martes, 12 de julio de 2011

La nueva izquierda esclarece.

Santos Pérez 
He leído hace varias semanas los comentarios desde Havana Times sobre Enrique Ubieta, Ted Henken y Cía. Hasta hoy me parecieron más de lo mismo. Los anarcos de Havana Times son muy críticos con la oficialidad cubana, las instituciones venezolanas, los movimientos bolivianos que apoyan al gobierno y la experiencia china, y harto benevolentes, sobre todo por omisos, con cualquier gobernante de los Estados Unidos y de Europa occidental. Ted Henken, si se juzga por lo que escribe, más que omiso, concuerda con estos gobernantes, a pesar de su solidaridad y amistad  con la alternatividad cubana.
Pero hoy leí el esclarecedor texto de Erasmo Calzadilla “Ubieta quiere dividir pero no lo puede conseguir”, del 1 de julio presente. El texto mismo y el hecho de que se haya publicado en el sitio del Observatorio Crítico son esencialmente reveladores de una contradicción que a cualquier militante de izquierda, no importa cuál sea su tendencia, le resulta, al menos, muy sospechosa.
Erasmo Calzadilla, como hiciera el Observatorio Crítico a finales de 2009 y a inicios de 2010, expresa su solidaridad con Yoani Sánchez.
Cuando la televisión de Cuba transmitió las noveletas de la subversión contra Cuba y sus agentes en la isla, el Observatorio salió corriendo a preguntar por la libertad de Internet. Necesaria esta última por supuesto, pero ¿por qué se apela la misma excusa que Yoani utiliza para encubrir su verdadero designio? Súmese a ello la visión de la línea editorial que he tratado de esbozar en el primer párrafo de este comentario. Contrástense estos hechos con la energía de los críticos desde la izquierda de la Revolución Cubana y de cualquier otra. La demoledora visión de la burocracia, el planteamiento de una revolución cubana nueva para derrocarla, los llamados a la participación popular y a la democratización, la crítica a la inconsecuencia de las transformaciones emprendidas por Venezuela, Cuba, Ecuador y Bolivia, parten de instrumentos analíticos atesorados por la izquierda tradicional y se exponen con un énfasis y una lógica con pretensiones claramente movilizadoras. Sin embargo, hay una total ausencia de esos instrumentos y esa lógica para analizar y movilizar contra el enemigo declarado de las izquierdas: el capitalismo.
¿Será la omisión de la crítica al capitalismo consecuencia de un pragmatismo revolucionario que estima innecesario producirla por razones de lesa obviedad?  Si es así, ¿dónde encajar la solidaridad con Yoani Sánchez? ¿Será, acaso, que Havana Times, el Observatorio Crítico y el esclarecedor Calzadilla consideran a Yoani parte de su maquinaria social liberadora?
Yoani, ya se sabe, trabaja por el capitalismo en Cuba. Recibe cuantiosos fondos para ello y, para dejar más claro el asunto, ya se burló suficientemente de quienes otra vez - y no se sabe por qué-  le ofrecen su solidaridad.

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