna salida a la luz; hoy estamos encerrados precisamente en nuestra luz, de la que no podemos salir hacia las estrellas.
Es imperativo desintoxicarse de la luz eléctrica, reacostumbrarse a la belleza de las sombras, recuperar el misterio y profundidad de la razón. Sí, me voy a atrever a hacer una apología del apagón: del apagón controlado, relativo, igualitario, liberador, humanizador. De ese apagón que embridará los vatios y desnudará los astros, velados por un puritano exceso de luz. De ese apagón que apagará Dubai y Nueva York y encenderá la Osa Mayor. De ese apagón, en fin, del que depende, en materia y en espíritu, la posibilidad misma de formar parte de la Humanidad.
¿Es apagón? ¿O es revolución?

jueves, 21 de enero de 2010

El original y la copia.

En otros textos he hablado de la indeferenciacion de las propuestas de gobierno de los candidatos presidenciales de la izquierda y de la derecha en Chile, a partir de comentarios hechos por observadores de derecha: Vargas Llosa y Montaner. En esta ocasion, presento un analisis desde la izquierda que coincide en la apreciacion.
Atilio A. Boron
Para la Concertación el triunfo de la derecha (en realidad, de su variante más virulenta: la pinochetista) en las elecciones presidenciales chilenas podría considerarse como un ejemplo más de una “crónica de una muerte anunciada.” La progresiva asimilación del legado ideológico de la dictadura militar por los principales cuadros de la alianza democristiana-socialista hizo que la diferenciación entre la Concertación y los herederos políticos del régimen militar: Renovación Nacional (su ala “moderada”, si es que un “pinochetismo moderado” puede ser otra cosa que un oxímoron) y la Unión Demócrata Independiente, sus batallones más cavernícolas, fuera desvaneciéndose hasta tornarse imperceptibles para el electorado. Fernando Henrique Cardoso -mejor sociólogo que presidente- gustaba repetir a sus alumnos que “a la larga, los pueblos siempre van a preferir el original a la copia.” Y tenía razón. En este caso, el original era el pinochetismo y su heredero: Sebastián Piñera; la Concertación y su inverosímil candidato, la copia.
¿Constituye esto una injusta exageración? Para nada. Oigamos lo que decía Alejandro Foxley, quien entre 1990 y 1994 se desempeñó como Ministro de Hacienda del gobierno de Patricio Aylwin, ni bien inaugurada la “transición democrática”. En ese cargo Foxley se esmeró en preservar y profundizar el rumbo económico impreso por la dictadura. Senador por la Democracia Cristiana entre 1998 y 2006 y Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Michelle Bachelet entre el 2006 y el 2009, toda su actuación pública estuvo marcada por una incondicional sumisión a las orientaciones establecidas por Washington y sus representantes locales en Chile.
Este altísimo personero de la Concertación declaraba en Mayo de 2000 que “Pinochet realizó una transformación, sobre todo en la economía chilena, la más importante que ha habido en este siglo. Tuvo el mérito de anticiparse al proceso de globalización... Hay que reconocer su capacidad visionaria (para) abrir la economía al mundo, descentralizar, desregular, etc. Es una contribución histórica que va perdurar por muchas décadas en Chile... Además, ha pasado el test de lo que significa hacer historia, pues terminó cambiando el modo de vida de todos los chilenos para bien, no para mal. Eso es lo que yo creo, y eso sitúa a Pinochet en la historia de Chile en un alto lugar” [1]. ¡Pinochet visionario, Pinochet creador del Chile moderno, Pinochet cambiando a Chile, para bien! Los horrores del pinochetismo con su secuela de miles de muertos, desaparecidos, torturados, asesinados, las libertades conculcadas, el terrorismo de Estado y la violación sistemática de los derechos humanos: todo es mañosamente invisibilizado en la sofistería del tecnócrata “progresista”.
