En el mes de abril de este año visité Sevilla como parte de un recorrido de contrainformación sobre Cuba, y fui recibido por el coordinador del programa de alfabetización Yo sí puedo, por algunos de sus impulsores sevillanos y los asesores cubanos. También estuvieron en el encuentro dos alfabetizados que me narraron sus experiencias. Fue un encuentro inolvidable. En todos esos años, "la prensa libre" se ha negado a informar sobre la colaboración cubana.
José Manzaneda, coordinador de Cubainformación
El periodista estadounidense Charles Dana decía que ”no es noticia que un perro muerda a una persona, sino que una persona muerda a un perro".
Este principio periodístico -la búsqueda de lo excepcional en la información- es lo que pareció aplicar el canal televisivo La Sexta cuando, el pasado 8 se septiembre, incluyó en su informativo una noticia sobre el elevado analfabetismo aún existente en España, es decir, en un estado del llamado Primer Mundo (1).
Para elaborar esta pieza televisiva, la cadena se puso en contacto con la Fundación DeSevilla, que impulsa en la capital andaluza el programa de alfabetización creado en Cuba “Yo sí puedo” (2).
Allí, entrevistó a cuatro personas participantes en el programa, a dos facilitadores del mismo y a su coordinador, quienes explicaron al periodista aspectos fundamentales del programa, como su visión transformadora del contexto social que rodea el analfabetismo en Sevilla y, ante todo, el papel esencial de la asesoría pedagógica de Cuba en su implementación. El periodista incluso entrevistó a Carlos Miguel Molina, uno de los pedagogos cubanos que, gracias a un acuerdo con el Ayuntamiento de Sevilla, dan apoyo metodológico al programa (3).
Pero, para sorpresa del equipo alfabetizador, de las 8 personas entrevistadas, la noticia solo recogió la historia personal de una de las participantes, a quien ni siquiera ubicó geográficamente, y una frase sin contenido alguno de Ismael Sánchez, el coordinador sevillano del programa.
El periodista ni mencionó el nombre del método de alfabetización, a pesar de describir su funcionamiento: “Aquí utilizan un método sencillo: cada letra es un número, que luego recordarán”.
Y, como por arte de magia, eliminó lo verdaderamente excepcional desde el punto de vista periodístico: que el método aplicado en un país de la rica Europa ha sido creado e impulsado por una nación del llamado Tercer Mundo como Cuba, que ya ha conseguido alfabetizar a casi 4 millones de personas en 29 estados del mundo (4).
La emisión de la noticia de La Sexta en su informativo del mediodía provocó una lógica decepción en el equipo del programa “Yo sí puedo” de Sevilla. Esa misma tarde otro canal, Televisión Española les llamó para realizar otro reportaje para su informativo de la noche. Desde el equipo sevillano se le puso como condición que el reportaje no olvidara ni el nombre del programa ni el importante papel de Cuba en el mismo. Televisión Española no aceptó estos términos y, finalmente, no realizó grabación alguna.
Es evidente que a los medios no interesa informar de que Cuba ayuda a Sevilla en la alfabetización, en un ejemplo inédito de cooperación Sur-Norte. Y es que, la información puede contradecir determinados principios fundamentales ligados a los intereses o posicionamiento político de las empresas informativas, éstas olvidan pronto el principio de excepcionalidad de la información. Aunque –como dijera el periodista Charles Dana- la persona sea la que muerda al perro.
(1) http://yosipuedosevilla.wordpress.com/2010/09/08/la-sexta-noticias-olvida-mencionar-como-los-alfabetizados-aprenden-a-leer-y-escribir-quien-ensena-y-de-donde-viene-el-programa-yo-si-puedo/
(2)
http://yosipuedosevilla.wordpress.com/
(3) http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&view=article&id=5260%3Aasesoria-cubana-para-la-alfabetizacion-en-sevilla-parte-1&catid=19&Itemid=86
(4) http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A9todo_de_alfabetizaci%C3%B3n_%22Yo,_s%C3%AD_puedo%22
lunes, 20 de septiembre de 2010
domingo, 19 de septiembre de 2010
Fidel, Malcolm X y "la revolución negra".
Enrique Ubieta Gómez Tomado de Juventud Rebelde
Hoy 19 de septiembre se cumple medio siglo del encuentro de Fidel y Malcolm X en el hotel Theresa de Harlem, Nueva York. Para entender el contexto de esa entrevista, hay que conocer los hechos que lo circundan: la Revolución cubana triunfante, presidida por su joven líder, asistía a una sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas. El Gobierno norteamericano, prepotente, se negaba a darle tratamiento oficial. Los más importantes y suntuosos hoteles de Manhattan cerraron sus puertas o exigieron condiciones inaceptables a la delegación de Cuba. El barrio negro de la gran ciudad, y su hotel Theresa, las abrió sin reparos. Malcolm X facilitó el traslado de los cubanos y organizó una guardia de defensa en los alrededores de la instalación.
El Theresa se transformó en el centro alternativo de una nueva época que se iniciaba: miles de residentes de Harlem se congregaron durante el día y la noche frente al hotel, para aclamar y respaldar la presencia de Fidel. Eran años de abierta segregación racial en Estados Unidos —barrios, escuelas, restaurantes e incluso asientos en los ómnibus urbanos se reservaban de forma exclusiva para los blancos—, y muchos líderes negros luchaban por los derechos civiles de su comunidad. Todavía Malcolm X era un líder negro que enfrentaba de forma prioritaria la discriminación racial.Por eso es importante señalar el instinto de clase que condujo a esos luchadores por sus derechos a entender que la Revolución cubana también los representaba. Según el reportaje que acerca del hecho publicó la revista Bohemia en octubre de 1960, «cuando millares de ciudadanos negros gritaban anoche ¡queremos a Castro!, lo que decían en realidad era: ¡queremos un Castro!». Malcolm X diría durante el encuentro que mientras el Tío Sam hablara mal de Fidel, significaba que estaba haciendo las cosas bien.
Eran tiempos de cambio y esa semana coincidieron en Nueva York Jawaharlal Nerhu de la India, el egipcio Gamal Abdel Nasser, los africanos Sekou Touré de Guinea y Kwame Nkrumah de Ghana, Nikita Jruschov de la Unión Soviética y Josip Broz Tito de Yugoslavia, entre otros. La Asamblea formalizaba la entrada de 14 nuevos estados soberanos, 13 de ellos africanos. Las calles de Harlem no solo se llenaban de residentes, también de miles de latinoamericanos que expresaban su solidaridad con Fidel y la Revolución cubana. Jruschov y Nasser acudían al hotel para entrevistarse con el revolucionario cubano. «La presencia del líder de la República Árabe Unida hizo más complejo el panorama racial de aquel distrito —anotaba Bohemia en su reportaje—, añadiendo contingentes árabes a la movilización general».
En el edificio de Naciones Unidas transcurrían otras batallas: el desinterés estadounidense por el desarme que proponían los soviéticos; la complicidad del organismo internacional con el imperialismo en la guerra desestabilizadora del Congo, que intentaba derrocar al primer ministro Lumumba (finalmente asesinado); la deuda moral y material de los países occidentales, nunca saldada, con los pueblos africanos; el ejemplo de la Revolución cubana y la palabra afilada de su líder. Fidel rompía el protocolo desenfadadamente, y abría una nueva era de irreverencias sociales y políticas. Su discurso fue interrumpido 30 veces —de forma absolutamente inusual—- por los aplausos. Los árabes, los asiáticos, los revolucionarios cubanos, se encontraban por primera vez, se aplaudían, se apoyaban mutuamente.
La admiración de Malcolm X por la Revolución cubana y la rápida radicalización de su pensamiento tienen de trasfondo ese contexto internacional de luchas populares. De ser líder de los negros, el afroamericano se transformaría en líder de todos los oprimidos, en un luchador anticapitalista. Ese cambio radical le costaría la vida. Su concepto de «revolución negra» adquiriría un sentido clasista: «Ahora la revolución negra se ha estado desarrollando en África, y Asia y América Latina; cuando digo “revolución negra” —son sus palabras de 1964—, me refiero a todos los que no son blancos: los negros, los morenos, los rojos o los amarillos», es decir, a los explotados del Sur (que incluye a los del Norte). Y en 1965 es todavía más claro: «Es incorrecto clasificar la revuelta del negro como un simple conflicto racial de los negros contra los blancos o como un problema puramente norteamericano. Más bien, lo que contemplamos es una rebelión global de los oprimidos contra los opresores, de los explotados contra los explotadores».En 1964, el Che acudió en representación de Cuba a una sesión de la Asamblea de Naciones Unidas y Malcolm X lo invitó a participar en un acto de la Organización de la Unidad Afro Americana —en el que estuvo también Babu, un alto dirigente de Tanzania, cuyo gobierno presidía entonces Julius Nyerere. El Comandante guerrillero no pudo asistir, pero envió un mensaje solidario que leyó el líder afroamericano. En él recordaba la visita de Fidel a Harlem y terminaba con esta frase: «Unidos venceremos». Tanto la Revolución cubana como Malcolm X estaban preocupados por los acontecimientos del Congo, pues los revolucionarios congoleses, después del asesinato de Lumumba, peleaban en condiciones desiguales contra el gobierno pro-imperialista que había sido impuesto. Pero Malcolm X fue asesinado también, el 21 de febrero de 1965. «Todos los hombres libres del mundo deben aprestarse a vengar el crimen del Congo», había dicho el Che Guevara en Naciones Unidas. Y el propio Che Guevara y un puñado de cubanos estuvieron, entre abril y diciembre de 1965, en las selvas congolesas, peleando codo a codo con sus hermanos africanos.
