sábado, 19 de julio de 2014

Alpidio Alonso-Grau, sobre el libro Ser, parecer, tener


NOTAS PARA PRESENTAR UN LIBRO NECESARIO
Alpidio Alonso-Grau
No debe extrañarnos que en los próximos días, cuando ya esté circulando entre los lectores, alguien afirme que este nuevo libro de Enrique Ubieta Gómez es un despropósito. No costaría mucho llegar al por qué: además de situar su origen en un ámbito tan promiscuo como el que conforman las redes (y en consecuencia tan poco “prestigiado” a los efectos puramente académicos), no será difícil convenir que, a la luz de la lógica hegemónica establecida en nuestros días, este conjunto de textos resulta, cuando menos, anacrónico. Frente al “realismo” pragmático y al conformismo ético sobrevenidos tras el llamado fracaso de las utopías socialistas, se defiende aquí un proyecto radicalmente diferente al impuesto por el poder global, proyecto que —contra todos los triunfalismos puestos de moda— ha validado en la práctica su propuesta humanista (tantas veces tachada de imposible) y se muestra decidido a no capitular. Me pregunto si habrá hoy en el mundo herejía mayor.
Estructurado en cuatro bloques, el volumen contiene una selección de “viñetas, artículos, crónicas, ensayos breves, intercambios epistolares y [fragmentos de] entrevistas” publicados por el autor en su blog personal La Isla Desconocida, entre 2001 y 2013. Dicho con sus propias palabras:

"La temática central del libro es Cuba, su destino y sus dos polos: capitalismo o socialismo; alrededor de ella o a partir de ella, Nuestra América y el mundo. Como indica el título (…), esos polos conducen a opciones de vida, que los textos reunidos abordan desde ángulos diversos: ser, estar, parecer, tener. Son textos que buscan o participan de la polémica".

