lunes, 28 de diciembre de 2009

Nota informativa para Heriberto.

Heriberto: el autor de la décima que puede leerse más abajo en este blog no es Alpidio. Ya sé que es el Día de los Santos Inocentes, y que mataste dos pájaros interiores de un tiro, porque necesitabas dar rienda suelta a la ciberfuria y porque querías desmarcarte de un viejo amigo. Pero Alpidio, que es un excelente poeta --como bien sabes--, no es el único decimista del país.
Y sin embargo, se mueve-- diría Galileo. La broma de la décima se torna asunto serio en los comentarios de tu post. Los reproduzco sin (nuevos) comentarios:

Carlos Carreño dijo...
Hola Heriberto, me sorprende que no respondas a ninguno de mis mensajes ni que me regreses las llamadas que te hago a diario desde hace poco mas de un mes. La verdad me urge que me regreses el poemario que te entregue para que me ayudaras a editar, tengo a mi editorial esperando por el texto final y la verdad es que me preocupa mucho lo que pueda ser del material en este momento. Te agradezco que me llames urgente al 407-371-9258 o me escribas a carlos@artelibertino.com - Veo que publicas cosas a diario en tu blog, que sigues activo pero no puedes comunicarte conmigo. La verdad este asunto ya es preocupante al punto que me toca dejarte mensajes por este medio que es lo ultimo que me imagine que tendria que hacer. Asi que te agradezco que por favor me digas cuando y en donde puedo pasar a buscar mis textos porque estoy bastante sentido con este tema. Carlos Carreño Salvador Durer

Anónimo dijo...
Detenido Heriberto Hernández por retención ilegal de poemarios.
NOTA: Después de publicado este post, Heriberto retiró de su blog los dos comentarios que yo cito aquí. Parece que lo que se narra en ellos es bastante comprometedor.

Nuevo tiboreo de Heriberto Hernández Medina.

Por LQQD
El oficio de editor
lo aprendió en los lupanares:
paga con dos ejemplares
roba el derecho de autor.
Este triste malhechor
embauca hasta al amigo
Ah Chayote, qué castigo
eres para quien confía:
robas hasta poesía
¡Cómo te has vuelto boñigo!

domingo, 27 de diciembre de 2009

En las provincias centrales.

Este fin de semana estuve en las provincias centrales, compartiendo con mis amigos los buenos deseos para el nuevo año: filosofía, literatura y política, familia y sociedad. Como siempre, llevé La Calle del Medio. Regresé feliz para festejar con mi familia el año que llega, y el 51 aniversario de la Revolución.

Tiboreo de Heriberto Hernández Medina.

Un colaborador inspirado anuncia la aparición de una serie de versillos en La isla desconocida.

por LQQD.
Heriberto Hernández, brote
de blenorragia electrónica
con que infecta verso y crónica
del arranque al estrambote.
Conocido por Chayote
en la loma del Capiro,
también se dedica al giro
de la estafa editorial
¿Será Bluebird animal
cruce de aura y vampiro?

viernes, 25 de diciembre de 2009

EN CONTRA DE LA IGUALDAD (DE LAS NARANJAS).