Con dirigencias que sostenían un discurso como éste (que muchos compartían si bien pocos se atrevían a manifestar con tanto descaro) y con políticos que, en muchos casos, fueron abiertamente golpistas y facilitadores del zarpazo que perpetraría Pinochet en 1973 (cosa que algunos parecen haber olvidado), ¿podía la Concertación ser creíble como una alternativa superadora del pinochetismo? En realidad, lo que habría que encontrar es la razón por la cual la ciudadanía chilena no se decidió mucho antes a sustituir la copia por el original.
Pero la continuidad entre el pinochetismo y sus sucesores “democráticos” no se verifica sólo en la admiración, abierta o vergonzante, por la obra y el legado histórico de Pinochet. También se demuestra en las políticas económicas “pro mercado” y “pro inversión” (y, por lo tanto, “antijusticia y antiequidad”) implementadas por la Concertación a lo largo de dos décadas y en el supersticioso respeto por la Constitución de 1980, una obra maestra del autoritarismo y formidable barrera contra cualquier pretensión seria de democratizar la vida política chilena. En sus treinta años de vida ese cuerpo constitucional sólo experimentó reformas marginales, la más importante de las cuales fue la reducción del mandato presidencial a cuatro años y la imposibilidad de una inmediata reelección. Pero la camisa de fuerza que esclerotizó un sistema partidario que en las elecciones del pasado domingo terminó de morir, el régimen binominal, permaneció incólume al igual que las escandalosas prerrogativas de unas fuerzas armadas que, aún hoy, distan mucho de estar supeditadas al poder civil [2]. Esa Constitución hace que Chile incurra en un exorbitante gasto militar, varias veces superior, por ejemplo, al de Venezuela, cuya cuantía desvela los sueños de la Secretaria de Estado Hillary Clinton.
Con el triunfo de Piñera el sistema partidario urdido por el régimen pinochetista fue herido de muerte. La implosión de la Concertación parece ser su destino inexorable, y con ello el fin de su espurio bipartidismo. Una parte importante de la democracia cristiana se acercará al nuevo gobierno mientras que otro sector procurará encontrar un difícil y poco promisorio camino propio. No muy diferentes son las perspectivas que enfrenta el socialismo chileno, escindido entre un sector mayoritario que se adhirió sin reservas al neoliberalismo y otro, muy minoritario, que aún conserva una cierta fidelidad al noble legado de Salvador Allende, que debe de estar revolcándose en su tumba al ver lo que hicieron sus supuestos herederos políticos. El futuro del PS no parece muy distinto del que tuvo en su momento el Partido Radical chileno, poderoso en los años treinta y cuarenta para luego languidecer hasta su completa irrelevancia. Veinte años de gobiernos “progresistas” no fueron suficientes para consolidar un bloque histórico alternativo, pero lograron unificar a una derecha que ahora se enseñorea de la vida política del país, completando exitosamente un tránsito desde el predominio económico-financiero -fomentado por las políticas económicas de sus predecesores en La Moneda- hacia la preeminencia política.
