sábado, 7 de diciembre de 2013

La CIA contribuyó al arresto de Mandela en 1962

(Prensa Latina - Tomado de Cubasí) El sitio en Internet WikiLeaks divulgó hoy un artículo publicado en 1990 por el diario estadounidense The New York Times, el cual revelaba entonces la participación de la CIA en el arresto del líder sudafricano Nelson Mandela.
Mandela, quien falleció ayer a los 95 años en Johannesburgo, fue blanco de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), señaló el material de archivo que reseña cómo un alto oficial de esa dependencia notificó la noticia de su detención en agosto de 1962.
De acuerdo con el texto, mediante un agente infiltrado en el Congreso Nacional Africano, la agencia ayudó a los servicios de inteligencia sudafricanos a detener a Mandela.
Un exfuncionario sudafricano, Gerard Ludi, relató que el oficial CIA entró en su oficina y le dijo que habían entregado a Mandela al departamento de Seguridad de Sudáfrica.
"Les dimos todos los detalles incluyendo la ropa que llevaría, la hora y el lugar dónde estaría (Mandela)", le informaron a Ludi.
El 5 de agosto de 1962, después de un almuerzo en la clandestinidad con otros activistas en Durban, Mandela, quien entonces iba vestido de chofer, fue reconocido y arrestado, y liberado después de 27 años, en febrero de 1990, gracias a la presión internacional.
La muerte del primer presidente negro de Sudáfrica, Premio Nobel de la Paz (1993) y héroe de las luchas antiapartheid ha despertado expresiones de solidaridad entre gobiernos, pueblos, sectores intelectuales y civiles en todo el mundo.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Cuba: derechos culturales