Santiago Alba Rico
Especial para La Calle del Medio 20
La tierra no es esférica sino rugosa, ondulada, abollada, bulbosa, irregular como un boniato. Vista de lejos -desde el espacio, desde un avión, en un mapa-, con los pies en el aire, se nos antoja tan geométrica que no la podemos sentir amenazada, nos parece tan próxima que no puede darnos miedo. Pero en lo alto de la montaña más alta seguimos tocando el suelo y por eso allí nos sentimos inseguros; lo que llamamos vértigo o acrofobia es en realidad un horizóntigo o geofobia; el miedo, no a las alturas, no, sino a la extensión irregular de la Tierra, a su “bajura” temblorosa e inclinada desplegada ante los ojos desde la raíz de los zapatos. Desde el cielo, el planeta parece un juguete; desde la colina, parece una patata. Todo en él son arrugas, pliegues, inclinaciones; todo en él son bultos y hendiduras. Hasta la línea del horizonte se baja, no por catetos, hipotenusas y cosenos, sino por quebraduras, sinuosidades, levantamientos, aproximaciones. La Tierra es un terremoto provisionalmente endurecido, un oleaje momentáneamente sólido.
Como ya sólo imaginamos la Tierra -con sus mares, continentes y países- desde el aire y en los mapas, hemos acabado por considerarla un producto nuestro, artificial y controlado. Nos tranquiliza concebirla así, como un producto industrial y no como un azar natural, porque cada vez nos da más miedo aceptar la fragilidad, la inexactitud, la irregularidad, la irrepetibilidad de nuestra existencia. La oposición entre la industria y la naturaleza, y la superioridad de la primera, tiene que ver con el hecho de que, mientras que la naturaleza sólo produce jimaguas como excepción y anomalía, la industria puede producir en serie y de manera potencialmente ilimitada objetos idénticos. La naturaleza no sabe reproducirse sin producir diferencias: entre dos cuerpos, entre dos montañas, entre dos hierbas. La industria se reproduce, al contrario, produciendo identidades: la misma tuerca, la misma camisa, el mismo carro. Que la naturaleza produzca dos cosas iguales resulta inquietante; que una cadena de montaje produzca dos cosas distintas se considera un defecto. Los iguales naturales dan miedo; los distintos industriales van a parar al cubo de los desperdicios. Nos tranquiliza, sí, pensar en el planeta como salido de una fábrica, redondo, bien acabado, reproducible a voluntad. ¿No podremos hacer otro igual, otros iguales, cuando se nos acabe? ¿Llenar el universo de bolitas azules, ponerlas en fila, habitarlas eternamente?
El capitalismo, a través del mercado, ha impuesto una medida industrial para valorar la calidad no sólo de las tuercas y los accesorios eléctricos -necesariamente sometidos a estandarización o normalización- sino también los alimentos y los conocimientos. Así lo explica con ironía el veterinario y músico Antonio Calvache en un excelente artículo: “No hay comida de más calidad que la que puedes encontrar en un Macdonald's. En efecto, pide una Macpollo en cualquier lugar del planeta, cualquier día del año y a cualquier hora y recibirás exactamente la misma masa, consistencia, sabor, olor de carne, la misma esponjosidad y diámetro del pan, el mismo color, grosor, textura de los trocitos de lechuga, idénticos granitos de sésamo, etc. Para conseguir esto, la multinacional se jacta de tener proveedores en los cinco continentes. Así, si plantamos la misma variedad de tomate en una tierra con similar composición y utilizamos los mismos abonos, se conseguirá que un tomate chileno en febrero sea igual que uno marroquí en abril o uno de Almería en junio”. Curiosamente, la asociación mental entre calidad e igualdad, inducida por las grandes multinacionales de la alimentación, ha acabado por acelerar la trágica pérdida de biodiversidad en el mundo. El planeta es una patata y las patatas son todas distintas entre sí, abolladas e irregulares; el planeta es un tomate y los tomates son todos distintos entre sí; el planeta es un tabaco y los tabacos, si son buenos, son todos distintos entre sí. Pero el planeta es un boliche y los boliches, reproducibles en serie, son todos lisos, brillantes, idénticos entre sí. También deben serlo las papas, los tomates, las manzanas; y así desconfiamos de todas las irregularidades que introduce la naturaleza, de todas las diferencias que introducen las manos. Queremos manejar siempre el mismo carro, lo que es bastante sensato; pero queremos comernos siempre la misma naranja y fumarnos siempre el mismo tabaco, lo que amenaza 10.000 años de enriquecimiento biológico y de placeres civilizados.
¿Resultado? La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que el 75% de la diversidad genética de los cultivos se ha perdido durante el último siglo. Históricamente, el ser humano ha utilizado para sus necesidades entre 7.000 y 10.000 especies; hoy, sólo se cultivan unas 150 y doce de ellas representan más del 70% del consumo humano. En Estados Unidos, por ejemplo, ha desaparecido de los campos el 93% de las variedades de frutas y productos hortícolas en los últimos cien años. En España, en los años setenta había 380 variedades de melón; en 2009 se encuentran en el mercado entre 10 y 12. En México en la actualidad sólo sobrevive el 20% de las variedades de maíz que se cultivaban en 1930.
¿Resultado? El buen gusto, el refinamiento, el know-how, el cuidado, la atención, la destreza, la belleza de cientos de generaciones se pierden al mismo tiempo que el respeto por las cosas, el sentido de la supervivencia y la capacidad de resistencia. Vivimos en el aire, sin vértigo ni angustia. El planeta tierra es un producto industrial; las papas y los tomates también. El planeta tierra es un boliche; las naranjas y los melones también. Lo mismo, por supuesto, que los hombres, las mujeres y los niños.
Imaginamos el mercado como una gran fiesta de la variedad, la multiplicación y la diferencia. Es, ya lo vemos, todo lo contrario. ¿Se puede decir al menos que, en una relación inversamente proporcional, el capitalismo sustituye la biodiversidad por logodiversidad y nos compensa de la riqueza natural de que nos priva, de los refinamientos que nos roba y de la vida que nos acorta multiplicando las marcas, ya que no los productos? Ni siquiera eso es cierto. De las miles de bebidas refrescantes registradas en todo el mundo, el 73% pertenecen a Coca-Cola o Pepsi-Cola. La cervecera Heineken, por su parte, es dueña de 130 marcas de cervezas en 65 países y la ominosa casa Nestlé es propietaria de 15 marcas de cafés, 12 de bebidas, 16 de productos no frescos, 30 de helados, 17 de comida infantil, 3 de alimentos para deportistas, 5 de condimentos, 5 de congelados, 4 de productos refrigerados, 51 de chocolates y galletas y 19 de alimentos para mascotas. Según la visión religiosa tradicional, un solo dios creó la pluralísima riqueza de la madre tierra; bajo el capitalismo, 4 o 5 dioses, al mismo tiempo que la destruyen, crean en su lugar, para ocultar la pérdida colectiva, para obtener beneficios privados, un alegre bullicio de nombres y logotipos.
Esto es malo. Pero peor aún es que nos sintamos tan contentos, tan civilizados, tan avanzados, con este empobrecimiento.

jueves, 24 de diciembre de 2009

La Calle del Medio 20 (diciembre).

Ya está en la red el PDF de La Calle del Medio correspondiente al mes de diciembre, y en pocos días en los estanquillos del país. Hoy presentaremos los dos últimos números y debatiremos algunos de sus temas en el Centro de Neurociencias de Cuba.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Tu llorando en Miami, yo gozando en La Habana.