Desde el propio título: Ser, parecer, tener. Debates en y por la Isla desconocida, esa vocación polémica pone las miras en la dimensión cultural de los temas que trata, de tal manera que aunque anclado en una realidad muy concreta y surgido de abordajes (casi siempre apremiantes) de situaciones muy específicas, el libro desborda lo meramente circunstancial y plantea una discusión ideológica y cultural a fondo sobre asuntos de gran complejidad y trascendencia.
Desde esa perspectiva, una y otra vez nos encontramos en el texto con el enunciado que define al socialismo no como un fin, sino como un camino para la construcción de una nueva cultura, opuesta no al consumo sino al consumismo, que es la cultura que genera y alimenta el capitalismo a escala planetaria para su reproducción.
Se trata, para decirlo alto y claro, de un libro de pelea, que todo el tiempo se mueve a contracorriente del pensamiento hegemónico. A ese anacronismo, digamos, de base, suma el de estar escrito en una prosa que conjuga eficacia y belleza, en la que sin descuidar los propósitos analíticos, el discurso nos llega ganado por un estilo ágil y seguro, de una notable capacidad de síntesis, apoyada en recursos que no pocas veces remiten a la escritura poética. En uno y otro sentido, son cada vez menos frecuentes libros así.
Un estado de vigilia permanente anima estas reflexiones. En ellas se trabaja a tiempo completo a favor de un consenso otro, de un orden que subvierta la “normalidad” con que ha conseguido establecerse la dominación imperial a todos los niveles en la sociedad contemporánea. Semejante actitud trae a cuento la mención hecha por Carlos Rafael Rodríguez en su Letra con filo al libro Contra esto y aquello, de Miguel de Unamuno, donde el cubano declara no haber tenido esa misma opción, pues, dice:  “aquí los enemigos no son alternativos ni circunstanciales, no son éstos o aquellos. Quedan muy tempranamente definidos”. Por razones afines, tampoco “se encontrarán aquí páginas neutrales”.
Mas, cuando efectivamente “la pasión es el rasgo que une” a estas indagaciones, vale señalar que no está el lector ante una propuesta de razones cerradas, blindada contra enfoques y opiniones divergentes. A pesar del carácter perentorio y beligerante de la mayoría de estos textos, inexcusablemente marcados por el tono que impone el fragor de los combates actuales, cabría reclamar para ellos la pertenencia a la estirpe batalladora de aquellos juicios que, dicho con palabras de Carlos Rafael, “surgieron como el brote natural de largas y extenuantes reflexiones”. Hubiera podido suscribir también Ubieta un temprano aprendizaje de “las tres categorías en que Schopenhauer dividió a los escritores: los que escriben sin pensar, los que piensan para escribir y los que escriben porque han pensado”; este solo libro le bastaría para merecer un lugar entre los últimos.
Ser y tener, delinean posiciones contrastantes frente al amplísimo repertorio de temas y situaciones examinados en el volumen. Unas veces de manera abierta y otras de forma implícita en las ideas que se defienden. Estas páginas (antes lo hizo el blog) entablan un duelo a muerte con los grandes medios de comunicación, copatrocinadores de los consensos que sostienen al injusto orden social y político actual. Una a una, desde ellas se desmontan y desenmascaran las “mentiras con apariencia de verdad, que el lector europeo (y de otras regiones) traga sin masticar todos los días”. Aunque con matices que la diferencian y que muchas veces complejizan todavía más los análisis, tampoco en Cuba somos ajenos a las derivaciones de esos consensos. El autor lo sabe y se emplea en demostrarlo. De ahí la importancia adicional que cobran estos debates para el lector cubano.
A salvo de altisonancias y lugares comunes, la argumentación utilizada somete a examen muchos de los tópicos que han centrado el debate cultural de las últimas dos décadas en nuestro país. Conceptos tan manipulados tradicionalmente como libertad, derecho, legalidad o democracia, son reactualizados a la luz de un nuevo contexto. A ese haz de intereses se unen algunos otros como felicidad, éxito, heroísmo, y los pares riqueza/pobreza, politización/despolitización, revolución/reformismo, individualismo/solidaridad y oposición/oficialismo, en torno a los cuales se han suscitado algunas de las más interesantes y aportadoras polémicas dentro del pensamiento humanístico cubano más reciente. En todos los casos, la ética viene a ser el elemento diferenciador, la piedra de toque que define el signo de cada posicionamiento.
Otro de los asuntos tratados en el libro que por su importancia no quisiera dejar de resaltar, es el relacionado con el manejo de la llamada memoria histórica. Frente a la falacia de la Historia “total” propugnada por los ideólogos y los medios que “presentan al Che Guevara como un asesino y a Fulgencio Batista como un demócrata que cometió errores”, el autor asume una postura que no deja lugar a equívocos:

"No existe una historia “total”, porque cada tradición —y en una nación hay diferentes tradiciones— conduce a un futuro diferente. Una tradición de anexionistas y de autonomistas nos conduce hacia un Estado Libre Asociado; una tradición de independentistas y de revolucionarios, al socialismo".

Y más adelante, basándose en una visita suya a la ciudad de Praga, donde por obra y gracia de la “totalidad contrarrevolucionaria” “todos los héroes checos desaparecieron como los presos de Pinochet (arrancados de las páginas de los libros y expulsados de los liceos aquellos maestros osados que se atrevían a mencionarlos)” afirma:

"La experiencia checa es aleccionadora. La contrarrevolución está inconforme con el panteón de los héroes revolucionarios, no porque cultive un purismo académico o le importe “la verdad”, sino porque quiere sustituirlo por otro, real o ficticio, inventado o comprado, que le permita contar con una tradición para su proyecto de sociedad".