La supremacía derechista se verá facilitada por la descomposición del polo del “centro izquierda” y su atomización en varios partidos, ninguno de los cuales, al menos hoy, tendría condiciones de desafiar la hegemonía de la derecha. Queda por ver de qué forma reaccionará el heterogéneo espacio político que se encolumnó tras la candidatura de Marco Enríquez Ominami, cuyo desempeño en la primera vuelta electoral barrió con todos los pronósticos alcanzando un notable 21 por ciento de los votos, principalmente de los jóvenes. Un dato nada menor que habla con elocuencia de la frustración ciudadana es el desinterés por la política de los jóvenes: se calcula que unos tres millones y medio de ellos no se registraron para votar, desalentados por la despolitización que la Concertación promovía en la gestión de los asuntos públicos. De haberlo hecho, los resultados del pasado domingo bien podrían haber sido diferentes, pero esto ya es un ejercicio contrafactual que no viene al caso proseguir aquí. A guisa de ejemplo: en el rico distrito de Las Condes se registró para votar algo más del cincuenta por ciento de los jóvenes entre 18 y 19 años. En cambio, en la comuna obrera de La Pintana sólo 300 de los más de 8.000 jóvenes que allí viven hicieron lo propio, es decir, poco más del 3 por ciento. En resumen: Chile tiene un electorado envejecido, cada vez más conservador, con pocos jóvenes que, además, sobrerepresentan a los sectores más acomodados de la sociedad chilena [3].
La derrota de la Concertación pone de manifiesto los límites del llamado “progresismo”, una suerte de tercera vía que habiendo fracasado estruendosamente en Europa –sobre todo en el Reino Unido y Alemania- procuró, sin éxito, tener mejor suerte en América Latina. Lo que caracteriza a los gobiernos de ese signo político es su incondicional sometimiento a las fuerzas del mercado y la debilidad de su vocación reformista, carente de la osadía necesaria para traspasar las fronteras trazadas por el capitalismo neoliberal. Una de las claves para entender las desventuras electorales del centro izquierda en esta parte del mundo la ofrece la dispar fortuna que la separa de los gobiernos que emprendieron con decisión el camino de las reformas -sociales, económicas e institucionales- como Venezuela, Bolivia y Ecuador. Mientras que éstos parecen ser máquinas imparables de ganar elecciones por cifras abrumadoras, en Chile el progresismo ha sido derrotado al paso que en la Argentina y Brasil se enfrenta a la eventualidad de ser desalojado del poder en los próximos recambios presidenciales. Conclusión: si un gobierno quiere ser ratificado en las urnas el camino más seguro es avanzar sin dilaciones ni titubeos por el camino de las reformas y, de ese modo, cristalizar una base social de apoyo popular que le permita triunfar en las contiendas electorales. Quienes no estén dispuestos a seguir este curso de acción pavimentan con su claudicación el camino para la restauración de la derecha.
Una última consideración: la derrota de la Concertación gravitará y mucho en el escenario sudamericano. Las cosas se pondrán más difíciles para los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba; la ampliación del MERCOSUR con la plena incorporación de Venezuela sufrirá renovados tropiezos, si bien no de manera directa puesto que Chile no es miembro pleno de ese acuerdo; y con el triunfo de Piñera el bloque derechista controla, con la honrosa excepción del Ecuador, todo el flanco del Pacífico latinoamericano. Además, el “efecto demostración” del desenlace electoral chileno podría llegar a ejercer un cierto (y negativo) influjo sobre las elecciones presidenciales de octubre de 2010 en Brasil y las que tendrán lugar el año siguiente en Argentina, en ambos casos dando pábulos a los candidatos de la derecha.