Versión al piano de Varela. Léalo aquí.

¿El imperio supersticioso?

E. U. G.
Todo parece juego, azar; la vida es una ruleta que premia y castiga según amanezcan los astros. O una letra marcada. Un designio misterioso, inevitable, que solo los elegidos descifran. Walter Mercado lo anuncia "con mucho amor": dinero, romance, éxito, poder. Todo a escala humana, de manera que cada lector o telespectador piense que ha sido elegido. Los babalaos cubanos anuncian "la letra del año". Y Newsweek, la revista conservadora norteamericana, lanza sus predicciones, extrañamente asociadas a sus más notorias frustraciones: muerte de Fidel, golpe de estado en Venezuela, consolidación económica de Brasil como una nueva China, entre otras. Pero a diferencia de ilusionistas y religiosos auténticos, los estrategas norteamericanos apenas pueden esconder sus intenciones desestabilizadoras. Predecir un golpe de estado es incitarlo, es proponerlo --y ya vimos en Honduras que los gobiernos de facto "legales" para la derecha, han vuelto--, y si la predicción la formula precisamente quien los organiza, el anuncio se convierte en amenaza. La "posible" muerte de Fidel en el año se anuncia "justamente en momentos en que el presidente Hugo Chávez y otros visitantes extranjeros han elogiado la recuperación física del veterano líder comunista", según El Nuevo Herald. Una muerte que debe hacer cambiar a Cuba, es decir, hacerla renunciar a su proyecto alternativo. Para Estados Unidos, que mejoren las relaciones con la pequeña isla insubordinada, en su lógica imperial, significa que esta se rinda. Y sí, quizás el gobierno norteamericano necesite una China en este continente que frene a la del otro lado del Pacífico. Y desplace a Venezuela del liderazgo regional. Al concederle la sede del Campeonato Mundial de Fútbol y de la Olimpiada, los países ricos le han dado una bienvenida anticipada al club. Que el imperio --que todo lo sabe porque todo lo trama--, prediga, es más verosímil, más preocupante, que lo haga Walter Mercado. ¿El imperio se ha tornado supersticioso? Cada noche enciende una vela para hacer cumplir sus sueños, trabaja en las sombras, pero sabe poco.

martes, 22 de diciembre de 2009

¡Aquí Radio Progreso, presentando: Alegrías de Sobremesa!

Un adelanto de La Calle del Medio 20 que sé que disfrutarán.
Sheyla Valladares Quevedo
En La Habana existe un edificio dentro de otro. Tal vez, es un detalle que los cubanos han pasado por alto, habituados a edificaciones tan llamativas como el Capitolio, el Focsa o el edificio Bacardí, por citar algunos.
Uno es obra de la ingeniería civil y el otro de la ingeniería creadora de un hombre, Alberto Luberta. Para mayores señales, ambos se ubican en la calle Infanta, frente al cabaret Las Vegas.
Evidentemente, se trata de la emisora Radio Progreso, que cumple este diciembre 80 años de su salida al aire, y de ese edificio de vecinos ocurrentes y simpáticos, conocido por todos como Alegrías de Sobremesa.
Este gran show humorístico musical provoca las delicias de la familia cubana hace 44 años. Por él han desfilado las mejores orquestas de la isla, así como figuras de la actuación de altísimo nivel, con una capacidad única para hacernos reír. Todos acompañados siempre por la voz y el carisma indiscutible del locutor, Eduardo Rosillo.