No pudo ver Malcolm X hasta dónde llegaría el espíritu internacionalista de la Revolución cubana, que una década después se involucraría en el proceso definitivo de liberación de África en tierras angolanas. «Para el pueblo cubano, el internacionalismo no es simplemente una palabra, sino algo que hemos visto poner en práctica en beneficio de grandes sectores de la humanidad», afirmó Nelson Mandela el 26 de julio de 1999 en Matanzas. Un internacionalista norteamericano, negro como Malcolm X, dedicaría también su vida a combatir el injusto bloqueo económico de su país contra el nuestro. Me refiero al reverendo Lucius Walker, recientemente fallecido en Nueva York. Son momentos de la otra historia de las relaciones entre los pueblos de Cuba y Estados Unidos, de la historia de "la revolución negra", que alguna vez tendremos que escribir.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Los cambios que no funcionan.
Enrique Ubieta GómezEs una lógica enrevesada, pero funcional. Los que quieren el capitalismo en Cuba, están “alarmados” ante el supuesto advenimiento del capitalismo en Cuba. Es interesante comprobar cómo los partidarios del capitalismo mueven en bloque sus piezas “de izquierda” y de derecha, para denunciar la “vocación” capitalista del gobierno revolucionario. El equipo trabaja cohesionado: “El Clan Castro está retomando su proyecto de restauración capitalista”, dice alarmado Haroldo Dilla en Cubaencuentro, un proyecto editorial que se propone la desarticulación del socialismo; la bloguera de la trasnacional PRISA, que aboga abiertamente por soluciones capitalistas en Cuba, denuncia, de manera simultánea, la existencia de un “capitalismo de estado”, centralizador, y la posible apertura descentralizadora. Claman por cambios, pero ante el menor movimiento alzan el índice acusador. Es funcional esa lógica, digo, pero enrevesada y cínica: las críticas suponen un disgusto por los probables efectos sociales negativos (siempre atenuados, gracias al socialismo cubano) de las medidas anunciadas, pero expresan el deseo de que se implementen con un contenido radical, capitalista, lo que significaría que esos efectos serían verdaderamente devastadores. Dicen que vamos hacia el capitalismo, porque quieren que vayamos hacia el capitalismo. La intención es concatenar tres momentos de un discurso ambivalente, pero solo aparentemente contradictorio:
1. El modelo no funciona. ¿Qué significa decir que el modelo no funciona? Para los revolucionarios cubanos, que el socialismo, para el que ya no existen modelos, debe perfeccionarse y adecuarse a circunstancias de época y de contextos nacionales; para los propagandistas del imperialismo, que el socialismo no es viable. Las trasnacionales de la prensa trafican con el significado de los términos “modelo” y “sistema”, porque la intención es cancelar toda posible esperanza en la factibilidad de un camino alternativo al capitalista. “La reducción de empleos públicos en Cuba y otras medidas para promover la iniciativa privada –anuncia eufórico El Nuevo Herald--, demuestran un reconocimiento por parte del gobierno cubano del "fracaso del sistema'' en ese país, dijo este martes el subsecretario de Estado para América Latina, Arturo Valenzuela”. Con esos fines fue manipulada la frase de Fidel, quien dejó al instante de ser presentado como “inmovilista”, para adjudicársele el reconocimiento imposible de que el socialismo no sirve. Pero Fidel los ataja: “Mi idea, como todo el mundo conoce, es que el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos ni para el mundo, al que conduce de crisis en crisis, que son cada vez más graves, globales y repetidas, de las cuales no puede escapar. Cómo podría servir semejante sistema para un país socialista como Cuba”.
2. Es necesario el cambio. Para los revolucionarios cubanos significa que el socialismo –es decir, que la justicia social y la independencia nacional--, propicien un desarrollo más eficiente, en el contexto de un bloqueo económico no menguado en más de medio siglo, y de relaciones internacionales capitalistas; para el imperialismo y sus voceros, significa que Cuba retorne al redil, al capitalismo dependiente, al neocoloniaje.
3. Pobres cubanos, van hacia el capitalismo, ¡arriba cubanos hacia el capitalismo! La estrategia mediática de las trasnacionales es alentar el malestar social ante cualquier medida de cambio –aún de aquellas que previamente fueron reconocidas como imprescindibles--, fingir estupor ante situaciones que son mucho más graves en sus propios países de origen, y convencer a los millones de hombres y mujeres que ejercen una solidaridad inquebrantable de que no hay nada que defender, que los propios cubanos están desmontando el sistema (la supuesta coincidencia final del discurso entre gobernantes y falsos opositores de izquierda). Nuestra estrategia es hacer comprender que el proceso que se avecina es peligroso y doloroso, porque nos obliga a caminar sobre el filo de la navaja, pero no implica una adopción vergonzante del capitalismo, al que no regresaremos. Nuestra estrategia es decir siempre la verdad.
Con total despiste, uno de los comentaristas habituales del blog del contrarrevolucionario Hernández Busto –admirador confeso de W. Bush y protegido suyo--, escribe sobre los reajustes de plantillas en Cuba: “Si esta noticia fuera de Grecia, Chile o Nicaragua, ya estuvieran volando las guaguas envueltas en llamas por el aire y el pueblo quemando gomas en todas las esquinas…, tarea homework para los pensadores”. Es una tarea sencilla, y puede resolverla cualquiera que sea capaz de enlazar dos ideas, cualquiera, menos aquellos que tengan respuestas programadas: esas medidas en Grecia, Chile, Nicaragua o España, se aplicarían para incrementar las ganancias de las trasnacionales y la riqueza de un puñado de propietarios, no para proteger los intereses de la sociedad en su conjunto, como sucede en Cuba. Los cubanos lo saben; ellos confían en el socialismo, aunque lo critiquen para mejorarlo.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Por la liberación de los Cinco.
Hoy asistí a un trabajo voluntario en la agricultura, junto a mis compañeros de cada día, en homenaje a los Cinco cubanos antiterroristas que cumplen doce años de injusto encarcelamiento en Estados Unidos. Llegué cansado a casa, pero no quiero que pase el día sin patentizar mi indignación de cubano y de revolucionario, ante la prolongación de esa venganza política de carácter imperial. Les debo un texto más reposado.
sábado, 11 de septiembre de 2010
Dios salve a América.

El 11 de septiembre de 2001 yo me encontraba en Washington D.C. Viajaba en el metro cuando se produjo el impacto (o la explosión) en el Pentágono, y me dirigía como cada día a la Biblioteca del Congreso. Salí a la calle, y empecé a encontrar señales extrañas a mi alrededor hasta que pude saber lo que sucedía. Esta crónica la redacté en esos días y fue publicada entonces en la prensa cubana.
