lunes, 21 de julio de 2014

Pedro Pablo Rodríguez sobre el libro Ser, parecer, tener

UN LIBRO QUE NOS HABLA DE UN PAÍS
Pedro Pablo Rodríguez
Más de una persona ha dicho y repetido en Cuba últimamente que se está viviendo en el país una guerra entre los proyectos e ideales socialistas y los capitalistas. Ese enfrentamiento es, desde luego, en primer lugar, consecuencia —y continuidad al mismo tiempo— de los cambios ocurridos a escala mundial tras el fin de la Unión Soviética y del campo socialista europeo. Mas también, desde hace algunos años, se enmarca dentro de las peculiaridades de esta nueva etapa que parece abrirse en el mundo de formación de nuevos bloques de poder mundiales, de crecimiento de los procesos de integración y de unidad latinoamericana, y, sobre todo, de las características y evolución del socialismo en Cuba.
El proyecto actual de alcanzar un socialismo de base económica sustentable en Cuba ha dado lugar a un amplio debate de ideas en la Isla y a la manifestación de posturas que, en más de un caso, consciente o inconscientemente, tienden a reproducir la lógica del capitalismo. Por eso no es solo una lucha por un sostén económico superior y más satisfactorio para todos, ni exclusivamente por las adecuaciones en la organización de la sociedad que ello implica —incluso en el plano político—, ni tampoco se puede reducir al choque de ideologías opuestas. Se trata de una verdadera guerra cultural en toda la extensión del concepto, de maneras de entender la existencia y de vivirla, y que, por tanto, abarca todos los planos de la sociedad.  
Ser, parecer, tener, es una compilación de textos breves, que entra a fondo en esa guerra cultural. Por eso resulta una obra que seguramente será polémica, como ya lo han sido muchos de estos textos al publicarse en el blog de su autor, La Isla Desconocida, la primera arena en que casi todos entraron en liza. Tenerlos reunidos en este formato impreso no solo extiende la posibilidad de la lectura sino que contribuye al examen del conjunto y a la aprehensión de la lógica, la perspectiva y las ideas básicas de su autor.
Por eso veo tan importante este libro, puesto que las ideas aquí manejadas por Ubieta Gómez son  una lucha quijotesca, no únicamente porque pelee contra molinos de viento, como es toda pelea por cualquier utopía; es quijotesco su batallar porque sus páginas están llenas de honestidad, de honradez, y de verdadero espíritu revolucionario, socialista y anticapitalista, particularmente contra los elementos que pueden surgir desde adentro contra ese espíritu, aunque al mismo tiempo cabalga contra los que se infiltran desde afuera.
Cada vez más cobramos conciencia de que los mayores peligros para el socialismo en Cuba son las lacras como la corrupción y la burocracia, y las ataduras a una idea del sistema ya fracasada. No estoy diciendo nada nuevo: ya Fidel lo dijo en la Universidad de La Habana hace unos cuantos años, cuando advirtió que el gran peligro que podía poner en una situación difícil a nuestro país y a la Revolución eran justamente los problemas de adentro. Originalidad, audacia, verdadera comprensión de nuestros problemas, incesante previsión  y, especialmente, claridad plena de que el socialismo no es para castas ni para grupos y de que su “creación heroica”, como reclamaba hace tanto tiempo José Carlos Mariátegui implica la certidumbre de no dejar espacio al hegemonizador mundo de ensoñaciones del capitalismo.
El libro de Ubieta nos está dando una enorme contribución a ese debate interno, para entender qué cosa es el espíritu del capitalismo, que es parte, y esencial, desde luego, del sistema; ya en esta fase de desarrollo del capitalismo no queda nada por convertir en mercancía. Si el gran dilema de la generación de los modernistas hispanoamericanos fue el choque de la cultura literaria con el mercado —el ejercicio del periodismo fue un modo de conseguir  el sustento en escritores de la talla de José Martí en Nueva York, y de Julián del Casal aquí en La Habana, quienes, sin embargo,  lograron entregar una obra literaria mayor y francamente contrapuesta a la modernidad burguesa—, el gran drama de una persona en el mundo de hoy es que todo está mercantilizado, hasta los sueños: la gente sueña lo que el mercado le vende, lo que el mercado le ofrece; ahí están sus sueños y sus voluntades; ahí está el sentido de su vida espiritual. Para decirlo con Ubieta: el parecer y el tener se imponen sobre el ser o, mejor, se convierten en el ser.