Alegrías de sobremesa sigue ahí
Cuando mencionamos el nombre de este programa, uno de los más antiguos en la radiofonía cubana, tenemos que recurrir invariablemente al de su creador Alberto Luberta.
Cada día durante 41 años este hombre insufló vida a los más diversos personajes. Construyó un edificio de vecinos en el mismo centro de La Habana desde el cual supo irradiar toda la cubanía característica de los que habitamos este país, a partir del reflejo de experiencias cotidianas, comunes a todos.
Entonces no fue difícil que Rita Paranganillo bajara por La Rampa habanera en busca del Malecón o que la pareja explosiva de la mulatísima Estelvina y Sandalio, el Vola´o, recorriera la calle Enramada en el medio de Santiago de Cuba, sin causar el menor asombro. Toda Cuba los conoce porque ellos son parte del pueblo, respiran como ellos, hablan como ellos, viven como ellos.
Y así sucedió durante largo tiempo hasta que Alberto Luberta se despidió de sus personajes queridos. Pero como más sabe el diablo por viejo que por diablo, antes de irse dejó listo el relevo: un muchacho con quién compartía el barbero, ciertos rasgos a la hora de escribir, el amor por el teatro vernáculo y, por consiguiente, por cada uno de los personajes de Alegrías de Sobremesa.
Con el batón en sus manos desde hace tres años, como gusta decir, el joven escritor Ahmed Otero Prado rememora sus inicios:
“Un día me aparecí en su casa con unos guiones y a él le gustaron. A la semana siguiente ya yo estaba escribiendo el programa Fiesta guajira de Radio Progreso. Lo que no sabía era que él me estaba preparando, nunca me lo dijo. Un día del 2007 me pregunta si yo estaría dispuesto a quedarme con Alegrías. Aquello me sorprendió, pero más que el honor de escribir el programa yo quería el de escribir con él. Eso fue en enero y la idea era que en septiembre él se jubilara. Pero en marzo con motivo de su participación en el Festival Nacional de la Radio en Villa Clara, me dejó a cargo del programa toda una semana. Y entonces de corre corre tuve que hacer los primeros 8 libretos. Esa fue la prueba de fuego. Después vino la gira nacional dedicada a Luberta que también tuve que escribir. En esos momentos llegamos a hacer hasta guiones a cuatro manos. Eso fue uno de los estímulos que tuve antes de escribir diariamente el programa.”
Y fue así cómo la preocupación de los trabajadores de Radio Progreso –sobre todo la del elenco de Alegrías de sobremesa--, de que fuera a perderse este espectáculo humorístico musical, quedó sin sustento.
Entonces se impuso el reto de seguir siendo un exponente del humor de situaciones en la radio, a partir de la conjugación de elementos de la idiosincrasia cubana actualizados al calor de los imperativos de la época y las maneras de consumir los productos radiofónicos de las nuevas generaciones. Para el recién estrenado escritor de Alegrías de sobremesa, esto constituyó una premisa desde el principio:
“Cuando empecé a escribir humor, María de los Ángeles Santana me aconsejó que recordara que el humor de hoy no podía ser el mismo que hiciera ella, pues ya la gente no se ríe de lo que se reía hace 25 años. Los códigos referenciales cambian, aunque las fórmulas básicas siguen siendo las mismas. El cubano quiere buscarse y verse reflejado. Y creo que ahí está la clave del éxito de un programa humorístico”.
El colectivo actoral de Alegrías… también está consciente de la importancia de mantener un espacio como este dentro de la programación de la radio nacional. Al decir de Aurora Basnuevo “es un ejemplo, un clásico de la radio nacional. El único programa que conserva el teatro vernáculo, que se ha ido perdiendo porque los jóvenes no han tenido la oportunidad de hacerlo. A cada rato se pierden los actores, se pierden los escritores, por eso es que debemos defendernos. Queremos mantenernos porque de lo contrario sería perder un reflejo importante de lo que nos identifica como cubanos. Además es un programa que también tiene gran audiencia fuera de Cuba a través de Internet, en países como Francia o México”.
Todo lo anterior sólo viene a confirmar que el humor costumbrista como también le llaman no es un género pasado de moda o poco atractivo para las nuevas generaciones de escritores que llegan a la radio. En el caso de Ahmed Otero sigue siendo una opción válida sobre la que todavía se puede trabajar:
“Si preguntas por la calle todavía se recuerdan los tiempos de Detrás de la fachada y San Nicolás del Peladero porque eran de este tipo (costumbristas). Yo no creo que los jóvenes tengan que asumir una nueva forma de hacer el humor, sino poder mantener esa línea aportándole elementos novedosos, actuales, enriqueciéndola. Tal vez, con otra forma de decir, con otro tratamiento de los temas, pero sí manteniendo la sabia del vernáculo que en definitiva nos viene desde el siglo XIX”.
Indudablemente, aunque tras los destinos de los personajes de Alegrías de sobremesa ya no está el genio de Alberto Luberta –aunque se mantiene como al más activo colaborador--, estos tres años de trabajo con un nuevo creador han servido para consolidar nuevas historias y dotar al programa de un nuevo dinamismo.

