martes, 26 de julio de 2011

El cubano ríe sin dudas, ríe bien y también chotea.

Zardoyas, uno de los responsables --junto a Ares--, de La Ubre, en las páginas centrales de La Calle del Medio.
Abelardo Mena Chicuri.
Entre los días 18 de marzo y 29 de abril, el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales celebró en su sede de la Habana Vieja la más reciente exposición: La Ubre del Humor. Las obras gráficas --impresas y originales--, de más de 16 artistas que participan en esta publicación habanera fueron acompañadas por un ciclo de charlas y presentaciones con invitados de lujo: el multipremiado humorista gráfico Ares, y los reconocidos creadores Reynerio Tamayo y Lázaro Saveedra. La curadoría fue de Caridad Blanco de la Cruz, Máster en Historia del Arte y especialista de dicha institución, con quien conversamos acerca de este evento y el humor hecho en la isla.
¿Cómo surgió la idea de realizar esta exposición?
La idea surgió a mediados del año pasado. Era un momento cercano al tercer año de publicación del mensuario cultural La Calle del Medio. Y en particular, eran ya tres años de la existencia --dentro de La Calle-- de un espacio para el humor (en sus páginas centrales) denominado “La Ubre”.
En “La Ubre” publican un numeroso grupo de jóvenes humoristas de diferentes regiones del país, y algunos publicaron por primera vez en esas páginas. En ”La Ubre” se cultiva un humor interesado en hacer pensar, lo cual es una ya larga tradición en el humorismo cubano que, más que una carcajada, quieren conseguir del lector una sonrisa inteligente y reflexiva. Tres años de trabajo venían corroborando la seriedad del proyecto y el desempeño del equipo que lleva adelante a “La Ubre” Arístides E. Hernández (ARES) y Ramiro Zardoya Sánchez (Zardoyas).
En estos años ya se ha logrado importantes resultados, con la consolidación del humor dentro de la publicación misma. “La Ubre” exhibe ahora mismo el más alto nivel, en cuanto a humor gráfico de lo que se está publicando en el país. De ahí que La ubre del humor, como ensayo expositivo, quiso expresar y comunicar la expresión visual que ha logrado reunir como vocero de una generación lista para el ejercicio maduro del humor, y con un desarrollo en el lenguaje visual de muchas de sus individualidades.
Para el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, fundado en los años 80, era importante destacar a esta generación. Es un proyecto que se inserta dentro de una línea de investigación, reflexión y ensayos curatoriales en torno al humor gráfico en Cuba, promovida por la institución en torno a relevantes suplementos humorísticos (El Pitirre y Dedeté, entre ellos), en artistas de muy diversa naturaleza, y en cómo ese humor ha penetrado en los discursos de reconocidos creadores y expresiones del arte cubano contemporáneo en los últimos veinte años.
¿Puede proclamarse que existe un nuevo humor gráfico en la isla? ¿Cuáles serían los rasgos que lo diferencian de etapas anteriores?
Ya existe un grupo de nuevos humoristas gráficos con un “estilo”, es decir, con una identidad gráfica perfectamente reconocible. Ellos dan continuidad a ese tipo de humor que está interesado en hacer pensar, y enriquecen una tradición de humor con más de 150 años de historia. Tradición que ha tenido momentos relevantes: la obra de Rafael Blanco, por ejemplo, considerado como el primer moderno de nuestras artes plásticas, cuya obra se caracterizó por una extrema síntesis y una línea ágil. Con el trabajo de Blanco nació esa pretensión de universalidad que es tan común en el trabajo de artistas como Ares, Boligán y Martirena.
Si hubiera que destacar otros momentos puntuales del humor en Cuba, no podrían faltarnos Eduardo Abela, Conrado Massaguer, Jaime Valls y Juan David. Y es cardinal el significado de El Pitirre, publicación humorística realizada entre 1960 y 1962, con Rafael Fornés al frente y todo un equipo de lujo: Sergio, Chago, Nuez, Posada, Muñoz Bachs, Fresquito, Guerrero, Chamaco, entre otros. El Pitirre influyó de manera decisiva, desde entonces la imagen ganó total protagonismo y se amplió el universo del humor gráfico.
Con Dedeté (fundado en 1969), se completó esa trasfiguración: en cuanto a la imagen, el papel del diseño en la publicación, ofreció una dimensión más profunda de diferentes vertientes del humor, en especial el llamado humor general, y también el absurdo o blanco, el filosófico, e incluso el negro. Todo esto contrastaba con los comentarios sobre asuntos contextuales que allí se publicaban y que diferían de los esquemas costumbristas habituales. El Dedeté fue una escuela de artistas y durante sus primeros veinte años ofreció una singular crónica de la sociedad cubana, que la acogió con simpatía. En DDT encontramos nombres imprescindibles como: Manuel, Carlucho, Ajubel, Tomy, quienes ganaron numerosas distinciones nacionales e internacionales e igual reconocimiento para la publicación.

