viernes, 7 de septiembre de 2012

Una carta de un hijo contrarrevolucionario a su madre revolucionaria

Enrique Ubieta Gómez
A veces uno piensa que la contrarrevolución ha puesto ya todas sus cartas sobre la mesa. Y de repente aparece otra, escondida bajo la manga, una "contribución" que por lo general no la ayuda a ganar el "juego", porque desnuda su torcida manera de entender la vida. Pues bien, la contrarrevolución, ya que no puede negar que recibe dinero de estados enemigos y no quiere, claro, renunciar a él, se empeña en legitimarlo. A punto estaba de cerrar esta mañana mi blog para dedicarme a otros menesteres, cuando encuentro la "conmovedora" carta pública de un hijo contrarrevolucionario a su madre revolucionaria. Ella, dice el hijo, hubiese deseado que él fuese como los Cinco héroes; incluso, es entedible, con mejor suerte. "Trabaja", sin embargo, como "periodista independiente". No es un soldado del imperialismo, se defiende él, y define de esta manera sus lealtades: "El gobierno de Estados Unidos no quería destruir a la Revolución. Quería mantener sus propiedades, y luego, que no se consolidara una dictadura comunista. Lamentablemente, fracasó en ambos proyectos." Es un punto de vista curioso, no sé si deba usar todavía la palabra ingenuo. Las más asombrosas "ingenuidades" están por venir: "¿Te sentirías mejor si trabajara –pregunta–, en vez de para una “potencia extranjera”, para un diario de El Salvador, o de Jamaica? Seguramente no; pero es que a los salvadoreños y a los jamaicanos no les importa Cuba." Para este hijo que avergüenza a su madre, los Estados Unidos se interesan en Cuba por el simple hecho de que allí viven muchos cubanos. Ni siquiera es capaz de enlazar la primera oración citada con la segunda. Entonces construye una frase antológica, que no merece comentario: "Acusan a los periodistas independientes de mercenarios porque dicen que trabajan por dinero. Pero eso es lo justo, y lo moderno. Trabajar por miedo, y por comida… solamente los esclavos." Quiero finalmente destacar que no es una carta de amor a la madre, a la que acusa de servidora de "la tiranía". Acudo a la frase que ha puesto de moda mi amigo Taladrid: "saque usted sus propias conclusiones".

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