Enrique Ubieta Gómez
Estoy en un extenso campo de gravilla y césped recortado que llaman el Mall. Al fondo, en un extremo, el Capitolio. Al otro, el monumento a Washington. Frente a mí, el edificio que acoge el Museo de Ciencias Naturales, en cuyas salas se exponen los orígenes de la civilización humana. Bush ha anunciado la guerra por una justicia infinita, es decir, la guerra santa. Los transeúntes, despreocupados, esta tarde de sol bueno, portan la bandera estadounidense en alguna prenda de vestir, colgada a la mochila, o en la antena del auto. A mi lado, a la entrada de la Smithsonian Station del Metro, una señora lee en voz alta la Biblia. Un letrero a sus pies nos conmina: vuelve a Dios. ¿A qué Dios se refiere? Ella no invoca ciertamente al temido Alá, ni al inescrutable Buda. Pero, ¿a qué Dios debe volver la humanidad, dos mil años después de que Cristo, según la Biblia, expulsó a los fariseos del templo y al falso dios que se aliaba al poder y al dinero? Yo estuve el fatídico 11 de septiembre aniversario, por cierto, del sangriento golpe de estado en Chile, -auspiciado por el gobierno norteamericano-, en los alrededores del amenazado Capitolio, cuando evacuaban a los congresistas. Iban en fila, circunspectos, graves, dignos representantes del imperio. La imagen que guardo en mi memoria tiene, sin embargo, un fallo técnico: a veces, los veo en batas blancas y sandalias romanas. Washington, entre mármoles y columnatas, nos recuerda que es la Roma moderna. Y un cubano en Washington es un hijo de Espartaco en Roma. Aquel día, las calles aledañas al Capitolio se llenaron de jóvenes funcionarios, hombres de corbata y mujeres de trajes formales a la moda, repentinamente expulsados de sus oficinas, en las que aprenden las reglas del juego y luchan por abrirse paso hacia posiciones de más rango político. Todos, paralizados, miraban al cielo. No buscaban a Dios, nada esperaban de Él. En sus rostros había confusión y estupor. Hollywood, ese gran astrólogo del siglo XX, lo había previsto: vendrán extraterrestres, o árabes perseguidos, o africanos hambrientos, envidiosos, a quitarnos el pan. Pero las imágenes trasmitidas en vivo por la televisión, sobrepasaban cualquier expectativa: paralizado frente al pequeño receptor de un bar, compartí con aquellos funcionarios el asombro y el dolor del pueblo norteamericano.
Si no existe una explicación racional, habrá una irracional.
Hacía mucho tiempo que no morían tantas personas inocentes en el Primer Mundo. Las campanas doblan hoy en el imperio y doblan por supuesto por mí, por ti, por todos. Para el norteamericano común -a pesar de las advertencias de Hollywood y de las guerras periódicas de baja o alta intensidad que desata el Pentágono a muchas millas de distancia- este fue un ataque inesperado e inexplicable. Los caminos de cualquier explicación racional -aceptando que la violencia es un acto irracional que puede ser racionalmente explicado-, no son abordados. Esos caminos son peligrosos, podrían darle la vuelta al mundo, pasar por cualquier país o región y terminar en el corazón del imperio, como un avión secuestrado. Si no tiene acceso a una explicación racional, el pueblo norteamericano debe suponer que el origen es el fanatismo religioso, el absurdo enfrentamiento entre civilizaciones -¿será por eso que el famoso Museo antes mencionado separa cuidadosamente las supuestas diferentes civilizaciones (estancadas en el tiempo) por zonas geográficas, como si el ser humano no fuese uno en su diversidad, mientras que la evolución del homo sapiens, desde las cavernas hasta las torres gemelas, se expone en salón aparte, como itinerario de la llamada civilización occidental?-, o cualquier otro sentimiento irracional o diabólico. Siguiendo la tradicional pauta hollywoodense, el mal amenaza al bien y este, después de innumerables avatares y sufrimientos, obtendrá la victoria. ¿Por qué nos odian?, se preguntó el Emperador ante el Senado. Y todos los súbditos, bárbaros y romanos, esperaron ansiosos la respuesta. Porque somos libres, dijo. Antes, la televisión había repetido una toma insinuante: en un primer plano, el brazo levantado con la antorcha de la Estatua de la Libertad y tras él, las columnas de humo de las torres destruidas. Los bárbaros atacan a Roma. Pero resulta que esos bárbaros habían sido entrenados y financiados por las milicias romanas. El norteamericano común no sabe, no sabrá, que él es el agresor. La televisión se ha encargado solo de que llore y jure venganza ante su bandera. Y está dispuesto a pelear... ¿contra quién? Rápidamente se dio un nombre: Bin Laden; y un país: Afganistán. Mañana serán otras las personas y las naciones que recibirán la ira divina. Los transeúntes creen que disponen de más información que cualquier ciudadano de cualquier otro país y aceptan la no-explicación. En realidad, solo el 15% de ellos lee la prensa. No saben y no quieren saber. Dicen que son libres.
Dos hombres de pueblo y una consigna.
Todos los días, en mi camino hacia la Biblioteca, veo a George, un policía sesentón de la guardia del Capitolio. Hombre simple y bueno, indica con cierta torpeza y en voz alta a los transeúntes perdidos las direcciones de los alrededores, impide o facilita el parqueo de los vehículos, cuenta anécdotas de los congresistas que ha visto pasar o cuyos carros debe cuidar y hasta del mismísimo Presidente, a los turistas de otras ciudades o países. De buen carácter, severo en el cumplimiento del deber, orgulloso de su misión: cuidar el senado romano. En estos días, ciertamente, parece desconcertado. La sola idea de que el Congreso pudo haber sido atacado, lo sobrecoge. Conozco a otro hombre de peblo, un bibliotecario de Filadelfia que duerme en la residencia donde me hospedo, flaco, de barba canosa y sombrero de pescador. Es un activista social que conoce bien la pobreza de los pueblos latinoamericanos. Se levanta muy temprano en la mañana y regresa en la noche: "Estamos organizando una marcha por la paz y contra el racismo", me dijo. No sabe cuántos asistirán, probablemente unos miles. "Ahora quizás muchos no nos entiendan, pero mañana entenderán"-aseguró. La vida sigue. Los habitantes de la capital imperial prosiguen sus actividades habituales. Algunos portan la bandera norteamericana. Esperan en lo más íntimo una guerra que los proteja, no que los involucre, no que los exponga para siempre. El señor Donald Montagne, presidente de la Sociedad Ética de Washington, ha contradicho al Presidente: "No fue un ataque contra la democracia y la libertad, sino contra el modo en que usamos nuestra riqueza y nuestro poder". En la televisión -¡ah, siempre la televisión!-, y en muchas pancartas públicas, los ideólogos de la guerra aseguran: "Dios bendice a América". Pero a la entrada de la Smithsonian Station del Metro, una señora no cesa de leer en voz alta fragmentos de la Biblia, y de pedirle a sus compatriotas que regresen a Dios.
viernes, 10 de septiembre de 2010
Invitación.
Silvio Rodríguez
La Revolución, como Prometeo (le debo una canción con ese nombre), iluminó a los olvidados. Porque en vez de decirle al pueblo: cree, le dijo: lee. Por eso, como al héroe mitológico, quieren hacerle pagar su osadía, atándola a una remota cumbre donde un buitre (o un águila imperial) le devore eternamente las entrañas. Yo no niego los errores y los voluntarismos, pero no sé olvidar la vocación de pueblo de la Revolución, frente a agresiones que han usado todas las armas para herir y matar, así como los más poderosos y sofisticados medios de difusión (y distorsión) de ideas.
LEA TEXTO COMPLETO
La Revolución, como Prometeo (le debo una canción con ese nombre), iluminó a los olvidados. Porque en vez de decirle al pueblo: cree, le dijo: lee. Por eso, como al héroe mitológico, quieren hacerle pagar su osadía, atándola a una remota cumbre donde un buitre (o un águila imperial) le devore eternamente las entrañas. Yo no niego los errores y los voluntarismos, pero no sé olvidar la vocación de pueblo de la Revolución, frente a agresiones que han usado todas las armas para herir y matar, así como los más poderosos y sofisticados medios de difusión (y distorsión) de ideas.
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Fallece Juan Mari Brás.
"El sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos"
FIDEL CASTRO RUZ
Estamos en un momento excepcional de la Historia humana.
En estos días se cumplen los plazos concedidos por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para que Irán cumpla las exigencias, dictadas por Estados Unidos, relacionadas con las investigaciones nucleares, y el enriquecimiento de uranio para fines médicos y la producción de energía eléctrica.
Es lo único que se le puede probar.
El temor de que busca la producción de armamento nuclear, es sólo una suposición.
En torno al delicado problema, Estados Unidos y sus aliados occidentales, entre ellos, dos de las cinco potencias nucleares con derecho a veto, Francia y el Reino Unido, apoyados por las potencias capitalistas más ricas y desarrolladas del mundo, han promovido un número creciente de sanciones contra Irán, un rico país petrolero y de religión musulmana. Hoy las medidas aprobadas incluyen la inspección de sus mercantes, y durísimas sanciones económicas que conducen a la estrangulación de su economía.
He seguido de cerca los graves peligros que encierra aquella situación, ya que de producirse un estallido bélico en ese punto, la guerra rápidamente se tornaría nuclear, de consecuencias letales para el resto del planeta.
No buscaba publicidad o sensacionalismo al señalar esos peligros. Sencillamente, alertar a la opinión mundial con la esperanza de que, advertida de tan grave peligro, pueda contribuir a evitarlo.
Al menos, se ha logrado atraer la atención sobre un problema que ni siquiera se mencionaba en los grandes medios de opinión mundial.