¡Qué gente caballero, pero qué gente!
Alegrías de sobremesa es un programa que siempre tuvo la suerte de poseer uno de los elencos más sólidos dentro de la radio cubana. El talento creador de actores como Marta Jiménez Oropesa, Martha Velazco, Hidalberto Delgado, Wilfredo Fernández, Antonio Rivero, Juan Carlos Romero, Antonio Ñico Hernández (Sarría), Armando Soler, Aurora Basnuevo, Mario Limonta, Ramoncito Hernández, Aida Isalbe, Diana Rosa Suárez, Juan Julio Alfonso, entre otros, lograron sentar una pauta que regiría el posterior desempeño de los artistas que entrarían a formar parte del colectivo.
Alberto Luberta siempre se cuidó de hilvanar sus historias con tal coherencia que la entrada o salida de personajes, por imperativos como la muerte o la jubilación, no constituyeran una solución de emergencia sino parte de la dramaturgia que sostenía el programa.
Esta misma línea ha intentado seguir el nuevo escritor. Así lo corroboran las palabras de la actriz María Leisa Olivera.
“Yo también soy de las últimas que ha entrado. El personaje que hago (Chiqui) fue el último que introdujo Luberta. Con Ahmed no ha habido un bache, no lo he sentido en los libretos, ni en el estudio, ni en la calle con el público”
Si la historia colectiva demanda las naturales actualizaciones y con ella la aparición de nuevos personajes, ésta es una decisión que se toma colegiadamente, entre todos como cuenta Ahmed Otero.
“El primer personaje que yo incorporé a Alegrías de sobremesa, fue el personaje de Constantín el profesor de teatro de Chiqui, que hace Moisés Rodríguez (uno de los Robertos), porque en el programa hacía falta. Aunque sí había comediantes, algunas contrafiguras, necesitábamos cómicos. Luberta estuvo de acuerdo porque siempre los personajes que he incorporado los he pasado por el filtro. Entonces coincidió conmigo en que Moisés era un cómico nato y que podría encajar muy bien en Alegrías.”
Diana Rosa Suárez recuerda que un procedimiento similar ocurrió con el personaje de Chicho/Hilario Peña ante la necesidad de incorporar una figura que desempeñara un papel similar al que en sus tiempos realizara Hidalberto Delgado con su inolvidable Paco.
“Ese personaje fue muy discutido antes de que entrara en el colectivo porque queríamos un actor bueno, con talento y hasta ahora estamos muy felices con él”.
La presencia de este tipo de personaje en un programa humorístico es vital, ya que sobre él recae el peso de las situaciones hilarantes aunque no sea éste quien provoque el chiste, algo que Aurora Basnuevo se encarga de explicar:
“A Hilario Peña le toca remedar un poco a Hidalberto Delgado y esa tarea no es fácil porque era la mejor contrafigura. Además este es un rol muy difícil. Casi siempre los actores no aceptan hacerlo porque quieren ser ellos los que hacen los chistes y muchas veces logran el efecto contrario, por lo que yo les digo los mata chistes. Cuando tú le dices algo a Diana Rosa, que es una contrafigura también, ella te lo engrandece. Las respuestas que da Mario a mis cosas inmediatamente provoca la risa y eso es muy importante. Yo creo que la contrafigura es la que hace el chiste en realidad porque al ligarse con el cómico logra su efecto total. Y eso no lo sabe hacer todo el mundo”
En un momento determinado se impuso la necesidad de introducir personajes jóvenes de la mano de actores noveles, pues constituía una parte de la sociedad cubana con escasa representación dentro del programa, como el papel interpretado por Michel Labarta/Yunieski.
Su creador acepta contar que le “costó trabajo que las personas del medio lo aceptaran, no así el público, porque muchas veces existe mucha mojigatería. Y de pronto él era un muchacho de este país con su forma de hablar atropellada como muchos en nuestras calles y su forma de ver la vida. En este sentido yo siempre defendí la importancia de sus valores como persona y no su forma de decir. Para apoyarlo mejor hice un estudio sobre otros personajes similares que tuvo Alegrías de sobremesa y que como característica principal tenían el uso del retruécano, las inadecuaciones léxicas, el cambio de palabras por otras y eso no desvirtuaba para nada el objetivo del programa y no daba malas enseñanzas. En este caso ha tenido mucha aceptación sobre todo dentro del público joven”.
En las más de cuatro décadas vividas por Alegrías de sobremesa, como mismo se ha impuesto la inserción de nuevos personajes también lo ha sido la modernización de los establecidos para estar acorde con el momento en que ocurre la recepción del programa.
De ahí que como confiesa Aida Isalbe/Bebita, una de sus fundadoras, “los personajes como el mío han sufrido cambios. Porque la Bebita no empezó diciendo esos paquetes que dice ahora pero el público la sigue aceptando con esta característica porque precisamente a veces encontramos personas así, convivimos con ellas. Y Alegrías de sobremesa sigue representado al pueblo”
Ramoncito Hernández, otro de los actores consagrados, quien tiene a su cargo varios personajes como el del niño que desordena la rutina del edificio, también se siente muy entusiasmado con los nuevos aires de su personaje, el cual “ha ganado en juventud, en ritmo. Algo que es muy importante: sin perder la calidad con que siempre se le brindó al público”.
Otras de las transformaciones las ha sufrido el personaje de Estelvina, la mulatísima, como todos los cubanos la conocen; quién se siente “modernizada pues ahora es una mulata con sonido surround, sistema DVD y lector mp3. Algo que no decía antes cuando era sonido estereofónico, música indirecta y doble casetera”.

Recorriendo los caminos
El colectivo de Alegrías de sobremesa no se conforma sólo con sentar cátedra desde los estudios de la casi centenaria Radio Progreso. Desde hace décadas protagoniza giras nacionales que constituyen, sin duda, verdaderas fiestas populares en cada uno de los lugares que visitan.
Pepito Ciérvides, director general de este programa, es uno de los más entusiastas defensores de esta manera de interactuar con la radioaudiencia del país y guarda en su memoria anécdotas hermosas que vale la pena recordar.
“En todo el país, la gente nos sigue para vernos. En Camagüey cayó un aguacero y se fue hasta la luz en la mitad de la ciudad. Las entradas estaban vendidas hacía una semana y aún bajo la lluvia la gente llevaba carteles que decían: ¡Que vuelvan otra vez!, ¡Qué vuelva Alegrías de sobremesa! El público se lanzaba encima de los actores y los tocaba como para comprobar si eran reales. Era una cosa muy grande.
Yo nunca pensé que en toda la isla la gente nos siguiera de esa manera. Nos pedían que repitiéramos las funciones porque no cabían en los teatros. Eran plazas llenas de gente en Cienfuegos, Villa Clara, Sancti Spíritus, Santiago de Cuba. Para mí eso tiene un valor muy grande porque seguimos haciendo teatro bufo, vernáculo, que es el nuestro, con respeto. Por eso es que nos hemos mantenido por tantos años”.
Esta percepción del director es apoyada igualmente por Ahmed Otero, aunque éste se toma tiempo para poner en consideración otros aspectos que piensa coadyuvan también al éxito del programa.
“En algunos medios siempre ha habido el intento de hacer costumbrismo al estilo de los años setenta. Entonces percibes que el ritmo no es el mismo, que los chistes huelen a viejo. Cuando lo analizas te das cuenta de que tal vez no se están usando bien los códigos referenciales y que la forma de decir ya no es la misma o los actores escogidos no son los más indicados para ese espectáculo. Sobre esto último creo que la clave está en nuclear actores experimentados con otros que el público también desea disfrutar. Esto es algo que caracteriza a Alegrías…, que todo su elenco, salvo excepciones, son actores, no humoristas. Toda su vida se han dedicado a actuar, no a contar chistes. Creo que en la combinación está la clave para dar pasos significativos en este sentido”

