domingo, 28 de junio de 2009

Honduras: solo el pueblo podrá revertir el golpe de estado

E. U. G.
El presidente de Honduras ha sido secuestrado en su residencia por militares armados y conducido, según algunas versiones, a una base aérea. Se inicia en ese pequeño estado centroamericano, en pleno siglo XXI, un golpe de estado. Reviso los titulares de la prensa “democrática” y encuentro algunos verdaderamente ejemplares (quiero decir, ejemplos de falacia y de hipocresía): el órgano de PRISA en Miami, El Nuevo Herald, no se ha enterado todavía del suceso, y en cambio mantiene una afirmación espuria, preparatoria, de titular: “Zelaya ignora oposición generalizada”. Sin dudas, es general la oposición de la aristocracia hondureña a una posible reforma constitucional que afecte sus intereses antinacionales. Sin embargo, el apoyo de la población a Zelaya es inmensamente mayoritario. ¿Y a qué se oponen los representantes de la “democracia”? ¡A una consulta popular! No se oponen a medidas arbitrarias, o al desconocimiento de la voluntad del pueblo (supuesta base de toda democracia), sino por el contrario, a que se tome en cuenta esa voluntad. El órgano de PRISA en España, El País, no habla de golpe de estado, palabras anacrónicas que suscitarían el rechazo inmediato de los lectores: dice “detenido” el presidente hondureño y la palabra adquiere cierto matiz leguleyo. Si se busca “golpe de estado” en Google, nada referente a Honduras aparecerá. Nada puede esperarse de los medios que defienden intereses trasnacionales, nada podrá esperarse de ningún gobierno “democrático” europeo, ni de Zapatero, cínico y escurridizo, ni de Obama, más blanco ahora en su silencio de zorro, a la espera de la presa que humilló al imperio en la pasada Cumbre de la OEA. Solo el pueblo hondureño y la más amplia solidaridad internacional de los pueblos de América Latina y del mundo podrán frenar esta violación de la democracia. ¿Quieren que los pueblos tomen nuevamente las armas? La democracia es una casa de espejos, de esas que existen en los parques de diversión, en las que uno puede ver su propio cuerpo de diferentes
formas: gordo, flaco, alto, bajo, etc. Los espejos proporcionan la ilusión necesaria de pluralidad: yo escojo una imagen, cualquiera, pero no puedo elegir a “otra persona”. Cuando algún intruso repara la “deficiencia” y sustituye los espejos por verdaderas opciones, gritan desesperados que se ha violado “la democracia”. La casa de espejos se hizo para conservar el capitalismo. Chávez, Evo, Correa, Ortega, Zelaya, son intrusos. No nos dejemos confundir. ¡Viva el Gobierno del Pueblo! Defender a Zelaya ahora, con las palabras, con las armas –más justas ahora que la Justicia sorda, ciega y muda--, con las piedras, con el corazón. Hay que defender al hombre que encarna la voluntad popular, más allá de cualquier discrepancia, de cualquier criterio que nos divida.

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