martes, 12 de julio de 2011

Erasmo Calzadilla y el anarco-capitalismo.


Enrique Ubieta Gómez
Agradezco la respuesta de Erasmo Calzadilla. Asume de forma clara su posición, y ubica el debate en el tema exacto, en el nudo que hay que desenredar. Sus argumentos me confundieron de inicio: estaba usando mis palabras (no me refiero a las citas que hace de ellas, sino a mis argumentos), para defender lo que yo había denunciado. No afirmaba que estuviese equivocado –más que en el asunto, absolutamente secundario, de si son “buenos” o “malos” los financistas del proyecto, los yumas de la manzana--, más bien corroboraba mis apreciaciones y las asumía. Lo leí dos veces con calma, puede ser una trampa, me dije. Pero creo que no, Calzadilla ha calculado que es el momento de tirar las cartas sobre la mesa. La pregunta que hace (que no formula, pero que se desprende de sus palabras) pone el índice en el nudo: ¿cuál debe ser la posición de un revolucionario frente al Gobierno cubano? Dejo la respuesta para el final. Quiero comentar primero algunas afirmaciones suyas.
1.    ¡Camarada Calzadilla! ¿qué pasa? Tengo derecho a exponer mi opinión: cada quien se expresa en su blog y sus opiniones serán difundidas por sus seguidores, las mías, como es obvio, por los míos. Siempre es conveniente asumir el papel de víctima para callar al contrario. Si participas en una confrontación –aunque sea de ideas--, en la que el objetivo final es la toma del poder político, no puedes esperar que no respondan tus intervenciones. Si te ubicas como contendiente político, serás tratado como contendiente político.
2.    Yo creo que la Revolución tiene un Contrapoder en esta pequeña isla; mientras que la Contrarrevolución tiene el Poder en casi el resto del mundo. Sin embargo, Calzadilla habla de “los pro” y “los contra”, pero no dice del gobierno, sino del “régimen cubano”. Esa expresión –que es la que habitualmente utiliza el grupo PRISA para referirse a Cuba, y que no emplea en cambio para aludir a gobiernos francamente contrarrevolucionarios como el norteamericano o cualquiera de los europeos--, sugiere que Calzadilla asume otra perspectiva, ¿la de la trasnacional PRISA?, ¿o es que los términos de “revolución” y “contrarrevolución” son las “categorías estériles” usadas por mí, a las que él se refiere con desdén?
3.    Pero, volviendo a la misma frase, ya que me acusa de querer dividir –cuando en realidad, lo que trato es de evitar que nos dividan--, Calzadilla acepta y asume una primera división: “los pro” y “los contra”, ya sean del “régimen” como él dice, o del Gobierno revolucionario, como creo yo. Lo que le molesta es que yo intente esclarecer esas posiciones; prefiere que permanezcan confundidas, camufladas, invisibilizadas, y que yo pueda dificultar la comunicación entre unas y otras. ¿Y por qué deben pasar desapercibidas?
4.    La línea de acción Calzadilla – Ted Henken y otros etcéteras, se esfuerza en cambio por introducir una nueva división, esta sí artificial, en el interior de “los pro”, al intentar excluir a los que son supuestamente más agresivos. ¿Qué entiendo por agresividad? El lenguaje “agresivo” de los anarcos, es música celestial para el capitalismo. El de los “ciberchancleteros”, puro folclor. La agresividad no radica en la forma, sino en los objetivos: agresivo es quien pretende tomar el poder e instaurar el capitalismo en Cuba, aunque me ofrezca una sonrisa o un abrazo; y yo, probablemente, lo soy porque no me quedo embobado con el abrazo de quienes pretenden desviar de rumbo al país, se declaren revolucionarios o no. La verdadera agresividad no es de formas, sino de intenciones: si ofreces un diálogo nacional “respetuoso” para reconstruir el capitalismo en Cuba, no me hallarás. Calzadilla quiere dividir a “los pro” –que conste que uso sus categorías--, para incluir a “los contra”. 
5.    A Calzadilla casi le da risa la idea de que existen “ideólogos de la subversión”. ¿Desconoce que el Gobierno estadounidense dedica grandes sumas de dinero a financiar proyectos para subvertir al Gobierno cubano? Está muy bien que nadie le pague –confío en que no--, es más digno; pero en asuntos graves servir a una “causa” sin proponérselo, sin saber siquiera que se le sirve, es imperdonable. De nada vale que digas: “no me agrada que me asocie con la derecha ni con el capitalismo”. Si defiendes a quienes defienden el capitalismo y son subvencionados por sus estructuras de poder (léase, a Yoani Sánchez) y atacas a quienes defienden el socialismo ¿qué puedes esperar? Si lo que defiendes es el derecho a defender el capitalismo, estás despistado: el 99 % de la prensa mundial ya lo hace, no necesita de ti. Tampoco a mí me pagan, pero en cambio he elegido concientemente las razones a las que sirvo. Ese es el fundamento de mi libertad.
6.    Es curioso que su anarquismo intente ubicarse en el centro. ¿Un anarquista de centro?, ¿existe una tercera posición entre capitalismo y anticapitalismo? Porque según Calzadilla, yo lanzo “un rayo contra el proyecto que consider(o) eslabón entre ‘los buenos’ y ‘los malos’: Havana Times. Achicharrando el centro solo quedarían las esquinas aisladas, asustadas y fácilmente manejables; listas para el golpe de gracia”, dice. En fin, estoy en una esquina, la de la izquierda, y no me siento asustado, ni soy manejable por nadie.
Estas son sus preocupaciones, transparentes como un arroyo de monte. Pasemos entonces a la pregunta central, ¿debemos defender al Gobierno cubano? He escrito y argumentado la tesis de que los cubanos que apostamos por el socialismo no somos “progubernamentales” en un sentido estrecho: defendemos al gobierno que representa la alternativa anticapitalista. De igual forma, los que se oponen al socialismo no son “antigubernamentales”: no tratan de cambiar de gobernantes, sino de sistema. Ello implica que debemos mantener una actitud crítica hacia el Gobierno revolucionario que representa la opción socialista. Pero implica también que asumimos un compromiso histórico, una responsabilidad compartida; que “somos parte” de este Gobierno. Derrocar al Gobierno cubano no es hacer ninguna revolución, es la manera más expedita de aniquilarla. Los revolucionarios no son “observadores”, son partícipes; no son conciencia crítica de nada, sino conciencia transformadora (Tesis 9 de Marx: “A lo que mas llega el materialismo contemplativo, es decir, el materialismo que no concibe la sensoriedad como actividad práctica, es a contemplar a los distintos individuos dentro de la ‘sociedad civil’”; Tesis 11 de Marx: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”). Si no asumes que este es tu Gobierno, y que debes luchar porque sea mejor, porque implemente las medidas correctas, si no lo defiendes con pasión revolucionaria (de la que no excluyo la crítica) ese pequeño Contrapoder desaparecerá, y tomará su lugar el Poder Global. Esa es la alternativa ante la que todos nos definimos, admitámoslo o no, de forma implícita o explícita.
Sobre este debate, vea:
EL FALSO MAPA DE TED HENKEN.
UBIETA QUIERE DIVIDIR Y NO LO PUEDE CONSEGUIR.
LA NUEVA IZQUIERDA ESCLARECE

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