lunes, 13 de febrero de 2012

Una carta de René González

Hermano Enrique:
Como no tengo tu dirección de correo uso la de Arleen para hacerte llegar mis opiniones sobre el libro que tan gentilmente me enviaste, y que "colé" al principio de la fila porque sabía que deseabas escuchar mis opiniones. De paso aprovecho para agradecerte la deferencia.
Es un libro revolucionario escrito por un revolucionario, y por lo tanto muy bueno. Cuando uso la palabra revolucionario lo hago en su acepción más elevada y con alto nivel de exigencia.
Creo que abre un camino que necesitábamos transitar desde hace tiempo, y que implica un reto impostergable: Enfrentar directamente el discurso reaccionario sin darle vueltas. Es un discurso que por su apelación a lo inmediato y superficial tiene cierto atractivo, sobre todo si se combina con la frivolidad y la ignorancia que se siembra con tanta meticulosidad en el mundo; y en el caso de nuestra sociedad con las limitaciones que aun hemos tenido para alcanzar el nivel de cultura política a que aspiramos. Es un reto que debemos asumir abiertamente y sin miedos; así como el de la autocrítica al proyecto socialista que construimos. Sin estridencias, con mirada analítica y como algo natural. Otra virtud de tu libro.
Me parece de capital importancia el abordaje de la dicotomía individuo-sociedad y tu exhortación a la construcción de un paradigma que nos saque del círculo vicioso de las expectativas pequeño burguesas. En la solución de este conflicto descansa en gran medida el éxito de nuestro socialismo y es una empresa que se las trae por lo multifacética, pero no imposible. De cualquier manera es imprescindible.
Puede que por su carácter de compilación a ciertos lectores les parezca algo difícil hallar el hilo conductor que une a todos los ensayos. Tal vez para buena parte del segmento de la sociedad cuyo nivel de conciencia necesita de desarrollo sea una lectura algo elevada. Para los reaccionarios profesionales ni hablar; pues sería mucho pedirles que renuncien a sus emolumentos para siquiera detenerse a considerar los argumentos del libro. Eso sí: en manos de los revolucionarios es un instrumento de combate  muy útil. Para mí el libro es la materialización de lo que se quiere decir cuando se habla de trabajo ideológico efectivo, sin teques ni consignas sin contenido.
Esta es una batalla que se habrá de librar en varios planos, en diferentes lenguajes y por muchos medios. Ningún libro puede agotarlos, pero Cuba: ¿revolución o reforma? es un ejemplo de lo que se puede hacer cuando se asume la vida sin más compromisos que los que se tienen con los más elevados principios humanos.
Un abrazo y felicidades.
René
Ver también: Carta de un lector muy especial: René González
                    Todo lo que vi (las primeras imágenes de René)

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