viernes, 17 de julio de 2009

Hugo Llorens y el laboratorio hondureño


Eliades Acosta Matos

Hasta el pasado domingo 28 de junio una astuta coalición de tanques pensantes, grandes medios de comunicación, políticos neoconservadores y tránsfugas de la izquierda casi habían logrado convencer a los latinoamericanos que el capitalismo había entrado en una nueva etapa en la región y el mundo, aquella donde los golpes de estado, el atropello a las constituciones y la democracia, los desaparecidos y torturados, los escuadrones de la muerte, la “Escuela de las Amèricas” y la Doctrina de Seguridad Nacional no pasaban de ser un accidente remoto, una locura juvenil definitivamente dejada atrás y para siempre por el mejor de los sistemas sociales posibles, que había alcanzado, al fin, la saludable madurez que le permitía mostrar sus esencias legítimas.
Pero, de pronto, desde la pequeña y empobrecida Honduras empezaron a llegar ciertas noticias. Sin saberlo, los corresponsales de Telesur, los bloggers y otros promotores de los medios alternativos, los mismos que pusieron ante los asombrados ojos del mundo los detalles de aquel golpe de estado jurásico, estaban librando una colosal batalla ideológica contra la estafa histórica y la desmemoria inducida, ante el intento felón de ocultar llagas y mostrarnos el falso rostro bonachón y participativo, generador de justicia y bienestar, de un sistema que en Amèrica Latina ha ensayado todas sus máscaras sin lograr lo uno ni lo otro. Porque no nos hemos soñado a los Somoza, ni a los Pinochets, ni hemos inventado para la propaganda malediciente la miseria ancestral, el hambre y la muerte. Y son reales, y no de fantasía, el neoliberalismo fracasado, y aquella Alianza para el Progreso que murió de consunción en su alarde melodramático, o los marines yanquis desembarcando en Haití, República Dominicana, México o Nicaragua.
Lo que tenemos en Honduras es la versión postmoderna de los mismos golpes de siempre, la secuela ineludible de un film de horror ya visto hasta el cansancio, el regreso de los procónsules habituales, en el caso cubano, por ejemplo, la reencarnación del senador Orwille Platt, del general Leonard Wood, o de Summer Welles, conspirando en las sombras, moviendo los hilos de la trama por debajo de la mesa, trayendo de nuevo a la vida, mediante conjuros secretos, a las mismas bestias represivas que se creían muertas y enterradas para siempre.
Hoy el capitalismo tambaleante, el de siempre, que regresa a imponer sus fueros a la fuerza, pateando la mesa del mismo juego democrático por el que se rasgase las vestiduras y que jurase defender en las vísperas; el neoliberalismo de las maquilas y los tratados leoninos de libre comercio con Estados Unidos; los planes de quemar alimentos como biocombustibles en un mundo hambriento, los programas secretos de mantenimiento y expansión de las bases militares en territorio extranjero, los intereses estratégicos, ideológicos, culturales y geopolíticos del imperio, que sigue siéndolo con Obama, como lo será después de Obama, tienen en Honduras un nombre, un rostro y hace su trabajo, el mismo que está haciendo, ahora a toda máquina y disfrazado de embajador, o filantrópico Cuerpo de Paz, o generosa USAID, o cívica NED, o seráfico agregado de prensa y cultura, en Quito y La Paz, en Caracas o Ciudad Guatemala, en La Habana o Managua.
Hugo Llorens es el nombre que adopta en el caso hondureño el ente descrito, y su cargo es el de Embajador de los Estados Unidos de América, aunque realmente debía considerársele el representante diplomado de las maquilas y las 150 transnacionales yanquis que tienen inversiones directas por más de $968 millones de USD en un país que muestra un 60 % de su población en la pobreza, una mortalidad infantil de 31 por cada mil nacidos vivos, una prevalencia de Sida que llega a afectar el 1,5% de toda su gente, y una tasa de asesinatos de 57 por cada cien mil habitantes, una de las más altas del mundo. También del Pentágono y las agencias de inteligencia que mantienen en la base de Palmerola, rebautizada con el nombre políticamente correcto de “Soto Cano”, a la Fuerza de Tarea Conjunta “Bravo”, una de las tres subordinadas al Comando Sur, con más de 550 militares y misiones muy elocuentes.
