sábado, 17 de junio de 2017
En Santa Ifigenia, con los Padres de la Patria (FOTOS)
Una breve visita a Santiago de Cuba me permitió rendirle honores al Comandante en jefe y al Apóstol de Cuba, Fidel Castro y José Martí. También me acompañó mi amigo, el doctor Graciliano, uno de los médicos del Ébola en África, y pude conocer a su familia.
viernes, 9 de junio de 2017
Miguel D'Escoto: "Estamos en el borde de una nueva era"
Enrique Ubieta Gómez
Esta entrevista, nunca publicada de manera independiente, forma parte de mi libro La utopía rearmada (2002), que documenta mi recorrido por Nicaragua, Honduras, Guatemala y Hatí, entre 1999 y el 2000, después del paso de los huracanes Mitch y George, y de la refundación del internacionalismo por Fidel, en época de deserciones y arrepentimientos. Gobernaba el país centroamericano el presidente Alemán, del Partido Liberal. Es mi homenaje póstumo a un hombre que nunca abandonó a los pobres, ni pactó con los supuestos vencedores.
Esta entrevista, nunca publicada de manera independiente, forma parte de mi libro La utopía rearmada (2002), que documenta mi recorrido por Nicaragua, Honduras, Guatemala y Hatí, entre 1999 y el 2000, después del paso de los huracanes Mitch y George, y de la refundación del internacionalismo por Fidel, en época de deserciones y arrepentimientos. Gobernaba el país centroamericano el presidente Alemán, del Partido Liberal. Es mi homenaje póstumo a un hombre que nunca abandonó a los pobres, ni pactó con los supuestos vencedores.
El
13 de julio de 1999, visité en su casa de Managua al Padre Miguel D’Escoto,
ex-Ministro de Relaciones Exteriores de la Nicaragua sandinista y actual
miembro de la Dirección Nacional del FSLN. Me abrazó al entrar, sin conocerme,
solo por ser cubano. La conversación tuvo como eje la solidaridad médica
cubana, pero sus palabras respondían, sin él sospecharlo quizás o quizás
sabiéndolo, cada argumento del autoderrotado Vargas Llosa: “Mira –me dijo apenas llegué–, cuando yo estaba viendo la llegada del Santo Padre
a Cuba, yo me sentía orgulloso de Fidel como sandinista, como latinoamericano y
como ser humano, Fidel comportándose con toda la delicadeza y el tacto. Cuando se
llega a Cuba, se está en presencia de seres moralmente superiores y un
cristiano tiene que reconocer eso, tiene que reconocer la superioridad moral,
la superioridad que nace de las vivencias de la fraternidad. No quiero decir
que en Cuba no exista el pecado, estamos en la era del pecado. Hay pecado, hay
imperfecciones, pero dentro de la imperfección que es la humanidad, en Cuba
hemos alcanzado los más altos niveles de perfección y seguiremos luchando para
elevarlos más.
“Ahorita Cuba con tantos problemas, está pensando en ayudar a otros y lo hace en unas dimensiones increíbles. Enfrenta dificultades, escasez de cosas y sin embargo, se lleva a una gran cantidad de estudiantes para prepararlos. Nuestro Señor quería que la Iglesia fuera la sal, y Cuba es sal y levadura. Y ojalá que siempre se mantenga porque en el resto del mundo lo que impera, lo que predomina es el egoísmo, un egoísmo que termina siendo obsesivo”.
Entonces se me acercó, invirtiendo los roles, como si fuese a confesarse conmigo: “Te voy a hablar de las cosas que pienso más íntimamente –afirmó–. Para mí lo único totalmente importante, lo único capaz de salvar este mundo, es Cristo y su mensaje. El mensaje de amor, de fraternidad, de lucha por la justicia, de lucha por la igualdad. Recuerdo que hace poco un estudiante me preguntó: dígame qué es lo más importante que falta en el mundo. Nos hace falta, le dije, una inyección de locura divina. La ‘locura’ divina de la Cruz. Eso es lo que se necesita: un mundo más loco, más gente que haga cosas así, ‘locas’, que los demás le digan estás loco, para qué te estás preocupando del otro, preocúpate de vos mismo, mirá que vos sos inteligente, mirá que vos podrías ser un millonariazo. Ojalá que nos consideren a todos locos por estar pensando en cómo hacer un mundo mejor y dejar un mundo mejor para los que están naciendo y van a nacer”.
En su conversación “confesional”, abordó el tema de la violencia como forma de lucha. Admirador sincero de dos revolucionarios aparentemente distantes en sus contextos históricos y métodos de lucha, expuso su criterio con amplitud: “Yo fui un canciller muy itinerante porque no teníamos embajadas en todas partes y para contrarrestar la información de los gringos teníamos que viajar muchísimo. Me tocó conocer a muchos jefes de estado. La persona que más me impresionó en todo ese tiempo fue Fidel. Para mí es el hombre del siglo. Yo el siglo lo comparto con dos personas: Mahatma Gandhi y Fidel Castro. Es que yo creo que ser revolucionario implica muchas cosas y una de ellas –afirmó– es la búsqueda de nuevos métodos de lucha. No es lo mismo la no violencia que el quietismo. El quietismo es una aberración, simplemente cruzarse de brazos, no hacer nada. No me gusta hablar de no violencia. Prefiero hablar de lucha no violenta, porque es lucha. Creo que la humanidad tiene que saltar a esa modalidad, porque lo no revolucionario, lo convencional, ha sido el uso de la violencia. La Iglesia la justifica, porque habla de la guerra justa. Pero es un método que no ayuda a la gran meta, a la creación de la nueva humanidad. Creo que si hubiesen más personas con capacidad de liderazgo y anuentes a vanguardizar esto, saldríamos adelante. Son muchísimas las cosas que hay que cambiar, todo el sistema de justicia por ejemplo. La vía armada puede hacer bastante, pero después siempre queda mucho por hacer. Admiro a Gandhi como defensor de esa idea.”
“Cuando me piden que me incorpore al Frente Sandinista –continuó el Padre D’Escoto– yo estaba ya radicalmente convencido de que el Evangelio es radicalmente no violento. Pero a mi pueblo le han enseñado todo lo contrario. La Iglesia misma ha sido la institución más violenta de la humanidad; en su historia hay torturas y asesinatos espantosos. A los disidentes, que ellos llamaban herejes, no sólo les quemaban sus libros, también a ellos los quemaban, para que no se les ocurriese escribir otro. Entonces, ¿cómo le van a decir al pueblo que busque otra vía? Además, la Iglesia critica la violencia cuando la guerra se hace a favor de la justicia, cuando se hace violencia revolucionaria. Y debería haber otra palabra para definirla, porque no es lo mismo cuando se trata de una agresión que cuando es violencia revolucionaria, cuando ya no queda otra alternativa. Pero yo creo en la fuerza del amor, que el amor será lo que cambiará el mundo. Estamos en el borde de una nueva era. Ese es el reto para los grandes revolucionarios de nuestro tiempo.”
D’Escoto, sencillo y apasionado, sin etiquetas, dueño de sí, convencido y convincente, es de los hombres imprescindibles, aquellos que según el poeta alemán Bertold Bretch luchan toda la vida. “Tenemos que abrirnos a un auténtico ecumenismo –aseguró– Cuando yo era chico aquí en Nicaragua era costumbre y se consideraba excelente ir a tirar piedras a un templo bautista. Y eso era entre cristianos, ya no se diga lo que ha existido siempre entre cristianos y mahometanos, o entre cristianos y budistas. O entre cristianos y ateos, y entre cristianos y los que yo llamo santos ateos. Porque muchos de los más grandes santos del mundo han sido ateos. Esto puede parecer una idea novedosa, pero nuestro Señor es el primero que nos lo advierte. Él hablaba siempre en parábolas. Cuando alguien le preguntó qué es lo que había que hacer para salvarse, Él contesta: ama a tu prójimo. Pero, ¿qué es eso de prójimo?, dice uno. Entonces Él desarrolla una parábola: por el camino de Jerusalém a Jericó asaltaron a un hombre para robarle y lo dejaron sangrando a la orilla del camino. Pasa un alto funcionario religioso –en aquel contexto era de la Sinagoga, ahora podríamos pensar en un obispo– pasa y da la media vuelta como para no tropezar (es decir, que claramente lo vio) y sigue a Jericó, porque tenía una reunión muy importante. No comprende que son más importantes las oportunidades que se te presentan en el camino. Después pasa otro hombre, de esos que van a la iglesia y se golpean el pecho diciendo que creen en Dios, y sigue. Y después, dice Cristo, viene un samaritano. Hay que recordar que los judíos que estaban escuchándolo no le llamaban samaritanos a la gente de Samaria, les decían perros ateos, los trataban con desprecio porque no creían en el Dios de Israel. Pero Cristo dice: viene un samaritano, se baja de la bestia y echa aceite de oliva en sus heridas y coge unas telas y lo limpia y se lo lleva a un hospedaje y le dice al dueño que lo cuide y le da dinero para tres días, pero si necesitás más, gastás más, yo te lo pago, porque en tres días regreso. Ni lo conocía, era un señor que vio ahí tirado. Cristo les estaba diciendo: para salvarte seguí el ejemplo de los santos ateos, de los que no andan haciendo gran alarde
pero cumplen la voluntad del Padre, de los que saben extender una mano fraterna en momentos de gran dificultad. Eso es lo que vive Cuba, esa parábola tan importantísima y tan central en el Evangelio. Cuba, bajo la conducción de Fidel, está mucho más encaminada en esa dirección espiritual que otros países que se proclaman cristianos”.
“Ahorita Cuba con tantos problemas, está pensando en ayudar a otros y lo hace en unas dimensiones increíbles. Enfrenta dificultades, escasez de cosas y sin embargo, se lleva a una gran cantidad de estudiantes para prepararlos. Nuestro Señor quería que la Iglesia fuera la sal, y Cuba es sal y levadura. Y ojalá que siempre se mantenga porque en el resto del mundo lo que impera, lo que predomina es el egoísmo, un egoísmo que termina siendo obsesivo”.
Entonces se me acercó, invirtiendo los roles, como si fuese a confesarse conmigo: “Te voy a hablar de las cosas que pienso más íntimamente –afirmó–. Para mí lo único totalmente importante, lo único capaz de salvar este mundo, es Cristo y su mensaje. El mensaje de amor, de fraternidad, de lucha por la justicia, de lucha por la igualdad. Recuerdo que hace poco un estudiante me preguntó: dígame qué es lo más importante que falta en el mundo. Nos hace falta, le dije, una inyección de locura divina. La ‘locura’ divina de la Cruz. Eso es lo que se necesita: un mundo más loco, más gente que haga cosas así, ‘locas’, que los demás le digan estás loco, para qué te estás preocupando del otro, preocúpate de vos mismo, mirá que vos sos inteligente, mirá que vos podrías ser un millonariazo. Ojalá que nos consideren a todos locos por estar pensando en cómo hacer un mundo mejor y dejar un mundo mejor para los que están naciendo y van a nacer”.
En su conversación “confesional”, abordó el tema de la violencia como forma de lucha. Admirador sincero de dos revolucionarios aparentemente distantes en sus contextos históricos y métodos de lucha, expuso su criterio con amplitud: “Yo fui un canciller muy itinerante porque no teníamos embajadas en todas partes y para contrarrestar la información de los gringos teníamos que viajar muchísimo. Me tocó conocer a muchos jefes de estado. La persona que más me impresionó en todo ese tiempo fue Fidel. Para mí es el hombre del siglo. Yo el siglo lo comparto con dos personas: Mahatma Gandhi y Fidel Castro. Es que yo creo que ser revolucionario implica muchas cosas y una de ellas –afirmó– es la búsqueda de nuevos métodos de lucha. No es lo mismo la no violencia que el quietismo. El quietismo es una aberración, simplemente cruzarse de brazos, no hacer nada. No me gusta hablar de no violencia. Prefiero hablar de lucha no violenta, porque es lucha. Creo que la humanidad tiene que saltar a esa modalidad, porque lo no revolucionario, lo convencional, ha sido el uso de la violencia. La Iglesia la justifica, porque habla de la guerra justa. Pero es un método que no ayuda a la gran meta, a la creación de la nueva humanidad. Creo que si hubiesen más personas con capacidad de liderazgo y anuentes a vanguardizar esto, saldríamos adelante. Son muchísimas las cosas que hay que cambiar, todo el sistema de justicia por ejemplo. La vía armada puede hacer bastante, pero después siempre queda mucho por hacer. Admiro a Gandhi como defensor de esa idea.”
“Cuando me piden que me incorpore al Frente Sandinista –continuó el Padre D’Escoto– yo estaba ya radicalmente convencido de que el Evangelio es radicalmente no violento. Pero a mi pueblo le han enseñado todo lo contrario. La Iglesia misma ha sido la institución más violenta de la humanidad; en su historia hay torturas y asesinatos espantosos. A los disidentes, que ellos llamaban herejes, no sólo les quemaban sus libros, también a ellos los quemaban, para que no se les ocurriese escribir otro. Entonces, ¿cómo le van a decir al pueblo que busque otra vía? Además, la Iglesia critica la violencia cuando la guerra se hace a favor de la justicia, cuando se hace violencia revolucionaria. Y debería haber otra palabra para definirla, porque no es lo mismo cuando se trata de una agresión que cuando es violencia revolucionaria, cuando ya no queda otra alternativa. Pero yo creo en la fuerza del amor, que el amor será lo que cambiará el mundo. Estamos en el borde de una nueva era. Ese es el reto para los grandes revolucionarios de nuestro tiempo.”