Ello me obliga a utilizar una parte del tiempo destinado al lanzamiento de este libro, en cuya publicación trabajamos con ahínco. No quería que coincidiera con los días 7 y 9. En el primero se cumplen los 90 días dispuestos por el Consejo de Seguridad, para conocer si Irán cumplió o no, con el requisito de autorizar la inspección de sus mercantes. La otra fecha, señala el cumplimiento de los tres meses de plazo señalados en la Resolución del 9 de junio, posiblemente dicho plazo era la intención del Consejo.
Hasta ahora, sólo tenemos la insólita declaración del Director General de la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica), el japonés Yukiya Amano, un hombre de los yankis. Este echó toda la leña al fuego y, como Poncio Pilato, se lavó las manos.
Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán comenta con merecido desprecio su declaración. Un despacho noticioso de la agencia EFE, señala que su afirmación de que “‘Nuestros amigos no deben preocuparse, ya que no creemos que nuestra región esté en condiciones para nuevas aventuras militares’, e ‘Irán está totalmente preparado para responder frente a cualquier invasión militar’ era una obvia referencia al líder cubano Fidel Castro, ‘quien alertó de la posibilidad de un ataque nuclear israelí a Irán con el apoyo de Estados Unidos’.”
Las noticias sobre el tema se suceden, y se mezclan con otras de notable repercusión.
El periodista Jeffrey Goldberg, de la revista The Atlantic, ya conocido por nuestro público, publica partes de la larga entrevista sostenida conmigo, algunos de cuyos puntos interesantes ha ido programando, antes de un futuro y extenso artículo.
“Hubo muchas cosas extrañas durante mi reciente estancia en la Habana, […] ―cuenta él― pero una de las más inusuales fue el nivel de auto examen de Fidel Castro. […] pero el hecho de que Castro estuviera dispuesto a admitir que había cometido un error en un momento crucial de la Crisis de los Misiles en Cuba parecía algo verdaderamente sorprendente […] que se arrepentía de haberle pedido a Jruschov que lanzara los cohetes nucleares contra los Estados Unidos.” Es cierto, que me abordó el tema y me hizo la pregunta. Textualmente, como él lo expone en una primera parte de su reportaje, sus palabras fueron: “Le pregunté: En cierto momento parecía lógico que usted le recomendara a los soviéticos que bombardeasen a los Estados Unidos. ¿Lo que usted recomendó aún le parece lógico en estos momentos? Fidel respondió: Después de haber visto lo que he visto, y de haber sabido lo que ahora sé, no valía la pena en lo absoluto.”
Yo le había explicado bien, y consta por escrito, el contenido del mensaje “…si Estados Unidos invadía a Cuba, país con armas nucleares rusas, en esas circunstancias no debía dejarse dar el primer golpe, como el que asestaron a la URSS cuando el 22 de junio de 1941, el ejército alemán y todas las fuerzas de Europa atacaron a la URSS.”
Puede observarse que de esa breve alusión al tema, en la segunda parte de la entrega al público de esa noticia, el lector no podría percatarse de que “si Estados Unidos invadía a Cuba, país con armas nucleares rusas”, en ese caso yo recomendaba impedir que el enemigo asestara el primer golpe, ni tampoco de la profunda ironía de mi respuesta “…de haber sabido lo que ahora sé…”, en obvia referencia a la traición cometida por un Presidente de Rusia que, saturado de sustancia etílica, entregó a Estados Unidos los más importantes secretos militares de aquel país.
En otro momento de la conversación Goldberg cuenta: “le pregunté si él creía que el modelo cubano era algo que aún valía la pena exportar.” Es evidente que esa pregunta llevaba implícita la teoría de que Cuba exportaba la Revolución. Le respondo “El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros.” Se lo expresé sin amargura ni preocupación. Me divierto ahora al ver cómo él lo interpretó al pie de la letra, y consultó, por lo que dice, con Julia Sweig, analista del CFR que lo acompañó, y elaboró la teoría que expuso. Pero lo real es que mi respuesta significaba exactamente lo contrario de lo que ambos periodistas norteamericanos interpretaron sobre el modelo cubano.
Mi idea, como todo el mundo conoce, es que el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos ni para el mundo, al que conduce de crisis en crisis, que son cada vez más graves, globales y repetidas, de las cuales no puede escapar. Cómo podría servir semejante sistema para un país socialista como Cuba.
Muchos amigos árabes, al escuchar que me entrevisté con Goldberg, se preocuparon y enviaron mensajes señalándolo como “el mayor defensor del Sionismo”.
De todo esto se puede deducir la gran confusión que existe en el mundo. Espero, por ello, que lo que les cuento sobre mi pensamiento sea útil.
Las ideas expuestas por mí, están contenidas en 333 Reflexiones, vean que casualidad, y de ellas, las últimas 26 están referidas exclusivamente a los problemas del medio ambiente y al inminente peligro de una conflagración nuclear.
Ahora debo añadir en muy breve síntesis.
Siempre he condenado el Holocausto. En las Reflexiones “El discurso de Obama en el Cairo”, “El zarpazo al acecho” y “La opinión de un experto”, lo expuse con toda claridad.
Nunca he sido enemigo del pueblo hebreo, en el que admiro su capacidad de resistir durante dos mil años la dispersión y la persecución. Muchos de los más brillantes talentos, Carlos Marx y Albert Einstein, fueron judíos, porque es una nación en la que los más inteligentes sobrevivían, en virtud de una Ley natural. En nuestro país, y en el mundo, fueron perseguidos y calumniados. Pero esto es sólo un fragmento de las ideas que defiendo.
Ellos no fueron los únicos perseguidos y calumniados por sus creencias. Los musulmanes, durante bastante más de 12 siglos, fueron atacados y perseguidos por los cristianos europeos, debido a sus creencias, como lo habían sido los primeros cristianos en la antigua Roma antes de convertirse en la religión oficial de aquel imperio. La historia debe ser admitida y recordada tal como es, con sus trágicas realidades y sus feroces guerras. De eso he hablado y, por ello, con toda razón explico los peligros que hoy corre la humanidad, cuando estas se han transformado en el mayor riesgo de suicidio para nuestra frágil especie.
Si a eso le añadiera una guerra con Irán, aunque fuese de carácter convencional, más valdría que Estados Unidos apagara la luz y se despidiera. ¿Cómo podría resistir una guerra contra 1 500 millones de musulmanes?
Defender la paz no significa, para un verdadero revolucionario, renunciar a los principios de justicia, sin los cuales, la vida humana y la sociedad carecerían de sentido.
Sigo pensando que Goldberg es un gran periodista, capaz de exponer con amenidad y maestría sus puntos de vista, que obligan a debatir. No inventa frases, las transfiere y las interpreta.
No mencionaré el contenido de otros muchos aspectos de nuestras conversaciones. Respetaré la confidencialidad de los temas que abordamos, mientras espero con interés su extenso artículo.
Las actuales noticias que llegan en torrente de todas partes, me obligan a cumplimentar su presentación con estas palabras, cuyos gérmenes están contenidos en el libro de “La contraofensiva estratégica” que acabo de presentar.
Considero que todos los pueblos tienen derecho a la paz y al disfrute de los bienes y recursos naturales del planeta. Es una vergüenza lo que está sucediendo con la población en muchos países de África, donde se ven millones de niños, mujeres y hombres esqueléticos entre sus habitantes a causa de la falta de alimentos, de agua y de medicinas. Son asombrosas las noticias gráficas que llegan del Oriente Medio, donde los palestinos son privados de sus tierras, sus casas son demolidas por monstruosos equipos y, hombres, mujeres y niños, bombardeados con fósforo vivo y otros medios de exterminio, así como dantescas las escenas de familias exterminadas por las bombas lanzadas sobre los poblados afganos y paquistaníes, por aviones sin pilotos, y los iraquíes, que mueren después de años de guerra, y más de un millón de vidas sacrificadas en esa contienda impuesta por un Presidente de Estados Unidos.
Lo último que podía esperarse eran las noticias de la expulsión de los gitanos franceses, víctimas de la crueldad de la extrema derecha francesa, que eleva ya a siete mil de ellos, las víctimas de otra especie de holocausto racial. Es elemental la enérgica protesta de los franceses, a los cuales, simultáneamente, los millonarios limitan el derecho a la jubilación, a la vez que reducen las posibilidades de empleo.
De Estados Unidos llegan noticias de un pastor del estado de la Florida, que se propone quemar en su propia iglesia, el Libro Sagrado del Corán. Hasta los jefes militares yankis y europeos en misiones punitivas de guerra se estremecieron ante una noticia que consideraban riesgosa para sus soldados.