No por gusto ha sido José Martí (y la tendencia radicalmente independentista y antimperialista que él representa) el principal blanco de los ataques de algunos de los más astutos intelectuales contrarrevolucionarios durante los últimos años, en sus intentos sutiles de deslegitimar (y dejar sin tradición) a la Revolución Cubana. En todo caso, no es el pasado lo que en realidad les importa, sino el presente y el futuro. Y eso debemos tenerlo bien claro los revolucionarios. Al decir de Benjamin: “tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando este venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer”.
Ese mismo silencio siniestro es el que hasta ahora ha signado la actitud de la gran prensa frente al “caso de los 5”, tema este sobre el que desde ángulos diversos, más de una vez vuelve Ubieta, y donde consigue páginas ciertamente conmovedoras.
En una crónica del primer bloque, el autor nos hace partícipes de algunas de las opiniones emitidas por Alfredo Guevara en uno de sus frecuentes intercambios con jóvenes universitarios que, ya sabemos (los jóvenes), es un tema que lo obsesionaba. Me interesa llamar la atención sobre dos momentos de ese intercambio en el que Alfredo (a quien siento se le rinde implícitamente un homenaje en este libro) expresa un par de ideas que están a su vez en el núcleo mismo de los razonamientos que se manejan a lo largo del texto. En un primer momento, tras declarar su confianza en los jóvenes (pocos como él lo demostraron), dice: “prefiero rodearme de jóvenes, aunque lamento que muchos estén más preocupados por la cotidianidad que por la contemporaneidad”. Drama tremendo este hoy en el mundo, al que lamentablemente, tampoco escapa la sociedad cubana.
Luis Britto García, en un ensayo de hace ya algunos años, aborda los matices de esta tragedia en la nueva generación que “irrumpe en la escena estadounidense; ya no con el estallido de una guerra victoriosa sobre Alemania y Japón, sino con la implosión de una postguerra económicamente perdida contra las mismas potencias”, o lo que ya es peor en la actualidad: con un sistema haciendo aguas por todas partes:

Todos los temas de la tragedia postmoderna —dice refiriéndose a esos jóvenes—  recurren en ellos como farsa. Se los llama Me Generation (por egoísta), 13th Generation (en el fatal orden de la Independencia), Generación But not for me (eso no es conmigo), Nowhere Generation (Generación de Ninguna parte), Twenynothings (veintinadas), Generation X (por anónima)”: en una palabra: “muerte del sujeto, que en su vaciedad ni siquiera encuentra un nombre”. Mas, “si la juventud postmoderna no halla una denominación, en cambio la industria cultural si encuentra en ella un mercado: lo que la define es la trivia que consume”.

Todo esto entronca (además, por supuesto, de hacerlo con la relación ser-parecer-tener que estructura sus razonamientos, y con todo lo que tiene que ver con la amnesia histórica inducida en nuestros días) con una idea cardinal manejada por Ubieta (y de paso señalo que muy escasamente tratada entre nosotros): la que defiende la legitimidad de la individualidad dentro del socialismo, algo bien diferente al individualismo burgués: la necesidad de que el individuo encuentre su plenitud sin que necesariamente ello implique una contradicción con el proyecto colectivo. “¡Vivan las individualidades!”, recuerdo haber leído en alguno de sus post, frase que no deja de expresar cierta rabia hacia la postura de quienes a nombre del socialismo, y aduciendo autosuficiencia en la actitud de quienes sobresalen, matan la iniciativa individual, sin advertir, por otra parte, que con ello echan por tierra la consabida ley que rige la distribución en la misma sociedad que supuestamente defienden.
La otra idea de Alfredo que me interesa subrayar queda descrita por Ubieta de esta manera: “En otro momento de su intervención, diferenció a la persona del “personaje” que se pavonea ante los reflectores del escenario: “En la persona está la riqueza —recordó—. Yo no amo a mi pueblo —confesó otorgándole a sus palabras un sentido fidelista, que yo me atrevería a definir también como martiano—, yo amo las potencialidades de mi pueblo”. Y a continuación, lo que más me interesa resaltar: “Advirtió (dice Ubieta) que esa actitud lo convertía en un hombre propositivo, es decir, en alguien que habla no solo de lo ya construido, sino también de lo que podría construirse. No solo de lo real descriptivo, sino de lo real potencial”.
Esa idea de atender a lo potencial, que tanto nos recuerda a Cintio (tan admirado por Alfredo, y también por Ubieta, que en más de una ocasión me ha confesado su preferencia por él entre los ensayistas cubanos), la idea de que lo real no termina en las fronteras de “lo real”, sino que muchas veces en lo potencial puede estar lo verdaderamente fecundo, en ese “imposible” sobre el que debemos saltar; esa idea que identifica en el propio desafío una potencialidad revolucionaria, atraviesa el libro de la primera a la última página (es quizá su tesis), al tiempo que —frente al realismo pragmático (a la larga de raíz plattista) de los que no ven más allá de sus narices, de los prácticos de nuevo cuño, de los que sí tienen los pies puestos en la tierra; frente a los que se cansaron, perdieron toda esperanza, y en definitiva hace rato se rindieron, frente a la propuesta de los que piensan (no importa si sincera o cobardemente) que ya esto se acabó— fertiliza los empeños de quienes en la actualidad siguen (seguimos) creyendo en la utópica posibilidad (la martiana, la fidelista) de lo que solo se consigue luchando, que fue la que nos trajo hasta aquí.
No quiero terminar sin celebrar la cercanía poética tanto de los formidables dibujos de Ares (integrados plenamente al discurso) como de varias de las viñetas en prosa que aparecen en el libro. En ellas el texto se mestiza, se asume ambiguo como género (es y no es testimonio, crónica, poema) y nos habla desde una intimidad y una ternura que nos hacen volver una y otra vez a él. Muchas veces estos pequeños artefactos resultan los más eficaces para fijar ideas en el lector. Y aquí recuerdo al Che, cuando hablaba de los sentimientos de amor que animan al verdadero revolucionario. Y también a Cintio (otra vez Cintio), de quien tomo estas líneas referidas a la utilidad de lo que él llama la “literatura de raíz poética”, dentro de la que no dudo en ubicar a varias de las prosas breves a que me he referido: 

