sábado, 13 de abril de 2013

Una explicación científica y una réplica no científica para el Halo Solar (no era un arcoiris, ¿o sí?)

Orfilio Peláez
Granma
Foto: Yuliat Danay Acosta
Un singular fenómeno óptico conocido como Halo Solar, despertó el interés de muchos cubanos en la tarde de ayer, al apreciarse en el cielo desde Pinar del Río hasta Camagüey una brillante circunferencia luminosa que rodeaba al Astro Rey.
Tan llamativo espectáculo ocurre cuando la luz del Sol se refracta al atravesar pequeños cristales de hielo en suspensión en la parte alta de la tropósfera. Usualmente ese anillo circular tiende a mostrar un color rojizo hacia adentro, mientras en los bordes aparecen combinaciones de tonalidades, como si fuera un arcoíris.
Resulta oportuno mencionar que por un efecto similar se produce también el denominado Halo Lunar. Ambos eventos naturales han sido observados en Cuba en ocasiones anteriores.

UN ARCOIRIS PARA EL SOL
Sheyla Valladares
Blog Criatura de Isla
Ahora mismo desde La Habana si miras al sol descubres que lo rodea, en un círculo perfecto, un arcoiris. Y no me interesa saber el nombre científico de la magia -halo solar-, ni de las causas que trajeron este milagro raro que nos hace mirar al cielo con una persistencia mayor que la habitual -refracción de la luz del sol provocada por  cristales de hielo en suspensión en la Troposfera-, ni de que este es un lugar raro para que ocurra este tipo de hechos – no estamos en Alaska- como si esta ciudad y sus gentes no se merecieran la oportunidad, la algarabía, la risa cómplice por las cosas pequeñas, los presagios de cosas venturosas para todos.
Y no es el fin del mundo, ni es un ovni sobrevolando la ciudad con su estómago lleno de criaturas extrañas listas para colonizarnos. Son cristales de hielo, es el sol alumbrando una ciudad con una compañía inusual, es la magia, casi el milagro, el misterio. A veces sobran las explicaciones y las advertencias. A veces basta salir a mirar el arcoiris que rodea el sol, antes de que sea algo que otros te cuenten, salir a mirar el sol y quedarte ciego, porque eso es lo que hace la belleza, cegarnos un poco, dejarnos con la duda de que si todo lo que vimos pudimos llevarlo en las pupilas, con nosotros, para cuando nos haga falta ponerlo de escudo contra lo horrible.

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