En espera de que suene la fanfarria en el estudio 4
En los 44 años que Alegrías de sobremesa se ha mantenido al aire, no han sido pocos los escollos sorteados. Uno de los más difíciles todavía no acaba de superarlo. Y es que en 2004 un incendio devastó el estudio-teatro donde actuaban todo el elenco y las orquestas más importantes del país, junto a un público que rebosaba el lugar cada tarde.
El contexto donde nace cada día el programa hoy es completamente distinto. El estudio es pequeño, hay que poner discos y solo puede acceder al él un número pequeño de asistentes.
A pesar de que los actores continúan dando lo mejor de sí, sienten como María Leisa Olivera que, “es una lástima todo este tiempo que el público se ha perdido el disfrute de un espectáculo que es de sus raíces, de su cultura. Yo que entré hace cinco años no he podido vivir lo que los demás. Como es realmente Alegrías de sobremesa, no se puede hacer y la gente se lo está perdiendo, lo mismo la gente de La Habana, que de las provincias, que tanto venían”.
“Alegrías de sobremesa es una combinación de música, humor, público y si falla un elemento ya no es lo mismo”, afirma Ahmed Otero. También agrega que, “el actor tampoco se motiva igual porque no es lo mismo encontrarse con un público eufórico, que se ría incluso de lo que no es chiste como nos ha pasado a veces en los teatros. Pero si se pierde el espectáculo, el actor no puede ver directamente la respuesta de la audiencia y así saber si lo que dijo funcionó”
Aún así, todavía existen personas que insisten en llegarse hasta la calle Infanta, para disfrutar de las situaciones sabrosas que se originan cada tarde en Radio Progreso. Como un grupo de estudiantes de tecnológico que gozaron de lo lindo en cuanto Eduardo Rosillo se paró frente al micrófono como cada tarde hace 41 años para decir: “Y continuamos riendo con un libreto de Ahmed Otero Prado y las actuaciones de Aurora Basnuevo, Mario Limonta, Aida Isalbe, Ramoncito Hernández… ”

lunes, 21 de diciembre de 2009

Del guiño en la aldea universal al emoticono en la aldea global.

