martes, 6 de julio de 2010

¿Hippies sistémicos?

Tienda de hippies
E. U. G.
A veces aparecen algunas definiciones importantes en la maleza retórica de la contrarrevolución. Si discutimos en torno al futuro de Cuba, es bueno saber que los desacuerdos van más lejos, que el inconforme --¿qué revolucionario no lo es?--, no aspira a mejorar el socialismo, sino a sustituirlo por el capitalismo. Puede apellidarlo sui generis, como hizo Yoani la "Superbloguera", pero eso solo sugiere ignorancia. O reconocer por oposición la meta anhelada, como Luis Cino, quien me acusa de padecer una "manía anticapitalista". Elogio inesperado, que se acrecienta al compararme a mi amigo Santiago Alba Rico. Pero Cino es tan transparente como el aire: sin sonrojos, yo diría que sin la más mínima conciencia de su estupidez --empleo el término en la acepción de mi artículo "Sé estúpido", ya que él se traga el slogan publicitario de la marca Diesel: "be stupid"--, asume como válido el hippismo deshuesado, light, el de los blue jeans rotos de fábrica y de marca (no el de los jeans rescatados del taller mecánico, como expresión de rechazo al mercado y al buen vestir), y habla de "jóvenes irreverentes, hedonistas y anti sistema", para referirse a la irreverencia individualista de los defensores del sistema, que quieren ser como los señoritos de las películas norteamericanas. Practicar el sexo libre, usar pitusas, y querer la paz del no compromiso, es una lamentable caricatura de lo que fue el movimiento juvenil de los años sesenta. Una caricatura fabricada por Diesel, es decir, por el Mercado, es decir, por el capitalismo. Cino quizás prefiera el té hindú antes que la Coca Cola; el mercado le tiene reservado el local adecuado, a su gusto, para que sea todo lo "irreverente" y se sienta todo lo "antimercado" que quiera, si lo puede pagar. No escribí mi artículo para Cino, la verdad, ni siquiera para los blogueros aludidos en él, sino para los jóvenes cubanos. Pero su "réplica" confirma mis sospechas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada