miércoles, 31 de octubre de 2012

Alí Primera: tejer las redes desde abajo



Estos son fragmentos de una larga conversación grabada –aquí reproducida en forma de monólogo–, que sostuve con Blanca Eeckhout en julio del 2005. Ella era entonces la directora de Vive TV y es hoy vicepresidenta de la Asamblea Nacional. Sus palabras están recogidas en mi libro Venezuela rebelde (2006). Las traigo nuevamente para homenajear a ese extraordinario cantor popular que fue Alí Primera (Venezuela, 1941 - 1985), en el aniversario 71 de su natalicio.


FRAGMENTO DE CONVERSACIÓN CON BLANCA EECKHOUT
Enrique Ubieta Gómez
Nosotros tenemos un cantor que está más vivo que nunca, Alí Primera, y hay una metáfora bien linda, que decía que Alí era el bautista, el que anunciaba la llegada. Alguna vez hice un poema sobre eso, porque me impresionó… Cuando pasó esto del 92 yo entendí a Alí, sabes que no lo entendía, lo amaba como todo el mundo, pero yo tenía una formación de izquierda en la que el pensamiento bolivariano no era el que tenía más vigencia, ni en el Partido Comunista ni en ningún lado era Bolívar, sino la propuesta del proletariado, y de repente este tipo que nunca quiso aparecer en los medios, no solo que los medios no le dieran acceso que es lo que dicen a veces, no, nunca quiso aparecer en los medios, Alí dijo, no aparezco. Y él hizo lo que después hizo el Presidente, que fue tejer las redes desde abajo. Y yo digo que esto es muy importante para entender cómo se comunica este pueblo, porque por mucho tiempo parecía que los medios eran el gran poder, todavía parecen ser el gran poder, aún nuestros políticos funcionan a través de esa lógica, y legitiman esos medios, pero Alí, el cantor más conocido de todo el pueblo venezolano, jamás apareció en ninguno de esos medios. Él estaba tomando cada calle, no hubo teatrito o esquina de Venezuela, no hubo pueblo en que Alí no hubiese estado con su cuatro cantando, se hacía amigo de todo el mundo, eso mismo fue lo que hizo después el Presidente.
Nuestra comunicación es afectiva, es decir, cuando aquí la gente fue a salvar al presidente –a lo mejor es un poco complicado decir esto–, no estaba salvando la Revolución, ni la democracia, ni el sistema –sí había algo de eso porque es un pueblo conciente–, estaba sobre todo salvando la vida del presidente que era su hermano, su amigo, su compañero; había pancartas que decían: “devuélvanme a mi loco”, porque todo el tiempo hubo una descalificación del presidente, pero desde el inicio lo que había era un afecto enorme por este hombre que se metió en las mismas redes que Alí Primera, en cada pueblito, sin los medios de comunicación, sino tejiendo esa gran red y conociendo a la gente, mirándola a los ojos, y cada persona que había conocido a Alí Primera o al Presidente asumía que él era su amigo, sentía que era importante para él. Eso es imposible a través de los medios para los que tú no existes pues, donde hay uno que habla y millones que escuchan [...] Era un líder del que tú decías está metiendo la pata, ¿así se gobierna?, ¡con eso no, Chávez! La gente confrontándolo, sintiéndolo como un igual que es capaz de meter la pata. Hey, vale, es que Chávez es así de ingenuo. Y todos lo cuestionan como algo natural. Como se cuestiona a un igual, a alguien que le tocó el papel de estar ahí, y tú lo estás defendiendo.
Nuestros barrios siempre estuvieron asociados a la delincuencia, a la violencia, al consumo de drogas, al no se qué, y no aparecían de ninguna manera en los medios hasta que había un asesinato. Toda esta campaña mediática justificaba una represión política feroz, porque obviamente los barrios eran los puentes de mayor subversión del orden, pero esas luchas eran estigmatizadas, todo el tiempo negadas y convertidas simplemente en problemas de drogas, de delincuencia. […]
Hay una canción muy linda –con Alí Primera puedes construir la historia de este país–, que cuenta la historia de un campesino al que se le promete una vida mejor a través de las grandes vallas, y termina construyendo su rancho en Caracas con latas de anuncios de la Ford, de la Chevrolet, construye su casa con la propaganda, y entonces la historia es cómo este campesino muere en Caracas asesinado por la policía.