El Brigadista, obra de Servando Cabrera Moreno
Enrique Ubieta Gómez
La Jiribilla
Mi generación, la que nació en el límite de las dos épocas, en el instante del parto histórico, muy poco antes y mucho después, la que se multiplicó por el deseo y la confianza de las madres que entonces decidieron emular a la Historia en eso de parir, de crear, fue hija de los libros. Alguien debiera anotarlo: las Revoluciones, todas, sienten una vocación pedagógica. Lenin se refería al hecho de que los pueblos, en época de grandes transformaciones, aprenden en semanas, en días, lo que en épocas normales llegan a entender en décadas, en siglos. Pero nunca es suficiente. Las Revoluciones necesitan del saber, nacen hambrientas de saber. Fidel lo expresó de forma clara: “les pido que lean, no que crean”.
Para que las llamadas masas pudieran leer, en Rusia, en China, en Cuba, en Nicaragua, en Venezuela, las Revoluciones alfabetizaron al pueblo. Alfabetizar no significa aprender a deletrear y a escribir el nombre propio. Significa transformar a los hombres y mujeres, de simples objetos, en sujetos. Significa hacerlos partícipes, protagonistas de sus vidas. La pasión por el saber, por entender, por transformar y comprometer la vida humana en decisiones personales, colectivas pero personales, como la de aquella mujer del filme de Fernando Pérez (“Madagascar”) que se buscaba en una foto aérea de la Plaza donde se aglomeraba un millón de personas, una foto que hacía que los rostros fuesen indescifrables, que simularan ser una “masa” informe, y que sin embargo, era un canto a la individualidad: todos los “retratados” se asumían como protagonistas únicos.
La mujer del filme se buscaba absurdamente porque siempre se sintió protagonista, porque no concebía que su rostro no se distinguiera. Porque ella, entre todos, era ella, como nunca antes lo había sido. Qué difícil es explicarle esto a los que nunca han vivido una Revolución, o a los que se distanciaron de ella. Al capitalismo no le interesa que las masas se transformen en colectivos de individuos. Porque no le interesa el individuo, aunque su retórica doctrinal lo enarbole como excusa.
Si me preguntan qué aporta el socialismo a los derechos culturales del ciudadano, tendría que decir algo en apariencia sencillo: la posibilidad de que se encuentre a sí mismo. Por eso los dos actos que simbolizan a la Revolución, que establecen los puntos cardinales de su cruzada cultural, son de una parte la alfabetización, y de la otra, la edición millonaria de la obra cumbre de las letras hispánicas: Don Quijote, el primer libro publicado por el Gobierno revolucionario. Los hombres y mujeres de la Patria libre, los recién alfabetizados, eran simultáneamente invitados a traspasar el lindero de la llamada “alta” cultura. Se les pedía que fuesen Quijotes y que pelearan contra sus propios molinos. Contra todos los molinos.
Por eso, también, una de las primeras medidas adoptadas por la Revolución, fue la creación del ICAIC, del cine libre, del cine comprometido. Y una de las escenas más conmovedoras la registró ese cine de sí mismo en sus primeros pasos: la reacción de los vecinos de un pueblo de la montaña frente a una pantalla ambulante; las risas, los asombros, los suspiros de unos espectadores vírgenes, que se descubrían en la pantalla, porque si empezaban a ser protagonistas de sus vidas, lo serían también de aquellas imágenes en movimiento. Y muchos niños huérfanos, deslumbrados, danzaban en las escuelas de ballet, y se transformaban en estrellas rutilantes de un firmamento que había estado vedado para ellos apenas unos años antes, mientras una generación de guajiros se convertía en la nueva vanguardia de las artes plásticas.
La isla de Utopía era una fábrica de bailarines clásicos y de peloteros. Y los actores se trasladaban a lugares como la Sierra del Escambray o la Ciénaga de Zapata, para fundar el teatro y los hombres del futuro. Entonces aparecieron los cantores rebeldes, simples Silvios y Pablos, en poses y melodías difíciles de descifrar, según los viejos códigos, que los guerrilleros y los estudiantes, y los rebeldes de toda la América nuestra hicieron suyos de inmediato y reivindicaron en la clandestinidad, y en las prisiones, y en la muerte. Nosotros, los hijos de los alfabetizados, los hermanos menores de los cantores primeros, fuimos sobre todo alumnos. Vestidos de azul, de carmelita, de verde, de blanco y azul, que sé yo, enfundados en todos los uniformes de la esperanza, discutíamos frente a los murales o a los carteles que los pintores de vanguardia dejaban como señales del tiempo en las escuelas, o conversábamos, sentados en el piso, con el líder de la Revolución latinoamericana, Fidel, simplemente Fidel.
Éramos hijos de los libros, digo, y a veces creo que la fortaleza era también la debilidad. Pero asistíamos a los actos y soñábamos, como recientemente confesara Silvio, con asaltar Moncadas, o pertenecer a “los comandos del silencio”, la aventura de la epopeya tupamara, con empuñar la adarga del libro iniciático de la Revolución, en la Moneda, o en Angola, o en la frontera de la Nicaragua sandinista, con ser Alberto Delgado, cará, o el David de “En silencio ha tenido que ser”, la serie de televisión. Días felices, días sin nada, más que la pura felicidad de vivir a conciencia, en los bordes de un mundo nuevo. Nuestro deber era estudiar, leer. Hasta que sobrevino el derrumbe de los países que nos acompañaban, o que parecían acompañarnos. Hasta que la neblina desdibujó el futuro. Y un largo paréntesis nos dejó a la deriva. Entonces comprendimos que la instrucción no se convertía de manera espontánea en cultura, que ser revolucionario no era un problema de conocimientos –aunque también presuponía un saber–, sino de ética.
Los valores de la época, los que la historia nos hacía compartir con los habitantes del planeta, adquirían un matiz trágico en el socialismo, pues la corrupción es sistémica en las sociedades que no se interesan por el origen del dinero, del tener, pero en el socialismo es antisistémica. El revolucionario no era el que más sabía, sino el más ético. La triste desconfianza, que nos hacía presuponer la doble moral del vecino, se alimentaba de una certidumbre: es la virtud la que nos hace revolucionarios. La virtud es un suceso cultural de la mayor importancia. Ser cultos –la única forma de ser libres–, es ser éticos.
Si me preguntaran cuál fue el mayor aporte de la Revolución a la cultura, diría que hacernos sujetos de la historia. Mis derechos culturales pasan por los libros que leo, por las obras de teatro, de ballet, o de cine que veo, por los deportes que practico o disfruto, por las preocupaciones, dudas y anhelos que me mueven, por mi capacidad para decidir lo que soy, lo que seré, más allá incluso de lo que tengo o pueda tener, y también, sobre todo, por mis sentimientos de solidaridad para con los otros, dondequiera que vivan. Mis derechos culturales se revelan en la utilidad que aporta mi vida. Eso es la Revolución.