Antonio Rodríguez Salvador.
Alguna vez he dicho que la Autopista Nacional, la única de largo aliento que tenemos en Cuba, empieza en Taguasco y termina en La Habana. No confundo las jerarquías: si el tamaño de los pueblos se midiese por el grado de relación emotiva entre sus habitantes, está claro que un taguasquense medio suele conocer a muchas más personas en Taguasco, que un habanero en La Habana.
Y digo Conocer —así con mayúscula. Saber de cualquier paisano su nombre y apellidos, y el de los padres, y el de los primos; y donde estudió, y cómo se llamaba la primera novia que tuvo.
En las grandes ciudades, las vidas suelen ir por dimensiones paralelas: cada persona viaja en su ruta como por un laberinto de cristal, donde se puede ver al vecino, pero acaso distorsionado; ajeno de la intimidad. Hay algo en las grandes ciudades que difumina al individuo; lo empaña y lo hermetiza; lo torna extraño para el semejante. En La Habana, por ejemplo, pareciese que hay un solo guagüero: ese alguien que en realidad percibimos como un algo, como una cosa. La mayoría de las veces el guagüero es una suerte de sustancia secundaria, según la lógica aristotélica, una abstracción; cuántas veces no lo habremos visto como una contestadora automática que en cada parada repite: “No se amontonen delante; un paso atrás, por favor”.
Exagero, naturalmente…, pero no tanto. Palabras como “usuario”, “transeúnte”, “pasajero”, y demás bloques lingüísticos que masifican al prójimo y lo reducen a un cometido, son impensables en los pueblos pequeños. En Taguasco, por ejemplo, el que está comprando en la tienda es Javier, la que viene por la acera es Tamara, y quien montó en la guagua fue Martín. Personas que cargan sobre sus hombros una historia; que son únicas al tiempo que semejantes. Por eso no es lo mismo un guiño en Taguasco que en La Habana. Si estoy en la Rampa y una desconocida de pronto me hace una seña, solo tengo dos alternativas: la dejo pasar o me disfrazo de seductor; en Taguasco, sin embargo, ese mismo guiño significa saludo, complicidad, alerta, armonía…
Desde luego, no pretendo negar el desarrollo. Las grandes ciudades, tienen la virtud de ser cosmopolitas: son una puerta al mundo, y también la matriz donde lo extraño se junta con lo propio, para incorporar genes frescos a la cultura. Son mirada hacia delante, carrera en busca de la modernidad; expansión y síntesis del pensamiento. En las ciudades grandes, lo ajeno se tamiza y se amulata, hasta que un día llega a formar parte de la idiosincrasia.
Los pueblos pequeños, entretanto, son la sustancia del mito y el carácter de la tradición. Ni Buenos Aires, ni Ciudad México, ni La Habana, podrían encarnar el espíritu de todo un continente. Sin embargo, esto puede hacerlo Macondo, legendaria aldea creada por García Márquez en su novela Cien años de soledad, o aquella otra del sur norteamericano, Yoknapatawpha, imaginada por el escritor William Faulkner. No por gusto las telenovelas brasileñas más disfrutadas por el público cubano han sido aquellas donde las historias trascurren en pueblos pequeños: Cabocla, La Bajada, El Resplandor; las aldehuelas de Doña Bella y la Esclava Isaura. Es en estos pequeños pueblos donde los personajes se parecen más a las personas comunes; dejan de ser caricaturas para encarnarnos a nosotros mismos.
Lo universal podría entenderse entonces como ese “yo el otro”, del que hablaba Rimbaud, o como una suerte de democracia íntima donde “nada humano es ajeno”; según dijeron Terencio y Carlos Marx. En fin, y por seguir citando a autores ilustres, como recomendaba León Tolstoi: “Si quieres ser universal, pinta tu aldea”. Sin embargo, para definir lo universal quizá no tendría que acudir a demasiadas fuentes autorizadas; apenas escuchar lo que dice mi vecino Alberto Pila: “para conocer al otro solo hay que hacerse un sí mismo”.
De este modo también es lícito decir que la Autopista Nacional empieza en Taguasco y termina en La Habana. Para ser cosmopolita y mirar afuera, primero hay que ser universal y vernos por dentro. La cultura que somos es sobre todo el mito que somos: el imaginario, las costumbres, la tradición popular; sobre estos pilares se erige el pensamiento, las artes, la opinión.
Sin embargo, de pronto todos estos conceptos deberán ser revisados. Internet, teléfono, televisión, y otras tecnologías que eliminan tiempo y distancia, hace creer que somos el Clark Kent contemporáneo, aquel anónimo periodista que en un santiamén era capaz de trasformarse en Superman. De esta manera, los anónimos pueblos con igual celeridad se trasforman en sustancia de la Aldea Global, y así consiguen tener el mundo al alcance de la mano. Con apenas un clic es posible entrar al cine, al banco, a la librería.
Ahora el parque Maceo, o Agromante, o Martí; o aquella esquina donde solíamos discutir de béisbol o de política o de lo que nos pareciese oportuno: el Gallo de Oro en Taguasco, La Moderna, en Jatibonico; La Revoltosa, en Cabaiguán; cambia de nombre y se llama Facebook, MySpace o Hi5. Todo parecería apenas un cambio de nombre; solo la vida que resulta cada vez más perfecta; salvo que el guiño de la muchacha ya no provoca la súbita impresión de que el aire es más limpio, y los colores más brillantes; su guiño se ha trasformado en una de esas caritas amarillas, redondas y virtuales llamadas emoticonos o smileys, mediante el cual pretende transmitirnos su estado de ánimo, sin enteramente lograrlo.
Ya su beso no viene acompañado del aliento natural y estremecedor, ni del latido que intuimos bajo su blusa, ni de la mirada que nos acaricia. De pronto el amor también se vuelve técnico. Porque ciertamente, las tecnologías han acercado distancias; y eso es fantástico; pero al mismo tiempo han alejado cercanías, y entonces hasta nuestros vecinos en ocasiones se tornan fotos, videos, correos electrónicos.
Y ahora cada 31 de octubre hay que celebrar el Halloween, o el cuarto jueves de noviembre el Thanksgiving, y el tercer lunes de febrero el Presidents Day. Uno no sabe muy bien qué está celebrando: aquél comenta que estaba deliciosa su salsa de arándanos, otro que su pavo estaba relleno con pan de maíz y salvia: la conversación es natural, y entonces uno no halla cómo decirles que también tuvo un fin de semana feliz, el cual culminó con un gran banquete a base de arroz congris, macho asado y yuca con mojo. No va a ser uno el clásico aguafiestas que los obligue a buscar en el diccionario, menos aún a ser tenido por gente que no posee cultura de Internet. Por eso, lo mismo que los demás, termina mandando un emoticono feliz, con un gorrito de cumpleaños rematado con un pompón blanco. Manda, además, dos copas virtuales con un “espumoso” champagne, que quizá nada tengan que ver con sus fiestas, pero que, en cambio, van a resultar más expresivas que una disquisición de cómo se asa un macho en puya.
Uno creía estar chateando con un grupo de norteamericanos, pero resulta que no: el llamado John es en verdad de Buenos Aires, y Jack es de Río de Janeiro, y Joe de Bruselas. A última hora entran al foro Billy que es de Burundi, y Frank de Haití, y entonces yo me quedo pasmado: ¿Quién dice que la Aldea Global no es cosmopolita? Ya sabía yo que en ella podemos hallar redes sociales hasta para los muertos: MyDeathSpace; y para los perros y los gatos: Unitedcats; y para las flores, y los cactus, y los helechos, y las aves… En ella también podemos hallar amigos lo mismo en Madrid, que en Los Ángeles que Copenhague, y ahora resulta que también en Burundi y en Haití.
¿Acaso habrá una red social para el burundés y otra para el haitiano; habrá para los ugandeses y los nepalíes?, me pregunto. Abro entonces otra ventana, las busco, pero no las hallo Todo se aclara, sin embargo, cuando Billy y Frank explican que en realidad viven en Nueva York, y en el mismo edificio… Ah, y que el famoso Presidents Day que están celebrando, como era lógico suponer, es el de los presidentes norteamericanos.

domingo, 20 de diciembre de 2009

A propósito de una cita de Montaner sobre la alternabilidad capitalista.

