sábado, 8 de agosto de 2009

Sobre mentiras e interpretaciones

Traigo a mi blog la réplica de Rafael Rojas en Kaos en la Red a mi artículo "Las mentiras de Rafael Rojas" --originalmente aparecido aquí--, y mi contrarréplica.

I
Mentiras no, interpretaciones.

Rafael Rojas
No voy a imitar a Ubieta diciendo que quien miente es él. Me limitaré a mencionar sólo tres, entre sus muchas interpretaciones equivocadas. 1. Antes del golpe, Zelaya aceptaba que el propósito de la consulta popular de la "cuarta urna" era sondear la opinión pública sobre múltiples reformas constitucionales, incluida la reelección. En entrevista con Blanche Pietrich, para el periódico La Jornada, Zelaya preguntó con razón qué problema habría con la reeleción si Uribe en Colombia y Cardoso en Brasil lo habían hecho. La idea de la reelección siempre ha estado ahí, aunque Ubieta lo niegue. 2. En ningún momento de mi artículo se sostiene la tesis del "golpe legal" ni se afirma que Cuba y Venezuela pidan una "intervención militar". Lo que han pedido Fidel Castro, Hugo Chávez y el propio Zelaya es que Estados Unidos corte toda colaboración económica con Honduras, lo que equivale a un bloqueo, es decir, a un uso de la fuerza. A eso Ubieta y otros defensores acríticos del socialismo cubano le llaman "guerra económica". 3. Como ha reconocido el propio Zelaya, Estados Unidos se opuso al golpe por medio de declaraciones de su presidente, su Secretaria de Estado, su embajador en Tegucigalpa -quien apoyó a la familia del presidente derrocado- y de limitaciones de visas para representantes del gobierno golpista. El apoyo a la solución de Arias, que rechaza Micheletti y acepta Zelaya, es también una oposición al golpe de Estado. Entre las malas interpretaciones que abundan en este y las decenas de artículos que Enrique Ubieta ha escrito contra mi trabajo y mi persona, algunas son producto de su estrecha comprensión ideológica de los problemas contemporáneos de América Latina -afirmar, por ejemplo, que toda derecha es autoritaria y toda izquierda es democrática- pero otras son producto de la mala fe y de la autoritaria costumbre de debatir ideas por medio de la descalificación política o moral de quien las sostiene. A este segundo grupo de malas interpretaciones pertenece la afirmación de que yo formo parte de la "derecha cubano americana" que ha respaldado el golpe contra Zelaya. En mi artículo nunca se justifica o se respalda el golpe en Honduras: se critica abiertamente a Micheletti y su gobierno ilegítimo, pero también se critica el papel de Fidel Castro y Hugo Chávez en ese conflicto centroamericano. Esa doble crítica es inconcebible en el pensamiento maniqueo de Ubieta y tantos otros "socialistas" cubanos. Yo vivo en México y no pertenezco a ninguna organización política del exilio cubano. Trabajo en una institución académica de este país, el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), desde hace trece años, y mis ideas políticas no representan a ningún partido u organización de México o cualquier otro país.

II
Interpretaciones no, mentiras.
Enrique Ubieta Gómez
La llamada cuarta urna contenía, como sabe Rojas, una consulta a la población para saber si estaría dispuesta o no a ser consultada para decidir entonces si se efectuaba o no una reforma constitucional, que a su vez tendría que ser refrendada por el voto popular. Las dos consultas siguientes, que eran las decisivas, se hubiesen efectuado –caso de que el pueblo dijera que sí a la primera--, después de que Zelaya hubiese concluido su mandato, o días antes, pero en todo caso no afectaban su salida del poder. En realidad, lo que preocupaba a la oligarquía hondureña y a la embajada norteamericana no era el tema de la reelección –sobre el que guarda prudente silencio el gobierno norteamericano en el caso de Colombia--, sino la posible reforma de una constitución que salvaguarda los intereses de una oligarquía semi-feudal (y de un enclave geopolítico de Estados Unidos, con numerosas bases militares) en el país más pobre de América. Pero todavía hay un punto importante, que los “defensores” de la democracia escamotean: si el pueblo dice que sí, que quiere reformar la Constitución, ¿eso no es democracia?, ¿cómo pueden establecerse argucias leguleyas que impidan al pueblo expresar su voluntad? Hablo de mentiras y no de argumentos, porque Rojas no ignora lo que digo. Su rechazo a un posible bloqueo económico a Honduras por parte de Estados Unidos me conmueve, sobre todo en alguien que apoya el bloqueo económico contra su propio país o que maneja su posible cese solo en tanto pueda servir de instrumento para derrocar a su gobierno. Los médicos cubanos por cierto siguen brindando sus servicios al pueblo hondureño. Y sin embargo, esa no es la esencia del problema: como ideólogo que es, sabe que en Estados Unidos una cosa es lo que dicen los mandatarios y otra lo que hacen, y que el golpe de estado –al parecer inicialmente concebido como arresto y deposición “legal”--, fue auspiciado por el embajador LLorens y por círculos estadounidenses de poder, lo suficientemente fuertes como para actuar con impunidad. Digo más: lo suficientemente fuertes como para pasear por territorio norteamericano a los golpistas y cabildear una “mejor” comprensión de sus móviles. Si Obama ha sido por lo general bastante explícito en su condena, no así Hillary Clinton, y el llamado al diálogo con los golpistas es un funesto antecedente que por supuesto, conviene a Estados Unidos. Significa dialogar con personas que ya han asesinado y que preparan escuadrones paramilitares para reprimir al pueblo. Sabe también Rojas que Estados Unidos ignoró la decisión de la OEA –por primera vez, o por segunda, después del insólito levantamiento de sanciones a Cuba, adversa a los intereses de Washington--, para jugarse la carta del diálogo con Arias, un hombre de su confianza (me abstengo aquí de explicar por qué). Por último, ya lo he dicho otras veces: su posicionamiento en la derecha es algo que confesara Rojas en algunos artículos anteriores –podría buscar las citas--, y su exacta ubicación en la derecha cubano-americana no es el resultado de su lugar de residencia, ni de su pertenencia a un partido u organización concretos, sino de pensamiento. La defensa del imperialismo norteamericano –dondequiera que esté--, es para Rojas una tarea sagrada. Esas son las razones por las que hablo de mentiras y no de interpretaciones.

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