Mandela y Fidel

Atilio A. Boron
La muerte de Nelson Mandela ha precipitado una catarata de interpretaciones sobre su vida y su obra, todas las cuales lo presentan como un apóstol del pacifismo y una especie de Madre Teresa de Sudáfrica. Se trata de una imagen esencial y premeditadamente equivocada, que soslaya que luego de la matanza de Sharpeville, en 1960, el Congreso Nacional Africano (CNA) y su líder, precisamente Mandela, adoptan la vía armada y el sabotaje a empresas y proyectos de importancia económica pero sin atentar contra vidas humanas. Mandela recorrió diversos países de África en busca de ayuda económica y militar para sostener esta nueva táctica de lucha. Cayó preso en 1962 y, poco después, se le condenó a cadena perpetua, que lo mantendría relegado en una cárcel de máxima seguridad, en una celda de dos por dos metros, durante 25 años, salvo los dos últimos años en los cuales la formidable presión internacional para lograr su liberación mejoraron las condiciones de su detención.
Mandela, por lo tanto, no fue un “adorador de la legalidad burguesa” sino un extraordinario líder político cuya estrategia y tácticas de lucha fueron variando según cambiaban las condiciones bajo las cuales libraba sus batallas. Se dice que fue el hombre que acabó con el odioso “apartheid” sudafricano, lo cual es una verdad a medias. La otra mitad del mérito le corresponde a Fidel y la Revolución Cubana, que con su intervención en la guerra civil de Angola selló la suerte de los racistas al derrotar a las tropas de Zaire (hoy, República Democrática del Congo), del ejército sudafricano y de dos ejércitos mercenariosangoleños organizados, armados y financiados por EEUU a través de la CIA. Gracias a su  heroica colaboración, en la cual una vez más se demostró el noble internacionalismo de la Revolución Cubana, se logró mantener la independencia de Angola, sentar las bases para la posterior emancipación de Namibia y disparar el tiro de gracia en contra del “apartheid”sudafricano. Por eso, enterado del resultado de la crucial batalla de Cuito Cuanavale, el 23 de Marzo de 1988, Mandela escribió desde la cárcel que el desenlace de lo que se dio en llamar “la Stalingrado africana” fue “el punto de inflexión para la liberación de nuestro continente, y de mi pueblo, del flagelo del `apartheid`.” La derrota de los racistas y sus mentores estadounidenses asestó un golpe mortal a la ocupación sudafricana de Namibia y precipitó el inicio de las negociaciones con el CNA que, a poco andar, terminarían por demoler al régimen racista sudafricano, obra mancomunada de aquellos dos gigantescos estadistas y revolucionarios. Años más tarde, en la Conferencia de Solidaridad Cubana-Sudafricana de 1995 Mandela diría que “los cubanos vinieron a nuestra región como doctores, maestros, soldados, expertos agrícolas, pero nunca como colonizadores. Compartieron las mismas trincheras en la lucha contra el colonialismo, subdesarrollo y el “apartheid”… Jamás olvidaremos este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo”.  Es un buen recordatorio para quienes ayer y todavía hoy hablan de la “invasión” cubana a Angola.
Cuba pagó un precio enorme por este noble acto de solidaridad internacional que, como lo recuerda Mandela, fue el punto de inflexión de la lucha contra el racismo en África. Entre 1975 y 1991 cerca de 450.000 hombres y mujeres de la islapararon por Angola jugándose en ello su vida. Poco más de 2600 la perdieron luchando para derrotar el régimen racista de Pretoria y sus aliados.La muerte de ese extraordinario líder que fue Nelson Mandela es una excelente ocasión para rendir homenaje a su lucha y, también, al heroísmo internacionalista de Fidel y la Revolución Cubana.

*Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini

Mensaje de Gerardo: ¡Gloria eterna al gran Nelson Mandela!