Como parte de la muestra, organizaste un ciclo de charlas con la presencia de destacados creadores de las Artes Visuales, como Ares, Tamayo, Saavedra. ¿Existen vasos comunicantes entre ellos y los artistas de la imagen impresa?
Los artistas que dialogaron con la exposición y el público están conectados a esa tradición del humor en Cuba. Forman parte de ella de manera cardinal, aunque de maneras diferentes. Ares, que es siquiatra de profesión, ha estado muy vinculado a las publicaciones periódicas. Y es de formación autodidacta, como han sido la mayoría de los dibujantes humorísticos en el país. Es también el humorista gráfico cubano, residente en Cuba, con mayor número de premios internacionales (121 en total). Su obra se distingue por su ingenio, y pese al notable reconocimiento de que goza, no se ha quedado detenida en el tiempo y de manera permanente se renueva en expresión gráfica y temas.
Reynerio Tamayo es un humorista nato, cultivador de un choteo magistral, pero además un virtuoso en medios como la acuarela, la cerámica, el cartel, la pintura o la escultura. Es un cultivador del humor, graduado en 1992 del Instituto Superior de Arte. En 1989 ganó el Gran Premio Esopo de Oro en la IX Bienal Internacional del Humor y la Sátira en el Arte, Gabrovo, Bulgaria, y en 1995 obtenía una mención y un premio por su instalación Visite el cuadro del artista en el I Salón de Arte Cubano Contemporáneo. Sus obras formaron parte de la muestra central de las dos últimas ediciones de la Bienal de La Habana (2006 y 2009), relevante cita internacional del arte contemporáneo.
También Lázaro Saavedra es graduado del ISA, y uno de nuestros artistas contemporáneos más reconocidos. El humor es una herramienta significativa en su discurso conceptual, integra importantes colecciones internacionales y la colección permanente del Museo de Bellas Artes. En esta institución presentó en el año 2003 su exposición personal El único animal que ríe. Su genialidad ha quedado recogida en numerosas instalaciones, cultiva la video creación de manera sostenida desde el 2003 hasta el presente, con obras de animación y video arte. Y realiza en Galería I-Meil (transmitida por correo electrónico) una singular crónica de agudo ingenio en la que funde referencias textuales con fotografía, dibujo humorístico e incluso historietas.
Por estas razones, el trabajo de ellos se destaca y conecta. También estas referencias ilustran el peso que tiene esa línea de investigación que he desarrollado, que comprende del humor gráfico en las publicaciones al humor en las artes visuales, sin hacer jerarquías. Estoy actualmente preparando el libro Maneras de Inventarse una sonrisa.
Los años duros del Período Especial desarticularon el movimiento de humoristas cubanos que se dió a conocer en publicaciones populares como DDT  y  Palante. ¿Cómo sobrevive el humor cubano de hoy? ¿Qué espacios tiene en la prensa nacional? ¿Utilizan los creadores los beneficios de Internet y las nuevas tecnologías para comunicarse con su público?
En los años duros del Período Especial, muchos artistas emigraron y eso tuvo consecuencias. La crisis también privó del papel, recurso imprescindible para las publicaciones, y esa carencia resultó desestabilizadora. Hoy la situación es diferente, pero las producciones editoriales no han logrado los niveles de esa época.
El humor en Cuba persiste en algunos espacios de la prensa, por ejemplo: la última página del diario Juventud Rebelde, dedicada al Dedeté y que cada 45 días sale como tabloide de 8 páginas y el habitual Palante, ahora mensual. También existen algunas publicaciones en el interior del país como Melaito en Villa Clara y La Picúa en Cienfuegos. Se celebra la Bienal Internacional de Humorismo de San Antonio de los Baños, y otros Salones nacionales.
En los sitios webs cubanos y en las publicaciones digitales desde hace tiempo hay un notable espacio para el humor gráfico; también un número considerable de creadores cubanos publican sus trabajos en diferentes lugares del orbe y acuden a concursos internacionales de esta expresión. Pero aunque algunos consiguen acceder a los beneficios de Internet, aun las nuevas tecnologías no significan un nivel de accesibilidad para el público.
Como curadora, has sido persistente en el estudio del humor cubano desde el siglo XIX, has rastreado personalidades monstruos como Santiago Armada (Chago), y exposiciones curadas por tí como Ciertas Historias de Humor, y esta misma, dan fe de una voluntad férrea por develar el lado menos serio del arte en Cuba. ¿Es que los cubanos ríen... a pesar de todo?.
El humor es algo muy serio, pese a los puntos de vista y las prácticas que lo minimizan. Tiene un poder extraordinario, llega a lugares donde otros recursos artísticos no pueden, es una forma desapegada de escrutar la realidad, y de asumirla críticamente. José Martí, escritor, poeta y político cubano del siglo XIX, lo denominaba “látigo con cascabeles”. Es una filosofía y una actitud para encarar la vida y sobrevivir en medio de las contingencias, y un destello sagaz para leer e interpretar la realidad.
Es reduccionista y simple confundir el humor con lo cómico. Puede o no haber comicidad pero es sobre todo: ingenio, agilidad, agudeza del pensamiento, ironía, sarcasmo y hasta cinismo para desnudar o mirar la realidad. El humor es una provocación a la inteligencia y no una invitación a la risa fácil, un desafío a leer desde la sátira, la parodia, la ironía, desde el absurdo y en ocasiones también, desde una desafiante poesía, en lo grotesco e incluso por momentos dentro de cierta aparente obscenidad.
El cubano ríe sin dudas, ríe bien y también chotea, pero con un choteo que ha evolucionado. El cubano es un gran tuteador y así consigue desde una risa inteligente emparejar rangos, poderes y circunstancias. Una obra de Reynerio Tamayo del año 1996 puede ilustrar esa actitud incluso en circunstancias extremas. Un personaje criollo está en medio de una edificación ruinosa, apuntalada pero en desafío a una temible ventolera gritaba: ”Que venga el huracán que lo estoy esperando”.
Para ofrecer más elementos al público lector, me gustaría te refirieras a las instituciones, museos y eventos que entiendas más relevantes en la difusión actual del humor en la isla.
Esencialmente el Museo del Humor con la Bienal Internacional de Humorismo de San Antonio de los Baños, pero sobre todo la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) que realiza la organización de esa bienal. También se celebran el Salón Nacional de Humorismo Humoranga y el Ignacio Rodríguez Suriá, el Salón Nacional El Loquito y Salón de Caricatura Personal Juan David. Merece destacarse el Salón Internacional de Humor Erótico, que lleva adelante Pedro Méndez en Villa Clara y con carácter internacional y el trabajo que está desarrollando el Círculo de caricaturistas de la UPEC en las Tunas promoviendo el humor en la provincia.