Walter Martínez, el prestigioso periodista del programa Dossier de Venezolana de Televisión, estaba asombrado de tanta locura.
Ayer, jueves 9, en horas de la noche, llegaron noticias de que el pastor había desistido. Sería necesario saber lo que le dijeron los agentes del FBI que lo visitaron “para persuadirlo”. Fue un descomunal show mediático, un caos, cosas propias de un imperio que se hunde.
Agradezco a todos ustedes la atención prestada.
Septiembre 10 de 2010
Estamos en un momento excepcional de la Historia humana.
En estos días se cumplen los plazos concedidos por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para que Irán cumpla las exigencias, dictadas por Estados Unidos, relacionadas con las investigaciones nucleares, y el enriquecimiento de uranio para fines médicos y la producción de energía eléctrica.
Es lo único que se le puede probar.
El temor de que busca la producción de armamento nuclear, es sólo una suposición.
En torno al delicado problema, Estados Unidos y sus aliados occidentales, entre ellos, dos de las cinco potencias nucleares con derecho a veto, Francia y el Reino Unido, apoyados por las potencias capitalistas más ricas y desarrolladas del mundo, han promovido un número creciente de sanciones contra Irán, un rico país petrolero y de religión musulmana. Hoy las medidas aprobadas incluyen la inspección de sus mercantes, y durísimas sanciones económicas que conducen a la estrangulación de su economía.
He seguido de cerca los graves peligros que encierra aquella situación, ya que de producirse un estallido bélico en ese punto, la guerra rápidamente se tornaría nuclear, de consecuencias letales para el resto del planeta.
No buscaba publicidad o sensacionalismo al señalar esos peligros. Sencillamente, alertar a la opinión mundial con la esperanza de que, advertida de tan grave peligro, pueda contribuir a evitarlo.
Al menos, se ha logrado atraer la atención sobre un problema que ni siquiera se mencionaba en los grandes medios de opinión mundial.
Ello me obliga a utilizar una parte del tiempo destinado al lanzamiento de este libro, en cuya publicación trabajamos con ahínco. No quería que coincidiera con los días 7 y 9. En el primero se cumplen los 90 días dispuestos por el Consejo de Seguridad, para conocer si Irán cumplió o no, con el requisito de autorizar la inspección de sus mercantes. La otra fecha, señala el cumplimiento de los tres meses de plazo señalados en la Resolución del 9 de junio, posiblemente dicho plazo era la intención del Consejo.
Hasta ahora, sólo tenemos la insólita declaración del Director General de la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica), el japonés Yukiya Amano, un hombre de los yankis. Este echó toda la leña al fuego y, como Poncio Pilato, se lavó las manos.
Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán comenta con merecido desprecio su declaración. Un despacho noticioso de la agencia EFE, señala que su afirmación de que “‘Nuestros amigos no deben preocuparse, ya que no creemos que nuestra región esté en condiciones para nuevas aventuras militares’, e ‘Irán está totalmente preparado para responder frente a cualquier invasión militar’ era una obvia referencia al líder cubano Fidel Castro, ‘quien alertó de la posibilidad de un ataque nuclear israelí a Irán con el apoyo de Estados Unidos’.”
Las noticias sobre el tema se suceden, y se mezclan con otras de notable repercusión.
El periodista Jeffrey Goldberg, de la revista The Atlantic, ya conocido por nuestro público, publica partes de la larga entrevista sostenida conmigo, algunos de cuyos puntos interesantes ha ido programando, antes de un futuro y extenso artículo.
“Hubo muchas cosas extrañas durante mi reciente estancia en la Habana, […] ―cuenta él― pero una de las más inusuales fue el nivel de auto examen de Fidel Castro. […] pero el hecho de que Castro estuviera dispuesto a admitir que había cometido un error en un momento crucial de la Crisis de los Misiles en Cuba parecía algo verdaderamente sorprendente […] que se arrepentía de haberle pedido a Jruschov que lanzara los cohetes nucleares contra los Estados Unidos.” Es cierto, que me abordó el tema y me hizo la pregunta. Textualmente, como él lo expone en una primera parte de su reportaje, sus palabras fueron: “Le pregunté: En cierto momento parecía lógico que usted le recomendara a los soviéticos que bombardeasen a los Estados Unidos. ¿Lo que usted recomendó aún le parece lógico en estos momentos? Fidel respondió: Después de haber visto lo que he visto, y de haber sabido lo que ahora sé, no valía la pena en lo absoluto.”
Yo le había explicado bien, y consta por escrito, el contenido del mensaje “…si Estados Unidos invadía a Cuba, país con armas nucleares rusas, en esas circunstancias no debía dejarse dar el primer golpe, como el que asestaron a la URSS cuando el 22 de junio de 1941, el ejército alemán y todas las fuerzas de Europa atacaron a la URSS.”
Puede observarse que de esa breve alusión al tema, en la segunda parte de la entrega al público de esa noticia, el lector no podría percatarse de que “si Estados Unidos invadía a Cuba, país con armas nucleares rusas”, en ese caso yo recomendaba impedir que el enemigo asestara el primer golpe, ni tampoco de la profunda ironía de mi respuesta “…de haber sabido lo que ahora sé…”, en obvia referencia a la traición cometida por un Presidente de Rusia que, saturado de sustancia etílica, entregó a Estados Unidos los más importantes secretos militares de aquel país.
En otro momento de la conversación Goldberg cuenta: “le pregunté si él creía que el modelo cubano era algo que aún valía la pena exportar.” Es evidente que esa pregunta llevaba implícita la teoría de que Cuba exportaba la Revolución. Le respondo “El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros.” Se lo expresé sin amargura ni preocupación. Me divierto ahora al ver cómo él lo interpretó al pie de la letra, y consultó, por lo que dice, con Julia Sweig, analista del CFR que lo acompañó, y elaboró la teoría que expuso. Pero lo real es que mi respuesta significaba exactamente lo contrario de lo que ambos periodistas norteamericanos interpretaron sobre el modelo cubano.
Mi idea, como todo el mundo conoce, es que el sistema capitalista ya no sirve ni para Estados Unidos ni para el mundo, al que conduce de crisis en crisis, que son cada vez más graves, globales y repetidas, de las cuales no puede escapar. Cómo podría servir semejante sistema para un país socialista como Cuba.
Muchos amigos árabes, al escuchar que me entrevisté con Goldberg, se preocuparon y enviaron mensajes señalándolo como “el mayor defensor del Sionismo”.
De todo esto se puede deducir la gran confusión que existe en el mundo. Espero, por ello, que lo que les cuento sobre mi pensamiento sea útil.
Las ideas expuestas por mí, están contenidas en 333 Reflexiones, vean que casualidad, y de ellas, las últimas 26 están referidas exclusivamente a los problemas del medio ambiente y al inminente peligro de una conflagración nuclear.
Ahora debo añadir en muy breve síntesis.
Siempre he condenado el Holocausto. En las Reflexiones “El discurso de Obama en el Cairo”, “El zarpazo al acecho” y “La opinión de un experto”, lo expuse con toda claridad.
Nunca he sido enemigo del pueblo hebreo, en el que admiro su capacidad de resistir durante dos mil años la dispersión y la persecución. Muchos de los más brillantes talentos, Carlos Marx y Albert Einstein, fueron judíos, porque es una nación en la que los más inteligentes sobrevivían, en virtud de una Ley natural. En nuestro país, y en el mundo, fueron perseguidos y calumniados. Pero esto es sólo un fragmento de las ideas que defiendo.
Ellos no fueron los únicos perseguidos y calumniados por sus creencias. Los musulmanes, durante bastante más de 12 siglos, fueron atacados y perseguidos por los cristianos europeos, debido a sus creencias, como lo habían sido los primeros cristianos en la antigua Roma antes de convertirse en la religión oficial de aquel imperio. La historia debe ser admitida y recordada tal como es, con sus trágicas realidades y sus feroces guerras. De eso he hablado y, por ello, con toda razón explico los peligros que hoy corre la humanidad, cuando estas se han transformado en el mayor riesgo de suicidio para nuestra frágil especie.
Si a eso le añadiera una guerra con Irán, aunque fuese de carácter convencional, más valdría que Estados Unidos apagara la luz y se despidiera. ¿Cómo podría resistir una guerra contra 1 500 millones de musulmanes?
Defender la paz no significa, para un verdadero revolucionario, renunciar a los principios de justicia, sin los cuales, la vida humana y la sociedad carecerían de sentido.
Sigo pensando que Goldberg es un gran periodista, capaz de exponer con amenidad y maestría sus puntos de vista, que obligan a debatir. No inventa frases, las transfiere y las interpreta.