D’Escoto, sencillo y apasionado, sin etiquetas, dueño de sí, convencido y convincente, es de los hombres imprescindibles, aquellos que según el poeta alemán Bertold Bretch luchan toda la vida. “Tenemos que abrirnos a un auténtico ecumenismo –aseguró– Cuando yo era chico aquí en Nicaragua era costumbre y se consideraba excelente ir a tirar piedras a un templo bautista. Y eso era entre cristianos, ya no se diga lo que ha existido siempre entre cristianos y mahometanos, o entre cristianos y budistas. O entre cristianos y ateos, y entre cristianos y los que yo llamo santos ateos. Porque muchos de los más grandes santos del mundo han sido ateos. Esto puede parecer una idea novedosa, pero nuestro Señor es el primero que nos lo advierte. Él hablaba siempre en parábolas. Cuando alguien le preguntó qué es lo que había que hacer para salvarse, Él contesta: ama a tu prójimo. Pero, ¿qué es eso de prójimo?, dice uno. Entonces Él desarrolla una parábola: por el camino de Jerusalém a Jericó asaltaron a un hombre para robarle y lo dejaron sangrando a la orilla del camino. Pasa un alto funcionario religioso –en aquel contexto era de la Sinagoga, ahora podríamos pensar en un obispo– pasa y da la media vuelta como para no tropezar (es decir, que claramente lo vio) y sigue a Jericó, porque tenía una reunión muy importante. No comprende que son más importantes las oportunidades que se te presentan en el camino. Después pasa otro hombre, de esos que van a la iglesia y se golpean el pecho diciendo que creen en Dios, y sigue. Y después, dice Cristo, viene un samaritano. Hay que recordar que los judíos que estaban escuchándolo no le llamaban samaritanos a la gente de Samaria, les decían perros ateos, los trataban con desprecio porque no creían en el Dios de Israel. Pero Cristo dice: viene un samaritano, se baja de la bestia y echa aceite de oliva en sus heridas y coge unas telas y lo limpia y se lo lleva a un hospedaje y le dice al dueño que lo cuide y le da dinero para tres días, pero si necesitás más, gastás más, yo te lo pago, porque en tres días regreso. Ni lo conocía, era un señor que vio ahí tirado. Cristo les estaba diciendo: para salvarte seguí el ejemplo de los santos ateos, de los que no andan haciendo gran alarde
pero cumplen la voluntad del Padre, de los que saben extender una mano fraterna en momentos de gran dificultad. Eso es lo que vive Cuba, esa parábola tan importantísima y tan central en el Evangelio. Cuba, bajo la conducción de Fidel, está mucho más encaminada en esa dirección espiritual que otros países que se proclaman cristianos”.
Le
comenté el apoyo que habían recibido las brigadas cubanas de parte de algunos
sacerdotes de base y me narró dos anécdotas de los años 80: “Por el norte de
Nicaragua, por el lado de Jalapa, andaban unos periodistas americanos
haciendo un reportaje para una revista de televisión que se llama 60 minutos.
Uno de sus segmentos era sobre Nicaragua. Entonces aparece una señora con un AK
haciendo vigilancia revolucionaria en la frontera. Ellos la entrevistan y le
preguntan, bueno, ¿usted es norteamericana? Sí. ¿Y además es monja? Sí. Pero bueno,
¿usted es comunista? La verdad es que no soy comunista –responde– pero la gente
cree que lo soy, porque los comunistas, estos muchachos, hacen cosas buenas, y
entonces yo digo que nosotros también debiéramos hacer esas cosas, lo lamentable
es que no las hacemos. Ojalá que nosotros también hiciéramos cosas así. Eso
apareció en la televisión norteamericana y fue un escándalo. La mujer es la
Madre Juana, que vive aquí todavía.
“Algo muy similar ocurrió con la Hermana Patricia en Ciudad Sandino.
Esta Hermana era la encargada por la Revolución de todo lo relacionado con la salud desde Ciudad Sandino hasta la Brasilia, una región de más de cien mil habitantes. Ella, que es enfermera, trabajaba con un médico cubano. Llega la televisión gringa y le pregunta: usted es norteamericana y monja, ¿qué está haciendo aquí con este comunista? ¿Qué comunista? –pregunta ella-- ¿usted se refiere al doctor Álvarez? Bueno, ese que usted menciona como comunista es una maravilla de médico. Yo como enfermera puedo distinguir un buen médico del que no lo es y éste es de lo mejor. Quisiera que en otros lugares hubiesen médicos así, tan dispuestos a venir a compartir la pobreza con el pueblo de Nicaragua. Pero usted me ha dado una clave, usted lo llama comunista, entonces en mis oraciones voy a pedirle a Dios que nos mande más comunistas, porque eso es lo que necesitamos, gente como él. Te cuento esto porque es natural que un cura reconozca a un hermano espiritual en alguien comprometido con la solidaridad y la fraternidad. Yo quisiera apoyar más a los médicos cubanos. He hecho algunas cositas, muy pocas. Por lo menos estuvimos aquí juntos en mi casa para fines de año, celebrando los 40 años de la Revolución cubana”.
Le pregunté finalmente por la situación actual de Nicaragua, a veinte años del triunfo sandinista y a diez años de la derrota electoral: “Le doy gracias a Dios por el privilegio de haber vivido un momento tan importante para mi país” –respondió con la vista fija en algún lugar del tiempo. “Creo que ha sido el momento más importante, el más glorioso, donde más se apreció la generosidad del pueblo. Yo no lo busqué, pero se me llamó para que participara de una forma bastante directa, de mucha responsabilidad y eso también fue un privilegio. Creo que la Revolución sin embargo, está en un momento ahorita como de receso, esperando que venga otro capítulo, que será mejor precisamente porque ya vivimos el primero. Como Fidel ha dicho, nosotros tuvimos un Bahía de Cochinos todos los días por muchos años. Y como consecuencia de un cansancio generalizado –hubo un número de personas sumamente importante que se mantuvo hasta el final– perdimos las elecciones.
“Pero, ¿elecciones libres? No, elecciones con una pistola en la sien de los votantes. Los Estados Unidos lo habían dicho claramente: si votan otra vez seguimos la guerra. Y eran ellos los que hacían la guerra, ellos organizaban, financiaban, armaban a la contra. Una guerra mercenaria. Sin embargo, son tan torpes los aliados del imperio que no se dan cuenta de que para que no haya una Revolución, un cambio, tienen que aliviar el sufrimiento del pueblo, y aquí estamos retrocediendo a niveles de pobreza tan altos como los que había en el somocismo. Supongo que así tiene que ser, porque no van a ser capaces nunca de ver la realidad desde la óptica de los intereses populares.
“Los muchachos americanos, como juego, te agarran el brazo, te dan vuelta y te lo retuercen, lo que duele mucho, hasta que dices “tío” y te sueltan. Quiero ver hasta dónde aguantás. Una vez un periodista le preguntó a Reagan que hasta cuando iba a seguir esa política hostil contra Nicaragua: “hasta que griten tío”, contestó. Es decir, los voy a seguir torturando hasta que se rindan. El pueblo de Nicaragua fue y sigue siendo tremendamente castigado por haberse atrevido a soñar con un mundo más justo, más fraterno, más solidario.
“Para que no nos engañemos miremos siempre a personas, a pueblos como el cubano, que viven en la lucha, tratando de mantener encendida la antorcha. La más grande antorcha en América y en el mundo es Fidel. Por favor, si ustedes ven que tiene alguna falla –es imposible que no la tengamos– no seamos como los chanchos que sólo miran para abajo, miremos para arriba, veamos la grandeza. Ustedes nos hacen pensar que es posible. Es el testimonio que ustedes como nación nos dan. Por eso es importante mantener la antorcha cubana encendida, siempre presente. Sería un mal día para América y para el mundo si algo hiciera extinguir esa antorcha.”
“Algo muy similar ocurrió con la Hermana Patricia en Ciudad Sandino.
Esta Hermana era la encargada por la Revolución de todo lo relacionado con la salud desde Ciudad Sandino hasta la Brasilia, una región de más de cien mil habitantes. Ella, que es enfermera, trabajaba con un médico cubano. Llega la televisión gringa y le pregunta: usted es norteamericana y monja, ¿qué está haciendo aquí con este comunista? ¿Qué comunista? –pregunta ella-- ¿usted se refiere al doctor Álvarez? Bueno, ese que usted menciona como comunista es una maravilla de médico. Yo como enfermera puedo distinguir un buen médico del que no lo es y éste es de lo mejor. Quisiera que en otros lugares hubiesen médicos así, tan dispuestos a venir a compartir la pobreza con el pueblo de Nicaragua. Pero usted me ha dado una clave, usted lo llama comunista, entonces en mis oraciones voy a pedirle a Dios que nos mande más comunistas, porque eso es lo que necesitamos, gente como él. Te cuento esto porque es natural que un cura reconozca a un hermano espiritual en alguien comprometido con la solidaridad y la fraternidad. Yo quisiera apoyar más a los médicos cubanos. He hecho algunas cositas, muy pocas. Por lo menos estuvimos aquí juntos en mi casa para fines de año, celebrando los 40 años de la Revolución cubana”.
Le pregunté finalmente por la situación actual de Nicaragua, a veinte años del triunfo sandinista y a diez años de la derrota electoral: “Le doy gracias a Dios por el privilegio de haber vivido un momento tan importante para mi país” –respondió con la vista fija en algún lugar del tiempo. “Creo que ha sido el momento más importante, el más glorioso, donde más se apreció la generosidad del pueblo. Yo no lo busqué, pero se me llamó para que participara de una forma bastante directa, de mucha responsabilidad y eso también fue un privilegio. Creo que la Revolución sin embargo, está en un momento ahorita como de receso, esperando que venga otro capítulo, que será mejor precisamente porque ya vivimos el primero. Como Fidel ha dicho, nosotros tuvimos un Bahía de Cochinos todos los días por muchos años. Y como consecuencia de un cansancio generalizado –hubo un número de personas sumamente importante que se mantuvo hasta el final– perdimos las elecciones.
“Pero, ¿elecciones libres? No, elecciones con una pistola en la sien de los votantes. Los Estados Unidos lo habían dicho claramente: si votan otra vez seguimos la guerra. Y eran ellos los que hacían la guerra, ellos organizaban, financiaban, armaban a la contra. Una guerra mercenaria. Sin embargo, son tan torpes los aliados del imperio que no se dan cuenta de que para que no haya una Revolución, un cambio, tienen que aliviar el sufrimiento del pueblo, y aquí estamos retrocediendo a niveles de pobreza tan altos como los que había en el somocismo. Supongo que así tiene que ser, porque no van a ser capaces nunca de ver la realidad desde la óptica de los intereses populares.
“Los muchachos americanos, como juego, te agarran el brazo, te dan vuelta y te lo retuercen, lo que duele mucho, hasta que dices “tío” y te sueltan. Quiero ver hasta dónde aguantás. Una vez un periodista le preguntó a Reagan que hasta cuando iba a seguir esa política hostil contra Nicaragua: “hasta que griten tío”, contestó. Es decir, los voy a seguir torturando hasta que se rindan. El pueblo de Nicaragua fue y sigue siendo tremendamente castigado por haberse atrevido a soñar con un mundo más justo, más fraterno, más solidario.
“Para que no nos engañemos miremos siempre a personas, a pueblos como el cubano, que viven en la lucha, tratando de mantener encendida la antorcha. La más grande antorcha en América y en el mundo es Fidel. Por favor, si ustedes ven que tiene alguna falla –es imposible que no la tengamos– no seamos como los chanchos que sólo miran para abajo, miremos para arriba, veamos la grandeza. Ustedes nos hacen pensar que es posible. Es el testimonio que ustedes como nación nos dan. Por eso es importante mantener la antorcha cubana encendida, siempre presente. Sería un mal día para América y para el mundo si algo hiciera extinguir esa antorcha.”
martes, 6 de junio de 2017
Intelectuales y Artistas del Mundo con la Revolución Bolivariana
Relevantes intelectuales de América Latina, Canadá, Estados Unidos, Europa y el resto del mundo han respondido al comunicado injerencista de la derecha universal contra la República Bolivariana de Venezuela.
Justo antes de que la OEA se reuniera con el propósito de crear condiciones para intervenir en Venezuela, un grupo de académicos y políticos que hace el juego a la derecha internacional, se sumó a la agresión mediática y a la construcción de descrédito global del proceso bolivariano, que ha cobrado particular intensidad en estos últimos meses, aunque jamás ha cesado, desde que surgiera el indiscutible liderazgo de Hugo Chávez Frías.
La Declaración de Intelectuales y Artistas del Mundo con la Revolución Bolivariana revela que tales actitudes se hacen cómplices de las guarimbas violentas de la oposición, del asesinato y la quema de simpatizantes chavistas en el campo y la ciudad, la infiltración de paramilitares por la frontera colombiana, la ilegalidad de la Asamblea en desacato, compuesta en su mayoría por participantes en el Golpe de Estado de 2002 contra el propio Presidente Constitucional Hugo Chávez Frías, la intensificación del golpe continuado, y la intervención de la OEA en los asuntos internos de la nación venezolana, en abierto servilismo a los dictados del imperio norteamericano.
El documento de los intelectuales y acádémicos leales a la Revolución Bolivariana, llama a reflexionar acerca de las categorías y consensos de legitimación democrática que han dominado la Historia y aportan además importantes directrices para reconstituir esta agenda de análisis. El proceso bolivariano, destaca la Declaración, “como ningún otro proyecto, supo tomar, profundizar y radicalizar la democracia liberal formal con mecanismos consultivos, plebiscitarios y revocatorios absolutamente inéditos”.
Hasta ahora, entre otros, han firmado el documento los Cinco Héroes Cubanos: Gerardo Hernández Nordelo, Fernando González Llort, René González Sehwerert, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez.
Así mismo, Adolfo Pérez Esquivel (Argentina); Pablo González Casanova (México); Álvaro García Liniera (Bolivia); Miguel d’Escoto Brockmann (Nicaragua); Roberto Fernández Retamar (Cuba); Frei Betto (Brasil); Gisela López, (Bolivia); João Pedro Stédile (Brasil); Nidia Díaz (El Salvador); Silvio Rodriguez (Cuba); Atilio Borón (Argentina); Luis Britto García (Venezuela); Raúl Vera López (México); Cynthia McKinney (EE.UU); Ignacio Ramonet (Francia); Graziella Pogolotti (Cuba); María Augusta Calle (Ecuador); Gianni Minà (Italia); Armand Mattelart (Bélgica); Carmen Bohórquez (Venezuela); Piedad Córdoba (Colombia); Samin Amin (Egipto); Carlos Fernández Liria (España); Stella Calloni (Argentina); Emir Sader (Brasil); Daniel Viglietti (Uruguay); Dany Rivera (Puerto Rico); James Petras (EE.UU); Hector Diaz Polanco (México); Marta Harnecker (Chile); Michael A. Lebowitz (Canadá); Jorge Veraza (México); Theotonio dos Santos (Brasil); Fernando Rendón (Colombia); Omar González (Cuba); Hildebrando Pérez Grande (Perú); Raúl Suárez (Cuba); Farruco Sesto (Venezuela); Angel Guerra (Cuba/México); Thierno Diop (Senegal); Michel Collon (Bélgica); Osvaldo León (Ecuador); Camille Chalmers (Haití); Belén Gopegui (España); Aldo Diaz Lacayo (Nicaragua); Arturo Corcuera (Perú); Fernando Morais (Brasil); Ismael Clark Arxer(Cuba); Irene León (Ecuador)
Justo antes de que la OEA se reuniera con el propósito de crear condiciones para intervenir en Venezuela, un grupo de académicos y políticos que hace el juego a la derecha internacional, se sumó a la agresión mediática y a la construcción de descrédito global del proceso bolivariano, que ha cobrado particular intensidad en estos últimos meses, aunque jamás ha cesado, desde que surgiera el indiscutible liderazgo de Hugo Chávez Frías.