Esa es una de las grandes victorias del capitalismo —quien sabe si la mayor por su profundidad sobre el individuo y por su capacidad de permanencia—, no solo desde la perspectiva de las ganancias, sino en el plano de las ideas, de los sentimientos, de la vida espiritual, del control sobre los seres humanos y de la reproducción de esos valores en quienes son sus explotados, en las grandes mayorías, que, o no se rebelan, o aceptan el sistema, o de un modo u otro se les introduce el deseo de ser, de vivir como “ellos”, como los que disponen de todas las posibilidades: la dominación del colonizado, del dominado, del hegemonizado, del subordinado, del explotado ha sido, es y será parte fundamental de los mecanismos de dominación. Hay que controlar no solo la vida social, no solo el cuerpo, no solo el cerebro; hay que controlar el alma y el espíritu de las personas. Eso es lo que está pasando en el mundo y es lo que de algún modo circula también entre nosotros, a veces más allá de las intenciones.
Es frecuente apreciar este problema en la programación de la televisión, el medio masivo por excelencia en Cuba y que por ello nos salta a la vista de inmediato y nos molesta a quienes nos preocupan, ya sea en un plano teórico o en un plano práctico inmediato, las cosas que conspiran contra lo que debe ser una conciencia socialista y contra lo que debe ser una cultura socialista. Pero nos pasa en otras facetas de la sociedad. Aquí se ha hablado de la prensa, y yo les diría que tengo la impresión de que en el mundo de la blogosfera es uno de los renglones donde se está haciendo el mejor periodismo cubano, aunque hay muchas cosas también que a mi juicio no valen un centavo, lo digo con sinceridad. Y digo también que soy feliz cuando abro cada día el Juventud Rebelde y leo en la página dos ese periodismo de opinión bien escrito, donde  conviven varias generaciones de periodistas, con peso significativo de los jóvenes, que está dando una constante mirada de alerta, una campanada ética sobre los problemas de nuestra sociedad, del mundo y sobre la gran crisis de desarrollo que estamos viviendo. Y quiero aprovechar para incluir en esta relación para mí positiva a La Calle del Medio, el mensuario dirigido por Ubieta. No descubro nada, pero hay que recordarlo: la prensa y los medios son armas decisivas en esta guerra cultural contemporánea.
Hay también otra parte del problema sobre la que Ubieta escribe con una gran inteligencia y una gran capacidad. A veces pensamos que los problemas de Cuba son exclusivos de nosotros. Y es verdad que Cuba es la excepción, es la anomalía en el océano capitalista que nos envuelve, aunque sufra los embates de la confrontación cultural, civilizatoria. Cuando uno ve el prestigio que tiene Cuba en África, uno dice: “Caramba, ha valido la pena”. Cuando uno ve que cualquier persona con tres dedos de frente —y que quiera usarlos—, descubre con admiración todo lo que ha hecho Cuba en Haití, uno dice: “Caramba, ha valido la pena”. Cuando uno ve, y Ubieta ha tenido el privilegio de escribir sobre los cubanos en las misiones internacionalistas, sin idealizarlas, sin magnificarlas, entendiendo que esos médicos son personas con problemas iguales a los nuestros, que también recurren a esa vía para incrementar sus ingresos, uno también dice:”Caramba, ha valido la pena”. Entonces uno se pregunta, de qué modo vamos a enfrentar esta guerra. Yo creo que Ubieta lo está haciendo con estos trabajos del mejor modo posible a su alcance.
Por eso quiero resaltar algunos rasgos de estos textos. En primer lugar, la elegancia del lenguaje en todos los sentidos: elegancia en el uso de la lengua y elegancia en la exposición de las ideas. Aquí no hay un lenguaje chabacano, primitivo ni de barricada. Cuando Ubieta tiene que discutir con alguien expone lo que este dice y después lo discute con una elegancia y con una finura que ojalá siempre tuviéramos en todas las disputas. Esto es un rasgo esencial, porque esto le da crédito. Y es muy importante en el terreno del debate de las ideas tener crédito, lograr que el que no sepa bien de algo, o el que no está bien definido en un sentido u otro tome las ideas de uno, trate de seguirlas y, ojalá sea así, llegue realmente a compartirlas. Por eso creo que este es un rasgo notable.
Segundo, Ubieta que tiene una formación de amplia base filosófica y humanística —y se le sale, qué bien que se le sale, en el mejor sentido—, que no es solo filosófica, porque realmente tiene una cultura de una amplitud notable, nos está entregando una argumentación que no se mueve en el aburrido terreno que a veces nos quiere imponer la academia o el aburrido y tantas veces equivocado cientificismo. Ahora hay una guerra contra el ensayo —ustedes me perdonan, pero tengo que aprovechar estos espacios para decir estas cosas— entre quienes organizan el aparato académico en torno a las tesis. “El ensayo no es científico”, dicen. ¿Quién dice que el ensayo no es, no puede ser, científico? ¿Hay algo más científico en la historia de la cultura cubana, en la historia de las ideas en Cuba, que el “Prólogo al poema del Niágara” de José Martí? ¿Acaso hay una crítica más profunda a lo que fue la modernidad burguesa del siglo XIX, que ese texto? ¡Cuidado con eso! Los intelectuales europeos y norteamericanos conocen a Baudelaire, y piensan que el francés fue el gran crítico de la modernidad; no, no, el gran crítico de la modernidad fue José Martí. A Baudelaire le molestaba y trató de evadir su persona; pero a Martí no le gustaba y se planteó la necesidad de trascenderla Y hay en Martí un profundo análisis que no apela en modo alguno a los recursos de las ciencias sociales de su tiempo, signadas por el cientificismo positivista. Martí no se parece a los grandes fundadores de la sociología, y eso que varios de ellos fueron contemporáneos suyos. ¿En qué disciplina ubicamos a José Martí? ¿Es historiador, es sociólogo, es filósofo, es antropólogo?