No mencionaré el contenido de otros muchos aspectos de nuestras conversaciones. Respetaré la confidencialidad de los temas que abordamos, mientras espero con interés su extenso artículo.
Las actuales noticias que llegan en torrente de todas partes, me obligan a cumplimentar su presentación con estas palabras, cuyos gérmenes están contenidos en el libro de “La contraofensiva estratégica” que acabo de presentar.
Considero que todos los pueblos tienen derecho a la paz y al disfrute de los bienes y recursos naturales del planeta. Es una vergüenza lo que está sucediendo con la población en muchos países de África, donde se ven millones de niños, mujeres y hombres esqueléticos entre sus habitantes a causa de la falta de alimentos, de agua y de medicinas. Son asombrosas las noticias gráficas que llegan del Oriente Medio, donde los palestinos son privados de sus tierras, sus casas son demolidas por monstruosos equipos y, hombres, mujeres y niños, bombardeados con fósforo vivo y otros medios de exterminio, así como dantescas las escenas de familias exterminadas por las bombas lanzadas sobre los poblados afganos y paquistaníes, por aviones sin pilotos, y los iraquíes, que mueren después de años de guerra, y más de un millón de vidas sacrificadas en esa contienda impuesta por un Presidente de Estados Unidos.
Lo último que podía esperarse eran las noticias de la expulsión de los gitanos franceses, víctimas de la crueldad de la extrema derecha francesa, que eleva ya a siete mil de ellos, las víctimas de otra especie de holocausto racial. Es elemental la enérgica protesta de los franceses, a los cuales, simultáneamente, los millonarios limitan el derecho a la jubilación, a la vez que reducen las posibilidades de empleo.
De Estados Unidos llegan noticias de un pastor del estado de la Florida, que se propone quemar en su propia iglesia, el Libro Sagrado del Corán. Hasta los jefes militares yankis y europeos en misiones punitivas de guerra se estremecieron ante una noticia que consideraban riesgosa para sus soldados.
Walter Martínez, el prestigioso periodista del programa Dossier de Venezolana de Televisión, estaba asombrado de tanta locura.
Ayer, jueves 9, en horas de la noche, llegaron noticias de que el pastor había desistido. Sería necesario saber lo que le dijeron los agentes del FBI que lo visitaron “para persuadirlo”. Fue un descomunal show mediático, un caos, cosas propias de un imperio que se hunde.
Agradezco a todos ustedes la atención prestada.
Septiembre 10 de 2010
miércoles, 8 de septiembre de 2010
La conexión chilena.
JORGE WEJEBE COBOLa Calle del Medio 28
Jonathan Moyle, joven periodista británico, ex piloto de helicópteros supuestamente vinculado a la inteligencia de su país, viajó a Santiago de Chile en 1990 para reportar la Feria Internacional del Aire y el Espacio (FIDAE) como corresponsal de la revista especializada Defence Helicopter World. Durante su estancia, sin embargo, trabajó en un reportaje que hubiera podido titular «Conexión chilena», sobre el contrabando de armas hacia Iraq en guerra con Irán, de la dictadura de Augusto Pinochet y la vinculación en las operaciones de Estados Unidos e Inglaterra.
En la madrugada del 31 de marzo de 1990, fue hallado muerto en la habitación 1409, en el ya desaparecido Hotel Carrera de Santiago de Chile. Inicialmente, las autoridades concluyeron que había sido un «suicidio accidental», asociado a juegos eróticos, ya que el cadáver fue encontrado semidesnudo, con la cabeza encapuchada en una funda blanca y un lazo anudado al cuello, en la puerta de un clóset. Llevaba puestos pañales infantiles.
Posteriormente se detectó la marca de una inyección entre los dedos de un pie, y se comprobó que le habían inoculado una droga que facilitó el asesinato y la manipulación de la escena del crimen, por lo que el hecho pasó a ser considerado homicidio. Al conocer la noticia, Tony Moyle, el padre, declaró su convicción de que Jonathan había sido asesinado por haber descubierto algo grave en su investigación.
Los criminalistas desestimaron el hecho de que la seguridad chilena había mantenido una estrecha vigilancia sobre la habitación de Moyle durante la madrugada del asesinato, y que habían suplantado al supervisor de seguridad del piso donde esta se encontraba. No se mencionó tampoco en el proceso la visita a Chile –durante los días 29 y el 30 de marzo de 1990, horas antes del asesinato– de Robert Gates, actual Secretario de Defensa de Estados Unidos y por entonces alto jefe y supervisor de la CIA para el contrabando de armas destinadas a Iraq en la década de l980.
El arsenal de Pinochet
La historia que quiso escribir Jonathan Moyle pudo iniciarse por las misteriosas visitas de Donald Rumsfeld –quien años después sería Secretario de Defensa del Presidente George W. Bush– a Iraq en 1983 y 1984, como enviado especial del presidente Ronald Reagan, para consolidar con Saddan Hussein una colaboración militar y financiera secreta, ya que Estados Unidos era oficialmente neutral en el conflicto.
La Casa Blanca consideraba que la victoria del régimen iraquí en la guerra contra Irán y la eventual liquidación de la revolución islámica, profundamente antimperialista o el debilitamiento de ambos contendientes, lograría un importante objetivo para su geopolítica en la estratégica zona, sin necesidad de perder un solo soldado.
Entre las numerosas propuestas que llevó Rumsfeld a nombre de Estados Unidos y de sus aliados, se encontraba una iniciativa del propio director de la CIA de entonces, William Casey, que facilitaba la adquisición por Bagdad de sistemas de bombas antipersonales o de racimo –prohibidas actualmente por las convenciones internacionales–, para frenar las oleadas humanas de las fuerzas iraníes que asaltaban con éxito las posiciones enemigas.
Las bombas, muy oportunamente, fueron copiadas de modelos norteamericanos por una empresa chilena que estableció una fábrica en Iraq. Se calcula que alrededor de 40 000 bombas fueron entregadas al ejército iraquí durante la guerra, incluyendo nuevos tipos que utilizaban combustible como explosivo, lo cual ampliaba su radio de acción.
También el gobierno racista de Sudáfrica tomó parte en el letal negocio, de forma triangular, al exportar piezas de artillería a Chile y distintos tipos de pertrechos militares que ese país revendía a su cliente árabe. Se calcula que el negocio aportó más de 400 millones de dólares al régimen chileno y sus socios extranjeros.
Carlos Cardoen, ingeniero en explosivos y rico empresario que dirigió la construcción de la versión chilena de las bombas de racimo, declaró a la prensa de su país que el propio Augusto Pinochet copió su diseño de proyectiles para producirlos y venderlos –aunque parezca increíble– a Irán, con lo cual además de obtener grandes utilidades, estaba en sintonía con el doble juego norteamericano que durante el conflicto comerció armas de forma encubierta también con la nación iraní y utilizó el dinero obtenido para el tráfico de drogas en Centroamérica, así como para el sufragio de la contra nicaragüense que se enfrentaba al gobierno sandinista
El ex alto oficial del Mossad israelí, Ari Ben-Menashe, mencionó en su libro Profits of War (Ganancias de Guerra) que en ese tráfico participó de forma destacada Mark Thatcher, hijo de la ex Premier británica, que visitó Chile en más de una oportunidad, por la relación de negocios que mantenía en el mercado de las armas con el propio Augusto Pinochet y su familia. Otras investigaciones señalan que pudo haber coincidido en Santiago de Chile en la misma fecha del asesinato de Jonathan Moyle. Margaret Thatcher siempre justificó el tráfico de armas hacia Iraq y la participación de su hijo en esos turbios negocios.
Los embarques de material bélico por vía aérea para Iraq e Irán eran utilizados además para tráfico de drogas, fabricadas en los laboratorios del ejército chileno bajo la supervisión del químico Eugenio Berrios, asesinado en Uruguay en 1992 para evitar que diera su testimonio sobre los crímenes de la dictadura. Según recoge en su libro, Pinochet, the politics of torture, el escritor inglés Hugo O´Shaughnessy afirma que en la transacción participaron además contrarrevolucionarios cubanos radicados en Miami.
El ex general Manuel Contreras, ex jefe de los servicios secretos de Pinochet y actualmente condenado por graves crímenes, en sus testimonios ante la justicia atestiguó ampliamente sobre la producción de cocaína por ordenes del dictador y su vinculación con el tráfico de armas.
Operación limpieza
En el entorno de Jonathan Moyle ocurrieron misteriosas muertes. Pocos días antes de su homicidio, fue ultimado en Bélgica, posiblemente por el Mossad israelí, el canadiense Gerald Bull, ingeniero diseñador de cañones y cohetes que trabajó para Saddan Hussein; el inglés Ian Spiro, pieza clave en la venta de armas a Irán e Iraq, fue encontrado muerto en su auto antes de que declarara a una comisión investigadora del Congreso de Estados Unidos en 1995. También su esposa y sus dos hijos fueron asesinados mientras dormían en su residencia de California.