La Declaración de Intelectuales y Artistas del Mundo con la Revolución Bolivariana revela que tales actitudes se hacen cómplices de las guarimbas violentas de la oposición, del asesinato y la quema de simpatizantes chavistas en el campo y la ciudad, la infiltración de paramilitares por la frontera colombiana, la ilegalidad de la Asamblea en desacato, compuesta en su mayoría por participantes en el Golpe de Estado de 2002 contra el propio Presidente Constitucional Hugo Chávez Frías, la intensificación del golpe continuado, y la intervención de la OEA en los asuntos internos de la nación venezolana, en abierto servilismo a los dictados del imperio norteamericano.
El documento de los intelectuales y acádémicos leales a la Revolución Bolivariana, llama a reflexionar acerca de las categorías y consensos de legitimación democrática que han dominado la Historia y aportan además importantes directrices para reconstituir esta agenda de análisis. El proceso bolivariano, destaca la Declaración, “como ningún otro proyecto, supo tomar, profundizar y radicalizar la democracia liberal formal con mecanismos consultivos, plebiscitarios y revocatorios absolutamente inéditos”.
Hasta ahora, entre otros, han firmado el documento los Cinco Héroes Cubanos: Gerardo Hernández Nordelo, Fernando González Llort, René González Sehwerert, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez.
Así mismo, Adolfo Pérez Esquivel (Argentina); Pablo González Casanova (México); Álvaro García Liniera (Bolivia); Miguel d’Escoto Brockmann (Nicaragua); Roberto Fernández Retamar (Cuba); Frei Betto (Brasil); Gisela López, (Bolivia); João Pedro Stédile (Brasil); Nidia Díaz (El Salvador); Silvio Rodriguez (Cuba); Atilio Borón (Argentina); Luis Britto García (Venezuela); Raúl Vera López (México); Cynthia McKinney (EE.UU); Ignacio Ramonet (Francia); Graziella Pogolotti (Cuba); María Augusta Calle (Ecuador); Gianni Minà (Italia); Armand Mattelart (Bélgica); Carmen Bohórquez (Venezuela); Piedad Córdoba (Colombia); Samin Amin (Egipto); Carlos Fernández Liria (España); Stella Calloni (Argentina); Emir Sader (Brasil); Daniel Viglietti (Uruguay); Dany Rivera (Puerto Rico); James Petras (EE.UU); Hector Diaz Polanco (México); Marta Harnecker (Chile); Michael A. Lebowitz (Canadá); Jorge Veraza (México); Theotonio dos Santos (Brasil); Fernando Rendón (Colombia); Omar González (Cuba); Hildebrando Pérez Grande (Perú); Raúl Suárez (Cuba); Farruco Sesto (Venezuela); Angel Guerra (Cuba/México); Thierno Diop (Senegal); Michel Collon (Bélgica); Osvaldo León (Ecuador); Camille Chalmers (Haití); Belén Gopegui (España); Aldo Diaz Lacayo (Nicaragua); Arturo Corcuera (Perú); Fernando Morais (Brasil); Ismael Clark Arxer(Cuba); Irene León (Ecuador)
Sgt. Pepper, el rock (y el mundo) de mi adolescencia
Enrique Ubieta Gómez
Sí, por supuesto, estuve en el concierto que conmemoró en La Habana el medio siglo de vida de uno de los álbumes emblemáticos del siglo XX: Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967) de Los Beatles. Yo tenía ocho años cuando apareció, así que no puedo considerarme parte de aquella generación de jóvenes rebeldes, pero cuatro o cinco años después —ya desintegrada la banda, pero apenas iniciado el mito—, era un adolescente de la Secundaria Básica Guido Fuentes, en el Vedado, que junto a sus amigos de aula escuchaba discos de vinilo o grabaciones de cinta traídos “de afuera” por algún padre complaciente. El tiempo en la primera adolescencia es lento, viscoso, así que nos sobraba para sentarnos en el piso, y disfrutar de aquella música —que ensordecía e irritaba a las abuelas, a los padres que la habían traído y a los vecinos— al máximo volumen. Para qué contar lo que todos los (que son o fueron) adolescentes saben: imitábamos con las manos el supuesto golpear del baterista y los alardosos punteos de la guitarra “líder”. Mi pésimo inglés y mi incapacidad para afinar me mantuvieron ajenos a las letras.
No eran solo los Beatles, estaban los Rolling Stones, pero más a mi gusto de entonces —un gusto conformado por padres desconocedores que compraban en tiendas del extranjero, en cortas visitas de trabajo, lo que los vendedores sugerían, y por grupos “no oficiales” de rock que pululaban en la ciudad—, se ajustaban Led Zeppelin, Chicago, Santana, Sangre, sudor y lágrimas (Blood, Sweat & Tears), Aguas claras (Creedence clearwater revival), Deep Purple, Simon y Garfunkel y alguna que otra banda o combo asociados por lo general a una o dos piezas de éxito, como Iron Butterfly y aquella interminable canción llamada “In a gadda da vida” (1968). Para mis padres, pertenecientes a una generación inmediata anterior al boom rockero de los 60 y 70, aquella música era escandalosa. Hoy, muchas de aquellas canciones —y no hablo de los Beatles, cuya obra ha sido interpretada por orquestas sinfónicas— pueden ser acogidas en versiones instrumentales por Radio Enciclopedia.
Por algún extraño designio compensatorio se difundían en la radio cubana los más banales grupos y cantantes españoles —espacios radiales como Nocturno o Sorpresa nos los clavaron en la memoria afectiva—, algunos mejores, otros infames. El segundo de esos programas fue más selectivo en la producción de sus emisiones. En ellas también aparecía la música de Serrat, cuyas letras enormes, hermosas —algunas de poetas fundamentales como Machado y Hernández—, acostumbrados como estábamos a las vacías, volátiles, de otras agrupaciones de moda, parecían sobrepasar la melodía. La Massiel —dándole voz a Aute— insistía en que era más fácil encontrar rosas en el mar que un bello amor, o que se escuchara su pedido de libertad. Silvio, sin embargo, sostenía que la era estaba pariendo un corazón.
Unos años después —tendría 17 o 18 años y aún cursaba el Pre—, publiqué una entrevista a Franco Carbón, el locutor de Sorpresa —en coautoría con el poeta Osvaldo Sánchez Crespo—, en El Caimán Barbudo. En 2016 visité en Barcelona una extraña exposición de carátulas de discos de vinilo de los años 70. Durante el franquismo, cada disco comercializado en España era revestido con una carátula parecida a la original pero diferente: los desnudos eran suplantados o cubiertos pudorosamente. La exposición presentaba, una al lado de la otra, la versión anglo y la española. Pude comprobar que para mis coetáneos del Estado español, el universo sonoro que los acompañó en los años de iniciación amorosa se parecía al nuestro, pero ellos no tuvieron a los Van Van.
Los segundos 60 y primeros 70 del siglo XX fueron convulsos: el mismo año en que se editaba el extraordinario disco de Los Beatles, asesinaban al Che Guevara en Bolivia. Recuerdo que fui a la Plaza de la Revolución de la mano de mis padres, y no puedo vanagloriarme de haber tenido la suficiente madurez para entender a plenitud lo que ocurría, pero la emoción es como la electricidad, no repara en edades. Y deja huellas. La década de 1965 a 1975 fue turbulenta, pero ¿cuál no lo ha sido en nuestra época?: en los Estados Unidos se intensificaba la lucha contra el apartheid a la comunidad afroamericana y contra los atropellos a los homosexuales, considerados como enfermos mentales —hitos en esa lucha fueron el asesinato de Malcolm X (1965) y de Martin Luther King Jr. (1969), la creación del Partido Pantera Negra de Autodefensa (1966 – 1982), que tuvo un episodio internacionalista en la guerra de Argelia, los disturbios de Stonewall (1969), un club de homosexuales que repelió a tiros una redada policial—, y las protestas, cada vez más intensas contra la intervención estadounidense en la guerra de Vietnam, en la que se experimentaron armas químicas y se emplearon los más modernos aviones de guerra. El movimiento hippie en los Estados Unidos retaba al sistema, pero su rebeldía fue progresivamente encerrada en islotes de sexo, música y drogas. John Lennon, sin embargo, ya en solitario o junto a Yoko Ono, siguió retando a los poderosos y nos legó, entre otras canciones, ese himno que es “Imagine” (1971), hasta que fue asesinado en Nueva York. Hoy nos acompaña, sentado en un banco de un parque del Vedado, en La Habana. Y en muchas casas cubanas —como en la mía— hay un grabado de Ares, en el que aparecen juntos los rostros de Lennon y del Che.
La proyección del imperialismo, a escala universal, fue igualmente traumática: los disturbios de mayo en París (1968) y la masacre de estudiantes en Tlatelolco, México (1968), el triunfo electoral de Allende en Chile (1970) y el golpe de estado de Pinochet, auspiciado por el gobierno estadounidense (1973) que extendió o mantuvo dictaduras militares en todo el Cono Sur y auspició la llamada Operación Cóndor, y su secuela de crímenes de lesa humanidad, el asesinato de Amílcar Cabral (1973), el inicio de la intervención sudafricana en Angola, recién liberada, y de una larga guerra en la que intervendrían de forma decisiva y solidaria cientos de miles de internacionalistas cubanos (1973), la victoria vietnamita y la reunificación del Norte y del Sur en un solo estado (1975), marcaron esos años.
Mi visión era la de un adolescente de la capital, en los primeros 70. No me permitían tener el pelo ni discretamente largo —ni la Escuela, ni mis padres—, aunque a veces lográbamos burlar el límite exigido, sobre todo en los períodos de “escuela al campo”, del que regresábamos con la aureola de haber sobrepasado una prueba de “adultez” y una novia nueva (del campamento vecino, ya que estos no eran mixtos). Recuerdo a un compañero de aula que se mojaba mucho el cabello y lo peinaba de atrás hacia alante, para luego cubrirlo con una gorra. El truco le duró unos meses, pero al fin fue descubierto y enviado sin compasión a la barbería. El hijo de un diplomático anglo (no sé de qué país) empezó a asistir a clases en nuestra Secundaria. Hablo de los años 71 o 72. Era muy rubio y tenía un corte de pelo similar al del Príncipe Valiente. Un joven profesor de inglés de mi curso discutió con él en su lengua frente a todos los alumnos, sobre la pertinencia o no de llevar el pelo largo, una discusión sin dudas absurda, prevista por el profesor para impresionar —así lo entendimos todos— con su solvencia en ese idioma, a las muchachas de la Escuela.
No podía saber en aquellos años de mi adolescencia que los revolucionarios cubanos —hombres y mujeres de su tiempo— empeñados en construir una sociedad más sana y un hombre/mujer “nuevos” cuya realización individual no fuera ajena y menos aún opuesta a la colectiva, atenazados a veces por carencias culturales, compartían el sentimiento homofóbico de las sociedades machistas y algunos gustos mediocres heredados del pasado. Como en cualquier otro país —aunque es cierto que la Cuba justiciera no era cualquier país—, en el nuestro hubo excesos represivos contra aquella comunidad. Y no fue hasta mi ingreso en la enseñanza superior, muy lejos de mis padres, en la antigua Unión Soviética, que pude dejarme crecer el pelo hasta los hombros. Mi hijo, en cambio, siempre lo ha usado a su manera, a veces largo, a veces corto, como ha querido.
Pero quiero rectificar un malentendido: durante el transcurso de la semana, los alumnos de la Secundaria nos enterábamos (el rumor era tan exacto como cualquier noticia de la prensa) de cuáles serían las fiestas de 15 en las que tocaría alguno de los grupos de rock de la capital. Ninguno era reconocido de manera oficial, no aparecían en la televisión o en la radio, ni interpretaban canciones propias, solo imitaban a los grandes grupos anglosajones de rock de la época y cantaban en inglés sus éxitos. Recuerdo los nombres de tres agrupaciones de ese corte: Los Kent (que duran hasta hoy, ya profesionalizados), Los Almas Vertiginosas y Los Sesiones Ocultas. El rock anglosajón —asociado únicamente a la enajenación y la droga— era entonces valorado como una forma de distorsión ideológica en los jóvenes. Sin embargo, esos grupos no eran clandestinos, como algunos autores se complacen en repetir.
Para realizar una fiesta escandalosa en aquellos años —y no cabe dudas de que tener a un grupo de estos dentro de la casa, clasificaba en este rango—, había que solicitar un permiso en la Estación de Policía más cercana, usualmente expedido hasta las 12 de la noche, aunque si se trataba de unos 15 o de una boda, las autoridades solían hacerse de la vista gorda hasta la una, poco más o menos. Es decir, que cada fin de semana se realizaban al menos uno o dos conciertos “privados” de rock en la ciudad, que no solo conocían todos los adolescentes y jóvenes (y sus padres), sino además las autoridades locales y muy especialmente los vecinos. El precio que los dueños de casa pagaban por traer a casa a esos intrépidos intérpretes oscilaba entre los 800 y los 500 pesos cubanos (entre 32 y 20 cuc, según los cambios de hoy, aunque en aquella época el dinero parecía sobrar).
Lo cierto es que los sábados salíamos a la caza de fiestas a las que no habíamos sido invitados, y a las que intentábamos entrar de cualquier manera. Algunos padres de quinceañeras imprimían invitaciones y colocaban parientes en la puerta de sus viviendas para controlar el acceso que casi siempre era burlado, con paciencia y perseverancia. ¡A cuántas fiestas-conciertos asistí en aquellos tres años de Secundaria! Mi hermana, enferma de nacimiento, tuvo sus 15 rockeros: mi padre ahorró con esfuerzo el dinero necesario para contratar a una banda que tocó durante dos horas en el comedor de la casa. Creo que los vecinos de la cuadra debieron haber sentido el retumbar de aquella música “endemoniada”, como si los músicos tocaran estuviesen dentro las suyas; ese, realmente, no puede ser el significado de la palabra “clandestino”. Entre fiestas, novias y fugas de la escuela durante el receso de media mañana, para bañarme en las aguas del Malecón habanero, mi destino quizás hubiese sido otro. Sin embargo, el décimo grado lo inicié en la Escuela Vocacional Lenin y las cosas cambiaron. Pero ya esa es otra historia.
Sí, por supuesto, estuve en el concierto que conmemoró en La Habana el medio siglo de vida de uno de los álbumes emblemáticos del siglo XX: Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967) de Los Beatles. Yo tenía ocho años cuando apareció, así que no puedo considerarme parte de aquella generación de jóvenes rebeldes, pero cuatro o cinco años después —ya desintegrada la banda, pero apenas iniciado el mito—, era un adolescente de la Secundaria Básica Guido Fuentes, en el Vedado, que junto a sus amigos de aula escuchaba discos de vinilo o grabaciones de cinta traídos “de afuera” por algún padre complaciente. El tiempo en la primera adolescencia es lento, viscoso, así que nos sobraba para sentarnos en el piso, y disfrutar de aquella música —que ensordecía e irritaba a las abuelas, a los padres que la habían traído y a los vecinos— al máximo volumen. Para qué contar lo que todos los (que son o fueron) adolescentes saben: imitábamos con las manos el supuesto golpear del baterista y los alardosos punteos de la guitarra “líder”. Mi pésimo inglés y mi incapacidad para afinar me mantuvieron ajenos a las letras.