Hugo Llorens, de origen cubano, que ya ha admitido “…haber participado en reuniones donde se discutieron planes de golpe antes del secuestro del presidente Zelaya”[i], estrecho colaborador de Otto Reich, Roger Noriega y Elliot Abrams, es un embajador designado por Bush, uno de los tantos topos neoconservadores que quedaron sembrados en las entrañas del “Gobierno del Cambio”, que se instaló en los Estados Unidos el pasado 20 de enero, precisamente, para que nada cambiase. Ese hombre no mentía al confesar, el 16 de abril del 2008, durante la audiencia de confirmación ante el Comité de Relaciones Internacionales del Senado, que “…había servido en misiones desafiantes en Bolivia, Paraguay, El Salvador, Honduras y Argentina”, y los latinoamericanos sabemos de sobra lo que significan “los desafíos” de los enviados yanquis en la región, y se le recuerda apoyando el golpe contra Chávez, en Venezuela. Tampoco cuando prometía que “… si soy confirmado profundizaré el comercio recíproco y los flujos de inversión (norteamericanos) derivados del Tratado de Libre Comercio para Centro América y República Dominicana (CAFTA-DR)”, y se corrobora al saberlo en las negociaciones para la aprobación del ALCA en 1998.
Este hombre de palabra, que es Hugo Llorens, este perfecto caballero imperial, no ha sido premiado entre sus semejantes por haber promovido la democracia ni la justicia en los países donde ha actuado, sino por su demostrada vocación de promover los intereses empresariales, por defender a sangre y fuego las enormes ganancias de las transnacionales y las maquilas, esas mismas que nos conmueven por su respeto a la dignidad humana cuando sabemos que imponen a las mujeres que trabajan para ellas en Honduras el uso de pañales desechables, para ahorrarse los minutos que la producción perdería de permitírsele hacer sus necesidades en el sanitario. Por tan galante y eficaz defensa ha recibido un premio Cobb y ha resultado finalista en el del premio Saltzman.
A fin de cuentas, ¿qué justificaría un golpe de estado tan anacrónico y brutal si no es la defensa egoísta de intereses no menos anacrónicos y brutales?
El 19 de septiembre del 2008, Hugo Llorens presentó sus cartas credenciales ante el gobierno de Manuel Zelaya, al que declaró a su llegada al país,… “estar ansioso por conocer”. Desde ese momento desplegó una frenética labor de extensión y reanimación de los contactos norteamericanos en esa nación, para lo cual es de suponer que utilizó la herencia dejada por personajes siniestros que le antecedieron en el cargo, como John Dimitri Negroponte. También de los tentáculos encubiertos de entidades como los Cuerpos de Paz. Apenas una semana después ya juramentó a 49 nuevos “voluntarios” que se desparramaron por toda la geografía nacional, a quienes se unieron 44 más, tras el juramento que tuvo lugar el 15 de mayo del 2009, algo más de un mes antes del golpe.
Según el boletín electrónico de la propia embajada norteamericana en Tegucigalpa, … “más de 200 “voluntarios” trabajan en Honduras… Esta es la nación del mundo que cuenta con mayor cantidad de miembros de los Cuerpos de Paz…Desde 1962, más de 6000 “voluntarios” han trabajado aquí…”[ii] Curioso,¿ verdad?
Y para que entendamos la manera de operar del imperio en tiempos de cambios y softpower, y por extensión, la labor de la embajada norteamericana en el golpe en Honduras, los “voluntarios” de los Cuerpos de Paz no solo van a la base, a trabajar con los municipios y las comunidades alejadas para atender problemas de salud, agua y áreas naturales protegidas, sino también para “promover habilidades empresariales y negocios, participación ciudadana y educación cívica”… claro, en sus versiones norteamericanas.