Después de varios días de permanecer Gerardo en lockdown pudo llamar casualmente en el momento de conocer la triste noticia del fallecimiento de Nelson Mandela y dedicó este breve mensaje con los pocos minutos de comunicación.
Mensaje del Héroe de la República de Cuba, Gerardo Hernández Nordelo por el fallecimiento de Nelson Mandela.
Quienes dedican ilimitados recursos a borrar y reescribir la historia, y lo tuvieron en sus listas de “peligrosos terroristas”, hoy sufrirán de amnesia colectiva.
Quienes lo agraviaron negándole un homenaje en la Ciudad de Miami, por abrazar a Fidel y agradecer la ayuda de Cuba a África, hoy tendrán que callar avergonzados.
Los Cinco seguiremos enfrentando cada día la injusta prisión -hasta el final- inspirados en su ejemplo de lealtad y resistencia.
¡Gloria eterna al gran Nelson Mandela!
Gerardo Hernández Nordelo
Prisión Federal de Victorville, California
Diciembre 5 de 2013

Mandela no ha muerto

Enrique Ubieta Gómez
Ha muerto Nelson Mandela a los 95 años de edad. Su fortaleza física permitió que viviera algo más de dos décadas en libertad, después de su excarcelación.  El gobierno racista fue apoyado durante muchos años por los principales estados imperialistas, pero la victoria cubano-angolana contra el ejército blanco sudafricano que intervenía en nombre de los intereses de aquellos estados, resquebrajó de manera definitiva sus posibilidades de permanencia. Por otra parte, el prestigio inmenso de este luchador, la lucha de su pueblo y el reclamo de las fuerzas progresistas de todo el mundo, hacían impostergable la solución de un conflicto verdaderamente anacrónico en las postrimerías del siglo XX. Formado como revolucionario, Mandela comprendió en la cárcel que debía anteponer a sus convicciones la eliminación inmediata del oprobioso régimen del apartheid. Para los opresores, sin duda, la apuesta pasaba por el reconocimiento al hombre indoblegable. Los mismos estados que apoyaron el apartheid y se hicieron los sordos ante su prolongado encarcelamiento, empezaron a ensalzar sus virtudes, a mostrar el afecto tardío de los oportunistas. La victoria del pueblo sudafricano frente a todos los poderes se consumó finalmente, y Mandela emergió como un Titán benevolente, que anteponía la paz y la convivencia, para la construcción de una nueva Sudáfrica. "Mientras salía por la puerta hacia la entrada que me conduciría hasta la libertad, sabía que si no dejaba mi amargura y mi odio atrás, todavía estaría en prisión", escribió. El premio Nobel de la Paz –absurdamente compartido con el representante de la opresión, cuya firma del acuerdo no era una dádiva sino una derrota, y cuyo nombre no será venerado como el de su oponente–, fue el primer presidente de la nueva Sudáfrica, y no olvidó a sus amigos. Ha muerto Mandela y ha nacido un nuevo mito. Walt Street, que conspiró para eternizar el apartheid, rinde hipócrita homenaje y El Nuevo Herald trata inútilmente de esconder el instintivo odio de clase que los adversarios de las revoluciones latinoamericanas sienten hacia su figura. Nuestra tarea, la de los pueblos, es no dejar que nos limen al guerrero, que lo endulcen hasta desvirtuarlo, que lo deshuesen o mercantilicen. Mandela es nuestro y lo defenderemos.