No eran solo los Beatles, estaban los Rolling Stones, pero más a mi gusto de entonces —un gusto conformado por padres desconocedores que compraban en tiendas del extranjero, en cortas visitas de trabajo, lo que los vendedores sugerían, y por grupos “no oficiales” de rock que pululaban en la ciudad—, se ajustaban Led Zeppelin, Chicago, Santana, Sangre, sudor y lágrimas (Blood, Sweat & Tears), Aguas claras (Creedence clearwater revival), Deep Purple, Simon y Garfunkel y alguna que otra banda o combo asociados por lo general a una o dos piezas de éxito, como Iron Butterfly y aquella interminable canción llamada “In a gadda da vida” (1968). Para mis padres, pertenecientes a una generación inmediata anterior al boom rockero de los 60 y 70, aquella música era escandalosa. Hoy, muchas de aquellas canciones —y no hablo de los Beatles, cuya obra ha sido interpretada por orquestas sinfónicas— pueden ser acogidas en versiones instrumentales por Radio Enciclopedia.
Por algún extraño designio compensatorio se difundían en la radio cubana los más banales grupos y cantantes españoles —espacios radiales como Nocturno o Sorpresa nos los clavaron en la memoria afectiva—, algunos mejores, otros infames. El segundo de esos programas fue más selectivo en la producción de sus emisiones. En ellas también aparecía la música de Serrat, cuyas letras enormes, hermosas —algunas de poetas fundamentales como Machado y Hernández—, acostumbrados como estábamos a las vacías, volátiles, de otras agrupaciones de moda, parecían sobrepasar la melodía. La Massiel —dándole voz a Aute— insistía en que era más fácil encontrar rosas en el mar que un bello amor, o que se escuchara su pedido de libertad. Silvio, sin embargo, sostenía que la era estaba pariendo un corazón.
Unos años después —tendría 17 o 18 años y aún cursaba el Pre—, publiqué una entrevista a Franco Carbón, el locutor de Sorpresa —en coautoría con el poeta Osvaldo Sánchez Crespo—, en El Caimán Barbudo. En 2016 visité en Barcelona una extraña exposición de carátulas de discos de vinilo de los años 70. Durante el franquismo, cada disco comercializado en España era revestido con una carátula parecida a la original pero diferente: los desnudos eran suplantados o cubiertos pudorosamente. La exposición presentaba, una al lado de la otra, la versión anglo y la española. Pude comprobar que para mis coetáneos del Estado español, el universo sonoro que los acompañó en los años de iniciación amorosa se parecía al nuestro, pero ellos no tuvieron a los Van Van.
Los segundos 60 y primeros 70 del siglo XX fueron convulsos: el mismo año en que se editaba el extraordinario disco de Los Beatles, asesinaban al Che Guevara en Bolivia. Recuerdo que fui a la Plaza de la Revolución de la mano de mis padres, y no puedo vanagloriarme de haber tenido la suficiente madurez para entender a plenitud lo que ocurría, pero la emoción es como la electricidad, no repara en edades. Y deja huellas. La década de 1965 a 1975 fue turbulenta, pero ¿cuál no lo ha sido en nuestra época?: en los Estados Unidos se intensificaba la lucha contra el apartheid a la comunidad afroamericana y contra los atropellos a los homosexuales, considerados como enfermos mentales —hitos en esa lucha fueron el asesinato de Malcolm X (1965) y de Martin Luther King Jr. (1969), la creación del Partido Pantera Negra de Autodefensa (1966 – 1982), que tuvo un episodio internacionalista en la guerra de Argelia, los disturbios de Stonewall (1969), un club de homosexuales que repelió a tiros una redada policial—, y las protestas, cada vez más intensas contra la intervención estadounidense en la guerra de Vietnam, en la que se experimentaron armas químicas y se emplearon los más modernos aviones de guerra. El movimiento hippie en los Estados Unidos retaba al sistema, pero su rebeldía fue progresivamente encerrada en islotes de sexo, música y drogas. John Lennon, sin embargo, ya en solitario o junto a Yoko Ono, siguió retando a los poderosos y nos legó, entre otras canciones, ese himno que es “Imagine” (1971), hasta que fue asesinado en Nueva York. Hoy nos acompaña, sentado en un banco de un parque del Vedado, en La Habana. Y en muchas casas cubanas —como en la mía— hay un grabado de Ares, en el que aparecen juntos los rostros de Lennon y del Che.
La proyección del imperialismo, a escala universal, fue igualmente traumática: los disturbios de mayo en París (1968) y la masacre de estudiantes en Tlatelolco, México (1968), el triunfo electoral de Allende en Chile (1970) y el golpe de estado de Pinochet, auspiciado por el gobierno estadounidense (1973) que extendió o mantuvo dictaduras militares en todo el Cono Sur y auspició la llamada Operación Cóndor, y su secuela de crímenes de lesa humanidad, el asesinato de Amílcar Cabral (1973), el inicio de la intervención sudafricana en Angola, recién liberada, y de una larga guerra en la que intervendrían de forma decisiva y solidaria cientos de miles de internacionalistas cubanos (1973), la victoria vietnamita y la reunificación del Norte y del Sur en un solo estado (1975), marcaron esos años.
Mi visión era la de un adolescente de la capital, en los primeros 70. No me permitían tener el pelo ni discretamente largo —ni la Escuela, ni mis padres—, aunque a veces lográbamos burlar el límite exigido, sobre todo en los períodos de “escuela al campo”, del que regresábamos con la aureola de haber sobrepasado una prueba de “adultez” y una novia nueva (del campamento vecino, ya que estos no eran mixtos). Recuerdo a un compañero de aula que se mojaba mucho el cabello y lo peinaba de atrás hacia alante, para luego cubrirlo con una gorra. El truco le duró unos meses, pero al fin fue descubierto y enviado sin compasión a la barbería. El hijo de un diplomático anglo (no sé de qué país) empezó a asistir a clases en nuestra Secundaria. Hablo de los años 71 o 72. Era muy rubio y tenía un corte de pelo similar al del Príncipe Valiente. Un joven profesor de inglés de mi curso discutió con él en su lengua frente a todos los alumnos, sobre la pertinencia o no de llevar el pelo largo, una discusión sin dudas absurda, prevista por el profesor para impresionar —así lo entendimos todos— con su solvencia en ese idioma, a las muchachas de la Escuela.
No podía saber en aquellos años de mi adolescencia que los revolucionarios cubanos —hombres y mujeres de su tiempo— empeñados en construir una sociedad más sana y un hombre/mujer “nuevos” cuya realización individual no fuera ajena y menos aún opuesta a la colectiva, atenazados a veces por carencias culturales, compartían el sentimiento homofóbico de las sociedades machistas y algunos gustos mediocres heredados del pasado. Como en cualquier otro país —aunque es cierto que la Cuba justiciera no era cualquier país—, en el nuestro hubo excesos represivos contra aquella comunidad. Y no fue hasta mi ingreso en la enseñanza superior, muy lejos de mis padres, en la antigua Unión Soviética, que pude dejarme crecer el pelo hasta los hombros. Mi hijo, en cambio, siempre lo ha usado a su manera, a veces largo, a veces corto, como ha querido.
Pero quiero rectificar un malentendido: durante el transcurso de la semana, los alumnos de la Secundaria nos enterábamos (el rumor era tan exacto como cualquier noticia de la prensa) de cuáles serían las fiestas de 15 en las que tocaría alguno de los grupos de rock de la capital. Ninguno era reconocido de manera oficial, no aparecían en la televisión o en la radio, ni interpretaban canciones propias, solo imitaban a los grandes grupos anglosajones de rock de la época y cantaban en inglés sus éxitos. Recuerdo los nombres de tres agrupaciones de ese corte: Los Kent (que duran hasta hoy, ya profesionalizados), Los Almas Vertiginosas y Los Sesiones Ocultas. El rock anglosajón —asociado únicamente a la enajenación y la droga— era entonces valorado como una forma de distorsión ideológica en los jóvenes. Sin embargo, esos grupos no eran clandestinos, como algunos autores se complacen en repetir.
Para realizar una fiesta escandalosa en aquellos años —y no cabe dudas de que tener a un grupo de estos dentro de la casa, clasificaba en este rango—, había que solicitar un permiso en la Estación de Policía más cercana, usualmente expedido hasta las 12 de la noche, aunque si se trataba de unos 15 o de una boda, las autoridades solían hacerse de la vista gorda hasta la una, poco más o menos. Es decir, que cada fin de semana se realizaban al menos uno o dos conciertos “privados” de rock en la ciudad, que no solo conocían todos los adolescentes y jóvenes (y sus padres), sino además las autoridades locales y muy especialmente los vecinos. El precio que los dueños de casa pagaban por traer a casa a esos intrépidos intérpretes oscilaba entre los 800 y los 500 pesos cubanos (entre 32 y 20 cuc, según los cambios de hoy, aunque en aquella época el dinero parecía sobrar).
Lo cierto es que los sábados salíamos a la caza de fiestas a las que no habíamos sido invitados, y a las que intentábamos entrar de cualquier manera. Algunos padres de quinceañeras imprimían invitaciones y colocaban parientes en la puerta de sus viviendas para controlar el acceso que casi siempre era burlado, con paciencia y perseverancia. ¡A cuántas fiestas-conciertos asistí en aquellos tres años de Secundaria! Mi hermana, enferma de nacimiento, tuvo sus 15 rockeros: mi padre ahorró con esfuerzo el dinero necesario para contratar a una banda que tocó durante dos horas en el comedor de la casa. Creo que los vecinos de la cuadra debieron haber sentido el retumbar de aquella música “endemoniada”, como si los músicos tocaran estuviesen dentro las suyas; ese, realmente, no puede ser el significado de la palabra “clandestino”. Entre fiestas, novias y fugas de la escuela durante el receso de media mañana, para bañarme en las aguas del Malecón habanero, mi destino quizás hubiese sido otro. Sin embargo, el décimo grado lo inicié en la Escuela Vocacional Lenin y las cosas cambiaron. Pero ya esa es otra historia.
sábado, 27 de mayo de 2017
Dos versiones de mis palabras en un evento del Movimiento Juvenil Martiano, celebrado ayer en la ciudad de Cienfuegos. Hay pequeñas imprecisiones en la interpretación de lo que digo, pero en general es correcta.
INTELECTUAL CUBANO CONFÍA EN LOS JÓVENES DE ESTE TIEMPO
Vismar Pupo Martínez
Cienfuegos, 26 may (ACN) Confío en los jóvenes sin ser paternalista ni hipócrita, dijo hoy, en esta ciudad, el escritor y periodista Enrique Ubieta, durante un encuentro con representantes del Movimiento Juvenil Martiano de Sancti Spíritus, Villa Clara, Matanzas, La Habana y Cienfuegos.
La conferencia, con el nombre La necesidad del ejercicio del pensar, se efectuó dentro de la Segunda Edición del Concurso Ganémosla a Pensamiento.
Este profesional de las letras instó a las nuevas generaciones a no poner “el tener” por encima del “ser” y llamó a despojar el consumismo imperante en la actualidad.
El capitalismo induce a comprar y promueve el uso desmedido de los bienes materiales, en contraposición con el socialismo, agregó Ubieta.
Ensayista y editor del mensuario La Calle del Medio, el intelectual se refirió a la guerra ideológica de Estados Unidos contra Cuba y recordó que no se puede ser revolucionario sin tener conciencia de lo que se defiende.
Aclaró que no existe nadie desideologizado, sino que adopta de manera inconsciente otra ideología y dijo que un recurso vital es darles a los jóvenes todas las armas posibles para desarrollar un pensamiento crítico.
También el escritor habló sobre la penetración cultural y mencionó que se puede ser defensor de la cultura banal consumista del capitalismo y no darse cuenta.
Hay que enfrentar esa estandarización, esa banalización, porque intentan que dejemos de ser conscientes del futuro, de la realidad, de las perspectivas, de las posibilidades cubanas, advirtió el escritor.
Indicó que las novelas y otros programas de televisión norteamericanos pueden ser los más subversivos, y aconsejó acudir a la cultura popular socialista para hacerle frente a la hegemonía cultural del capitalismo.
Se refirió también a los problemas económicos actuales del país, pero recordó que la historia de Cuba estuvo llena de momentos imposibles y varias generaciones protagonizaron saltos sobre el abismo para salvar la nación.
En la conferencia estuvieron presentes además la investigadora Adys Cupull y el escritor y periodista Luis Toledo Sande, editor en la Editorial Arte y Literatura.
Esta Segunda Edición del Concurso Ganémosla a Pensamiento incluyó hoy un diálogo de generaciones con el título Raíces revolucionarias antiimperialistas de los jóvenes cubanos y concluye mañana con un Foro Juvenil.
En Cienfuegos II Concurso Juvenil Martiano Ganémosla a Pensamiento
Por Armando Sáez Chávez -
26 mayo, 2017
Periódico 5 de Septiembre
Con la presencia de medio centenar de ponentes de las provincias centrales y la capital del país, escritores, historiadores, periodistas, investigadores y miembros de la Sociedad Cultural José Martí, entre otros invitados, se efectúa, desde hoy y hasta mañana sábado en Cienfuegos, la II edición del Concurso “Ganémosla a pensamiento”, auspiciado por el Movimiento Juvenil Martiano (MJM), promovido a instancia de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).
“La iniciativa, netamente cienfueguera, es un certamen competitivo con carácter bianual. El objetivo, más allá de los tres premios relevantes y los dos reconocimientos
especiales, se erige en espacio de debate y reflexión en aras de
fortalecernos precisamente en la guerra ideológica que hoy se nos hace”,
precisó Alba Regla Hidalgo Palacio, presidenta provincial del MJM.
El evento teórico dio inicio con la conferencia La necesidad del ejercicio del pensar, impartida por el periodista y escritor Enrique Ubieta. En su exposición, el destacado intelectual cubano hizo hincapié en el acercamiento al pensamiento de José Martí desde la perspectiva de los elementos raigales que dieron origen al sentimiento independentista de los cubanos en las guerras contra el colonialismo español.
Ubieta aludió a la ascendencia de las clases más humilde de la sociedad de entonces, de cuyo seno salieron los principales paladines de las gestas en la manigua redentora. En ese contexto fue que sobresalieron las ideas del Apóstol de la independencia de Cuba. “Martí construye la realidad, lo que no quiere decir que la invente, porque sobre ese presupuesto es válido el concepto filosófico del poder ser”, puntualizó.
