jueves, 17 de febrero de 2011

Intercambio en Viena.

Anna Chapman, una espía rusa posmoderna, posa para la revista Maxim: "Agente 90 - 60 - 90. En tomas exclusivas para sus ojos", dice el cintillo de portada.
Jorge Wejebe Cobo.
Tomado de La Calle del Medio 33
León Panetta es el octavo director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA,) de la era pos soviética, tiene 72 años, es un político y académico que en el verano del 2010 recurrió a viejos especialistas de la época de la Guerra Fría en intercambios de espías, para una operación de contraespionaje que incluía la detención de diez agentes de la inteligencia rusa en Estados Unidos predestinados a ser canjeados por cuatro colaboradores de los servicios secretos estadounidenses presos en cárceles de ese país.
La detención de los agentes se efectuó el 27 de junio, en la Ciudad de Arlington, Viriginia, pocas horas después de concluir la visita del Presidente ruso Dimitri Medvedev el 25 de junio del 2010 a Estados Unidos, calificada como un éxito por ambas partes aunque el espinoso asunto no fue abordado por su homólogo Barack Obama en las conversaciones privadas que sostuvieron, según la Casa Blanca.
El Buró Federal de Investigaciones (FBI) divulgó que los detenidos eran vigilados desde hacia más de diez años mediante la intercepción de mensajes codificados por Internet, seguimiento a sus movimientos, registros secretos en sus domicilios, aplicación de micrófonos ocultos y hasta habían detectado sus contactos clandestinos para entregar información.
Además, los investigadores declararon que la misión de los espías era sembrarse en niveles importantes de la política, los negocios y se interesaron por información sobre la guerra en Afganistán y el terrorismo y otros temas relacionadas con la seguridad nacional de Estados Unidos, aunque calificaron de poco importante el resultado alcanzado, por su poca profesionalidad.
La versión oficial no explicó la razón de tan dilatada y costosa investigación, probablemente una de la más largas de la historia del FBI, sobre una supuesta “banda de aficionados y vividores” como fueron calificados en medios de prensa en Estados Unidos y otros países.

Diplomacia de la CIA
El Director de la CIA fue encargado de iniciar las negociaciones con altos funcionarios de la inteligencia rusa con el cuidado de no lesionar las relaciones entre los dos países, que acababan de firmar el tratado de limitación de armas nucleares SALT 2 y requería de su ratificación por la parte rusa.
Además, para los estadounidenses era vital lograr que Rusia no entregara armamento pesado a Irán y especialmente los modernos sistemas antiaéreos S-300 que convertirían en un infierno el cielo iraní para los aviones estadounidenses e israelíes ante un eventual ataque por sorpresa. Posteriormente, el 22 de septiembre del 2010, el mandatario ruso prohibió la venta de armas al país persa por el desarrollo de sus planes nucleares, según afirmó una declaración oficial.
También para Estados Unidos y sus aliados empantanados en la guerra de Afganistán es importante lograr la colaboración rusa en Kirguizistán, país cercano al escenario bélico y el único en el mundo donde ambas potencias poseen bases militares, por lo que un acuerdo futuro en ese sentido sería fundamental para establecer y ampliar una retaguardia y vías de abastecimientos a las tropas norteamericanas y de la OTAN que combaten a los rebeldes afganos.
En este delicado escenario, León Panetta, Director de la CIA, se comunicó con altos ejecutivos de la inteligencia rusa proponiendo el intercambio de sus agentes por los ex coroneles Alexander Zaporozhsky, condenado a 18 años de prisión por espionaje y Serguei Skripal, de los servicios de inteligencia, que purgaba una pena de trece años de prisión desde el 2006. También se incluyeron a los reclusos Gennadi Vasilenko, ex funcionario de los servicios secretos y al analista en armas nucleares Igor Sutyagin, según informó la agencia AP.
El trato fue aceptado y las partes aclararon que el incidente no deterioraría las relaciones y acuerdos alcanzados y en menos de 15 días de ser detenidos, la justicia norteamericana permitió la expulsión de los agentes que no fueron instruidos de cargos de espionaje y los rusos amnistiaron a los ex colaboradores de la inteligencia estadounidense.

La fina ironía de Anna Chapman.
En el aeropuerto de Viena el 9 de julio coincidieron a la misma hora dos aviones provenientes de Rusia y Estados Unidos, con los agentes que se intercambiarían. Las naves se acercaron y fuera del alcance de la prensa y de los curiosos se realizó el trasvase de pasajeros. Los agentes rusos a su llegada a Moscú fueron condecorados en el Kremlin en una discreta ceremonia por el Presidente Dimitri Medvedev y recibidos por el Primer Ministro Vladimir Putin quien tuvo palabras de elogio para los recién liberados por las misiones que cumplieron y les auguró que retomarían con plenitud y éxito sus nuevas vidas.
Entre los condecorados se encontraba Anna Chapman, una joven pelirroja de 27 años, casada con un inglés del cual tomó su apellido y ejecutiva exitosa de una empresa de computación y un banco en Estados Unidos, quien por su singular belleza fue blanco predilecto de campañas de la prensa norteamericana que la calificaba de “nueva Mata Hari”, que se ofrecía a importantes hombres de negocios para obtener información y ascender en su carrera, sin tener mayores cualidades intelectuales para el trabajo clandestino.
La inculpada no tomó demasiado en serio las injurias y accedió a aparecer en ropas interiores, posando con una pistola al estilo de James Bond en la portada de la revista Maxim, una versión rusa de Play Boy, lo que muchos consideraron una fina ironía no exenta de glamour posmoderno, con el que culminaba esta original historia de espionaje.

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