Por otra parte, la belicista contraofensiva imperial de Estados Unidos (Cuarta Flota, bases militares en Colombia, golpe en Honduras, reconocimiento de las fraudulentas elecciones de ese país, etcétera) contará a partir de marzo con un nuevo aliado, liberado de cualquier compromiso, aunque sea retórico, con el proyecto emancipatorio latinoamericano. Hay que recordar que aún bajo los gobiernos “progres” de la Concertación el papel que éstos desempeñaron fue siempre el de un operador privilegiado de Washington en América del Sur . En la Cumbre de Mar del Plata que culminó con el naufragio del ALCA las voces cantantes a favor de ese acuerdo fueron las de Ricardo Lagos y Vicente Fox, bajo la complacida mirada de George W. Bush. Ahora esa tendencia “aislacionista” -y, en el fondo, antilatinoamericana- se acentuará aún más, revirtiendo una profunda vocación latinoamericana que Chile supo tener y que bajo la presidencia de Salvador Allende llegó a su apogeo. Pero ese país ha cambiado, “para bien” como lo recordaba el ex Canciller de la Concertación y hoy es el verdadero campeón del neoliberalismo, título ganado entre otras cosas mediante la firma de tratados bilaterales de libre comercio que regulan sus relaciones económicas con más de 70 países.
Desde la época de la dictadura militar el desdén de La Moneda por América Latina ha sido proverbial y continúa hasta el día de hoy. Una muestra rotunda de este desinterés la brinda el hecho de que Chile prefiere importar petróleo desde Nigeria antes que hacerlo desde Venezuela o llegar a un acuerdo con Bolivia. Hace apenas un par de días Sebastián Edwards, uno de los publicistas del neoliberalismo latinoamericano y seguramente futuro consultor del nuevo gobierno, ratificaba la vigencia de la doctrina pinochetista diciendo que “económicamente nuestro futuro está en el mundo y no en América Latina. Debemos dejar de compararnos con nuestros vecinos. América Latina es nuestra geografía; nuestras aspiraciones deben ser llegar a ser como los países de la OCDE” [4]. Por eso los necesarios procesos de integración supranacional actualmente en marcha en América Latina -desde el MERCOSUR hasta la UNASUR, pasando por el Banco del Sur y otras iniciativas semejantes que el imperio invariablemente se ha esmerado en postergar o desbaratar- no habrán de cobrar nuevos bríos con Piñera instalado en La Moneda.
Con Frei las cosas no hubieran sido muy diferentes, pero al menos éste tenía un vago compromiso con el electorado que en el caso de su contendiente no existe. Lo que hay detrás de Piñera, en cambio, es la rabiosa gritería de sus partidarios celebrando la victoria de su candidato con imágenes y bustos de Pinochet y cánticos exhortando a acabar de una buena vez con los “comunistas” infiltrados en el gobierno de la Concertación. Nada nuevo bajo el sol. La década no podía haber comenzado peor. Más que nunca en tiempos como estos adquiere vigencia, para quienes quieren cambiar un mundo que se ha vuelto insoportable y no solo insostenible, aquel sabio consejo de Gramsci: “pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”.
[1] Cf. Cosas, 5 de Mayo del 2000. Reproducido en Marcos Roitman Rosenmann, Pensar América Latina. El Desarrollo de la sociología latinoamericana (Buenos Aires : CLACSO, 2008)
[2] Sobre el carácter eternamente inconcluso de las transiciones democráticas en América Latina remitimos al lector a nuestro Aristóteles en Macondo. Notas sobre el fetichismo democrático en América Latina (Córdoba: Ediciones Espartaco, 2009)
[3] Ver “ El espejismo del voto voluntario”, que Qué pasa?, http://www.quepasa.cl/articulo/19_1944_9_2.html
En ese mismo reporte se consigna que “los investigadores chilenos Alejandro Corvalán y Paulo Cox concluyen que la proporción de jóvenes chilenos del quintil más pobre, entre 18 y 19 años, que se inscribe en los registros electorales, es la mitad de la que lo hace en el quintil más rico.”
[4] Cf. El Mercurio, Martes 19 de Enero de 2010, p. B-14.