Es que empezaron a vender un modelo de vida cuya única opción era la gran ciudad, Caracas, y te negaban cualquier otra posibilidad. La represión en el campo, en el teatro de operaciones de la guerrilla, diezmaba a la población campesina. Los terratenientes ocupaban espacios, y golpeaban al campesinado, mientras el Estado los abandonaba y conducía una política de reforma agraria que era una farsa, pues lo que hizo fue entregar tierras del Estado a pequeños campesinos, sin créditos, sin escuelas, que luego tenían que vender a los italianos, a los poderosos, lo cual fue una forma de despojar al Estado de una enorme cantidad de tierras, entregadas a campesinos que no podían sostenerla. Además, necesitaban un ejército de reserva en Caracas, porque aquí había un movimiento obrero, rojo, de izquierda, que se conformó durante la dictadura de Pérez Jiménez, y que estaba muy influenciado por el Partido Comunista. […]
Pero en los años de la democracia representativa la represión fue absoluta. Como la gente no tenía la titularidad de la tierra –que se vinieron del campo a la ciudad–, el partido AD terminó teniendo muchos líderes que se encargaban de entregar las latas de zinc, etc., gente totalmente controlada por el partido para desarticular al movimiento de trabajadores. La gente de los cerros no era considerada como ciudadana, no estaba censada; ahorita con la titularidad de la tierra que se dio a través de los comités de tierra urbana, se produjo una de las reivindicaciones históricas de mayor dimensión en este país, porque esta gente no existía.
Esta era la ciudad al margen, el cordón de miseria, y sin embargo, es una población extremadamente importante. Venezuela fue por varios años uno de los primeros países en asesinatos ligados a los cuerpos de seguridad. No había pena de muerte, pero aquí se mataba hasta diez personas diarias por los cuerpos de seguridad del Estado. Pero como la represión era hacia estas zonas populares, que ni siquiera aparecían en cartografías, no estaban censadas, no eran parte de la ciudadanía, eso no tenía ningún tipo de impacto. De hecho esto es lo que “justifica” que la masacre del 27 de febrero del 89 no fuera considerada masacre –hubo 3 000 muertos en dos días, y nunca pasó nada, aún hoy no ha pasado nada–. […] El 27 de febrero del 89 no hubo líder, claro no había rumbo, tampoco había un camino. Pero hubo una protesta que fue de las primeras en el mundo en contra de la política neoliberal. Y fue una fiesta colectiva. La gente fue y se cagó en todos los valores del sistema. Empezó a buscar lo que tanto le habían ofrecido, pero no fue con dinero, sencillamente fue y lo tomó en grupos. La gente del barrio tomaba un camión y con el camión iba al sitio y luego salía a repartirlo. Me contaba uno de los muchachos del barrio que agarraron un camión grandísimo y el chico que estaba en el camión estuvo dando vueltas, iba y venía trayendo cosas y las repartía, hasta que al final se dio cuenta de que nunca agarró nada para él. Estuvo repartiendo todo el tiempo y la emoción de estar repartiendo cosas, todo lo que te había sido negado, pero que por otro lado el televisor decía que el único sentido de la vida, la única forma de ser persona, era poseyendo esas cosas, no solo las estabas obteniendo, sino que las estabas dando a otros. Era una fiesta. La gente salía a celebrar en la calle el acto colectivo de rebelión.

CASAS DE CARTÓN
Alí Primera
Qué triste, se oye la lluvia
en los techos de cartón
qué triste vive mi gente
en las casas de cartón

Viene bajando el obrero
casi arrastrando los pasos
por el peso del sufrir
¡mira que mucho ha sufrido!
¡mira que pesa el sufrir!

Arriba, deja la mujer preñada
abajo está la ciudad
y se pierde en su maraña
hoy es lo mismo que ayer
es un mundo sin mañana

Qué triste, se oye la lluvia
en los techos de cartón
qué triste vive mi gente
en las casas de cartón

Niños color de mi tierra
con sus mismas cicatrices
millonarios de lombrices

Qué tristes viven los niños
en las casas de cartón
qué alegres viven los perros
en casa del explotador

Usted no lo va a creer
pero hay escuelas de perros
y les dan educación
pa' que no muerdan los diarios
pero el patrón,
hace años, muchos años
que está mordiendo al obrero

Qué triste se oye la lluvia
en las casas de cartón
qué lejos pasa la esperanza
en las casas de cartón 

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