miércoles, 22 de julio de 2009

Debate sobre el neoconservadurismo en Estados Unidos

Por la actualidad e importancia de las temáticas abordadas, reproduciré fragmentos del debate académico que suscitó la defensa del doctorado en ciencias políticas de Eliades Acosta Matos. Como es muy extenso, seleccionaré para cada ocasión una pregunta con su respuesta.

DR ANTONIO AJA: Más allá de las opiniones y debate acerca de si los Estados Unidos son o no un imperio en el siglo XXI, ¿considera a la política e ideología neoconservadora, como fundamentación y expresión práctica de lo que podría ser un estado imperial en el contexto de las actuales relaciones internacionales?

ELIADES ACOSTA MATOS: Sin dudas, solo acotar que el neoconservadurismo, como se analiza en el libro que da pie a la defensa de este Doctorado (se refiere a El apocalipsis según San Georges, La Habana, Casa Editora Abril, 2006) en lo fundamental, su variante norteamericana, y por tanto, porta en sí, y expresa, los rasgos evolutivos del imperialismo norteamericano en las condiciones del Siglo XX e inicios del XXI. Existen otras expresiones neoconservadoras en la política y el panorama ideológico canadiense, japonés, australiano o británico, incluso español, en este último caso, el que expresa una institución como FAES, del Partido Popular del ex presidente José María Aznar. Tampoco incluye sus expresiones oportunistas y miméticas, como la de algunos representantes de la contrarrevolución ilustrada cubana que, aún de manera vergonzante, se suscriben, en la práctica y en la ideología, al neoconservatismo.
Inicialmente formado como grupo intelectual disidente de la izquierda, ha logrado imponerse como tendencia dominante en la llamada “corriente principal de la derecha estadounidense”, expresando de manera más orgánica, concentrada y eficaz los intereses, las actitudes, ideas y proyectos del imperialismo norteamericano en las condiciones del mundo contemporáneo, especialmente tras la llegada al poder de Ronald Reagan, la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría.
Como fuerza y expresión de pensamiento político, el neoconservatismo representa los interese económicos de las grandes corporaciones del Oeste, vinculadas a los negocios del petróleo, la construcción, la especulación de bienes raíces, las nuevas industrias de alta tecnología aeroespacial, la electrónica y la del entretenimiento, que han resultado dominantes en la economía norteamericana y mundial de las últimas décadas.
Podemos detallar, a manera de ejemplos, dos rasgos del neoconservatismo norteamericano clásico que le permitieron imponerse como expresión del imperialismo, pues en estos momentos se encuentra en fase de ajustes y transformación, tras la victoria electoral de Barack Obama, el avance de las ideas socialistas y de izquierda en América Latina y otras partes del mundo, el ascenso de las luchas sociales y la resistencia de los pueblos, y muy especialmente, el impacto de la crisis económica, ambiental, financiera, ideológica, simbólica y de gobernabilidad en que está sumido el país, tras dos períodos de una administración republicana neoconservadora fracasada, como fue la de George W. Bush:

1. A su carácter espontáneo inicial se sumó la rápida manipulación de las elites de la derecha, del Complejo Militar-Industrial y de las agencias de inteligencia, inmersas en la Guerra Fría, la lucha para enfrentar la contracultura y los movimientos sociales dentro del país, y el ascenso universal de movimientos anticolonialistas y de liberación en el Tercer Mundo. Esto significa que mediante técnicas “de laboratorio” se potenciaron sus rasgos más necesarios y se apartaron aquellos que lo hacían ineficaz, pudiendo afirmarse que una buena parte de su eficacia se debe a este proceso de modelación “ a la medida”. Esto explica, por ejemplo, las fuentes teóricas en las que se reconoce el neoconservatismo, en su intento por presentarse como continuador de una tradición intelectual “respetable” y “científica” que mezcla los aportes de crítica cultural y literaria de Lionel Trilling, con la filosofía de Leo Strauss y el pensamiento geoestratégico de Albert Wohlstetter.

2. A la procedencia y el manejo categorial y discursivo de sus promotores y sus seguidores, quienes vaciaron de contenido ideológico y separaron de su origen clasista a numerosos conceptos, enfoques y tácticas de lucha de la izquierda socialista, comunista y revolucionaria, incorporándolos a los discursos de la derecha, que se hallaba muy urgida de una renovación y de una mayor comunicación con las bases políticas, de una sensibilidad más conectada, al menos en apariencias, con un mundo sometido a cambios vertiginosos, como el de los años 60, 70, 80 y 90 del Siglo XX, y los inicios del XXI. Esto es evidente, por ejemplo, en la manera en que los neoconservadores se han apropiado para sus fines de:
* El concepto de vanguardia política
* El sentido revolucionario de las ideas y la necesidad de pasar de la filosofía política a la práctica política (la Tesis Once de Marx sobre Fuerbach)
* La reinterpretación del internacionalismo proletario convirtiéndolo en la promoción e imposición del capitalismo y la democracia al estilo occidental, sin respetar otras culturas y fronteras nacionales.
Este rasgo, unido a la indudable brillantez y profundidad intelectual de los pensadores que iniciaron este movimiento, expertos en la comunicación de ideas a su auditorio, trajo mucha confusión ideológica y desmovilización política, especialmente en el campo liberal norteamericano y en la opinión pública mundial, potenciada por los procesos derivados del colapso del socialismo en la URSS y el resto del campo socialista europeo. De esta manera, el neoconservatismo se mostró mucho más eficaz, “moderno”, “aceptable” y “popular” que las otras expresiones de la derecha norteamericana. El pragmatismo imperialista puso el resto.
Explicada la coherencia del pensamiento y la práctica política del movimiento neoconservador con el imperialismo norteamericano en su fase actual, y su capacidad para promover y defender sus intereses de manera eficaz, desde el poder o desde la oposición, como hace hoy, restaría apuntar que otra cuestión es la que se refiere a su viabilidad como modelo ideal de dominación hegemónica imperialista en las condiciones actuales del mundo. A juzgar por el triunfo, el pasado 4 de noviembre, de Obama y sus políticas de cambio y de soft y smart power, no es viable a corto plazo, o al menos, no de la manera neoconservadora clásica. Pero a juzgar por el palpitar diario de los acontecimientos políticos, por ejemplo, el golpe de estado en Honduras del pasado 28 de junio, o la persistencia de la hostilidad imperial hacia las revoluciones de Cuba y Venezuela, los intentos desestabilizadores contra la revolución iraní, las amenazas contra Corea del Norte, el mantenimiento de las estructuras y la propia filosofía de la Doctrina de Seguridad Nacional, hoy enmascarada como Doctrina Contrainsurgente o Antiterrorista, y los últimos pasos del movimiento y sus líderes, como por ejemplo, el lanzamiento, en marzo del 2009, de Foreign Policy Initiative (FPI), como grupo de presión neoconservador que sustituye al desprestigiado Project for a New American Century (PNAC), con vistas a las elecciones del 2012, no hay dudas de que, a pesar de que tiene conciencia de la necesidad de renovación ineludible, el movimiento neoconservador y sus patrocinadores lo seguirá intentando, de una u otra manera.
Continuará.

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