Hace algunos días traía al blog un fragmento de mi libro sobre Venezuela de 2006, en el que citaba una frase lapidaria de Mario Vargas Llosa --no tengo que especificar su orientación política--, sobre la esencia sistémica de la mal llamada "izquierda democrática". Decía entonces el escritor-político sobre la recién finalizada campaña electoral (2005) que le diera la victoria a la Bachelet: "En el debate entre Michelle Bachelet y Sebastián Piñera, que tuvo lugar pocos días antes del final de la segunda vuelta, 'había que ser vidente o rabdomante para descubrir aquellos puntos en que los candidatos de la izquierda y la derecha discrepaban de manera frontal. Pese a sus respectivos esfuerzos para distanciarse uno de otro, la verdad es que las diferencias no tocaban ningún tema neurálgico, sino asuntos más bien cuantitativos (para no decir nimios). Piñera, por ejemplo, quería poner más policías en las calles que la Bachelet'". Ahora, tras la primera vuelta de las nuevas elecciones, ganadas por Piñera frente a Frei --y ante un inusitado 20 por ciento que una nueva izquierda ha conseguido, obligando a una segunda vuelta--, Carlos Alberto Montaner, otro "místico" de la derecha con menos prestigio literario, escribe: "Naturalmente, hay diferencias entre Piñera y Frei, como las hay entre Obama y McCain, entre Thatcher y Blair, entre Aznar y Felipe González, pero son diferencias de matices. Esencialmente, discuten y discrepan sobre la intensidad de la presión fiscal y la asignación del gasto público, o sobre la tasa de interés, o sobre el volumen de la masa monetaria --temas extremadamente importantes, por cierto--, pero no cuestionan el corazón institucional del sistema, basado en la separación y equilibrio de poderes, ni los fundamentos filosóficos de la democracia liberal, ni el principio básico de que todos los ciudadanos deben colocarse bajo la autoridad de la ley (burguesa), comenzando por los gobernantes, porque están de acuerdo (con) ese modelo, acompañado por la libertad para producir y consumir". Excelente cita para respaldar la tesis de que la alternabilidad de los gobiernos en el capitalismo es solo de forma, nunca de contenido.

Kaloian Santos nos obsequia una foto.

Hoy salí a asaltar la ciudad con mi cámara.. rara vez escucho música cuando estoy haciendo fotos pues no quiero perderme ningún sonido ambiente. Y hoy no sé porqué extraña razón tenía conectado el mp3. En fin que caminando y escuchando un temaso de Santiago Feliú que se llama "Planeta Cuba" encontré esta foto... y en el momento de opturar por casualidad o alguna divinidad se terminaba la canción que concluyé así: "Por la Virgen de la Caridad, / por la sangre de San Ernesto, / sigue CUBA, sigue de verdad, sigue CUBA sigue resistiendo...!!!!" Y todavía hay incrédulos que sueñan con el fin, luego de medio siglo de grandezas de esta pequeña Isla!!! Los dejo con la foto y un gigante 2010 para nuestra CUBA y mis compatriotas!!!!! (KALOIAN SANTOS).

Raúl: No tenemos derecho a equivocarnos.

Algunos fragmentos de su discurso de hoy en la Asamblea Nacional:

-- El primero de agosto desde este podio me referí a la entrada en vigor de nuevos procedimientos para agilizar las transacciones con el exterior.
Hoy puedo anunciar que se han reducido en más de un tercio las retenciones de pagos acumuladas en aquella fecha y, a la vez que reiteramos el agradecimiento a nuestros socios por la confianza y comprensión expresada por la mayoría de ellos, ratificamos la firme voluntad de proseguir honrando hasta el último centavo de los compromisos asumidos, en correspondencia con las posibilidades de la economía.

-- Tengo conciencia de las expectativas y honestas preocupaciones, expresadas por los diputados y los ciudadanos en cuanto a la velocidad y profundidad de los cambios que tenemos que introducir en el funcionamiento de la economía, en aras del fortalecimiento de nuestra sociedad socialista.
En este sentido me limito, por ahora, a expresar que en la actualización del modelo económico cubano, cuestión en la que se avanza con un enfoque integral, no puede haber espacio a los riesgos de la improvisación y el apresuramiento. Es preciso caminar hacia el futuro, con paso firme y seguro, porque sencillamente no tenemos derecho a equivocarnos.
Nunca debemos olvidar la enseñanza de Martí cuando dijo: “Se ha de hacer despacio lo que ha de durar mucho”.

-- Aprovecho esta otra oportunidad, pues ya lo hemos planteado en varias ocasiones, para ratificar la sincera voluntad de Cuba de solucionar definitivamente el diferendo con Estados Unidos, a partir de un diálogo respetuoso, entre iguales, sobre cualquier asunto, sin menoscabo para nuestra independencia, soberanía y autodeterminación. Si el gobierno norteamericano realmente desea avanzar en las relaciones con Cuba, le recomiendo dejar atrás los condicionamientos de orden interno que pretende imponernos y que sólo a los cubanos compete decidir.
LEER EL DISCURSO ÍNTEGRAMENTE AQUÍ.