martes, 3 de diciembre de 2013

Declaración del MINREX de Cuba sobre Alan Gross

La directora general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Josefina Vidal Ferreiro
(AIN) El 3 de diciembre, medios de prensa de Estados Unidos informaron sobre la carta que 66 senadores norteamericanos, demócratas, republicanos e independientes, enviaron al presidente Barack Obama, en relación con el caso del ciudadano estadounidense Alan Gross, quien cumple sanción de privación de libertad en Cuba.
Los senadores instaron al Presidente a conferirle prioridad humanitaria a la liberación del Sr. Gross y dar cualquier paso que esté “en el interés nacional” de EE.UU., de manera expedita para lograr su excarcelación, manifestando que le brindarían su apoyo en la consecución de este objetivo.
Al respecto, la directora general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Josefina Vidal Ferreiro, emitió la declaración siguiente:
“El gobierno cubano reitera su disposición a establecer de inmediato un diálogo con el Gobierno de Estados Unidos para encontrar una solución al caso del Sr. Gross sobre bases recíprocas, que contemple las preocupaciones humanitarias de Cuba vinculadas al caso de los cuatro cubanos luchadores antiterroristas que están presos en EE.UU.
Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González, quienes forman parte del grupo de los Cinco, cumplen prolongada e injusta prisión por delitos que no cometieron y que nunca fueron probados. Su encarcelamiento tiene un alto costo humano para ellos y sus familiares. No han visto crecer a sus hijos, han perdido a madres, padres y hermanos, enfrentan problemas de salud y han estado separados de su familia y de su Patria por más de 15 años”.
La directora Josefina Vidal también se refirió al comunicado emitido por la Oficina del Vocero del Departamento de Estado el 2 de diciembre, en el cual insistió en la liberación inmediata e incondicional del Sr. Gross, argumentando que su encarcelamiento es injustificado, y recordó:
“El Sr. Alan Gross fue detenido, procesado y sancionado por violar las leyes cubanas, al implementar un programa financiado por el Gobierno de EE.UU., con el objetivo de desestabilizar el orden constitucional cubano, mediante el establecimiento de sistemas de comunicaciones ilegales y encubiertos, con tecnología no comercial. Estas acciones constituyen delitos graves que son severamente sancionados en la mayoría de los países, incluyendo EE.UU.
El Sr. Gross ha recibido un tratamiento decoroso y humano desde que fue arrestado.
Cuba comprende las preocupaciones humanitarias que concurren en el caso del Sr. Gross, pero considera que el Gobierno de EE.UU. tiene responsabilidad directa por su situación y la de su familia, y como tal, debe trabajar con el gobierno cubano en la búsqueda de una solución.
La Habana, 3 de diciembre de 2013   

Viva Cuba Libre. Proyecto comunitario en Las Tunas (FOTOS)

Texto y fotos: Enrique Ubieta Gómez
En la ciudad de Las Tunas existe un proyecto comunitario que respalda la labor del delegado de circunscripción. Cada sábado es seleccionado un barrio urbano, en las afueras de la capital provincial –los domingos es en un barrio rural–, y los pobladores lo engalanan con recursos propios, conciben actividades deportivas y culturales junto a los promotores habituales, movilizan a las entidades comercializadoras de la provincia para que oferten sus productos allí, y las mujeres creadoras de la Federación exponen los suyos. Pero también se confrontan las autoridades administrativas del Gobierno municipal con el delegado y sus electores, que repasan las demandas cumplidas y las por cumplir. Durante nuestra visita, presenciamos un hermoso guateque infantil, organizado por dos actores que trabajan con la comunidad. Había ternura y auntenticidad en las interpretaciones de los niños que son medio campesinos o medio urbanos. Serios o de miradas huidizas mientras interpretaban una tonada campesina o bailaban, en sus ojos destellaba de repente la picardía. Felices los hombres y las mujeres que son protagonistas de sus vidas, que pelean por cambiarlas para bien, sin perder las raíces.

Reencuentro de viejos amigos que siguen siendo jóvenes

En Las Tunas encontré, durante un evento científico de su Universidad Pedagógica, a tres ex compañeras de estudio de Kíev: Elenita, Marta y Lala (Eulalia). También a dos de mis ex compañeros de cátedra durante el primer año de mi vida laboral en Camagüey: Marcelo y Lopeteguis. Treinta y un años, y veintinueve años después, en cada caso, así nos vemos:

Paisajes y monumentos de Las Tunas (FOTOS)