domingo, 17 de enero de 2010

Fidel: Haití pone a prueba el espíritu de cooperación.

Nuestro personal está en disposición de cooperar y unir sus fuerzas con todos los especialistas de la salud que han sido enviados para salvar vidas en ese pueblo hermano. Haití podría convertirse en un ejemplo de lo que la humanidad puede hacer por sí misma. La posibilidad y los medios existen, pero la voluntad falta.(...)
En Haití se pondrá a prueba cuánto puede durar el espíritu de cooperación, antes de que el egoísmo, el chovinismo, los intereses mezquinos y el desprecio por otras naciones prevalezcan. (...)
Un cambio climático amenaza a toda la humanidad. El terremoto de Puerto Príncipe, apenas tres semanas después, nos está recordando a todos cuán egoístas y autosuficientes nos comportamos en Copenhague.
VER TEXTO COMPLETO.

Televisión estatal española asume posición racista e imperialista ante crisis haitiana.

E. U. G.
Ayer vi y escuché con indignación un reportaje de TVE --emisora oficialista, del Estado español--, relacionado con los más recientes sucesos naturales que se han producido en Haití. El recuento manipulador de la historia haitiana, arrancaba con la afirmación de que el terremoto había sido la "puntilla final" a la existencia de un "estado fallido". "Un país que fue la colonia más rica de América", decía con cinismo el locutor, y el primer país independiente de la región, "que tiene en el vodú su religión oficial", ha fracasado. El reportaje se refiere a la inestabilidad política de Haití, a la corrupción de sus dirigentes, a los veinte años de dictadura de los Duvalier --"el oficiante del vodú (Francois) Duvalier", dice sin recordar el apoyo que recibió del Vaticano (¿por qué no suele decirse, por ejemplo, "el oficiante del catolicismo Augusto Pinochet"?)--, a la victoria electoral de Aristide, nuevamente derrocado por un golpe de estado y repuesto "por un contingente de la ONU liderado por Estados Unidos". El reportaje no menciona el apoyo material y político que los dictadores y los golpes de estado recibieron del gobierno estadounidense. Habla con descaro de una contribución de Occidente a lo largo de toda la historia del estado haitiano, entregada a "organizaciones privadas". Menciona como hecho destacable --y no vergonzoso--, que los Clinton pasaran su luna de miel en Haití, no en las condiciones en que viven los haitianos por supuesto. Todo el discurso racista e imperialista de la televisión estatal española tenía un objetivo explícito: dado que Haití es un país que "no tiene gobierno", "el papel de Estados Unidos es fundamental"; dado que Estados Unidos ha realizado varias intervenciones militares en ese país --afirma siguiendo una lógica absurda--, "tiene cierta autoridad moral" para reestablecer el orden con sus fuerzas militares y para coordinar la distribución de la ayuda internacional. En el reportaje no aparecen los cientos de médicos cubanos, los que ya estaban en Haití antes del terremoto, y los que llegaron después. El sentimiento racista y vengativo hacia un pueblo que expulsó a los conquistadores hace más de doscientos años, se revela en un reportaje y en una posición política cínica y soberbia.

jueves, 14 de enero de 2010

Telegrama histórico.

El amigo Raúl Taladrid me envió un histórico telegrama remitido por la Embajada de Estados Unidos en La Habana al Departamento de Estado el 2 de diciembre de 1958 .
En este documento se pone de manifiesto el apoyo de Estados Unidos a Batista y a sus seguidores, excluyendo siempre de ese apoyo a los revolucionarios (Dr. Nestor García Iturbe).
Cuba-L Analysis (Albuquerque) - History Document: Telegram from
the US Embassy in Cuba, Dec 2, 1958

[Dear reader, for the sake of historical memory, Cuba-L is initiating aseries providing significant documents that might be useful to consider. Theintent is to provide information that offer historical tools to furthercomprehend Cuban hsitory since 1959, something that is often missing.
Telegram From the Embassy in Cuba to the Department of State [1]
Havana, December 2,1958-6 p.m.
Today at meeting members of my consultative group from
local American community (see despatch 880, April 282) question of
US policy toward Cuba came up for discussion.
Consensus of views expressed by American business
men follows:

1. Cuban situation deteriorating very rapidly. Unless strongly supported by
US, Batista cannot last until February 24, and maybe not beyond January 1.
Even with such support, it doubtful he could hold out to end of his term.

2. Castro movement is Communist-inspired and dominated.
(Unanimous agreement but no new evidence produced; Potts said arecent 26 July Movement statement extraordinarily similar to statementissued by Arbenz government in Guatemala, where Potts was ESSO manager at the time.)

3. Triumph of Castro movement will be followed by bloodshedthat will dwarf bloody aftermath of Machado's overthrow. US, in owninterests and those of Cubans in general, who look to US for help,should not stand by silently and let this occur.

4. Since inconceivable that US assist Castro and since probablytoo late to help Batista, US should promote and give full and actualsupport including arms toa military civilian junta. Group generally feltjunta would be more likely to enlist wide popular support and wouldweaken Castro, if it ineuded some of best elements of present GOC, ofpolitical opposition, and of civic groups now supporting Castro. Batistashould have no role in government.1 Source: Department of State, Central FIles, 737.00/12-258. Secret;Priority.

miércoles, 13 de enero de 2010

Por Haití, tierra de libertadores.

En esa franja de tierra castigada, viven los primeros libertadores de América. Los que rechazaron la libertad de los esclavos en su territorio como "concesión" de Napoleón, porque exigían la aceptación del principio de que todo hombre --fuese del color que fuese--, es libre. Los que partieron con Bolivar hacia tierras venezolanas cuando el Libertador se quedó solo. Los que nunca fueron reconocidos por los poderosos, que no perdonaban la fundación de una (la primera) República de negros. Los que fueron reales y maravillosos antes que Carpentier lo narrara. Los hermanos del vodu, tan parecido a la santería. Ahora que la furia de la naturaleza vuelve a castigarlos, como si no bastara, no olvidemos que la independencia latinoamericana empezó allí. Que estamos en deuda con ellos.
PRESIDENTE DE HAITI: PUEDEN SER CIENTOS DE MILES DE MUERTOS.

domingo, 10 de enero de 2010

Otras fotos de la marcha el domingo en Berlín.