En otra parte de su conferencia, el también funcionario del Comité Central aludió a la responsabilidad de las generaciones actuales de seguir el hilo histórico del pensamiento revolucionario,
inspirados en el martiano mayor, Fidel Castro. Exhortó a la defensa de
los valores de la cultura autóctona frente a la propugnada por las
potencias capitalistas hegemónicas, exaltadoras del consumismo, la
deshumanización y la violencia intrínsecos del sistema. “Por eso se precisa reaccionar ante la banalidad y la estandarización de la ideología capitalista y neoliberal”, recalcó.
En la propia jornada se desarrolló el diálogo entre generaciones con las raíces revolucionarias y antiimperialist as
de los jóvenes cubanos. El intercambio contó con la conducción de la
periodista, investigadora y escritora Adys Cupull; el escritor, poeta,
ensayista DrC. Luis Toledo Sande, y José Arce Masó, vicepresidente de la
Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en la provincia.
El programa lo completa también el foro juvenil y un taller de debate y reflexiones con el sugerente nombre de Estocada martiana, considerado uno de los platos fuertes de “Ganémosla a pensamiento”. Está previsto, además, la ruta juvenil por la Fortaleza Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua y visitas a lugares de interés histórico, recreativos, culturales y centros de importancia económica en el territorio.
Para este sábado está reservada la exhibición de un capítulo de la serie televisiva, actualmente en pantalla, LCB; la otra guerra, con la presencia de los creadores del audiovisual.
“Esta experiencia de Cienfuegos confirma nuestro papel rector en los principales retos que tiene hoy la juventud cubana, con la UJC a la cabeza. En síntesis, el asunto estriba en prepararnos mejor para poder enfrentar esa guerra de pensamiento anunciada por Martí, y ganarla como él vaticinó también, a pensamiento”, comentó Danay Armand Solano, vicepresidenta nacional del Movimiento Juvenil Martiano.
La dirigente insistió en que a las generaciones actuales les corresponde mantener y defender la cultura nacional, la identidad de los cubanos y la historia patria, ante las pretensiones de su desmontaje y fragmentación. “Para ello contamos con un arsenal importante en las ideas de Martí y de Fidel”, significó.
En esta ocasión el evento está dedicado al XIX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, al pensamiento antiimperialist a
de Fidel Castro; a Ernesto Che Guevara en el aniversario 50 de su
asesinato y al aniversario 60 del levantamiento popular del 5 de
Septiembre.
INTELECTUAL CUBANO CONFÍA EN LOS JÓVENES DE ESTE TIEMPO
Vismar Pupo Martínez
Cienfuegos, 26 may (ACN) Confío en los jóvenes sin ser paternalista ni hipócrita, dijo hoy, en esta ciudad, el escritor y periodista Enrique Ubieta, durante un encuentro con representantes del Movimiento Juvenil Martiano de Sancti Spíritus, Villa Clara, Matanzas, La Habana y Cienfuegos.
La conferencia, con el nombre La necesidad del ejercicio del pensar, se efectuó dentro de la Segunda Edición del Concurso Ganémosla a Pensamiento.
Este profesional de las letras instó a las nuevas generaciones a no poner “el tener” por encima del “ser” y llamó a despojar el consumismo imperante en la actualidad.
El capitalismo induce a comprar y promueve el uso desmedido de los bienes materiales, en contraposición con el socialismo, agregó Ubieta.
Ensayista y editor del mensuario La Calle del Medio, el intelectual se refirió a la guerra ideológica de Estados Unidos contra Cuba y recordó que no se puede ser revolucionario sin tener conciencia de lo que se defiende.
Aclaró que no existe nadie desideologizado, sino que adopta de manera inconsciente otra ideología y dijo que un recurso vital es darles a los jóvenes todas las armas posibles para desarrollar un pensamiento crítico.
También el escritor habló sobre la penetración cultural y mencionó que se puede ser defensor de la cultura banal consumista del capitalismo y no darse cuenta.
Hay que enfrentar esa estandarización, esa banalización, porque intentan que dejemos de ser conscientes del futuro, de la realidad, de las perspectivas, de las posibilidades cubanas, advirtió el escritor.
Indicó que las novelas y otros programas de televisión norteamericanos pueden ser los más subversivos, y aconsejó acudir a la cultura popular socialista para hacerle frente a la hegemonía cultural del capitalismo.
Se refirió también a los problemas económicos actuales del país, pero recordó que la historia de Cuba estuvo llena de momentos imposibles y varias generaciones protagonizaron saltos sobre el abismo para salvar la nación.
En la conferencia estuvieron presentes además la investigadora Adys Cupull y el escritor y periodista Luis Toledo Sande, editor en la Editorial Arte y Literatura.
Esta Segunda Edición del Concurso Ganémosla a Pensamiento incluyó hoy un diálogo de generaciones con el título Raíces revolucionarias antiimperialistas de los jóvenes cubanos y concluye mañana con un Foro Juvenil.
En Cienfuegos II Concurso Juvenil Martiano Ganémosla a Pensamiento
Por Armando Sáez Chávez -
26 mayo, 2017
Periódico 5 de Septiembre
Con la presencia de medio centenar de ponentes de las provincias centrales y la capital del país, escritores, historiadores, periodistas, investigadores y miembros de la Sociedad Cultural José Martí, entre otros invitados, se efectúa, desde hoy y hasta mañana sábado en Cienfuegos, la II edición del Concurso “Ganémosla a pensamiento”, auspiciado por el Movimiento Juvenil Martiano (MJM), promovido a instancia de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).
“La iniciativa, netamente cienfueguera, es un certamen competitivo con carácter bianual. El objetivo, más allá de los tres premios relevantes y los dos reconocimientos
El evento teórico dio inicio con la conferencia La necesidad del ejercicio del pensar, impartida por el periodista y escritor Enrique Ubieta. En su exposición, el destacado intelectual cubano hizo hincapié en el acercamiento al pensamiento de José Martí desde la perspectiva de los elementos raigales que dieron origen al sentimiento independentista
Ubieta aludió a la ascendencia de las clases más humilde de la sociedad de entonces, de cuyo seno salieron los principales paladines de las gestas en la manigua redentora. En ese contexto fue que sobresalieron las ideas del Apóstol de la independencia de Cuba. “Martí construye la realidad, lo que no quiere decir que la invente, porque sobre ese presupuesto es válido el concepto filosófico del poder ser”, puntualizó.
En otra parte de su conferencia, el también funcionario del Comité Central aludió a la responsabilidad
En la propia jornada se desarrolló el diálogo entre generaciones con las raíces revolucionarias
El programa lo completa también el foro juvenil y un taller de debate y reflexiones con el sugerente nombre de Estocada martiana, considerado uno de los platos fuertes de “Ganémosla a pensamiento”. Está previsto, además, la ruta juvenil por la Fortaleza Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua y visitas a lugares de interés histórico, recreativos, culturales y centros de importancia económica en el territorio.
Para este sábado está reservada la exhibición de un capítulo de la serie televisiva, actualmente en pantalla, LCB; la otra guerra, con la presencia de los creadores del audiovisual.
“Esta experiencia de Cienfuegos confirma nuestro papel rector en los principales retos que tiene hoy la juventud cubana, con la UJC a la cabeza. En síntesis, el asunto estriba en prepararnos mejor para poder enfrentar esa guerra de pensamiento anunciada por Martí, y ganarla como él vaticinó también, a pensamiento”, comentó Danay Armand Solano, vicepresidenta nacional del Movimiento Juvenil Martiano.
La dirigente insistió en que a las generaciones actuales les corresponde mantener y defender la cultura nacional, la identidad de los cubanos y la historia patria, ante las pretensiones de su desmontaje y fragmentación. “Para ello contamos con un arsenal importante en las ideas de Martí y de Fidel”, significó.
En esta ocasión el evento está dedicado al XIX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, al pensamiento antiimperialist
domingo, 7 de mayo de 2017
Venezuela en la hora de los hornos
Atilio A. Boron
La dialéctica de
la revolución y el enfrentamiento de clases que la impulsa aproxima la crisis
venezolana a su inexorable desenlace. Las alternativas son dos y sólo dos:
consolidación y avance de la revolución o derrota de la revolución. La brutal
ofensiva de la oposición -criminal por sus métodos y sus propósitos
antidemocráticos- encuentra en los gobiernos conservadores de la región y en
desprestigiados ex gobernantes figurones que inflan su pecho en defensa de la
“oposición democrática” en Venezuela y exigen al gobierno de Maduro la
inmediata liberación de los “presos políticos”. La canalla mediática y "la
embajada" hacen lo suyo y multiplican por mil estas mentiras. Los
criminales que incendian un hospital de niños forman parte de esa supuesta
legión de demócratas que luchan para deponer la “tiranía” de Maduro. También lo
son los terroristas -¿se los puede llamar de otro modo?- que incendian,
destruyen, saquean, agreden y matan con total impunidad (protegidos por las
policías de las 19 alcaldías opositoras, de las 335 que hay en el país). Si la
policía bolivariana -que no lleva armas de fuego desde los tiempos de Chávez-
los captura se produce una pasmosa mutación: la derecha y sus medios convierten
a esos delincuentes comunes en “presos políticos” y “combatientes por la
libertad”, como los que en El Salvador asesinaron a Monseñor Oscar
Arnulfo Romero y a los jesuitas de la UCA; o como los “contras” que asolaron la
Nicaragua sandinista financiados por la operación “Irán-Contras” planeada y
ejecutada desde la Casa Blanca.
Resumiendo: lo
que está sucediendo hoy en Venezuela es que la contrarrevolución trata de tomar
las calles –y lo ha logrado en varios puntos del país- y producir, junto con el
desabastecimiento programado y la guerra económica el caos social que remate en
una coyuntura de disolución nacional y desencadene el desplome de la revolución
bolivariana. Reflexionando sobre el curso de la revolución de 1848 en Francia
Marx escribió unas líneas que, con ciertos recaudos, bien podrían aplicarse a
la Venezuela actual. En su célebre El Dieciocho Brumario de Luis
Bonaparte, describía la situación en París diciendo que “en medio de
esta confusión indecible y estrepitosa de fusión, revisión, prórroga de
poderes, Constitución, conspiración, coalición, emigración, usurpación y
revolución. el burgués, jadeante, gritase como loco a su república
parlamentaria: «¡Antes un final terrible que un terror sin fin!»”
Sería imprudente no tomar estas palabras muy seriamente, porque eso es
precisamente lo que el imperio y sus secuaces tratan de hacer en Venezuela:
lograr la aceptación popular de “un final terrible” que ponga término a “un
terror sin fin.” A tal efecto Washington aplica la misma receta administrada en
tantos países: organizar la oposición y convertirla en la semilla de la
contrarrevolución, ofrecerle financ¿¿iamiento, cobertura mediática y
diplomática, armas; inventar sus líderes, fijar la agenda y reclutar a
mercenarios y malvivientes de la peor calaña que hagan la tarea sucia de
"calentar la calle" matando, destruyendo, incendiando, saqueando,
mientras sus principales dirigentes se fotografían con presidentes, ministros,
el Secretario General de la OEA y demás agentes del imperio. Esto mismo hicieron
hace unos años con gran éxito en Libia, en donde Washington y sus compinches
inventaron los “combatientes por la libertad” en Benghasi. La prensa hegemónica
difundió esa falsa noticia a los cuatro vientos y la OTAN hizo lo que hacía
falta. El resultado final: destrucción de Libia bombardeada a mansalva durante
meses, caída y linchamiento de Gadafi, entre las risotadas de una hiena llamada
Hillary Clinton. En Venezuela están aplicando el mismo plan, con bandas
armadas que destruyen y matan lo que sea ante una policía poco menos que
indefensa.
Por comparación,
la ofensiva imperial lanzada contra Salvador Allende en los años setentas fue
un juego de niños al lado de la inaudita ferocidad del ataque sobre Venezuela.
No hubo en Chile una oposición que contratara bandas criminales para ir por los
barrios populares disparando a mansalva para aterrorizar a la población;
tampoco un gobierno de un país vecino que apañara el contrabando y el
paramilitarismo, y una prensa tan canalla y efectiva como la actual, que hizo
de la mentira su religión. Días pasados publicaron la foto de un joven vestido
con uniforme de combate y arrojando una bomba molotov sobre un carro de policía
y en el epígrafe se habla ¡de la "represión" de las fuerzas de
seguridad chavistas cuando eran éstas las que eran reprimidas por los
revoltosos! Esa prensa proclama indignada que la represión cobró la vida de más
de treinta personas pero oculta aviesamente que la mayoría de los muertos son
chavistas y que por lo menos cinco de ellos policías bolivarianos ultimados por
los "combatientes por la libertad." Los incendios, saqueos y
asesinatos, la incitación y la comisión de actos sediciosos son publicitados
como la comprensible exaltación de un pueblo sometido a una monstruosa dictadura
que, curiosamente, deja que sus opositores entren y salgan del país a voluntad,
visiten a gobiernos amigos o a instituciones putrefactas como la OEA para
requerir que su país sea invadido por tropas enemigas, hagan periódicas
declaraciones a la prensa, convaliden la violencia desatada, se reúnan en una
farsa de Asamblea Nacional, dispongan de un fenomenal aparato mediático que
miente como jamás antes, vayan a terceros países a apoyar a candidatos de
extrema derecha en elecciones presidenciales sin que ninguno sea molestado por
las autoridades. ¡Curiosa dictadura la de Maduro! Todas estas protestas y sus
instigadores están encaminadas a un solo fin: garantizar el triunfo de la
contrarrevolución y restaurar el viejo orden pre-chavista mediante un caos científicamente
programado por gentes como Eugene Sharp y otros consultores de la CIA que han
escrito varios manuales de instrucción sobre como desestabilizar gobiernos.1
El modelo de
transición que anhela la contrarrevolución venezolana no es el "Pacto de
la Moncloa" ni ningún pacífico arreglo institucional sino la aplicación a
rajatabla del modelo libio. Y, por supuesto, no tienen la menor intención de
dialogar, por más concesiones que se les haga. Pidieron una Constituyente y
cuando se la otorgan acusan a Maduro de fraguar un autogolpe de estado. Violan
la legalidad institucional y la prensa del imperio los exalta como si fueran la
quintaesencia de la democracia. No parece que la rehabilitación de Henrique
Capriles o inclusive la liberación de Leopoldo López podrían hacer que un
sector de la oposición admitiera sentarse en una mesa de diálogo político para
salir de la crisis por una vía pacífica porque la voz de mando la tiene el sector
insurreccional. La derecha y el imperio huelen sangre y van por más, y medidas
apaciguadoras como esas los envalentonaría aún más aunque admito que mi
análisis podría estar equivocado. Desde afuera, gentuzas como Luis Almagro
que emergen cubiertos de estiércol desde las cloacas del imperio orquestan una
campaña internacional contra el gobierno bolivariano. Y países que jamás
tuvieron una constitución democrática y surgida de una consulta popular en toda
su historia, como Chile, tienen la osadía de pretender dar lecciones de
democracia a Venezuela, que tiene una de las mejores constituciones del mundo
y, además, aprobadas por un referendo popular.