En cuanto a la USAID, otra de las herramientas de influencia y control “suave” de que ha dispuesto en Honduras el locuaz Hugo Llorens, según datos de la propia agencia,…” ha entregado al país más de 3000 millones de USD, desde 1961”. Sus créditos se han usado para “promover las empresas y fortalecer las instituciones democráticas”. ¿Sería con ese noble objetivo que el embajador Llorens viajó a la Mosquitía hondureña junto al cardenal Oscar Rodríguez y el director de la USAID en el país, William Brands, apenas nueve días antes del golpe, o para asegurar las complicidades que hoy ya son notorias?
La USAID reconoce modestamente que a través de su programa para promover un “buen gobierno” en Honduras, ha estimulado a lo que llama con delicadeza victoriana “la sociedad civil”, para que influyese en la nominación y selección de la Corte Suprema de Justicia y el Fiscal General; ha apoyado materialmente al Tribunal Supremo Electoral y ha entrenado a quienes deben monitorear las lecciones y a los encuestadores; ha implementado su propio sistema de reportes de resultados preliminares, de control al financiamiento de las campañas políticas y de tabulaciones; ha entrenado a más de 45 mil maestros, supervisores escolares y miembros de la comunidad para implementar “ nuevos sistemas educacionales y evaluativos”. Sus vínculos con los grandes medios de comunicación en el país expresan en que estos le han donado facilidades para sus campañas nacionales por valor de 400 mil USD.[iii]
Este “embajador comprometido”, como alguien lo ha llamado, experto en hacer declaraciones tranquilizadoras y conciliatorias, con elevados tintes idealistas y democráticos, según las recetas neoconservadoras de ordenar bombardeos a otras naciones mientras se lee a Platón; este exponente de la filosofía de Leo Strauss que promete por correo electrónico visitas que jamás hará a los basureros de la carretera hacia Olancho, donde miles de niños, hombres y mujeres buscan la comida y el sustento del día, se graduó en 1997 del National War College, siguiendo la propensión militar y hacia la fuerza en los neos, y al ser asignado al país se trajo consigo, como su segundo en la embajada, ocupando el cargo de Ministro Consejero a uno de sus condiscípulos, Simón Henshaw. Es muy curioso que quien llegó a Honduras como apóstol de la amistad y la democracia, busque colaboradores expertos en operaciones encubiertas, guerras culturales o de Cuarta Generación, subversión y contrainsurgencia.
El National War College no forma predicadores religiosos ni promotores del pacifismo de Ghandi, sino a militares y funcionarios del Departamento de Estado, según su propia web,… “con rangos de embajadores para que sirvan como Sustitutos del Jefe (militar) y Consejeros en asuntos internacionales”, claro, está, en zonas de conflicto. No en vano esta modalidad formativa de procónsules imperiales fue iniciada en este alto centro docente en 1946, a través de 13 recordadas conferencias de George Kennan, el verdadero artífice y estratega de la Guerra Fría.
Puede que Hugo Llorens haya llegado a los Estados Unidos, con una moneda de buffalo en los bolsillos y una maletica humilde, como melodramáticamente declarase en su audiencia de confirmación senatorial. Hoy por hoy, este más que comprometido representante de negocios millonarios e intereses imperialistas de alcance global, frenéticamente empeñado en hallar la fórmula química del softgolpe en el laboratorio hondureño, está cobrando muy bien por reflotar el viejo buque hundido donde los gorilas latinoamericanos llevaron a cientos de miles de personas a la muerte.
El experimento de este aprendiz de brujo acabará como los de su tocayo Hugo Simpson, el de los comics. El pueblo hondureño está en las calles.
[i] Ver Jean Guy Allard, Granma, 7 de julio del 2009
[ii] Boletín Embajada USA en Tegucigalpa, 15 de mayo del 2009
[iii] Ver Programas de la USAID en Honduras, Boletín Embajada USA en Tegucigalpa

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