Texto y fotos: Enrique Ubieta Gómez
Las Tunas era en la década del cincuenta del siglo pasado una región muy pobre. Del total de agricultores –el 66 por ciento de la población laboralmente activa se dedicaba a labores agrícolas–, el 67, 9 por ciento lo hacía de forma temporal y del total de asalariados agrícolas, el 98, 7 por ciento era contratado solo durante el período de zafra azucarera (Censo Agrícola de 1946). En 1959 Las Tunas solo contaba con 58 médicos, el 0, 009 por ciento de los existentes en el país, lo que significa que los tuneros apenas disponían de 1, 7 médicos por cada mil habitantes. No existían policlínicos ni hospitales rurales. Según el censo de población y viviendas de 1953: "De las 40 294 viviendas existentes en el territorio, el 58, 7 por ciento estaban construidas de yagua o madera y piso de tierra, el 26, 7 por ciento sin inodoro o letrina, el 82, 6 por ciento sin baño sanitario o sin ducha, el 64, 3 por ciento se alumbraban con luz brillante y el 74, 3 por ciento fueron evaluadas con las categorías de regular o mal (...) El analfabetismo de la población de seis a nueve años de edad alcanzaba el 82, 9 por ciento, la más alta de todo el país. Los iletrados, en la población de diez años y más, ascendían a 40, 3 por ciento" (datos tomados del libro: La lucha insurreccional en Las Tunas: 1952 - 1958). Estas fotos muestran algunas esquinas y paisajes de la ciudad y sus monumentos actuales: los dedicados al polémico Mayor General Vicente García, héroe de la región, en el parque y en la Plaza del mismo nombre, las dedicadas a Martí y a Maceo, la reconstruida casa natal de Vicente García, el restaurado hotel Cadillac, la humilde y todavía pueblerina iglesia, y el parque natural y motel a orillas del Cornito, donde aguardan al viajero los restos de la casa del poeta El Cucalambé y a los amantes de la décima campesina, cada año, las Jornadas Cucalambeanas, llenas de sabor criollo. En una de las paredes del motel, cerca de su rostro esculpido a relieve, se hallan estos versos suyos:
A la orilla de un palmar/
Que baña el fértil Cornito/
A la sombra de un Caimito/
Tengo mi rústico hogar.

Ostenta rojo carmín/
El indio en aquel recinto,/
Canta alegre el gallo pinto/
Al lado del guacamayo,/
Y sonsaca el talisayo/
Al malatobo retinto.

Oh! El que quiera ver primores/
Yo lo canto con jactancia,/
Que venga a ver de mi estancia/
Los bellos alrededores.

Hotel de lujo para ricos que simula ser un barrio pobre

Enrique Ubieta Gómez
Vivir otras vidas es un anhelo humano. Pero en la que nos toca, aparentemente única, es muy corto el tiempo. Los actores se desdoblan, y disfrutan siendo otros. Pero en un mundo tan desigual, tan injusto y tan centrado en el poder del dinero, el sueño de los pobres es el de Cenicienta: un matrimonio salvador, un golpe de suerte en la ruleta, una herencia inesperada. Mientras, se conforman con pasear frente a escaparates inaccesibles en tiendas de lujo. Los ricos no sueñan con ser pobres, claro, y prefieren no mirar por la ventana de la pobreza. Algunos, sin embargo, ya lo han vivido todo, o casi todo, y juegan a traspasar límites. No tratan de ser pobres, sino de parecerlo. Los ricos dominan el arte de parecer. Juegan a parecer pobres, pero en condiciones en las que sea evidente que no lo son. Parecer pobre sin dejar de parecer rico, que es su modo de ser. No se trata de vivir la pesadilla del personaje de la novela de Marc Twain El príncipe y el mendigo.Es una experiencia morbosa que los ratifica en el poder: asomarse al barranco, experimentar por un instante la angustia de los explotados, de los que ellos explotan, para enseguida retornar a la condición de explotador. Ninguna experiencia es más reconfortante y reafirmadora, ninguna otra es tan inmoral. Una amiga entrañable me ha enviado esta noticia reciente:

Conozca el Hotel de lujo que simula ser un barrio pobre para ricos
Texto y Foto/Pijamasurf
Tomado de Correo del Orinoco
En un mundo hiperreal e insaciable en el que se trafica en experiencias y en el que se quiere conocer lo que los otros viven pero sólo hasta cierto punto, tenemos el hotel boutique Shanty Town en Sudáfrica, el cual es parte del Emoya Luxury Hotel and Spa. Ubicado cerca de Bloemfontein, Shanty Town ofrece una experiencia simulada de vivir en un barrio bajo (conocidos en inglés como slums) típicamente en las afueras de la ciudad, en casas de metal corrugado o cartón ondulado, en medio de desechos, en ocasiones ambientes tóxicos o poco salubres y altos índices de crimen. En este caso el “slum tourism” es sólo simulado, es decir, el lugar sólo parece ser un barrio bajo y por debajo es un resort de lujo.
Shanty Town consta de doce cabañas pseudo-pocilgas que mantienen una fachada de pobreza pero que tienen calefacción y Wi-Fi, para que los amantes del simulacro puedan seguir cómodos y conectados. Las habitaciones cuestan 82 dólares la noche, lo que significa algo como la mitad del salario al mes que gana un trabajador promedio en Sudáfrica. Algunos de los huéspedes han calificado la experiencia en Trip Advisor como “muy real” y otro anuncia haciendo gala de obviedad: “no se queden en Shanty Town, por ese mismo precio pueden quedarse en un hotel de lujo de bed and breakfast”.
Para algunos este tipo de “experiencias” resultarán ofensivas, para otros divertidas y otros más creerán ver en ellas un signo de nuestros tiempos, en los que las apariencias y la simulación son parte ya indisociable del tejido de lo real.