Martí es todo eso, y es más. ¿Pero por qué puede ocurrir esto? El ensayo no es, no debe ser solo un instrumento de expresión literaria, sino también uno de los más importantes para la expresión del pensamiento. Porque permite explicar eso que puede ser importante, pero que se torna pedestre cuando usted llena un capítulo de citas y citas, y las pone todas al pie, y escribe la página y la acotación.
¿Por qué digo todo esto? Porque habrá quien diga que este libro no tiene el menor valor para las ciencias sociales. Sin embargo, yo creo que ahí está su valor. Ubieta no ha pretendido hacer un libro para las ciencias sociales, mas es un libro que parte de un serio análisis y de un serio empleo de esos mecanismos, procedimientos, ideas, juicios y capacidades que tienen las ciencias sociales. Justamente eso es lo que le permite seguridad, precisión —que no es meramente usar la palabra exacta—, sobre todo en los primeros trabajos, que fueron los que más me gustaron, porque es para mí el periodismo que necesitamos. No podemos sentirnos aplastados por el poder omnipotente de la ciencia, la ciencia no es omnipotente, lo cual no quiere decir que uno esté contra ella. De lo que se trata es que no podemos convertir a la ciencia en la norma, al margen de los individuos y de la sociedad, porque entonces nos equivocamos profundamente y seguimos siendo tan positivistas, como los del siglo XIX y del XX. Por eso a veces siento deseos de llamar al marxismo soviético como “el marxismo positivista”.
Pues bien, al unir estos saberes —que son muchos, que no solo se remiten al campo de la filosofía—, Ubieta ha tenido la habilidad y yo diría que el desarrollo intelectual suficiente para llegar a comprender que tiene que buscar para este tipo de trabajo un lenguaje especial para establecer una comunicación más directa, más inmediata, donde la riqueza y el nivel de encadenamiento de la argumentación no aparezca con la pesadez ni el aparente rigor y la densidad de las ciencias sociales, pero que al mismo tiempo se valga de todos los conocimientos que tiene y de todos los aportes que puede extraer de las diversas disciplinas. Si estuviera defendiendo una tesis diría que Ubieta es interdisciplinario, palabrita que está de moda.
Yo creo que este libro es una lección de buen periodismo, de verdadero periodismo, y el buen periodismo para mí es literatura, —yo no diferencio entre periodismo y literatura, y me parece absurdo todo ese debate sobre periodismo y literatura que hemos traído a Cuba, no sé por qué—, y este es otro de los méritos de este libro que quiero destacar:
Su autor no se ha dejado atrapar ni por un género periodístico, ni por una disciplina; aquí hay una mirada de filósofo, hay un sentido de la vida; en sus opiniones están de forma explícita o implícita las grandes preguntas de la filosofía: qué es la felicidad, qué es la vida, las preguntas que se ha hecho la humanidad siempre y que se seguirá haciendo. Empero, al mismo tiempo está compartiendo con nosotros su mundo interior, su riqueza espiritual; uno sabe que está leyendo a un ser humano, a un individuo que se llama Enrique Ubieta, que está trasmitiéndonos una riqueza espiritual tan grande que a mí me emocionó encontrar las referencias a su padre. Caramba, qué homenaje más lindo, qué presencia más linda la de su padre en este libro. Eso me emociona, que ese hombre quiso a su padre, quiere a su padre, lo lleva adentro. Y eso me hace simpatizar con esta persona, con este autor.
Ser, parecer, tener nos ofrece lo que necesitamos: nos habla del país, de la política, del socialismo, desde dentro, desde el espíritu, y esto se le sale hasta en las polémicas. Por cierto, el autor es un notable polemista, que rebate las ideas del contrario y presenta las propias con elegancia, lucidez y argumentaciones. Este es un libro de combate, este es un libro inteligente, este es un libro valioso. Me siento orgulloso de estar aquí presentándolo.


Versión de las palabras de presentación en la casa del Alba Cultural, en La Habana, el miércoles 9 de julio de 2014, de este libro publicado por la Casa Editora Abril, La Habana, 2014. El autor ha mantenido exprofeso el lenguaje de esta valoración que no fue escrita previamente, con los ajustes de redacción imprescindibles para la comprensión de las ideas.

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