Maduro ofreció
nada menos que convocar a una Constituyente para evitar una guerra civil y la
desintegración nacional. Si la oposición confirmara en los próximos días su
rechazo a ese gesto patriótico y democrático el único camino que le quedará
abierto al gobierno será dejar de lado la excesiva e imprudente
tolerancia tenida con los agentes de la contrarrevolución y descargar sobre
ellos todo el rigor de la ley, sin concesión alguna. La oposición no violenta
será respetada en tanto y en cuanto opere dentro de las reglas del juego
democrático y los marcos establecidos por la Constitución; la otra, el ala
insurreccional de la oposición, deberá ser reprimida sin demora y sin
clemencia. El gobierno bolivariano tuvo una paciencia infinita ante los
sediciosos, que en Estados Unidos estarían presos desde el 2014 y algunos,
Leopoldo López, por ejemplo, condenado a cadena perpetua o a la pena capital.
Su mayor pecado fue haber sido demasiado tolerante y generoso con quienes sólo
quieren la victoria de la contrarrevolución a cualquier precio. Pero ese tiempo
ya se acabó. La inexorable dialéctica de la revolución establece, con la lógica
implacable de la ley de la gravedad, que ahora el gobierno debe reaccionar con
toda la fuerza del estado para impedir a tiempo la disolución del orden social,
la caída en el abismo de una cruenta guerra civil y la derrota de la
revolución. Impedir ese “final terrible” del que hablaba Marx antes del “terror
sin fin.” Si el gobierno bolivariano adopta este curso de acción podrá salvar
la continuidad del proceso iniciado por Chávez en 1999, sin preocuparse por la
ensordecedora gritería de la derecha y sus lenguaraces mediáticos que de todos
modos ya hace tiempo vienen aullando, mintiendo e insultando a la revolución y
sus protagonistas. Si, en cambio, titubeara y cayera en la imperdonable ilusión
de que a los violentos se los puede apaciguar con gestos patrióticos o rezando
siete Ave Marías, su futuro tiene el rostro de la derrota, con dos variantes.
Uno, un poco menos traumático, terminar como el Sandinismo, derrotado
“constitucionalmente” en las urnas en 1989. Sólo que Venezuela está asentada sobre
un inmenso mar de petróleo y Nicaragua no, y por eso hay que desterrar el
espejismo de que si los sandinistas volvieron al gobierno los chavistas podrían
hacer lo propio, diez o quince años después de una eventual derrota. ¡No! El
triunfo de la contrarrevolución convertiría de hecho a Venezuela en el estado
número 51 de la Unión Americana, y si Washington durante más de un siglo ha
demostrado no estar dispuesto a abandonar a Puerto Rico ni en mil años se iría
de Venezuela una vez que sus peones derroten al chavismo y se apoderen de
este país y su inmensa reserva petrolera. La revolución bolivariana es social y
política y, a no olvidarlo, una lucha de liberación nacional. La derrota de la
revolución se traduciría en la anexión informal de Venezuela a Estados Unidos.
La segunda variante de una posible derrota configuraría el peor escenario.
Incapaz de contener a los violentos y de restablecer el orden y una cierta
normalidad económica una insurrección violenta aplicaría el modelo libio para
acabar con la revolución bolivariana. No olvidar que ahora la número dos del
Comando Sur es nada menos que un personaje tan siniestro e inescrupuloso como
Liliana Ayalde, quien fuera embajadora de Estados Unidos en Paraguay y Brasil y
que en ambos países fue la artífice fundamental de sendos golpes de estado. Una
mujer de armas tomar a quien no le temblaría la mano a la hora de lanzar las
fuerzas del Comando Sur contra Venezuela, derribar su gobierno y, como en
Libia, hacer que una turbamulta organizada por la CIA termine con el
linchamiento de Maduro como sucediera con Gadafi, y el exterminio físico de la
plana mayor de la revolución. La dirigencia bolivariana, la obra de Chávez y la
causa de la emancipación latinoamericana no merecen ninguno de estos dos
desenlaces, ninguno de los cuales es inevitable si se relanza la revolución y
se aplasta sin miramientos a las fuerzas de la contrarrevolución.
NOTA
1 El más completo de esos infames manuales escrito por Eugene Sharp es De
la Dictadura a la Democracia publicado en Boston por la Albert Einstein
Institution, una ONG pantalla de la CIA. Sharp se considera el creador de la
teoría de la “no violencia estratégica”. Para comprender lo que significa esto,
y para comprender también lo que está ocurriendo hoy en Venezuela, aconsejo fervientemente
leer ese libro y sobre todo el Apéndice, en donde su autor enumera 197 métodos
de acción no violentas, entre los que se incluyen “forzar bloqueos económicos”,
“falsificar dinero y documentos”, “ocupaciones e invasiones”, etcétera. Todas
acciones “no violentas”, como puede verse.
lunes, 1 de mayo de 2017
jueves, 2 de junio de 2016
viernes, 13 de mayo de 2016
La Patria posible
Enrique Ubieta Gómez
Todos los
accesos al campo de batalla han sido minados. El campo es un círculo cerrado, y
en él, un grupo de “ofendidos” apedrea al “ofensor”. Si te unes a los que
lanzan piedras, “defiendes” la libertad de expresión, la diversidad; si tratas
de defender el derecho a opinar, y reconoces algún atisbo de verdad en la
opinión del que se pretende estigmatizar, eres un censor. Las advertencias son
claras: el articulista que ha desatado la ira –y propiciado el contraataque que,
esperan ellos, constituya una lección definitiva para todos los que piensan
como él–, es “vil”, “mezquino”, “un ser de las sombras”.
Algunos
transeúntes de las redes, ajenos al verdadero contenido de la discusión, asumen
como ciertos los epítetos. Otros que saben que el supuesto ofensor lleva
razón, callan, porque no quieren ser estigmatizados. El apedreado es un
intruso, alguien que fue declarado con desprecio, en una
contienda de “elevados” intelectuales, como un no intelectual, un
político: “Por
más que el inspirador de este texto (…) tiene nombre, blog y pupila, no lo leo
como una polémica entre dos intelectuales, porque no lo es: falta uno”, escribe
una comentarista. Si un intelectual expresa su
acuerdo o su coincidencia de criterios con el Partido, es un político
“oficialista”, y no entra en la “zona de prestigio trasnacional”.
Pero la
sentencia discriminatoria no es exacta. El articulista atacado no está
indefenso, esgrime argumentos profundos que quedan sin respuesta. A cambio,
recibe insultos o manipuladoras evasivas. Es un revolucionario intelectual. Su texto incluye una larga cita de uno de los más prestigiosos
intelectuales cubanos, que no va en la dirección deseada por los aludidos, y es
ignorada.
En la
contienda participan los que surfean en la ola de los consensos de prestigio:
viene la siguiente, y son expertos en montarse, en avanzar sin caer al agua, en
hacerse visibles, aplaudibles. Jamás cambiarían un consenso por una verdad, es
muy costoso. Aunque saben, no me cabe dudas, diferenciarlos. Los medios
(re)productores de consensos en el capitalismo nos hacen comprar cualquier
cosa, incluso la idea de que el suicidio –el capitalismo depredador– es bueno,
pero sabemos (todavía sabemos) que no lo es. Suelen citarse estas palabras de Allan
Dulles, el fundador de la CIA: “Sólo unos
pocos acertarán a sospechar e incluso a comprender lo que realmente sucede.
Pero a esa gente la situaremos en una posición de indefensión,
ridiculizándolos, encontrando la manera de calumniarlos, desacreditarlos y
señalarlos como desechos de la sociedad”.
La verdad,
en términos sociales, no puede ser ajena a la ética, a la justicia. Y un
revolucionario no puede defender la corriente de moda, aún si fuese acatada por la mayoría de la población, o de los jóvenes, solo porque coyunturalmente la mayoría lo piense; pero
es costoso para el prestigio individual ir a contracorriente, y es sin embargo
imprescindible, si somos o aspiramos a ser revolucionarios. En construir
mayorías estúpidas –desde la ignorancia pura, pero también desde la tecnofilia
o la falsa erudición, como la llamaba Martí–, de cualquier edad, se especializa
el capitalismo. A veces es inevitable administrar consensos, pero un
revolucionario debe, ante todo, construirlos.
Pudiera
entrar a discutir un argumento o una frase del articulista “villano”, decir que
estoy en desacuerdo con tal razonamiento suyo para que me perdonen el
desacuerdo con sus adversarios, en fin, tomar distancia de los implicados, situarme
en el medio, hacer política bastarda; pero eso me repugna. Prefiero atenerme a
las esencias: estoy de acuerdo con Iroel Sánchez, que escribe como ciudadano, y lo hace con la legítima pasión de los
revolucionarios. Entremos pues en el tema de los centrismos.
II
La llamada
desideologización, o dicho de otra manera, el desgaste social de la ideología
revolucionaria, que para existir tiene que hacerse consciente y reproducirse de
manera continua –a diferencia del proceso de reideologización conservadora, que
puede transcurrir sin que el sujeto lo perciba–, transforma la duda en
escepticismo, en abandono. El individuo se acomoda en el centro, equidistante
de los puntos emisores de contenidos: es el lugar aparentemente más cómodo, más
seguro. La tesis es que todos tienen parte de razón (la razón libresca, de
espaldas a la vida), y esa sola sentencia derriba el interés por la Revolución.
El “desideologizado” delega en los demás la actividad política, mientras
recarga su nueva cosmovisión.
Cuba Posible se mueve con sigilo y atrae a este
sector, mostrándose de la misma manera; usufructúa el cinismo, pero no lo
cultiva: necesita construir las nuevas creencias para la reconversión ideológica,
y coloca, sin prisa, sus rieles. Por el momento, disecciona como forense –manipula e hiperboliza, ofrece sus propias conclusiones como inobjetables puntos de partida– los males de nuestra sociedad, desde una aparente pluralidad
de intenciones y doctrinas, de opiniones y consejos, que provienen los más diversos
orígenes; es su manera de eludir cualquier definición ideológica expresa: en
ocasiones se acerca al lenguaje revolucionario, en otras, parece articularse en
el reformismo socialdemócrata, a veces, en el más tradicional liberalismo.
Si el
capitalismo funciona de forma inconsciente a nivel de individuo, y el socialismo
lo hace de forma consciente, entonces la “desideologización” únicamente afecta
a este último, lo desarma. Ideologizar en el socialismo es lo opuesto a una
“falsa conciencia”; implica tomar conciencia de sí, hacerse cargo de que
existimos en un mundo, en una época, donde pasado y futuro están interrelacionados.
La presencia de todas las doctrinas en el mercado, dispersa y anula la
revolucionaria. Donde no hay ideología visible, hay ideología capitalista. Los
fundadores de Cuba Posible han dicho
que se oponen al
"empeño por imponer un
proyecto de país único, sin tomar en cuenta las otras propuestas que
existieran. Estábamos y continuamos estando convencidos de que el gran cambio
que demanda actualmente la nación implica todo lo contrario; o sea, la capacidad
para que todos los proyectos puedan compartir el país y construirlo juntos".
Sin
embargo, en lo que verdaderamente importa y tiene sentido histórico, solo hay
dos proyectos de país. El de la justicia social y la independencia, y el del
capitalismo neocolonial. Lo demás son caminos que conducen a uno u otro,
acertados o fallidos. ¿Quién dijo que el pluripartidismo implica en alguna
parte la existencia de muchos y diferentes proyectos de país? ¿Alguien cree que
en los Estados Unidos, en sus zonas de poder, cohabita más de un proyecto esencial
de país? Claro que no es lo mismo Obama que Trump o que Sanders, o que la
Clinton, pero por favor, ¿alguien cree que alguno de ellos pretende o podría
construir otro país? Que nadie pretenda traernos de contrabando, como opción
posible, al capitalismo neocolonial.
El cinismo
se siente, a pesar de todo, representado en Cuba
Posible, porque este grupo construye espacios teóricos descontextualizados,
para “denunciar” las grietas que el contexto ha generado entre la realidad y el
discurso.
Dos formas diferentes de encarar la realidad y su conceptualización
tienden puentes: Cuba Posible (la
teoría) se hace acompañar de OnCuba
(la descripción minimalista). Ambos procuran golpear los espacios de prestigio
de la Revolución: la igualdad, la solidaridad, el heroísmo. Ambos son
funcionales a la dominación imperialista, pero semejan ser radicales, rebeldes.
No son críticos de lo mal hecho, de los desvíos y errores de nuestra Revolución
–ese es el mito de presentación–, porque se sitúan más allá de ella, en el
período “Post”: no puede repararse lo que ya “no existe”.
El proceso
“descripción-teoría” avanza a rastras, en la oscuridad, se detiene en cada descorchado de la pared, de manera que el lector llegue a creer
que ese minúsculo espacio es la imagen de un país. La extrañeza que el discurso
de ellos provoca en nosotros y, probablemente, el de nosotros en ellos, se debe
a que estamos situados en orillas diferentes: nosotros en la orilla de la
convicción, y ¿por qué no?, de la fe (fe en el pueblo, en su capacidad de
sostener y desarrollar la Revolución), ellos en la del descreimiento o dicho de
modo más literario y autojustificativo, en la del desencanto. En este caso, la
fe ve más; el descreimiento es ciego.
Cuando,
airado, Veiga –uno de sus fundadores– le responde a Iroel, parte de una creencia propia que enuncia como si fuese una verdad admitida por todos (en
esto se parece a Obama): Cuba, su sistema, se encuentra en crisis y es preciso
construir entre todos una transición. La palabra en sí porta significados
dudosos, comprometidos con la historia: bajo ese término, por ejemplo, España y
Chile dieron por finalizado el período de salvajismo capitalista militar y
abrieron el del salvajismo capitalista “democrático”, mientras que los países
de Europa de Este saltaron de un socialismo trunco a un capitalismo "bananero
con nieve" (el único posible para recomenzar). Y no creo que aluda al “período
de tránsito al socialismo”, como alegaban los manuales.
Quizás por eso
apostilla que no sería “una transición al modo oligárquico o mafioso de la
Europa del Este”, y entonces cabría preguntarse, ¿pero nos conduciría al mismo
lugar? Dice que Iroel representa “el pasado y el fracaso”. ¿La Revolución, para
estos hijos de la Revolución, ha fracasado? Son
precisiones que quedan en la sombra y que nada tienen que ver con las
prevenciones de Fidel y de Raúl –cuyas palabras manipula Veiga una y otra vez,
con gestos literarios de cuadro político, para vender gato por liebre–, ni con
la actualización o la reforma (no tengo reparos con el término, porque hacer
una reforma no implica ser reformista, contra lo quesí tengo reparos, por
cierto), que se ha propuesto hacer más eficiente y justo nuestro socialismo.
