sábado, 5 de febrero de 2011

Las malas predicciones.

Enrique Ubieta Gómez
¿Será cierto que los histéricos cobradores del dinero destinado a la subversión se han creído las tonterías que escriben? Una cosa es suscribir mentirillas y panfletillos contrarrevolucionarios en El Nuevo Herald, El País o Penúltimos días, para cobrar honorarios indignos, y otra, que el efecto que esperan producir en los lectores se revierta en ellos. Son patéticos los videos que cuelgan entusiasmados los provocadores desde Miami y Madrid: sin la menor intención de desembarcar en las playas cubanas --imagínense, a unos días del 50 aniversario de la victoria de Girón--, quieren echarnos a pelear entre nosotros.
Hay españoles y cubanos --franquistas, aznaristas y bushistas, que es lo mismo; --, dispuestos a vestir nuevamente el uniforme rayado de los "voluntarios", ese cuerpo militar que los colonialistas emplearon en Cuba para reprimir a los independentistas, aunque solo sea para salir en televisión o en videos difundidos en Internet (la guerra, la única para la que tendrían "pelotas" estos señoritos, es virtual). Yo soy más español que todos ellos --aunque no haya nacido en España, ni considere por un instante la posibilidad de obtener la ciudadanía de un país que traiciona a sus hijos (como se evidenció en el caso del periodista José Couso)--, y estaría dispuesto a morir por la República, por la que pelearon y murieron alrededor de mil cubanos apenas unas décadas después de expulsar a los "voluntarios" de entonces. Como aquellos, los de ahora prefieren vendernos a Estados Unidos antes que vernos libres. Soy más catalán --aunque mi apellido sea vasco--, que Joan Antoni Guerrero, que ante la carencia de un trabajo digno en el periodismo español con el que ganarse la vida, ha optado por hacerlo a costa de Cuba en Radio y TV Martí, espacios estatales estadounidenses, como fiel oficialista del imperialismo. Pero sobre todo, soy más cubano que su amigo Hernández Busto --y no divido a los cubanos por "simples" diferencias políticas--, porque aboga por el bloqueo, y sueña con la invasión armada del imperialismo contra su país. Todo --invasiones y derramamientos de sangre--, mientras él espera en Barcelona la orden para arribar "victorioso" en un portaaviones estadounidense.
No soy vocero de nada --hasta el momento no me han nombrado en ese honroso cargo--, ni necesito orden alguna para defender a mi Patria, que es el lugar de mis amores y el proyecto de justicia que inspira mi vida y la de la mayoría de los cubanos. Entonces, ¿creen de verdad estos mercenarios que los cubanos quieren derrocar a la Revolución y entregar el país a los monopolios estadounidenses? Yoani, desesperada, reitera la pregunta que los lectores sensatos tendrán que hacerse: si todos los días El País dice que el cielo está a punto de desplomarse en Cuba --y son ya muchos años con la misma historia--, ¿por qué el cielo se desploma en otros lugares, sobre los que PRISA nunca había publicado nada, y no en la isla rebelde?, ¿por qué en Cuba no ocurre algo así? O son muy malos analistas o son muy mentirosos estos defensores del imperio, que ahora quieren mediatizar la revuelta popular árabe: el pueblo egipcio --y ellos lo saben--, también pelea contra ellos.

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