sábado, 18 de julio de 2009

Nuestro hijo de puta


Fernando Ravsberg

Vender equipos médicos a Cuba es un pecado que debe ser sancionado con una multa de US$128.750. Esa fue la pena que la administración del presidente Barack Obama le impuso a Philips, la empresa que cometió el grave delito.
Es un forma muy peculiar de iniciar el camino hacia ese "nuevo comienzo con Cuba", que prometió el inquilino de la Casa Blanca en su encuentro con los líderes latinoamericanos, en la Cumbre de las Américas este año.
Es que realmente suena muy mal eso de impedir que las empresas vendan equipos para la salud pública cubana. Ni siquiera se me ocurre cómo defender tal posición, aunque seguro que habrá quienes la valoren positivamente.
A mí me cuesta entenderlo, ni siquiera dos países en guerra sabotean el funcionamiento de los servicios médicos para la población. De hecho las ambulancias y el personal sanitario deben ser respetados en los conflictos armados.
Mi razonamiento a lo mejor no es todo lo "político" que debería ser para entender estas estrategias. Porque lo cierto es que impedir que se compren equipos médicos sólo afecta al cubano de a pie, al que apoya la revolución y también al disidente.
No parece muy ético promover la democracia utilizando medidas coercitivas contra la población. Si el pueblo cubano apoya a la revolución, como afirman algunos, nadie debería bloquearle la salud para hacerlo cambiar de opinión.
Si por el contrario, como dicen otros, se trata de una dictadura que oprime a la ciudadanía, la crueldad sería aun mayor. En otras palabras, encima de tener que soportar el totalitarismo, EE.UU. los castiga negándoles equipos médicos.
Pero Philips no es la única penalizada, en lo que va del año las multas por comerciar con Cuba llegan a representar el 30% del total del dinero recaudado por la OFAC, organismo oficial norteamericano dedicado a perseguir las infracciones comerciales.
El gobierno cubano afirma que la OFAC invierte más dinero y personal en perseguir los negocios de Cuba por el mundo que en investigar las redes económicas que financian a la organización Al Qaeda, su archienemigo.
Las leyes del embargo económico contra Cuba son tan impopulares internacionalmente que el presidente Obama se ha visto obligado a no aplicar algunos de los epígrafes que afectan a terceros países, según lo acaba de anunciar al Congreso.
El mandatario suspenderá por 6 meses la aplicación de la Sección III de la Ley Helms-Burton, en la que se castiga a las empresas no estadounidenses que inviertan en la isla. La medida no es nueva, tanto Clinton como Bush ya lo habían hecho antes.
Así, el camino transitado por la actual administración se parece cada vez más al de sus antecesores. Ahora Hilary Clinton condiciona el dialogo político a que Raúl Castro cambie el sistema, realice elecciones pluripartidistas y libere a los presos.
Dice un sabio proverbio que no se puede tirar piedras para arriba cuando se tiene el techo de cristal y la paradoja es que el mayor número de presos políticos que hay en Cuba están en Guantánamo, dentro de la base militar estadounidense.
Personas apresadas desde hace años, arrancados de sus países sin órdenes de extradición, a las cuales no se les celebró juicio, no se les dio la posibilidad de una defensa legal y se les mantiene aislados del resto del mundo.
El hecho de que algunos de ellos fueran liberados recientemente sin el menor cargo en su contra, demuestra que por lo menos una parte de los que están allí no cometieron ningún delito, a pesar de lo cual pasaron varios años en la prisión.
Además es curioso que Washington cuestione el sistema político de Cuba, cuando varios de los aliados de EE.UU. son dictaduras, prohíben la oposición, tienen presos políticos en sus cárceles o violan los derechos de las mujeres y de los homosexuales.
Washington mantiene estrechas relaciones con la monarquía autocrática de Arabia Saudita, protege a Israel cuando viola las resoluciones de la ONU, apoya a Pakistán aunque se asesinen líderes políticos, mantiene un comercio preferencial con China sin exigir elecciones pluripartidistas y promueve el "diálogo" con los golpistas hondureños.
Al parecer, hoy como ayer, para EE.UU. siguen existiendo diferentes tipos de dictaduras. En épocas de mayor sinceridad, el Presidente Roosevelt defendía al dictador Somoza afirmando: "sí, es un hijo de puta pero es nuestro hijo de puta".
Tomado de BBC MUNDO.com

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