¿Participa el humor cubano en museos, bienales, y encuentros de este arte a nivel internacional? ¿Tienes pensado exhibir La Ubre del Humor fuera de la isla?
Creo que el humor cubano no ha estado en los últimos años tan cerca de los museos como ocurrió hace años atrás. El humor grafico cubano ha participado en eventos organizados por la Fundación General de la Universidad de Alcalá de Henares, y en salones de diferentes países latinoamericanos y numerosos concursos internacionales

Uno de los secretos mejor guardados del arte cubano es la historieta gráfica de los años 60 y 70. Has investigado extensamente el tema, e incluso estamos trabajando conjuntamente en un proyecto relacionado con tal tema. ¿Pudieras contarnos algunos elementos sobre este arte, desconocido para académicos y coleccionistas?
La historieta cubana tuvo en los sesenta el mayor momento de afirmación en toda su historia. Esas historietas dibujaron nuevos paradigmas, unidos al sueño del hombre nuevo, anhelos concretos de justicia social y una educación para todos. Aparecieron protagonistas inéditos, sin otro poder que no fuera su propio valor, voluntad y energía vital, provenientes de la literatura o de argumentos originales que encararon las más disimiles historias.
En los relatos gráficos de Roberto Alfonso, heredero del comic clásico norteamericano, el humor de “Elpidio Valdés” de Juan Padrón, o el “Matías Pérez” de Luis Lorenzo Sosa, se encuentran algunos de los nuevos conceptos que tuvo el género a finales de los sesenta y principios de los setenta, junto a una práctica más vanguardista de la historieta cubana, representada por “Sabino” de Rafael Fornés, el “Salomón” de Santiago (Chago) Armada o “Gugulandia” de Hernán Henríquez.
El comic cubano fue una de las industrias culturales que encontraron audiencia fiel en la primera explosión de cubanas y cubanos nacidos en medio del ímpetu demográfico de aquellos tiempos. El proyecto en el que trabajo contigo está interesado en rescatar una visualidad sumergida, recuperar el rostro gráfico de la historieta cubana de entonces, un patrimonio a través del cual puede ser leída aquella época y su sentido épico. Bajo el titulo Héroes y anti-héroes: el comic cubano de los años 60, será la primera exhibición antológica en acercarse a lo hecho en esos fértiles y prodigiosos años de florecimiento del comic o historieta cubana en la primera década de la Revolución. Nos interesa mucho que esta exposición sea conocida en aquellos países y comunidades aficionados a la historieta.
Abelardo Mena Chicuri (La Habana, 1962). Curador del Museo Nacional de Bellas Artes, Habana, y de la colección Farber, Miami. Autor del libro Cuba Avant-garde (2007).

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