jueves, 9 de julio de 2009

Golpe, mediación...¿y?

Nidia Díaz
No nos llamemos a engaño. Los cabecillas del golpe de Estado cívico-militar que usurpan el poder en Honduras desde la madrugada del 28 de junio último están aislados. Quién diga lo contrario miente. Su permanencia o no en el poder depende en gran medida de que no flaquee en sus posiciones la comunidad internacional que los condenó unánimemente. La misma que no dudó en aprobar como principios irrenunciables el retorno del presidente Zelaya a su país sin condiciones y sin negociaciones con aquellos que carecen de autoridad moral e institucional para dialogar.
A esta verdad de Perogrullo, sin embargo, la están tratando sutilmente de socavar y para ello se utiliza la manipulación del lenguaje y la engañosa "objetividad" de algunos que, obligados por las circunstancias, se sumaron al reclamo universal de defensa de la democracia y de la soberanía hondureñas cuando en realidad por debajo de la mesa aplaudían el zarpazo.
El martes 7 de julio, tras una reunión de media hora sostenida con el presidente Manuel Zelaya en Washington, la jefa de la diplomacia yanqui, Hillary Clinton, informó en conferencia de prensa —a la que no convidó al interesado—, que se había aceptado al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, como "mediador" en el "conflicto" surgido en Honduras.
Minutos antes, ella misma conversó telefónicamente con el golpista Roberto Michelletti de quien solicitó su anuencia para el "diálogo" quien, obviamente, estuvo de acuerdo por ser una forma de legitimarlo.
La prioridad en este momento de mi país, dijo la Clinton, es "que las dos partes en Honduras inicien el diálogo y quede restablecido el orden constitucional", según reportes de las agencias EFE y Reuters.
Ni una palabra sobre el regreso del presidente Zelaya como recaba su pueblo y como quedó aprobado por aclamación en el seno de la OEA y de la Asamblea General de Naciones Unidas, entre otros muchos foros internacionales .
La Secretaria norteamericana de Estado dijo estar animada de que Zelaya haya aceptado el proceso de negociación en Costa Rica, que es "un camino mejor, en este momento, que intentar volver (a Honduras)".
En igual posición Ian Kelly, portavoz del Departamento de Estado, reiteró que "lo importante es establecer un proceso que lleve a la restauración del orden constitucional".
Desde Moscú, el presidente Barack Obama también hizo pública su posición cuando expresó, según despachos de prensa, que "América apoya la restauración del Presidente democráticamente electo de Honduras, a pesar de que se ha opuesto fuertemente a las políticas americanas".
Más claro ni el agua.
Por su parte, el presidente Manuel Zelaya, acompañado de su canciller, Patricia Rodas, al ofrecer a la prensa su versión del encuentro con la Clinton dijo que lo acordado con ella y con el presidente Arias no es una negociación, es "la planificación de la salida de los golpistas del país".
"No estamos haciendo una negociación, hay cosas que no son negociables (...). Por ejemplo, la restitución del sistema presidencial en Honduras no es un asunto que está en negociación en ninguna parte ni en la carta de la OEA ni en la resolución de la Organización de Estados Americanos ni en la resolución de Naciones Unidas. Mal haría su servidor como Presidente electo por la voluntad del pueblo de ir a negociar lo que a mí no me compete, no voy a traicionar mis principios, ni los principios del pueblo que está luchando en las calles hondureñas", aclaró Zelaya.
"El pueblo está en la calle, Honduras está paralizado, hay huelgas, marchas. Hoy hasta mi esposa y mis hijos están encabezando una de ellas apoyando al pueblo hondureño".
Y esto, aunque no lo publiquen los grandes medios, lo saben en Washington y esta jugada del imperio por intentar desconocer lo que ellos mismos se vieron obligados a suscribir ante la indignación universal que provocó el zarpazo del golpe de Estado en Honduras y que implica el retorno sin condiciones del presidente Zelaya a Honduras sin negociación con los golpistas por carecer de legitimidad, es una carta que se están jugando para atenuar las críticas que desde la ultraderecha y los halcones del stablishment imperial los están acorralando.
Difícil posición para una administración que en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago y en la Asamblea General de la OEA en San Pedro Sula, intentó hace apenas unas semanas mostrarse con una nueva imagen, que la distinguiera claramente del anterior régimen de George W. Bush, y la obligó a asumir ciertas posiciones que, sin dejar de ser ambiguas, pudieran haberse interpretado como el inicio de una nueva época dentro de las siempre conflictivas relaciones del imperio con sus vecinos americanos.
Precisamente por ese antecedente no pocos le concedieron el beneficio de la duda. Al menos en esta ocasión, dijeron, parecía que el Gobierno de los Estados Unidos no era responsable directa ni indirectamente del renacer del gorilismo en el país centroamericano.
Tampoco hay que descartar que en este caso, como en otros, el Presidente de Estados Unidos y su equipo de gobierno pudieran estar siendo víctimas y, a la vez, prisioneros de sus propias palabras, al no poder librarse del acoso, las presiones y amenazas de la extrema derecha política, el complejo militar-industrial, los principales consorcios informativos vinculados al gran capital y, por tanto, ideológicamente proclives al pensamiento imperial reaccionario.
No es casual que ante el giro dado por la administración demócrata respecto a Honduras, Ileana Ros-Lehtinen, congresista republicana de origen cubano y representante de la mafia cubano-americana haya expresado: "iEsa es una mejor posición de la que teníamos hace 24 horas ¿¿".(…) "Creo que es la posición correcta que tiene que adoptar el Departamento de Estado".
Queda por ver si el actual presidente de Estados Unidos es capaz de salirse del cerco que estos sectores extremistas le tienen montado y van apretando poco a poco con hechos que pretenden presentar como irreversibles, como este del golpe fascista en Honduras en un verdadero intento de hacer retroceder el proceso de transformaciones y cambios en Centroamérica, en particular, y en América Latina y el Caribe en general o, simplemente si este continente que lo recibió con positiva expectativa no tendría menos que evocar aquello de ¿tú también, Obama?
Tomado de Granma Internacional

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