"Más que en la música, la pintura, la arquitectura, la danza o cualquier otro arte, en la literatura el tejido de lo ético y lo estético es inextricable (…) La liberación del hombre a que puede ayudar la literatura de raíz poética (…) tiene tanto que ver con las demandas de justicia de las inmensas multitudes despojadas como con la soledad del hombre en cada rincón del mundo. La llamada poesía menor, si tal cosa en verdad existe, a condición de que sea buena en todos los sentidos, tiene especialísima función en un mundo en que el gigantismo de los problemas y las amenazas tiende a borrar el pequeño rostro angustiado de cada persona. Dirigirse a esa persona en su soledad, en el minúsculo contexto de sus quehaceres y experiencias, en el indecible misterio de sus memorias y esperanzas, en la lumbre tantas veces ahogada e indescifrable de sus sueños, no es el menor de los servicios que la palabra participante, dicha o escrita, puede rendir".

Por último, no voy a cometer aquí el dislate de reprocharle a Ubieta su desmedida pasión industrialista, patente en algunas de las páginas de su libro, tema este, por cierto (me refiero al deporte, sobre todo en lo referido al de la profesionalización del béisbol) en el que se lanza también a contracorriente y dice más de una verdad que muchos parecen haber olvidado. No resisto, y anoto una de ellas: “Dondequiera que la política se invisibiliza, el mercado se hace visible y la representa. La única manera de no politizar el deporte —precisamente por su carácter de espectáculo cultural—, es no mercantilizándolo”.
Para reconciliarme con él, tras esa especie de afrenta que viene a ser para un naranja recibir un elogio hacia los azules sin que (atendiendo a las circunstancias) le sea dado prácticamente ripostar, prefiero terminar tarareando (con fraterno espíritu deportivo) la que es por estos días la canción de todos —de los cubanos y los latinoamericanos—, que acompaña la pasión y el orgullo que nos hincha el pecho durante cada actuación de nuestros equipos y que, en cierto modo, resume también, en un par de versos, el sentido profundo de la propuesta que nos hace este libro: “Cuando el mundo está al revés, /mejor pegarle de zurda”.

Palabras de Alpidio Alonso-Grau en la presentación del libro Ser, parecer tener. Debates en y por la Isla Desconocida, de Enrique Ubieta, publicado recientemente por la Casa Editora Abril y presentado el pasado 9 de julio en la Casa del ALBA de La Habana.

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