Cambiar todo lo que deba ser cambiado jamás ha significado en Fidel o en Raúl,
o en los revolucionarios cubanos, cambiar el socialismo por el capitalismo. Cuba Posible apuesta por, e intenta
construir, la República posrevolucionaria y sus fundadores se
perciben como consejeros o asesores de un nuevo estamento político, que ya se
declara “lealmente” opositor. Una lealtad dudosa.
Es usual
en discusiones como esta que los aludidos se refugien en teorías, en citas
eruditas, que mezclen lenguajes y conceptos pescados en este o en aquel libro; pero
tras cada palabra, sépanlo ellos o no, sean o no partícipes o usufructuarios,
cobren o no, palpita un interés de clase. Como decía el filósofo argentino
Arturo Andrés Roig, hay que aprender a diferenciar entre discurso y
direccionalidad discursiva, entre significado y sentido.
Si la
derecha venezolana utiliza el lenguaje de los revolucionarios –con alusiones al
pueblo, a sus derechos o necesidades, a la justicia social– para derrotar a los
revolucionarios, ello no implica que se ha reubicado en “el centro”, que aspira
a dialogar con la “otra parte”; solo procura cambiar el color de la piel, para
igualarse al contexto por el que debe inevitablemente transitar, y defender los
intereses de una oligarquía que es antipopular y neocolonial. Una vez en el
poder, arrasará con todo vestigio de dignidad adquirida por los Sin Nada. Ya
hemos visto un adelanto en el Parlamento de aquel país. El conflicto (el de
siempre) entre los Estados Unidos y Cuba más que teórico es práctico, no surge
de diferentes interpretaciones sobre los derechos humanos, es un conflicto de
intereses, económicos y geopolíticos, y aquellas diferencias conceptuales
justifican o defienden estos intereses opuestos, están a su servicio. A ningún
congresista estadounidense se le ocurre debatir la peculiar interpretación de
los derechos humanos en Arabia Saudita o en Israel.
Tampoco es
suficiente el nacionalismo a secas (porque, en primer lugar, no existe). La
Patria, la de Martí, no es la “tierra que pisan nuestras plantas”. Es un
proyecto y una experiencia colectiva de vida. Cuando, hallándose en Guatemala
después del Pacto del Zanjón, le piden a Martí que regrese a Cuba, responde: mi
Patria no está allá en la isla colonizada, va conmigo. El nacionalismo burgués
convive de manera armónica con el anexionismo; el imperialismo jamás permitiría su existencia independiente.
La Patria
que construimos es inclusiva. Pero los que atentan contra la justicia social y
la dignidad de los otros, los que aspiran a una riqueza que se sustenta en la
pobreza de las mayorías, los que intrigan y conspiran para ser colonizados –así sean fervorosos voluntarios o viles mercenarios–, se
autoexcluyen de la Patria. Es cierto que quienes desconfían de las capacidades
de su pueblo y mitifican las del vecino, no dejan de ser cubanos. Son los
reformistas de siempre, los autonomistas y anexionistas del siglo XIX, los
neocolonizados del XX. Recordemos la sutil diferencia que establece Fernando
Ortiz entre cubanidad y cubanía: los anexados son cubanos porque no pueden
eludir las formas propias (costumbres, tradiciones, etc.) de la cubanidad, pero
carecen de cubanía, que es la forma conciente en que se asume esa pertenencia.
III
¿Qué
significa ser extremista?, ¿cuáles son los extremos del debate nacional? Para
los revolucionarios cubanos, el extremista es quien adopta de manera
irreflexiva consignas y frases hechas, cuyo fondo conceptual ignora o no
comprende, y es incapaz por tanto de discernir qué es esencial y qué no lo es.
El extremismo conduce al dogmatismo y a la doble moral. Lenin lo sentencia de
manera inequívoca en una frase que el pueblo ha hecho suya: detrás de cada
extremista hay un oportunista. Pero nada tiene que ver con la visión radical
–que va a las raíces–, y a la postura revolucionaria frente a la realidad. No
me atrevo a definir el extremismo reaccionario, porque el capitalismo no
estimula ni propicia –a diferencia de la Revolución– la participación ciudadana
en la política real. De cualquier manera, ni el socialismo revolucionario ni el
capitalismo, son los extremos en una supuesta “gama de ofertas” políticas. El
centrismo político descalifica toda visión radical como extrema y no necesita
buscar un equivalente en la visión conservadora. Lo que no es radical, ya no es
revolucionario. El centro queda a la derecha del mapa.
¿Por qué
Veiga y algunos de sus colaboradores respondieron con ira los señalamientos de
Iroel? Con su lenguaje ambiguo y su teoricismo supuestamente centrista, Cuba Posible pretende pescar en el río
revuelto de la guerra cultural. El Rey está desnudo, ha dicho Iroel, y la
ilusión ha desaparecido. Mi interés no es acusarlo de complicidades espurias: no
porque sean bienvenidos en Washington y en Miami, o porque sus artículos sean
reproducidos y elogiados por la derecha, la más inteligente, vamos a sospechar
de sus gestores o a descartar el análisis de sus propuestas. Pero yo quiero
felicitar a Iroel Sánchez, porque nos hizo pensar, raro oficio. La Cuba real
contiene, al menos, dos Cubas posibles: la neocolonial e injusta del
capitalismo dependiente y la de un socialismo revolucionario, más eficiente y
democrático, pero real, por el que no dejaremos de pelear.
lunes, 25 de abril de 2016
Carta del Embajador cubano al diario-empresa `El País´
Estimado director de El País:
He guardado silencio ante las reiteradas manipulaciones en días pasados sobre mi país que acumula su "diario-empresa". Uno podría preguntarse, con ironía o sin ella, si hemos perdido la oportunidad de resolver los complejos problemas que enfrentamos en Cuba al no disponer de los consejos de El País para solucionarlos.
"Retórica y realidad" fue el título escogido para el editorial de su diario sobre Cuba del pasado 18 de abril, cuando la retórica y la realidad de ese medio no lo hacen uno de comunicación y sí una empresa que se preocupa más por pagar sus deudas y mantenerse a flote, que por informar a sus lectores. ¿En qué oscuro lugar de la redacción de su "fábrica" ustedes determinan lo que desean los cubanos y "un marco económico realista" para Cuba? ¿Será que "realista" significa despedir a empleados públicos, disminuir renta básica, privatizarlo todo; dejar que el 1% que controla la mayoría de los ingresos mundiales y el crimen organizado, también controle los destinos de mi país como los fondos buitres controlan las empresas Prisa y El País?
Realidad es que Cuba a pesar de que se mantienen las sanciones de los EEUU que constituyen un auténtico bloqueo económico, comercial y financiero, es uno de los 44 países con alto índice de desarrollo humano, el primero que eliminó la desnutrición infantil en América Latina; el 28 país más saludable del mundo según el Foro de Davos; el segundo mejor país de su continente para ser madre y el quinto en la región como buen gobierno, de acuerdo a Transparency International; es el mío, el país que dedica mayor porcentaje de su PIB a la educación y el segundo con la menor tasa de homicidios per cápita de su continente.
Entiendo ahora la libertad creativa de su editorialista: su empresa es pura retórica.
Saludos,
Eugenio Martínez Enríquez
Embajador de Cuba ante el Reino de España
He guardado silencio ante las reiteradas manipulaciones en días pasados sobre mi país que acumula su "diario-empresa". Uno podría preguntarse, con ironía o sin ella, si hemos perdido la oportunidad de resolver los complejos problemas que enfrentamos en Cuba al no disponer de los consejos de El País para solucionarlos.
"Retórica y realidad" fue el título escogido para el editorial de su diario sobre Cuba del pasado 18 de abril, cuando la retórica y la realidad de ese medio no lo hacen uno de comunicación y sí una empresa que se preocupa más por pagar sus deudas y mantenerse a flote, que por informar a sus lectores. ¿En qué oscuro lugar de la redacción de su "fábrica" ustedes determinan lo que desean los cubanos y "un marco económico realista" para Cuba? ¿Será que "realista" significa despedir a empleados públicos, disminuir renta básica, privatizarlo todo; dejar que el 1% que controla la mayoría de los ingresos mundiales y el crimen organizado, también controle los destinos de mi país como los fondos buitres controlan las empresas Prisa y El País?
Realidad es que Cuba a pesar de que se mantienen las sanciones de los EEUU que constituyen un auténtico bloqueo económico, comercial y financiero, es uno de los 44 países con alto índice de desarrollo humano, el primero que eliminó la desnutrición infantil en América Latina; el 28 país más saludable del mundo según el Foro de Davos; el segundo mejor país de su continente para ser madre y el quinto en la región como buen gobierno, de acuerdo a Transparency International; es el mío, el país que dedica mayor porcentaje de su PIB a la educación y el segundo con la menor tasa de homicidios per cápita de su continente.
Entiendo ahora la libertad creativa de su editorialista: su empresa es pura retórica.
Saludos,
Eugenio Martínez Enríquez
Embajador de Cuba ante el Reino de España
domingo, 24 de abril de 2016
Crisis moral
Alberto Híjar Serrano
Un memorioso Compañero del Alma como llamara Miguel Hernández a Ramón Sijé, remite una crónica de Playa Girón, la primera derrota militar del imperialismo yanqui en América. Poco más de setenta horas fueron suficientes para derrotar la invasión montada en cinco buques cargueros y precedida por el bombardeo de aeropuertos para garantizar el dominio del aire. Más de cinco mil mercenarios, cubanos de origen algunos de ellos, fueron derrotados y más de mil fueron capturados y canjeados por alimentos y medicinas, de modo que el 17 de abril de 1961, los combatientes civiles y profesionales de Cuba se dispusieron a seguir el juicio de los prisioneros. La foto de Fidel saltando desde la torreta de un tanque es aún emblemática por lo que tiene de ejemplo comunista en disposición de combate reiterada ahora en el discurso de clausura del VII Congreso del Partido Comunista Cubano. Reivindicar la militancia comunista, vence la maledicencia y comprueba su actualidad en situación de alerta roja mundial ante los excesos del capitalismo depredador.
El filosofo argentino León Rozitchner dedicó sus últimos años a desarrollar la psicología como recurso reflexivo de las conductas, trabajo que inició con Moral burguesa y Revolución editado en Buenos Aires en 1963 y en 1969. En la Introducción plantea la necesidad de “enfrentar las concepciones morales de la burguesía con la ética de la Revolución” y precisa el sustento a partir de las declaraciones de los mercenarios en el dialogo con periodistas y miembros del gobierno revolucionario para “mostrar que la reflexión filosófica, sobretodo si es reflexión ética, debe ponerse a prueba en el análisis de situaciones vividas en las cuales los hombres asumen la mayor de sus responsabilidades históricas”. El lugar que los idealismos otorgan a sustancias como El Hombre y Los Valores, es así sustituido como revelación ideológica. Predomina la urgencia de exculpación que va desde la declaración del cura que sólo pretendía asistencia espiritual, al hombre de negocios que no sabe de política, a la del joven rico y fiestero desconocedor de Cuba pero creyente en la Libertad. Todos procuran reconocer su equivocación mercenaria con tal de salvarse. Se asumen como “totalidad abstracta” de “cristianos católicos en su totalidad” por encima de los intereses concretos que darían lugar a la crisis del gobierno de Kennedy comprometido con la ineficiente CIA con la que siguió planeando la falsa liberación de Cuba con la inclusión de más de 300 atentados contra Fidel: envenenamientos, accidentes, atentados, todo fallido.
La composición profesional de la Brigada de Asalto sintetiza “la estructura del poder de la burguesía: el religioso, el hombre de la libre empresa, el militar, el torturador, el diletante, el filósofo racionalista, el político y los hijos de buenas familias”, todos en una división del trabajo de modo que “la verdad del asesino está en el grupo” para disminuir la culpa individual con todo y proclamas de “formalismo democrático” al encuentro con “la moral burguesa internacional” con todo y la OEA. Un Apéndice con declaraciones de los gobiernos de Estados Unidos, Guatemala, Nicaragua, Venezuela, Argentina, Uruguay, Colombia y Chile, reiteran su creencia ciega en la verdad del gobierno de Estados Unidos y por supuesto, de la mentira del gobierno cubano cuyo triunfo histórico les resulta insoportable. El libro de 187 páginas es de plena actualidad a raíz de la puesta en escena de las disculpas por la tortura de una victima de militares y policías castigados por “desobedecer órdenes” y ya, lo cual debiera abrir la discusión sobre la cadena de mando y las responsabilidades regidas por el principio militar de que las órdenes no se discuten, se acatan y se cumplen. Los pasos del montaje dramático, empezaron con la filtración del acto de tortura filmado, siguió su difusión televisual acompañada de comentarios indignados de los conductores de noticieros desinformativos con un orden del discurso para exaltar las glorias del gobierno de Peña a la par de reproducir las declaraciones indignadas como prueba de libertad de expresión para culminar con la declaración del Secretario de la Defensa Nacional ante uniformados con traje de combate a lo que siguió la disculpa del responsable de derechos humanos de la Secretaría de Gobernación hasta llegar a las declaraciones sesgadas del Presidente de la República proclamando el castigo a los culpables. Así, todo resulta incidente pasajero, individualizado y sujeto a leyes.
Pero las organizaciones defensoras de los derechos humanos, los críticos del Estado y hasta la candidata en campaña Hillary Clinton, denuncian la práctica sistemática de la tortura y la violación de los derechos humanos en México. Todo se complica con los dictámenes sobre los 43 y la declaración oficial de que se cumplió el plazo de las investigaciones fuera del control del Gobierno que exige la salida de los peritos internacionales sometidos a campaña de desprestigio al igual que algunos padres y el abogado de los familiares de los desaparecidos. Asombra que los efectos de estas campañas no afecten las solidaridades por la justicia y la aparición vivos de los 43 disminuidos por el único cadáver identificado en el basurero de Cocula.
Carlos Fazio, puntual crítico de todo esto, responde con un libro dedicado al Estado de excepción vigente y las leyes sobre la suspensión de garantías ante situaciones graves y de prohibición de manifestaciones contestatarias, las dos en proceso de aprobación por diputados, senadores y la Suprema Corte de Justicia. Una vez más queda claro el afán legalista del Estado opuesto a la justicia. Las masacres constantes, las fosas clandestinas, los asesinatos, los secuestros y persecuciones de dirigentes sociales, la implacable injusticia contra los presos políticos y el fuero militar a toda costa para impedir la inspección del 27 Batallón de Iguala y el interrogatorio directo de los militares participantes en el operativo del 26 al 27 de septiembre de 2014, son pruebas materiales. El encuentro de familiares de presos y desaparecidos políticos en Olinalá, la reunión de la Organización Nacional del Poder Popular, el mantenimiento del Antimonumento a los 43 entre los días 22 y 24 de abril, organizan y preparan no sólo las actividades del próximo día 26, sino consolidan la organización para el largo plazo con claridad ética de crítica práctica de las ideologías burguesas contra los derechos históricos de los mexicanos.
