martes, 2 de marzo de 2010

Las amenazas, ah, las amenazas. (Otra epístola solidaria).

Mi querido amigo Enrique Ubieta, con preocupación, aunque sin sorprenderme, he leído el panel de amenazas que colocas en tu blog. Expresan un odio vengativo criminal que no acusa tantos antecedentes en la historia de la humanidad. Para ellos, el futuro de Cuba pasa, sin remedio, por una activación permanente de patíbulos; una orgía de golpizas, ejecuciones, atrocidades sin fin y sin coto. Por si no fuese suficiente, rescatan toda la tradición homofóbica del más condenable de los machismos y demuestran hasta qué grado raigal sólo les importa el asunto del poder. Pero también, mira tú qué paradójico, acusan cuánto le temen a que existan personas capaces de defender, y de arriesgarse, por el socialismo, por la sociedad que busque la justicia para todos con la menos cantidad de privilegios. Esas reacciones de vulgar intimidación son, en esencia, de animalidad salvaje: revelan el miedo interno que el alma les congela. No pueden aferrarse a un debate de mediana profundidad, no sólo porque la mayoría de los cacareadores contrarrevolucionarios no pasan de un domeñado ABC político, sino porque, cuanto más profundo llegue a ser el debate acerca del socialismo, y del legado de la revolución cubana, menos argumentos conseguirían mantener vigentes. Necesitan el revuelo mediático y no escatiman a la hora de defender a delincuentes oportunistas por delante de intelectuales conscientes, si es que eso les va a atenuar su miedo.Quiero decirte, amigo mío, que me siento igualmente amenazado por esa curia de criminales (tal vez no todos solamente en el plano simbólico-mediático). Para no evadir mi responsabilidad intelectual, y compartir contigo el desafío, te pido que coloques en tu blog mi nota. Jorge Ángel Hernández

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