Marcha en Berlín en recordación de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.



¿Es posible recorrer varios kilómetros a pie en Berlín, con un frío intenso de cinco grados bajo cero, y una pertinaz nevada, sin poder sacar las manos del bolsillo, sin poder mirar alrededor, y sentir, no obstante, la respiración compartida, el alma compartida, de miles de alemanes y de cientos de invitados extranjeros?, ¿sentir que el canto que se inicia como un susurro inesperado y creciente de la Internacional, pasa de boca en boca como una bocanada de esperanza?, ¿es posible descubrir en este Berlín invernal que otros llevan la bandera cubana como abrigo, como amuleto revolucionario y tropezar con la voz de Carlos Puebla diciendo Che comandante, amigo? El 15 de enero de 1919 fueron asesinados Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht. Hoy fuimos hasta sus tumbas en el llamado cementerio de los socialistas, para depositar gladiolos rojos. Un hombre que paseaba a sus perros y una señora que venía de hacer sus compras domésticas, se detuvieron a mirar la marcha. Y de repente descubrí por el movimiento de sus labios, que cantaban para sí, con nosotros, pero al margen de nosotros, la Internacional.
NOTA: Más adelante pondré otras fotos.

sábado, 9 de enero de 2010

La izquierda alemana debate sobre América Latina.

Interesante explicación sobre los acontecimientos que determinaron el golpe de estado y sobre la situación actual de su país por la diputada hondureña Silvia Ayala. Me habían pedido que hablara del ALBA como nuevo sistema regional de integración no sustentado en el comercio y la libre inversión, sino en el combate a la pobreza y a la exclusión social. Un sistema alternativo al que propone, zanahoria en mano, Estados Unidos. Quise hablar primero sobre el origen moderno (capitalista) de América Latina y de la necesaria imbricación histórica que tuvo entre nosotros la búsqueda de la independencia con la búsqueda de un modelo alternativo de Modernidad. No dejé de pedir la solidaridad de todos por los cinco compatriotas presos en Estados Unidos por defender la vida. Por la tarde, conversación telefónica en directo --amplificada la voz por el audio--, con Mumia Abu-Jamal. Mañana desfile masivo de la izquierda alemana --de todas las tendencias--, y de los numerosos invitados extranjeros, hasta la tumba de Rosa Luxemburgo. Pondré fotos.

viernes, 8 de enero de 2010

En Berlín: Conferencia Internacional Rosa Luxemburgo.

Mañana sábado, con un frío de cinco grados bajo cero, dará inicio en la Sala de Eventos Urania de Berlín, la XV Conferencia Internacional Rosa Luxemburgo. En la mesa inaugural estarán:
-- Silvia Ayala, diputada de Honduras,
-- Pierre Levy, profesor de la Universidad de Ottawa, Canadá. Especialista en el campo de la "cibercultura";
-- Erika Baum, luchadora antifascista, Alemania;
-- Enrique Ubieta Gómez, director de La Calle del Medio, Cuba;
-- Robert R. Bryan, abogado defensor de Mumia Abu-Jamal, Estados Unidos;
-- Michel Chossudovsky, economista, profesor de la Universidad de Ottawa, Canadá.

miércoles, 6 de enero de 2010

A terrorism designation Cuba doesn't deserve.