Un memorioso Compañero del Alma como llamara Miguel Hernández a Ramón Sijé, remite una crónica de Playa Girón, la primera derrota militar del imperialismo yanqui en América. Poco más de setenta horas fueron suficientes para derrotar la invasión montada en cinco buques cargueros y precedida por el bombardeo de aeropuertos para garantizar el dominio del aire. Más de cinco mil mercenarios, cubanos de origen algunos de ellos, fueron derrotados y más de mil fueron capturados y canjeados por alimentos y medicinas, de modo que el 17 de abril de 1961, los combatientes civiles y profesionales de Cuba se dispusieron a seguir el juicio de los prisioneros. La foto de Fidel saltando desde la torreta de un tanque es aún emblemática por lo que tiene de ejemplo comunista en disposición de combate reiterada ahora en el discurso de clausura del VII Congreso del Partido Comunista Cubano. Reivindicar la militancia comunista, vence la maledicencia y comprueba su actualidad en situación de alerta roja mundial ante los excesos del capitalismo depredador.
El filosofo argentino León Rozitchner dedicó sus últimos años a desarrollar la psicología como recurso reflexivo de las conductas, trabajo que inició con Moral burguesa y Revolución editado en Buenos Aires en 1963 y en 1969. En la Introducción plantea la necesidad de “enfrentar las concepciones morales de la burguesía con la ética de la Revolución” y precisa el sustento a partir de las declaraciones de los mercenarios en el dialogo con periodistas y miembros del gobierno revolucionario para “mostrar que la reflexión filosófica, sobretodo si es reflexión ética, debe ponerse a prueba en el análisis de situaciones vividas en las cuales los hombres asumen la mayor de sus responsabilidades históricas”. El lugar que los idealismos otorgan a sustancias como El Hombre y Los Valores, es así sustituido como revelación ideológica. Predomina la urgencia de exculpación que va desde la declaración del cura que sólo pretendía asistencia espiritual, al hombre de negocios que no sabe de política, a la del joven rico y fiestero desconocedor de Cuba pero creyente en la Libertad. Todos procuran reconocer su equivocación mercenaria con tal de salvarse. Se asumen como “totalidad abstracta” de “cristianos católicos en su totalidad” por encima de los intereses concretos que darían lugar a la crisis del gobierno de Kennedy comprometido con la ineficiente CIA con la que siguió planeando la falsa liberación de Cuba con la inclusión de más de 300 atentados contra Fidel: envenenamientos, accidentes, atentados, todo fallido.
La composición profesional de la Brigada de Asalto sintetiza “la estructura del poder de la burguesía: el religioso, el hombre de la libre empresa, el militar, el torturador, el diletante, el filósofo racionalista, el político y los hijos de buenas familias”, todos en una división del trabajo de modo que “la verdad del asesino está en el grupo” para disminuir la culpa individual con todo y proclamas de “formalismo democrático” al encuentro con “la moral burguesa internacional” con todo y la OEA. Un Apéndice con declaraciones de los gobiernos de Estados Unidos, Guatemala, Nicaragua, Venezuela, Argentina, Uruguay, Colombia y Chile, reiteran su creencia ciega en la verdad del gobierno de Estados Unidos y por supuesto, de la mentira del gobierno cubano cuyo triunfo histórico les resulta insoportable. El libro de 187 páginas es de plena actualidad a raíz de la puesta en escena de las disculpas por la tortura de una victima de militares y policías castigados por “desobedecer órdenes” y ya, lo cual debiera abrir la discusión sobre la cadena de mando y las responsabilidades regidas por el principio militar de que las órdenes no se discuten, se acatan y se cumplen. Los pasos del montaje dramático, empezaron con la filtración del acto de tortura filmado, siguió su difusión televisual acompañada de comentarios indignados de los conductores de noticieros desinformativos con un orden del discurso para exaltar las glorias del gobierno de Peña a la par de reproducir las declaraciones indignadas como prueba de libertad de expresión para culminar con la declaración del Secretario de la Defensa Nacional ante uniformados con traje de combate a lo que siguió la disculpa del responsable de derechos humanos de la Secretaría de Gobernación hasta llegar a las declaraciones sesgadas del Presidente de la República proclamando el castigo a los culpables. Así, todo resulta incidente pasajero, individualizado y sujeto a leyes.
Pero las organizaciones defensoras de los derechos humanos, los críticos del Estado y hasta la candidata en campaña Hillary Clinton, denuncian la práctica sistemática de la tortura y la violación de los derechos humanos en México. Todo se complica con los dictámenes sobre los 43 y la declaración oficial de que se cumplió el plazo de las investigaciones fuera del control del Gobierno que exige la salida de los peritos internacionales sometidos a campaña de desprestigio al igual que algunos padres y el abogado de los familiares de los desaparecidos. Asombra que los efectos de estas campañas no afecten las solidaridades por la justicia y la aparición vivos de los 43 disminuidos por el único cadáver identificado en el basurero de Cocula.
Carlos Fazio, puntual crítico de todo esto, responde con un libro dedicado al Estado de excepción vigente y las leyes sobre la suspensión de garantías ante situaciones graves y de prohibición de manifestaciones contestatarias, las dos en proceso de aprobación por diputados, senadores y la Suprema Corte de Justicia. Una vez más queda claro el afán legalista del Estado opuesto a la justicia. Las masacres constantes, las fosas clandestinas, los asesinatos, los secuestros y persecuciones de dirigentes sociales, la implacable injusticia contra los presos políticos y el fuero militar a toda costa para impedir la inspección del 27 Batallón de Iguala y el interrogatorio directo de los militares participantes en el operativo del 26 al 27 de septiembre de 2014, son pruebas materiales. El encuentro de familiares de presos y desaparecidos políticos en Olinalá, la reunión de la Organización Nacional del Poder Popular, el mantenimiento del Antimonumento a los 43 entre los días 22 y 24 de abril, organizan y preparan no sólo las actividades del próximo día 26, sino consolidan la organización para el largo plazo con claridad ética de crítica práctica de las ideologías burguesas contra los derechos históricos de los mexicanos.
martes, 19 de abril de 2016
Fidel le habla a los comunistas cubanos
Discurso del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, en la clausura del 7mo Congreso.
Constituye un esfuerzo sobrehumano dirigir cualquier pueblo en tiempos de crisis. Sin ellos, los cambios serían imposibles. En una reunión como esta, en la que se congregan más de mil representantes escogidos por el propio pueblo revolucionario, que en ellos delegó su autoridad, significa para todos el honor más grande que han recibido en la vida, a este se suma el privilegio de ser revolucionario que es fruto de nuestra propia conciencia.
¿Por qué me hice socialista, más claramente, por qué me convertí en comunista? Esa palabra que expresa el concepto más distorsionado y calumniado de la historia por parte de aquellos que tuvieron el privilegio de explotar a los pobres, despojados desde que fueron privados de todos los bienes materiales que proveen el trabajo, el talento y la energía humana. Desde cuándo el hombre vive en ese dilema, a lo largo del tiempo sin límite. Sé que ustedes no necesitan esta explicación pero sí tal vez algunos oyentes.
Simplemente hablo para que se comprenda mejor que no soy ignorante, extremista, ni ciego, ni adquirí mi ideología por mi propia cuenta estudiando economía.
No tuve preceptor cuando era un estudiante de leyes y ciencias políticas, en las que aquella tiene un gran peso. Desde luego que entonces tenía alrededor de 20 años y era aficionado al deporte y a escalar montañas. Sin preceptor que me ayudara en el estudio del marxismo-leninismo; no era más que un teórico y, desde luego, tenía una confianza total en la Unión Soviética. La obra de Lenin ultrajada tras 70 años de Revolución. ¡Que lección histórica! Se puede afirmar que no deberán transcurrir otros 70 años para que ocurra otro acontecimiento como la Revolución Rusa, para que la humanidad tenga otro ejemplo de una grandiosa Revolución Social que significó un enorme paso en la lucha contra el colonialismo y su inseparable compañero, el imperialismo.
Quizás, sin embargo, el peligro mayor que hoy se cierne sobre la tierra deriva del poder destructivo del armamento moderno que podría socavar la paz del planeta y hacer imposible la vida humana sobre la superficie terrestre.
Desaparecería la especie como desaparecieron los dinosaurios, tal vez habría tiempo para nuevas formas de vida inteligente o tal vez el calor del sol crezca hasta fundir todos los planetas del sistema solar y sus satélites, como gran número de científicos reconocen. De ser ciertas las teorías de varios de ellos, las cuales los legos no ignoramos, el hombre práctico debe conocer más y adaptarse a la realidad. Si la especie sobrevive un espacio de tiempo mucho mayor las futuras generaciones conocerán mucho más que nosotros, aunque primero tendrán que resolver un gran problema. ¿Cómo alimentar los miles de millones de seres humanos cuyas realidades chocarían irremisiblemente con los límites de agua potable y recursos naturales que necesitan?
Algunos o tal vez muchos de ustedes se pregunten dónde está la política en este discurso. Créanme que me apena decirlo, pero la política está aquí en estas moderadas palabras. Ojalá muchos seres humanos nos preocupemos por estas realidades y no sigamos como en los tiempos de Adán y Eva comiendo manzanas prohibidas. ¿Quién va a alimentar a los pueblos sedientos de África sin tecnologías a su alcance, ni lluvias, ni embalses, ni más depósitos subterráneos que los cubiertos por arenas? Veremos que dicen los gobiernos que casi en su totalidad suscribieron los compromisos climáticos.
Hay que martillar constantemente sobre estos temas y no quiero extenderme más allá de lo imprescindible.
Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos como prueba de que en este planeta, si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos. A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos trasmitirles que el pueblo cubano vencerá.
Tal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala. He votado por todos los candidatos sometidos a consulta por el Congreso y agradezco la invitación y el honor de escucharme. Los felicito a todos, y en primer lugar, al compañero Raúl Castro por su magnífico esfuerzo.
Emprenderemos la marcha y perfeccionaremos lo que debamos perfeccionar, con lealtad meridiana y la fuerza unida, como Martí, Maceo y Gómez, en marcha indetenible.
Fidel Castro Ruz
Abril 19 de 2016
Al cierre del Séptimo
Congreso del Partido
Constituye un esfuerzo sobrehumano dirigir cualquier pueblo en tiempos de crisis. Sin ellos, los cambios serían imposibles. En una reunión como esta, en la que se congregan más de mil representantes escogidos por el propio pueblo revolucionario, que en ellos delegó su autoridad, significa para todos el honor más grande que han recibido en la vida, a este se suma el privilegio de ser revolucionario que es fruto de nuestra propia conciencia.
¿Por qué me hice socialista, más claramente, por qué me convertí en comunista? Esa palabra que expresa el concepto más distorsionado y calumniado de la historia por parte de aquellos que tuvieron el privilegio de explotar a los pobres, despojados desde que fueron privados de todos los bienes materiales que proveen el trabajo, el talento y la energía humana. Desde cuándo el hombre vive en ese dilema, a lo largo del tiempo sin límite. Sé que ustedes no necesitan esta explicación pero sí tal vez algunos oyentes.
Simplemente hablo para que se comprenda mejor que no soy ignorante, extremista, ni ciego, ni adquirí mi ideología por mi propia cuenta estudiando economía.
No tuve preceptor cuando era un estudiante de leyes y ciencias políticas, en las que aquella tiene un gran peso. Desde luego que entonces tenía alrededor de 20 años y era aficionado al deporte y a escalar montañas. Sin preceptor que me ayudara en el estudio del marxismo-leninismo; no era más que un teórico y, desde luego, tenía una confianza total en la Unión Soviética. La obra de Lenin ultrajada tras 70 años de Revolución. ¡Que lección histórica! Se puede afirmar que no deberán transcurrir otros 70 años para que ocurra otro acontecimiento como la Revolución Rusa, para que la humanidad tenga otro ejemplo de una grandiosa Revolución Social que significó un enorme paso en la lucha contra el colonialismo y su inseparable compañero, el imperialismo.
Quizás, sin embargo, el peligro mayor que hoy se cierne sobre la tierra deriva del poder destructivo del armamento moderno que podría socavar la paz del planeta y hacer imposible la vida humana sobre la superficie terrestre.
Desaparecería la especie como desaparecieron los dinosaurios, tal vez habría tiempo para nuevas formas de vida inteligente o tal vez el calor del sol crezca hasta fundir todos los planetas del sistema solar y sus satélites, como gran número de científicos reconocen. De ser ciertas las teorías de varios de ellos, las cuales los legos no ignoramos, el hombre práctico debe conocer más y adaptarse a la realidad. Si la especie sobrevive un espacio de tiempo mucho mayor las futuras generaciones conocerán mucho más que nosotros, aunque primero tendrán que resolver un gran problema. ¿Cómo alimentar los miles de millones de seres humanos cuyas realidades chocarían irremisiblemente con los límites de agua potable y recursos naturales que necesitan?
Algunos o tal vez muchos de ustedes se pregunten dónde está la política en este discurso. Créanme que me apena decirlo, pero la política está aquí en estas moderadas palabras. Ojalá muchos seres humanos nos preocupemos por estas realidades y no sigamos como en los tiempos de Adán y Eva comiendo manzanas prohibidas. ¿Quién va a alimentar a los pueblos sedientos de África sin tecnologías a su alcance, ni lluvias, ni embalses, ni más depósitos subterráneos que los cubiertos por arenas? Veremos que dicen los gobiernos que casi en su totalidad suscribieron los compromisos climáticos.
Hay que martillar constantemente sobre estos temas y no quiero extenderme más allá de lo imprescindible.
Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me habría ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar. Pronto seré ya como todos los demás. A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos como prueba de que en este planeta, si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos. A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos trasmitirles que el pueblo cubano vencerá.
Tal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala. He votado por todos los candidatos sometidos a consulta por el Congreso y agradezco la invitación y el honor de escucharme. Los felicito a todos, y en primer lugar, al compañero Raúl Castro por su magnífico esfuerzo.
Emprenderemos la marcha y perfeccionaremos lo que debamos perfeccionar, con lealtad meridiana y la fuerza unida, como Martí, Maceo y Gómez, en marcha indetenible.
Fidel Castro Ruz
Abril 19 de 2016
Al cierre del Séptimo
Congreso del Partido
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