martes, 26 de noviembre de 2013

Represión a estudiantes hondureños que protestaban contra el fraude, 20 heridos

Alina Rosas Duarte
La falta de legitimidad con la que Juan Orlando Hernández, candidato oficialista, fuera declarado ganador en los comicios electorales realizados en Honduras el pasado domingo, ha llevado a múltiples protestas que exigen el conteo de votos, “acta por acta, urna por urna”.
Luego de que el lunes 25 miles de manifestantes salieran a las calles, el día de hoy cerca de 5 mil estudiantes de la Universidad Autónoma de Honduras decidieron protestar en contra de lo que denominaron un gran fraude electoral.
A las cuatro de la tarde, Alan Alvarenga, estudiante universitario, declaró en entrevista con REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO que la Universidad se encuentra militarizada. ”Los policías y militares han intentado entrar a reprimirnos en varias ocasiones”.
Alvarenga afirmó que son aproximadamente 20 los estudiantes heridos, víctimas de agresiones policiales, golpes y gases lacrimógenos, razón por la cual el plan de acción a seguir deberá de tomarse en una nueva asamblea a celebrarse esta tarde, apenas tengan oportunidad. Alan Alvarenga sostuvo que la resistencia estudiantil seguirá “hasta sus últimas consecuencias”.
Al menos cinco estudiantes han sido detenidos este martes durante las protestas que se mantienen en las calles de Honduras para exigir que se haga un reconteo de votos.
De acuerdo a las enviadas especiales de teleSUR a la nación centroamericana, Madelein García y Adriana Sívori, los grupos estudiantiles son simpatizantes del Partido Libertad y Refundación (Libre) de la candidata Xiomara Castro y el Partido Anticorrupción, del candidato Salvador Nasralla.
García reportó desde Tegucigalpa (capital), que en los alrededores de la Universidad Autónoma los estudiantes se han defendido con palos y piedras ante la represión policial con gases lacrimógenos.
"Los estudiantes se mantienen en las calles tras no aceptar los resultados emitidos por el Tribunal Supremo Electoral (TSE). Las autoridades de Honduras se han enfrentado con el sector estudiantil arrojándoles gases lacrimógenos desde tempranas horas de la mañana.
Mientras tanto, en otras de las calles de la ciudad, Sívori indicó que los estudiantes han dicho que "la única manera en que seamos escuchados es mantenernos en las calles".
"Los estudiantes reiteran que la única manera que existe para detener las protestas es que se realice un reconteo de votos, incluso con la presencia de observadores internacionales", informó la periodista.
En ese panorama, García narró que a las acciones de calle se le han sumado trabajadores del sector salud, quienes exigen de igual forma al TSE realizar un reconteo de los votos de las elecciones generales de este domingo.
Desde horas de la mañana se mantiene una manifestación estudiantil para denunciar lo que consideran un fraude electoral cometido en las sufragios generales celebradas este domingo y pidieron a las autoridades del Tribunal Supremo Electoral (TSE) el reconteo de los votos.
Pedimos al TSE ''conteo y comparación de actas, que el TSE sea investigado'' es decir'', sus cuentas bancarias en Miami sus cuentas bancarias en suiza'' denunció un estudiante que participaba en la manifestación realizada en la Universidad Autónoma en la ciudad de Tegucigalpa.
Por otro lado, otro estudiante de sociología indicó que en esta manifestación los estudiantes exigen que se respete el derecho soberano, el derecho a la democracia''.

