viernes, 4 de enero de 2013

El largo siglo del imperialismo

Fragmento de mi libro La utopía rearmada (Casa Editora Abril, 2002, Premio de la Crítica)
Enrique Ubieta Gómez
Quizás algún lector sonría ante mi “extemporánea” mención del imperialismo con esa expresión impaciente que adoptamos ante las cosas rancias, envejecidas; ese lenguaje, dirá, pertenece a la época ya superada de la guerra fría. Puedo entenderlo. La propaganda unipolar y omnímoda del imperialismo nos ha hecho creer, paradójicamente, en su inexistencia. Incluso un autor serio como Eric Hobsbawn, que no ignora el fundamento económico de la historia, procedente él mismo de las muy heterogéneas izquierdas europeas del siglo XX, un típico intelectual del siglo que historió y que simbólicamente redujo a las décadas que van de 1914 a 1991 --inicio de la Primera Guerra Mundial y desintegración de la primera experiencia socialista de la humanidad-- desde una perspectiva eurocéntrica, no ve en lontananza más que grandes hombres y grandes potencias en acción (1). Lo demás, es pura comparsa. El imperialismo se diluye en las páginas de su libro en anécdotas, conspiraciones y pugnas políticas. Las revoluciones son el resultado del desempeño habilidoso de ciertos líderes. La descolonización se debe a la súbita toma de conciencia de la juventud primer mundista. Porque no se enfrentaron dos movimientos políticos contrapuestos, el comunismo y el capitalismo, sino dos superpotencias similares en sus ambiciones hegemónicas. Sobre el tablero de ajedrez de la geopolítica mundial, han jugado soviéticos y norteamericanos, ganando y perdiendo sucesivamente sus zonas de influencia.
Hobsbawn nos escamotea, sin embargo, una de las características más importantes del siglo: la mundialización del capitalismo hizo protagónica la participación de las masas y de los pueblos explotados en el escenario mundial. China, Viet Nam y Cuba, sin importar en este caso las diferencias en territorio y población, no fueron nunca piezas alternativas sin motor propio en el supuesto tablero. ¿Qué papel jugaron o pueden jugar todavía los Países No Alineados, por ejemplo? ¿De dónde y cómo surgió esa multitud de individualidades descollantes y diversas: Mahatma Gandhi, Mao Se Tung, Ho Chi Minh, Amílcar Cabral, Nelson Mandela, José Carlos Mariátegui, Ernesto Che Guevara, Salvador Allende, Fidel Castro, entre otras?
"¿Cuál es la contradicción principal de la época? –se había preguntado el Che durante su estancia en el Congo–. Si ésta fuera la de los países socialistas y los imperialistas o entre éstos y sus clases obreras, el papel del llamado tercer mundo se vería muy disminuido. No obstante, hay cada vez más serias razones para considerar que la contradicción principal es entre naciones explotadoras y pueblos explotados. No estoy en condiciones de iniciar aquí un intento de demostración de este hecho y de cómo no se opone a la caracterización de la época como de paso al socialismo (...) Lo dejo como una suposición que la práctica indica."
El imperialismo –en su manifestación histórica y concreta, puesto que Roma fue también un imperio– no surgió en 1914, fue previsto por Martí desde su específica cosmovisión teórica, frente a objetivos libertarios concretos en las décadas finales del siglo XIX; tuvo su primera irrupción bélica internacional en 1898; fue caracterizado científicamente por Lenin como fase superior del capitalismo, y no desapareció sino que acentuó su presencia mundial en 1991. ¿Qué siglo XX concluyó ese año? Finalizó, es cierto, una época histórica esperanzadora, pero no terminaron las contradicciones sociales que le dieron origen y no terminará todavía el enfrentamiento de las dos “opciones” políticas que tuvo el siglo y que tendrá el próximo: la opción de la solidaridad, y la del egoísmo.
"La humanidad necesita soluciones y en esta sociedad no las encuentra --me comentó en noviembre del 2000, durante una visita a La Habana, el economista y teólogo alemán Franz Himkelamert, quien reside en Costa Rica--. Si esto se llama socialismo, está bien. No estamos optando, vendrá porque es necesario. Necesitamos soluciones para los problemas de la humanidad y éstas no pueden ser capitalistas, porque es el capitalismo el que en su lógica los produce."

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