Eugene Robinson The Washington Post
Versión en español del artículo publicado este martes 5 de enero de 2010 por The Washington Post
Bajo las nuevas reglas provocadas por el fallido ataque terrorista del Día de Navidad, pasajeros de líneas aéreas que llegan a los Estados Unidos procedentes de 14 países serán sometidos a un examen adicional: Afganistán, Argelia, Cuba, Irán, Iraq, Líbano, Libia, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudita, Somalia, Sudán, Siria y Yemen. Para esta primera prueba de la nueva década, ¿cuál país no encaja con los demás?La respuesta obvia es Cuba, que representa una amenaza de terrorismo igual a cero. Cuba no es un Estado fracasado, donde se encuentran franjas de territorio fuera del control del gobierno, sino que es una de las sociedades más duramente bloqueadas del mundo, un lugar donde la idea de que un ciudadano pueda conseguir y llevar en sus manos explosivos plásticos, armas o aditamentos terroristas de cualquier tipo, es simplemente ridícula.No hay historia de un Islam radical en Cuba. De hecho, apenas hay historia del Islam en absoluto… La isla está entre los últimos lugares en la Tierra donde Al Qaida trataría de establecer una célula, y mucho menos planificar y lanzar un ataque terrorista. Sin embargo, Cuba está en la lista porque el Departamento de Estado aún considera que es -junto con Irán, Siria y Sudán- un estado patrocinador del terrorismo.¿Es esto serio? ¿No pesa que la Sección de Intereses de EEUU en La Habana es uno de los pocos puestos diplomáticos norteamericanos en el mundo abierto a la actividad normal, sin el aumento aparente de medidas de seguridad desde los días de los ataques terroristas del 11 de septiembre 2001?La administración de Obama ha protagonizado movidas admirables para alinear la política exterior de EEUU hacia una mejor correspondencia con la realidad objetiva. Pero el movimiento hacia Cuba ha sido provisional y vacilante, en el mejor de los casos.El mes pasado, el corresponsal del New York Times Tim Golden asistió a una conversación a la hora del almuerzo - y a un miniconcierto- en Washington, con Carlos Varela, un cantautor que a menudo se le ha llamado el Bob Dylan de Cuba. El evento, patrocinado por la New America Foundation’s U.S.-Cuba Policy Initiative y el Center for Democracy in the Americas, fue notable por un hecho que podría ser el preámbulo para muchos cubanos: el viaje anterior de Varela a Estados Unidos fue en 1998. Quería venir de nuevo en el 2004, pero el gobierno de EE.UU. le negó la visa.La administración de George W. Bush adoptó una política de línea dura que negaba visados a la mayoría de los artistas cubanos, entre ellos algunos que estaban tratando de venir porque habían sido nominados para los Premios Grammy. El hecho de que Varela obtuvo una visa ahora parecía indicar un deshielo parcial, pero aún no ha sido un retorno completo al estatus quo pre-Bush, cuando la cuestión que preocupaba era si los músicos cubanos podían venir con permiso del gobierno de Fidel Castro, no si el gobierno de los EE.UU. los dejaba entrarEn mayo, la administración de Obama le negó la visa al mundialmente famoso cantautor cubano Silvio Rodríguez, quien había sido invitado a un concierto en Nueva York para el 90 cumpleaños del legendario Pete Seeger. Supongo que es posible establecer una distinción: Rodríguez es conocido como un verdadero creyente en el sistema comunista que Fidel Castro ha instalado, mientras que Varela, sin criticar explícitamente el gobierno, utiliza matices y metáforas para expresar la impaciencia de la juventud cubana . ¿Pero desde cuándo Estados Unidos tiene miedo a la exposición de la ideología de la competencia?La administración de Obama ha avanzado lentamente en la dirección correcta. En abril pasado, el Presidente levantó las restricciones sobre la frecuencia con que los cubanos estadounidenses pueden visitar a sus familiares en la isla y la cantidad de dinero que pueden enviar a los miembros de su familia. Básicamente inalteradas, sin embargo, están los principales pilares de una lastre de medio siglo de la política hacia Cuba: la prohibición que mantiene para casi todos los demás estadounidenses, que no pueden viajar a Cuba, y el embargo comercial que prohíbe a las compañías de EE.UU. realizar negocios allí.Por supuesto, el Presidente ya tiene bastante en su plato. Él puede estar reacio a introducir otra variable. No es difícil imaginar que un senador o un grupo de miembros de la Cámara celebrarán, por ejemplo, mantener como rehén la reforma de Salud si se produce un cambio de la política hacia Cuba.Pero es difícil para mí creer que Obama no ve cuán loca es en realidad nuestra política actual. Tiene que cambiar y puede empezar por dejar de pretender que busca terroristas de Al Qaeda en vuelos procedentes de Cuba, lo cual no es otra cosa que una gran pérdida de tiempo.