La fascinación de Jorge Edwards y el testimonio de tres cubanos

Obra de Kcho
El inefable escritor chileno Jorge Edwards, acaba de publicar un artículo en el que expresa su fascinación por Miami y su odio hacia las revoluciones latinoamericanas, en especial las de Cuba y Venezuela. Creo que siente un justificado temor –desde su perspectiva reaccionaria– ante el ascenso y la radicalización del movimiento estudiantil de su país. Es increíble que un intelectual pueda escribir estas palabras:
"En Miami es posible vivir con una calidad de vida superior. Asistir a conciertos memorables, jugar al golf en islas idílicas, leer a Wittgenstein en las mejores traducciones inglesas, o leer a Dan Brown en una terraza, junto a un gin con agua tónica. No todos pueden hacerlo, desde luego, pero no es demasiado difícil llegar a esos niveles. Si uno consigue una buena educación, cosa bastante difundida, bien apoyada y financiada, y trabaja con disciplina, actividad favorecida por el ambiente, el gin tonic, el Dan Brown y hasta la cancha de golf están a la vista".
Reproduzco a continuación un reportaje sobre cubanos repatriados, que publiqué en La Calle del Medio hace ya un año. Estos cubanos son algunos de los miles de balseros que llegaban en sentido inverso –antes de que se aprobase la reforma de la ley migratoria cubana–, de las costas del American Dream a las de la Utopia revolucionaria.




Emigrar es un verbo duro
Confesiones de tres cubanos que regresaron
Enrique Ubieta Gómez


Emigrar es un verbo duro. Pero los habitantes de las islas sueñan con rebasar el muro de agua que los circunda. No es igual la imaginaria y con frecuencia caprichosa línea que divide a las naciones de un continente y establece un más allá previsible, que el horizonte como frontera, desconocido y tentador. Un horizonte que se insinúa en películas, seriales y novelas de televisión cuidadosamente construidos sobre vidas de clase media y alta, o sobre pobres que rompen los límites de su clase gracias al buen comportamiento, la suerte o el esfuerzo individual. Un horizonte de Primer Mundo que se promociona como un enorme Casino, en el que un golpe de suerte puede situar al jugador en el nivel más alto. «El sueño americano» –sustentado sobre un imaginario de vida que prioriza el tener, no el ser: si usted es rico, no importa cómo lo consiguió o cuánto aporta a la sociedad– no es una opción para el latinoamericano común, perseguido y expulsado del territorio estadounidense, adonde suele llegar de forma clandestina para escapar de la miseria y cubrir el déficit de mano de obra barata. ¿Y para los cubanos? Las facilidades de radicación que reciben a su llegada y su mayor nivel de instrucción –lo primero, un aporte de la guerra contra la Revolución; lo segundo, un aporte de la propia Revolución–, han creado el mito del éxito inmediato. Algunos buscavidas calculan mal: suponen que si en Cuba ganan mucho más que la media y no tienen que trabajar en exceso, allá serían millonarios.    
Un día escuché un comentario que me turbó: en Cuba viven miles de ciudadanos que han regresado; que se fueron del país y por alguna razón regresaron para quedarse. Los hay que se fueron de forma legal y regresaron de igual forma. Otros compraron una embarcación y se lanzaron al mar, en dirección opuesta a la que suele promocionarse. Las reglas migratorias son estrictas, y el escarceo es difícil, porque el país no puede recibir –por causas que involucran su seguridad nacional–, a quienes se arrepienten. El que llega es investigado en coordinación con las autoridades policiales de sus países de residencia. Cuba nunca será un refugio para transgresores de la ley. Por eso quise conocer las motivaciones de esas personas, algunas sorprendentemente ingenuas, como un albañil jubilado de 60 años, que sin hablar inglés ni contar con apoyos familiares se acogió al llamado bombo y se marchó a Las Vegas: nunca, por supuesto, encontró trabajo. O como ese chef de cocina de un lujoso hotel de Varadero, que fue estafado por un turista mexicano que le prometió una plaza en su inexistente hotel, y tuvo entonces  que cruzar la frontera norteamericana para sobrevivir, comprar una pequeña lancha y regresar a Cuba. Historias múltiples –amores traicionados, deseos de aventura, reencuentros familiares–, razones para partir muy alejadas de la política, aunque siempre supeditadas a ella. Quince cubanos de Matanzas, Sancti Spíritus y La Habana, me contaron sus historias. Por razones de espacio, presentaré tres de ellas.