El coronel del ejército chileno Gerardo Hubert, testigo importante del tráfico de armas de Pinochet –y que intentara comunicarse con el periodista Moyle en Santiago de Chile–, fue hallado en 1992, en las afueras de esa ciudad, con un disparo en la cabeza. Igualmente el ingeniero químico Eugenio Berrios fue ejecutado por colaboradores de Augusto Pionchet en una solitaria playa de Uruguay, donde se refugió para evitar declarar en un juicio por violación de los derechos humanos en su país.
En el 2006, restaurada ya la democracia, la justicia chilena reabrió el proceso sobre la muerte de Jonathan Moyle y solicitó al Departamento de Estado norteamericano información sobre el caso y la posible vinculación de funcionarios de ese país en los hechos, e incluyó nuevos testigos en el proceso judicial, que augura ser largo y esquivo para llegar a la verdad.
martes, 7 de septiembre de 2010
Dos hombres buenos fallecieron hoy.
Hoy ha sido un día raro. Dos personas queridas se han ido de forma brusca. Digo queridas no porque hayan sido amigos personales, aunque con uno de ellos, Tomy, compartí más de una travesía. Tomy era dibujante y caricaturista, y formó parte de la generación dorada del Dedeté, suplemento humorístico de Juventud Rebelde. Incansable, luchador, revolucionario de corazón (como único se puede ser). Al otro ni siquiera lo conocí directamente, pero de tanto saber de él, de su labor solidaria, se me convirtió en un referente imprescindible para hablar del pueblo norteamericano, y diferenciarlo de su gobierno imperialista. Lucius Walker fue un hombre bueno, que salvó con su vida la dignidad, el honor, de su pueblo. Ambos dejaron una obra. Se fueron hoy, y se quedaron de otra definitiva manera.
lunes, 6 de septiembre de 2010
José Couso no morirá dos veces.

La Calle del Medio 28
Hace apenas unos días conocí personalmente a Javier Couso, de visita en La Habana. Hubo otra ocasión en que nos vimos por acá, con motivo de una charla que ofreció en el Centro de Prensa Internacional sobre la muerte en Irak de su hermano José Couso, camarógrafo del canal español Telecinco, asesinado por militares del ejército norteamericano, pero en aquella oportunidad yo sólo era parte de un público que escuchaba su denuncia.
Esta vez nuestro encuentro coincidió con el festejo de su familia y los amigos que han acompañado su caso de una excelente noticia. Siete años y cuatro meses después de la muerte de José Couso en Irak el Tribunal Supremo español reabrió la causa que había sido archivada por la Fiscalía hace dos años y el juez español Santiago Pedraz ordenó la busca, captura e ingreso en prisión de los tres militares estadounidenses implicados en su muerte.
El camino recorrido por Javier Couso y los suyos ha sido tortuoso. Las idas y venidas del caso han desalentado a muchos pero las últimas noticias llenan de optimismo a quienes durante estos años han luchado porque se haga justicia.
“Con una sonrisa puedo decirte que en estos últimos días hemos recibido grandes noticias. La primera es que el caso ha dejado de estar sobreseído, aunque la fiscalía de mi país se ha dedicado sistemáticamente, por órdenes del gobierno, tanto el de José María Aznar como el de Zapatero, a torpedear el proceso. No se preocupaban, porque pensaban que no llegaría a ningún lado, pero dieron con cuatro magistrados instructores que veían indicios de que había pasado algo y el último, Santiago Pedraz, quien está instruyendo el caso, dio el paso que no esperaban; ordenar la primera búsqueda y captura internacional contra militares estadounidenses por crímenes de guerra, la primera orden de la historia.
“También ha planteado otras medidas, como la creación de una comisión probatoria para reconstruir los hechos en Irak, en los meses de octubre y noviembre. Además, se van a sumar los periodistas que estaban con mi hermano y que son testigos. Se tomará declaración a una ex sargento de la inteligencia norteamericana que espiaba a los periodistas que estaban en el Hotel Palestina y que supo que se atacaría. Son una serie de medidas que pueden llevar el caso muy adelante y que pueden convertirse en una pequeña piedra que acabe con la impunidad.
“Muchos periodistas, por desgracia, trasmiten pesimismo y como dice Pascual Serrano, asumen sin saberlo de esa forma la defensa del enemigo. Creen que el proceso no sirve de nada, que son medidas de cara a la galería, pero para nosotros hay esperanzas”
En las guerras la primera baja es la verdad.
El 8 de abril del 2003 José Couso fue alcanzado por los disparos de un tanque estadounidense mientras grababa el avance de las tropas de Estados Unidos desde el balcón de su habitación en el piso 14 del Hotel Palestina de Bagdad, donde se alojaban más de 300 periodistas internacionales desde el inicio de la invasión, el 20 de marzo de ese año.
José pudo registrar el lanzamiento del proyectil antes de que el obús golpeara la parte exterior de su balcón. Ese mismo impacto ocasionó la muerte también de Taras Protsyuk, periodista ucraniano de la agencia Reuters, mientras que otros reporteros de esa agencia resultaron heridos. Estando en el hospital, a pesar del dolor, preguntaba constantemente por sus hijos y por la suerte del resto de sus compañeros, mientras aseguraba: “ha sido el tanque americano”.
Ese día, las tropas estadounidenses también atacaron las cadenas de televisión Al Jazeera y Abbu Dhabi. De esa manera la versión de la entrada del ejército de Estados Unidos y de sus aliados a la capital iraquí, fue la que dieron en exclusiva los periodistas agregados a las tropas angloamericanas.
Este hecho, como narra la periodista Joana García en el libro José Couso: La mirada incómoda, marca un antes y un después en el reporterismo de guerra. Los corresponsales pasaron de ser desinformados, controlados, censurados o alcanzados por el intercambio de fuego, a convertirse en objetivos de un ataque militar con total impunidad para el agresor. A partir de este día de abril de 2003, los periodistas que cubren un conflicto armado y pretenden ofrecer algo más que lo “políticamente correcto”, se sitúan irremediablemente en la mira hostil del bando del poder. Y José Couso siempre fue de los que se exponía para ser los ojos del mundo, para hablar de las historias que los vencedores querían ocultar bajo un velo de silencio.
“De hecho él no se consideraba un corresponsal de guerra, a pesar de haber trabajado en varias guerras. Él pensaba que el periodista debe estar en cualquier lugar, lo mismo en un partido de fútbol que en una guerra, y fue allí con esa convicción.
“Los periodistas estaban siendo presionados para que abandonaran Irak, por parte del gobierno español y de los medios españoles, pero él fue uno de los que se negó. Decía: tenemos que estar aquí, porque los estadounidenses van a llegar arrasando. Nunca pensó que le fuera a ocurrir algo así.
“Mi hermano llevaba cinco horas grabando a los carros de combate que estaban en esa zona de la ciudad, aunque ya no habían combates. Por eso el noventa por ciento de sus compañeros no estaban en ese momento trabajando, porque realmente no había nada más que grabar. Pero él no se movió del lugar, porque podía pasar algo que no quedara registrado. Su voluntad de trabajo le costó la vida.
“Creo que hay una voluntad clara por parte del ejército de Estados Unidos de permitir solo a la prensa que puede controlar. El día que matan a mi hermano marca un antes y un después en el periodismo de guerra. A partir de ahí sobre Irak se produce como un manto oscuro. Hoy sabemos por el sindicato de prensa iraquí que en estos siete años, han asesinado a más de 300 periodistas y lo que han hecho los grandes medios es retirar a los suyos. Los únicos que quedan están concentrados en hoteles, no salen realmente y subcontratan a periodistas iraquíes para que hagan el trabajo sucio y sean los que dejen la sangre.
“Entonces, todas las informaciones que nos llegan de Irak son absolutamente fragmentadas. La mayoría de los medios estadounidenses empotran, es decir, meten a los periodistas dentro de las bases militares y lo que lees aquí, lo que leemos en el mundo, es una visión absolutamente parcial de una realidad compleja.
“Por desgracia, como decía Kapuscinski, los periodistas no tratan de explicar la realidad, sino que tratan de contar anécdotas que no explican nada a las poblaciones de lo que pasa allí. Yo que he visitado tres veces el Irak ocupado me he encontrado una realidad completamente diferente a la que leía en la prensa. Y precisamente el asesinato de mi hermano está enmarcado dentro de esa operación de ocultamiento de la verdad”
No habrá segundas muertes
Los mandos militares estadounidenses defienden que lo sucedido en Bagdad el 8 de abril de 2003 fue un error, imputable a la tensión de la guerra y aseguran que quienes dispararon contra el hotel Palestina creían que allí había francotiradores iraquíes. Por su parte, el juez Santiago Pedraz considera que concurren "motivos bastantes" para considerar al teniente coronel Philip de Camp, al capitán Philip Wolford y al sargento Thomas Gibson culpables de "ataque a la población civil". También del "actos o amenazas de violencia con la finalidad de aterrorizar a la población civil o a los periodistas", por lo que, "atendiendo a la gravedad de los hechos", ordena la busca y captura e ingreso en prisión "como única medida efectiva" para asegurar la presencia de los mismos en el proceso.
La familia de José Couso se niega a considerar su pérdida como un daño colateral de los tantos que Estados Unidos ha provocado en el mundo. Para ellos ha estado siempre claro que éste fue un crimen de guerra y que José como lo califica Javier Couso, era un combatiente de la noticia, de esa verdad que les interesa tanto ocultar.
“Siete años después por la lucha titánica que ha llevado mi familia a nivel ciudadano, dando cientos de charlas, visitando países, haciendo concentraciones frente a la embajada de los Estados Unidos en Madrid, hemos logrado influir en la sociedad española y en sus jueces que son una expresión de ello, al aceptar que aquello fue un crimen de guerra.
“Siete años después el nombre de mi hermano no se ha olvidado, que es lo que querían. Las abuelas de la Plaza de Mayo o las familias de los desaparecidos siempre dicen que la segunda muerte es el olvido y nosotros nos negamos a que a mi hermano lo maten dos veces”
sábado, 4 de septiembre de 2010
Fidel, el síndrome de Miami y la nueva juventud cubana.


Jóvenes universitarios "apáticos" --según las transnacionales de prensa-- escuchan las palabras de Fidel
Enrique Ubieta Gómez
Fotos de Alex Castro e Ismael Francisco
Miami es un espejo. Tóquelo, verá la superficie lisa, y cesará la ilusión de que las cosas allí tienen volumen. Miami es un espejo que refleja el rostro de Cuba. A veces alguien se confunde y dice: “hay dos Cubas”, la de aquí y la de allá. Pero los espejos invierten la imagen. Un viajero despistado escuchará asombrado los anuncios de los astutos vendedores: “la verdadera cerveza de Cuba”, “el verdadero café de Cuba”. Muchos espacios públicos han recibido el nombre de un equivalente en la isla. Las palabras también se transforman: Fidel es Castro, Playa Girón es Bahía de Cochinos, el bloqueo es embargo y el héroe de Girón es el mercenario de Bahía de Cochinos, para el que se ha erigido un pequeño monumento. Hay grupos e individuos contrarrevolucionarios que se autodefinen como revolucionarios. Los cinco presos políticos cubanos –que salvaron vidas de aquí y de allá--, son llamados espías en tono despectivo, y Posada Carriles, autor de atentados a un avión civil (que ocasionó la muerte de todos sus pasajeros civiles) y a hoteles y lugares públicos en la isla, es tratado como héroe. El Che Guevara, que renunció al poder para empezar de cero, para entregar su vida por los demás, allí es llamado asesino y Fulgencio Batista es considerado una figura relevante de la historia, víctima de la propaganda comunista.
Pero sucede como en todo: una cosa es la realidad y otra su reflejo especular. Cuba es Cuba, y Miami, su reverso. Lo curioso es que las grandes corporaciones de prensa no describen lo que sucede en Cuba; miran al espejo, se comportan como un espejo. Ocultan los hechos y reportan los deseos. Se miamizan. Cumplen una función sagrada: construir (y mantener) de manera verosímil un estado de opinión sobre la Revolución cubana que se parezca a Miami. ¿Por qué? Porque Miami es la Disneylandia de la contrarrevolución latinoamericana: hecha para seducir y ocultar, en ella viven los antisandinistas, los antibolivarianos, y todos los capos del Sur que presienten su caída (o cayeron) y quieren reciclarse. El síndrome de Miami en los medios –cerrar los ojos ante la realidad y sustituirla por otra más conveniente--, es devastador: El País y algunos otros medios españoles se parecen más a El Nuevo Herald que a sus similares europeos.
Es natural que si los vencidos habían anunciado que la solución final –la única a la que podían aspirar--, era la muerte natural o violenta de Fidel, lo sucedido en estos últimos cuatro años los mantenga desconcertados: sobrevino “el día después”, con la enfermedad del líder revolucionario, y la Revolución, que es de todos, no se desmoronó; ahora Fidel reaparece, tan vital y lúcido como siempre, y el tsunami de su presencia arrasa con la ciudad de atrezzo. Ayer se produjo un hecho que deshizo en horas muchos años de paciente construcción mediática: las trasnacionales de la comunicación insistían de forma obsesiva en decir que los jóvenes cubanos (que se formaron en tiempos difíciles, sin algunos beneficios y las certezas de otras décadas) no piensan ya en la Revolución y que el vínculo emocional y racional con la dirección histórica de ese proceso se había roto. Inventaron todo tipo de figurines –blogueros, pseudo-rockeros, payasos--, que son exhibidos como “la nueva juventud” de Cuba. Pero ayer Fidel convocó a los jóvenes universitarios cubanos. Luisa, una amiga que es estudiante de la Universidad y dirigente de la Juventud Comunista, me confesó: “sentimos que el reto era gigantesco, porque debíamos convocar en 24 horas a un estudiantado que estaba de vacaciones, y a muchos jóvenes que se encontraban en la playa o en otras provincias, pero fue fantástica la respuesta. Conozco a quienes regresaron de inmediato para no perderse el encuentro”. Acudieron más de diez mil jóvenes. Mi sobrina, que llegó a la escalinata a las cuatro de la madrugada, me contó que cuando Fidel apareció se hizo un emotivo silencio y hubo quien no pudo evitar las lágrimas de alegría.
Un hecho es un hecho, pero un despacho noticioso –que interpreta el hecho y lo reconduce hacia el objetivo sagrado de reforzar la matriz de pensamiento fabricada--, es un despacho noticioso. Javier Otazu trabaja para EFE. No podía permitirse el lujo de contradecir la “verdad” orientada y cocinó un despacho con todos los ingredientes: alguna pizca de verdad, pasajes del discurso, y sentencias contradictorias o abiertamente falsas. Los diferentes medios españoles, al menos RTVE, El País y El Mundo –que representan la “diversidad” de enfoques de una “democracia” de mercado--, no solo fueron repetitivos en el contenido divulgado, sino que lo hicieron con sus mismas palabras, de forma literal, y aunque no he llevado mi búsqueda más allá, estoy seguro de que hallaría algunos párrafos idénticos en los medios de la derecha latinoamericana, dependientes de Miami y de las grandes trasnacionales de medios hispanos. Los jóvenes entrevistados fueron sin embargo categóricos en su apoyo a Fidel y a la Revolución: “‘Nos erizamos y el corazón se nos acelera cuando ves a Fidel cuadrado ante nosotros, y ver cómo nos pudo hablar y todavía sigue luchando... Nosotros siempre lo vamos a ver bien’, proclamó Carlos, de 16 años, que pese a no haber sido convocado por no ser universitario, no quiso perderse la ocasión. ‘Está muy saludable y muy fuerte; creo que hay comandante para rato’, dijo Dunieski, que trabaja en la Universidad de Ciencias Informáticas, y su amiga Yenny abundó: ‘Es lo que necesitamos en estos momentos, esta conversación nos alerta y anima’”.
Pero esas sinceras declaraciones estaban precedidas por el párrafo fabricado que más circularía en los medios de prensa que padecen el síndrome de Miami: “Varios estudiantes dormitaban o conversaban alegremente, más preocupados por el sol que ya a primera hora del día golpeaba sus cabezas, que por la hecatombe nuclear. El tema del discurso no pareció enardecer los ánimos del público joven, que aplaudió discretamente las intervenciones del hombre al que han visto regir sus destinos durante toda su vida, y que les exhortó a ‘batallar en la lucha por la paz’”. A esos medios parece importales más la descalificación del apoyo juvenil a Fidel en Cuba, que el peligro real de una conflagración nuclear. Para que Cuba se autodestruya después de Fidel –como añoran, como incentivan--, tiene que existir una ruptura entre la nueva juventud cubana y la dirección histórica de la Revolución. Este encuentro de ayer disipó algunas dudas: los jóvenes cubanos no han perdido la conexión, también sienten a Fidel como su guía moral, saben que viven momentos históricos. Aunque EFE, El País, El Mundo y RTVE, entre otros medios miamizados, sustituyan la realidad por el deseo.
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